VALERIE

Lo peor de la transformación por culpa de las visiones era el dolor extra sumado a la sorpresa. Cuando lo veía venir era algo más soportable, pero sufrir el dolor de tener una visión y transformarte sin aviso era cruel y no se lo hubiera deseado a nadie. Había permanecido tumbada bajo un árbol, aún con el cuerpo de una loba. Pude oír unas pisadas. No eran humanas. Los lobos se aproximaban y no eran conocidos. Traté de levantarme para no parecer indefensa y abrí los ojos: un trío de lobos me rodeaba. Su actitud no era ofensiva, sino más bien asustada. Retrocedían lentamente y gemían. A pesar de mi estado lobuno aún conservaba algún que otro poder, como el de leer mentes. Pude averiguar fácilmente los nombres de los lobos: Quil, Embry y Jared. Todos ellos habían formado parte del ataque a la residencia de los Cullen. Seguían alejándose cada vez más rápido. En sus cabezas solo había una palabra: imposible. Sentí ganas de sonreír pero no era agradable ver una sonrisa lobuna así que me contuve. Sabía el porqué de su temor y eso me daba ventaja sobre ellos. El color del pelaje correspondía al color del corazón (simbólicamente), y yo era una loba blanca sin ninguna mancha. Nunca supe cómo ni por qué, sobre todo después de haber matado a Joseph, pero así era, y para los licántropos de las manadas era prácticamente una leyenda. Usé mis poderes para transformarme en humana pero con el mismo truco que usé para transformarles a ellos y permanecer vestida. Sonreí al ver la reacción asustada del trío de licántropos. Entonces apareció la parte de la manada que faltaba: llegaron cinco en total.

-¿No aprendes la lección?-habló el lobo negro.

-Ya veo que el efecto de mis poderes aún no ha pasado-repuse.

Sam gruñó pero Quil, Embry y Jared gimieron para que parara. Sabía que los licántropos podían leerse la mente si eran de la misma manada así que lo que le estuvieran diciendo, yo no podía oírlo, pero si pensarlo. El lobo negro se quedó paralizado al oírlo.

-¿Loba blanca?-musitó.

-Exacto-contesté.

-Nos estáis causando muchos problemas tú y tus compañeros, loba, vampira o sea lo que seas.

-No tiene por qué ser así-respondí con tranquilidad.

Entonces aparecieron a mi izquierda dos lobos que reconocí al instante. Uno de ellos de color gris plateado (Greg) y el otro de un rubio dorado (Gisela). Se colocaron a ambos lados de mí y gruñeron. La manada retrocedió.

-Greg. Gisela. Tranquilizaos-les pedí-Ya lo saben, no están seguros de lo que hacer. No hay peligro.

Ocultaron los colmillos y se serenaron. Me miraron fijamente y yo apoyé una mano sobre la cabeza de cada uno y me concentré. Instantes después volvían a ser Greg y Gisela, vestidos.

-¿Pero qué es lo que ha ocurrido?-inquirió Gisela.

-Si no hay peligro, ¿por qué te has transformado?-le secundó Greg.

Pero antes de que pudiera responder surgieron de entre las sombras Mónica y Derek, seguidos por Carlisle, Edward, Jasper, Emmett, Alice, Rosalie y la figura lobuna de Jacob. Yo negué con la cabeza al ver la expresión furiosa de Mónica hacia los licántropos. Ella y el resto de vampiros se relajaron.

-¿Qué ha sucedido?-preguntó Carlisle.

Antes de contestar le dediqué a Derek y Mónica una mirada de preocupación

-Ha vuelto a ocurrir-dije hablándoles a mis amigos-La visión repentina, de nuevo y cada vez más clara.

-¿Qué visión?-inquirió Alice.

-Estos últimos años-empecé a contar-he tenido una serie de visiones. Al principio creía que no tenían nada que ver las unas con las otras, pero son piezas de un puzle, de una única visión. He ido uniendo las piezas y cada vez lo tengo más claro y eso significa que se acerca.

-Valerie tiene la capacidad de tener visiones años antes de que ocurra-explicó Derek-Solo que es más doloroso y hace que se transforme en loba cada vez que las tiene.

-¿Y cuál es esa visión?-habló Edward.

-Todavía no estoy segura-admití-Pero he visto lo suficiente como para saber que será pronto, cerca e intervendrán las tres especies: vampiros, magos y licántropos.

-¿Es probable que nos vieras venir?-inquirió Carlisle.

-No a vosotros, pero ahora que recuerdo... vi a una chica...no, a dos. Eran muy parecidas pero aun así diferentes. Solo sé con certeza que ambas eran vampiras.

-Tal vez sean Bella y Renesme-intervino Jasper.

-Renesme aún es un bebé y Bella no ha terminado de transformarse, así que no lo sé, pero probablemente lo tenga más claro mañana por la mañana, cuando Bella despierte.

-Pronto anochecerá-habló Rosalie-Volvamos.

-Id vosotros-repuse-Yo me quedaré a hablar con la manada, hay mucho que hablar.

Jacob, en lugar de volver por donde había venido se acercó a mí.

-¿Quieres venir?-le pregunté.

Jake asintió.

-¿Avisamos a Seth y Leah?-preguntó Carlisle.

-No-respondí traduciendo lo que pensaba Jacob-Diles que estamos de patrulla.

Carlisle asintió y se marchó seguido por los demás, incluyendo a Gisela, Greg, Derek y Mónica. Jacob y yo nos quedamos con la manada, todos y cada uno de sus siete miembros transformados.

-Hay mucho que hablar-dijo el lobo negro, Sam.

-Y también muchas cosas que tenéis que saber-contesté.

Sam se volvió hacia Jacob. Al parecer su contacto era mental y necesité leerles la mente a ambos para poder entender:

-Tu padre está muy preocupado, Jake-dijo la voz de Sam en mi cabeza-Tienes que venir con nosotros y hablar con él.

-Se suponía que estoy fuera de la manada y no puedo ir a vuestro territorio-respondía Jacob.

-Pero es tu padre, Jacob, y nosotros te permitiremos la entrada

-¿Pero qué pasa con Valerie?

-La maga vendrá también. Estará rodeada de licántropos de la reserva y si intenta algo...morirá.

-No tengo interés en haceros daño-intervine-No ganaría nada con eso.

-Más te vale-habló Sam antes de volverse y correr al interior del bosque seguido del resto de la manada.

Eran rápidos y parecía que intentaran que no les siguiéramos. Jacob avanzó un poco y me miró. Hizo un gesto con la cabeza hacia el sendero por el que se habían marchado los demás. Yo asentí y entré en fase. Ambos seguimos a la manada de Sam hasta la reserva quileute. Sentí una extraña sensación de deja-vu: Jacob y yo, corriendo por el bosque, ambos transformados en lobos...pero no jugábamos. Llegamos entonces a una diminuta casa roja. Una ligera llovizna caía sobre nuestras cabezas y convertía la tierra en barro haciendo que se nos embadurnaran las patas. Cuando estuvimos a unos cinco metros de distancia me transformé, pero fui la única. Me volví y vi a ocho lobos quietos, indecisos y temerosos.

-¿Qué pasa? ¿Por qué no os transformáis?

Sam gruñó: se había pasado el efecto del hechizo.

-Ah, vale, ya entiendo.

Me llevé una mano a la cintura, pero el familiar peso de la riñonera había desaparecido.

-Mierda, lo debe de haber cogido Gisela, o tal vez Mónica. Bueno, da igual, será más lento pero igual de efectivo.

Me acerqué a ellos, pero el paso que yo di ellos lo retrocedieron. Todos menos Jacob. En su mente pude ver lo que intentaba decirme: Demuéstrales que estamos de su parte. Sonreí y apoyé una mano sobre su cabeza. No tardó en transformarse en humano y vestido. Se volvió e hizo un gesto de asentimiento para que los demás se acercaran. Los primeros en hacerlo fueron Quil y Embry. Más tarde Collin y Brady. Y por último Paul y Jared. Sam se mantuvo lejos. Uno a uno, recuperaron su forma humana. Como vi que Sam seguía reacio a acercarse, fui yo quien tomó la iniciativa. Sam se mantuvo quieto y dejó que le tocara la cabeza. Incluso siendo humano, sus ojos seguían siendo dos flechas envenenadas. Me alejé tratando de no devolverle la mirada asesina que tantas ganas tenía de soltarle.

-¿Jacob?-dijo una voz proveniente de la casa.

Quien había hablado era un hombre en silla de ruedas con rasgos marcados, ojos amables y cabello azabache. Tenía cierto parecido con Jake. Él no pareció darse cuenta de mi presencia. Estábamos apenas a unos tres metros. Jacob se acercó a él y se agachó para darle un abrazo. Fue breve. Entonces el hombre se fijó en mí.

-¿Quién es ella?-preguntó mirándome fijamente.

-Es Valerie-contestó Jake, y me hizo un gesto para que me acercara.

Me acerqué tratando de parecer confiada, pero mis manos temblorosas probablemente me delataban. Cuando estuve más cerca, el parecido entre el hombre y Jake me hizo convencerme de que eran padre e hijo. En la mente de él vi su nombre: Billy.

-¿Qué es?-inquirió Billy.

Comprendí a los que se refería. Al ver el nerviosismo en el rostro de Jake decidí hablar por primera vez.

-Mi padre fue un licántropo, mi madre una maga y a los dieciséis me mordió un vampiro.

Billy abrió los ojos como platos. En ellos vi una expresión que no supe interpretar.

-¿Eres una... maga?

Yo asentí y antes de que pudiera decir nada más, Sam intervino:

-Billy, ¿sabías antes de la existencia de magos?

El hombre asintió sin dejar de mirarme.

-Lo único que sé es a raíz de una leyenda, que cuenta que los magos y los vampiros masacraron ciudades de licántropos enteras.

-Eso es mentira-musité.

-No puedes saberlo, tú no lo viviste-dijo Billy, pero su voz seguía sonando más amable de lo normal.

-Pues te impresionarían las cosas que he vivido-repliqué entrecerrando los ojos-Si eso sucedió dudo que fuera en los últimos tres mil ochocientos años de mi vida.

-¿Tres mil ochocientos años?-repitió Billy.

-Ya te he dicho que a los dieciséis me mordió un vampiro.

El hombre siguió mirándome fijamente.

-¿Pues qué te ha traído aquí?

Enmudecí al instante. ¿Cómo se tomaría que su hijo se hubiera imprimado de una chica cuya raza parece odiar?

-Porque debe haber alguna razón, ¿verdad?

No sabía qué responder. Volví la vista hacia Jacob que me miró atónito.

-Valerie, tus ojos-masculló el muchacho.

-¿Qué?-exclamé-¿De qué color son ahora?

-Eh... rojos.

-Oh no-susurré.

-¿Qué sucede?-preguntó Jacob alarmado.

-¡Marchaos!-les pedí-Están cerca.

-¿Quiénes?-inquirió Sam.

Miré a Jacob y este se acercó a mí.

-Seguramente siguieron a Julius: vienen a por mí.

-¿¡Quiénes!?-repitió exasperado Sam.

-¡Los magos del Consejo!-le espeté, cada vez más nerviosa y furiosa-¡Vienen a matarme y como no os marchéis vosotros acabaréis muertos!

-No dejaremos que invadan nuestras tierras-repuso Sam-Llevo un tiempo en el que le tengo ganas a un mago.

No tenía tiempo de fulminarle con la mirada. Debía advertirles del peligro.

-Los magos son más poderosos de lo que creéis. Huid ahora que podéis.

-No sería justo echarlos de la fiesta, ¿no crees Valerie?-dijo una voz conocida que odiaba con toda mi alma.

Letice. La flanqueaban cuatro magos más: Hans, Ernesto, Úrsula y Francesca. Los cinco esbozaron una insoportable sonrisa.

-Hace tiempo que no peleábamos contra unos licántropos-añadió Hans echándose el abundante cabello rubio hacia atrás-Y lo echamos de menos.

-Pues seguid echándolo de menos-les espeté-Porque no pelearéis contra ellos.

-¿Piensas vencernos tú solita?-dijo Francesca con tono burlón y señalándome con una afilada uña escarlata.

-Sabéis de sobra que soy más que capaz. ¿O acaso no recordáis lo sucedido en la corte vampírica?

Hans, Ernesto, Francesca y Úrsula retrocedieron un paso. Creyendo que se marcharían, mis esperanzas se desvanecieron cuando Letice sonrió.

-Tranquilos, muchachos. Casi muere por usar ese poder y dudo que quiera correr ese riesgo-miró durante un momento a Jake y de nuevo a mí-Sobre todo ahora que ha encontrado a su imprimación.

Mis músculos se tensaron tratando de resistir el impulso de saltar sobre ella. Al verlo Letice soltó una risotada.

-Ataca pequeña. Yo tengo tantas ganas de matarte como las que tienes tú.

-No seré como tú-repliqué entre dientes.

-¿Ah no? ¿Cambiarían las cosas si te dijera que fui yo quien le pidió a Jane y Alec que mataran a Fátima y a la mujer de Cayo para que no tuvieras sitio donde esconderte?

-Tú...-musité.

Corrí hacia ella, pero Letice permaneció inmóvil. Fueron sus discípulos quienes reaccionaron: Ernesto, el más rápido de ellos, se acercó a mí y trató de envestirme pero yo salté sobre su espalda y le usé de impulso para caer sobre Úrsula. Esta se cubrió con un escudo de energía pero yo lo atravesé sin problemas usando una esfera de energía y quedé frente a ella. Le agarré el brazo y la hice girar sobre mi cabeza para luego caer al suelo. Un golpe proveniente de mi espalda me hizo encorvarme hacia atrás dolorosamente: Hans. Me agarró de ambos brazos y tiró.

-¿Qué piensas hacer ahora, chucha repugnante?

Su insulto me dio una idea.

-Ser quien soy, maldito traidor.

Me impulsé contra el suelo y di una voltereta sobre Hans para acabar detrás de él con los brazos cruzados sobre la espalda de él. Tiré en las direcciones contrarias hasta lograr que hiciera una mueca de dolor y me soltara. Di un salto hacia atrás y me transformé en loba. Francesca se detuvo a tres metros de distancia de mí y yo le gruñí antes de saltarle al cuello. Detrás de ella, a unos cinco metros, estaba Letice. Entrecerró los ojos y alzó un dedo hacia el cielo. Los licántropos miraron hacia arriba sin saber lo que pasaba pero yo sabía lo que iba a ocurrir: empezó a hacer un círculo con su dedo sobre ella. Al principio no se veía gran cosa a causa de la oscuridad de la noche y las nubes que habían empezado a cubrir el cielo estrellado, pero luego se pudo distinguir una línea plateada por donde pasaba el dedo de Letice y empezó a formar una espiral. Ya conocía esa espiral, la había usado antes, pero el poder que emanaba de ella era mucho mayor que la última vez que la había visto en acción. Me transformé en humana porque supuse que necesitaría mis poderes. Inconscientemente retrocedí un paso. Entonces Letice sonrió.

-Hay cosas que duelen más que la muerte, mi querida Valerie-me espetó.

Tardé un poco en averiguar a lo que se refería, pero lo suficientemente pronto como para interponerme entre Jacob y el rayo que Letice había dirigido hacia él. El rayo me alcanzó, pero antes de que pudiera empezar a hacerme efecto, concentré mis poderes usando un truco que había aprendido durante la última visita a nuestra casa de los caza-recompensas de los Vulturis. Al principio resultaba un poco doloroso aunque redujo con rapidez. Abrí los ojos para ver la expresión atónita de Letice.

-Pero... ¿cómo has...?

Esbocé una sonrisa antes de responder.

-Has mejorado tus poderes, pero yo también.

Letice retrocedió hasta donde estaban sus discípulos amontonados.

-Esto no acaba aquí, pequeña-escupió Letice antes de soltar unos polvos en torno a ella y sus compañeros. Al instante desaparecieron.

Me volví hacia la manada. Todos me miraban anonadados. Supuse que el efecto no habría pasado. Me miré la mano y vi cómo los rayos me recorrían el cuerpo.

-¿Cómo lo has hecho?-preguntó Jake.

-Recibimos una vez la visita de un vampiro que tenía ese mismo poder y aprendí a absorberlo. El efecto tarda un poco en desvanecerse pero en diez minutos estaré como antes.

Tuve una extraña sensación de deja-vu cuando aparecieron Greg y Gisela como lobos detrás de los arbustos. Me percaté de que Greg tenía algo atado al cuello. Me acerqué y me di cuenta de que era mi riñonera. Sonreí y la desenganché del cuello de Greg para luego atármela en torno a la cintura. Saqué los polvos de transformación y los lancé sobre Gisela y Greg. Al instante recuperaron su forma humana.

-Letice ha estado aquí, ¿verdad?-fue lo primero que dijo Gisela.

-Vimos el rayo y lo supimos al instante-le secundó Greg.

-No solo ella-respondí-También Francesca, Hans, Úrsula y Ernesto.

-¿Dónde están?-preguntó Gisela.

-Se acaban de marchar después de que me ocupara de ellos. No sé si los discípulos de Letice han sobrevivido.

-No dudes que lo harán-añadió Greg-Con la joya en su poder matarles no servirá de nada.

-¿Qué joya?-inquirió Jacob.

-Más bien es una piedra preciosa-expliqué-Puede devolverle la vida a cualquier persona.

-¿Entonces por qué no la usaron para resucitar a Joseph?

-Porque solo se puede dentro de un límite de tiempo-respondí-La piedra era de mi tía Hermione, pero para cuando se la arrebataron ya había pasado demasiado tiempo-me volví hacia Greg y Gisela-¿Vienen detrás vuestra Mónica y los demás?

Gisela negó con la cabeza.

-No queríamos que los Cullen participaran, al menos por ahora. Seth y Leah querían venir pero Tony les convenció de que se quedaran.

-Será lo mejor-contesté-Los problemas no han hecho más que empezar.

-¿Y pensáis cargárnoslos a nosotros?-intervino Sam.

-No-contesté colocándome frente a él-Solo os avisamos. Si no queréis pelear alejaos todo lo que podáis de nosotros pero solo os pedimos una cosa: dejad de interponeros. No somos vuestros enemigos pero tampoco seremos amigos si seguís atacándonos cada vez que nos veis.

-No arriesgaremos a nuestro pueblo-replicó Sam con voz firme.

-Muy bien-declaré-Nos mantendremos fuera de vuestro territorio, con los Cullen, y no volveréis a vernos por aquí. Es eso lo que queréis, ¿no? Pues que así sea.

Me alejé de Sam y me acerqué a los matorrales que se cerraban hacia el interior del bosque. Me detuve un momento y me volví: la manada permanecía agrupada junto a Billy. Gisela y Greg también se habían parado a unos tres metros de mí. Jake permanecía en medio, sin moverse. Me miraba con una lejanía que dolía. Ese dolor me sorprendió.

-Jacob-le llamó Sam-Ven.

Jake se volvió y miró a sus amigos. El corazón empezó a latirme con fuerza.

-Hijo-habló Billy-No queremos volver a perderte.

Eso pareció hacer mella en él. Las lágrimas brotaron de mis ojos. Me giré en redondo y me transformé en loba adentrándome en el bosque para aullar de dolor.