Pesadillas de media noche
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Antony salió del espejo y se fue acercando con paso decidido a Ramón, quien no hacia otra cosa que retroceder, finalmente su lógica lo abandono al sentir las manos del chico sobre sus hombros.
-Antony…yo. – Trato de explicar algo que traía dándole vueltas en su cabeza.
-Shhh… - lo silencio posando uno de sus dedos en su boca. – No tienes que decirlo, lo sé, yo también de amo. – le susurró al oído.
-No, no es eso, es sobre las flores. – hablaba mientras Antony le quitaba la camisa.
-¿Qué flores? –
-Las… las rosas. – menciono de manera torpe al sentir las manos del joven desabrochar sus pantalones. – A-…Antony. – se escuchó nerviosa su voz mientras de forma lenta se los bajaba acariciando de forma lubrica sus muslos.
-¿No te gustaron? – pregunto al estar arrodillado frente a él, mirando fijamente su ropa interior, masajeando sus glúteos.
-Si… digo, no, es que… pensé que eran de alguien más y cuando supe que eran para mí, yo… pensé que las había mandado otra persona y yo… yo me sentí… - el modelo al fin le había quitado esa última prenda, forzando a Ramón a hincarse también, de forma seductora fue desvistiéndose para quedar en las mismas condiciones.
-¿Triste porque pensaste que no te recordaba? – cuestiono pegando su cuerpo desnudo con el suyo.
-No, yo no… fue, me sentí muy… muy… - No pudo terminar de decirlo, Antony le robo un beso que tardo tiempo en terminar.
-¿Te sientes feliz ahora? –
-Sí, un poco. – dijo tratando de recuperar el aliento. – aunque podría sentirme mejor. – agrego con una mirada sugestiva.
Los dos jóvenes comenzaron a fornicar en el suelo de aquella casa, rodeados por espejos, ninguno se contenía en sus caricias, en las bruscas mordidas y agarres que dejaban marcas y moretones, los rasguños que Antony dejaba en su espalda, surcos que iniciaban en su nuca y terminaban en su espalda baja, Ramón no se quedaba atrás, le jalaba del cabello con brusquedad, llevándose entre sus dedos algunos mechones. Ambos miembros se impactaban el uno con el otro con cada movimiento de cadera, se aferraban más para unirlos, que se restregaran juntos. Ese era el placer carnal que Ramón tanto ansiaba recobrar, extrañaba esas noches sin dormir, llegar al día con el cuerpo cansado y dolorido, con ganas de no volverlo a repetir, pero con el deseo desbordante de que si sucediera de nuevo. Ramón empujo a Antony haciendo que se sentara, le dio la espalda y comenzó acercar su culo a él.
-¿Sabes lo que quiero? – pregunto Ramón con tono burlón.
-Estar arriba como siempre. – dijo casi riendo. – solo quieres que te complazca, cerdo egoísta. – era lo que normalmente le decía Antony en modo de seguirle el juego.
El modelo lo tomo por la cadera con una mano y sostuvo su miembro con la otra, mientras Ramón se sentaba sobre el recargando su espalda en su pecho fornido.
-Ah… si, si…así me gusta. – murmuro para abrir sus piernas pasándolas por encima de los muslos de Antony, de esa manera tendría las rodillas fuertes del chico enfrente de él y podría sostenerse de ellas, controlando la profundidad y movimientos de la penetración. ¿Y cómo no amarla?, desde que la cabeza de su miembro vacilo excitada en la entrada de su retaguardia, como tocando una puerta, pidiendo permiso para entrar, lo recibió como de costumbre, dejándolo pasar explorando su íntimo agujero, yendo lento, a su ritmo.
Las envestidas eran lentas y poco profundas, pero sumamente placenteras para ambos chicos. Ramón recargaba su cuerpo en el de Antony, mientras este le besaba el cuello con libertad, cada uno tenía una de sus manos en el miembro que permanecía al aire, las otras se daban vuelo entre caricias por todos lados, excepto claro, lo que había debajo del gorro gris. Ramón se cansó pronto, estar en el suelo con las rodillas desnudas no era muy cómodo, y se despegó de Antony para descansar de la postura, posando ambas manos en el suelo, respirando con dificultad.
-Vamos, no tardes, me enfrió. – se quejó el modelo tratando de no perder el ritmo ni la penetración.
-Claro, enseguida. – contesto jadeante.
Había mirado directo al espejo, que según Antony revelaba tu más profundo anhelo, juraría que lo vio brumoso, igual que en el momento anterior en que apareció el joven, pero el espejo pareció aclararse y solo se pudo ver a él con Antony en aquella pose tan comprometedora.
-Lo siento, solo me canse un poco. –
-Puedo estar arriba si quieres. –
-Jamás. – le dijo en tono molesto y continuaron en lo suyo.
Ramón abrió más su compas y la penetración fue un poco más profunda, Antony estaba impaciente, el siempre precavido chico no lo dejaba penetrarlo por completo, por costumbre era hasta donde él quería. A pesar de que aquello derretía sus entrañas, su tacto lo enloquecía y sus besos lo excitaban, Ramón no gemía, no hacía ningún ruido, se mordía los labios para evitar que cualquier sonido emanara de ellos. Estaba tan ensimismado con todo el ajetreo, que cuando sitio unos labios posándose en los suyos, no hizo más que corresponderles. Aquella lengua dulce que se restregaba contra la suya, esos labios carnosos que pretendían devorarlo, los dientes que lo atrapaban para después liberarlos. No le parecieron extraños, no al menos hasta que noto que Antony no había parado de besarle el cuello, abrió los ojos aterrado para toparse de lleno con los ojos rosados de una joven con los cabellos color algodón de azúcar.
-Poppy… - susurro, excitado vio colgar sus pechos justo enfrente de su rostro, no dudo ni un segundo en tomar uno entre sus manos para morder su pezón, lo mordió con tanta rudeza que un sonido de queja no tardó en llegar.
-Ay… no tan fuerte. – se quejó la chica hincándose frente a él, haciendo pucheros. – es un lugar sensible. –
-Lo siento, me emocione. – se disculpó Ramón, perdido en la contemplación de su cuerpo desnudo.
Poppy le sonrió, y sin decir ninguna palabra más se fue de lleno a lamer su miembro, lo chupaba y besaba para finalmente introducirlo por completo en su boca. Ramón se mordió con mayor fuerza los labios, lo que la chica de cabellos rosa le hacia lo estaba llevando al límite de la cordura. Con ambas manos posadas sobre su cabeza, obligo a la joven a introducir su órgano más al fondo de su garganta. Sus caderas comenzaron a moverse con brusquedad.
-Hoy estas más animado que de costumbre. – le dijo con un ligero tono sorprendido Antony. – como la primera vez que lo hicimos… ¿lo recuerdas amor? –
Ramón sintió como la sangre se le helo en un segundo, se había olvidado por completo de Antony, de manera nerviosa le dijo.
-No, no es lo que crees, no sé cómo ella llego aquí, pero te juro que… -
-¿Quién? –
-¿No la ves? –pregunto confundido.
-Solo tengo ojos para ti, cielo. – comento para seguir regando besos por su espalda.
-¿Con quién hablas? – le cuestiono Poppy.
Ramón no comprendía como estando tan cerca Antony y Poppy no se daban cuenta de la presencia del otro. Mientras trataba de razonar aquello, ambos amantes retomaron su apasionado momento, Poppy se subió sobre él, lo que le obligo a sentarse y hacer la penetración que le proporcionaba Antony más profunda.
-Ah… no, espera, así no… los dos no, y menos así… - decía mientras no podía evitar disfrutar la penetración más intensa de su amado.
-Hoy quieres ir por todo ¿eh? – comento encantado el modelo.
-No, yo no te engañaría, no soy como t…. –
Que placer más exquisito, Poppy lo había hecho entrar de golpe, el aire se le fue por completo tras un suspiro de placer.
-¿Te gusta? – pregunto entre gemidos Poppy.
-Oh Dios, sí, me encanta. –
-¿Sigo entonces? – dijo Antony.
-No, tú no… ella… -
-¿Piensas en alguien más? – cuestiono haciendo pucheros infantiles la joven.
-No, ¿Cómo hacerlo? –
-Ramón, concéntrate en esto. – se quejó Antony.
-Sí, si… lo intento. – decía mientras se distraía mallugando los pechos jugosos de la chica.
¿Qué hacer con tanto estimulo? Sentir a Antony moverse dentro, a su miembro tocándolo de manera brava mientras su espalda se restregaba con su trabajado torso, aquellos labios que le clavaban besos en la nuca, los cuales le causaban los escalofríos más satisfactorios que jamás había sentido. Y Poppy no se quedaba atrás, la chica fornicaba como nadie, brincaba sobre su órgano como si este fuera un trampolín, su ritmo era increíble, apenas si podía seguirlo, era espontanea, cálida, le costaba saber de dónde vendría la próxima caricia, el próximo beso, y su busto, redondo y de buen tamaño iban de vaivén, arriba, abajo, arriba, frotándose contra su pecho. A Ramón se le escapo una simple palabra que complico las cosas.
-¡MÁS! –
Ambos amantes al escucharla aceleraron el ritmo, envolviendo en un éxtasis insospechado al que se encontraba en medio de ese huracán de placer.
-¡Más! ¡Más adentro! – exclamo.
Poppy dejó caer su cuerpo sobre el de él, atrapando a su miembro en su adentro, impidiéndole su salida, movía con gentileza sus caderas para que entrara cada vez un poco más. Aquel acto obligo a Ramón a sentarse de lleno sobre Antony que finalmente lo penetro por completo, el modelo lo tomo de sus muslos, jalando hacia afuera sus piernas, forzándolo a abrirlas más, filtrándose más y más adentro de sus entrañas. Ramón se mordió fuerte los labios para no gritar, se sentía tan excitado y lubrico. Cuando Poppy comenzó a besar su cuello del lado derecho y Antony del izquierdo, salieron de su boca palabras que jamás pensó decir.
-Te amo. – menciono entre jadeos.
-Yo también te amo. – le contesto Antony haciendo que torciera la cabeza para robarle un beso.
-Te amo, y mucho, Ramón. – escucho decir entre risas a la chica.
Ramón despego sus labios del modelo para ir cuanto antes a los de Poppy para que esta le robase el aliento. Eso se sentía tan bien. De pronto una extraña sensación le vino, sus caderas se debilitaron, las piernas le temblaban, todo su cuerpo se sacudía de manera extraña.
-¿Lo sientes? – le pregunto Poppy aprisionándolo entre sus piernas, dejándolo entrar solo un poco más. – vas a venirte. –
-Ramón, ya viene. – comento Antony tomándolo de los hombros y jalándolo hacia abajo introduciéndose más en él.
-Si… lo sé, me vengo. – confeso ruborizado.
Caricias iban y venían, ambos besaban su cuello, entre mordidas y chupones, Ramón los guiaba con sus manos sobre sus cabezas donde deseaba que dejaran sus marcas, mientras que Antony lo jalaba más hacia abajo y Poppy lo apretaba más entre sus piernas acercando sus cuerpos hasta casi fundirse en uno. Y ahí estaba, llegando como rayo, elevándose con prisa, subiendo por su cuerpo, haciendo trisas su estómago, haciendo hervir a sus pulmones, pero topándose con un nudo en la garganta que le impedía liberarse. Más una mano traviesa se coló por debajo del gorro gris, revolviendo su melena, jamás había sentido nada parecido, una mano suave explorando aquella selva virgen, tirando de mechones, clavando sus uñas, no le importo su sagrada regla de no tocarlo, ahora eran amabas manos.
-Si…si ¡SI! – grito para luego dejar escapar un gemido escandaloso, la catarsis del mejor orgasmo que jamás tuvo.
Aun salía por su boca el gemido cuando despertó, sus sabanas estaban revueltas, enredadas completamente en sus piernas y sus pantalones húmedos. Confundido, aun adormilado, se paró entre tumbos, con cada paso que daba lo sucedido en el sueño se le olvidaba, cuando encendió la luz del baño pudo ver el desastre, se había corrido por completo en sus pantalones.
-¡Demonios! – exclamo molesto.
¿Quién a su edad seguía teniendo sueños húmedos? Un puberto de catorce tal vez, ¿pero un adulto? Sea lo que fuera su sueño, pensó que debió de ser intenso, jamás se había escuchado gemir a él mismo y su semen empapando sus calzoncillos, solo era el resultado de meses de abstinencia, no lo pensó más, se cambió de ropa y aunque aún fuera demasiado temprano se vistió para comenzar el día, bajo a la lavadora para borrar toda evidencia. Tardaría unos 30 minutos en terminar el ciclo, por lo que decidió salir a contemplar la salida del sol, en el balcón que daba de cara al mar, espero viendo aun los luceros de la mañana. Cuando las tonalidades naranjas con tintes rosados comenzaron a notarse en la línea del horizonte, concluyo que el crepúsculo matinal sería mejor observado desde la orilla, mojando sus pies en las olas. Con una extraña felicidad que lo renovó, se quitó los zapatos, bajo por las frías escaleras de madera cayendo casi de un brinco en la arena fresca, continuo su camino enterrando sus pies cada vez más profundo en los pequeños montículos de arena, y conforme se iba acercando sintió la calidez del mar, su agua matutina que siempre estaba tibia, recordó lo que su abuela le decía, "el sol se esconde en el mar en la noche, y sale de el por las mañanas, por eso el agua está caliente, ¿Te imaginas que tan caliente puede estar el agua? Allá por donde el sol sale, el agua está hirviendo." Pensar en ese instante en su abuela lo reconforto, inhalando fuerte la brisa de mar, y por primero vez en mucho tiempo, sintió paz, una completa paz interior.
Pero antes de la llega de una gran tormenta, la calma era el principal inicio de que las cosas se iba a poner mal. Los fulgores del fondo se vieron ocultos por una bruma que presurosa se acercaba por la distancia, venia tan rápido como un tren sin frenos, y como una ola de aire frio, abofeteo a Ramón justo en la cara dejándolo ciego, aquello le causo risa.
-Como si no supiera donde está mi casa. – cometo burlón.
Aquel bloque de fría neblina le acariciaba con su densidad el cuerpo entero, trayendo desde su reciente memoria el sueño que pretendió olvidar.
-¿Antony? – se preguntó a sí mismo. - ¿Tuve un sueño húmedo con mi ex? –
Ni él mismo se la creía, pues sería tan patético, no solo lo había violentado, ¡lo engaño con otro!, ¿Tan idiota era su sub consciente para quererlo de vuelta?.
-Jamás volvería con él. –
Las olas engañaron a sus sentidos, le parecían risas melodiosas.
-¿Poppy? ¿Soñé con ella? –
Las escenas de ambos amantes parecían estar divididas en su memoria, y tras unos pasos donde él aseguraba que se acercaba a casa, descubriendo que había vuelto a la orilla del mar, vacilo. Algo no le cuadraba, una ola, más altas que las demás, le mojo las pantorrillas, tomándolo por sorpresa, fue como una iluminación, le regresaron las memorias de golpe, cada roce y beso era revivido y disfrutado, el cuerpo de Ramón gozaba el ensueño, mientras su conciencia se asqueaba por todo.
-No…No, yo no… con ninguno de los dos y menos juntos… ellos no, cualquiera menos ellos. –
En su molestia había querido volver a casa, pero entre más lo intentaba más se perdía entre las tinieblas, aunque no era la bruma lo que lo tenía confundió.
Dentro de la casa, el señor Lombardi había despertado debido al eco de la lavadora en el silencio del hogar, bajo para apagarla antes que esta despertara al perezoso de su hijo mayor, tenía que hablar seriamente con Ramón de nuevo sobre no ponerse a ser el que hacer tan temprano por la mañana, pero el chico no estaba dentro. Salió al balcón, encontrando sus zapatos y las claras huellas que lo llevaban al mar, mientras bajaba las escaleras, podía ver la melena de su hijo menor sobre salir de la neblina andando en círculos.
-No, no, no, esto no puede ser, no. – escucho decir al joven.
-Ramón, para lo que sea que estés haciendo y vuelve a casa jovencito. –
-Yo no soy así, eso es de enfermos, y yo no lo estoy, ¿verdad? Yo no soy de esa calaña, jamás lo haría. – decía casi entre lágrimas.
-¿De que estas hablando? – pregunto el padre temiendo que hubiera cometido algún delito.
-Lo amo, aun lo hago, lo amo y mucho, Antony… él… - Ramón no pudo continuar, si lo hacía lloraría y no quería hacerlo.
El señor Lombardi no se molestó, por los años que duro la relación y los mese subyacentes, lo sabía, sabía que su hijo amaba a ese hombre, pero también sabia que no era el indicado.
-No seas melodramático. – le dijo con neutralidad. – no serias el primero ni el último en esta situación, muchas personas siguen amando a su ex, y está bien, lo importante es que lo superes y… -
-Es que no lo entiendes. – le dijo ahogando un grito. – La amo… -
-Sí, ya te entendí… -
-No, realmente la amo… ¿Cómo puede ser? –
-¿Y quién no lo haría? Fueron casi cuatro años de relación, Antony y tu tenían algo serio. –
-Lo amo a él, pero también a ella… - confeso muy apenado. – Lo siento, no sé qué me pasa, dije "te amo" pero no sé a quién de los dos se lo dije y ambos…oh, los odio, los odia a ambos, si cualquiera de los dos aparecía en este momento. – dijo cambiando su tono de voz a uno lleno de ira. – y me ordenaran lo que fuera, beber agua de mar o comer arena, oh Dios… lo haría, yo lo haría. – dijo para comenzar a llorar mientras tomaba asiento. – me estoy volviendo loco, no puedo amar a dos personas a la vez, está mal… esta tan mal en tantos sentidos, pero no puedo evitarlo, pienso en ella como pienso en él y no sé a quién de los dos amó más. –
El señor Lombardi al final comprendió el dilema.
-Ramón, es totalmente normal. – le respondió posando una mano sobre su hombro. – no estas enfermo ni haces nada malo, amar es algo maravilloso, no tendrías por qué sentirte así. –
-Pero… -
-Yo lo sé, te entiendo, estas muy confundido, es totalmente normal, solo date tiempo para aclarar tu mente y veras en realidad de quien estas genuinamente enamorado, hijo, cuando dices "ella" ¿Te refieres a…? –
-Poppy. – murmuro como queriendo y no queriendo decirlo.
-Oh… - el señor Lombardi esbozo una sonrisa de victoria que por suerte Ramón no pudo ver. – pues las sabias lenguas suelen decir, que, si en verdad amaras a la primera persona, no te enamorarías de la segunda… yo solo digo, es una niña adorable, pero, tomate tu tiempo y vuelve a entrar en la casa, pareces todo un demente dando vueltas entre la neblina. – comento eso ultimo con tono de burla.
El joven obedeció y siguió a paso cercano a su padre de vuelta a casa, le agradaba que ya no fuera un secreto la situación dentro de su cabeza, pero aun que confesarlo disminuyo la presión de pensamientos, no soluciono para nada la mezcla de sentimientos que reinaba dentro de su corazón. Y el reloj no le ayudaba, pronto tendría que ir a su trabajo, a la universidad donde una de las personas que ahora tenían un gran poder sobre él habitaba.
