Uy!! Me gustaría dedicar este capítulo, pero la verdad es que no es de mi agrado u.ú... y no me gusta dedicar cosas que siento que están horriblemente mal escritas; que lo acepto, alguna vez lo hice, pero el escribir así fue culpabilidad de mis crisis... Como sea... ustedes quizá se cuestionarán el motivo de que me atreva a publicar una cosa tan fea T.T, y la razón es que no puedo dar más de mi para este capítulo. Y créanme cuando les digo que si no lo subo ahora, puede que me arrepienta y deje morir este fic x.x... al final, en la nota curiosa, sabrán la razón

Besos y agradezco especialmente a hikari senshi, mi mini-yo, mi sobrini yeka, esperanza kido y mi geme del alma

Pata de gato

(Continuación del anterior

-cuarta parte- )

No había nada que decir, no cuando era obvio lo que le pasaba: Esos suspiros perdidos, esos momentos en que se desconectaba de toda realidad y no entendía lo que pasaba o dejaba de pasar en su entorno, esas palabras añorantes y las de veces que caminaba hacia Acuario, o evitaba pasar por aquél templo para no sentir que algo le hacia falta.

¿Cómo pudo enamorarse así del galo?

Quizá la eternidad tampoco le concedería la respuesta.

Recordaba su última conversación, el beso de despedida, la noche que pasó en completo insomnio con el temor de que Camus decidiera no decirle adiós. ¿Quién lo diría? Tuvo que saber que no volvería a verlo para que su corazón reaccionara; o más bien, tuvo que escuchar un 'me voy', que fue como una cachetada, para despertar y saber que Shaka ya no ocupaba su corazón, que todas las cosas importantes que hacia por el aguador, revelaban algo mucho más significativo que el concepto 'amistad'.

Después de tener malas experiencias y de ser víctima del juego cruel de muchos, por fin parecía que el amor le sonreía; y quien mejor que alguien que se había convertido en su mejor amigo, confidente e incluso protector.

Y a pesar de la felicidad que inundaba el alma griega, también había una pena que día a día crecía. La ausencia de Camus era como un ácido que lentamente devoraba su corazón, provocando que conforme los meses transcurrieran, el peliazul fuera victima de aquella emoción.

Quizá, de haberse enterado antes de sus propios sentimientos, los escasos minutos que pasaron como pareja oficial, pudieron haber sido esos nueve días en los que no mantuvieron comunicación.

En fin... Ya no valía la pena reprocharse por ello, sólo quedaba hacer lo mismo que todos esos meses... esperar... esperar y esperar.

Era medio día. Se encontraba de camino al templo de Escorpio, después de levantarse más temprano de lo acostumbrado y correr como loco por todo el perímetro del coliseo. Para entonces, un poco de dolor físico era lo único que mitigaba la ausencia del onceavo custodio; porque después, podría ser, que al llegar a su templo, encontrara un sobre metido por debajo de la puerta con una ansiada carta. Y todos los días era lo mismo. Milo siempre esperaba recibir una hoja con la caligrafía de Camus, en el espacio entre la madera y el piso. A casi dos años y medio de la partida del galo, no había otra forma en la cual contactarse. Lo malo era que por el clima de siberia, era imposible que la correspondencia pudiera mandarse a diario; o incluso, el aguador tendría otras obligaciones y no podía escribirle tan a menudo como prometió.

Para suerte y mayor alegría del escorpión, después de tres días de espera, Camus pareció dignarse a escribir algo; aunque al completar su lectura, Milo terminaba igual de triste que antes de recibirla, puesto que no sabía cuantos días más habría de esperar para recibir la sucesiva. Ese era el cuento de nunca acabar. Esperar la siguiente carta, para volver a la zozobra por la que seguía, y así, infinitamente...

Sin embargo, antes de que el peliazul fuera a su recamara para colocar la carta en el baúl donde tenía las demás, decidió pasar a tomar algo a la cocina, donde encontró un calendario y una idea que con algo de ayuda, pondría en practica.

- - - - -

-"Es que no entiendo lo que quieres hacer"- Manifestó el pelinegro rascándose la cabeza. Milo volvió a suspirar al notar que la noche iba a ser más larga de lo normal. Junto a ambos se encontraba sentado un castaño pelicorto, con el cabello ondulado, la piel morena y los ojos verdes: era el caballero de leo, mismo que emitió un sonoro bostezo, sin la menor cortesía.

-"Necesito su ayuda, por favor."- Casi rogó el octavo guardián

-"Por Athena, el sol aún no sale ¿No puedes esperar un par de horas más?"- Preguntó el castaño, adormilado.

-"Lo que menos tengo es tiempo, Aioria"- Gruñó el peliazul.

-"¿Te vas a morir?"- Preguntaron al unísono. Milo se cruzó de brazos y los observó con molestia

-"Por supuesto que no; pero conozco a un león y una cabra que no verán la luz del día si no me ayudan"

-"¿Por qué tenemos que prestarte nuestra ayuda?"

-"Si, Shura tiene razón. Tú nos exiges demasiado..."- El peliazul no podía creer lo que oía, por lo que indignado, se levantó de la silla colocando ambas manos en la mesa y mirándoles con expresión herida; primero al castaño y luego al pelinegro

-"Se los pido porque tú eres mi amigo... o al menos eso pensaba, y porque tú eres el mejor amigo de Camus; pero ahora está claro que ninguno es lo que yo creía."- Bufó molesto. Dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la salida, diciendo sus últimas palabras. –"Lo siento, y por favor, sigan durmiendo tan juntos y tranquilos como si jamás los hubiera interrumpido"- Y cerró la puerta con rabia.

Aioria y Shura se observaron, se sintieron culpables

-"Milo tiene razón. Se supone que somos sus amigos, no podemos dejarlos solos."- Comentó el español rascándose nuevamente la cabeza. El griego hizo un signo de concordancia

-"Si, ya me siento bastante mal de verlo todos los días deprimirse tanto por Camus"

-"Y quien sabe como la esté pasando mi amigo. Al menos su pupilo le ayudará a distraerse un poco... pero..."- Se sentían tan mal por haber tratado a su amigo de aquella forma, que sin importarles que fuera la primera noche que durmieron juntos, decidieron ir en pos del escorpión para componer las cosas.

Mientras tanto, el octavo guardián daba enormes zancadas hasta su templo, perjurando

-"¡Es increíble!... ¡Que par de...! ¡AGH! Eso me saco por buena gente..."- Estaba por poner el pie en el primer escalón, cuando Shura y Aioria intentaron detenerlo.

-"¡Milo, espera!"- Gritó el castaño

-"Si, no fue nuestra intención ser tan..."

-"Idiotas"- Completó de malas el peliazul, sin detenerse a escucharlos.

-"Justamente eso..."- Manifestó el peninsular con una gota de sudor en la frente. Leo se le puso enfrente a su amigo, evitando que continuara caminando.

-"Sé que nos portamos muy mal, y que nos merecemos todos los insultos de mundo; pero antes de eso, queremos ayudarte."

-"Sí. Confía en nosotros y te aseguro que Camus recibirá el mejor presente del mundo"- Dijo el pelinegro guiñándole un ojo para darle mayor confianza

-"¿De verdad?"- Inquirió el peliazul, aún dudando que quisieran prestarle sus servicios

-"Te lo prometo"- Aseguro Shura como quien hace un pacto solemne.

- - - - -

Febrero llevaba dos días de haber iniciado, y para entonces, Milo aún no tenía ni la menor idea de que iba a darle a Camus. Para empezar, el obsequio debía ser algo pequeño, que cupiera en una carta y que pudiera mandarse a más tardar mañana; eso previniendo un mal tiempo en Siberia y que el correo no pudiera llegarle al aguador antes de su cumpleaños.

Con abrumantes obligaciones y entrenamientos en el santuario, tan poco tiempo que dedicarle al recuerdo del francés, y el nerviosismo del griego al pensar que la fecha ya estaba cercana y que aún no encontraba el regalo perfecto: la situación era enloquecedora.

-"Tiene que ser algo pequeño, pero muy valioso y que exprese todo mi amor. Tiene que darle a entender cuanto lo quiero y mi necesidad por estar a su lado siempre; también debe ser algo que concuerde con su personalidad y con la mía, que lo identifique y que no le estorbe..."

-"Si, si, lo sabemos. Nos lo has repetido infinitamente"- Dijo Aioria colocándose un pedazo de carne en un moretón que tenía en el ojo, producido por un arduo entrenamiento contra Aldebarán. Shura tenía la cabeza de Leo en sus piernas, y sus dedos entre los rizos castaños

-"Yo ya te sugerí que le des un anillo..."- Repitió levantando los hombros. Milo negó rápidamente.

-"No puedo darle un anillo, Shura. Eso es algo muy... eh..."

-"¿Formal?"- Inquirió Aioria.

-"Bueno... es lo que usa la gente 'normal' para comprometerse"- Explicó Escorpio bastante azorado.

-"¿Y tú no quieres comprometerte?"- Preguntó Capricornio, ofuscado.

-"No es eso... es que... No sé si un anillo sea lo más correcto. Eso es todo"- Manifestó, esperando que el tema quedara por fin clausurado. Shura soltó una espiración, casi exasperada

-"Pues no tengo más ideas, Milo, y el tiempo se nos esta terminando"

-"Ya lo sé"- Respondió abrumado

-"Si, además un anillo sería muy difícil de traer puesto si usas la armadura. Creo que resultaría bastante incómodo"- Ciertamente un comentario a favor del escorpión, aunque no sabía si agradecerle a Aioria, o amonestarlo por sacar de nuevo el tema.

-"Tienes razón. Entonces habrá que buscar algo que pueda traer puesto aún con la armadura."- El pelinegro se quedó pensativo, casi imaginándose al galo con cualquier otro presente que tuviera las cualidades que Milo quería expresarle. –"¡Lo tengo!"- Exclamó victorioso, después de un momento. -"¿Qué te parece si le regalas un dije?"

-"¿Dije?"- Preguntaron los griegos.

-"Sí, un dije; también se le conoce como pendiente. Es algo que se puede traer colgando en el cuello con una cadena de oro, o de plata en su defecto o gusto."- Milo se levantó de un salto, sonriendo tan ampliamente como si el mismo Camus estuviera delante de él

-"¡Cabra, que inteligente eres!"- Exclamó con vasto entusiasmado

-"Ese es mi novio"- Presumió el castaño.

-"Lo mejor de todo es que yo tengo un amigo joyero en España, podemos mandarla a hacer con él a nuestro... perdón, a tu gusto, Milo."

-"Pero yo jamás he visto una cosa de esas, ¿Cómo se supone que la haremos?"

-"¿Qué te parece si hablamos con el patriarca, y vienes conmigo?"- Por un momento la idea no parecía tan mala; sólo necesitaban el consentimiento del patriarca, rogar para que el viaje no durara demasiado, y esperar que estar de regreso para mandar el presente al caballero de Acuario

- - - - -

Sentía un hueco en el estómago. Necesitaba comer algo pronto o moriría ahí mismo. Se quedó pensando un momento entre lo que sería mejor, si bajar al pueblo y comprar comida, o subir al templo de Milo y terminar con la provisión de comestibles de su desaparecido amigo. Para ir al pueblo tendría que bajar cinco templos y caminar una laga senda; para ir al templo de Escorpio tendría que ascender tres templos más y revisar de pies a cabeza la cocina, comprobando que algunas provisiones aún sirvieran.

No le costó mucho tomar su decisión, ya que en tan sólo unos minutos ya se encontraba en el octavo templo como si de su casa se tratase, revisando anaqueles, cajas y lugares donde pudiera haber comida. Por fin encontró unas galletas muy extrañas, unas que tenían forma de caballos, jirafas, gatos, elefantes... y bueno, animales en general; también había un poco de café y miel, lo cual le sirvió para completar su desayuno provisional, y tener fuerza para bajar al pueblo a comer como se debía.

Después de haber entrenado tan arduamente en su templo, y con la temperatura que hacia aquella mañana, decidió tomar un baño; y es que si Milo no estaba, no podría enterarse que hizo uso de su baño, cocina y algo de ropa. Se puso un pantalón corto y una playera del escorpión, tan sólo para comer (después de mitigar el dolor estomacal se ducharía); luego se sentó a la mesa tan tranquilo como si su actuar fuera acertado, pensando en el tiempo que Shura y Milo habían tardado con el famoso pendiente. En eso estaba cuando percibió una presencia desconocida en uno de los pasillos que se dirigen hacia la cámara privada de Escorpio. Escupió el café sin importarle ensuciar al lugar, para dirigirse a discreción hacia el lugar

Jamás había visto a aquél personaje que rondaba por el templo, pero deducía que podía tratarse del caballero de Géminis, el de Aries, o algún suplente para Sagitario o quizá Libra; así que alzó su cosmos y le advirtió que se encontraba ahí, enterado de su presencia.

-"Lo siento... buscaba al caballero de Escorpio..."- Se disculpó al notar al castaño. No pronunciaba muy bien el griego, por lo que Aioria supo que era extranjero.

-"Él no se encuentra."- Respondió el castaño –"Pero yo puedo recibir su mensaje. Todo lo que tenga que ver con Milo, también me concierne a mi"- El desconocido frunció el entrecejo, para después hacer reparo en su ropa y en la actitud que mostraba.

-"... ah..."- Parecía desilusionado, habiendo entendido algo, que era un error.

-"¿Para qué lo buscabas?" Preguntó Aioria cruzándose de brazos. Ante los ojos del recién llegado parecía un especie de novio celoso.

-"Yo... para nada en especial"- Dio media vuelta, alejándose con pasos gradualmente más rápidos hasta que abandonó por completo el recinto de Escorpio.

-"Vaya tipo..."- Respingó Aioria alzando una ceja; después el asunto quedó en el olvido. Entró en la habitación del peliazul y se dirigió al baño.

Cuando terminó su aseo personal se dirigió al pueblo, dispuesto a concluir su desayuno.

Pasaba por la entrada de Aries en el momento que Shaka llevaba una lista en el brazo izquierdo, anotando algo mientras murmuraba

-"¿Qué haces?"- Le preguntó el santo de leo. No se llevaban bien, pero tampoco podían ignorarse.

-"Registro la llegada de tres caballeros"- Respondió sin detenerse, borrando y escribiendo en la papeleta.

-"¿De verdad?"- Inquirió Aioria un poco emocionado. –"No me digas que Aries, Géminis y Sagitario ya están aquí"- El rubio se detuvo en seco, volteando a verle con sus ojos cerrados, con una expresión entre divertida y desconcertada.

-"El caballero de Aries aún esta en Jamier, de géminis apenas supe –por boca del patriarca- que sigue perdido por el mundo, y de tu hermano, el caballero de sagitario, aún no hay suplente; es más, tú sabes que la armadura ni siquiera está aquí en el santuario."- Explicó, poniéndose serio.

-"¿Entonces que caballeros llegaron?"- Cuestionó intrigado.

-"Mira, Leo. Tú no estas para saberlo ni yo para contarlo, pero hace casi una hora llegó Camus, el caballero de Acuario..."

-"¿Acuario está aquí?"

-"Y no sólo eso. Milo y Capricornio también acaban de llegar; de hecho, se quedaron en el pueblo comprando... no sé que cosas..."

-"Espera..."- Al castaño parecía haberle caído una cubeta de agua fría en la espalda, al recordar cierto acontecimiento reciente. –"¿Dices que Acuario llegó hace casi una hora?"- Shaka asintió. Eso podría explicar al individuo que entró a hurtadillas en el octavo templo, y su búsqueda por el custodio. –"¡No puede ser!"- Ahora que lo pensaba mejor comprendía su mirada recelosa, inquisitiva y el que se fuera tan desilusionado del recinto. –"Creo que metí la pata"- El rubio ladeó la cabeza, no comprendiendo sus palabras.

Aioria iba a dar la vuelta para echar una carrera al onceavo templo y aclararlo todo con el francés, antes de que Milo hiciera acto de presencia, cuando Shura le vio a lo lejos, y sin darle tiempo a huir, corrió hacia él para abrazarlo con la misma fuerza de su amor y de cuanto lo había extrañado todos aquellos días.

o … o …

Nota curiosa: TOT... es que... esta parte es nueva 9.9... todo este capítulo es nuevo... y si continuara mi amistad con Leana ella no me dejaría mentir y diría que esta parte no existía en el fic real. ¿Por qué lo puse?... porque perdí la primera parte y tengo desconocimiento de lo que sucede después 9.9... ¿Qué pasará con Milo y Camus?... Descúbrelo en el próximo capítulo ñOñ

Besitos .x. .x. .x. y gracias!