Capítulo 14: Teniente y la Petición.

Sus amigos le preguntaron de inmediato el porqué de su ausencia. No iba a decir nada al respecto, no quería generar ni empatía ni que sintieran pena por su situación, ni mucho menos involucrar más gente en todo aquel problema sin solución. El mismo jueves en la mañana anunciaron que la teniente dejaría la academia y que la semana siguiente llegaría alguien más que estaría a cargo. No se sabía si sería alguien nuevo o alguien que actualmente trabajaba ahí, pero quien fuese, jamás tomaría el lugar de Weiss.

Si bien algunos sabían que ella prácticamente adoraba a la teniente Schnee, nadie sospechaba que su ausencia por días y la ahora renuncia de Weiss tenía algo de relación. Nadie siquiera imaginaría en algo así.

"Es una lástima, tu parecías idolatrar mucho a la teniente, Ruby."

Dio un salto al escuchar su nombre. No estaba realmente atenta a la conversación en el almuerzo, aunque en su situación no podía estar tan atenta a nada, aunque quisiera. Se sentía aún demasiado despistada y deprimida como para seguir, aunque lograba ocultarlo lo mejor que podía, ya que aún nadie le preguntaba el típico '¿Estas bien?'.

Siguió comiendo con normalidad, como si la pregunta no fuese dirigida a ella, pero finalmente contestó, bajándole el perfil al tema, levantándose de hombros y simulando poco interés en el asunto.

"Si, era realmente genial, aunque fuese estricta y algo aterradora."

Todos en la mesa asintieron ante la descripción.

Su otro amigo matón dejó su mentón en su mano, suspirando pesado.

"Ojalá sea una teniente mujer, aunque dudo que sea tan bonita como la teniente Schnee."

Quiso sonreír ante aquello, y quizás terminó haciéndolo.

Podía darle razón al chico.

No había mujer más hermosa que Weiss. Era imposible encontrar a alguien que pudiese asemejársele. Aunque el puesto no tenía nada que ver con la hermosura, pero era como un dos por uno.

La semana se le hizo difícil, incluso se contuvo de volver a su casa por el fin de semana, prefería estar lo más lejana a la ciudad que pudiese. Se quedó acostada en su cama, mirando el techo, mientras escuchaba voces en la habitación, voces mucho más reducidas de lo normal. Al menos la mitad de las chicas habían vuelto a sus hogares. Su mente necesitaba estar ocupada para no caer nuevamente en todo el dolor e impotencia que le provocaba su situación.

Sintió un peso en la cama y dio un salto.

Sabía que estaba distraída últimamente, pero Lyra era bastante sigilosa.

"¿Extrañas a la teniente?"

La miró de reojo, observando su rostro placido y sus ojos que observaban algún punto de la habitación.

"¿Por qué lo dices?"

Preguntó de vuelta, observando nuevamente el techo, como si fuese lo más interesante en el mundo. Tal vez Lyra la conocía más de lo que imaginaba, ya que nadie más parecía darse cuenta de su pequeño cambio de ánimo.

Lyra se tiró hacia atrás, apoyando su espalda en sus piernas. Frunció los labios ante la cercanía tan repentina. No es que ella fuese la persona que más respeto tuviese por el espacio personal de otros, era cosa de preguntarle a Weiss, pero seguía siendo extraño que otros tomasen esa iniciativa.

"Probablemente nadie lo note, sin embargo, fuiste mi primera amiga aquí, así que estuve siempre al tanto de ti. Y no pude evitar notar lo mucho que intentabas acercarte a la teniente, o cuanto la mirabas. No soy una experta en lo absoluto, pero era obvio que te gustaba."

La miró con los ojos abiertos de par en par, sin poder creerse lo que escuchaba. Y por suerte lo había dicho en un tono tan bajo que solo ella podía haber escuchado todo eso. Agradeció aquello. Los ojos de ella se conectaron con los suyos y en ese segundo recordó la mirada de Blake.

Y obviamente esa característica de decir las cosas lo más derechamente posible.

Soltó un suspiro, al parecer no podría ocultarle cosas a su amiga fauno.

"Me hubiese gustado que las cosas fuesen diferentes, supongo."

No dijo nada más, y cerró los ojos, disfrutando de ese silencio bullicioso al que no estaba realmente acostumbrada.

Lyra se levantó de su cama, y sintió los pasos alejarse lenta y tortuosamente.

"Si necesitas algo sabes que estoy aquí."

Escuchó las palabras y luego los pasos alejarse por completo.

Cuando abrió los ojos Lyra ya no estaba cerca. Sonrió levemente.

Había encontrado una buena amiga.

La presencia de Ironwood, como siempre, era una mezcla incesante de sensaciones, sobre todo en la actualidad.

Quería ignorarlo y que simplemente su mente no lo culpara por lo de Weiss, aunque sabía que no era el verdadero culpable.

Jacques era el culpable.

Pero no podía evitar mirarlo y sentir el aura venenosa del señor Schnee tras su sombra.

Se sentía aún más irritable de lo usual.

Llevaba una semana entera sin saber nada de Weiss. Su teléfono estaba muerto, no había forma de contactarla. Había desaparecido del mapa por completo. Su preocupación crecía con cada día y simplemente no quería pensar en ella, para no agobiarse con todos los pensamientos pesimistas que la atacaban de día y de noche.

El solo pensar en ella, lastimada, herida, sufriendo de manera inconcebible, le rompía el corazón.

Y no solamente el estar herida, no tenía que conocerla demasiado para ser consiente del dolor que le provocaba la simple presencia de ese hombre en su vida.

Cerró los ojos y de inmediato el rostro afligido de Weiss apareció en su mente.

Sus labios semi abiertos. Sus ojos brillosos. Sus dedos delicados tocando su cicatriz.

Apretó los dientes.

Llevaba días despertando en mitad de la madrugada, con los puños y la mandíbula apretados. Los sueños de ese día la atacaban durante toda la noche. Si tan solo hubiese disparado al momento donde sacó el arma, las cosas serían diferentes. Tal vez estaría en la cárcel por homicidio, pero al menos Weiss estaría a salvo. No le importaba lo que el destino le deparase mientras estuviese segura de que la mujer estaba bien.

¿Pero podría vivir al dispararle al hombre que le había dado la vida a la mujer de la que se había enamorado?

Era algo que se cuestionaba. ¿Weiss aceptaría aquello? ¿Weiss la aceptaría como la asesina de su padre? ¿Weiss la aceptaría como una asesina?

Sintió el dolor en su cuerpo cuando su brazo rotó en una posición que no debía.

Uno de sus compañeros había logrado hacerle una llave dolorosa, y en realidad tenía muchos problemas para concentrarse, quien sabe por qué.

Soltó un grito ahogado. Su mano temblaba, y le alegraba eso, así se aseguraba que su brazo no estaba desconectado por completo de su torso. Veía las botas del resto de sus compañeros, así como sentía el frio de la lluvia y la nieve en su cuerpo. Sus piernas temblaron y finalmente cayó sobre sus rodillas, manchándolas de barro y hielo derretido. El chico, uno de los mejores de su clase, la tenía bien firme. Sabía que fue un error el caer en su llave, aunque tampoco tenía tantas confianzas en sus habilidades cuerpo a cuerpo.

Pero si confiaba en sus piernas.

Sentía aquel dolor como un recordatorio.

El recordatorio de su promesa.

De no rendirse.

De seguir luchando.

Negó con el rostro, quitándose cualquier pensamiento, enfocándose por completo en aquel momento, en aquel dolor.

Soltó un grito grave, dándose cuenta de que sentía como una gran masa recorría su garganta. Puso un pie firme en el suelo, luego el otro, hasta quedar nuevamente de pie. Llevó su otro brazo hasta atrás, forzando su posición normal, logrando atrapar en su mano la ropa de su contrincante, solamente para tener un punto de apoyo. No confiaba en sus brazos, al menos no sin un arma entre sus dedos, así que en ese momento no los necesitaba. El tipo tomó su otro brazo. Si. Llévatelo, no me sirve. Sonrió antes de dar un salto, tirando sus piernas hacía atrás, empujando con sus pies el cuerpo de su compañero. Fue una jugada arriesgada, ya que un poco más de fuerza y sus brazos se hubiesen salido de cuajo, pero su rival la soltó con lo inesperado del movimiento.

Cayó al suelo, afirmándose a duras penas con sus brazos doloridos.

Se levantó rápido y enfrentó al chico, el cual había caído de espalda al barro. En su ropa tenía las dos marcas de sus botas embarradas.

Miró de reojo a Ironwood, el cual tenía su rostro serio, pero había asentido con su rostro, de manera casi imperceptible.

Tuvo que luchar nuevamente cuando este se levantó. Lo vio correr en su dirección así que le agarró la muñeca de su brazo derecho con su mano izquierda, y lo tomó del hombro con su mano derecha, y ocupó el impulso del chico para arrojarlo hacía otra dirección. Incluso lo vio dando una voltereta antes de caer el suelo.

¿Te gustan las llaves?

No dejó que se levantara y tomó uno de sus brazos y luego abrazó el cuerpo del chico con sus piernas, y tiró del brazo hasta escuchar sus articulaciones crujir. Luego de unos momentos, y notándose sin escapatoria, el chico soltó un grito, dándose por vencido.

Lo soltó y se quedaron unos segundos sentados en el barro, completamente mojados y ensuciados, al igual que sus compañeros que los observaban durante los minutos que duró el enfrentamiento. El hielo en el suelo y la lluvia que seguía cayendo perpetuamente no perdonaban a nadie.

Sonrió para sí misma al ver como el cabello de Ironwood había dejado su perfecto orden con el agua y el viento. Aunque era un poco estúpido reírse de él, ya que su cabello debía estar aún peor, además de estar completamente lleno de barro.

Pero lo había logrado.

Se tomó su tiempo en las duchas, sin importarle que el tiempo del agua caliente llegase a su límite. Necesitaba quitarse todo el barro del cabello y no iba a dudar en seguir con una ducha helada para cumplir su objetivo. Vio cómo su hombro había quedado color rojizo, con manchas moradas en algunos sectores y ciertamente dolía con el simple tacto del agua. Sonrió al pensar en cómo habría quedado el torso del chico, le gustaría ir a mirar si es que quedaron sus pies en su torso o algo similar.

Los días se volvían monótonos, pero de todas formas empezaba a acostumbrarse a pasar más tiempo en los dormitorios, incluso conversaba más con algunas chicas, ya que las veía más y dejaba de ser la asocial que se iba a la biblioteca o pasaba entrenando fuera de las clases.

Se quedó acostada con su pijama puesto, mientras escuchaba música con sus grandes audífonos. Aún faltaba para que apagaran las luces, y como era poco lo que podía dormir, prefería mantener su mente ocupada de alguna forma, no dándole tiempo para pensar en nada. Y claramente evitaba que la canción de Weiss estuviese en su lista de reproducción, lo que la deprimía, pero a la vez se ahorraba una depresión aún más grande.

Escuchó pasos cerca, y vio a Lyra acercándose con una bolsa de plástico.

La miró con confusión, sacándose los audífonos.

"¿Qué pasa?"

La chica solo sonrió y le puso la bolsa en su hombro magullado. Dio un salto al sentir el frio, pero soltó un largo suspiro al sentir el alivio inmediato. La ducha fría había ayudado, pero realmente necesitaba algo así. Personalmente no buscaría ayuda, pero la agradecía.

"Estabas distraída."

"Me dices eso todos los días."

Le dio una sonrisa, y claramente intentaba disculparse con la mirada. Agradecía el gesto del hielo, así como también agradecía que la chica se preocupara por ella.

"Supe de algo que podría alegrarte."

Levantó una de sus cejas, sin poder comprender la mirada dudosa que su amiga fauno le daba. Una mueca bastante confusa. Sostuvo el hielo por si misma mientras Lyra corría hasta su metro cuadrado en busca de su teléfono. Se le acercó rápido y se sentó en su cama, pasándole el celular.

Lo tomó con algo de desconfianza y lo miró.

La bolsa de hielo había caído al suelo.

'Weiss Schnee, la segunda hija del gran empresario Jacques Schnee ha dejado la milicia para volver a hacer negocios con su padre. Ambos decidieron dar una fiesta para los miembros del consejo y socios afiliados a la familia Schnee. La celebración constara de un recital en el teatro de las inmediaciones del magnate, así como el clásico coctel con música en vivo. Las palabras del señor Schnee fueron tajantes al mencionar que será una gran fiesta en la cual les iba a demostrar a todos cuan poderosa era la unión de un padre y su hija.'

Había un par de fotos del lugar. Y no tenía duda que era el mismo lugar donde había cantado Weiss aquella canción que Yang le había mandado. El mismo lugar, y la historia parecía repetirse.

La fiesta parecía ser un sábado, en alrededor de una semana.

Frunció el ceño.

No iba a dejar que Weiss pasara por eso de nuevo. No.

Le dio las gracias a Lyra, le dio el celular y antes de que ella se levantase le dio un abrazo. La chica fauno parecía más sorprendida con el gesto que ella misma. Pero estaba realmente agradecida. Ahora sabía que tenía que hacer.

No dudó ni un solo momento más, y apenas tuvo la oportunidad, corrió hasta la oficina de Ironwood. Claro que con todo el protocolo y la disciplina que era capaz de mostrar.

No conocía la oficina, pero logró encontrarla luego de una pequeña búsqueda.

Golpeó la puerta y esperó hasta que la voz del general le diese permiso para entrar. Se paró derecha, con su mano en la sien y mejor rostro cordial que tenía.

"Buenos días, General."

El hombre la miró con su rostro serio y luego soltó un suspiro, masajeándose el cuello.

"Deja de fingir conmigo, Ruby Rose, dime que quieres."

No pudo evitar sonreír levemente. Al parecer se estaban conociendo demasiado mutuamente. Se acercó al escritorio y tomó aire.

"Sé que usted ocupa dos asientos en el consejo, necesito su ayuda con algo, y espero que usted sea tan amable de cooperar."

Su mirada seria no se separó de la suya ni por un segundo.

"No puedo darte una entrada."

Frunció los labios.

Él lo sabía.

"¿Por qué no?"

"Porque solo empeoraría las cosas. Además, todos los socios y miembros preguntaran que hacía una chica como tú en un lugar como ese, y por supuesto está Jacques, ¿Y si él te ve? Dijo que te dejaría en paz, pero no significa que haga caso a su palabra si es que eres tú quien mete la nariz donde no te incumbe."

Lo sabía.

Sabía todo eso.

No era una niña, podía meditar todas las opciones, pensar en diferentes estrategias, pero no le daba miedo. Quizás gatillaría la ira del hombre con su presencia, pero eso no le importaba. No iba por él, iba por Weiss. No importaba lo que le pasara, iba a estar ahí para ella en aquel difícil momento.

"Esa fiesta debe ser la personificación de todas sus pesadillas, Ironwood. Weiss ha sufrido desde la fiesta anterior donde fue obligada a cantar, y me lo dijo, me dijo que no quería volver a cantar para ellos. ¡Hubieses visto la mirada en su rostro!"

El hombre bajó la mirada. Si, la culpa en sus ojos era visible. Él sabía todo aquello. Probablemente él fue testigo el sufrimiento de Weiss aquel día hace cinco años.

"Sé que Weiss no dejará que él me haga nada. Está atenta a todo, desconfía tanto de él que seguro duerme con un ojo abierto. La situación actual ya es mala, no hay nada más que hacer, nada cambiará. Con todo lo que ha ocurrido, con esta semana del demonio que ella está pasando, esto es lo único que podría darle esperanzas. Ella necesita ver a alguien en quien confíe, y esa persona soy yo. Ironwood, Weiss confía en mí, así como yo confió en ella, y hay algo importante que ella necesita saber. Ella me necesita ahí. Ella necesita alguien en que apoyarse."

Para cuando terminó, se vio con las manos apoyadas en la mesa y su respiración estaba agitada. Ironwood la miraba con sorpresa y culpa, y se quedó así durante unos momentos, hasta que finalmente sonrió, sus labios levemente curvados.

Revisó en su chaqueta y sacó un boleto blanco con letras doradas. Se lo pasó de inmediato. En la parte de atrás estaba el logo de la familia Schnee en color azul.

Ahora era ella quien miraba al hombre con asombro.

No creyó que accedería. Aun no usaba alguna otra técnica para convencerlo, como llorar o ponerle ojos de perrito.

Lo vio tomar su celular y ponerlo en su oreja.

"Jacques, siento llamarte tan temprano, pero acaban de confirmar mi vuelo hacía Vacuo para el sábado, siento mucho no poder asistir a tu fiesta, realmente me ilusionaba."

Escuchó ruido al otro lado, pero era difícil distinguir la voz o lo que decía.

"Un show digno de ver. No dudes que encontraré el reemplazo indicado para que me dé una descripción detallada del evento. Espero seas amable."

Los ojos del general se enfocaron en ella, y no pudo evitar que sus mejillas se encendieran.

¿Estaba confiando en ella? ¿Realmente estaba apoyándola en todo eso?

Se dieron un par de palabras y la llamada llegó a su fin.

Se quedó mirando al hombre, nuevamente con confusión. Parecía una broma. Pero dudaba que Ironwood fuese la clase de personas que bromearía con algo así.

Recibió una sonrisa.

"Disfruta de la fiesta, Ruby Rose."

Frunció los labios, sintiendo que las lágrimas saldrían de la felicidad. Negó con la cabeza, quitándose esas ganas de abrazar o llorar o lo que fuese y le dio una gran reverencia.

"¡Gracias por todo, General!"

El hombre solo asintió con el rostro.

Se sentía realmente agradecida con él.

Jamás pensó que él aceptaría. Nunca fue la clase de persona que acepta cosas así, mucho menos siendo consiente de los problemas que podría significar. Era un alivio que Weiss fuese importante para él en cierta medida, aunque sus celos atacaban, seguía estando agradecida de aquello.

Su relación parecía cambiar drásticamente, y para mejor.

Se quedó fuera de la oficina, sonriendo mientras observaba el boleto.

"Espera por mí, Weiss."

Se quedó tranquila al salir de la ducha el sábado por la mañana.

Su cuerpo no tenía magulladuras, ni marcas, ni cicatrices notorias. Daba igual siendo una recluta, pero yendo a una fiesta de clase, no era apropiado lucir como una guerrillera, aunque lo fuese.

Consiguió que su padre le mandara su vestido por correo, y por suerte no demoró en llegar. No tenía ropa adecuada para un lugar así, así que se vio en la obligación de buscar aquella reliquia.

Habían pasado cinco años desde que la usó para la fiesta de Beacon. Tuvo miedo de ponérselo y que la prenda se rasgara en cosa de segundos, ya que su cuerpo estaba diferente a aquella época, convirtiéndose en una adulta que entrenaba a diario. Realmente agradecía que no hubiese sido así, no le alcanzaba el tiempo ni el dinero para gastar en un vestido en pleno centro de Atlas. Probablemente tendría que endeudarse para encontrar algo, aunque fuese lo más barato de la ciudad.

El día pasó tormentosamente lento y a la vez tan rápido. Se sentía ansiosa y a la vez nerviosa.

No había visto a Weiss en más de dos semanas, y sus nervios empezaban a jugarle en contra. Sobre todo, sabiendo que iba a estar en territorio enemigo, con cientos de personas desconocidas y probablemente sería notablemente la extraña ahí. Solo rezaba para no llamar demasiado la atención, no quería hacerle las cosas más difíciles a la teniente.

¿Debía seguir llamándole teniente a esa altura?

Si, iba a seguir haciéndolo.

Iba a ser su teniente por siempre, aunque no estuviese ejecutando ese cargo en la actualidad.

Mierda.

Realmente la extrañaba.

Habló con mucha seguridad con el general, pero ¿Weiss la extrañaba de la misma forma? ¿Realmente ella la necesitaba? Había hablado de una manera muy impropia y ahora sus piernas comenzaban a flaquear. Esperaba que no hubiese mentido. Esperaba que Weiss realmente la quisiera de esa forma.

Soltó un suspiro.

Nuevamente su mente se iba hacía ese lugar oscuro donde prefería mantenerse alejada.

Cerró los puños y soltó un suspiro.

Era el día.

No iba a flaquear ni un segundo.

Confiaba en Weiss.

Tomó su chaqueta de cuero roja y metió sus llaves, su billetera y el boleto en los bolsillos. Se puso sus diabólicos zancos y salió de la casa de su tío.

Decidió tomar un taxi, ya que con esos zapatos dudaba poder hacer una caminata sin caerse y arruinar todos los esfuerzos que hizo para ser una persona presentable que podría pasar desapercibida ante una multitud. Incluso se sacó las placas, cosa que creía imposible.

El teatro se veía imponente desde afuera. Muchas personas estaban afuera, agrupadas hablando entre ellos, fumando o simplemente dialogando con sus palabras difíciles y rebuscadas. Esa era la gente de Atlas. No quería sonar racista ni nada, pero en ese momento agradecía el no ser un fauno. El solo imaginar intentar pasar desapercibida con un par de orejas peludas en la cabeza sonaba a muy mala idea, sobre todo sabiendo lo clasistas y racistas que era la gente de Atlas en general.

Ahí la misión tendría un muy bajo porcentaje de éxito.

Aún quedaban un par de minutos para la hora acordada, pero prefirió entrar. Un hombre bien vestido le pidió el boleto, disimulando su cara de sospecha. Le dio como respuesta su rostro más sobreactuado que podía dar. Imitar a Weiss había sido de ayuda.

Entró a un gran salón, lleno de estatuas y pinturas, así como también hermosos detalles en dorado en escaleras, alfombras, cuadros y demases. Todo era perfecto. Pasó por dos puertas gigantes que llevaban a lo que era el escenario. Estaba un poco oscuro, pero podía saber dónde le correspondía sentarse según el boleto en sus manos. Y si, como imaginó, era en primera fila.

Se sentó, temblando un poco ante los nervios, situándose frente a un gran piano blanco de cola que estaba en el escenario.

Cerró los ojos.

Estaba muy nerviosa.

Había logrado llegar ahí, pero luego venía el coctel y ahí sería más difícil mantenerse al margen.

¿Podría llegar a hablar con ella?

No estaba segura.

Quizás era algo imposible de realizar, pero tenía fe en que las cosas saldrían mejor de lo que su lado pesimista le decía.

Las cosas ya habían salido de mal en peor, necesitaba mantenerse positiva. Cuando se toca fondo, solo se puede subir, o eso decían. Esa era una de las frases que su padre le decía a Yang cuando perdió el brazo en el accidente. No supo que hacer en ese entonces. Nada de lo que decía o hacía parecía ayudar a su hermana, así que se mantuvo al margen, con miedo de arruinar aún más las cosas.

No cometería el mismo error de nuevo.

No huiría. Si había algo que podía hacer, lo iba a hacer.

Las luces se apagaron del todo.

No se había fijado, pero ahora todos los asientos a su alrededor estaban ocupados. El lugar estaba en un silencio perfecto. Ahora ya no podía ver el piano, gracias a una gruesa cortina azul que tapaba por completo el escenario.

Las puertas de madera se cerraron y pasaron unos segundos de silencio hasta que las cortinas empezaron a abrirse.

Una luz se prendió en lo alto del escenario, apuntando directamente al piano, y ahí sentada, estaba Weiss.

Se quedó hipnotizada mirándola.

Su voz suena con fuerza, tristeza y melancolía, pero causando armonía por todo el teatro, acompasándose a la perfección con las teclas que acompañaban su canto.

Sus piernas tiemblan, sus manos tiemblan. Era como si todo hubiese ocurrido tan rápido y ahora todo se detuviese en el tiempo. Como si sus preocupaciones la hubiesen carcomido todo su interior, y poco a poco se recuperase, volviendo a ser quien era en un principio.

Estaba vacía, y ahora no.

Luego de unos momentos la música retumba, y ya no es un solo foco enfocando a aquella mujer, ahora quizás son cuatro o cinco, todos apuntándola como si se tratase del ser más divino que ha pisado la tierra.

Y en realidad, así es.


Capítulo 15: La fiesta.

Tal vez era la única persona ahí presente que podía entender lo que las palabras de Weiss significaban. Su canto no era solo una actuación. Sus palabras eran reales. No era una fantasía, era una realidad. Podía comprenderla, entenderla, con solo escuchar su voz.

Pero no había nada bueno en aquello.


Esto es un poco más…calmado, ¿No? ¿Estaré fallando a mis deberes malignos? Como sea, recordé que más de alguien tenía la duda de lo de Penny, y no puse que fuese un androide, si no que si fuese uno Ruby seguiría queriéndola, cosa que es verdad xD Bueno, aquí es como una especie de Cyborg o algo así, al igual que Ironwood, aunque Penny se siente que es un robot por completo, como nació siempre envuelta en máquinas. :( (Pensar en todas las posibilidades respecto a Penny me dan ganas de escribir un Nuts and dolts aunque mi fidelidad esté con Weiss.)

Debería poner más a Penny en la historia, pero cambiaría un poco el foco, y no quiero que mi Weiss además sufra de celos. Too much for her heart. Sería demasiada maldad, ya no más, ¡Mi flor de invierno no merece tanto maltrato!

¡En el próximo capítulo ya tendremos otra canción! La del capítulo 3 fue "This life is mine" y me imagino que más de alguien ya sabe cuál es la que viene. ¡Espero lo disfruten!

Espero les esté gustando la historia, sobre todo a aquellos que le dieron follow y favorito, si, ustedes. Los rezagados que no comentan. Que sepan que me hacen llorar por las noches.

Bueno, eso es todo lo que tengo que decir, además del spam de síganme en Instagram y esas cosas.

Nos leemos pronto.