Disclaimer: Todo lo que reconozcan le pertenece a una mujer rubia inglesa llamada J. K. Rowling.
Capítulo XIII: Wake me up when September ends
"Like my father's come to pass, seven years has gone so fast wake me up when September ends" Green Day
Si había algo que reconocerle a James Potter es que era tozudo. Terco hasta no poder más. Al menos así lo pensaba Liliane. Al final, habían terminado en un limbo. Un limbo en el que ella se negaba a apartarlo y en el que él se empeñaba en quedarse a su lado. De momento, así estaba bien. O parecía estarlo. Por lo pronto, ella seguía leyendo, quizá un poco más tranquila.
—Liliane…
Era su padre, que se había tomado libre el primero de enero porque sí. Le apetecía y punto. Así era él.
—Papá.
—Oí que tuviste visita hace rato —le dijo.
—Ajá… —dijo ella escuetamente, sin querer profundizar más en el tema. Así estaban bien. Blaise Zabini siempre había sido el primero en enterarse de todo lo que le pasaba a Liliane, pero en ese momento quería tomarse el tiempo de pensarlo un poco. Meditarlo.
—¿Potter, no?
Asintió, sin ganas.
—Demasiado pelirrojo, pero me agrada… —comentó su padre.
—¿Qué?
—Que no estoy ciego, niña.
—Tengo veintiuno, papá —le dijo ella, con una sonrisa, evitando el otro tema—. Y en febrero cumplo veintidós.
—Y me da igual, siempre tendrás veinticuatro años menos que yo: eres una niña —le respondió él—. ¿Te agrada Potter, no? —preguntó de improviso, mirándola.
—¡Papá!
—Que no estoy ciego, Liliane.
—Pero… no creo que funcione —ella torció la boca. Estaba casi convencida de eso y por eso prefería que las cosas continuaran como hasta ese momento—. Somos demasiado diferentes.
Blaise se rio.
—Yo creí que lo de tu madre no iba a funcionar —dijo él—. Y tuvimos dos hijos… —se encogió de hombros—. Confía un poco en ti, Liliane. Potter lleva a tu lado demasiado tiempo. Pero bueno… quizá no soy la mejor persona para darte consejos. Nott me dijo que pasarás a verlo —comentó—; dijo que encontró un libro para ti en su biblioteca. —Le sonrió—. Mientras sea hoy, me dijo que pasaras a la hora que prefirieras. Ya oscureció… de todos modos… Oscurece demasiado temprano en invierno.
—¿Te dijo que tipo de libro? —preguntó Liliane.
—Seguro que uno lleno de cosas raras y complicadas que te gustan —le prometió Blaise—. No sé de donde sacaste semejante interés por la magia antigua y la magia negra… —sacudió la cabeza—. Porque estoy seguro de que ni tu madre ni yo te inculcamos semejantes gustos.
Liliane se encogió de hombros.
—Simplemente quería demostrar que la magia negra podía usarse para buenos propósitos —comentó—. Ya sabes, se me metió la idea en Hogwarts.
—Y mira a donde te ha llevado…
—Bueno, papá, iré a ver a Nott —le dijo Liliane dejando el libro a un lado y poniéndose de pie—. ¿Quieres que lleve un saludo de tu padre?
Su padre asintió.
Liliane caminó hasta la chimenea y, menos de un minuto después había aterrizado en la sala de la mansión Nott. Jezabel estaba sentada allí, con un Corazón de Bruja en las manos y los labios fruncidos.
—¡Ah, Liliane! —se sorprendió al verla—. Pasa, pasa… mi padre está en la recamara donde está instalada mi madre. ¿No te molesta? —Liliane negó con la cabeza automáticamente luego de un escueto saludo—. Mira, ven… —se digirió hasta las escaleras—. Subes, y es la primera puerta que vas a ver del lado derecho. La que está barnizada en verde.
—Gracias, Jezabel —le dijo ella y empezó a subir.
Llamó a la puerta que le había dicho Jezabel por educación y oyó la voz de Theodore Nott contestarle. Nunca había entrado a aquella recamara, donde descansaba su esposa que se debatía entre la vida y la muerte dos años ya. Sin embargo, abrió la puerta y entró. Era una habitación luminosa, con todo un ventanal de un lado y una cama con dosel sobre la que descansaba el cuerpo de Daphne Greengrass. Liliane sabía que la bruja tenía, en la espalda, una cicatriz similar a las dos que había descubierto en el cuerpo de su madre muerta.
—Buenas tardes —saludó.
—Buenas tardes, señorita Zabini —Theodore Nott alzó la mirada de donde estaba, en una silla próxima a la cama desde donde podía ver a su esposa. Liliane no pudo evitar pensar que aun en coma, la señora Nott conservaba un atractivo natural—. Tengo algo para usted… —alzó el libro que había estado leyendo hasta ese momento—. Creo que le interesará bastante.
Liliane se acercó a tomarlo, dándole la vuelta a la cama, cuando se lo tendió.
—Magia antigua. Canalizadores…
—¿Por qué…?
—Lo de la magia del Solsticio, Zabini, no fue causado por una varita común y corriente —le dijo el hombre—. Es imposible que tanta energía haya sido liberada con sólo una varita. Lo sabes. Y además, no había signos de que la hubieran usado allí mismo, por lo tanto…
—¡Almacenaron la energía! —exclamó Liliane, que por fin veía claro ese asunto.
—Tu padre me dijo que estaban investigando algo que tenía que ver con el incidente en el Bar del Vampiro, Zabini —empezó Theodore Nott—. Y si sigues la línea de acontecimientos… —se encogió de hombros—, bueno es obvio que usaron toda la energía de la magia del solsticio para algo. El libro te va a interesar. Habla de báculos.
—¿Báculos?
—Merlín usaba uno. Eran populares y algunos magos los usaban a modo de varitas en la era artúrica, o antes, pero tenían demasiadas limitantes, que cayeron en el olvido —contó Nott—. Por supuesto, también tenían algunas pocas ventajas: podían manejar la magia ancestral con más facilidad y, más que eso: almacenaban energía. Hoy en día hay otras cosas que almacenan energía para propósitos mágicos, pero nada ha llegado a equipararlos.
—¿La magia ancestral se manejaba más fácilmente? —preguntó Liliane.
—Sí, antes de que fuera considerada arcaica… —dijo Nott—. Muchos aun la usamos, claro, pero ya no es lo mismo que antes. Es peligroso controlarla y, más que eso, tienes que dar algo a cambio. Ese tipo de magia siempre viene con un precio. Los dos lo sabemos, Zabini.
Liliane asintió, recordando el pago. Nunca le daría nietos a su padre, ni sobrinos a su hermano ni podría tener hijos. En el momento en que había entregado eso ni siquiera le había parecido un gran pago a cambio de la vida de aquellos que le importaban y había aprendido a vivir con esa decisión.
—Disculpe… ¿usted qué pagó?
—Yo… —Nott titubeó, como si no supiera si contárselo—. Pedí algo más, además de la salvación de mi familia.
—¿Qué?
—La desesperación, Liliane Zabini, lleva a hacer cosas sin pensar. Aun hoy no sé si fue una buena…
Un jadeo —o intento de—, interrumpió su plática. Liliane se dio la vuelta rápidamente para encontrarse como Daphne Nott abría los ojos e intentaba abrir la boca. Era lógico que, sin haber hablado en más de dos años, las cuerdas vocales ni siquiera le respondieran. Su espalda se arqueó un poco y Liliane no tuvo ni siquiera tiempo de acercarse cuando Nott ya estaba sobre ella.
—Daphne… Tranquila, Daphne…
Volvió a intentar hablar, mientras la escena se desarrollaba ante los ojos demasiado abiertos de Liliane. La mujer alzó una mano esquelética hacia su marido, que la miraba esperando algo más. Cuando la mujer por fin pudo hablar, con una voz ajada y deshecha, como si le costara demasiado trabajo, sólo pronunció dos palabras.
—¿Quién eres?
—Ya vez, Zabini —murmuró Nott, volviéndose hacia ella—. Pedí su salvación también, que me sería concedida en algún punto… y a cambio la perdí a ella. —La miró con la mirada más triste que había visto nunca Liliane—. No me recuerda.
—Creo que debería irme…
—Dile al elfo que suba, por favor —y luego se volvió hacia esa esposa que no lo reconocía—: Tranquila, Daphne, por favor… No pasa nada.
Liliane asintió y salió sin hacer mucho ruido.
—Quiero intentar con el Quidditch, ¿sabes? —le dijo ella. Estaban en la sala de la Mansión Malfoy, ella tirada, recostada sobre sus piernas, mientras él le pasaba la mano por la cabeza—. Me gustan los Ballycastle bats, pero quiero intentarlo, al menos, en el equipo de mi madre. Las Holyhead harpies. Ganaron una vez cuando mi mamá era cazadora… —Lily torció la boca—. A mi tío Neville no le gusta que haya tomado esa salida… —Lily suspira—. Dice que soy un montón de talento desperdiciado en Quidditch, que podría convertirme en auror o lo que quisiera. Pero no quiero. Desde siempre he querido jugar Quidditch.
—Si a ti te parece bien, a mí me parece bien —le respondió él—. Iré a animarte a los partidos… —le sonrió.
—Ve al último partido en Hogwarts —pidió ella—. Gryffindor contra Ravenclaw. Ganaré esa copa y luego se la dedicaré a mi madre.
Después de Roxanne, se había convertido en la capitana del equipo de Quidditch en quinto. Había perdido aquel año, demasiado enfocada en otras cosas. La victoria se la había llevado Ravenclaw que llevaba años sin saborear una victoria tan absoluta. Y en sexto se había quedado veinte puntos por debajo de Slytherin. Pero ese año pensaba ganar.
—Esa copa será tuya, amor, seguro… —le respondió Scorpius.
—¿Irás a verme?
—Lo intentaré.
—¡Scorp! —se quejó ella—. No haces nada, no tienes que trabajar poara sobrevivir, ¿y la única respuesta que obtengo es «lo intentaré»?
—Está bien, está bien… Iré.
—Júralo.
—Lo juro —la tranquilizó él y ella lo dejó en paz.
Mantener una relación a distancia era mucho más difícil de lo que parecía y aquel año y medio habían estado a punto de tirar la toalla demasiadas veces. Pero sólo tenían que sobrevivir seis meses más. Sólo seis meses y ella dejaría Hogwarts y serían libres de verse más tiempo además de unas cuantas horas en Hogsmeade cada quince días. Pero habían sobrevivido.
—Ah… —sonó una voz sorprendida. Cuando Lily movió la cabeza y se encontró con Astoria Malfoy devolviéndoles la mirada se puso en pie rápidamente—. Hola, chicos. No sabía que estabas aquí, Lily…
—Hola, señora… —Lily sintió como se ruborizaba.
—No te preocupes, Lily, yo también fui adolescente —le sonrió con complicidad y Lily se puso un poco más roja. Odiaba aquella capacidad de ponerse del color de un tomate en dos segundos. Por suerte, la señora Malfoy dejó de prestarle atención para dirigirse a su hijo—. Tú tía Daphne despertó ayer, Scorpius, voy a ir a verla. Y tú… bueno, deberías ir a ver a Emmanuel cuando tengas tiempo.
Scorpius asintió mecánicamente .
—Albus y yo quedamos con Emmanuel en la semana —respondió.
—Muy bien… Vuelvo al rato —se despidió—. Si quieren cenar Poty está en la cocina. Hasta luego, Lily.
—Hasta luego, señora Malfoy.
—Oh, vamos, dime Astoria…
Lily se volvió a sonrojar.
—Adiós, mamá —intervino Scorpius haciéndole una mueca de vete ya y después de hacerle una mueca a su hijo, salió. Scorpius se quedó mirando el sonrojo de Lily y luego se rio—. ¿A qué mi madre es genial?
—Demasiado amable, creo yo —musitó Lily—. Mi madre nunca fue así. Era más de miradas asesinas y de «no te atrevas a tocar a mi hija».
—¿Lo sufrí, recuerdas? —intervino Scorpius—. Pero también era buena gente cuando quería. A veces nos hacía galletas a Albus y a mí, cuando regresaba temprano del trabajo en vacaciones y yo seguía allí, en su sala, haciendo absolutamente nada. —Sonrió—. Creo que casi sufre un infarto cuando se enteró de que era el mejor amigo de Albus y me invitó a su casa unas navidades sólo para asegurarse de que no era la copia de mi padre, o qué se yo.
Lily sonrió.
—En el fondo, era buena persona.
Scorpius pareció decidir que era hora de distraerla. Cuando el tema de conversación era Ginny Potter después de un rato había que distraer a Lily con cualquier cosa.
—¿Has leído las noticias?
Lily negó con la cabeza de manera contundente.
—En El Profeta ponen demasiadas tonterías… —soltó—. Les encanta el amarillismo, las conspiraciones. Aunque bueno, mi papá dice que a veces sirve también para reírse.
—Eso es porque sólo lees las columnas sensacionalistas de Romilda V. —se quejó Scorpius—. Esa sí que es una reportera insoportable. No le llega ni a los talones a la de Corazón de Bruja, Lavender McLaggen, que con todo y los chismes es un poco más… ¡respetuosa de la vida ajena!
—Ya sé… Romilda V. es insoportable —se quejó Lily—. Dicen que lleva ya tres años separada de su marido, el del bar Irlandés, y que no se soportan ni en pintura. —Suspiró—. Mi papá solía decir que era curioso, porque habían sido una pareja que había dado mucho de qué hablar cuando se casaron. —Después pareció recordar el tema original—. ¡Pero no sólo leo eso! Ahora que lo mencionas, mataron a alguien del Winzengamot, ¿no?
—Ajá… Nadie sabe quién fue.
Lily torció la boca.
—Quizá sólo fue casualidad… —se encogió de hombros—. Una vendetta personal, o algo así.
—Ojalá… —suspiró Scorpius—. Si no, ¿te imaginas las medidas de seguridad que habría en todas partes? —Sacudió la cabeza—. No estaría mal, pero…
—Ojalá sea una casualidad, es lo más probable.
—Sí, tampoco es que se hayan ensañado con ella —agregó Scorpius medio torciendo la boca, pensando—. Sólo un Avada Kedavra y ya. No hay dolor…, no sé. No es tan mala forma de morir, quizá.
—Scorp… —el sonido de advertencia en la voz de Lily lo puso sobre aviso.
—¡Vale, vale! Dejo de estar pensando en cosas deprimentes.
—Así me gustas más.
—Ya lo sé.
La casa siempre estaba demasiado silenciosa. No es que fuera muy grande, pero si muy vieja, con apliaciones por todas partes. A su tía abuela Minerva no le gustaba demasiado y solía llamarla una «casa deforme». Su padre solía decir que era suficiente para toda la familia. Allí había vivido su abuelo Robert antes de morir y su tío abuelo Malcom, que se había dedicado a dilapidar la herencia que le habían dejado en el juego. También su tía abuela cuando se vió obligada a dejar Hogwarts. En ese momento, la mansión la habitaban ella, su molesto hermano Robert Jr., sus padres, y la solterona de su tía Hélene, que se la pasaba el día molestando a todo el mundo.
Sin embargo, aquel día, todo estaba demasiado silencioso. Demasiado, pensó Hestia al llegar ante la verja, donde volvió a su forma humana, dejando a la loba marrón para otra ocasión. Había pegado una buena carrera, porque tenía un mal presentimiento que la había acompañado desde que había dejado la casa de su primer estudiante, Gideon White, un niño de once años al que sus padres no planeaban mandar a Hogwarts. Ella se encargaba de enseñarle Transformacioes y Encantamientos dos veces por semana y otros tutores se encargaban de lo demás.
—Alohomora —dijo, apuntando con la varita a la verja.
La verja abrió con un chirrido y ella entró mientras se sacudía un poco el desordenado cabello marrón, que estaba hecho una pena después de la carrera por el bosque. Entró a la casa dando unos cuantos pasos. Siempre le había parecido una vieja vivienda típicamente escocesa demasiado oscura. Un vestíbulo bastante apagado y luego una gran sala. Del otro lado, un comedor con lugar para diez personas que usualmente no estaba ocupado por más de la mitad.
A Hestia le sorprendió la soledad de la casa. Sabía que su hermano andaba con su novia de un lado a otro. Una tan Alcyone Smith que le robaba los suspiros a muchos y, por lo que a Hestia le constaba, soñaba con ser una cantante famosa. O algo así.
Su madre quizá estaría arriba, o con su mejor amiga, que vivía del otro lado del pueblo, una muggle que les regalaba suéteres de punto por navidad y bufandas todo el año, aunque estuvieran en el más agobiante de los veranos.
—¿Mamá? —llamó—. ¿Papá?
Entró a la sala y prendió las lámparas con un solo movimiento de varita. A primera vista no vio a su padre, hasta que se fijó que, al fondo, había algo, y, lentamente, se acercó.
No estaba preparada para ver lo que vio. A su padre, colgado del techo por el cuello, aun chorreando sangre. A Hestia le constó que tenía mordeduras extrañas en todo el cuerpo y la cara blanca antes de taparse los ojos con las manos y gritar. No se fijó en el letrero que estaba en la ventana, pintado con sangre que aun goteaba.
«MORTE»
Su madre entró justo en ese momento a la casa y oyó el grito, por lo que corriendo hasta donde estaba a Hestia y se encontró con la escena sangrienta que estaba allí. Se quedó paralizada un momento hasta que se dio cuenta de que su hija no reaccionaría.
—Hestia… Hestia… —Mireia McGonagall jaló a su hija para sacarla de allí—. Vamos, tenemos que llamar a los aurores… sí. —Caminó hasta la cocina—. Te daré una poción tranquilizante, vamos…
Las manos le temblaban incontrolablemente.
Colgado de una soga, su marido seguía balanceándose en la sala.
Bonjour!
Sí, la primera escena ha sido en parte drama. James y Liliane son muy pero muy diferentes, pero la cosa a la mejor funciona, total. Se agradan, o algo así… ejem. Además, Liliane ha ido a ver a Nott (me encantan esas escenas) y bueno, Theodore Nott le ha dado un libro. Además su esposa ha despertado, JA. Inserte una risa cruel aquí, por favor…
La siguiente escena es Scorpius/Lily, para pintarles el panorama desde ojos externos.
Y la tercera. EJEM. Miss Martin a todo lo que da. Pues sí, he matado a Telemachus McGonagall. ¿Notan la coincidencia? JA, sí, otro miembro del Winzengamot, por si no lo recordaban. Sobre lo gore, bueno, no se quejen, es mi vena cruel y no había salido tanto, vaya…
¿Qué pasará? Pues yo lo sé, pero ustedes tienen que seguir leyendo para averiguarlo.
La canción es de Green Day y según yo es la segunda mejor canción de Green Day y una de las únicas que me sigue gustando.
Jaime Lannister sends his regards
Andrea Poulain
A 9 de abril de 2014.
