Capítulo 14
"La caja"
Regina se pasó toda la noche recordando el extraño suceso con Emma en el club, la actitud de la rubia no era normal, al principio pensó que quizá Swan sólo quiso divertirse con ella un rato, a fin de cuentas no era un secreto que a Emma también le agradaba Zelena, no hace mucho que ambas hermanas se unieron para sabotear su salida con August o incluso para una que otra noche de pasión, Regina sonreía al recordar esos momentos y al mismo tiempo se molestaba, se la había puesto en bandeja de plata a su hermana, pensaba mientras sus ojos se llenaban de llamas. Luego vinieron a su memoria las vivencias con Emma, su corazón comenzó a latir con fuerza y una candidez se apoderó de ella, todos aquellos ratos, aquellas palabras, aquellos besos y aquellas caricias no podían ser mentira, su corazón se negaba a aceptarlo, en el fondo podía sentir que había sido verdad, el cambio tan repentino de la rubia era extraño y más cuando esta última se había puesto del color del mármol durante la plática que tuvieron en las canchas de Tenis, Regina había notado el terror en los ojos de Swan, y había alcanzado a divisar algo que se reflejaba en ellos, como una sombra, estaba claro que en el instante en que Emma palideció su mirada no estaba sobre ella sino sobre algo más.
Los primeros rayos del alba se asomaron por la ventana de Regina y acariciaron su rostro sacándola de sus reflexiones, se levantó de un salto y prosiguió a arreglarse, en unos minutos Regina ya se hallaba portando un vestido entallado color magenta que le llegaba justo arriba de las rodillas, dejando ver sus torneadas piernas, lo acompañó con dos ágatas del mismo color y un dije, salió de su habitación más bella que nunca, la sensación de ser observada la hizo girar su cabeza, Emma la veía tiernamente, Regina percibió aquel amor en los ojos de la rubia y justo cuando ambas se iban a acercar notó que algo detuvo a Emma y la hizo regresar a su cuarto, Regina no comprendía, el impulso de Swan por abrazarla y besarla había sido notorio para la morena, ¿qué la hizo retroceder? Le pregunta la acompañó hasta la mesa del comedor , tomó asiento confundida y continuó reflexionando, estaba tan ensimismada que apenas y notaba a Archie sirviendo el desayuno y a Pongo que alegremente la saludaba moviendo su cola de un lado a otro, una voz interrumpió sus pensamientos.
-¡Buenos días hijita! ¡Qué madrugadora! Normalmente eres la última que se aparece por aquí- dijo Cora con la enorme sonrisa que la caracterizaba y dándole dos besos a su hija, uno en cada mejilla, Regina sonrió ante el acto cariñoso de su madre. -¿Pero qué te pasa mi amor? Te veo rara-añadió Cora mientras ponía una de sus manos sobre el hombro de su hija.
-Nada madre ¿qué me va a pasar? Estoy bien- dijo Regina en un tono que ni ella misma se lo creyó.
-Nada, nada, a ti te pasa algo, tu nunca te levantas tan temprano- comentaba Cora mientras tocaba la frente de su hija para verificar que no estuviera enferma, Regina retiró la mano de su madre de forma sutil.
-Siempre hay una primera vez ¿no? Ahora me desperté temprano, que tiene de raro eso, ya te dije que no tengo nada.
-Si tú lo dices- respondió Cora incrédula y se dispuso a tomar asiento para degustar el desayuno.
-Sí yo lo digo- apuntó de manera seca la morena.
La siguiente en llegar a la mesa fue Zelena, Regina no pudo evitar su cara de desagrado al escuchar la voz de su hermana.
-¡Buenos días familia! Buenos días hermanita- dijo Zelena sonriendo y disfrutando de su victoria con la rubia, Regina alzó la mirada para observar la falsa sonrisa de hermana que a leguas reflejaba la felicidad que le daba la tensa situación, sin responder regresó su vista al plato para continuar desayunando. Cora se percató de los ojos retadores de sus hijas y de la mala leche que había entre ellas.
-¡Buenos días hijita!¡Qué bueno que ya llegaste! ¡Te estábamos esperando, la mesa no está completa sin ti!
-Gracias mami, tu siempre tan linda, no como otras- añadió Zelena dirigiéndose a Regina quién sólo volteó la cabeza y torció la boca.
Detrás de Zelena llegó el señor Mills.
-¡Buenos días Familia!- dijo al momento que saludaba de beso a cada una de las tres féminas que se encontraban en la mesa.
-¡Buenos días amor! ¡Qué guapo te ves hoy!- afirmó Cora de manera coqueta.
-¡Muchas gracias mi amor! ¡Hoy tengo una junta muy importante! ¿Dónde está la chofer? Espero esté lista a tiempo, no quiero llegar tarde.
-¿La chofer? ¡A poco ya tenemos vagabunda nueva!- respondió Cora emocionada.
-No mamá es Emma Swan, ¿te acuerdas?- dijo Regina un poco cansada de la memoria corta de su madre.
-¡Ah sí, sí, claro! Emma Swan.
-¿Quién puede olvidar a Emma? ¿Verdad hermanita?- añadió Zelena sarcásticamente y retando a la morena, quien fingió no escuchar. A los pocos minutos entra Emma, quien no puede evitar admirar de nuevo la belleza de la morena quien la miró con sus ojos llenos de aquel sentimiento que las unía, Regina sonrió y se sonrojó un poco, su felicidad creció cuando observó que la rubia se dirigía a sentarse junto a ella, un susurro escalofriante que llegó a los oídos de Regina, cambió la expresión de Emma y la hizo cambiar de rumbo y sentarse junto a Zelena. Aquellas palabras que parecían nombrar a Emma y otras cosas que Regina no pudo comprender le pusieron la piel de gallina, notó como Emma volvía a palidecer, sin duda aquella sepulcral voz iba dirigida a Emma.
-¿Qué te pasa hermanita? No me digas que te tomó por sorpresa que mi novia se sentara a mi lado. Ya deberías hacerte a la idea ¿no?- Regina miró a Zelena, quien reía divertida ante la situación, luego volteó sus ojos y los clavó en Emma, la rubia levantó un poco la mirada, una lágrima corría por sus mejillas, además Regina se dio cuenta como Emma temblaba y se esforzaba por sostener el cubierto para poder degustar los alimentos, una idea cruzó por la cabeza de Regina al ver como Zelena acariciaba la mano de Swan y sonreía, como si ella le perteneciese.
La voz del señor Mills y el rechinido de su silla al levantarse regresó a Regina a la realidad.
-Bueno nos vamos, ya es tarde, Swan por favor.
-Sí, Sí señor claro vámonos, en seguida está listo el carro- al levantarse un mareo casi la hace caer, Regina reaccionó de inmediato, sosteniéndola.
-Swan, ¿está usted bien?
-Sí, señorita, no se preocupe- respondió Emma al tiempo que salía de la mansión seguida del señor Mills quien le gritó a Regina que se apurara, la morena corrió tras ellos todavía sin comprender muy bien lo que estaba pasando.
-¡Espérame hermanita, yo voy con ustedes, no quiero que Swan se quede solita esperando a que tú y papá salgan, hay tantas cosas que podemos hacer mientras trabajan- dijo Zelena al momento que soltaba una risita y le guiñaba el ojo a Regina, la mirada de esta última se encendió. Cora quien se había percatado de todo y observaba atentamente detuvo a la pelirroja.
-¡Hijita!, necesito que hoy te quedes conmigo, prometiste ayudarme a pintar mis rosas porque el jardinero plantó otra vez blancas en lugar de rojas, además plantaremos nuevos rosales.
-Sí mamá lo hacemos en la tarde ahora no puedo, esto es muy importante.
-¡Qué puede ser más importante que tu madre! Sabes perfectamente que cuando alguien se compromete a ayudarme con mis rosas no puede negarse después, me pone muy molesta- La mirada de Cora había cambiado, aquellos ojos distraídos estaban más enfocados que nunca, la dureza con la que le respondió a Zelena hizo que ambas hermanas se miraran extrañadas. Regina aprovechó el momento.
-Mamá tiene razón Zelena, no puedes despreciarla, ya sabes cómo se pone cuando se trata de sus rosas.
Zelena sin dar crédito a la mirada penetrante de su madre no tuvo otra opción que quedarse y observar furiosa como su hermana partía con su rubia.
-¡Vamos hijita!-dijo Cora tomando a Zelena del brazo y llevándola al jardín- será mejor que comencemos, tenemos mucho trabajo por delante.
Al arribar a la oficina, el señor Mills bajó de inmediato del auto para entrar velozmente a las oficinas, Regina por su parte se tomó su tiempo, veía de tanto en tanto a Emma que parecía sumida en un trance, al final Regina se animó a hablar.
-No me va a abrir la puerta Swan.
-Sí por supuesto señorita, disculpe mi tardanza- Emma abandonó el automóvil en seguida y prosiguió a abrirle la puerta a la morena, ésta descendió poniendo su mano sobre la de la rubia, clavó sus ojos mocas en los verdes de Emma, poco a poco, Regina deslizó su mano por el brazo de Emma y acercó sus labios a la boca de Swan, la rubia, que ardía por dentro y se estremecía con tan sólo sentir el aliento de la morena correspondió de inmediato, deslizó también su mano por el brazo de Regina, se acercaron más la una a la otra, cuando sus bocas estaban a punto de darse ese beso que tanto deseaban y les hacía falta, un oscuro susurro invadió el ambiente, aquella voz sepulcral hacía gala de su presencia nuevamente, Regina la escuchó claramente, los vellos de su piel se erizaron, un escalofrío recorrió su cuerpo, trató de detener a Emma, pero esta inmediatamente retrocedió, Regina observó nuevamente el terror reflejado en los ojos de Swan, estaba claro que si ella había escuchado la voz para la rubia había sido más clara y más fuerte, después de todo, aquel susurro fantasmal iba dirigido a Emma. Regina intentó decirle a la rubia lo que había escuchado pero Swan la interrumpió.
-Debe irse señorita, no quiero que llegue tarde.
-¿Y dejarla así? Un fantasma tiene más color que usted.
-Estoy bien señorita no se preocupe por mí, ahora váyase que se le hace tarde.
Regina intentó continuar con la conversación pero el rechazo de Emma era inminente, y la morena no quiso seguir perturbando a la rubia con preguntas que ni ella misma comprendía bien, prefirió dejar las cosas así y sin más se dio la vuelta para seguir los pasos de su padre.
En el camino de regreso los cruces de miradas entre ambas eran inevitables, al llegar a la mansión, Zelena corrió a recibir a la rubia.
-¡Emma querida! ¡No sabes cuanta falta me hiciste!- la pelirroja posó sus labios sobre los de Emma y prosiguió a besarla con pasión al tiempo que la rodeaba con sus brazos y abrazaba su cuerpo con el de ella, Swan correspondió a aquel gesto de amor y llevó su mano a los cabellos rizados de Zelena para enredarla entre ellos. La mirada de Zelena giró hacia Regina quien las miraba con los ojos mojados que se mezclaban con un coraje que esforzaba por tragarse.
-Los jóvenes de hoy- dijo el señor Mills mientras subía las escaleras en dirección a su habitación.
-Vamos Swan, te he preparado un baño caliente, ya verás que bien te va a caer, yo misma te daré un masaje para relajarte- añadió Zelena mientras subía junto con Emma, esta última miró a Regina como pidiéndole ayuda, parecía que en cualquier momento se zafaría de los brazos de Zelena para correr a los de la morena, pero había algo, algo que la forzaba a continuar con la alta y esbelta mujer que la conducía, Regina podía verlo en sus ojos, Zelena le hechó un vistazo también a Regina y le sonrió maliciosamente, satisfecha por la tristeza que se cristalizaba a través de las cuencas cafés de Regina. Regina se quedó ahí inmóvil por unos minutos, se enjugó las lágrimas que brotaron y se dirigió a la cocina.
-Señorita Mills, gusta un vaso con agua- preguntó sorprendido Archie al ver entrar a la morena.
-No tendrás algo más fuerte- Archie sonrió ante la respuesta de Regina, dio un suspiro y le acercó una botella de Tequila y un caballito.
-Problemas del corazón eh- añadió Archie mientras servía el caballito.
-No es nada- contestó Regina tomando la bebida de un solo trago.
-Quien iba a decir que esa vagabunda iba a causar tanto revuelo en esta casa- Regina volteó a ver a Archie y se sonrojó ante las palabras del mayordomo, tomó un segundo caballito y salió de la cocina para evitar dar explicaciones.
Justo antes de llegar a su habitación un extraño sonido retumbó en sus oídos, parecía un palpitar, Regina comenzó a seguirlo y se detuvo frente a la habitación de Zelena, acercó su mano a la perilla con cuidado, la giró, al momento de abrir la puerta una voz la detuvo.
-Se te perdió algo hermanita- Zelena yacía parada a su lado.
-No nada, sólo venía a avisarte que ya va estar lista la cena, mi madre me pidió que lo hiciera, no creas que me agrada mucho tener que verte la cara.
-Pues que pena hermanita porque me la vas a tener que ver muy seguido- respondió Zelena riendo irónicamente. Regina se alejó intrigada por aquel sonido y furiosa por haber sido descubierta por la odiosa de su hermana antes de averiguar de lo que se trataba.
La cena transcurrió sin novedad alguna, Regina observando los coqueteos entre Zelena y Emma y al mismo tiempo pensando en todo lo acontecido, tratando de encontrar una explicación. Zelena fue la primera en terminar e irse a su habitación argumentando lo cansada que se sentía, no sin antes guiñarle un ojo a la rubia y despedirse con un beso y un "Te espero", Swan correspondió con una sonrisa. Momentos después la oscura voz se hacía presente, Regina se quedó congelada, miró a su padre quien continuaba cenando como si nada hubiera pasado, giró la vista hacia su madre, quien inmediatamente alzó sus ojos y los clavó en los de su hija, ambas voltearon a ver a Emma quien se paró inmediatamente y se despidió para subir a su habitación. La mirada extrañada de Regina se cruzó con la mirada fría y lúcida de su madre, quien segundos después volvió la vista a su plato y siguió cenando.
Cuando terminó de cenar, Regina decidió ir un rato al jardín, a aquel lugar que la llenaba de recuerdos, las horas pasaron mientras ella lo recorría de un lado a otro, pensando en las serenatas, las canciones, se detuvo un momento bajo su manzano, la única luz presente era la de la luna que cubría de plata todo el lugar, una ráfaga de viento que la hizo sentir frío provocó que la morena regresara a la mansión, antes de entrar en su habitación, el extraño sonido volvió a inundar sus oídos, Regina comenzó a seguirlo, aquel palpitar se hacía cada vez más fuerte al tiempo que Regina iba aproximándose a la habitación de su hermana, colocó su oído sobre la puerta para asegurarse que el fuerte ruido provenía efectivamente de ahí, giró la perilla de la puerta y la entreabrió con mucho cuidado, la expresión de Regina se tornó gris al observar a su hermana sosteniendo algo de color carmín sobre su mano, Zelena tomó la caja de esmeraldas que tenía sobre su repisa y la abrió para colocar el objeto que palpitaba sobre la palma de su mano, los ojos de Regina se ensombrecieron al descubrir de que se trataba, al escuchar el latido, al ver el color malva que se intensificaba al ritmo de las palpitaciones y que salía a través de aquella caja, las cuencas cafés de Regina lanzaban llamas.
Continuará…
