Capítulo 14: El chico de Hong Kong.
- ¡Es que aún no puedo creer que te guste alguien! – Exclamó la chica por cuarta vez en lo que iba de la mañana.
- ¿Era necesario contárselo? – Gruñó Shaoran, mirando a Wei con fastidio.
Pero el anciano sólo sonrió y se hizo el desentendido. Por su parte, Meiling seguía mirándolo con asombro por arriba de su desayuno.
- ¿Y por qué es que aún no le pides que salgan? – Preguntó la chica
- ¿Quizás porque quiero que las cosas fluyan tranquilamente? – Respondió el chico de forma tentativa.
- Ni yo me creo esa basura y eso que soy una chica. Dime la verdad antes de que lo averigüe por mis propios medios – Amenazó Mei.
Shaoran dejó caer la cuchara en el tazón con cereal y pasó sus manos por su rostro con exasperación. Le gustaba tener a Meiling de visita en su casa (Aunque nunca iría a admitir eso frente a ella), pero en esos momentos quería despacharla en el siguiente avión para Hong Kong lo más pronto posible.
Y de pasada enviaría a Wei con ella. ¿Por qué demonios debió haberle contado?
- Aunque también puede ser que ya le hayas pedido que salgan y que te haya rechazado – Comentó Mei pensativa mientras esparcía mermelada en una tostada.
Shaoran tomó su café y dio un sorbo largo. Su vida sentimental era asunto de él y no pensaba discutirlo con ella. Al menos no a estas horas del día.
- Oh, Dios mio, ¿Ya se lo pediste? – Exclamó Meiling mirándolo estupefacta.
Shaoran levantó una ceja.
- Yo no he dicho nada.
- ¡Pero tu silencio lo dice todo!
Shaoran casi golpea su cabeza con la mesa. Nunca entendería esa habilidad especial de las mujeres para crear drama de la nada.
- ¿Y qué pasó? – Preguntó cada vez más fascinada la chica.
La respuesta de Shaoran fue simplemente observarla en silencio.
- No me digas, ¿Te dijo que no? Me agrada esta chica – Concluyó Mei con una sonrisa, a la vez que le daba un mordisco a su tostada.
Meiling había creado toda una telenovela sobre la vida amorosa de Shaoran y él no había dicho ni la más mínima palabra al respecto. Asombroso.
Aunque tuvo admitir que, en algunas cosas, había más verdad que ficción. La relación entre él y Sakura estaba en una extraña posición en esos momentos. Aún culpable por sus celos imaginarios y ese estúpido beso con Aiko, no se había atrevido a pedirle a Sakura que salieran de nuevo. Decidió no presionarla y darle tiempo para que pensara las cosas. No quería lastimarla otra vez.
Pero no sabía cuanto más se iría a resistir. Estaba en tal punto de frustración que más de alguna vez se le cruzó por la cabeza tomar a Sakura y besarla con fuerza, incluso si todo el mundo los miraba. Le importaba una mierda. Sólo quería alguna señal que le indicara que no la había jodido tanto. Que Sakura lo iría a perdonar. Que podrían partir de nuevo. Que aún había una chispa de esperanza para ambos.
Aunque la paciencia ya se le estaba acabando. Y ella aún no había dicho si lo quería a él.
- Un momento – Exclamó de repente Meiling seria - ¿Sabe ella sobre tu familia?
- ¿A qué viene eso? – Replicó el ambarino terminando su café.
- Estás de broma, ¿Verdad? ¡Por supuesto que importa! – Soltó la chica con exaltación – Ya sabes cómo la gente se comporta cuando se enteran de quien eres realmente.
- Eso es sólo en China, acá da lo mismo.
- ¿Sabe o no sabe? Así de simple – Insistió Mei.
Por un segundo Shaoran estuvo tentado a lanzarle su taza de café para callarla. Pero tendría graves problemas si llegaba a lastimarla. Así que, respiro hondo y se controló.
- No, no sabe. ¿Feliz?
- ¿No? ¿No tiene idea? – Meiling sonrió de oreja a oreja – Esto se vuelve cada vez más interesante. Aunque me pregunto si su actitud cambiaría si supiera que provienes de una de las familias más importantes de Hong Kong.
Probablemente no cambiaría nada, quiso decir Shaoran, pero se mordió la lengua. No quería agregar más combustible al fuego.
- Y bien, ¿Cuál es el plan del día? – Inquirió Mei tras terminar su desayuno - ¿Algo interesante?
- Yo tengo clases, ni idea de cuáles son tus planes – Respondió Shaoran levantándose de la mesa.
- Por supuesto. Viajo casi 2800 kilómetros, me la paso en un avión más de cuatro horas, ¿Y qué es lo que obtengo? Completa indiferencia y falta de preocupación. ¿Esa es la forma de tratar a tu prima más querida, Xiao Lang? – Dijo Meiling fingiendo pesar.
- ¿Vienes conmigo? – Ofreció Shaoran con expresión aburrida.
- ¡Claro! – Exclamó feliz la chica y corrió a su pieza para terminar de arreglase.
Shaoran suspiró. Ni siquiera supo para que se molestó en preguntar. Mei lo hubiera perseguido aunque él se lo hubiera prohibido. Cada vez que lo visitaba era lo mismo.
A los pocos meses de llegar de Hong Kong a Japón, Meiling le vino a hacer compañía. No es que Shaoran lo necesitara, pero la chica no podía creer que el ambarino se haya adaptado tan fácilmente a un nuevo país y gente siendo tan sólo un niño de 10 años. La realidad que Shaoran vivía en China era completamente opuesta a lo que vivía en Tomoeda. Por lo que Mei vino a averiguar qué es lo que realmente estaba pasando.
Y la sorpresa fue inmensa. Shaoran les probó a todos, incluso a los más escépticos de su familia, que no necesitaba una mansión, sirvientes, lujos o guardaespaldas para sobrevivir. Que incluso sin el dinero o poder de su familia él podía hacer grandes cosas. Tan así fue que Mei se quedó con él a vivir por dos años. Y sólo regresó a Hong Kong porque sus padres la obligaron, no porque ella lo hubiera deseado.
Por ello, Mei conocía a muchos de los compañeros de Shaoran. Incluso el ambarino se preguntaba a veces si su prima lo venía a visitar a él o a sus antiguos amigos.
- ¡Estoy lista! – Anunció Mei al volver al comedor – Vamos, apúrate, llegaremos tarde.
¿Tarde? Shaoran miró su reloj. Aún faltaba más de una hora para que se iniciaran las clases y vivían sólo a 15 minutos del establecimiento. Irían a llegar a cualquier hora menos tarde.
Por lo que, tranquilamente, Shaoran fue al baño, se lavó los dientes y terminó de arreglarse. Con aún más paciencia metió los libros del día en su bolso e incluso se dio el lujo de revisar su facebook y las noticias más importantes del día en su celular. Para cuando volvió al comedor Meiling estaba al borde de la histeria.
- Dios, ¡Eres peor que una chica! ¡Vámonos! – Exclamó Mei con exasperación y salió del apartamento con una rápida despedida a Wei.
- ¿A qué hora tienen planes de regresar para preparar la cena, joven Li? – Preguntó amablemente el anciano cuando Shaoran se ponía sus zapatos.
- Ni idea de a qué hora llegue Meiling. Yo llegaré más o menos a las ocho y media. Y aún no olvido lo que le contaste a Mei sobre mí – Agregó el chico con seriedad.
- Joven Li, la señorita se hubiera dado cuenta de todas formas. Usted es un Li, después de todo. Cada vez se parece más a su padre.
Hablar sobre Hien Li era entrar en arenas movedizas y Wei lo sabía muy bien. Aún así, Shaoran levantó una ceja y lo miró con curiosidad.
- ¿Así que mi padre igual fue un idiota en su momento?
- El mayor de todos.
Shaoran sonrió. No tanto por lo que eso último revelaba, sino porque con esas palabras Wei trataba a su padre de idiota. Y él sabía muy bien que el anciano había respetado y querido mucho a Hien Li. El ambarino jamás pensó que alguna vez lo iría a escuchar diciendo algo malo sobre su padre. Y eso era realmente grato. Hacía que su padre sonara más humano, en vez del poderoso empresario y patriarca que había sido en vida.
- No te preocupes por la cena, Mei te llamará cuando vuelva a casa y yo haré lo mismo – Dijo finalmente Shaoran.
- Que tenga un buen día, joven Li – Se despidió el anciano.
- Tú también, Wei.
Shaoran cerró la puerta del apartamento y miró hacia afuera, a la entrada del edificio. Meiling ya lo esperaba en la calle y parecía tener serias intenciones de amarrarlo con una correa y forzarlo a apurarse. El chico miró al cielo e imploró fuerzas. Esta iba a ser una larga mañana.
- ¿Y cómo están todos? ¿Mihara y Yamazaki siguen juntos? – Preguntó Mei cuando Shaoran finalmente la alcanzó.
- Sí – Para el asombro de todos, agregó mentalmente el chico – No creo que eso cambie pronto.
- ¿En serio? ¿Tan bien se llevan? – Exclamó la chica son asombro.
- Oh, no, pelean todo el tiempo. Pero ni uno puede vivir sin el otro.
- Quién diría que esos dos irían a durar tanto… - Comentó Mei son algo de incredulidad - ¿Y Eriol? ¿Sigue tan insoportable como siempre?
- Está peor. Y lo disfruta a cada momento – Respondió el chico, para después sacar un chicle de su bolsillo y echárselo a la boca. Honestamente, el chicle era un muy mal substituto del cigarro matutino que antes solía tener.
- ¿Y los demás? – Meiling comenzó a enumerar a sus compañeros con los dedos - Me imagino que Yanagisawa debe seguir obsesionada con sus libros. Y Sasaki ya debe tener una empresa de pasteles o algo así. Y, claro, Daidouji aún debe tener de pasatiempo su cámara de video, aunque me acuerdo que la última vez que vine estaba muy interesada en cámaras fotográficas. ¡Ah! ¿Y Kinomoto? ¿Sigue siendo la reina de los deportes? – Preguntó la chica con curiosidad.
- Es la mejor – Respondió Shaoran con una pequeña sonrisa.
- Bueno, si lo dice alguien como tú, debe ser bastante buena. Aunque nunca le perdonaré que sea mejor que yo en la gimnasia artística – Replicó la chica con una mueca infantil – Y de seguro sigue siendo porrista, eso no va a cambiar nunca.
- ¿No es Meiling Li la que está a tu lado, Shaoran? – Gritó alguien a lo lejos.
Los primos se miraron extrañados y después buscaron el origen de esa voz. Cruzando el parque pingüino vieron a Yamazaki y Eriol, ambos con una sonrisa en la cara y acelerando el paso para alcanzarlos.
- Miren lo que trajo el Diablo, ¿Cómo está la chica que quería practicar incesto con su primo? – Dijo Eriol burlista a modo de saludo.
Takashi casi se atraganta al escuchar eso y Shaoran levantó una ceja. Ese era un golpe bajo y todos los que estaban ahí lo sabían muy bien. Meiling y Shaoran habían estado comprometidos desde sus nacimientos, aunque, tras la muerte de Hien Li, tal decisión se desestimó. Pero seguía siendo un tema algo sensible, en especial para Meiling.
Shaoran miró a su prima con tranquilidad. Si había alguien que podía tener una batalla verbal con Eriol, además de Daidouji, esa era Meiling.
- Yo estoy muy bien, gracias. ¿Y cómo está el chico que engañó a la chica que amaba con otras dos chicas y ni siquiera se acuerda bien de lo que pasó esa noche?
Tanto Shaoran como Takashi sonrieron. Sólo Meiling hubiera sido capaz de decirle a Eriol algo así en la cara. Tomoyo Daidouji siempre sería el talón de Aquiles del inglés.
- Auch, eso debió haber dolido – Dijo finalmente Yamazaki, mirando a su amigo con algo de incertidumbre.
- Ese fue un jaque mate rotundo. Sé reconocer cuando he perdido – Respondió Eriol levantando las manos en señal de derrota – Tu lengua está cada vez más afilada, my dear.
- Practico cada día al menos dos horas – Replicó Mei con sarcasmo.
- Pues ha dado muy buenos resultados – Sentenció Eriol sin perder su sonrisa.
- ¿Cuándo llegaste a Japón, Mei? – Preguntó Yamazaki interrumpiéndolos, antes de que dieran inicio una posible discusión.
- Ayer en la noche. Xiao Lang me fue a buscar – Respondió la chica con una sonrisa.
Shaoran se adelantó en su camino, alejándose del grupo. Cualquier cosa que ellos fueran a hablar o bien, ya lo sabía, o no le interesaba saber. Así que puso sus manos en sus bolsillos y con una caminata rápida se dirigió a su establecimiento. Aunque ya no competía en ser el primero en llegar a la sala de clases, abandonar la costumbre de años no era un asunto fácil.
A los pocos minutos ya podía ver el edificio principal de su secundaria surgiendo entre las casas. Shaoran repasó su horario de clases mentalmente. Ese día era jueves y siempre se sentía como un día corto, en especial por las clases extracurriculares, pero él tenía tutoría de matemáticas avanzadas y dos horas de entrenamiento para la triatlón. Y, pese a ello, quería llenar su horario aún más. Estudiar y entrenar lo ayudaban a tener su mente ocupada.
Lo ayudaban a dejar de pensar en Sakura Kinomoto.
Ya entrando al establecimiento, botó su chicle en el basurero más cercano y se dirigió directamente a la sala de clases. Si sólo pensaba en demorar en los pasillos sabía muy bien que alguien se le acercaría para pedirle un favor o para simplemente fastidiarlo. Ya lo había vivido demasiadas veces.
En el salón ya se encontraban Nagata, Daidouji y Aizawa, estas dos últimas mirando de lo más interesadas una revista. Y un poco más a la esquina estaban unos muy felices Tsutomu y Sasaki conversando alegremente.
Dios, cada vez que Shaoran los veía juntos tenía serios deseos de saltar desde un puente o golpear su cabeza con la pared más cercana. Verlos juntos y felices le recordaba con demasiada claridad lo imbécil que había sido. Lo muy equivocado que había estado. Y siendo un alumno con calificaciones máximas y con un comportamiento casi intachable, era difícil aceptar los errores que había cometido. Y que no había absolutamente nada que pudiera hacer para cambiar las cosas.
Y como si ya con eso no fuera demasiado doloroso ver a Tsutomu, también le hacía recordar la pelea que tuvieron. La mayoría de sus heridas mejoraron muy bien en los siguientes días al incidente, pero aún tenía algo morado un golpe que el chico le dio en el costado derecho y otro en la espalda. No había podido entrenar casi nada por una semana debido a su estupidez.
Shaorna dio un rápido saludo a sus compañeros y se dirigió a su puesto. Sólo quería que las clases comenzaran luego. Se sentía completamente hastiado en esos momentos.
- ¡Meiling! ¡No sabía que volviste! – Exclamó Tomoyo, parándose de su puesto al ver a la china entrar al salón.
- Bien, porque era una sorpresa – Respondió Mei con una sonrisa.
Tsutomu, Sasaki y Nagata se le acercaron para saludarla también. Sólo Aizawa se quedó en su puesto, pues no había sido compañera de Meiling en primaria. Por su parte, Eriol y Takashi entraron al salón, rodeando al grupo que se había formado en la puerta de la sala. Parecían estar discutiendo algo.
- ¡La apertura de las Olimpiadas en Londres fue excelente! Debes admitirlo – Replicó Eriol tirando su bolso en su escritorio.
- No niego eso, pero debo concordar con Meiling, la apertura de las Olimpiadas en Beijing fue épica – Apuntó Takashi mientras ponía su bolso detrás de su silla.
- Sólo porque China es un país milenario y creó la mitad de las invenciones del mundo – Murmuró Eriol con fastidio.
- ¿Meiling? – Se escuchó una voz en la entrada del salón
Esa voz actuó en Shaoran como si un imán lo hubiera atraído. Sakura estaba en la puerta de la sala con una sonrisa mirando a su prima.
Si antes no les prestaba ninguna atención a sus amigos, ahora Shaoran sentía que ellos ni siquiera estaban en el salón. Toda su atención se concentró en esa chica de ojos verdes que tan alegremente le hablaba a sus compañeros. A cualquiera, menos a él. ¿Qué necesitaba hacer para que ella sonriera así otra vez?
Shaoran se echó hacia atrás en su silla, cruzó los brazos y bajó la mirada. No podía bajar la guardia respecto a su relación con Sakura, no alrededor de Eriol o Daidouji al menos. Ellos eran demasiado perceptivos y se podrían dar cuenta de que algo extraño sucedía. Y lo último que quería era complicarle más las cosas a Sakura. Con todo lo que había pasado bastaba, comenzando por esos correos electrónicos. Si algún día el autor de esos estúpidos correos se le ocurría darse a conocer, él sería uno de los primeros en unirse a la fila para matarlo. Y disfrutaría cada momento de ello.
- ¿Tú qué crees, Xiao Lang? ¿Tendremos tiempo? – Preguntó Mei desde el otro lado de la sala.
El ambarino la miró, pero no dijo nada. No tenía ni la más mínima idea de lo que estaba hablando.
- Tu tiempo es distinto al mío, las decisiones que tomes son tus problemas – Respondió el chico de modo esquivo.
- De seguro ni estabas escuchando – Refunfuñó Meiling – Pero no importa, me quedo hasta después de la semana del deporte, así que tenemos más de dos semanas para ponernos de acuerdo.
Realmente Shaoran esperaba que su prima no lo estuviera comprometiendo en nada. Se negaba a perder su tiempo en los caprichos de Meiling. Estaba demasiado ocupado para eso.
- Se me había olvidado que tu verdadero nombre es Xiao Lang.
Shaoran levantó la vista y vio a Sakura sentarse en su puesto, para después darse la vuelta y mirarlo. ¿Era su impresión o estaba cada día más hermosa?
- Shaoran es mi verdadero nombre también, sólo que en una versión distinta - Respondió el chico con calma.
- ¿Y cuál es tu versión favorita?
- Me da lo mismo. Sigue siendo mi nombre.
Sakura lo miró un instante y pudo ver como se formó una pequeña sonrisa en su rostro. Después se dio media vuelta, dándole la espalda al ambarino.
Demonios, ¿Por qué no podía ser más sociable?, pensó Shaoran con frustración. Él quería que ella le prestara más atención, pero él no podía evitar ser algo… cortante. Estaba en su naturaleza no hablar mucho. Pero por ella podría esforzarse en hablar todo el día si era necesario. Ya había aceptado internamente que la quería más a ella de lo que se quería a sí mismo.
- ¡Ah! – Exclamó Sakura de repente, dándose vuelta otra vez - ¿Estarás ocupado después de clases?
La primera respuesta que se le vino a la cabeza a Shaoran era que sí, que estaría ocupado. Y era la verdad. Pero había que ser un idiota para responder eso cuando era tan obvio que la respuesta que Sakura quería escuchar era no.
- Depende. ¿Por qué preguntas?
- Es que quiero ir a una parte, pero no me gustaría ir sola.
Honestamente, Sakura lo podría llevar al infierno mismo y él iría encantado mientras pudieran estar unos momentos a solas. Era esto lo que había estado esperando hace tanto tiempo. Una pequeña muestra de confianza. Una pequeña oportunidad.
- Ay, no. Se me había olvidado que debes estar entrenando, ¿No? – Dijo de repente Sakura con preocupación.
- ¿A qué hora quieres que nos juntemos? – Pregunto de inmediato Shaoran. Ni loco iba a dejar pasar esta ocasión.
- Termino el ensayo con el club de porristas a las 18:30, más o menos. ¿A esa hora tendrás tiempo?
- Ve a buscarme al sector de la piscina. Estaré ahí.
Shaoran pudo ver como Sakura lo miró con algo de recelo, además de sonrojarse un poco. El chico casi rió. Sabía exactamente lo que se cruzaba por la cabeza de Sakura en esos instantes.
- No te preocupes, no es necesario que me esperes en los vestidores. Espérame en la entrada. A las 18:30 estaré ahí.
- ¿Seguro que no estaré en problemas contigo en ese lugar? – Preguntó la chica con algo de desconfianza.
- Probablemente sí, pero me controlaré.
En realidad, Shaoran llevaba controlándose desde hace mucho tiempo respecto a Sakura. La esmeralda no tenía ni idea de la cantidad de veces que había estado a punto de ser "atacada" por él.
- ¡Xiao Lang! ¿Puedo ir en la tarde con Mihara y Yanagisawa de compras? – Exclamó Meiling desde el otro lado del salón.
Shaoran puso los ojos en blanco al escuchar la pregunta.
- ¿En serio estás pidiendo mi permiso?
- No, era sólo para avisarte – Mei le sonrió con malicia.
- Tan sólo no te olvides de avisarle a Wei cuando llegarás a la casa – Le recordó el chico.
- Por supuesto que no me olvidaré – Aseguró la chica – Muy bien, que tengan una hermosa y productiva clase de química, mis queridos ex compañeros – Anunció la chica con fingida solemnidad – Regresaré más tarde.
- Te cambio tu día por el mío – Le ofreció Eriol.
- ¿Y tener que pensar? No, gracias – Replicó Mei sonriendo – ¡Nos vemos después!
Meiling salió del salón y a los pocos minutos después el timbre sonó. Todos los alumnos volvieron a sus puestos, a la vez que el profesor de química entraba en el lugar. Hoy tocaba repasar configuraciones electrónicas.
Shaoran ni siquiera se molestó en prestar atención. Sólo quería que ya fueran las seis y media de la tarde de ese día.
- ¿No que tenías tutoría de matemáticas avanzadas este día? – Preguntó el profesor de Educación Física al verlo llegar a la piscina tan temprano.
- Sí tenía, pero debo hacer algo más tarde. Prefiero entrenar – Respondió Shaoran mientras se ponía su traje de baño.
- Muy bien, chico. Esa es la actitud correcta. Es muy probable que ganes este año.
Siendo sinceros, la verdadera razón por la que Shaoran prefirió entrenar en vez de tener clases de matemáticas era porque, mientras más cansado estuviera, mejor se comportaría alrededor de Sakura. No tendría las energías suficientes para hacer una estupidez. Así que necesitaba exigirse al máximo.
Ya en la piscina había otros alumnos practicando natación. Más que mal, era horario de clases extracurriculares. Pero a él no le importó. Sólo necesitaba una esquina y concentrarse en lo suyo. Con suerte ni siquiera sentiría a los demás.
Dos horas pasaron como segundos. Shaoran estaba realmente agotado y satisfecho con su rendimiento. Había mejorado su tiempo en dos segundos. Era el mejor resultado que había tenido en una semana. Cuando se percató de que eran las 18:15, salió de la piscina y se dirigió a los camarines. Se dio una ducha rápida y se cambió de ropa. A las seis y media en punto salió del recinto.
Sin embargo, grande fue su sorpresa cuando vio que Sakura ya estaba afuera esperándolo sentada en el pasto. Y parecía que llevaba un buen tiempo ahí.
- ¿Te he hecho esperar mucho? – Preguntó Shaoran tras saludarla.
- El ensayo de porristas terminó a las seis – Respondió Sakura, levantándose de donde estaba.
- ¿Has estado esperando por mí media hora? – Exclamó el chico con sorpresa.
- No te preocupes, estuve con Yuri todo el tiempo. Se fue hace unos pocos minutos atrás – Dijo la esmeralda restándole importancia a la situación.
- Debiste haberme ido a buscar – Replicó el ambarino casi con algo de enojo.
- No te preocupes, no estuve aburrida en ningún momento. De todos modos, entré a verte y estabas entrenando con muchas ganas – Sakura sonrió - No sé para qué practicas tanto tu técnica en nado si ya eres todo un experto.
- Nunca has visto a Eriol nadar, ¿verdad? – Inquirió Shaoran.
- Sí lo he visto – Repuso la esmeralda, frunciendo un poco el ceño – Nada muy bien pero, ¿Qué tiene que ver eso con tu entrenamiento?
- Lo has visto nadar por diversión pero no de forma competitiva. Si tuviera que hacer una competencia de nado contra él, Eriol de seguro ganaría.
- ¿En serio? – Exclamó una muy asombrada Sakura – No sabía que era tan bueno.
- Necesito ser tan o más bueno que él, por lo que debo entrenar.
Sakura lo miró unos instantes detenidamente, para después sonreír con algo de timidez. Shaoran amaba verla sonreír. Su boca estaba hecha para eso. Y para ser besada, claro. Y si había algo que Shaoran amaba era poder sellar sus labios con los suyos. Dios, cómo extrañaba eso.
- Donde vamos es un poco lejos de aquí. ¿No importa? – Preguntó Sakura interrumpiendo los pensamientos del chico.
- Sólo guía y yo te sigo.
Sakura le sonrió en respuesta y asintió con la cabeza.
Shaoran reconocía muy bien que actuaba con un perro que seguía a su dueño en busca de comida, pero no parecía molestarle. Lo que era una verdadera sorpresa, porque sabía muy bien que el Shaoran de hace un año atrás jamás hubiera permitido algo así. Pero, del mismo modo, el Shaoran de hace un año atrás no había estado enamorado. Y eso hacía una gran diferencia de circunstancias.
Caminaron un par de cuadras hacia el norte, para después tomar un bus frente a la plaza. Shaoran conocía más o menos el recorrido que ese bus hacía pero, aún así, no podía descifrar hacia donde Sakura lo llevaba.
- Así que… - Comenzó Sakura.
Shaoran dejó de prestarle atención al paisaje y miró la chica.
- ¿Cómo has estado? – Preguntó la esmeralda finalmente.
- Bien. Todo tranquilo.
- Escuché que te estaban ofreciendo una beca para cambiarte a la Secundaria Araiso.
Shaoran no pudo evitar levantar una ceja. ¿Cómo demonios Sakura podría saber eso? Aún peor, ¿Cuántos más sabían eso? Esa información era sólo conocida por unas pocas personas. Honestamente, ya no confiaba en nadie para guardar un secreto dentro de la Secundaria Seijo para esas alturas. En serio.
- Llevan dos años tratando de cambiarme – Reveló el chico sin darle mayor importancia.
- ¿En serio? – Inquirió Sakura abriendo los ojos con asombro - ¿Y no te has cambiado? ¡Es la mejor secundaria de la región! Sólo los mejores entran ahí.
- O los que tienen dinero. Le han ofrecido lo mismo a Eriol y, si mal recuerdo, a Daidouji. Es verdad que hay buenos alumnos ahí, probablemente mejores que yo, pero no me interesa.
- ¿Ni siquiera con una beca completa? – Preguntó Sakura con curiosidad.
Shaoran hizo una mueca al escuchar eso. Un día de estos tendría que decirle a Sakura que en su caso el dinero era un problema en su vida, pero no del modo que ella pensaba.
- ¿Tu te cambiarías si te lo ofrecieran? – Repuso el chico de forma esquiva.
- No, pero… No soy una alumna destacada. Ni tampoco tengo un talento especial. Y todos mis amigos están en Seijo – Respondió pensativa Sakura.
- Pues todas las personas que me importan están en Seijo también – Dijo Shaoran mirando directamente a los ojos a la chica.
Para su asombro, en vez de esquivar su mirada, Sakura lo miró fijamente también con una sonrisa tímida, la cual se formó al escuchar sus palabras. Shaoran no estaba muy seguro de que es lo que estaba pasando en esos momentos, pero le gustaba. Le gustaba mucho.
- ¡Eh! ¡Ya debemos bajarnos! – Exclamó Sakura cuando el bus se detuvo en el paradero.
La chica de inmediato se levantó y se dirigió a la puerta. A Shaoran le tomó un poco más de tiempo bajar de la nube en la que estaba. Maldita sea, ¿No podía el destino haber esperado unos paraderos más?
Shaoran salió del bus y observó a su alrededor. Él pensaba que para esas alturas, con todos los años que ya llevaba en el cuerpo viviendo en Tomoeda, ya debía de haber recorrido todas las esquinas de esa ciudad. Sin embargo, no tenía ni la más mínima idea de donde estaban en esos instantes. ¿A dónde lo había traído Sakura?
- Necesito ir a comprar ahí primero y después entramos – Dijo Sakura, indicando con su mano una tienda a su derecha.
¿Y a dónde es que iban a entrar? Sakura definitivamente asumía que Shaoran sabía dónde estaban, pero el chico no era ni siquiera capaz de reconocer hacia qué dirección quedaba el centro de la ciudad. Así que Shaoran se decidió por seguir a Sakura hacia la tienda.
Una tienda de flores.
Shaoran supo de inmediato donde se encontraban.
Lo que sucedía es que él sólo conocía la entrada principal del cementerio general de Tomoeda, pero nunca había estado en su entrada lateral. Las murallas y rejas eran distintas ahí, algo más descuidadas y viejas. En cierto modo, todo parecía ser más privado en ese sector. Rápidamente se percató de que le agradaba mucho más esa entrada que la otra.
Shaoran observó con gran atención como Sakura elegía unos lirios y algunas hierbas desde los estantes que se encontraban en la tienda. No le tomó mucho tiempo sacar conclusiones del porqué estaban ellos dos ahí. Si estaba en lo correcto, Sakura estaba haciendo con él lo que él nunca había sido capaz de hacer con nadie.
- Lindas, ¿No? – Preguntó Sakura cuando volvió donde el chico con unos hermosos lirios en sus manos.
Shaoran sólo asintió como respuesta. Su mente aún estaba perdida en sus pensamientos y casi de forma automática siguió a Sakura dentro del cementerio. Caminaron por unos minutos, hasta que finalmente la esmeralda se detuvo frente a una tumba. Shaoran leyó el nombre.
Nadeshiko Kinomoto. La madre de Sakura. Exactamente lo que sospechaba.
Si mal recordaba, fue Takashi el primero en comentarle que la madre de Sakura había fallecido. Había sido hace cuatro o cinco años atrás, cuando discutían sobre participar o no en la celebración anual del día de la madre de la escuela Tomoeda. Shaoran no tenía ninguna intención de participar o ayudar en dicho evento.
- No tiene sentido, mi madre está en China, jamás verá nada de esto – Argumentó Shaoran cuando sus amigos le preguntaron sobre su negativa.
- ¿Y? Eso no significa que no puedas participar – Replicó Takashi.
- Pero no tendría sentido – Rebatió el ambarino serio.
- ¿Y cómo Kinomoto? Su madre murió hace años atrás y, aún así, participa lo más que puede durante esta celebración sin quejarse tanto.
Touché. Esa fue una de las pocas veces que Takashi le ganó en alguna discusión al ambarino. Y si bien Shaoran pudo haber rebatido que él y Kinomoto eran personas distintas y que no porque ella hiciera algo él también debía hacerlo, no fue capaz de decir nada. Ese día Sakura Kinomoto, la chica que siempre se sentaba delante de él, había ganado un poco de su respeto.
Shaoran sonrió al recordar tal incidente. Sakura tenía ahora mucho más que su respecto.
- Dios, esto es tan extraño – Comentó Sakura pensativa, para después mirar a Shaoran – Siempre vengo con mi papá acá pero, por lo del accidente, mi hermano lo tiene recluso a estar en casa hasta que se recupere completamente.
Al decir eso Sakura sonrió con pena, como si recordara algo.
- ¿Tu papá quedó muy mal tras el accidente? – Preguntó Shaoran.
- No. En realidad, está muy bien. La única razón por la que le hace caso a Touya es porque sabe que nos dio el susto de nuestras vidas. No sé qué haría si le llegara a pasar algo.
La sonrisa abandonó el rostro de Sakura para pasar a la pena completamente. Dios, Shaoran entendía tan bien lo que le pasaba. El miedo y la vulnerabilidad. El terror de ser consciente de cómo la existencia de una persona te puede llegar a importar más que tu propia existencia. Y de cómo la falta de ella te puede romper a pedazos.
- Lo siento por traerte acá, como mi papá no podía venir, ni mi hermano, simplemente pensé que tú querrías. Aunque todo esto te debe parecer extraño, ¿No? – Comentó Sakura con algo de preocupación.
Shaoran, en respuesta, se acercó a la tumba y limpió los frascos para sostener las flores. Aunque no había mucho que hacer ya que el sepulcro estaba muy bien cuidado y sabía que semanalmente el personal del cementerio quitaba las flores ya secas del lugar.
- Iré a buscar agua para poner las flores – Dijo Shaoran llevando consigo los frascos.
Sin esperar comentario alguno por parte de la esmeralda, Shaoran se alejó. Por suerte, encontró una llave de agua a unos pocos pasos del lugar. Limpió la tierra de los frascos y después los llenó con agua. Al volver, Sakura ya tenía listo los lirios junto con las hierbas para ser puestas en el lugar.
Sakura situó con cuidado las flores en los frascos, para después Shaoran dejarlas en la posición original en las que estaban. En ese instante, el sepulcro volvió a tener un poco más de vida.
- ¿Sabes? – Dijo Sakura mientras miraba la tumba – Nunca he sido capaz de sentir a mi mamá en este lugar. Sé que su cuerpo está enterrado acá, pero no es lo mismo. Más la siento en la casa, en sus cosas. O cuando Touya toca el órgano. O a mí lado cuando estoy sola. Pero nunca acá.
- Entonces, ¿Para qué vienes a este lugar? – Preguntó Shaoran.
- Porque odio ver tumbas sin flores. Cuando veo una, me da la impresión de que los familiares o amigos se han olvidado de la persona enterrada ahí. Y yo… Yo no puedo permitir que alguien pase por el sepulcro de mi mamá y piense lo mismo. No cuando la extraño todos los días.
Sakura iba a quebrar a Shaoran sin siquiera ser consciente de ello. Nunca las palabras de alguien le habían calado tan profundo como aquellas. Nunca nadie había sido capaz de atravesar la muralla que creo siendo un niño hace tantos años atrás. Nunca había querido más viajar a Hong Kong y visitar la tumba de su propio padre.
Se quedaron un par de minutos ahí, los dos en silencio. Cuando comenzó a hacer algo más de frío, Sakura sugirió que se fueran. Shaoran asintió y la siguió.
Tomaron el mismo bus con en el que llegaron, sólo que ahora con dirección al centro de la ciudad. Hablaron un poco, sobre la secundaria, sus compañeros, los planes que tenían en los días venideros. Se sentía como si hubiera una cierta calma entre los dos. No podía haber mejor momento para que Shaoran hablara con honestidad. Y él lo sabía muy bien.
Se bajaron en el mismo paradero en el que hace tantas semanas atrás se habían encontrado, para el día del corte de electricidad. Shaoran sentía que siglos habían pasado desde ese incidente. La noche en que todo había cambiado.
Ese día también algunas cosas irían a cambiar.
- ¿Sakura? ¿Podemos ir a alguna parte a hablar? – Preguntó el chico con seriedad.
- No me gusta mucho cuando dices eso – Comentó Sakura con algo de inquietud – El parque del Rey Pingüíno no está muy lejos. ¿Vamos ahí?
El chico asintió. Ese era un buen lugar. Era neutral.
Sin embargo, en su camino llegaron al puente que daba a unas de las entradas del parque. Por alguna razón, Shaoran prefirió quedarse ahí. A Sakura no pareció molestarle el cambio de planes.
Observaron en silencio uno al lado del otro el tranquilo río que pasaba por debajo de sus pies. Tras unos minutos así, Shaoran finalmente habló.
- Mi padre murió cuando tenía 8 años – El ambarino fue directo al grano.
La expresión de calma de Sakura cambió en ese mismo instante. Shaoran pudo ver como su ceño se frunció, al mismo tiempo que la incredulidad cubría su rostro.
- No tenía idea – Murmuró la chica.
- En cierto modo, aún me asombra que esa información no sea de dominio público en la secundaria. En especial con lo fácil que es buscar sobre eso en Internet – Repuso Shaoran con ironía.
- Shaoran, no es necesario que me cuentes si no quieres – Dijo Sakura con ansiedad
- La muerte de mi padre es sólo la punta del iceberg de las cosas que debo decirte – Agregó el ambarino con una mueca.
- Pero no importa. No necesito saber– Insistió la chica.
- Y por eso me gustas tanto. Mi vida privada nunca ha sido de tu interés, mientras que todo Seijo quiere meter sus narices en lo que haga o deje de hacer.
- Yo no he dicho que no me interese tu vida – Interrumpió Sakura – Me interesa saber más cosas de ti. Pero no voy a obligarte a decir nada.
Shaoran acercó su rostro a sólo unos centímetros de Sakura.
- No me estás obligando a decir nada – Susurró el chico como si dijera un secreto – Esto lo hago porque quiero.
Sakura lo miró directamente a los ojos, como si buscara la verdad ahí, hasta que finalmente asintió.
- ¿Qué pasó? – Preguntó la esmeralda.
- Un accidente de tráfico. Me dijeron que murió en el lugar, por lo que no sintió dolor – Respondió Shaoran, mirando de nuevo el río – O, al menos, un accidente fue lo que dijeron los periódicos.
- No entiendo. ¿No fue un accidente entonces? – Inquirió Sakura con extrañeza.
- Con los años, a veces no puedo evitar pensar que fue más planificado que accidente.
- ¿Cómo puedes decir algo así? – Exclamó con preocupación la chica – Eso lo hace sonar como asesinato.
- ¿Algunas vez has escuchado sobre Chaung Kongs Holdings? – Preguntó Shaoran.
El chico pudo ver como Sakura frunció un poco el ceño al escuchar ese nombre. Tras unos segundos, la chica negó con la cabeza.
- Es demasiado complicado, largo y aburrido explicarte que es Chaung Kongs, pero en cualquier buscador de Internet puedes averiguar sobre ello. Lo que sí debo decirte es que mi padre era el presidente de esa corporación hasta su muerte.
- No me digas que estamos hablando de dinero – Comentó Sakura con escepticismo.
- El dinero es exactamente la madre de todos los problemas – Bufó el ambarino.
- Shaoran, ¿Eres millonario? – Inquirió la esmeralda, casi con terror.
- Oh, no. Yo no poseo ningún centavo. Mi familia posee dinero, sí, pero yo no tengo poder alguno sobre ello.
- Shaoran, si tu familia es millonaria, entonces sí tienes dinero – Replicó Sakura como si lo que dijera el ambarino no tuviera sentido.
- Las cosas no funcionan así en mi casa. La única forma de que tenga una parte de la fortuna familiar es trabajando directamente para Chaung Kongs. Es el único requisito. Por lo que, como no trabajo para Chaung Kongs, no tengo derecho alguno sobre esa fortuna.
- Pero de seguro vas a trabajar para ellos en el futuro, ¿No? –Comentó Sakura con curiosidad.
- Para nada. Muchas personas de mi familia prefieren desprenderse completamente de la corporación y vivir sus vidas alejados de todo ello. Probablemente termine haciendo lo mismo.
- ¿Eso es por qué realmente quieres alejarte o por lo que le pasó a tu papá? – Preguntó la esmerlada con algo de cautela.
Shaoran reflexionó su respuesta unos segundos.
- Es mucho más fácil pensar que él murió en un accidente y que nada se pudo haber hecho para evitarlo, a pensar que hubo premeditación en lo que pasó. Sin embargo, si mi padre realmente murió por deliberación de terceros, no quiero eso para mí. Participar en Chaung Kongs sería abrir una puerta para ello. No quiero tener hijos y que pasen lo mismo que pasé yo, por muy grande o pequeña que sea la posibilidad – Explicó el ambarino serio.
- Un momento – Lo interrumpió Sakura – Una vez mencionaste que no vivías con tu madre. ¿Tiene algo que ver eso con todo lo que me estás diciendo?
- La muerte de mi padre tiene que ver con eso y más. El que esté en Tomoeda es producto de ello, la verdad. Al morir mi padre, mi madre tomó la presidencia de la corporación y, con ello, decidió enviarme a Japón para protegerme – Reveló Shaoran.
- ¿Protegerte de qué?
- Hong Kong es un muy buen lugar para vivir, realmente. Pero la Tríada sigue siendo poderosa en toda China y una verdadera amenaza para cualquiera que tenga dinero o poder.
- ¿La Tríada? – Preguntó Sakura con confusión.
- La mafia. Tras ascender al cargo de directora ejecutiva, mi madre de inmediato se decidió por proteger a mí y mis hermanas de ellos. Aunque yo era el problema mayor pues soy el único hombre y, por alguna razón, la gente de inmediato piensa que soy el heredero natural de mi padre. Así que a mi querida madre no se le ocurrió mejor idea que enviarme a Japón a una ciudad pequeña y tranquila, alejado de todo eso. Y aquí estoy, en Tomoeda, desde los 10 años desde entonces – Finalizó Shaoran con un suspiro.
Los dos chicos se quedaron en silencio por unos instantes. Ya el sol se había escondido en el poniente, quedando sólo la luz anaranjada de los últimos rayos de sol sobre las nubes. Shaoran nunca había revelado tanto de su vida a nadie, ni siquiera a Eriol o Takashi. Era algo que mantenía sólo para él. Curiosamente, abrirse ante Sakura no había costado tanto. Fue casi de forma natural. Aunque ella siempre le había producido confianza, incluso desde antes cuando estaban en primaria.
- Así que tienes hermanas – Comentó de repente Sakura con una pequeña sonrisa.
- Cuatro. Y soy el menor – Agregó Shaoran con fastidio.
- ¿Es tan horrible?
- Peor de lo que imaginas. Las extraño, pero probablemente me hubiera autoexiliado yo mismo sólo para tener algo de paz sin ellas.
Sakura sonrió aún más al escuchar eso, al igual que Shaoran. Aunque lo que dijo era verdad, sus hermanas realmente lo podían volver loco.
- Siento mucho lo de tu padre, Shaoran – Dijo Sakura ya más seria.
- Siento mucho lo de tu madre, Sakura – Dijo a su vez Shaoran.
Sakura lo miró unos instantes, para después acercársele y darle un beso en la mejilla.
- Gracias por contármelo – Agradeció la chica con algo de ternura en sus ojos.
Shaoran no supo que fuerza mayor evitó que la besara en ese preciso instante.
- Es tarde, te voy a dejar a tu casa mejor – Dijo Shaoran en cambio.
- Bien – Concordó la esmeralda.
Caminaron tranquilos entre medio del parque en silencio, los dos pensativos. Shaoran se sentía mucho más ligero ahora, como si al hablar con Sakura se sacara un peso de encima. Ahora estaban en igualdad de condiciones, pensó el chico. Ahora Sakura sabía exactamente a lo que se enfrentaba con él.
- ¿Mañana vas a entrenar en la tarde? – Preguntó Sakura a metros de su casa.
- Probablemente. Aunque con Meiling en la casa nunca se sabe – Confesó Shaoran con lamento.
- Ah – Murmuró la chica solamente.
- O quizás me anime a escalar ese árbol tuyo y subir a tu pieza nuevamente – Sugirió el ambarino cuando ya estaban frente a la casa.
Sakura sacó las llaves de su bolso y miró a Shaoran con algo de fastidio.
- En serio, no vuelvas a hacer eso. Te podrías encontrar con mi padre o, peor, mi hermano. Y tú no quieres eso, créeme.
- Pero, ¿Valdría la pena el riesgo? – Preguntó el chico acercándose a la chica.
- Probablemente no – Respondió con una sonrisa la esmeralda, aunque con desafío en sus ojos.
Esta vez Shaoran no pudo evitarlo. Era demasiado tentador y había esperado tanto tiempo…
Sólo sintió como los labios de Shaoran se juntaron con los suyos. Sakura ni siquiera peleó o trató de alejarlo. Sólo sabía que quería estar cerca de él y que ese beso se sentía demasiado bien como para detenerlo. Y, honestamente, no valía la pena castigarlo y empujarlo cuando, bien sabía ella, se estaría castigando a sí misma con eso.
Cuando el beso terminó, Sakura pudo ver como una genuina sonrisa cubrió los labios de Shaoran.
- Realmente valdría la pena el riesgo – Murmuró el ambarino aún a centímetros de ella.
- Mi ventana va a estar cerrada – Rebatió la chica.
- Puedo romperla – Amenazó Shaoran.
Sakura trató de no sonreír, pero no pudo evitar hacer aunque sea una mueca. Se acercó aún más a Shaoran y le dio un largo beso en la mejilla.
- Hasta mañana, Shaoran – Se despidió la chica.
Sin esperar respuesta, y porque sabía muy bien que si seguía tan cerca del ambarino volverían a besarse, Sakura abrió el portón de su casa, lo cerró, y se acercó a la puerta. Estaba a punto de meter la llave en la cerradura cuando escuchó a Shaoran.
- Hasta mañana, Sakura – Dijo el chico finalmente.
Sin embargo, el ambarino no se movió de donde estaba. Sakura comprendió que esperaba a que ella entrara a la casa. Demonios, esto de estar enojada con él era cada vez más difícil con el paso del tiempo.
Cuando entró a su casa, Sakura casi rió sola. Ella también había extrañado besar a Shaoran. Le había tomado mucha meditación si pedirle o no ir con ella a ver la tumba de su madre. Y ahora no podía estar más feliz con su decisión. Esta tarde se había desarrollado mil veces mejor de lo que ella hubiera soñado siquiera.
Sin embargo, cuando recordó todas las cosas que Shaoran le había contado, la felicidad de Sakura se apago un poco. Se sentía feliz de que el ambarino haya confiado en ella de esa forma, contándole tantas cosas sobre su vida. Pero no podía evitar sentirse triste también. Ella había perdido a su madre y no le deseaba eso a nadie. Saber que Shaoran había perdido a su padre le afligía porque eso era algo que jamás hubiera querido para él.
- ¿Sakura? ¿Has llegado? – Preguntó Fujitaka.
Sakura suspiró. Su padre estaba en su oficina en vez de su cama. La chica podría apostar lo que sea a que su padre estaba haciendo cualquier cosa menos reposar ahí.
- Juro que si estás trabajando te voy a acusar con Touya – Amenazó la esmeralda entrando a la oficina.
- Estoy ordenando, no trabajando – Repuso el Señor Kinomoto, el que estaba sentado en el suelo mientras ponía unos papeles en un archivador.
- Papá, no deberías esforzarte – Se quejó Sakura al observar lo que hacía.
- Si no hago algo terminaré aburriéndome – Replicó Fujitaka con una sonrisa - ¿Quieres que cocine algo en especial hoy?
Sakura sabía que lo que debía hacer era quitarle a su padre el archivador de las manos y enviarlo directo a su cama. Sin embargo, también sabía que su papá no estaba tan mal y que, en sus zapatos, estaría igual que él. Meditó un poco sus opciones.
- ¿Un postre, quizás? – Sugirió Sakura con algo de duda.
- Un postre será, entonces – Anunció Fujitaka, levantándose del suelo para dirigirse a la cocina.
Cuando pasó por su lado, el Señor Kinomoto besó el cabello de su hija, a lo que Sakura sonrió. Tras ello, la esmeralda se disponía a irse a su pieza y cambiarse de ropa, hasta que vio el laptop de su padre encendido en el escritorio. Y se acordó de que debía buscar algo primero.
- ¡Papá! ¿Puedo ocupar tu ordenador? – Preguntó Sakura.
- ¡Claro! – Exclamó Fujitaka desde la cocina
Sakura se acercó al escritorio y se sentó. Abrió el Internet en el laptop y escribió dos palabras en el buscador.
- Bien, veamos qué es Chaung Kongs – Murmuró Sakura para sí misma.
Una hora y media después, Fujitaka fue a buscar a su hija a su oficina tras tres veces llamarla para que fuera a comer. Sakura estaba tan concentrada leyendo que no sintió a su padre hasta que le tocó el hombro.
- ¡Dios, papá! – Exclamó Sakura tras dar un salto en la silla – Me asustaste.
- Lo siento, pero te he llamado para que vengas a comer. ¿Qué estás leyendo?
Fujitaka acercó su cabeza al ordenador y leyó el artículo que estaba en la pantalla.
- Sakura, ¿Estás interesada en economía? – Preguntó curioso el señor Kinomoto.
- ¿Economía? – Repitió la esmeralda, como si siquiera aturdida.
- Chaung Kongs Holdings es uno de los mayores conglomerados empresariales de China, si no es que de toda Asia.
Pero eso Sakura ya lo sabía. Aunque aún le faltaba muchos artículos por leer al respecto, tenía una idea muy clara de que era Chaung Kongs y lo que representaba.
Dios, la familia de Shaoran era asquerosamente rica. Y extremadamente poderosa.
Notas de la autora:
He llegado al punto en el que estoy completamente atrasada con todo lo que se refiere a esta historia. Aún no termino el capítulo 15 y eso me tiene incluso deprimida. ¡No quería eso! Aunque va en buen camino, será interesante y atará mucho cabos sueltos. Además, me falta por responder una muy buena cantidad de reviews. Pero prefiero actualizar ahora y después seguir contestando sus comentarios. Si no publico ahora, ustedes tendrían que esperar una semana más. Y estoy segura de que no quieren eso, ¿No? En todo caso, trataré de responder la mayor cantidad de reviews que pueda tras esto.
Siempre supe que Shaoran vendría de una familia millonaria. No sé por qué. Simplemente, cuando comencé a desarrollar los personajes en mi mente, sabía que Shaoran sería "millonario", que su padre habría muerto en un accidente y que estaba en Tomoeda como modo de protección. Prometo que para una próxima vez escribiré a un Shaoran con una vida más normal, ¡Lo juro! :P
Y por Chaung Kongs, debo agradecer por la inspiración a Cheung Kongs Holdings. Sí, leyeron bien. Ok, no tengo ninguna imaginación para poner nombres a empresas multimillonarias. Y Cheung Kongs existe de verdad. El fundador de ese conglomerado está en el top 10 de lo más millonarios del mundo. Así que sólo cambié la e por la a y así nació Chaung Kongs. En serio que me disculpo por mi falta de creatividad... Aunque también me parece divertido xD
Como nota aparte, ¡Todo ha cambiado en Fanfiction! Supongo que mi única queja es que todo luce más pequeño ahora. Mi vista sufre. Pero, por lo demás, no está nada de mal.
¡Mil gracias por todos sus reviews! En serio que les gustó el capítulo anterior, ¿Eh? Espero que este capítulo les haya gustado también :) Los pocos comentarios que alcancé a responder de personas sin cuenta en fanfiction estarán en mi profile.
Me voy de vacaciones ahora. ¡Sólo espero volver con mucha inspiración tras ello!
¡Muchas gracias por todos sus comentarios y por seguir apoyando esta historia!
Nos leemos en el capítulo 15 :D
