Por fin terminó estea historia... Espero la disfrutaran como yo lo hice... Agradezco a todos sus comentarios de apoyo...

Los invito a que sigan mi segundo fic... "Un hombre nuevo"


Nueve meses han pasado desde que los gobernantes de la Tierra recibieron a los embajadores del universo.

Tras el regreso de las Inners, Serenity envió a Sailor Plut, en compañía de Taiki, a ayudar a Diamante. Sailor Neptune y Yaten, estaban con Zafiro. Sailor Saturn y Sammy, ayudaban a Esmeralda. Y finalmente, Sailor Urano y Seya enloquecían a Rubeus con sus peleas.

Todas las noches, el extenso grupo se reunían en Tokio para cenar como una enorme familia.

Eran ya las 12 de día. El sábado prometía un cielo despejado y un cálido ambiente. En el jardín trasero, dos pequeños jugaban juntos bajo la mirada de sus padres.

- D...Da... Darien! - dijo la reina conteniendo el dolor que se producía en su vientre.

- Serena!... Ya es hora? - por tercera vez en su vida, Endimion estaba perdiendo los estribos y el nerviosismo se apoderó de él - E... Es...espera busco el maletín... - Rini, Darien, busquen al tío Mal, Andrew o al abuelo... - diciendo esto, desapareció hacia el interior del palacio.

Los niños obedecieron dejando a su madre sola y con fuertes contracciones.

- "Haruka, puedes venir a ayudarme?" - llamó mentalmente la reina a su guardiana, quien apareció un segundo después.

- Cabeza de bombón... Donde está Chiba? - preguntó con rabia ayudándola a levantar del escalón en el que estaba sentada.

- Perdido por la casa buscando el maletín con las cosas de Selene - dijo acariciando su enorme pansa.

- Después de dos embarazos aún se pone tan mal? - dijo conteniendo la risa - elegió un hombre débil majestad.

- Déjalo... Pero esta vez si me aseguro que no vuelva a pasar. Ya le pedí a Jhon que me opere durante el parto y así no me llevo otra sorpresa.

- Jajajajaja... Para que se sigan escapando como lo hacen... - reía Haruka.

- Princesa, está todo listo - Endimion llegó a la puerta del palacio donde la rubia estaba apoyada en los brazos de Haruka - Hola Tenou.

- Hola Chiba, tienes todo? - preguntó la rubia sonriente.

- Si, vamos, ya llamé a Jhon y nos está esperando.

Partieron los tres directo al hospital. Ingresaron inmediatamente a una habitación preparada especialmente para ellos. Una vez dentro, y esperando a que Serenity terminara de dilatar, comenzó la discusión.

- Te lo había advertido Darien... Por esto no quería ir de vacaciones sin los niños - frotaba su vientre mientras respiraba hondo para calmar otro dolor.

- No puede ser tan malo Princesa - el pelinegro tenía una mezcla de emociones entre felicidad, diversión y arrepentimiento.

- Ya no me va a pasar de nuevo... Ah...ah... - una fuerte respiración - te dije dije que no quería sentir este dolor otra vez... Ahhhh...

- princesa, Darien - entró Jhon interrumpiéndolos - ya podemos ir a la sala de partos.

Partieron así para la sala, en la que quince minutos después, los soberanos sostenían a una pequeña de cabellos plateados que hacía honor al nombre que decidieron para ella: Selene, igual que su abuela lunar.

- sosténla Darien - dijo la rubia entregando la bebe a su esposo para hacer aparecer en su mano el báculo que la denotaba como soberana del universo.

- Qué haces princesa? - el pelinegro estaba algo confundido. Era cierto que habían unido los destinos de la Tierra, la Luna y el universo, pero él no tenía acceso alguno a los pensamientos de su esposa cuando usaba el poder de Sailor Cosmos.

- Amor, Rini es la heredera de la luna, Darien el de la tierra, y esta pequeñita - sobó suavemente la mejilla de su hija mientras la niña la miraba fijamente con esos enormes ojos grises oscuros - es la heredera del Cosmos - levantó así el báculo hacia su hija en brazos de su esposo.

Una luz envolvió a la pequeña, generando un cristal de color gris oscuro que se introdujo en ella. La señal de la luna que toda la familia tenía en su frente, se iluminó intensamente y después de unos segundos dejó de brillar.

- No asumirá el poder de Sailor Cosmos hasta que yo no pueda llevarlo más... - dijo la rubia sonriendo a la bebe- No quiero que lleve una carga tan grande desde tan pequeña... Pero si tendrá los mismos poderes de la familia de la luna.

Su esposo no podía evitar mirar a la rubia con un inmenso respeto. La Serena descuidada, infantil, mala estudiante y tonta en ocasiones había dado paso a una mujer sin igual. Madura, alegre, justa, amorosa, entregada... Era simplemente otra... Aunque amaba sus momentos solos o en familia, porque la irresponsable, despreocupada e infantil rubia, volvía a asomar.

- te amo princesa - fue lo único que salió de los labios de pelinegro mientras miraba a la maravillosa mujer que tenía frente a él, acostada en una camilla, mientras esperaba a su ginecólogo para operarla y parar por fin lo que ella dulcemente llamaba su "fabrica de terremotos".

- Cuídala Darien mientras no lo puedo hacer... Ella necesitará mucho más de nosotros que nuestros otros hijos... Su poder es como el mío, ilimitado - dijo con una sonrisa de pesar. Era verdad que nunca quiso aceptar tanto poder, y tener que cederlo a uno de sus hijos era igual de doloroso.

- Porqué a ella? - preguntó el pelinegro mirando a la tierna bebé.

- Te voy a decir algo que solo Setsuna, Galaxia y yo sabemos Darien... - cerró los ojos y miró al techo.

- Flashback-

- Majestad - Setsuna entraba a la habitación de Rini.

La rubia había terminado de acostar a su hijos después de si regreso de la semana de vacaciones que se había tomado.

- Hola Setsuna - le respondió en voz baja levantándose suavemente de la cama.

- Tenemos que hablar majestad, Galaxia nos está esperando... Es algo importante - dijo la peliverde con semblante serio - tal vez no le guste, pero es otra cosa más que deberá enfrentar...

- Ya me estás asustando Setsuna - la rubia caminó hasta la puerta e invitó a salir a su acompañante.

- Nadie puede saber lo que sucederá hasta el día indicado así qué... - sin transformarse en Sailor Plut, Setsuna hizo aparecer su báculo y detuvo el tiempo - esta conversación que tendremos nunca debe suceder - sonrió dándole confianza a la preocupada rubia - vamos Majestad - estiró su mano y un instante después estaban las dos frente a Galaxia en la cantera de las semillas estelares.

- Plut, Serena - Sailor Galaxia las saludó a ambas con una semilla brillante flota do en su mano derecha - perdona Sere... - su rostró se veía arrepentido. Estiró su otra mano e hizo aparecer frente a Serenity la semilla estelar de la rubia.

Puso ambas semillas una al lado de la otra.

- Qué sucede Galaxia - la rubia estaba nerviosa.

- Majestad - Setsuna hablaba ahora - mire el parecido de esas dos semillas.

Hasta ahora no se había percatado de que las dos semillas eran exactamente iguales y sobresalían por encima de cualquier otra.

- Explícate Galaxia que no entiendo nada - la rubia se estaba desesperando. Sabía hacia donde iba la conversación.

- Sere, la noche que partidte con Darien, esta semilla nació... No deberías saber esto hasta dentro de un par de semanas quizá, pero esa noche gestaron a un nuevo ser... Un ser tan igual a ti, que comparten la semilla que solo nace cada mil años. La semilla que tenía la reina Selene, que tienes tu, y que tendrá ahora tu futura hija.

- Otra hija? - lo sospechaba, pero que se lo confirmaran era otra cosa.

- Solo Galaxia y yo hemos sido testigo, con los milenios que tenemos de vida, de las encarnaciones que ha tenido Sailor Cosmos - comenzó a explicar pacientemente Setsuna ante una desesperada rubia - siempre ha sido alguien de la familia lunar. Siempre ha sido una mujer. sailor Cosmos solo encarna en una mujer que solo alberga amor y sacrificios en su corazón - la rubia miraba su plano abdomen.

- Así es Serena, y ahora... Ha nacido la nueva encarnación... Aunque como aún vive la actual, eres tú quien decide el momento que ella asuma su poder...

- Haber, me están diciendo que, primero estoy embarazada otra vez, segundo que será niña, y tercero, que es la heredera del poder más grande del universo? - enumeraba contando con sus dedos.

- Así es majestad - Setsuna le sonreía para infundirle valor - se lo difícil que fue para usted asimilar que tiene el poder para salvar o destruir el universo, pero su sabiduría y el inmenso amor que alberga en su corazón, le impiden usarlo para el mal. Por eso Sailor Cosmos elige muy bien a su reencarnación.

- Serena, estoy segura que cuidarás a esa pequeña como tu más grande tesoro para que cuando sea el momento, asuma con la misma valentía y el mismo amor la labor que tú tienes ahora.

La rubia se dejó caer al suelo incrédula aún. Las lágrimas empezaban a resbalar por sus mejillas y un silenciosos sollozo se escuchaba en el lugar.

- Hay algo más majestad - Setsuna logró llamar la atención de la rubia - solo usted puede saber esto por el momento. Un embarazo no se sabe con solo cinco o seis días, y sabe lo peligroso que es irrumpir en el futuro. Deje que sea el mismo tiempo que revele la verdad... - le extendió su mano para ayudarla a levantar - Usted sabe que poseer tanto poder puede ser peligroso, no por su uso, sino por la ambición de otros. Mientras ella sea una niña, podrá correr peligro su usted revela lo que hay en su interior... Debe protegerla mucho más que a usted misma...

- Serena - Galaxia se acercó a ella y dejó que la semilla estelar de la reina volviera a su dueña, y la segunda, la acercó al vientre de la rubia - esto les pertenece - finalmente sonrió y abrazó a la rubia - y de esta pequeña si me vas a tener que nombrar madrina... - dijo despreocupadamente haciendo sonreír a sus dos acompañantes.

- Mamá... Selene... - la rubia te tenía los ojos cerrados y sobaba su panza - Llevará el nombre de mi madre... Selene... - abrió sus ojos y sonrió - seguro serás la madrina Galaxia - y abrazó a la peliroja.

- Majestad, debemos volver, no puedo detener por mucho el tiempo - Setsuna interrumpió el abrazo - y recuerde que esto nunca sucedió, por lo menos hasta que tenga que dar explicaciones necesarias.

- Lo se Setsuna, vamos... - Gracias Gal... Nos vemos. - y así aparecieron de nuevo afuera de la habitación de Rini.

- Fin de Flashback -

- Princesa... - el pelinegro solo miraba a la bebé e interiorizaba lo que su esposa acababa de contarle -

- Perdona no haberlo dicho en ese momento, pero ya sabes por qué... - dijo la rubia algo arrepentida.

- Cuidaremos de ella princesa... Yo estoy contigo - se acercó a la camilla con la mena en brazos y besó a su esposa.

- Bueno bueno, Darien, puedes salir con tu pequeña de acá en una hora, pero a tu princesa si la dejaré un día por lo menos después de esto - Jhon entraba interrumpiendo el beso - Lista Serena?

- Si... - sonrió algo preocupada - Cuídala Daien... Te amo...

Jhon se la llevó a sala de cirugía para proceder como la rubia le había pedido. En realidad no era que no quisiera dejar de tener hijos. Los dolores eran horribles, sí, pero ya había soportado tres veces con esta. Lo que más temía era tener que entregar responsabilidades tan grandes a sus hijos siendo unos niños. primero Rini, luego el pequeño Darien y ahora su pequeña Selene. No estaba dispuesta a condenar a nadie más.

El pelinegro la vio partir y envió un beso por los aires para que ella lo atrapara. También hizo aparecer una rosa roja sobre las manos de la rubia para que sintiera que él estaba con ella durante la pequeña cirugía.

Después de cumplir los protocolos de alta de la bebé, salió con la pequeña dormida en brazos y encontró a sus amigos esperándolo con una enorme sonrisa. La primera en acercarse fue Haruka.

- Felicidades Chiba - le dijo con una sonrisa y sorprendiéndose por el parecido de la niña con la antigua reina de la luna - es... Es... Ig... Igualita...

- Sí Haruka, lleva con muy buena razón el nombre de Selene... - sonrió orgulloso.

- Papá! - dos pequeños revoltosos corrieron a abrazarlo por las piernas - y mi mami?

- Ella está aún en cirugía niños, saldrá en una hora, pero debe quedarse hasta mañana.

Sin darse cuenta, una marea de mujeres se abalanzaron contra él para ver a la pequeña.

- No puedo creer que sean tan idénticas - Decía divertida Mina cargando a la pequeña mientras esperaban noticias de Serenity.

- Papí, porqué todos dicen que mi hermanita es igual a alguien? - Rini le preguntaba a su padre quien la cargaba sobre sus piernas.

- Preciosa, hace muchos años, en nuestra vida pasada, la madre de tu madre no era Ikuko, era la reina de la Luna, Selene. Una mujer maravillosa, justa y con la hija más hermosa del universo - ante el comentario todos miraron a Endimion. Su rostro evidenciaba el inmenso amor que tenía por su esposa y el respeto por quien fuera su suegra en el pasado - Ella fue quien nos permitió vivir en la Tierra de nuevo, hace más de mil años - sonrió al darse cuenta cuánto tiempo había pasado - pero ella no reencarnó de nuevo. Su presencia acompañó a tu madre hasta que naciste tú - tocó la pequeña nariz de su hija de ya siete años - ese día, la reina de la luna entregó el trono a tu madre y tu fuiste nombrada la princesa de la Luna,la heredera del reino lunar.

- Y si Rini es la heredera del reino lunar, yo el de la Tierra, Selene entonces qué heredará? - la pregunta inocente del pequeño Darien, quien era cargado en los hombros de su tío Andrew.

Endimion cruzó la mirada con Setsuna quien sonrió y asintió, infudiéndole el valor para que contara la verdad.

- Esa pequeñita - miraba a la bebé en brazos de Mina - necesita que todos nosotros la cuidemos con nuestras vidas - miró a sus hijos mayores que tenían un semblante de sorpresa - ella es la heredera del poder de Serena como Sailor Cosmos - lo soltó con pesar en su tono y dejando a todos, incluso a sus hijos sorprendidos, ellos sabían muy bien el poder de su madre, ella misma les había explicado - por eso, su poder es ilimitado, y puede ser perseguida por ambiciosos, así que solo nosotros podemos saber esto, hasta el momento en que Serena decida cederle el puesto.

- Chiba - Haruka, quien permanecía de pie a su lado sintió. Por primera vez, compasión por su rey - Te juro que daré mi vida por la de esa niña - puso su delicada mano en el hombro del pelinegro quien, en un acto de humildad, posó la suya sobre la de ella.

- Yo también la protegeré con mi vida - ahora era Rini, quien ante el rostro de preocupación de su padre, posó su manita en la mejilla de él.

- Y yo... Cuidaré de mis hermanas así tenga que dar mi vida - el semblante serio del pequeño sorprendió aún más al conmovido pelinegro.

Y tras esto, todos aseguraron cuidar de la pequeña Selene. Incluso Sammy, Kenji e Ikuko. El momento era muy íntimo, hasta que Jhon apareció frente a ellos.

- Está listo Darien, Serena ya está en una habitación, el horario de visitas ya terminó, pero si desean, una persona puede quedarse con ella esta noche.

- Darien, yo me quedo, ve a casa y cuida de mis sobrinos - Sammy soltó la mano de su esposa y caminó hacia el doctor que atendió a su hermana - Mucho gusto doctor, Samuel Tsukino, hermano de Serena.

El doctor vio dudoso a Endmion, quien entendía perfectamente la actuación de su cuñado. Sabía que no podía dejar sola a su pequeña. Que debía estar con alguno de sus padres, las personas que mejor podían protegerla. Era un poco exagerado, pero no le importaba. Asentó con la cabeza y se puso de pie dejando a Rino en el piso.

- Está bien, entonces, síganme por acá señor Tsukino - dijo Jhon - hasta mañana Darien.

Los dos desaparecieron por un pasillo.

- Bueno, es hora de volver a casa - Dijo Endimion estirando sus manos a Mina para recibir a su hija.

Y así partieron todos juntos al palacio, con una inmensa alegría, pero entendiendo que ahora tenían una misión mucho más grande que cualquiera que hubieran tenido. Y esa misión era de por vida.

En la habitación del hospital, una rubia despertaba del sedante que le habían aplicado cuatro horas antes.

Miró a su al rededor y encontró un bulto a su lado derecho. Alzó su cabeza y vio una cabellera rubia recostada en sus brazos, con la cara contra el colchón de la cama.

- Sammy? - preguntó confusa más para ella que para el hombre que dormía algo incómodo sentado en una silla y apoyado en la cama - Sammy, despierta - lo movía suavemente.

- Sere?... Ya despertaste! - dijo su hermano incorporándose y masajeando su cuello - cómo te sientes?

- Cansada y me duele algo por la cortada de la cirugía, pero bien, creo que mañana estaré mucho mejor - dijo sobándose donde le habían cortado para hacerle la ligadura de trompas - qué haces tu acá Sammy... Porqué dejaste sola a Hotaru?

- Serena tonta... Me quedé para que Darien pudiera cuidar esta noche de Selene, nos contó la verdad - la rubia puso cara de alarma - no lo regañes, lo hizo porque tu hijo hizo una pregunta algo incómoda, y no tuvo más opción.

- Ok... Les contó, pero no explica el que estés alejado esta noche de tu esposa - la rubia fingía molestia. En verdad amaba a su hermano y velaba porque fuera feliz al lado de Hotaru. De hecho, velaba por la felicidad de cada uno de sus protectores.

- Sere, entiendo que esa niña solo puede ser protegida completamente por sus padres, no iba a permitir que se separara de ella para dormir acá esperando a que te dieran de alta, así que me ofrecí a cuidarte... - su rostro se puso rojo al extremo. La relación con se hermana había mejorado muchísimo después del nacimiento de Rini, pero aún sentía algo de vergüenza confesarle sus sentimientos.

- Ven acá Sammy... - la rubia se hizo a un lado de la amplia cama en la que la habían instalado, para que su hermano se acostara a su lado.

- Serena, yo puedo dormir en el sofá... - más avergonzado aún se levantó para dirigirse al mueble.

- Sammuel Tuskino, vienes a esta cama ya mismo - su tomo autoritario pero divertido hizo sonreír al rubio que aceptó y se acomodó en la cama, abrazando a su hermana quien se recostó en su pecho.

Si alguien entraba a la habitación podría jurar que ellos eran una pareja de enamorados. Pero solo eran dos hermanos que en mucho tiempo, no habían tenido un momento tan fraternal como ese. Donde eran solo dos hermanos que se amaban y que estaban dispuestos a cuidar el uno del otro.

- Sabías que Hotaru y Mina están en embarazó? - dijo de repente el rubio mientras acariciaba el brazo de su hermana - Hot me lo dijo esta mañana y pensábamos anunciarlo durante la cena...y de mina me enteré por accidente, ella estaba vomitando en el baño de su alcoba y Mal me había enviado a buscar su computadora para instalarle un software - contaba despreocupadamente - la loca esa me vio y me dijo que callara, que quería darle una sorpresa a su esposo y a todos - sonrió finalmente mirando a la nada - voy a ser padre Serena.

- Ya sabía de los dos - dijo con suficiencia la rubia acomodándo su cabeza en el pecho del rubio y abrazado con pies y manos a su hermano - sentí la precensia de los dos bebes, tienen un par de semanas de diferencia, sentí primero al de Mina...

- No se te escapa nada tontica - le revolvió un poco los cabellos.

- Cómo te sientes? - preguntó la rubia sin mirarlo, solo con los ojos cerrados y dejándose inundar por el aroma masculino de la colonia de su hermano.

- No lo se... Es algo extraño... - cerró los ojos, pensó por un minuto y finalmente siguió - estoy feliz, asustado, esperanzado...

- Eso es normal Sammy - le dijo con cariño - bienvenido al mundo de los padres... Me alegra mucho...

- por eso me preguntabas tanto el porqué no estaba con ella, verdad? - el rubio le dio un beso en los cabellos a su hermana. Era tan fácil quererla.

- Si... Ella no quiere preocuparte mucho, pero sus malestares son grandes... Disimula muy bien los mareos y las náuseas...

- Cómo lo sabes? - preguntó intrigado.

- Se lo que sienten cada una de mis Sailor, por ejemplo, se que Haruka quiere conquistar a Seya, pero le da miedo ser más femenina - rió ante el recuerdo de un día en que Haruka intentaba pintar sus uñas y terminó con sus manos hechas un circo y la buscó para que le ayudara con ese desastre - Mina... Ella quiere sorprender a Malachite porque dice que es muy amargado... Y Hot... Ella solo quiere que seas feliz a su lado...

- Gracias Sere - miró hacia abajo y giró con su mano el rostro de su hermana para verla a los ojos - gracias por cuidar de todos nosotros.

- Los amo Sammy... Es mi deber... - le limitó a decir antes de darle un beso en la mejilla a su hermano - descansa futuro papá... - acomodó su cabeza en el pecho de su hermano y quedó dormida al instante.

- Gracias hermana... - dijo el rubio al aire para después retomar el sueño que la rubia le había interrumpido.

Eran las ocho de la mañana cuando la puerta de la habitación se abrió y cuatro personas entraron. Uno enternecido ante la escena, una dormida profundamente en los brazos, y otros dos con globos y rosas en las manos.

El rubio que dormía en la cama, abrazado a su hermana, abrió los ojos y se sonrojó al instante por cómo los habían encontrado. Intentó pararse rápidamente pero el pelinegro lo detuvo con una señal.

- Quédate ahí Sammy... Si no fueras su hermano te habría estampillado contra la pared, pero te salvaste... - dijo el pelinegro con una sonrisa - niños, quédense quietos que despertarán a su madre - le dijo seriamente a los dos pequeños que intentaban subirse a la cama por el lado contrario a del rubio.

- Perdóname Darien, ya me paro - seguía avergonzado - no quería pero...

- No tienes que explicar nada... Se que necesitabas eso, o me equivoco? - el rubio se sorprendió mientras veía a su cuñado sentarse en el sofá con la bebe en brazos y los dos niños a cada lado.

- Cómo lo sabes? - no pudo decir algo más.

- Sammy, ayer en la mañana - comenzó el pelinegro a recordar - Serena me contó lo de Hotaru y la reacción que tuviste. Ella puede sentir sus sentimientos y sabía que te preocupa la noticia de ser padre... - se detuvo un segundo - para mí también fue difícil, pero mírame - sonrió a sus hijos - hoy soy el hombre más feliz del mundo.

- Gracias... Y sí, lo necesitaba... - dijo sobando los cabellos de su hermana - ella me da valor...

Endimion simplemente sonrió.

- Sere... Serena... - Sammi movía un poco a su hermana para que despertara - Serena, tienes visita.

- Sammy, déjame dormir cinco minutos mas - el comentario infantil de la rubia hizo sonreír a los dos hombres que la miraban con adoración y respeto.

- Sere... Tienes una visita especial... - le decía el rubio con ternura - vamos, levántate.

- Sammy, que malo eres... - hizo un puchero antes de abrir los ojos y encontrarse con su esposo que se había puesto de pie a su lado y sostenía a la pequeña Selene en los brazos.

- Buenos días princesa - sonrió a su esposa.

- Darien! - su expresión de alegría mientras se sentaba los hizo reír.

- Bueno... Yo acá empiezo a hacer mal tercio - el rubio se paraba de la cama - y tengo a mi esposa esperándome en casa - nos vemos en la tarde chicos - alisó un poco su ropa y le dio un beso a los dos niños que estaban en el sofá - Gracias Sere... - dio un beso en la frente a su hermana y luego besó a la bebé - Cuídalos chiba... Nos vemos más tarde - y salió del lugar.

- Te ama y e admira mucho - Dijo Darien entregándole a la niña para que Serenity la alimentara - será un gran padre...

- De eso no tengo duda - miró a los dos pequeños expectantes en el sofá - y ustedes dos no piensan saludar a su madre o que? - sonrió a sus hijos - vengan acá... Darien ayúdalos - le dijo a su esposo y señaló el espacio que había dejado vacío Sammy.

Endimion obedeció con gusto. Se sentó al lado de su esposa y subió a los dos niños a la cama.

- Mami te trajimos esto - la pelirosa le entregaba un ramillete de globos a su madre.

- Y esto - el pequeño le entregaba un ramo de rosas rojas.

- Gracias mis príncipes - despegó a la bebé de su seno y se cubrió rápidamente para darle un beso a sus hijos.

- Cómo amaneciste princesa? - Endimion la abrazaba por la cintura.

- Es bueno tener sangre de guerrera... - dijo sobándose el abdomen - siento como si me hubieran pegado un puño... Y me duele algo el lugar de la incisión, pero estoy bien...

- Eso me alegra preciosa - tomó el rostro de su esposa con una mano y la acercó para besarle los labios.

- Definitivamente ustedes ni a sus hijos respetan... - Jhon entraba en la habitación - Serena, cómo te sientes? - se acercó para revisarla. Ya estaba al tanto de la rápida curación de su amiga y paciente.

- Creo que puedo caminar y moverme - dijo la rubia sonriente.

- Si es así, pueden irse a casa hoy mismo, pero nada de trabajos fuertes esta semana, está bien?

- Entendido...

- y felicitaciones de nuevo por esa hermosa familia - sonrió, entregó el alta a Endimion y se marchó.

Minutos después, la familia real se transportaba junta al palacio.

han pasado ya doce años desde que nació Selene. Los niños crecieron normalmente hasta cumplidos los 17 años. Allí empezaron a sufrir lo mismo que sufrían los adultos de la tierra. Por cada diez años pasados, solo envejecían uno. Así, aunque los reyes tuvieran 37 y 40 años, sin contar los mil años congelados, solo aparentaban 26 y 29.

Los príncipes eran tres jóvenes muy bien educados, aunque Selene era igual de traviesa a su madre a los doce años. Rini estaba en el último año de la preparatoria al igual que Darien, a quien promovieron un año gracias a su alto nivel de conocimiento.

Selene era otra cosa. Igual que la reina, no llevaba buenos exámenes a casa aunque Akane, la hija de Sammy y Hotaru y Luke, el hijo de Mina y Mal le ayudaran a estudiar. Los tres estaban en primer año de secundaria.

Terminando la escuela primaria estaban los demás hijos de las sailor. Amy y Zoycite habían tenido un pequeño al que llamaron Richard, como homenaje al amigo de Amy. Lita dio a luz a una pequeña idéntica a ella a la que Neflyte decidió ponerle el nombre de su esposa. Mars y Jedite tenían a Jude de diez años, al igual que los otros, y una bebita de un año, que se llama Mira, en homenaje a la señora Rin que consintió a Rei durante el embarazo.

Michiru logró amarrar a Yaten y ahora esperaban su segundo hijo, el primero fue un niño al que llamaron Igual que su padre. Setsuna no quiso tener hijos, su condición de guardiana del tiempo se lo impedía, pero no se negó a vivir al lado de Taiki, quien aceptó felizmente ayudarla en su labor.

Haruka era otro cuento. Aunque era madre de una niña a la que le puso el nombre de su gran amiga, su relación con quien era su esposo cada vez era más violenta. Esa rea la forma de demostrarse amor entre ella y Seya.

Luna y Artemis tenían ahora tres gatitos. Diana, la guardiana de Rini; Ron, el guardián de Darien y Cloe, la guardiana de Selene.

La mañana del lunes empezaba a aparecer sobre el cielo de Tokio. Una rubia alegre se levantaba de la cama dejando a su desnudo esposo dormir un poco más. Salió de la habitación envolviéndose en una bata y se dirigió a la puerta rosa de en frente. Abrió la puerta y caminó directamente a la cama.

- Rini, preciosa, despierta, es hora de levantarse - la movía suavemente.

- Buenos días mamá - la pelirrosa se sentaba en la cama desperezándose y dándole un beso en la mejilla a su madre.

- Eliot debe llegar por ustedes en hora y media, alístate para desayunar - le dio un beso en la frente a su hija.

- Eliot! Mamá... Lo había olvidado, él nos llevará hoy a la escuela! - muy animada se levantó.

- Yo diría que lo hace por llevarte a tí no más... Pero si no quieres que tu padre se enoje, tienes que estar lista antes de que él baje a desayunar.

- Graias mamita! - aun con 18 años, el trato entre Serenity y sus hijos seguía siendo tan cariñoso como cuando eran niños - puedes ayudarme a peinar ahora? - todos los lunes y viernes, Eliot recogía a los tres príncipes y los llevaba al colegio.

El guardián estaba en la Universidad ya, y era el novio de Rini desde hacía tres años, pero Endimion nunca los dejaba estar solos. Sus celos paternos despertaron con bastante fuerza.

- Si preciosa, iré a despertar a tus hermanos y vengo - la rubia salió y abrió la puerta azul del lado.

Caminó a la cama y se detuvo unos instantes a ver a su hijo dormir. Era exactamente igual a Endimion cuando lo conoció. Le traía muchos recuerdos. Aunque sus ojos eran iguales a los de ella, su rostro era la viva copia de el de su esposo.

- Darien, cariño... - se sentó en la cama y sobó el cabello negro de su hijo que, para su pesar, lo llevaba en capas por encima del hombro, ella hubiera querido que lo llevara como su padre, pero no lo logró - es hora de levantarse...

- Ya lo se mamá... - se sentó y le dio un beso en la frente a su madre - hoy nos llevará Eliot verdad? - decía mientras se levantaba de la cama y buscaba su ropa.

- Sí.. - dijo con una sonrisa.

- No entiendo mamá... Cómo aún tengo que ser su chaperón... Y si yo quiero salir qué... Mi papá es un tonto.

- No digas eso de tu padre Darien... Él solo es un poquito celoso - dijo casi en una carcajada contagiando a su hijo.

- Poquito? Mamá, Rini tiene 18 años! - la rubia sabía que tenía razón, pero no lograba convencer a su esposo para que dejara de ser posesivo.

- Lo se cariño - se levantó caminó a él y se puso de punticas para besar la frente de su hijo que tenía la misma estatura que su esposo - te espero abajo para desayunar - dijo esto y salió a la última habitación con la puerta lila.

Caminó hasta la cama donde había una bola enorme hecha con el cobertor. Tomó aire para asumir la difícil tarea que le esperaba.

- Sele... Mi amor... - empezaba a quitar la cobija que envolvía completamente a su hija menor - levántate...

Silencio. La joven que era la viva apariencia de la reina Selene, pero una copia exacta de la personalidad de su madre.

- Selene levántate o tus hermanos se van a enojar contigo - empezaba a subir la voz - Selene!

- Ahora me entiendes Serena? - Luna, como en todas las mañanas, entraba a ayudarla a despertar a la menos de los Chiba.

- Ni que lo digas Luna... Además tu hija es una mala influencia para la mía - dijo recordando que en ese ovillo de sábanas estaba también Cloe.

- Solo por eso paso por esto otra vez... Sino, te dejaría este espanto de tarea a ti sola - saltó sobre el morro de cobertores y empezó a saltar.

- Mami... Cinco minutos más! - decía la peliplata adormilada y sin asomar la cabeza.

- No me obligues Selene - amenazaba la rubia montándose a la cama y apoyándose en el borde lista para empujar con sus pies al bulto.

Silencio... luna asintió a la rubia que sonreía.

En un movimiento rápido, Serenity estiró sus piernas y botó el bulto de cobijas al piso.

- Mamá! - se escuchó el grito y se vio la cabeza salir de las mantas - eres mala - ahora hacía un puchero.

- Perdóname preciosa pero hoy los recoge Eliot y no quiero que Rini se enoje contigo - la rubia se sentaba bien en la cama y ofrecía sus manos para ayudar a parara a la niña de doce años que hacía una pataleta en el suelo.

- Buenos días mamá - besó a su madre en la mejilla y la abrazó recostando su cabeza en el pecho de la rubia.

- Buenos días pequeña - besó sus cabellos - perdóname, pero es la única forma de levantarte - le sonrió.

- Está bien mamá... Pero no lo vuelvas a hacer - dijo con gracia y se dispuso a buscar su uniforme.

- Te espero abajo - besó a su hija en la frente y salió a su cuarto.

Mientras se preparaba para bañarse, un pelinegro la miraba algo enojado desde la cama.

- Hoy viene Eliot, verdad? - ni buenos días dio. Los lunes y los viernes, Endimion se despertaba del peor humor.

- Si amor - dijo antes de desaparecer tras la puerta del baño.

- Porqué no puedo llevarlos yo... O Haruka... O Sammy?... Porqué precisamente él? - no podía esconder su enojo.

- Darien, Rini tiene 18 años... A esa edad yo ya estaba en embarazo y ya nos habíamos casado - decía desde el baño la rubia mientras se daba una ducha rápida.

- Puede tener 30... Ella no está en edad de tener nov... - la rabia le impedía terminar la frase. E levantó, buscó una pantalón largo y caminó a la terraza.

- Darien... Entiéndela - la rubia, ya vestida y con su cabello atado en las coletas lo abrazaba por la espalda - está enamorada... Nosotros tamb...

- Es muy distinto Serena - la interrumpió de la misma forma que lo hace todos los lunes y viernes - nosotros...

- Te recuerdo Darien Chiba que yo tenía quince años cuando, después de u a discusión por celos tuvimos nuestra primera vez en tu cocina porque Rini estaba en tu habitación? - dijo de manera pícara recordando lo sucedido muchos años atrás.

Silencio. Endimion pegó un puño al barandal de la terraza y suspiró fuertemente.

- Buenos días amor - la rubia lo obligaba a mirarla y le dio un apasionado beso.

- Buenos días princesa - dijo achantado, enojado y divertido - me voy a bañar - y desapareció tras la puerta del baño.

La rubia salió al cuarto de su hija mayor, allá encontró a los tres seres que amaba con toda su alma.

Rini peinaba a Selene con las mismas coletas de su madre y ella. Darien estaba sentado en la cama mirándolas divertido por las caras de su hermana menor ante los halones de Rini.

- Te ayudo con eso Rini - la rubia caminó a ellas y Rini se sentó al lado de su hermano.

- Mamá dile a Rini que no se desquite con mi cabello - decía casi llorando la menor - me estaba halando de gusto.

- esa enana es una llorona mami - Rini ponía cara de inocente - yo solo la ayudaba a peinarse pero se mueve mucho.

- Ya niñas... Lista Selene - le dio un par de palmadas suaves en la espalda para que le diera el puesto a su hermana que tenía el cabello suelto.

- Dari! Me preparas una malteada? - la platinada se montaba a caballo en la espalda de su hermano quien sonreía con ternura.

- Mamá, Rini, las esperamos abajo - se levantó de la cama con su hermana en la espalda - vamos enana te preparo tu dichosa malteada.

Los dos hermanos llegaron al primer piso, encontrándose con Jupiter y Neflyte en turno de vigilancia.

- Buenos días príncipes - saludaron los esposos de manera formal.

- Buenos días Tío Nef y Tia Lita - contestaron a coro los dos - nos vemos... - y caminaron hacia la cocina.

- Buenos días Ahome - la platinada saludaba a la encargada de la cocina mientras se bajaba de la espalda de su hermano.

- Buenos días príncipes... El desayuno está listo - sonrió la joven.

- Gracias Ahome - respondió formalmente Darien - de qué quieres la malteada enana? - preguntó con cariño a su hermana. Los dos hermanos mayores decidieron bautizarla como enana por su evidente diferencia de estatura y edad.

- De... De... CHOCOLATE! - gritó haciendo reír a los dos presentes y a los otros dos que llegaban a la cocina.

- Que sean dos de chocolate Dari - Luke, el rubio hijo de Mina entraba y daba un beso en la mejilla a la princesa que se sonrojó hasta la medula.

- Y una de vainilla para mi primito - dijo con gracia Akane, la joven que heredó en cabello y la apariencia de su madre, pero con los ojos celestes de su tía.

- Buenos días chicos - sonrió Darien - salen tres malteadas.

Desayunaron junto a Rini, Serenity y Sammy. Charlaban amenamente hasta que una bocina sonó desde e exterior haciendo exaltar a una pelirrosa muy bullosa.

- Adiós mami! - la mayor de los herederos besó a su madre, tomó su mochila y salió del palacio gritando - despídeme de mi papá.

- hasta la tarde mamá - Dari abrazó a su madre - te amo.

- y yo a tí cariño - besó su frente - cuida a tu hermana por favor.

- No tienes que decirlo- tomó su mochila y salió hacia el auto.

- Mamí! - la platinada de coletas se lanzó a los brazos de su madre - me preparas un pastel para cuando regrese? - puso ojitos de niña mimada.

- Si princesa... - besó su frente - te amo, y espera a que tus hermanos vallan a recogerlos a la salida del colegio.

- Si mamá... Ya lo se... No me debo separar de ellos o de Luke y Akane - repetía de mala gana la indicación que desde pequeña le dan sus padres. Tomó su mochila y desde la puerta se despidió - te amo mami...

- Adiós tía - Akane abrazó a su tía - te quiero.

- y yo a ti preciosa, cuida a Sele pofa... - y la soltó para que se despidiera de su padre.

- Hasta la tarde tía Serenity - el formal Luke abrazó a la rubia con cariño.

- Hasta la tarde Luke... Ve y despídete de tus padres que ya se van.

Cuando todos estaba ya en el auto, Sammy y Serenity los despedían desde el portón.

- Buenos días Eliot... Cuídalos que llevas a mis tesoros en ese auto - decía con gracia la rubia que abrazaba a su hermano por la cintura - los amo chicos!

- Ten cuidado Eliot - Decía Sammy sonriendo - buen día chicos.

Y así los dos hermanos vieron partir a sus hijos hacia el colegio.

- Crecen rápido - dijo Sammy tras un suspiro.

- bastante... - se empinó, dio un beso a su hermano en la mejilla y entró a la casa - buen día hermanito... Iré a contentar a la fiera que está en mi habitación.

- no lo trates así Serena... Yo lo entiendo - le dijo en modo de reproche.

- No empieces con eso Samuel - y desapareció por las escaleras.

En la habitación Endimion, ya vestido, pasaba su rabia mirando la ciudad por la terraza. Estaba tan concentrado que no se dio cuenta que su amada rubia lo miraba con adoración desde la puerta.

- Cuando vas a superarlo Darien - preguntó la rubia acercándose a su esposo que se volteó y abrió sus brazos para recibirla.

- Cuando tu superes la buena apariencia de nuestro hijo - dijo con gracia, sabiendo la obsesión de la rubia por ver a su hijo por horas y recordar a su esposo.

- No tengo la culpa de que sean tan idénticos - dijo la rubia acomodándose entre sus brazos.

- Te equivocas - separó un poco el abrazo y alzó el rostro de la rubia para verla a los ojos - yo soy más guapo - y la besó con pasión.

- Darien... - dijo cuando separó el beso - tu me amas?

- Claro que te amo princesa... - respondía mirándola a los ojos

- como cuanto?...

- Serena... De nuevo?... - dijo sonriendo.

- Me gusta escucharlo - puso cara de niña inocente.

- Mi amor por ti es más grande que el universo... Aunque te enojes conmigo por cuidar a mi hija - le dijo coqueto.

- Darien... Deja esa bobada... - le dijo regañándolo - mejor vamos - extendió a su mano a un muy extrañado pelinegro -

- A donde me llevas princesa? - no pudo preguntar nada porque inmediatamente estaban frente a una puerta que él conocía perfectamente - Serena... Qué hacemos acá?... Yo lo vendí hace años...

- Y yo lo compré hace un mes - sonrió inocentemente abriendo la puerta del apartamento que tenía Endimion cuando era soltero.

- P...Princesa... - el pelinegro quedó sin habla - esto está igual... Cómo lo hiciste?

- Setsuna me dio una manita y me permitió escaparme al pasado y registrar todo para reconstruirlo - dijo muy orgullosa de si - y déjame decirte que nuestro hijo es exactamente igual a ti cuando tenías su edad.

- Serena... Me estabas espiando en el pasado? - ahora estaba entre sorprendido y divertido.

- Tenía que hacerlo de noche para no irrumpir... Y me llamabas en sueños...- decía perdida en el recuerdo - y me pusiste los cuernos conmigo misma... Aunque estabas dormido, no creo que te acordaras que te besé...

- un momento Serena... Besaste a mi yo del pasado? - preguntaba gritando y celoso.

- Si... - dijo bajando su mirada - es que... Es que...

- Hay princesa... - la abrazó - porqué hiciste todo esto?

- Quería que tuviéramos un lugar para escaparnos juntos... Que fuera solo nuestro... Y que fuera especial para los dos...

- Gracias princesa - la besó sin decir nada más. - Te amo mi cabeza de chorlito.

Y así la cargó hasta la cama y se entregaron al amor del que ese mismo apartamento había sido testigo tantas veces en el pasado, y que lo seguiría siendo en el futuro. Ese apartamento testigo de un amor eterno.

FIN