Damas todas, ya estoy aquí. Como siempre, mil gracias por seguir con la lectura de esta historia, por sus comentarios en esta página, en el grupo de facebook. A las niñas nuevas que se han integrado hace poco a la historia y al grupo de facebook, pues gracias. allí siempre hay sorpresas, así que ya saben.
A mi super equipo, Gaby Madriz, Maritza Maddox y doña Manu de Marte, gracias por todo nenas!
Bueno pues, ahora a leer.
Besos a todas y nos reencontramos la próxima semana!
Capítulo 14.
Bella entró al departamento pasadas las doce de la noche, esperando poder ir directamente a su cuarto sin hablar con nadie. Era una cobarde, lo sabía, y debía asumirlo. Lo malo, es que al no contestar las llamadas de Derek ni de Emmett, hizo que estos se preocuparan, manteniéndose a la espera de la chica en la sala de la casa.
Emmett tuvo que cancelar la reserva que había hecho en un restaurante de la costa al que irían lo tres a celebrar por lo bien que le había ido a la chica en los exámenes de admisión a la universidad aquella mañana. Se comunicó a casa de sus padres, diciéndoles Charlie que una amiga la había llamado y que al parecer había decidido salir con ella a celebrar. A Derek le pareció extraño no el hecho de que saliera con sus amistades, sino que no se lo dijera o se lo avisara, sabiendo ella que ya habían hecho planes con los que ella estaba de acuerdo.
―Quizás solo se le pasó el tiempo, Derek ―lo tranquilizaba Emmett al ver a su amigo mirar su teléfono insistentemente―. Ya sabes cómo son las mujeres cuando salen…
―Quizás ―murmuró el chef, más preocupado que extrañado.
Ambos varones entonces, se levantaron al unísono cuando oyeron la puerta abrirse, caminando hacia el recibidor. Suspiraron más relajados cuando la vieron llegar, aunque Derek pudo notar a simple vista algo extraño en ella, y el hecho de que apenas lo hubiera mirado disparó sus alarmas.
― ¡Estuvo larga la celebración, eh! ―exclamó con diversión Emmett, muy cruzado de brazos―. Debes venir rendida, y la verdad yo también lo estoy, así que los dejo.
Estirando sus brazos y lanzando un bostezo de oso, hizo una reverencia y dejó a la pareja sola. Él podía parecer despistado o irreverente a veces, pero intuía cuando las cosas iban raras, por eso que prefirió retirarse.
Derek entonces, con cautela, caminó hasta ella que estaba detenida junto a la puerta, con su vista pegada en la punta de sus zapatillas y retorciendo sus manos contra la correa de su bolso.
― ¿Está todo bien?
Bella entonces alzó los ojos llenos de lágrimas, negándole con la cabeza. Él arrugó la frente y se dispuso a abrazarla, pero ella extendió sus manos para impedírselo, dando un paso al costado.
― ¿Bella, qué tienes? ¿Ocurrió algo? ―preguntó con ansiedad―. Llamé a casa de tus padres ya que no me contestaras, esto hace varias horas, y me dijeron que habías salido con una amiga…
Eso era una vil mentira. Edward le había pedido que les dijera eso a sus padres para poder escaparse con él un rato. Había dejado a su hijo alojar con sus abuelos pues el pequeño se había quedado dormido y sería mejor no sacarlo para evitar que se despertara. Salió veinte minutos de casa de los Swan, antes que Bella lo hiciera y la esperó dos cuadras más allá, llevándosela al primer motel que encontró en el camino, y en una habitación con una gran cama le hizo el amor hasta que ella le pidió piedad. La hizo suya tantas veces como le fue posible y de todas las maneras pensadas, repitiéndole una y otra vez lo mucho que la amaba y lo bien que estaban los dos juntos.
― ¿No lo sientes, bebé? ―le dijo, moviéndose a ritmo acompasado dentro de ella―. ¿Sientes lo bien que encajamos? Es perfecto…
Gimió, gritó y hasta lloró de placer, hasta que sus fuerzas no pudieron más. Dormitó sobre el pecho fuerte y desnudo de Edward hasta que divisó la hora en un reloj mural y dijo que ya era tiempo de irse.
― ¿Cuándo vas a hablar con ese tipo? ―exigió saber, usando ese tono serio mientras se ponía la camisa. Ella que estaba sentada al filo de la cama calzándose sus zapatillas, lo miró por sobre el hombro, desviando rápidamente su vista hacia sus pies. Tragó grueso y un nudo en la garganta la hizo querer lanzarse a la cama y llorar. Pero no lo hizo. Sabía que tenía que enfrentar a Derek, hablarle con la verdad y por sobre todo pedirle perdón.
―Mañana, supongo.
―No quiero que sigas viviendo con él. Tienes mi casa o la casa de tus padres para quedarte, si no quieres tomar ninguna opción, voy a rentarte un apartamento.
―Quisiera vérmelas por mí misma, pero de momento creo que regresaré con mis padres.
―Muy bien ―cuando Edward estuvo vestido, rodeó la cama y tomó una mano de Bella, obligándola a levantarse, abrazándola por la cintura y dejando un beso sobre sus labios―. Si estamos juntos todo estará bien, no tienes por qué tener esa cara.
Ella no quería aclarar que su apesadumbrado rostro, no era porque tuviera miedo de lo que pudiera pasar con él, sino por Derek. Él no se merecía eso, y Bella no se merecía todo lo que Derek había hecho por ayudarla, por estar a su lado. Suspiró y cerró los ojos, afirmando su frente en el pecho de Edward mientras él besaba el tope de su cabeza.
― ¿Bella? ―Derek dijo su nombre envuelto en angustia porque ella ponía distancia entre ambos y lloraba en silencio―. Dime qué sucedió…
―Perdóname… perdóname Derek… perdóname.
―Por qué… por qué me pides perdón. ―Era una estupidez que él preguntara aquello, porque la angustia que se instaló en su pecho y el golpeteo furioso de su corazón le avisaron para que se preparara para lo peor.
Bella caminó rápido hacia la sala, con las manos sobre la boca y se ubicó frente a la ventana, dándole la espalda a Derek, quien caminó despacio quedándose en medio del espacio. Inspiró profundo y sin quitar los ojos de la nuca de la chica, se aventuró a preguntar.
— ¿Se trata de Edward, verdad?
Lentamente ella se giró y con el llanto dispuesto a no dar tregua, asintió no siendo capaz de articular palabras. Aquel reconocimiento fue como la primera estocada al corazón de Derek, que bajó la cabeza y soltó una risa triste. Edward Cullen había cumplido su amenaza y Bella al parecer no había puesto ninguna clase de resistencia.
―Presumo que te convenció para volver con él, o para dejarme, ¿no es así?
―Me dijo… me dijo que me amaba.
―Por supuesto ―murmuró él destilando ironía con su vista pegada ahora en el sofá, donde no pudiera ver el rostro de la apesadumbrada y avergonzada chiquilla― nunca ha dejado de demostrártelo una y otra vez, ¿verdad?
―Derek… perdóname, yo…
―No saliste con tus amigas, te fuiste con él. ―Esa no fue una pregunta estaba seguro de su teoría. Aún así, Derek alzó el rostro hacia ella, a la espera de su confirmación. Al no recibirla, porque ella estaba con sus ojos fuertemente cerrados, aun con el llanto silencios provocándole espasmos en los hombros, exclamó con más fuerza, sobresaltándola―. ¡¿Te fuiste con él?!
―Sí…
Y otra estocada al corazón ya herido de Derek.
―Muy bien ―inspiró profundo, echando su cabeza hacia atrás, soltando el aire a continuación― es tu decisión, esté de acuerdo yo o no, es lo que elegiste. No voy a usar artimañas para hacerte cambiar de opinión sobre él, porque precisamente yo no soy como él. De cualquier manera, quiero aceptar la parte de culpa que me corresponde, porque pensé que tú podías… olvidar a ese tipo conmigo y darme una oportunidad, pero fui un iluso, debo admitir.
―No, por favor… ―rogó ella para que parara, pero él no le hizo caso y siguió con las palabras que fluían solas.
―Soy un estúpido por haberle confiado mi corazón a una niña de dieciocho años que está enamorado de otro y pensar que podía dar resultado.
―No quise hacerte daño…
― ¡Me rompiste el jodido corazón! ―gritó Derek como nunca antes lo oyó Bella. El chef entonces cerró los ojos y negó con la cabeza, agarrando entonces su chaqueta que estaba en el respaldo del sofá para salir de ese lugar que lo ahogaba a él y a su malherido corazón, antes de seguir diciendo cosas hirientes de las que después se arrepentiría. Entonces prefirió ir a cualquier parte a ahogar su mal de amor en alcohol, a algún bar que aún se mantuviera abierto, mientras Bella dejaba salir su llanto, que dolía mucho más de lo que ella presupuestó, cediendo sus rosillas y dejándose caer al suelo, mientras escondía su rostro entre las manos.
Momentos después apareció Emmett, que no pudo hacerse el sordo, oyendo claramente cuando su amigo gritó que le habían roto el corazón. Torció su boca con lástima, cuando se encontró a Bella hincada frente a la ventana tras el sofá. Suspiró y se le acercó, posando su mano grande sobre la espalda de Bella, que seguía llorando, porque sentía que algo dentro de ella también se había roto.
―Joder, Bella… ―se lamentó él, haciendo que ella se enderezara y enterrara su rostro en el pecho de su amigo que no demoró en acogerla. Dejó que llorara todo lo que sus piernas dobladas aguantaron antes de estas comenzar a acalambrarse. Entonces hizo además de levantarse, ayudándola a ella en el proceso, llevándola hasta el sofá.
―Nunca quise hacerle daño… nunca quise aprovecharme de él…
―Eso lo sé y seguramente Derek también lo sabe, pero ahora mismo está herido, hay que dejarlo tranquilo.
―Habla con él y dile que me perdone… yo no quiero perderlo a pesar de todo esto. Él es… importante para mi… ―y otra vez su garganta se ve apretada, presa de la pena que le impide hablar.
―Vale, Bella, pero deja de llorar…
―Lo siento.
― ¿Volviste con Edward, verdad? ―ella mordió su labio y afirmó con la cabeza― ¿Y estás segura? ¿Por qué ahora cambiaste de opinión? Y perdona que te lo pregunte, pero no quisiéramos que salieras mal herida de esto, que él te hiciera daño…
―Me dijo que me amaba ―respondió, siendo eso lo su única tabla a la que aferrarse, lo único que la hacía creer en Edward, además de sus sentimientos por él que intentó hacer a un lado, pero como espectros siempre estuvieron rondándole, inquietándola.
― ¿O sea que si yo te dijera que te amara, te vendrías conmigo?
―No se trata sólo de eso…
―Exacto, Bella ―apuntó Emmett tocándole la punta de la nariz con el dedo índice― es mucho más que simplemente decirle a alguien que lo amas, si no hay nada más que pueda reafirmarlo.
―Quiero darle la oportunidad de que me lo demuestre, como dices…y ver qué pasa.
Emmett suspiró en silencio, entendiendo el punto de vista de la chica junto a él que se había enamorado o quizás solo se había deslumbrado de un tipo lleno de misterios, aunque podía apostar su mano derecha que Derek no le era del todo indiferente en cuanto a sus sentimientos se refiere, que no solo es un profundo cariño fraterno que podía malentenderse.
―Mañana voy a regresar a casa de mis padres, no me parecería bien seguir aquí…
―No es necesario que lo hagas, ¿lo sabes verdad?
―Sí, pero… no quiero tener problemas…
―Vale, no es necesario que me expliques ―la detuvo él, entendiendo que cuando hablaba de evitar tener problemas, se refería a Edward.
―Además no creo que para Derek fuese cómodo tenerme aquí y después de lo que pasó no me merezco que tenga más atenciones conmigo… y ni siquiera sé si tengo trabajo todavía
―No han tenido motivos para despedirte, ni siquiera has comenzado a trabajar allí. Preséntate mañana y ve como siguen las cosas.
―Lo pensaré.
―Bella, no dejes a un lado todo lo que has conseguido en este tiempo, y no hablo solo de un empleo o tu oportunidad de entrar a la universidad; has ganado confianza en ti misma, seguridad, madurez, independencia, no dejes que nada ni nadie te lo quite, no dejes que te pasen a llevar.
―Gracias por tus consejos y por tu amistad, Emmett.
Bella volvió a abrazar a su amigo, agradecida porque le reconfortara después de la maraña de sentimientos dolorosos que ahora la dominaba.
En tanto el chef y su malherido corazón no dieron con un bar abierto donde se sintiera cómodo, aunque en cualquier lugar sería como sentirse en el centro del infierno, por lo que llegó en taxi hasta el restaurante y saludó al guardia que no tuvo problema en dejarlo pasar pues ya lo conocía. Las luces auxiliares que iluminaban tenuemente el salón principal del restaurante estaban encendidas, caminando él sin problemas derecho al bar a un costado, rodeando la barra y sacando de la estantería una botella de whisky. Con esta en sus manos caminó hacia la cocina, donde quizás se sentiría a gusto, y sentado en el suelo afirmando su espalda en el muro frio, abrió la botella y se lo bebió directo de la botella.
Embutiéndose grandes bocaradas de licor, brindó por esa primera vez en que una mujer le rompía el corazón, y nada más gracioso que una niña de dieciocho años…
"Qué patético soy…"
¿Qué iba a ser de él en adelante? Se preguntó, echando su cabeza hacia atrás, mientras el whisky viajaba por su esófago quemándole a su paso, aunque no tanto como el dolor que sentía. Su corazón estaba roto, ¿qué otro tipo de dolor aún más fuerte podría sentir un humano? No estaba seguro, nunca sufrió nada igual…. Pero iba a tener que salir adelante, después de esa noche, iba a parchar su corazón y seguiría sobreviviendo a cada día, uno a uno… o eso intentaría.
Se olvidaría de Bella ―o intentaría hacerlo― hasta ser capaz de verla de frente y recordar aquello como una experiencia más de aprendizaje, y le sonreiría agradecido por haberle hecho sentir enamorado por primera vez…
―Eres un ridículo, Derek, eso no va a pasar ―se auto rebatió con ironía, volviendo a llevar la botella a su boca, limpiándose a continuación los restos del licor amargo con el dorso de su mano. ―Pero tú tienes la culpa, maldita sea, tú tienes la culpa por no haber insistido en irse lejos de aquí y apartarla de las manos de ese… maldito desgraciado, que lo único que quiere es tenerla como trofeo…
Se hablaba a sí mismo como si lo hiciera con otro persona, eso porque el alcohol estaba comenzando a hacer estragos en su organismo. Y así siguió el chef toda la noche, auto compadeciéndose, llorando, riendo y finalmente durmiéndose sobre el frío piso de cerámica, aferrando con su mano la botella de licor de la que quedaba menos de la mitad… como si fuera aquello, lo único a lo que pudiera aferrarse.
**oo**
Mientras conducía miraba de reojo a la chica a su lado con disgusto. Esperaba verla radiante, feliz, pero en vez de eso ella no hacía más que suspirar y mirar por la ventana sin emitir palabra. Cuando entró al coche, él ofreció llevarla a desayunar pero ella en vez de eso le pidió que la llevara a su casa, debía hablar con sus padres, que en ese momento era lo más importante que debía hacer, pero durante el viaje no dijo nada.
Hasta que no soportó más. Desvió tomando una curva a mucha velocidad desviándose del camino que llevaba a casa de sus suegros, haciendo que Bella se sobresaltara y tuviera que agarrarse de la manilla. Se metió a mitad de una cuadra por un callejón oscuro a pesar de la hora del día, estrecho y húmedo. Paró el coche, se quitó el cinturón y empujando su asiento hacia atrás, levantó en vilo a Bella por sobre la consola central, sentándola a horcajadas encima de él. Ella no supo bien cómo ocurrió, sólo se dio cuenta hasta que estuvo sobre Edward, quien la rodeó con un brazo por la cintura y con la otra mano aferraba su barbilla, quedando su nariz pegada a la de él.
― ¡¿Qué jodida cosa te pasa, eh?! ―preguntó con su mandíbula tensa y su respiración pesada―. ¿Por qué tienes esa cara de ánima, y esas ojeras como si no hubieras dormido en toda la noche? ¿Ese tipo te hizo algo?
Ella tragó grueso y a pesar de la intensidad de la mirada de Edward, no cerró los ojos. Realmente no había dormido y durante gran parte de la noche había llorado. Le había lastimado más de lo que previó el saber a Derek herido por su culpa, y la preocupación pesaba sobre sus hombros cuando Emmett esa mañana le confirmó que no había llegado a dormir la noche anterior.
― ¡Respóndeme! ―insistió Edward comenzando a perder los cabales, por lo que ella decidió responder con la verdad.
―Le rompí el corazón a Derek, como quieres que esté… ―tuvo que detenerse porque su voz se quebró y los ojos picaron deseosos de llorar. Edward bufó e hizo una mueca.
―Él se lo buscó, no debió aprovecharse de ti.
― ¡¿Aprovecharse de mí?! ―preguntó ella desconcertada―. ¡De qué estás hablando! La que se aprovechó fui yo, él no hizo nada fuera de ayudarme cuando estuve sola, quererme más de lo que yo merecía…
―No te quiere más que yo.
― ¡Mierda, Edward, no estamos hablando de ti! ―puso una mano sobre el pecho de Edward y se empujó hacia atrás dejando un poco de espacio y desviando su vista hacia cualquier otro lado que no fueran sus indignados ojos―. Por favor, llévame a casa, tengo que hablar con mis padres y descansar para estar bien esta noche…
― ¿Esta noche? ¿Para qué, por qué?
―Empiezo a trabajar.
―Pensé que había quedado claro que no te quería cerca de ese tipo…
―Edward, no hagas que me arrepienta de haber venido contigo y darle una oportunidad a lo nuestro. Voy a trabajar allí porque es un compromiso que tengo… ―aunque seguro Derek la despediría, pero no lo dijo en voz alta―. Voy a seguir adelante con mis planes de trabajo y los de mis estudios, y si dices que me amas pues tendrás que apoyarme, no montar obstáculos para impedirlo. Necesito creerte, volver a confiar en ti…
―Pensé que mis palabras bastaban ―murmuró Edward, volviendo a hacer a Bella hacia su cuerpo, pegando sus labios a los de ella para dejar un suave y reconciliador beso― pero ponte en mi lugar, no te quiero cerca de ese tipo que trató de enamorarte aun sabiendo que me amabas a mí.
―Edward, por favor…
―Bien, confiaré en ti. ― E inspiró hondo después de comprometerse.
―Y por cierto, hay una cosa que debo pedirte.
―Tú dirás, bebé ―la tomó por la nuca y metió su nariz en el hueco de su cuello.
―No quiero a Senna cerca, no quiero saber que está en tu casa a pesar de que yo no esté ahí, y por supuesto no quiero saber que tú tienes algún tipo de cita con ella.
―Dalo por hecho.
―Lo dices como si ella fuera a aceptarlo tan fácil.
―Me vale un rábano saber si se pone difícil o no, es lo que tú quieres, es lo que tendrás, bebé.
―Gracias.
―Ahora bésame, Bella.
La tomó por ambos lados del rostro a la vez que ella lo rodeaba por los hombros y llevaba sus manos hasta su cabello, metiendo sus manos en esa sedosa maraña rubia oscura, dejando que los besos de Edward, el hombre al que ella amaba, fueran un bálsamo para su pesar.
Edward la hizo prometerle que lo llamaría después que hablara con sus padres y que esa noche él sería el encargado de llevarla a su trabajo y regresarla a casa de sus padres a la hora que fuera.
Luego de una muy larga y llorada conversación con sus padres, donde les dijo que por desacuerdos entre ambos, Derek y ella habían terminado. Renée la tranquilizó diciendo que esas cosas pasaban y que muy probablemente se resolverían, pues Derek estaba muy enamorado de ella y no dejaría que un malentendido o lo que fuera los alejara.
―Además, tú también lo amas, se te nota ―afirmó su madre, limpiándole las lágrimas. Ella se la quedó mirando y no dijo nada, porque no sabía que decir, que para ella era mucho peor que negar esos dichos que con tanta seguridad su madre le hizo saber.
Logró dormir por tres horas en su viejo dormitorio y cuando despertó con lo primero que se encontraron sus ojos fue con un retrato de Camille. Hace tiempo que no iba al cementerio a visitarla, pero eso no significaba que se hubiera olvidado de ella… ¿qué hubiera pasado si ella no hubiese muerto? ¿Serían las cosas tan complicadas para ella como lo son ahora o se hubiera mantenido viviendo en la absoluta ignorancia? No sabía qué opción era la mejor, verdaderamente. Así que antes de seguir cuestionándose, prefirió levantarse y meterse bajo la ducha para luego comenzar a prepararse para su primer día de trabajo.
No estaba nerviosa por ser la primera vez que trabajaría en una cocina tan importante como parte del equipo de un chef profesional, sino porque no sabía si se reencontraría con Derek y cómo es que éste la recibiría. Aun así, llegó a la hora acordada, alrededor de las siete de la tarde entrando por la puerta de servicio por la que estaban ingresando otros de los chicos con los que trabajaría y quienes la saludaron con entusiasmo.
― ¿Estás entusiasmada? ―le preguntó una de las chicas cuando iban entrando al sector de los camarines donde se cambiarían. Era una joven alta de pelo muy rubio, largo y ondulado, con unos alegres ojos color azul marinos. Ella estaba cursando tercer año de cocina internacional en una universidad de la ciudad y estaba relajada porque no era su primer trabajo, aunque la ilusionaba trabajar en un restaurante de ese nivel con los chef en jefe que tendría, Derek y Cody, la otra cocinera profesional.
―Además ―dijo, anudándose el mandil blanco que pasaba de las rodillas ―Derek es tan apuesto, yo no sé cómo voy a poder concentrarme.
Otra de las chicas que se estaba atando el cabello negro azulado en una perfecta cola de caballo, comentó:
―Yo lo vi hace un rato… ¡Dios, y se veía tan sexi!
― ¡¿Lo viste?! ―le preguntó Bella llena de ansiedad. La chica mordió su labio y asintió con la cabeza.
―Sí… con su pelo húmedo y desordenado, vestido de negro… ¡cómo para comérselo!
Las chicas se carcajearon divertidas y siguieron comentando, mientras el corazón de Bella apresuraba su ritmo. Sin duda lo vería y dentro de muy poco.
Todos los ayudantes iban vestidos por una camisa blanca y un pantalón negro con zapatos de seguridad del mismo color, y sobre el pantalón un mandil anudado por la cintura de color negro. Todos muy bien peinados y arreglados se formaron en una fila a lo largo de la cocina a la espera de la llegada de los dos chefs y la administradora del local. Eran diez ayudantes en total, los que se dividirían en dos equipos: cinco trabajarían para Cody, y los otros cinco restantes, para Derek. Al otro lado, a un costado de los ayudantes, estaban ordenados los meseros, cuatro hombres y cuatro mujeres, además de los encargados del bar y las recepcionistas.
Cuando todos estuvieron listos, las puertas batientes de metal se abrieron y la primera en aparecer fue la administradora, señorita Kate Anderson, una rubia de metro ochenta muy elegante y hermosa, que los saludó a todos con un entusiasta "Buenas tardes". Le siguieron la pequeña mujer de no más de uno sesenta de estatura, de cabello negro corto, ataviada de pantalones negros y chaquetilla blanca, la chef Cody Walters, y tras de ella entró vestido completamente de negro el chef Derek Spencer.
Derek apenas musitó un saludo sin detenerse mucho a mirar a su grupo de ayudantes, evitando siquiera mirar a Bella que en una punta de la fila respiraba superficialmente, nerviosa, esperando que él la mirara para que aunque fuera con sus ojos poder pedirle perdón una vez más. Pero no lo hizo. Derek se paró muy resto junto a su colega y a la administradora, quien les dio la bienvenida y comenzó con las directrices de lo que sería esa noche. Esa noche sería una marcha blanca, pero no por eso dejaría de ser tal y como funciona una cocina profesional.
―Les servirá para medirse y coordinarse, así que aprovechen ―concluyó Cody, la que había tomado la palabra en nombre suyo y de Derek, que no tenía ganas de hablar―. La mayoría ya ha trabajado en restaurante y sabe cómo es la vorágine de este lugar, los que no lo han hecho, no se desconcentren y aprendan todo lo que puedan, pregunten si tienen dudas y no tengan miedo, necesitamos que confíen en ustedes mismo. ¡Así que adelante equipos, queremos terminar la noche celebrando el triunfo!
Todos aplaudieron y vitorearon, poniéndose listos en sus puestos de trabajo. Cody se llevó a su grupo a un lado de la gran cocina, mientras Derek se reunió con el suyo en el lado contrario.
―Bien, chicos, ya saben cuáles son sus puestos. ―habló Derek a su grupo ronco y seriamente, siempre evitando un par de ojos cafés que lo miraban expectantes―. Yo en la medida de lo posible iré supervisándolos, pero no tendrían que tener problema. Evaluaremos el trabajo una vez terminado, así que buena suerte a todos y manos a la obra.
Tres veces en dos horas cruzaron la mirada. Derek no escondió su dolor ni Bella su pena y preocupación, pero no se hablaron, solo lo hizo Derek cuando le pidió aclarar una salsa blanca que estaba mezclando en la sartén con cebolla, la que dijo estaba muy espesa. Después de eso, nada.
―Joder, me mandaron a picar cebollas ―reclamó una chica que dejó dos pocillos de champiñones perfectamente cortados sobre la encimera de aluminio. Bella entonces la miró y bajando la intensidad del fuego, le entregó la cuchara de madera con la que estaba trabajando.
― ¿Te parece si cambiamos?
― ¡¿De verdad?! ―preguntó la chica con ilusión. Bella asintió y cambio de puesto con la muchacha, retirándose ella a una esquina abandonada de la cocina, donde comenzó a picar cebolla morada. Era bueno estar ahí, pensó, pues las lágrimas que cayeron por su rostro se confundirían con lo que el tubérculo provocaba en la mayoría de las personas.
Lloró porque le era casi insoportable trabajar junto a Derek, sabiendo lo dañado que él estaba por su culpa. Sentía el peso sobre sus hombros y su deseo durante todas esas horas de trabajo fue acercársele y pedirle perdón, rogándole además que le permitiera tenerlo cerca, porque sin poder negarlo, ella lo necesitaba y se sentía abandonada sin él a su lado. Sí, así se sentía, una verdadera paradoja, un lío emocional que no sabía explicar. Así que allí se quedó, picando en corte de pluma la cebolla, llorando en silencio.
Derek arrugó su frente cuando miró hacia donde ella se suponía debería estar cuidando la cocción de una salsa, encontrando a otra muchacha en su lugar.
― ¿Dónde está Bella? ―preguntó, si poder esconder su ansiedad. La chica se asustó un poco, pensando que él podía regañarla por haber cambiado de lugar sin su autorización.
―Perdone, chef, pero mis ojos no podía más con tanta cebolla… y pues Bella se ofreció a hacer ese trabajo.
Entonces se giró hacia el sector donde estaba picando, alcanzando a verla cuando dejaba a un lado las vasijas llenas, y se retiraba a los excusados. Sus pies entonces cobraron vida propia y la siguieron. Cuando llegó ahí abrió la puerta con cuidado y en silencio, viéndola sentada sobre una banqueta de madera, con su rostro escondido entre sus manos, y sus hombros moviéndose espasmódicamente.
―Por qué estás llorando ―quiso saber. Sus palabras salieron toscas, mordaces, más de lo que él hubiera deseado. Ella enseguida se enderezó y lo miró atónita.
―No… es la cebolla… ―se excusó, secándose las lágrimas con la manga de su blusa blanca. Él se cruzó de brazos y negó con la cabeza.
―Te he visto hacer ese trabajo antes, y no lagrimeas como las demás.
―Disculpa por abandonar mi puesto, ahora regreso… ―nerviosa, se arregló su mandil, evitando la mirada dura del chef, dispuesta a salir de allí, pero Derek se interpuso siquiera antes que ella pudiera moverse.
―Espera un momento, y al menos dime por qué estás así…
―Y cómo quieres que esté, Derek… ―protestó con frustración, palmeando sus manos sobre su delantal, atreviéndose a mirarlo―. Me siento tan mal… yo no quisiera…
―Dios Bella… ―protestó él, llevándose una mano al cabello― ya no te preocupes por mí. Si eres feliz con tu decisión, pues adelante. Yo simplemente tendré que superarlo, olvídate de mí…
―No puedo ―susurró. Él estrechó sus ojos y se acercó a ella. Agachó su cabeza y la puso a la altura de la chica que no pudo despegar su mirada de la suya, muy cerca.
―Estoy tan seguro de que si… si te besara en este momento tú me responderías y no me apartarías ―musitó, mirando alternadamente sus ojos y sus labios. Bella simplemente tragó grueso―. ¿No lo harías verdad? Pero no voy a hacerlo, porque quiero respetarte, pese a todo, quiero hacerlo, porque te quiero y quiero que seas feliz… pero me cuesta tanto, porque sé que no lo eres, y no sé por qué… Dios, me muero por besarte…
―Derek…
―Pero ya tomaste una decisión, y como te dije, te respeto… yo no soy como él, Bella. Yo te quiero ver feliz, aunque no sea a mi lado, solo espero que no te haga daño de ningún modo porque soy capaz de matarlo ―dio dos pasos atrás porque la tentación era muy grande―. Ahora lávate esa cara y regresa al trabajo, por favor.
Bella llevó una mano sobre su pecho, donde dentro de éste golpeteaba su corazón furiosamente. Seguía frente a ella el recuerdo de esos ojos profundos y tan azules, tan intensos, y su cercanía después de lo que había pasado. Se le secó la boca y cuando lo vio tan cerca sus labios picaron de deseo porque él volviera a besarla como tantas veces lo hizo en las pocas semanas que estuvieron juntos.
―Mierda, soy un lío ―gimoteó, poniendo sus manos heladas sobre sus tibios pómulos seguro enrojecidos. Entonces cerró los ojos, inspiró profundo y decidida a terminar bien la noche, regresó a su trabajo dispuesta a preparar la mejor salsa de tres quesos que nunca antes hizo.
**oo**
Habían sido quince vertiginosos días donde su ánimo no lograba estabilizarse. Hace quince días había decidido darle una oportunidad a lo que sentía por Edward, y a lo que él decía sentir por ella y de manera poco habitual, Edward la llenó de mimos sacando a relucir su beta romántica. Un par de noches atrás, cuando correspondía su primer día libre en el restaurante, Edward la llevó a cenar a un lugar, en la azotea de un piso treinta desde donde se podía ver la ciudad de noche, llena de brillos y luces. Allí cenaron, bebieron y bailaron las más románticas canciones de amor, incluso él susurró algunas en su oído, poniéndole a ella la piel de gallina. Edward se estaba comportando sin duda en todo lo que ella quiso. Incluso la forma de hacerle el amor difería a manera tan feroz de un comienzo. Él seguía disparándola con los mejores y más increíbles orgasmos hasta las estrellas, por supuesto, pero había una manera diferente, como un ingrediente adicional que incluía en la manera de adorarla, porque eso le decía él, que la adoraba.
Se sentía tranquila, pero como con la felicidad desbordante, y quizás eso era bueno porque lo mejor era tomarse las cosas con calma. De cualquier forma, seguía sintiendo una punzada de dolor cuando cada noche se topaba con Derek, que seguía saludándola con cortesía, pero claramente había establecido una distancia entre ambos, y eso por su propia cordura. Se le veía cabizbajo, no con el ánimo alegre que siempre lo caracterizó, y eso sabía Bella que era por su culpa, entonces ella respetaba la distancia que apenas cedía con un corto saludo… hasta que aquella noche de miércoles llegó y no lo encontró en su lugar.
―Hace día que Derek estaba negociando su traslado ―oyó Bella tras de la puerta que la administradora le explicaba Cody, la colega de éste―. Nuestra cadena de restaurantes quiere darle la mayor libertad posible, y mientras se quede con nosotros, no importa donde se quiera ir, así que acordamos que su puesto ahora estaría en la costa de la ciudad del norte, donde en breve abriremos.
―Vale, vale, ¿pero y qué hago yo sola? ―protestaba la chef―. Ese restaurante no abre hasta dentro de unas semanas, por qué el apuro de irse ahora…
―Lo sé, pero salió esta mañana de urgencia. Su padre fue internado de urgencia por un infarto…
Bella ahogó una exclamación cubriéndose la boca. Corrió entonces sin demora hasta los vestidores, y sacando su móvil le marcó a Emmett, que respondió a l segundo tono.
― ¡Dios, Emmett, qué pasó con don Víctor! ―exclamó refiriéndose al padre de Derek.
―Sí, Bella, está conectado bajo vigilancia médica y Derek no va a moverse de allí hasta que su viejo salga de esta. Yo voy partiendo mañana en la mañana.
―Yo… yo… ¡Dios mío!
―Mira, le diré que me llamaste y que estabas preocupada. Seguro él lo agradecerá, pero ahora creo que lo que quiere es estar tranquilo y la verdad lo mejor es que tome distancia. Después de todo lo que pasó entre ustedes y ahora lo de su padre, es mejor dejarlo tranquilo.
―Entiendo… ¿podría mantenerme al tanto de cómo sigue la salud de don Víctor?
―Cuenta con ello ―le aseguró su amigo―. ¿Y tú estás bien?
―Sí Emmett. Aprobaron mi ingreso a la universidad al regreso de las fiestas de fin de año.
―Falta muy poco para eso, ¡En hora buena, pequeña!
―Gracias, gracias Emmett.
Emmett prometió ponerse en contacto con ella cuando estuviera en la clínica y le daría los mensajes de aliento a Derek, pues ella no se atrevía a llamarle personalmente. Llamó entonces a Ester, la anciana mujer que chilló de alegría cuando la oyó al otro lado del teléfono. Hacía más de tres semanas que no hablaba con ella, y la mujer ya la estaba echando de menos, pensando que Nadia ―como aun ella le decía― se había olvidado de ella. Pegó el grito en el cielo cuando Bella le contó que Derek había tenido que regresar de urgencia a esa ciudad por problemas de salud con su padre, pidiéndole Bella que dentro de lo posible, no dejara de visitarlo en el hospital donde lo tenían. Ester prometió partir con Eloy a primera hora del día siguiente para darle su apoyo al muchacho tan amable, y Bella le agradeció que lo hiciera, pues Derek necesitaría todo el apoyo posible… y ya hubiera deseado ella estar a su lado.
Aquella noche, se alojó en casa de Edward, quien fue a buscarla a pasada la medianoche, después de un agotador turno donde todo mundo corrió de un lado a otro, intentando suplir a duras penas la ausencia de Derek.
―Estás rendida, bebé ―comentó él, estirando su mano hasta acariciar la frente de Bella, que tenía su cabeza apoyada en el respaldo y sus ojos cerrados. Apenas confirmó con un susurro, quedándose dormida de camino a casa de Edward, teniendo él que sacarla del coche en brazos, llevarla hasta el cuarto donde ambos dormían, quitarle la ropa y meterla bajo la cama.
A la mañana siguiente ella se despertó y vio el lado de la cama de Edward vació. Entonces estiró su mano hasta su mesita de noche y tomó su teléfono, encontrándose con un mensaje suyo, que decía que tenía un par de reuniones que cubrir aquella mañana, pero que regresaría para almorzar con ella y con su hijo alrededor de las doce, por lo que Bella, decidió tomar un relajante baño de tina que duró casi cuarenta minutos, vistiéndose a continuación con una sencilla camiseta negra y pantalones de chándal, atando su cabello en un moño desordenado antes de bajar a la cocina, con la idea de encontrándose con Jane y el niño, pero en vez de eso se topó con Alice, la hermana de Edward, que apenas entrar la fulminó con la mirada.
―Despertó la putita de mi hermano.
―No me trates así, Alice…
―Tuve que soportar tú presencia en el apartamento de los muchachos, y ahora resulta que tengo que tolerarte también cuando vengo a ver a mi hermano o a mi sobrino.
―Yo…
―Te odio ―le dijo Alice sin mediar preámbulos― te odio por haberle roto el corazón a Derek. Lo vi destruido la semana que pasó y todo por tu culpa…
―Yo no quise…
― ¡No estoy aquí para oír tus excusas! ―La interrumpió Alice, no dejando que hablara―. Derek no se merecía entregarle su amor a alguien que no supo valorarlo. Todo hubiera sido diferente si supiera que lo amas, pero siempre percibí que no era así. Pero me alegra que él se haya dado cuenta.
Bella simplemente decidió bajar la cabeza y mirar la punta de sus pies, tragándose todo el veneno que la hermana de Edward lanzaba sobre ella, porque sentía que se lo merecía. Después de pasar dos o tres segundos en silencio, Alice abrochó su chaqueta roja y se cruzó de brazos mirando a la indeseable de pies a cabeza.
―Dile a mi hermano que vine y no estaba. Voy a salir de viaje para estar con un amigo que necesita de mi apoyo…
― ¿Irás a ver a Derek?
―No te importa, pero sí. Espero que no se te ocurra aparecer por allá para fastidiarlo, ¿no? Además seguro a mi hermano no lo pondría muy contento.
Sin más entonces, salió dejando a Bella en la cocina, masticando amargura.
Edward por otro lado, estaba sentado frente al escritorio de Senna, golpeando sus dedos sobre la base de vidrio de su escritorio ahumado. Acababa de traer el documento que ponía fin a la sociedad entre ambos, además, había dejado claramente expuesto que no quería que se apareciera ni en su casa, ni en la empresa, ni en ningún lugar de los que él frecuentara.
― ¡Qué mierda, Edward! ―protestó ella, tomando los papeles de la ruptura de la sociedad, lanzándolos al otro lado de la oficina.
Cada vez que ella había querido acercarse en estas últimas tres semanas, él se escabullía y lograba hacerle el quite. Para colmo, tuvo que largarse fuera de la ciudad por un compromiso que hace mucho tiempo tenia agendado: uno de los amantes de su larga vista, estos magnates de edad avanzada, la llevaría de viaje para regalarle una mansión en las costas de Grecia, pues decía que como la diosa que era, merecía un palacio en la tierra de las divinidades.
―Mira, Senna, es irrevocable. Quédate con el local, te estoy regalando mi parte, ya no me interesa este negocio…
―El negocio es una cosa, Edward Cullen, pero que insistas en terminar con nuestra relación… ―se levantó de su asiento y rodeó el escritorio hasta quedarse sentada prácticamente sobre Edward en la base del escritorio. El hombre rodó los ojos y se masajeó la sien, aprestándose a tolerar a la despechada mujer.
―No me puedes hacer a un lado, cariño ―se hizo adelante y posó sus manos sobre el pecho de Edward, acercándole su rostro― todo lo que nosotros tenemos…
―Todo lo que nosotros tenemos, acabo de romperlo con ese contrato.
― ¿Me puedes decir a qué viene todo esto? Ni siquiera cuando se te ocurrió la fabulosa idea de casarte con Camille me apartaste, y ahora que estás dispuesto a meter a la putita de su hermana a tu cama, lo haces…
Rápidamente, Edward sujetó el brazo de Senna con fuerza, causando tal presión que estaba seguro que dejaría una marca sobre su piel cuando la soltara. Pero le importó una mierda, estaba furioso, y quería que ella lo supiera.
―Vuelve a tratar una vez más en tu vida de esa forma a Bella, y te mato, ¿me oyes? Sabes que soy capaz de hacerlo. Cualquier cosa que te atrevas a hacerle para fastidiarla, o causarle algún mal, ten por seguro que será mi pase para hacerte desaparecer, y lo haré sin contemplaciones, ¿me oíste?
―No puedo creerlo ―se apartó ella, caminando por su despacho, cruzada de brazos― no puedo creer que una… chiquilla como esa te haya cambiado tanto.
―Pues lo hizo ―reconoció, poniéndose de pie ―así que ya sabes, aquí se acaba todo.
Y sin más despedidas, se abrochó su chaqueta de vestir y se retiró de la oficina. Senna se quedó mirando la puerta cerrada y alargando una mano hasta un feo jarrón negro que había sobre una mesa auxiliar, lo estrelló contra la puerta cerrada, lanzando un grito de furia. Edward Cullen, su más antiguo y ardiente amante la estaba dejando… y a ella nadie la dejaba, sin atenerse a las consecuencias.
Así que decidida caminó de regreso hasta su escritorio y agarró su teléfono móvil, donde entre sus contactos buscó con quien le interesaba comunicarse. Discó el contacto y esperó hasta que este respondió:
— ¡Qué fabulosa sorpresa! ―al otro lado, el hombre exclamó con voz lasciva― me has arreglado el día, querida Senna…
―Pues parece que eso está a la orden del día, mi querido Stefan.
― ¡No me digas! ―exclamó el hombre con esa risa siniestra que lo caracterizaba―. Pues soy todo oídos….
― ¿Ya conseguiste que Edward te prestara dinero?
―Necesito más que unos cuantos millones de parte de Cullen: tráfico de influencias, lavado de activos, cuestiones en las que solo él podría ayudarme, pero sabes de más que ni siquiera quiere recibirme…
―Sé cómo presionarlo. ―aseguró, sosteniendo el móvil pegado a su oreja con el hombro, mientras encendía un cigarrillo.
― ¿Perdona? ¿Me estás poniendo una maldita trampa o algo así?
―Nada de trampas, tómalo como… un acto de caridad. Conozco el talón de Aquiles de Edward.
―No voy a hacerle nada a su bastardito si es eso lo que estás pensando…
―No hablo de su hijo… pero prefiero que lo hablemos personalmente.
― ¿Puedes venir en una hora a mi humilde morada? Quizás podamos hacer algo más que… simplemente hablar…
―Me gusta tu iniciativa, Stefan, me gusta mucho.
Sonrió como hiena porque estaba segura que ese viejo desesperado iba a hacer el trabajo por ella, de sacar a Bella de su camino.
GRACIAS POR ACOMPAÑARME, Y NOS VEMOS LA PRÓXIMA SEMANA!
