Dicen que la almohada es una buena consejera.

Eso dicen, sí, pero del dicho al hecho hay un trecho, como también dicen.

Ninette se abrazó a su almohada y ocultó la mitad de su cara bajo el objeto blandito, admirando el techo de su habitación ya vieja con ojos tormentosos y dubitativos. La noche ya era cerrada y ni un ruido se escuchaba en la casa, ni uno, pudiendo Ninette por suerte o desgracia el quedarse despierta debido a su interior, actualmente luchando contra sí mismo, y sus emociones chocando unas con otras. Iluminada tan solo por la luz escasa de la luna que se colaba a través de la ventana cerrada y los visillos largos, Ninette se quejó ahogadamente y gritó bajo contra la almohada, cerrando los ojos fuerte en el proceso de desahogo.

¿Por qué una vida tan fácil como la suya se había complicado tanto en tan poco tiempo?

Ninette no estaba acostumbrada a enfrentar demasiados problemas, mucho menos a tomar decisiones importantes o lo suficientemente coherentes. Las elecciones complicadas se le daban mal y apenas alguna vez había tenido que llevarlas a cabo porque, como se ha dicho, la vida de Ninette solía ser sencilla y cargada de facilidades, ya sea por vivir en un pueblito tan tranquilo o por que otros se hubieran empeñado en solucionarlo todo por ella. Nunca había tenido una discusión real de pareja de esas que le contaban las amigas que amenazaban con romper una relación. Tan solo la habían hecho daño una vez en ese aspecto pero sin haberse encarado mutuamente, ni siquiera. Normalmente con los chicos que había más o menos estado una temporada, simplemente se acababan cansando y no se lo tomaban en serio tanto ella como el otro, terminando por dejar los besuqueos y demás enlazamientos simplones y superfluos sin necesidad ni de mediar palabra, alejandose solos con el paso de unos días.

Tampoco había tenido nunca una discusión real con sus padres, que eran muy piadosos y le dejaban pasar casi todo. Igualmente, Ninette nunca había hecho algo que pudiera considerarse tan malo como para dar pie a una discusión real. Tan solo, de vez en cuando metía la pata y ellos se limitaban a regalarle una buena charla a la que ella no haría demasiado caso o a dedicarle algún comentario reprochante al respecto. Luego, se resignarían porque su hijita era así de ida y nunca sabría enfrentarse sola contra un mundo tan cruel y duro como este. Además, Ninette estaba mejor así, sin saber. Ninette no necesitaba saber esas cosas malas y duras que terminan por agriar el caracter. Ninette era una niña eterna y a todos les gustaba más así que no crecida y fuerte, autosuficiente e independiente. ¿Qué gracia tendría Ninette en el momento que ya no desprendiera esa necesidad silenciosa de protección y cuidado? ¿Quién sería Ninette sin su dulzura hasta en los momentos menos adecuados, su picardía y coquetería que traía malentendidos cuando la llevaba a cabo de manera inconsciente, sin su ingenuidad o su inocencia?

Ninette achuchó la almohada con fuerza, lanzando un gruñidito quejumbroso al aire.

De pronto, todo eran problemas.

Ya llevaba casi toda una semana evitando al jóven Law. Para una vez que se enamoraba ( porque Ninette se decía que debía estar enamorada o algo muy parecido) se veía, justo en el mejor momento y cuando mejor se sentía, entre la espada y la pared sin que supiera que hacer al respecto. Si se decantaba por ignorar la amenaza de su padre y hacía lo que más le apetecía en el mundo que era, sin duda, lanzarse a los brazos de Law y repetir la noche entera y la mañana siguiente en su casa una y otra vez, Ninette corría el riesgo de quedarse sin su padre. Y Ninette, evidentemente, quería mucho a su padre y no estaba dispuesta a abandonarlo por un muchacho después de tanto que había dado por ella. Claro que no, Ninette no podría hacer eso jamás. Ninette era una buena hija pero, a la vez, también se moría de ganas por estar con el jóven de los Trafalgar y mantener una relación o lo que diablos surgiera de todo eso. Porque Law, además, no parecía por la labor de olvidarse de ella, precisamente. Ante sus huídas claras y evidentes, Ninette se dijo que a él parecía dolerle aunque no lo mostrara demasiado bien y Law, encima, tenía pinta de ser de esos tipos que cuando están tristes se tornan enfadados y la pagan con quien no deben porque no saben estar tristes, en definitiva. Ninette temía no solo tener que cargar con la responsabilidad de su sufrimiento actual si no que, además, también con la culpa de que Law provocara problemas con quien no lo merecía por su única y clara causa. Ninette sabía que lo más razonable y conveniente era mandar a Law a paseo, acercarse a él y decirle las cosas claras para que entendiera y decidiera tirar por su camino. Ninette sabía, también, que Law podía ser muchas cosas malas pero que no iba a obligarla a nada que no quisiera, por lo que la solución al problema podria parecer clara y sencilla para otra persona

Para otra persona pero no para Ninette.

Ella no quería mandar a Law a paseo y ya no por evitar hacerle daño o algo similar. Es que, simplemente, Ninette ni quería ni era capaz de hacerlo. Ninette quería estar con Law, hablar con él y explicarle la situación. Estaba segura de que lo entendería y la escucharía, la comprendería y la abrazaría ¡Oh, cuanto quería Ninette un abrazo de Law! Lo deseaba con todas sus ganas pero eso significaría que alguien viera como charleteaban y le fueran a su padre con el cuento. Entonces, su padre dejaría de hablarla y ella no quería quedarse sin su adorado y buen papá, pero tampoco sin Law. La opción cobarde era la que estaba llevando a cabo ahora mismo, dándole largas tanto al uno como al otro y huyendo literalmente de escena en cuanto el jóven aparecía o bien ella sabía que terminaría por aparecer. Igualmente, Ninette quería mucho a su papá y no deseaba perderle bajo ningún concepto, pero estaba enfadada y él parecía tenso en su presencia desde aquel día. Y Ninette echaba de menos a su padre de siempre a pesar de que compartían techo y se veían a diario y, a la vez, echaba de menos a Law aunque le hubiera llegado a ver la cara en varias ocasiones durante esta casi semana.

¡Cuanto echaba de menos Ninette a Law! y eso que había sido tan solo una noche que la había besado por primera vez y habían hecho el amor. Había sido solo una vez y, sin embargo, a Ninette le parecía que había sido así toda la vida y que tenía que ser así para siempre hasta el fín de los tiempos. Ninette se acordaba de cada una de sus caricias, de sus manos hábiles que la hacían suspirar y de sus besos estremecedores. Echaba de menos el calor de su piel morena contra la suya y el latido de su corazón acelerándose en el momento de mayor auge y placer tanto físico como emocional. Ninette quería y deseaba con todas sus fuerzas acogerlo calido entre sus piernas otra vez, que su perilla le hiciera cosquillas en el cuello y que sus dedos y sus labios la recorrieran de pies a cabeza. Quería escuchar su voz profunda y grave hablandola suavemente y diciendo las cosas apropiadas en el momento apropiado. Deseaba su cabello limpio y oscuro. Oler su perfume otra vez que era una mezcla entre el desinfectante médico, los libros nuevos y el de hombre jóven, que la hacía deshacerse tan solo con el recuerdo. Ninette lo deseaba, lo deseaba a él entero y completo.

Su voz, su aroma, su piel, su cabello, sus caricias, sus besos...

Y, para cuando Ninette se quiso dar cuenta, se estaba comenzando a recorrer a sí misma con sus manos. Cerró los ojos bonitos y se dejó llevar porque hubo algo por dentro que le impidió detenerse, amparada por la oscuridad y el sueño de todo el pueblo. Las palmas de sus manos pequeñas atravesaron en una sola y larga caricia su cuerpo sobre la ropa, comenzando en las clavículas para terminar en el final de su vientre y volver a subir un par de veces suaves y delicadas. Hasta etérea, puede que incluso de apariencia irreal, Ninette suspiró bajo en estado de ensoñación y deseo para retorcerse un poquito sobre su colchón.

Sus dedos se aventuraron solos (y casi ni suyos parecían ya) bajo la tela de la camiseta de su pijama, subiendola despacito para acariciar su vientre. Pastaron las yemas por la piel suave y blanca con mimo, hundiéndose en su ombligo cuidadosamente y causandose a sí misma que se mordiera el labio con gusto. Tan poco suyos parecían ya que a Ninette terminó por resultarle mucho más agradable de aquella manera, comenzando a perder un tanto la conciencia de lo real para dejarse llevar por su imaginación y permitir que fueran otras manos las que estaban mimando su piel.

Sus dedos y las palmas de sus manos se transformaron, entonces, en los dedos y las palmas de las manos de Law.

Y que más daba que se estuviera acariciando en realidad a sí misma cuando, con los ojos cerrados y la mente decidida a jugar al cambio de indentidades, todo podía ser tan verdadero como a ella le diera la gana. En ese momento no eran sus manos, eran las del muchacho y ella juró que incluso podía notar su olor agradable, estremeciéndose gustosa en cuanto sus dedos subieron un poco más y arrebullaron la camiseta hasta su pecho para colarse bajo la tela de nuevo y acariciar la zona sensible con cuidado. Ninette se retorció ante el contacto agradable sobre la cama deshecha, haciendo un lío con las sábanas que resultó aumentar el agrado de la situación cuando la tela suave rozaba su piel a medida que ella se movía. Las manos que tan delicadamente estaban tratando su cuerpo pasearon por sus costados llenos de terminaciones nerviosas, que saltaron en seguida en cuanto fueron rozadas, haciendola suspirar otra vez y retorcerse un tanto. Bajaron solas, Ninette juró que estaban bajando solas y que ella no las podía controlar ni ganas tenía de hacerlo, descendiendo por la piel erizada y sensible desde su pecho para caminar cuidadosamente por su tripa que se estremeció por el contacto. Una mano llegó a la goma del pantalón de su pijama y se enroscó alrededor, bajándo un poco la tela como acto de simple agrado a la vez que servía para facilitar el acceso de forma placentera.

Y, traviesa, la otra mano se coló bajo su ropa interior antes de que la invitaran, si quiera.

Los oídos de Ninette se cerraron y sus ojos se olvidaron de que podían abrirse y ver. Entonces solo quedó la imaginación, sus manos que ya no eran suyas y el dulce aroma. Solo quedó eso y el tacto de sus dedos internándose donde sus terminaciones nerviosas más sensibles se juntaban y enredaban, en un cóctel increible que casi parecía imposible que pudiera regalar momentos semejantes. Se sintió a si misma pero en su juego no era ella misma y no estaba sola, gimiendo bajo por un instinto vago y confuso que le advirtió que podían escuchar aunque ella ahora no recordara quienes en aquel instante. Valientes y hábiles, sabedores de todo y de cuanto era necesario para conseguir su cometido, las yemas de sus dedos serpentearon hasta dar con el punto justo y más indicado para acariciar con suavidad. Ninette se arqueó un poco de nuevo y tuvo que contener un ruidito algo más fuerte de su garganta, retorciendose felina y dulce sobre la cama mientras sus dedos insistían animados en aquel mismo punto exacto. Increible era, es y sería por siempre que tan solo un poquito de su mente imaginando y aquella zona de piel humeda tan, tan pequeñita fueran suficientes para causar sensaciones como esas. Casi tuvo que dejar de respirar un instante cuando una descarga eléctrica y placentera momentánea pareció querer avisarla de lo que vendría si continuaba así el tiempo suficiente, anticipandole lo bueno y maravilloso que podría llegar a ser.

Sus dedos sabían lo que tenían que hacer aunque no fueran suyos ya, causandole suspiritos y gemidos bajos o ahogados que inundaron la habitación como prueba audible de sus sensaciones. El cuerpo se retorcía solo y arqueaba cuando creía que no podría soportar la oleada de gusto de turno que la recorría desde la punta de los pies hasta el último pelo de su cabeza, deseosa la piel que se erizaba gritando silenciosa por más.

-¿Es agradable?- Su voz profunda y grave susurró pareciendo que él se lo estaba pasando hasta mejor, sonando cercana e intensificando la sensación de que fueran sus manos y no las de Ninette las que estaban llevando a cabo semejantes maravillas.

Ninette estuvo a punto de contestar. Estuvo a punto pero no lo hizo porque, a pesar de que andaba perdida en su embrujo, la pequeñísima parte que controlaba el que pudiera ser descubierta le advirtió que esa pregunta había sonado demasiado real como para ser parte del juego.

Despertada del ensueño la muchacha detuvo sus acciones en seco y apoyó las manos sobre el colchón a la velocidad de la luz, irguiendose sentada como un resorte para mirar con expresión de pánico al lugar de donde había provenido aquella voz. En otro momento, Ninette hubiera gritado sin dudarlo pero, la sorpresa total y la situación, le atoraron la garganta irremediablemente. Casi que se olvidó hasta de respirar.

Desde su posición arrodillado en el suelo, con los brazos cruzados sobre el colchón y la barbilla acomodada encima de ellos, Law sonrió. Y este era el de verdad, no el de su cabeza y fantasía nocturna de hoy.

-Buenas noches.- Le dijo a una Ninette todavía con el corazón a mil por hora y expresión de horror, ensanchando la sonrisa sin poder evitar que sus ojos grises se mostraran totalmente hambrientos tan solo por mirarla tras semejante espectáculo.

A Ninette le costó recuperar el aliento y acertar a decir algo. Era demasiado subrrealista.

-¿Q-Qué haces aquí?- Y es que Ninette podría no ser tímida y haberle echado de menos y todas esas cosas pero, aún así, la situación era simplemente vergonzosa además de demasiado sorprendente.

-Pues he venido a verte.- Dijo Law comenzando a pasarselo realmente bien y demostrando que hasta mejor se lo había estado pasando antes, no deshaciendo su posición cruzada de brazos sobre el colchón. Ella se relajó un poco cuando empezó a cerciorarse de su presencia repentina y, la mirada hambrienta de él, se intensificó. -Y, vaya, sí que te he visto, sí.- Ninette tragó saliva un tanto apurada, analizando rápida y de reojo la vestimenta del jóven. Sin abrigo ni elementos extra que protegieran contra el frío, el jersey negro simple y los vaqueros comunes y algo viejos le indicaron que había venido tal como pululaba por su casa. Sin embargo, también le indicaron que no había podido acostarse pues ya debía ser madrugada.

-¿Cómo has entrado?- Un tanto más recuperada del susto pero todavía incapaz de creer la escenita de la que él había sido espectador repentino, la muchacha decidió que tenía que resolver sus dudas.

-He escalado por la tubería y he entrado por la ventana... - Ninette iba a decir algo, dedicando sobre la ventana antes cerrada una miradita. Ahora estaba abierta. Había andado tan absorta en su mundo y cuerpo sensible que ni siquiera había escuchado nada. - ... haciendo palanca con esto.- Dijo el jóven, llamando la atención de ella para mostrarle un pequeño elemento de hierro con forma plana pero de aspecto resistente. -¿Sabes, gorrión? He experimentado lo sencillo que es entrar en tu habitación.- Sus ojos hambrientos y grises se clavaron de nuevo sobre ella, no pudiendo evitar recorrerla veloz de arriba a abajo y que su sonrisa maliciosa se ensanchara de nuevo. -Deberías tener más cuidado. Cualquiera puede internarse aquí en plena noche, cualquiera.- Y, entonces, Ninette supo que él no iba simplemente a dejarlo pasar. -Podría entrar cualquiera y hacerte cosas muy malas, pajarito.-

-¿Por qué no has esperado a la mañana?- Ninette todavía estaba demasiado shockeada y avergonzada en gran parte como para comportarse tan dicharachera y pícara como le hubiera gustado.

-Porque me huyes.- Entonces, la mirada del jóven Law abandonó un poco su brillo hambriento para mostrarse firme, seria y puede que hasta dolida, ensombreciendo también su expresión y perdiendo la sonrisa un instante. Culpable, Ninette tragó saliva sin saber que decir. Era una situación demasiado complicada en general y en la parte de aquel mismo momento. -En realidad, venía empeñado en hablar contigo pero... - La mirada hambrienta regresó al igual que la sonrisa, haciendo que el cuerpo de Ninette se pusiera alerta y a la vez ble gritara por lanzarse a sus brazos cuanto antes. - ... entonces, me he encontrado con una escena muy bonita y no he podido evitar observar un rato.-

-¿C-Cuánto llevas aquí?- Y es que Ninette no sabía que decir ni hacer exactamente.

-Pues he llegado justo en el momento en que ella... - Dijo significativamente con la voz suave y susurrante por las horas, deshaciendo su posición un momento para señalar la mano derecha de Ninette. - ... ha decidido irse de excursión al interior de tus preciosas bragas.- Y casi lo ronroneó, no separando aquellos ojos hambrientos que comenzaban a hacerla inquietarse con una sensación extraña entre el nerviosismo y lo excitante. -Aunque ella no se ha dejado vencer y ha decidido subir y corretear por todas partes.- Señalando ahora su mano izquierda, Law no pudo evitar decirlo hasta con un dejo de broma picante, relajando el ambiente un poco más aunque comenzaba a surgir otro tipo de tensión entre ambos.

-Gato... - Contesto ella como protesta y reproche, soltando una risita de campanillas. Ahora que Ninette lo pensaba detenidamente, no podía evitar sentir un calor creciente junto con una sensación de mala y tentadora acción en cuanto recapacitaba en lo que había estado haciendo, pensando en quién y el cual, a su vez, había estado funcionando de mirón.

-Era precioso.- De repente, Law volvió a acomodar la cabeza sobre sus brazos cruzados, no deshaciendo el contacto visual en ningun momento. -Lo que he visto, digo. Era absolutamente precioso.-

-Gracias.- Y Ninette comenzó a sentirse algo más coqueta en cuanto sus ojos grises se intensificaron todavía más bajo el escaso brillo de la luna, haciendole parecer un peligroso depredador que, paciente, espera el momento idóneo para saltar encima de su presa. Su propio cuerpo andaba de traidor y funcionando por su lado, quejándose por haberse quedado a medias en su ración nocturna para, encima, tener que toparse de lleno con el objeto de su imaginación justo delante de sus narices, mirandole con aquellos ojos y de semejante manera.

-Pero no has terminado.- Ninette juraría que o podía leerla en pensamiento o Law era, simplemente, un tipo demasiado listo y observador, contemplándola atento y hambriento. -Eso es una lástima.- Adoptó una expresión de falsa pena que duró poco, escondiendo la mitad del rostro trás sus antebrazos cruzados. -Ciertamente, quería dejar que terminaras de darte el gusto y limitarme a observar. Por desgracia para los dos, la tentación era demasiado grande y he sido muy tonto, rompiendo la magia con palabras. Era tan, tan bonito... - Con los sentidos agudizados por un cuerpo preparado para sentirlo todo en aquel preciso momento, Ninette notó su aroma embriagándola y sus palabras acariciando sus oídos deliciosamente, no pudiendo evitar lamerse los labios sigilosamente en cuanto los notó mas secos de lo que deberían. Sus ojos negros viajaron un instante hasta dar con las manos de él, tan apreciadas, hábiles y un poco asperas por el ejercicio, pero que tan bien sabían lo que tenían que hacer siempre y tan elegantes le parecían.

-Me gustan tus manos.- Dijo ella, sonriendole sin poder evitarlo con miradita pícara y significativa. Ninette quería sus manos. Las suyas propias estaban bien pero como sustituto, en este caso.

-¿Si?- Law se miró las manos con fingida curiosidad, causandole una risita a ella antes de deshacer la posición cruzada de brazos para elevarlas abiertas, como luciendolas. -Si quieres, pueden ayudarte. Se mueren por ayudarte, en realidad ¿Les cumplirías ese deseo?-

Ninette no necesitó decir nada, ampliando la sonrisilla pícara tan característica mientras disfrutaba de alargar un par de segundos más de lo necesario la espera, regodeándose un poco con el evidente deseo aún sin calmar del otro. Finalmente, Ninette asintió.

-Que suerte tienen.- Dijo, subiendose al colchón sin necesidad de que se lo indicaran dos veces. En seguida llegó con facilidad hasta ella, rodeandola con sus brazos para hacerla recostarse sobre su regazo y Ninette, llegando a pensar si acaso estaría soñando debido al toparse de repente con que la figura de sus fantasías y sueños más románticos se encontraba abrazandola en aquel mismo instante en mitad de la noche, esperó con emoción y hasta ensoñación que él continuara lo que ella había empezado.

Pero no pasó nada. No tan temprano y pronto como pudiera imaginarse debido a la mirada hambrienta y las ganas con las que Law parecía haberse ofrecido a colmar su cuerpo de caricias y besos.

La miró fijamente, sin separar sus ojos grises de los negros de ella, limitandose a mantenerla contra sí mismo para acariciar su mejilla con las yemas de sus dedos. La miró y el hambre desapareció, transformandose en otra cosa que Ninette no supo identificar demasiado bien porque Law era demasiado dificil de adivinar, admirandola entre sus brazos sin atreverse ninguno de los dos todavía a decir nada.

Y, por extraño que parezca, esta vez fue él quien rompió el silencio.

-¿Sabes?- Susurró analizante, peligroso pero fascinante, consiguiendo que Ninette no pudiera evitar enmudecer entre desconcertada y admirada con su sola mirada bajo la escasa luz de la luna a través de los visillos. -El secreto de las miradas dulces consiste, en realidad, en una carencia. Es un defecto por que son capaces de brillar así, tan cálidas y adorables, debido a su falta de atención ante las malas cosas. No pueden ver los defectos y, si lo hacen, no pueden hacerlo con demasiada intensidad, por lo que los dejan pasar y los colocan en un segundo plano.- Un mechoncito del corto cabello de Ninette fue agarrado por los dedos del jóven, que lo acarició y lo dejo deslizarse suavemente entre sus yemas. -Y tú tienes la mirada más dulce de todas porque nunca has visto cosas lo suficientemente malas como para saber con certeza que existen y ocurren.- Law no solía hablar demasiado pero, cuando lo hacía, ciertamente era sorprendente y aún más fascinante. Los ojos de Ninette brillaron con mayor intensidad sin que pudiera evitarlo porque comprendía, de una forma u otra, que semejantes palabras viniendo de alguien como él consistían sin duda en descubrir un poco de si mismo, de los motivos que nunca decía y de una confesión extraña y dificil de adivinar. Dificil de adivinar como era su manera y como era él en su totalidad. -Hasta ves algo bueno en mi, estoy seguro. Por eso eres capaz de mirarme de la manera en que me estás mirando.- Y ella no supo si Law pretendía decirle que estaba totalmente equivocada o que de verdad había algo que él considerara lo suficientemente bueno como para recibir una mirada bonita, consiguiendo tan solo que ella se convenciera una vez más de que, como todo el mundo, él también tenía cosas buenas por mucho que las intentara ocultar o evitar. -Jamás consentiré que esa mirada tuya se vuelva escéptica y dolida, como la de todos los demás.- Aquella cualidad de Ninette era la que más le fascinaba y atraía. Ella tenía esos ojos dulces y graciosos mezclados con algo de picardía, pero sin un ápice de malicia posible. Ojos inocentes y crédulos, ingenuos, traviesos, esa mirada que tienen la gran mayoría de los niños y conservan muy pocos adultos. Que dulce mirada la de Ninette. Law haría todo lo posible por conservarla, por protegerla del mundo que era tan malo y tanto agriaba el caracter y cuyas consecuencias, inevitablemente, terminaban por notarse a simple vista. Los ojos son el espejo del alma, dicen, y Law estaba completamente de acuerdo con eso.

-¿Me das un beso?- Ella rompió el silencio pequeño que había poseído de nuevo el cuarto, aún recostada en su regazo y acogida por sus brazos.

-Te daré mucho más que un simple beso.- Sonrió Law, llevandola hasta si mismo para cumplir lo que ella le había pedido.

Decidió terminar lo que Ninette había comenzado aquella misma noche, antes de que él se deslizase a su habitación y durante su estancia, actuando de espectador ante lo que Law consideró como la escena más bella jamás vista por sus ojos. Nada había más bonito, más tierno ni más hermoso que ella sobre su cama, retorciendose suavecita entre ruiditos dulces de agrado con expresión de gusto y sus propias manos correteando sobre su propio cuerpo. Había sido tan bonito que Law deseó con todas sus fuerzas continuar y ver de nuevo escena semejante, resultando que sería aún mejor si ahora él era el causante de esos estremecimientos en lugar de ella solita.

Sus manos se colaron con delicadeza bajo la camiseta para acariciar la piel suave y calentita de Ninette que, en sus brazos, suspiró ensoñada entre besos y picoteos.

Todo ello en susurros, por supuesto.


-Oh, así que ¿Deseas marcharte por mar algún día temprano?- Cuestionó Ninette tirada sobre el colchón de su cuarto, en ropa interior cubierta por sus sábanas y mirando al techo con expresión perdida.

-Sí.- Se limitó Law a contestar exactamente en la misma posición y condición semidesnuda de ella, tumbado a su lado en la cama pequeña. Aún era de noche y quedaba mucho para el amanecer.

-Yo también deseaba irme.- Ninette sonó triste y hasta nostálgica, como si sus deseos por partir y emoción al ver que se cumpliría un sueño que tendría que esperar demasiado tiempo hubieran ocurrido hace años en lugar de días. -Lo deseaba con todas mis fuerzas... ¡Cuánto lo deseaba, gato! Pero la fortuna se opuso y decidió ponerse en mi contra así que, estoy aquí, sin un sueño que creí posible y que se ha deslizado entre mis dedos justo en el instante en que había conseguido agarrarlo... - Y él, para su sorpresa, se rió bajo y profundo como solía hacer. Ella le dedicó una miradita entre incredula y reprochante. -No te rías de mi desgracia. No es gracioso.-

-Por supuesto que lo es, pajarito.- Pero Law no debía estar de acuerdo con ella, estirandose perezoso antes de colocar las manos bajo su propia cabeza y continuar hablando. -Hablas como si fueras una anciana y no fueran a presentarse más oportunidades. La vida da muchas vueltas y giros, puede que sean drásticos y totalmente nuevos o pueden regresar al punto de partida, pero siguen siendo vueltas y giros, al fín y al cabo. Eres muy jóven, gorrioncillo temporalmente lisiado.- Con aquel tono didáctico y suave al que Ninette había terminado ya de acostumbrarse, Law pronunció su lección de hoy.

-Y tú hablas como si fueras mi padre y apenas eres, en realidad, dos años mayor que yo.- Dijo Ninette, tratando de ganar la partida a pesar que sabía de ante mano que no lo conseguiría. Raro era que Law no tuviera razón, se dijo.

-Pero me siento viejo a tu lado.- Contestó el muchacho, soltando de nuevo una de sus risas ahogadas y graves. -Ya te llegará el momento, gorrión. Un pájaro siempre echará a volar en cuanto vea la oportunidad. Si está enjaulado, basta con abrir la puerta un solo milimétro para que lo intente con todas sus fuerzas. Los pájaros que más cantan son los que más deseos tienen de volar, en realidad, por eso pían y pían cantándole a su preciado sueño. Y, curiosamente, tu eres un pajarillo realmente cantor. Ya te llegará el momento.- Desconcertada y sin entender demasiado bien a que venía todo aquello, Ninette se incorporó ligeramente sobre el colchón, apoyandose en uno de sus codos delgados para mirarle con curiosidad. Él correspondió el contacto visual sin moverse de su sitio, logrando que ella abriera la boca con claras intenciones de decir algo. Sin embargo, Ninette enmudeció puesto que nada se le vino a la cabeza al respecto.

En silencio, Ninette regresó a su posición anterior.

-Así que, deseas irte por mar.- Regresó ella al tema, dispuesta a descubrir más cosas del otro y a dejar de hablar siempre de si misma. -¿Te gusta el mar?-

-Me encanta.- Respondió el rápidamente, sabiendo que vendría algún tipo de curioso interrogatorio.

-Oh, ya veo, ya veo... - Ella asintió graciosamente un par de veces, dandole vueltas en su cabeza a cada respuesta una y otra vez para tratar de comprenderle un poco más. -¿Por qué, lo sabes? Quiero decir, es bonito, claro que es bonito. Es precioso y maravilloso y, además, adoro su perfume y olor a sal. Me parece precioso, una maravilla de la naturaleza pero, cuando hablas de él, no suenas como si lo contemplaras con una admiración tan simple... ¿Sabes por qué te gusta tanto?- Pero Law se encogió de hombros, no conociendo la respuesta a ciencia cierta ni teniendo ganas de ponerse a ahondar en si mismo y descubrirse.

-¿Quién sabe?- Quizá fuera su destino y hubiera estado marcado desde el principio, desde aquel día en que su madre falleció aplastada por las hélices de un barco moderno y se hundió en el mar. Quizá fuera su destino o algún tipo de trauma respecto a aquel accidente, no lo sabía. Ni lo sabía ni le interesaba demasiado saberlo. -Quizá fui sireno en otra vida.- Concluyó Law, sintiendose satisfecho cuando la escucho reír tras sus palabras.

-Law, el sireno... - Repitió Ninette como para sí misma con broma, regresando de nuevo al pequeño y curioso interrogatorio en cuanto notó que tenía muchas ganas por saber más. -¿Y cuándo piensas marcharte?-

-No lo sé.- Law solo tenía dos cosas que lo ataran a su isla natal. La primera eran los recuerdos de su madre y, la segunda, era la misma muchacha que tenía ahora mismo tumbada a su lado tras haber hecho el amor un par de veces en la noche. Los recuerdos se superan rápido y solo es preciso alejarse de ellos y guardarlos en la cabeza y el corazón. Sin embargo, en cuanto a la segunda cuestión, la única manera de solucionarlo era o abandonarla donde estaba o bien llevarsela consigo. Por desgracia, Law no estaba dispuesto a abandonarla bajo ningún concepto y aún consideraba demasiado temprano el pretender llevarsela como para que ella aceptara. Tiempo al tiempo y paciencia, se dijo Law.

-¿Vas a enrolarte en los marines o algo similar?- Cuestionó Ninette, causando sobre el muchacho otra de sus carcajadas ahogadas.

-No creo.- Law no pintaba nada con los marines. Seguramente acabaría causando más estragos que salvando vidas.

-Te echarían a la primera semana.- Dijo Ninette, riéndo ante la idea de un Law enrolado en la marina. Como respuesta, él sonrió con aquella expresión vaga y espeluznante que le ponía los pelos de punta sin necesidad, si quiera, de que la estuviera mirando a ella. Odiaba esa sonrisa. -No sonrías de esa manera, por favor, gato. Da mucho miedo y resulta desagradable. Es una sonrisa escalofriante.-

-Es la que tengo.- Se limitó él a contestar, encogiendose de hombros indiferente a la idea de las emociones que pudieran despertar algunas de sus expresiones faciales.

-¡Uy, pero que mentira!- Exclamó ella susurrante por las horas y el no querer ser descubiertos, incorporándose de nuevo levemente sobre uno de sus codos frágiles para mirarle. -No es la única que tienes, en absoluto lo es. Últimamente te he visto sonreir de muchas formas, de muchas formas que son de verdad y no dan escalofríos. Quizá no puedas tener una expresión dulce, es cierto, pero eso no significa que solo tengas semejante sonrisita. No me molesta pero... - Él la interrumpió velozmente.

-Si no te molesta ¿Por que me estás dando semejante charla?- Cuestionó Law hasta divertido, observando como ella precisaba de un par de segundos para pensar y excusarse correctamente.

-Bueno, quiero decir que no me importa demasiado... o sí me importa. Quizá si me importe pero no tanto como para, por ejemplo, no querer estar contigo o situaciones similares. Por eso digo que no me importa pero, en realidad, sí me importa, solo que de otra manera... - Que divertido era líar y poner a Ninette en apuros, que hablaba sin parar y comenzaba a utilizar esa lógica extraña que solo a ella le pertenecía. Además, así Law evitaba rápidamente que la conversación tomara un rumbo no deseado. Ninette era fácil de manipular, tan ingénua, confiada e inocente. -Me estoy liando.- Admitió ella misma, mordiendose el labio inferior para pensar y aclararse las demasiadas palabras que querían salir de su boca. -No se si me has entendido, gato, pero quiero decir que me molesta a medias. A medias, eso es.- Sonrió Ninette satisfecha, asintiendo una vez convencida y firme de sus propias palabras.

-Entonces, ¿Te enfada?- Tranquilo y dispuesto a jugar un poquito, Law cuestionó serio.

-¿Qué? ¡Oh, no, por supuesto que no me enfado! ¿Cómo iba a enfadarme con alguien por una expresión inevitable de su cara? Es absurdo. Nadie debe enfadarse por eso y, el que lo haga, es muy mezquino y egoísta.- Rápida ella pretendió contestar, terminando por perderse un poco en su discurso como solía ocurrirle.

-Pero has dicho que te molestaba.- Dijo Law, acomodándose mejor sobre el colchón dispuesto a observar el espectáculo.

-¡Ah, cierto! Pero no pretendía expresar que me enfadase contigo o algo similar, solo que me escama, o quizá me asuste o desagrade... no lo sé... - Ninette comenzó a verse pasar apuros, mordisqueandose de nuevo el labio inferior como solía ser su costumbre cuando algo la incomodaba o apuraba. -No me enfada, eso no, en absoluto me enfadaría contigo por algo similar. Es como si tu te enfadases conmigo por reír demasiado, por ejemplo ¡Sería absurdo!- Law tuvo que aguantarse una carcajada. Que graciosa era Ninette.

-Si te molesta, te enfada.- Ella abrió la boca con claras intenciones de responder algo rápido, callando pronto en cuanto comprobó que Law iba a continuar. -Molestarse es igual o muy parecido a enfadarse pero, como tú misma has dicho, no te enfada y, por lo tanto, no te molesta.- Ya está, Law había ganado de nuevo y como siempre. Satisfecho, Law sonrió relajado y volvió a acomodarse mejor en su posición sobre el colchón.

Ella permaneció en silencio buscando claramente una respuesta correcta.

Por desgracia y suerte para él, Ninette no pretendía ni gustaba de competir por ver quien se llevaba el premio por una cuestión que consideraba sin ninguna importancia, suspirando bajo la muchacha para regresar a su posición anterior en el colchón.

-¿Qué vas a hacer con tu padre?- Cuestionó Law con curiosidad seria, regresando al tema de la amenaza extraña que había llevado a cabo su progenitor y que, por fín, ella le había contado como excusa a sus fugas.

-No se me ocurre nada, todavía.- Ella se encogió de hombros con pena total, mirando al techo suspirante y perdida.

-¿Vas a echarme de tu vida y a pedirme que te deje tranquila?- Aunque el orgullo excesivo de Law le decía que eso era imposible, el muchacho no podía evitar una leve inseguridad que jamás había sentido ante la idea de que ella se decantara sin dudarlo por su padre. Ninette no podía olvidarlo sin más, era imposible ¿Verdad?

-No.- Respondió ella rapidamente hasta risueña, logrando que la inseguridad de Law respirara aliviada y desapareciera prontamente. -Pero no quiero tener que elegir. No es justo y resulta muy doloroso. Solo la idea me mata por dentro.- Ninette pronunció aquellas palabras con pena total y su teatralidad acostumbrada, llevándose las manitas a las mejillas redondas para acogerlas con resignación dolorosa.

-Yo no te estoy haciendo elegir.- Respondió Law, consiguiendo que ella le dedicara una miradita fugaz y agradecida.

-Lo sé, gato.- Ninette suspiró después de hablar, guardando ambos un pequeño silencio que, rápido, fue roto por la muchacha. -Quiero mucho a mi papá, le adoro. Le adoro y le quiero mucho pero, a la vez, me encanta estar contigo.- Y es que ese era el problema ¿Como algo tan simple y fácil de cumplir podía haberse convertido en una situación dificil y complicada? Ninette no lo sabía, pero estaba segura de que, tarde o temprano, a su papá querido se le pasaría o algo similar. El tiempo lo arregla todo junto con la suerte. Quizá debería confiar en los astros y las energías correspondientes que, invisibles, son capaces de dar el empujoncito definitivo. Tenía que buscar algún conjuro o hechizo que terminara de convencer a su padre de que nada de lo que tenían Law y ella era tan malo como parecía.

-¿Y a mi?- La voz de Law la sacó velozmente de sus pensamientos, girando la cabeza para mirarle y encontrarlo en la misma posición indiferente. -¿A mi también me quieres?- Cuestionó, logrando que ella abriera los ojos mucho durante un segundo debido a su pregunta y el tono tranquilo con el que la había pronunciado. Se suponía que esas cosas solían preguntarse con temor y confidencia, no así, sin más y como si fueran típicas y corrientes cada día. Eso era lo normal y Ninette tuvo que recordarse que Law no era un tipo muy normal.

-Si.- Con una sonrisa radiante de las suyas, Ninette respondió afirmativamente, observando como él sonreía también de manera relajada con la vista clavada en el techo.

-Bravo, eso me deja de buen humor.- Respondió Law, pareciendo del todo satisfecho con la confesión de la muchacha. Ninette iba a preguntar exactamente lo mismo que él pero, rápido, ella se dijo que la respuesta afirmativa era evidente. Nadie sigue a una persona durante toda una vida ni se juega la vida escalando hasta su cuarto sin tener ningún aprecio o interés por esa persona en cuestión. Ninette no necesitaba semejante confesión porque ya la sabía desde que tuvo uso de razón.

-Se está haciendo tarde.- Dijo de pronto la muchacha, observando atenta y admirada al jóven acostado junto a ella sobre su colchón.

-¿Quieres que me vaya?- Cuestionó él con curiosidad, pensando si acaso se volvería problemático el quedarse un rato más en aquella habitación que tan terminantemente prohibida le estaba.

-No, no quiero que te vayas todavía.- Pero Ninette le sacó de dudas, moviéndose un tanto de sobre el colchón para acercarse más a él y comenzar a acariciarle el cabello con sus dedos delgados. -Puedes quedarte a dormir, pero no hasta muy tarde. Mañana por la mañana me toca trabajar en la pastelería y mi madre siempre viene a despertarme cuando me demoro demasiado. Mi papá, a esas horas, ya está en la tienda. Es el primero en llegar y el que se encarga de abrir.- Desde que había terminado los estudios, a Ninette le hacían encargarse del mostrador más veces que las anteriores. Era un aburrimiento constante y a ella no le agradaba demasiado pero, como era el negocio familiar y se lo pedían sus queridos padres, pues Ninette no iba a negarse.

-Entonces, ¿No hay riesgo paterno para mañana?- Cuestionó Law, cerrando los ojos un segundo para disfrutar mejor de la caricia de sus dedos a través de su cabello.

-No, no hay riesgo paterno pero sí materno.- Ninettte no pudo evitar una risita de campanillas, observandole un tanto ensimismada sobre su colchón. -Aún así, tus cinco horas de sueño si puedes pegarte, gato.- Repentinamente, la muchacha abrió mucho los ojos como sorprendida, elevándose un poquito de su posición con un respingo. -¡Ah, tengo una idea!- Exclamó, sonriendo radiante como si hubiera descubierto un mundo nuevo. -Me desvelaré esta noche, leeré un poquito o algo similar y, cuando la hora sea la menos arriesgada y más indicada, te despertaré.- Ahora que Ninette lo pensaba, no tenía ningún sueño. No estaba cansada en absoluto y él necesitaba dormir mucho más que ella, convenciéndose más a si misma que al otro sobre su plan. -En cuanto te hayas escabullido por la ventana dormiré yo. Aún tendré tiempo.- Como primera respuesta, él elevó un par de cejas escépticas.

-¿Estás segura?- Y es que Law dudaba de Ninette y su capacidad para tomar responsabilidades de cualquier tipo, observando como ella asentía felizmente. -Es arriesgado y yo no soy el que podría meterse en un gran lío.- A él le importaba menos que nada que los padres de Ninette pensaran horribles cosas de él. Es más, lo único que le importaba de los padres de Ninette era eso, precisamente, que eran sus padres y a ella si le eran importantes. Le era indiferente ser descubierto mientras que el estado emocional y sentimental de ella continuara tan bien como siempre.

-¡Oh, venga, confía en mi!- Dijo ella con tonito caprichoso, chasqueando después la lengua suavemente. -No pasará nada. Además, tú necesitas dormir mucho más que yo.- En opinión de Law, Ninette se había tomado la cuestión de su insomnio crónico demasiado en serio.

-¡Qué bonito, sin duda!- Exclamó el jóven Law, dejandole claro a ella por su conocido tono de voz que estaba siendo un tanto irónico y no andaba muy de acuerdo. -Precioso, pero creo que es poco coherente y que mucho mejor sería al revés. Tú duermes y yo me quedo despierto. En realidad no tenía pensado quedarme a pasar la noche... Bueno, en realidad creía que tratarías de echarme a patadas.- En parte esto último había sido cierto pero, aún así, Law se había arriesgado a ser tratado como un perro. Prefería eso a ser ignorado por Ninette y a la incertidumbre de no saber que diablos andaba ocurriendo.

-Pero, gato ¿Cómo iba yo a echarte a patadas?- Ella pareció incluso escandalizada con la idea, preguntandose si acaso daba semejante aspecto o él pensaba que tan poco le importaba.

-Porque eres una caprichosa y, quizá, yo tan solo era uno de esos caprichitos que te dan.- Respondió Law, no sonando molesto a pesar de sus palabras.

-¡Por supuesto que no! Law, no sabía que me tuvieras tan mal considerada.- Ninette adoptó aquella expresión dulce y pedigüeña mezclada con un mohín que Law sabía tan letal e irresistible, logrando que por más que luchara en contra al final cediera a ella.

-Pero, pajarito ¿Cómo voy a tenerte mal considerada cuando hasta he escalado por tu fachada tan solo para verte, a riesgo de caerme y hacerme daño o ser humillado y rechazado por ti?- Ante sus palabras, Ninette no pudo evitarse una sonrisilla agradada y felíz, logrando que él continuara debido a su expresión dulce. -Te diré la verdad. En realidad, estaba dispuesto incluso a arrastrarme como un hambriento perro callejero en busca de migajas, mendigando un poco de tu atención.- Ninette no pudo contener un "oh" enternecido, callando ante sus palabras bonitas que le despertaban tanto orgullo como compasión. -Sin embargo, he tenido suerte y mi pajarito parecía echarme de menos en lugar de odiarme.-

-Oh, claro que te echaba de menos.- Ella ya se había derretido lo suficiente, tumbandose en el colchón bien pegadita a él para acurrucarse contra su pecho de hombre jóven. -Te echaba mucho, mucho de menos.- Susurró en estado de ensoñación, cerrando los ojos para notar mejor el calorcito de su piel morena y su aroma agradable que tanto le gustaba. Law podría parecer (o serlo, sin más) frío, manipulador, egocéntrico y malo pero, cuando lo tenía tan cerca, Ninette se dijo que su cuerpo desprendía el mismo calor que el de cualquier otro ser humano y su pulso latía por las venas bajo su piel, como en todos los demás. Solo era eso, un ser humano más. Uno un tanto especial, cierto, pero no tan raro o extraño hasta el punto de dar miedo. Era especial como lo son todos solo que, en el caso de Law, esas diferencias eran más notables y claras. Ninette lo concebía de esa manera y nada podría hacerla cambiar de opinión.

Él la acogió entre sus brazos y la dejó descansar donde estaba, terminando veloz por quedarse dormido sin que pudiera evitarlo. Despertaría pronto.

Y ella se propuso, acomodada en su pecho cálido bajo el cual latía su corazón como el ser humano que era, cumplir con la misión de mantenerse en vela tal como había asegurado.


Wiiih! Capítulo nuevo.

Aquí me salió todo un tributo a la sexualidad femenina XD Bueno, este ha sido mi capítulo más erótico hasta ahora, la verdad, y creo que ha quedado muy bonito =) igualmente, como mujer que soy pues se me hace mucho más sencillo retratar el sexo de cualquier clase desde mi perspectiva que desde la masculina. También, en mi opinión, las mujeres permiten narrar/expresar el "tema" con mayor elegancia y estilo (espero que ningún señorito oculto se sienta ofendido)... pero, claro, eso en mi opinión. Todavía no me siento lo suficientemente experimentada (como escritora, no penseis mal XD ajajaja) como para centrarme demasiado o saber llevar la perspectiva masculina al respecto de lo erótico.

Ahora, entrando en otros temas, quiero avisaros de que recientemnte estoy comenzando a familiarizarme con esta página web en cuanto a aspectos técnicos de mi perfil (ajajaja si, merezco una colleja XD) asi que si alguna vez alguien me mandó cosas menos básicas que comentarios o mensajes privados siento si no he sabido contestar o algo similar. Perdón, perdón y perdón, por si acaso ajajajaja

Un besito, espero vuestra opinión de este capítulo con más ansias que los anteriores. Es la primera vez que me meto en temas... eeh... tan sensuales y privados.

Abrazos de oso polar y muchos besos:

Maddy