Buenas Noches, en verdad espero que con tantas cosas que pasan en el mundo, todos, donde quiera que estén se encuentren con bien.
Espero que disfruten el capítulo quienes lo leen o al menos que logren sacarlos un buen rato del manicomio de nuestras mentes parloteras jaja
Muchas gracias a todos lo que se pasan. Saludos
Annanda
Capítulo 14
El espíritu del libro, Recuerda
"He visto de este mundo más de lo que cualquier otro ser podrá ver, millones de lunas, soles, estrellas y todo lo que pueda acontecer en este presente espontaneo. Sin embargo, la visión del futuro en mi mente me fue concedida como una maldición" "Los suspiros que habitan en mi corazón no son que luz y ella me alumbra como una linterna lo que vendrá" "El viento susurra su nombre en la medianoche y ella… sutil y tranquila me llama desde lo más profundo anunciando mi final" "Antes de partir dejaré escrito los horrores que acechan y aguardan ante la puerta de cada mortal, cada alma, cada minúscula partícula de vida" "cuando nuestra raza se extinga en esta dimensión, pasaremos a ser la antigüedad; un mito o algo que no existió e inesperadamente se abrirá una grieta en el tiempo donde el inicio será olvidado por todos" "Sólo seremos tu y yo"
"Recuérdalo ¡Trae el recuerdo! Porque todos serán observados y vigilados por las antiguas razas de dioses y también demonios que proceden del tiempo antes del tiempo y buscan venganza por una batalla olvidada que dio lugar en un oscuro lugar del infinito cosmos" "Los mundos han sido desgarrador en los días anteriores a la creación de los segundos hombres"
"Yo, Crystal, he visto como otros se hacen llamar dioses y caminan por el espacio, he visto a los elfos negros caminando de la mano de mi más amado; el señor de los magos" "Yo, Crystal, he visto la tierra oscura y a los crueles seres celestiales que existen más allá de este mundo"
"Yo, te envió a ti, Neptuno, mis más profundos secretos del tiempo después del tiempo"
Fragmento del libro de Crystal
…
―Yo, yo te lo suplico… He perdido el camino ―Susurro Gowasu mostrando en los ojos su desolación y ese arrasador espanto que le había dejado la reciente pesadilla.
Todavía la recordaba con claridad.
―Todo estará bien – Respondió Shin mientras quitaba las manos del anciano de sus hombros y las envolvía entre las suyas. Pero Gowas no parecía escuchar. Después y como si hubiese visto un fantasma abrió los ojos enormemente aterrado. No esperaba encontrarse con Shin; no lo había pensado, porque su desesperación tampoco le dio lugar a notar a quien le suplicaba. Cuando pensó en acudir por ayuda, lo hizo pensando en el antepasado y sus últimas palabras antes de abandonar el universo diez.
―Oh… no, no – Volvió a susurrar Gowas. Repentinamente, un sudor frío lo recorrió a gran velocidad, y la lucha por huir del planeta crecían a pasos agigantados. Tener a Shin frente a sus ojos nuevamente no hacia más que provocarle pavor, temor por que el muchachito traspasara ese delicado velo que cubría su mente y viera de una vez por todas lo que había ocultado durante tantos años y que estaba consumiéndolo lentamente. Por supuesto, que todo ello era el mal que había provocado en su aprendiz, todos los errores cometidos y, además, el preciso instante en que se le ocurrió separarlos cuando Zamasu afirmaba que Shin era lo que tanto había estado esperando… o buscando ¡Era igual!
Si Shin tenía recuerdos de ese episodio; no lo sabía, pero estaba seguro de que pronto se daría por enterado. No quería huir de ahí como un cobarde y por eso dejó en paz a su mente y se vio dispuesto a confesar todo, que Shin viera cada uno de sus recuerdos ¡lo que fuera! Con tal de que el mal se alejara de una buena vez. El deseo por salvarse a si mismo y también a su aprendiz eran más grandes que la vergüenza de verse descubierto borrando recuerdos y jugando a ser el dios de un niño que parecía ser más víctima que victimario.
Amaba a su aprendiz más que a cualquier cosa en el mundo, ni siquiera supo cuando ese amor fraternal surgió. Lo amaba, aunque rechazará su ideología; no la comprendía, o tal vez sí, pero el temor de ver su adoctrinamiento destruidos era mucho más grande que aceptar lo real. Ese amor se incrementaba al ver su consciencia y como era capaz de hacerle ver el reflejo del amor y la belleza; el reflejo de lo real en el mundo ¡Aunque sonara una locura! Por que sin esa cruel realidad no podría ver reflejo alguno, en nadie y en nada de lo que conformaba el todo.
Su forma de amar quizás era cruel y se lo reprochaba a si mismo una y otra vez. Amar a Zamasu le había hecho cometer locuras por el temor de que algún día pudiese herir a alguien o que ese alguien pudiera herirlo a el. El mundo no estaba hecho para su rebeldía y su rebeldía era delicada al igual que agresiva; una bomba de tiempo que amenazaba con explotar ¿Qué más podía hacer?
Shin todavía ante la mirada estupefacta del anciano, observaba con precisión su rostro desencajado y turbulento, notando allí esa clara invitación a que viera con sus propios ojos los pensamientos que lo ahogaban despiadadamente volviéndose cada día menos tolerantes.
La nitidez con las que el hombre se mostraban eran dignas de ser vistas.
Algo sacó al Shin del fondo de los recuerdos ajenos. En unos cortos movimientos noto como el anciano le aprisionaba la mano y rápidamente la colocaba en su pecho, para después decir casi con el corazón desbocado. ― ¡Puedes entrar aquí! Yo, Gowasu, te ofrezco la conexión que hemos guardados todos los sin-jins para que tu veas mi ser y conozca mi paso por este mundo…
El Supremo Shin, todavía con las manos en el pecho del anciano la contrajo cerrándola levemente y de una manera inconsciente. Sin embargo, su vista permaneció en el lugar, porque lo que para Gowasu sonaba como algo natural, para el; Shin, era algo que estaba confuso y aún si podía sentir como una especie de sabor familiar. En el centro donde residía el ser; Neptuno, se lo recordaba y hasta le parecía poder escuchar la dulce y afinada voz de "eso" que moraba impaciente en sus recuerdos, eso que lo trascendía todo y que le cantaba al oído algo así:
Oh Neptuno, corona de la oscuridad
Ábreme tu corazón y deja en entrar
Tu amado esta de pie bajo la luz de la Luna
Mi ángel vela por la tierra y por la vida, por ti y por este amor
Los árboles hasta el cielo cubrirán tu piel y la sombra junto con la oscuridad sanara tus heridas.
Ábreme tu corazón y déjame entrar
Yo, estoy de pie bajo la luz de la Luna
Ábreme, porque estoy embelesado por la luz que irradias en la oscuridad.
Míralos ahora, mira a los elfos danzar…
Parpadeo rápidamente, y lo hizo unas tres veces siendo en la última en donde presionó con fuerza sus ojos. Aún podía escuchar la flauta dulce sonar alegremente, todavía podía ver en los recuerdos fragmentados las coloridas panderetas siendo golpeadas por dedos finos y blancos como la nieve, los elfos girando alrededor de las enormes hogueras en el bosque debajo del árbol hyperion. Era magnífico… y el olor en su memoria sabía magnífico… pero, no había más, y allí la mirada perdía su brillo mientras esos recuerdos se veían obstruidos por el anciano con su voz quebradiza y suplicante.
― ¡Escucha! ― Dijo, y zamarreo la mano de Shin ― ¡No te pediré lo mismo! No pondré mis manos en tus centros, sólo deseo que veas en mi la verdad… estoy maldito ¡te lo ruego, yo…!
― ¡Lo veo! ― Contesto el supremo quitando su mano con brusquedad y cubriéndosela con la otra. El anciano había logrado ponerlo nervioso, de tal forma que no le cabía ninguna duda de que su llegada resultó precipitada.
― ¡No, niño! ¡No lo ves! ― Grito el anciano más aterrorizado, y después frente a los ojos de Shin y de los silenciados; Kibito y Uranai, continúo diciendo: ― ¡Mi aprendiz esta maldito y sueña como un humano! ¡Incluso yo he tenido una horrible pesadilla en la que todavía puedo escuchar su voz y como me tortura con sus mentiras! ¡Yo, he visto en sus ojos la repugnancia de su realidad y temo por ella y temo por mi aprendiz; por todo!
Los reclamos del hombre se alargaban velozmente y todo empezaba a sonar como un: Bla bla bla.
Shin, se recordó así mismo que le había dado sueños a Gowasu, sin embargo, sea cual sea aquel sueño sólo era el reflejo de su propia proyección y la forma de ver el mundo, no magia echada de sus manos y lo sabía porque recordaba su despertar con claridad. Allí, nuevamente se detenía.
En su despertar surgió lo inesperado. Los pasados se perdían y los futuros se mezclaron, quedando como única opción un presente espontáneo. Se vio perdido pero capaz de rearmar un camino y allí involuntariamente se cruzaron otros, con otros tiempos y otras líneas. Ninguna se veía segura, todas y cada una de ellas cambiaban su objetivo de igual magnitud, y entonces, producto de la espontaneidad le dio sueños a un dios creador que pudiera acercarlo a lo único que podía recordar con exactitud: Zamasu.
Y allí, la rueda se detenía otra vez, encontrándose con una segunda certeza: Ser Neptuno.
Después de ese repentino despertar, todo pereció explotar dentro en la profundidad del ser, mezclándose con la materia, llegando a su corazón y desintegrando hasta el último recuerdo de su mente. Se vio en cero, pero el despertar no parecía detenerse allí y como si alguien le hubiese guardado pequeños detalles en una caja, Wiss surgía en su memoria rogándole que no lo abandonase poco antes que decidiera caer en la tercera dimensión; el mundo de la locura y en donde ni siquiera el universo parecía comprenderse a si mismo.
Volver al mundo material y sentirse en los brazos de Kibito había resultado reconfortante, porque cuando regresó de ese pequeño instante de liberación, noto que su deficiencia era un ser inconcluso cubierto de huecos, y que su mundo había sido removido como un efecto adverso que provocó Wiss al cambiar su historia. Lo supo al ver dentro de esos pequeños recuerdos el momento en el que le confesaba a Kibito lo que haría… Todo el pasado empezaba a unirse en su memoria, incluso, cada pequeño momento que tuvo contacto con Zamasu. Y otra vez… no hubo más que vacío.
Era Daishinkan el obstáculo, pero había olvidado algo… ¿Qué había visto en ese ángel para alarmarlo de esa forma? ¡allí estaba el nudo! Lo que había olvidado junto con el objetivo que lo arrastraba hacia Zamasu.
De vuelta a la realidad, Shin pudo notar como su corazón latía violentamente a causa del temor de verse frente a lo espontáneo. ―Oh…― dejó escapar angustiosamente.
Sentir la pérdida como Shin había resultado doloroso y se había transformado en un caos durante años que lo llevaron a vivir en oscuridad, pero sentir la pérdida de si mismo le resultó aterrador; feroz e inquietante. Y sea quien sea que lo haya provocado tenía que ser un desalmado…
Shin temblaba entre los lejanos gritos del anciano suplicando ayuda, no obstante, los gritos de si mismo eran más fuertes al reclamarle su pasado. No necesitaba los recuerdos de Wiss rogando que no lo abandonara, tampoco los recuerdos donde cuidaba de los pequeños Ángeles. Lo que pedía a gritos sangrantes era su comienzo, el inicio, porque allí residía el motivo de su movimiento en la tercera dimensión… no sólo los suyos, el de todos.
―Ho, Hon…― balbuceo un poco perdido al recordar al ángel Hon ―Hildor… Hyperion. Oh Kibito, santo cielos…
"El espíritu del libro, recuerda" escucho entonces filosamente dentro de su cabeza y tapó sus oídos inútilmente.
"El espíritu del libro, recuerda"
"El espíritu del libro, recuerda"
Y continúo escuchándolo repetidas veces
― ¡Kibito! ― Repitió Shin, y sus rodillas se arrastraron los pocos centímetros donde estaba el hombre. Después, sin dudarlo Kibito lo aprisiono entre sus brazos, no sin antes notar los ojos atemorizados de su superior. No era una buena señal.
La satisfacción y todo lo que sintió minutos atrás al ver encaminado al supremo del este; ellos se esfumaban por el sonoro timbre lastimoso que empezaba a escuchar, y más se esfumaba al sentir el contacto de Shin en su pecho. Otra vez… como una figurita repetida, Shin… o Neptuno perdía nuevamente. Pero ahora la rabia era más intensa al notar que el mismo Neptuno era quien estaba incompleto por las fauces de todos esos que alguna vez se metieron en su camino. ¿Por qué demonios no podían dejar todo como estaba?
― ¿Qué, que sucede? ― Pregunto Gowas con aparente preocupación. Aun conservaba ese estado deplorable. Ver el temor en Shin le hizo abrir los ojos un momento, y entonces recordó las palabras del antepasado cuando dijo "No sólo Zamasu esta pidiendo auxilio, también lo pide el supremo del Éste" ―Oh niño, lo siento― Expresó con su cara más culpable, y si era así, a los ojos de Kibito ese viejo no tenía perdón. Tal vez ahora tenía un enemigo más… ―Yo… yo quería hacerte daño…
El asistente escucho claramente, claro que si… y pronto una mirada amenazante viajó en dirección a Gowasu con el único fin de que cerraba la boca, puesto que, no necesitaba decir lo que era tan obvio. Quería silencio, y quería poder llegar hasta ese punto importante donde Shin despertó con más claridad, o tal vez no. ―Escucha…― Le susurro ―No sé qué sucede, pero todo estará bien. No, no tienes que esforzarte por recordar algo ahora…
―No lo entiendes―Contesto el Supremo ―Olvide lo más importante… no se que estoy haciendo aquí…
―No, no ¡espera! ― Interrumpió Kibito en un nuevo susurro ―Estas aquí por Zamasu, tu lo dijiste… ¿No tienes que encontrar a Zamasu? Pues… ¡El esta cerca y el viejo es el puente para llegar a el!
―No Kibito…― Contesto Shin, y cerró sus ojos con fuerza en un intento por recordar. Buscaba desesperadamente los verdaderos hilos de la memoria.
― ¡Lo siento! ― Grito Gowas nuevamente ―No sabía que causaría tanto daño ¡No lo sabía! ¿Qué sucede, quien eres?
Kibito volvió la vista con ojos coléricos hacia Gowasu y grito: ― ¡Haga silencio de una vez! ¡si quiere sentir menos culpa entonces sepa que no es el único responsable! ¡Ya estoy cansado de tantas estupideces y de tantas mentiras, este mundo es una maldita desgracia y nadie merece ser lavado, ni siquiera usted! ― después de dichas palabras sus brazos terminaron por tomar a Shin y decidido se encaminó rumbo al templo, lejos de ese loquero. Por supuesto que el Supremo no opuso resistencia y quizás porque sabía que la llegada del hombre había resultado muy precipitada.
―Lo siento. Creo que cometí un error― Murmuró Shin, y la respuesta de Kibito llegó fugazmente todavía luciendo irritado ―No, no eres tu quien comete errores. Es este mundo y su gente la que debería ahogarse en sus propias miserias. Todos son unos malditos bastardos.
No muy lejos aún, Gowasu se había quedado atónito. La respuesta del asistente era lo de menos en cuanto a cortesía o respeto por ser un dios creador, porque lo realmente preocupante era sentirse y verse sin esperanza alguna que pudiera rescatarlo. Por otro lado, la anciana que no había movido un ápice, ahora parecía dispuesta a dejarse notar frente al anciano.
Con su garganta hizo un pequeño ruidillo llamando la atención del anciano Gowas, y rápido la, vista del hombre viajó a ella notando su presencia y su fiel bola de cristal a un lado que daba la impresión de ser una mascota. Pocos segundos después la mujer hablo: ―Me alegro que finalmente haya notado mi presencia señor.
― ¿Quién, quien es usted? ― Pregunto el hombre asombrado, asombrado de ver una humana en el planeta sagrado. ¿Qué dios mantenía amistad con un humano? Y eso es lo que precisamente pensó. Noto, que no era un humano normal, esta traía un traje negro y un largo sombrero de pico ¡Era una bruja!
―Soy lo que ve mi señor, una humana, pero eso no importa ahora. Lo que importa es lo que usted hará al salir de este planeta…
― ¿Qué? ― Interrumpió extrañado. ― ¿De qué está hablando?
―De lo que mi bola de cristal dice, supremo. Debe ser paciente, pero veo en usted el deseo de darle fin a lo que provocó. Las intenciones están marcadas en sus ojos y brillan como el ardiente fuego de una hoguera, pero créame, no saldrá nada bueno de la visita de esa mujer.
― ¡¿Qué, pero ¡¿cómo es posible?!― Soltó el viejo alarmado. Una bruja que pudiera adivinar del futuro de un dios, era alarmante. Lo era para él.
―La adivinación es algo que me susurran los hijos de la oscuridad ¿escucho hablar de ellos? Los portales de otra dimensión están conectados con este mundo y confieso que cuando empecé a recibir sus mensajes estaba aterrada ¡Yo era una bruja mentirosa! No podía adivinar ¡Nada de eso! Y supongo que los hijos de la oscuridad me escucharon y se ofendiendo o vaya a saber que cosa. Lo cierto es que usted no debe ir en busca de esa mujer, vuelva a su planeta con su aprendiz y olvide cualquier tonta idea. No encontrará a esa mujer… y pondrá a ese jovencito en aprietos más grandes…
―No, usted no sabe lo que sucede con mi aprendiz. Usted no conoce a Zamasu…
La anciana, no se hizo esperar y con una sonrisa leve, contestó: ―Mi señor, usted tampoco sabe nada del aprendiz…
― ¡Es mi aprendiz! ― Interrumpió Gowas molestándose un poco
― Lo es, pero no es de su propiedad. Y no intenté controlarlo ni cambiarlo, cometerá otro error y lo entorpecerá. Amelo tal cual es, demuéstrele que puede aceptarlo sin la necesidad de cambiarlo, si quiere llegar al corazón de un muchachito confundido no podrá hacerlo a base de golpes y represiones, tampoco llegará con la magia oscura de una bruja. Es un camino difícil, señor y usted puede ser paciente y esperar o bien esparcir los vidrios en el camino, usted decide…
― ¡pero! ¿y que pasará conmigo? Estoy enloqueciendo…
―La locura consciente es el primer paso hacia su libertad. Dejé a su mente en paz y vuelva a ese lugar donde no quiere estar. Allí donde una parte de usted ve una puerta cerrada que esta abierta. Las respuestas están frente a sus ojos, no le tema a eso que usted sabe; que recuerda y que intenta ocultar. No le tema al aprendiz, sus sueños no son el mal, el mal es la mente enferma de humanidad y no podría ver el mundo claramente si no estuviera enferma de ella… ¿No lo cree? Pues, la enfermedad nos acerca al punto máximo de nuestra existencia, y la muerte se arrastra lentamente queriendo acariciar sus pies. Debe dejar que su aprendiz comprenda esos sentimientos y usted debe comprender los suyos. El mejor modo de hacerlo es volver en el tiempo e intentar recordar cuando empezó a darse cuenta por primera vez de su verdad, ya que cuando "eso" surgió sólo existía la pureza absoluta en todo su esplendor. Ahora, si me disculpa― Dijo Uranai e hizo una pequeña reverencia con su cabeza dispuesta a retirarse.
El Supremo Gowasu, perplejo aún con las palabras de la mujer, reaccionó a gran velocidad, y en unos dos saltos logró tomar su brazo diciendo: ― ¡No, por favor, esperé no me dejé sólo!
―Créame señor, estamos solos, aún cuando estemos rodeados de gente, estamos solos y eso lo sabe muy bien el que reside en usted, aunque su mente no quiera aceptarlo y rechace la idea porque la soledad le resulte aterradora. Pero, si quiere una salida justa debe indagar en usted. No busque las respuestas afuera, todas ellas son conceptos bandos en puros conocimientos materiales que le servirán para enriquecer, o bien para estropear su mente, pero no le servirán para conocer la verdad, y quien le diga que es así pues lo siento por ellos porque estarán perdidos en un ciclo sin final, una y otra vez, hasta que lo comprendan. Y tenga algo presente "Todo aquello que no pueda evolucionar conscientemente, se degenera" Ser consciente señor, no es saber lo que esta haciendo; bueno o malo, ser consciente es mirar hacia adentro y luchar con los demonios de su propio corazón. Dejé que la mitad oscura de su aprendiz luché por si misma a través de la experiencia del amor, justo lo que necesita este mundo...― después de las últimas palabras, la anciana sonrió levemente y con una extrema sinceridad. Seguramente, aquello era lo único que necesitaba el anciano del universo diez para ver al menos un poco de esperanza.
―Lo entiendo, pero, yo necesito que Zamasu vea al supremo del este…
―Eso pasará, y será muy pronto. Pero dejé que ello suene más a un momento casual. Mientras tanto, puede conversar con su aprendiz y contarle algo de usted. Supongo que luego y en una tarde soleada de té ambos shin―jins se encontrarán…
― ¿Y cuándo será eso? ― Pregunto Gowas.
―Bueno, no lo se exactamente. Tengo mis limitaciones, pero le dije que será pronto.
―Oh… de, de acuerdo― Respondió el anciano. Lo hizo con un gesto cabizbajo, pero, por otro lado, las palabras de la bruja eran mejor que nada.
Sin duda, para Gowasu lo dicho por la pequeña humana había sonado entre lo inquietante y lo tranquilizador. No sabía por cuál decidirse exactamente. Tenía claro que las palabras de esta bruja eran mucho ¡y mil veces más reconfortantes que las de Towa! Y entonces fugazmente pensó que si iba con la bruja demonio probablemente hubiese recibido insultos, maltratos estúpidos y no faltarían más hechizos oscuros…
―Con su permiso― Dijo la mujer dando la espalda y encaminándose al templo nuevamente.
Gowasu, rápido salió de sus pensamientos y respondió convencido. ― ¡Volveré por usted! ―
―Siempre será un placer Supremo Gowasu.
…
El pozo de Konton
A 25 dimensiones, por allí arriba del multiverso. Los cinco gigantes pilares que rodeaban el palacio principal de Elysium, tenía sus enormes aros de oro resplandecientes y desde sus centros se expandía una celestial y reconfortante luz. El pozo donde fue creado el castillo estaba iluminado, y la vista que ofrecían las cascadas a sus alrededores lo hacían un paisaje digo de admirar.
Konton, era el nombre oficial que Neptuno le había puesto a ese pequeño rincón del sur, sin duda, un lugar paradisiaco; escondido y muy alejado de los increíbles bosques, altares y aldeas que moraban en Elysium.
En ese rincón, inundando de gracia y amor, Neptuno encontró a Daishinkan. Un niño de pequeños pies y de dulce mirada rosada que era protegido por las enormes bestias llamadas Mantus; extrañas criaturas con inflados torsos, piernas medianamente cortas y brazos largos que casi tocaban el suelo, sus cuerpos eran negros como la noche en los bosques de Elysium, sus caras eran parecidas a las de un toro y en su cabeza tenían gigantescos y plateados cuernos que servían para protegerse de otras especies.
Lo importante de los Mantus, es que poseían inteligencia y el nombre de "bestias" lo tenían solo por su apariencia física, porque a pesar de cómo se veían, tenían una capacidad increíble para amar y proteger. No se supo porque o que hizo a los Mantus cruzar el largo rio "waterfall" que dividía a Elysum en dos. Lo cierto, es que la manada completa; veintiún mil Mantus llegaron con el único objetivo de cuidar al pequeño y solitario Daishinkan. El pobre niñito parecía abandonado, desnudo y en un pequeño rincón en los pozos de Konton cuando todavía no despegaba sus ojos y conocía la luz celestial. Lo hizo, pero eso es parte de otra historia futura.
El palacio iluminado por los cinco pilares no estaba solitario. Dentro, pasando por el largo pasillo blanco y salpicado con pequeños fragmentos de material celeste, y llegando a la sala adornada con detalles florales en sus paredes, se situaba el trono mayor, el asiento que Daishinkan ocupaba un poco más de mil años; cuando podía y cada que podía.
A simple vista, ese trono no tenía ni la apariencia de ser propiedad de un ángel. Era extraño para pertenecer a Elysium; su forma era lo más parecido al lomo de un dragón, en sus costados se extendían dos largas y anchas alas que ocupaban ambos lados de la sala, el respaldo; una alta cola maciza que casi tocaba el techo, el cuello del extraordinario animal descansaba pacíficamente en la alfombra negra que cubría el mármol del suelo.
Definitivamente, el trono no era propiedad de Daishinkan, y lo odiaba, pero no podía evitar apoyar su culo en él. Llevaba millones de años y Neptuno jamás lo había utilizado, solo afirmaba y repetía como un papagayo que era la creación de lo que una vez imagino tener en Elysium.
Podría jurar, que, si no fuera porque el dragón estaba compuesto por infinidad de materiales existentes del universo, diría que estaba vivo, los ojos de aquella bestia brillaban intensamente y parecían tan vivos como los suyos. ¡pero solo es una figura! Pensaba Daishinkan cada vez que se sumergía en la mirada del dragón, y entonces otro pensamiento surgía y su ira crecía mas, porque ese oscuro trono, hecho por las manos de Neptuno no eran más que la figura similar del misterioso dragón Zarama que una vez vio salir de las enormes esferas del dragón. Y lo más penoso; para el claro, es que lo había notado no hace mucho tiempo atrás.
Odiaba a Neptuno.
El multiverso era monstruosamente gigante como para que descubriese la existencia de las esferas del dragón, y si no fuera por el torneo de los hermanos destructores nunca hubiese visto a ese dragón con los ojos redondos con los que lo vio al tiempo que recordaba el dichoso trono.
Lo más asquerosamente curioso era en donde existían, estas se repartían en el universo seis y siete. Ni siquiera sus hijos parecían conocer sobre ellas, pero de todas formas eso no tenía relevancia, porque notar que una vez más Neptuno tenía que ver con la tercera dimensión lo hacía odiarlo un poco más…
Así como el rincón llevaba el nombre de Konton, dentro del palacio y en la misma habitación, el centro era ocupado por el gran God's Eye; el ojo de dioses; otro nombre impuesto por Neptuno. Aquí, Neptuno no solo veía todo, y cuando digo todo es TODO, pronto descubrió que si aprendía a utilizar ese misterioso circulo energético que despedía pequeños rayos de luz azul intenso, podía visualizar lo que quisiera. Claro que, no lo había logrado… porque Neptuno era malditamente diabólico para la magia y también lo odiaba por eso, pero odiarlo no lo ayudaría a ver atreves de él y en cambio solo alcanzaba a ver lo que su mente material alcanzaba a procesar… eso para Daishinkan no tenía respuestas, pues, siendo él; un ángel, las cosas no deberían ser así.
De todas formas y por fortuna poder ver al aprendiz de dios del universo diez era todo lo que necesitaba por el momento. El sacerdote podría explicarlo mejor, pero de todas formas… era algo así. No había dios, o aprendiz de dios que odiara tanto a la humanidad como lo hacía el joven Zamasu. En el fondo veía una sutil conexión, él también los odiaba, como odiaba a Zeno Sama, y como odiaba todo lo que existe en la tercera dimensión.
No era correcto que un ángel sea mal visto por pesar en una posible destrucción, pero después de ver y conocer al objeto de deseo de Neptuno y pesar de no saber qué diablos quería con él, le resulto interesante utilizarlo.
No mucho después de que esbozara su macabra sonrisa, las puertas de la sala principal se abrieron de par en par e instantáneamente uno de los ángeles protectores hacia acto de presencia frente a la boca curvada de Daishinkan.
—Mmmja…— Dejó escapar el ángel Korn, quien residía en el universo ocho. Al cabo del comentario acompañado de una burlona risita continuo. – Tal parece que… tu hijo marica lo hizo…
Daishinkan, con la vista en la figura de Korn contesto: ― ¿Qué es lo que quieres? ¿Por qué no estás haciendo tu trabajo?
― ¡Lo hago! ― Respondió alegre ― Observaba a tu hijo y sus ganas de fornicarse a Neptuno en ese envase de Shin-jin. Sin embargo, no lo hizo y entonces ¡Boom! Neptuno despertó.
―Lo sé, pero no es su culpa que haya despertado― Contesto Daishinkan ― El desgraciado lo hizo porque su objetivo se estaba deteriorando y seguramente lo noto. Pero eso ya no importa…
― ¿Estás seguro? ―Interrumpió el ángel más joven ― Ya no podrás verlo, ni escucharlo y no podrás saber cuáles son esos objetivos que desembocan en el aprendiz. ¡Tú bruja! Esa con la que hiciste el trato; no has recibido noticias de ella. Y si me preguntas que es lo que hará Neptuno ahora que despertó… bueno, supongo que sus intenciones no son venir aquí y enfrentarte, claro que no. Tu no le interesas…
― Eso ya lo sé…― Contesto Daishinkan, y nuevamente fue interrumpido.
―Creo que tu temor fue innecesario en verdad y también creo que subestimas mucho nuestro poder ¿Qué tan fuerte es Neptuno? por lo que veo apenas puede defenderse en ese pequeño cuerpo haciéndole frente a un humano promedio… En verdad creo que exageras o es que…
― ¿Qué? ― Pregunto el sacerdote sonando amenazante
―Bueno…― Dijo sonriente ―O es que ¿Acaso no quieres deshacerte de él?
― ¿De qué estás hablando? ― Pregunto Daishinkan algo confuso.
― Digo que en verdad no deseas hacerle daño. Cuidó de ti y… ― no pudo continuar...
La cara de Daishinkan se transformó, de tal forma que impulsivamente se levantó del trono para responder con un grito y a todo pulmón: ― ¡El, nos tiene prisioneros! ¡He pasado millones de años a lado de ese caprichoso muñeco colorido que no hace más que destruir todo! ¡¿De qué demonios me estás hablando Korn?! ¡lo único que hace ese maldito de Zeno Sama es explotar y crear universos, pero las leyes de la vida las controla algo más alto y profundo! ¿Por qué demonios, si tengo el poder suficiente para valerme por mi mismo, tengo que custodiar a ese maldito muñeco parlante? ¿Tienes idea porque, la tienes?
―No― Respondió Korn rotundamente. Así, Daishinkan continuo: ― ¡porque Neptuno es la maldita creación! ¡abre los ojos y mira a su alrededor ahora, todo tiene que ver con el, eligió el cuerpo de un shin―Jin para continuar creando y lo único que hizo es mantenernos prisioneros en esta maldición mientras el pasea libremente por ese mundo! ¡No seas tan estúpido como tú hermano, que muerto por los deseos de estar a su lado es capaz de traicionar a su propia familia!
―Deshazte de él― Dijo Korn casi interrumpiendo. ―No se detendrá, no lo hará y no puedes darte el lujo de tenerlo del lado de Neptuno…― Hizo una pausa. Sobre todo, para observar dentro del ojo lo que su padre había olvidado por renegar; al aprendiz. ―Pobre niño… ¿Qué culpa tiene de existir…?
―continúa…― Soltó Daishinkan haciendo referencia, claro estaba, a la oración anterior.
―Wiss es tu hijo, pero no has sido tu quien lo eligió ¿no es así? ― Dijo Korn. El sacerdote, ni inmutado espero; con los ojos bien abiertos y perplejos sobre la figura de su hijo, a que este hablará. Al ángel, le gustaba el misterio, no obstante, finalmente hablo. ―Es extraño padre, que viniendo de ti no lo hayas notado. Hasta ahora Neptuno siempre ha estado un paso adelante y estoy seguro que Wiss no es solamente su elegido como tú lo cuentas. Wiss es, el arma a la que tu tanto le temes…
―Yo, le di la vida a Wiss, yo sé hasta dónde puede llegar. Neptuno no tiene armas…
―Neptuno, ha demostrado jugar contigo magníficamente padre ¿Por qué no traer a Elysium un ángel con un poder proporcional al tuyo…? ― Contesto. A simple vista, parecía que se le dibujaba una sonrisa. Vaya a saber con que finalidad; si por burla, porque le había encontrado el chiste o, simplemente por admiración a las jugadas de Neptuno. En el fondo lo admiraba.
Daishinkan guardó silencio, aún manteniendo la mirada en los ojos de su hijo. Como producto de un fuego ardiente que recorría cada una de sus venas, arterias, vénulas y capilares, tuvo el ligero pensamiento de callar a su hijo así tuviera que arrancarle la cabeza, pero reconocía; todavía asombrado que Korn le había mostrado una posible jugada de Neptuno. Si era cierto, entonces Neptuno era un desgraciado, y lo pensaba con total libertad…
―Si quieres ganarle a Neptuno, deshazte de Wiss― Repitió el joven ángel, al finalizar, le dio una última mirada al ojo de dios para observar al aprendiz. Después dijo: ― Y ten cuidado, Neptuno jamás elige al azar. Antes de acabar con ese pobre niño descubre que quiere con el, si lo eliminas antes de tiempo no sabes lo que pueda suceder. Se cauteloso padre… estas muy nervioso y no te sienta bien. Quien sabe… puedes perder de vista algún detalle― Y al finalizar volvió a sonreír. Esa sonría era la típica que se dibujaba en el ángel del universo siete; alegre y feliz.
La visita del ángel, parecía haber concluido. Fue corta, y todo indicaba que sólo había llegado para fregarle en la cara al sacerdote lo ocurrido. O tal vez, escuchar su punto de vista al notar ese fascinante despertar que ni el mismísimo todo en su vida podría contemplar con la belleza de los ojos de un ángel. Claro, Zeno Sama no entendía nada en absoluto y tampoco perdía el tiempo observando la maravillosa creación… El lo sabía, y también lo odiaba, aunque en silencio; como su padre.
―Espera― Dijo Daishinkan al notar que la pronta ida de Korn. El ángel que ni siquiera se había movido volcó la atención en el sacerdote rápidamente y escucho: ― ¿Qué crees que sucederá ahora que despertó?
― Ya te lo dije, no te hará daño por que tu no le importas… por ahora, claro. Además, eres el sacerdote ¿Por qué me haces ese tipo de pregunta?
―Porque intentó pensar con claridad imbécil. Estoy intentando mantener la calma porque no se qué sucederá. De lo único que estoy seguro es que Neptuno despertó en ese inútil cuerpo que sólo le sirve para mantenerse en ese mundo. Pienso que por más que haya despertado todavía no tiene las de ganar, y yo no estaba tan equivocado cuando alguna vez se me ocurrió que debía dejar que lo haga.
―En eso tienes razón ― Respondió Korn rápidamente ― Y hasta creo que lo arruinaste un poco, no lo sé… tengo ese ligero presentimiento.
―Eso me agrada…― Respondió Daishinkan con una sonrisa, pero rápido fue interrumpido por el ángel menor.
―Sin embargo. Tú no tienes idea de lo que planeaba y mucho menos de lo que planea; Neptuno es muy cambiante e insisto que Wiss es el arma a la que tu tanto le temes ¿Todavía no lo ves? Su principal objetivo jamás fue despertar y de ser así no se hubiese tomado las molestias de caer en ese mundo totalmente dormido, sin una gota de recuerdo, pero eligió ser un Shin-jin, oler como un Shin-jin; que sutil, caminar y sentir de igual manera. Neptuno se fue de aquí sabiendo que jugaría contigo…
― De que estas hablado…― Balbuceo Daishinkan un poco confundido.
―Estoy diciendo que Neptuno sabia que tu ibas a impedir que logre sus objetivos, y bajo su manga guardo el arma mas poderosa y la única capaz de despertarlo en el caso de que algo saliera mal… Creo que, no debiste confiar en sus palabras… y creo que no debiste poner los ojos en ese aprendiz como primer objetivo― Todavía se dio el lujo de sonreír un poco más si era posible, pero ahí no terminaba su jolgorio y como último comentario soltó: ―Creo que yo debería estar sentado en ese trono…
Con un festivo regocijo, o vaya a saber qué cosa, el ángel del octavo universo ahora si volteaba triunfal a la salida. Por supuesto que, el sacerdote estaba pasmado, y quedó sumergido allí con la leve sensación de terminar hundido en un profundo abismo, quizás también con la sensación de encontrarse más perdido que el mismo Neptuno. El vahído alcanzó los siete segundos y antes de que Korn cruzará el umbral de la puerta, el sacerdote grito entre lamentoso y furiosamente.
― ¡Maldición, maldición! ¡Maldito Neptuno!
…
Un nuevo trato
El demonio llevaba parado frente al cochino cubículo de gruesos barrotes, alrededor de una hora. El silencio no era su mejor amigo así que como pudo se las ingenio para decir cuanta pavada se le cruzará por cabeza sólo para molestar y despreciar a quien tal vez más odiaba en el mundo; su hermana.
Su sueño era que la mujer tuviera los inmensos deseos de ahorcarlo y que no pudiera hacerlo porque la prisión se lo impedía. Nada eso paso, y al parecer ese mugriento lugar la traía deprimida.
―Oye…― Susurro el demonio rosa acercándose apenas unos centímetros a la celda ― ¿Estas frustrada? ― Y esta vez sonrió, como tantas veces. Lo hacía ampliamente, y es que, disfrutaba de forma asquerosa que la joven estuviera ahí, tras las rejas. Rejas estúpidas con estúpidos barrotes hechos del mejor metal del universo; el más duro, el irrompible y que además y para crearle dramatismo, estaba totalmente sumergido en la nigromancia del anciano Mechikabura.
El viejo, era viejo, y no por ser viejo había que subestimarlo. Allí Dabura era astuto, silencioso y cuidadoso con el arcaico hechicero que alguna vez en la historia tuvo la fatal idea de tomar el control de Toki-Toki y cambiar la historia, ser el Rey que controla el tiempo, el universo y bla bla bla, siempre la misma historia. De tanto escuchar la cantaleta hasta había perdido las ganas de ser parte de ese plan, ocupar algún lugar o destrozar algo. Lo que fuera que haya soñado hacer en el pasado ya no tenía la misma fuerza de deseo en el presente.
Afortunadamente Mechikabura no estaba para leer sus pensamientos, o de otra forma estaría compartiendo el sucio cubículo con su hermana, o tal vez peor, lo haría pedazos hasta convertirlo en polvo y enviarlo otra vez al cochino paraíso cubierto de hierbas frescas y coloridas plantas silvestres. Recordar eso le dio asco, y recordar venía a causa de que la mujercita ni siquiera dejaba escapar un quejido.
―Ah… hermanita. A pesar de mis hirientes comentarios no eres capaz de despegarte de ese rincón― Dijo Dabura. Efectivamente, así estaba Towa, en el rincón más alejado de la celda y escondiendo la cabeza entre sus piernas.
"pobrecilla" pensaba Dabura muy de vez en cuando, aunque ese pensamiento era burlón y para nada considerado.
― ¿Quieres saber algo? ― Soltó Dabura evitando el silencio, como lo había estado haciendo desde hacía un buen rato. – Eres muy inteligente. Tienes talento y eres una gran hechicera. Pero también fuiste muy estúpida, demasiado estúpida diría yo como para creer que tu abuelo aceptaría tus tratos con un sacerdote. Hacer tratos con uno de sus hijos es un juego de niñas, pero hacerlo con un sacerdote… ¿En que estabas pensando, niña tonta?
Para Towa, las palabras salidas de esa boca habían sonado como un cacareo, y algo que no tenía verdadera importancia; como todo lo que había estado diciendo. Si había algo que esperaba del Rey demonio era el caustico Juicio que volcaría sobre ella. Sin embargo, aquello último que Dabura pronunció y que había llegado a sus oídos como un grito lejano era lo que quedó rondando en su cabeza.
¿En que estaba pensando? ¡Ella lo sabía! Y las palabras del sacerdote sonaron tentadoras; seductoras sin duda, y bastaron veinte segundos para que se convenciera de que así obtendría lo que deseaba. ¿Qué deseaba? Y eso también era digno de pensar y analizar, no obstante, lo hacía con menos frecuencia y menos importancia también.
―De acuerdo― Soltó Dabura. Cansado de hablar más consigo mismo ―Creo que disfrutas muy bien de tu soledad…
―Tu…― Murmuró Towa con la cabeza entre las piernas. Después la levantó para mirar a los ojos de Dabura y continuo: Tu cometes un error, y no eres más que un perro faldero detrás del culo de su dueño…
― ¡Ha! ― Interrumpió Dabura con una sonrisa mordaz – Al menos no voy a pudrirme entre estas rejas, querida. En ocasiones tienes que ser más astuto y no morder la mano que te da de comer, en este caso; tu abuelo. ¡El gran hechicero oscuro! ¡El que hizo temblar el planeta Kai-shin más de una vez, el que puso en peligro a los guardianes del tiempo y que, por supuesto aniquiló a su mayoría, ¡Y tu maestro! Claro. Has cambiado los lujos, la magia y todo tu poder por esta hedionda celda que hace una combinación perfecta con tu cara sucia y esos harapos que te cubren las tetas…
―Vas a tragarte una por una las palabras― Replicó la mujer conservando una inusual calma, para nada propia de ella – Cuando te encuentres preso de todas las ilusiones de este mundo y veas que nada es como crees entonces… tu perderás la cabeza. Tu abuelo; perderá la cabeza y desgarraran el corazón de su libertad…
Si no conociera a Towa, Dabura echaría a reír a carcajadas. Más, las palabras tenían su peso y su nombre; con el que era reconocida en el mundo de los demonios "La gran sacerdotisa oscura" no lo llevaba porque le quedará bonito. El demonio apretó los dientes junto con sus manos y pronto, se vio en ese sutil juego de adivinanzas. ― ¿Qué demonios sabes bruja odiosa? ― Pregunto entre dientes, conteniendo la rabia que le provocaba esa guarra sonrisa burlona; una vez más. ― ¡Dime qué demonios sabes! – Grito esta vez, y la mujer entró a reír ancho y largo dejándose escuchar por toda la celda, el pasillo y si era posible la salida del maldito lugar.
― ¡Oh, ajaja! ¿No es divertido ahora? ¿verdad? ― Dicho esto, parte del sueño de Dabura se hacía realidad, y Towa ya estaba caminando meneando las sensuales caderas hasta los gruesos barrotes, pero no para insultar al demonio rosa y querer ahorcarlo, más bien, para burlarse mejor ―Tu y ese viejo abuelo al que tanto le guardas respeto cometerán errores irreparables. Su mundo y el tuyo se verán cruelmente pisoteados. Todo lo que ves en este mundo desaparecerá y ni tu ni nadie formarán parte de esta existencia, lo que te mantiene en este mundo vagara por el omniverso en soledad y de ti no conocerás ni tu esencia. El todo desaparecerá y la nada reinará. Dudo mucho que tengas la capacidad de entender el absolutismo de esas palabras, pero lo fascinante; lo verdaderamente fascinante aquí, es que segundos antes de partir de este mundo pensarás "Oh, que terrible error ¿En que estaba pensando cuando seguí los pasos del abuelo y no hice tratos con el ángel?"
― ¡Maldita bruja! ― Vocifero Dabura acercándose a la celda, estirando su mano e intentado tomar el cuello de Towa. Esta retrocedió velozmente. Después, el demonio continúo gritando –¿De que demonios estas hablando? ¡Eres tu la que hizo un trato con el ángel ¡Tu eres la que cometió un error y tu serás la que se pudra aquí!
―Por supuesto que no. De todas formas, yo viviré…― Contesto sonriente.
― ¡Tú te pudrirás aquí adentro y yo veré como lo haces!
―Entonces vete― Respondió y le dio la espalda – Vete a festejar mi futura muerte mientras yo espero que tu te revuelques en el verdadero infierno; aunque no lo pueda ver, claro ¡pero que más da! Tú estarás muerto y tu viejo abuelo también.
― ¡Dime que es lo que sabes maldición!
―Ah…― Dijo Towa con la exhalación del aire contenido en los pulmones, y sonriendo – No tiene mucho sentido que te lo diga porque de todas formas yo saldré de aquí. Con tu ayuda o sin ti; saldré de aquí. Mi señor de la oscuridad no me abandonaría en este lugar, pero…― pensó un momento – pero como todo este asunto de estar encerrada e incapaz de usar mi magia me causa desesperación, tal vez te diga lo que puedes hacer y de esa forma adelantaras mi libertad. ¿Qué deseas? ¿Quieres a tu hermana en libertad y con la posibilidad de que puedas sobrevivir en este manicomio o prefieres morir y que yo salga ilesa?
―Habla de una puta vez― Respondió el demonio con los ojos amarillos, ahora rojos de ira
―De acuerdo. Si quieres vivir acepta el trato con el ángel…
―No haré tratos con el sacerdote…
Towa, río primero y después respondió: ―No ese ángel, el otro; el que tu dices que es un juego de niñas. Acepta su trato.
― ¿Qué? ― Pregunto Dabura completamente extrañado ― ¿El ángel vendrá por un trato?
―Lo hará― Contesto con seriedad ―Acepta el trato. Será un trato justo para el ángel y el demonio…― y se dio el lujo de volver a sonreír, segura de cada palabra, convencida de su pronta libertad. ―Cuando eso suceda tendrás un obstáculo ¡un gran obstáculo! El que lleva el nombre de "Abuelo" pero tu y yo sabemos que eso no es verdad y que los Shin―Jin no tenemos abuelos, porque tampoco tenemos padres, pero… si tuvimos la desgracia de nacer juntos; de dos manzanas pagadas y así ser llamados "hermanos" ¡por fortuna no estamos pegados nosotros! Jaja, así que si pensaste que tenerme como hermana era una maldición imagina que hubiésemos nacido pegados ¡que desgracia…!
―Cierra la boca de una vez…― Interrumpió Dabura ― ¿Y dime que debo hacer con el abuelo?
―No tienes que hacer nada. El viejo no estará aquí, pero sin duda tendrás que ser cauteloso cuando lo veas a los ojos y sepas que has hecho un trato con el ángel. Mechikabura nunca descansa y cuando creas que si; el estará leyendo tu mente para seguir tus pasos como una sombra. ¡Pero esta vez confío en ti! Porque será tu cabeza la que rodará, sin embargo, hay algo más. Si tu trato con el ángel es sincero y libre de traiciones probablemente te protegerá para que tu abuelo no corté tus pelotas. Además, si juras no tocar a su dulce niño, te habrás ganado su confianza. Será una oportunidad única, no la desperdicies.
―No…― Susurro Dabura acompañado de una negación, atento y con el recuerdo de esas palabras – Ese, ¿ese maldito ángel traicionero vendrá por un trato y yo tengo que aceptar felizmente? ¿crees que soy idiota?
―Si― Respondió Towa – Eres idiota y un bueno para nada también. Pero si aceptas el trato con el ángel habrás hecho lo más inteligente…
― ¿Y qué hay ti cuando salgas de aquí? ¿preguntarte esto también es de idiotas? Porque no creo que te quedes con los brazos cruzados
―Tienes razón, no me quedaré con los brazos cruzados. Mataré al abuelo y después haré lo que me plazca…
― ¿Qué? ― Pregunto Dabura poniendo la peor cara de extrañeza ― ¿Matarás al abuelo?
― ¡Jaja! ― río divertida ― ¿lo ves? Eres un idiota. No mataré al abuelo, cuando salga de aquí ya no estaré a su alcance y no lo necesito cerca tampoco.
― ¿Qué es lo que harás entonces? ¿Continuar con lo que el sacerdote te propuso?
― ¿Y tú qué crees?
―Maldición Towa. No has entendido nada. Ese sacerdote acabará contigo y no creas que digo esto como un hermano preocupado. Él, busca información sobre un shin―Jin ¡uno de los nuestros!
―Oh… ― Interrumpió revoleando los ojos – Veo que el abuelo ha estado inflando tu cabeza ¡me sorprende que no haya explotado!
―Cállate. tiene razón. El sacerdote busca desesperadamente información sobre ese Shin―Jin, su hijo adora al kaioshin del este como si fuera su dios ¿no son los Ángeles los que suspiran por los sin-jins? ¿Qué es lo que tiene esta raza para que los ángeles se obsesionen de esa forma? ¿No crees que es extraño? ¡El gran sacerdote, la mano del todo! ¿Buscando información de un Shin―Jin?
―Que no es de este mundo, lo sé. Y por eso tienes que aceptar el trato con el ángel y sacarme de aquí – contestó Towa convencida. Y por supuesto que confiada de acercarse hasta el rostro de su hermano y decir casi en un susurro: ―La guerra comenzó.
Dabura, pensó en retroceder. Su cabeza se apartó un poco de los barrotes después de sentir y escuchar la corta frase de Towa sobre su cara. Estaba turbado, no sabía; como siempre, que planes tenía la mujer. Nunca lo sabría y eso lo pensaba a diario porque no había brujas más misteriosa, tramposa y escurridiza que Towa, la última en llevar el nombre de "Sacerdotisa oscura". La que desde millones de años atrás los antiguos demonios nombraban en la oscuridad y le oraban entre gritos, cultos y rituales; frente al altar sagrado de los Makaoshins, lugar que se situaba un poco más allá del gran Castillo del Rey demonio, y que habían tomado como referencia a lo que sería el árbol de donde nacían, pues, desde altar llamado "Altar Misfortune" o simplemente desgracia, estaba el portal que una vez estuvo sellado por el poder de los kaioshin.
Ahora bien, su creencia no era mas que una estupidez al rendirle culto a un portal que prácticamente los escupía a un mundo que si bien no era para llora, tampoco era para reír. Pero, ese cuento sonaba un poco enmarañado, pues mientras algunos cuentan que los rituales sangrientos con kaioshines frente al altar eran para invocar a la sacerdotisa oscura que prometía libertad, otro cuento; el de su abuelo, decían que los kaioshines eran asesinados por temor al shin―Jin del renacimiento y que muchos de esos asesinatos eran llevados en el altar un poco antes de que el portal estuviera cerrado. Miles de años después Shula, el primer demonio que había logrado crear otro portal que descendía en la tierra los liberó y así por muchos años fue fácil seguir acabando con los shin―Jin.
Si tuviera que creer en alguna de esas disparatadas historias, probablemente Dabura se quedaría con la historia de la sacerdotisa que prometía libertad… después de todo, eran libres gracia a ella. Y los kaioshines que masacraron aún después del supuesto nacimiento, era un divertido capricho de Makaioshin, carcomido y gangrenado por el rencor de haber sido desechados del mundo como si no pertenecieran a el. ¿Quién tenía la verdad absoluta? ¿kaioshin, Makaioshin? Era igual… ambos se devoraban entre sí por tener la razón.
Que sorpresa para Dabura, y su cara lo expresaba con claridad. Extraño para un demonio poner la balanza en equilibro y ver las caras iguales de la moneda.
El trato con el ángel sería un hecho.
…
Grietas del tiempo
(Flashback)
―Maldito niño…― Balbuceo Rou mientras mantenía la mirada fija en el interior del bosque, en su oscuridad. Ver aquello frente a sus ojos era algo que no imaginaba, parecía otro mundo, como si ese bosque estuviera hecho en matices oscuros y grises. A simple vista parecía moverse lento, pero estaba seguro que ese sitio estaba inmóvil. Apretó los puños con fuerza y la mueca rabiosa en su cara permitía ver alguno de sus dientes. La furia se incrementaba con el paso de los segundos y el niño era responsable de que se sintiera así… ¡y no sólo eso! Se sentía estúpido; engañado por un niñito de cuatro años al que había subestimado demasiado. ―Maldito… es un maldito niño―
―Señor, ¿Qué hacemos con el jardinero? ― Pregunto uno de los guardias que apenas salía de ese embobamiento, mientras el otro observaba detenidamente el desastre provocado en los alrededores. Kai-jin, había quedado completamente destrozado.
Rou, escucho la pregunta, pero estaba demasiado furioso para responder. Por otro lado, y después de escuchar la palabra jardinero, miles de cosas se le cruzaron. Debía dar una explicación y tenía que ser rápida. El derrumbe y el temblor en el planeta había alarmado a todos y estaba seguro de que el gran Supremo no tardaría en aparecer… si es que no estaba escondido en alguna parte.
Camino lo pocos pasos que quedaban hasta llegar al cuerpo de Koro. Lo miró con odio, con los mismos ojos con los que miraba al niño así que gracias al poco respeto que tenía por los muertos, o mejor dicho por su propia raza, pateo el cadáver lo más fuerte que pudo y sus dientes se dejaron ver un poco más. Estaba más furioso y recordar al niño hacia que sintiese todo ese fuego recorrerlo de punta a punta… ―Ese niño es un desgraciado. Juro que voy a cogerlo con un palo día y noche hasta que se desangre – Después de murmurar volteo rápidamente y dijo: ―Dirán que fue en defensa propia, le dirán al gran Supremo que ese niño es un monstruo ¡y eso es verdad! Están de testigos que provocó esto, casi nos mata, pero cuando vuelva me encargaré de él. Ahora muévanse y saquen este cadáver de mi vista.
…
Cuando el niño cruzó el muro derribado, el tiempo parecía haberse esfumado. De hecho, el tiempo allí no parecía existir. Un cuento de Koro le había hablado de ello, pero se suponía que eso formaba parte de Toki―Toki, un lugar que no conocía y que quizás conocería cuando sea tan anciano como los enormes árboles que conformaban ese bosque. Todo ellos movían sus largos brazos como si quisieran tocarlo y hasta parecía que el viento les ayudaba a susurrar
"El espíritu del libro, recuerda"
"El espíritu del libro, recuerda"
El niño, apenas alcanza a escuchar.
La energía que brotaba de ese lugar, de cada planta y arbusto parecían sincronizar perfectamente con su ser, y ciertamente eso hacía que perdiera un poco de temor, aunque su tristeza estaba intacta. Al recordarlo miró hacia atrás, estaba allí por Koro y si no fuera por el quizás no viviría para contarlo, porque ese desgraciado de Rou estaba dispuesto a matarlo.
La distracción que le provocó el sufrimiento y las lágrimas le había hecho olvidar el camino en el que estaba parado. Un camino de tierra pero que parecía haber sido transitado miles de veces. Por otros Shin-jins tal vez, o animales, no lo sabía, sin embargo, descartó a los shin-jins rápidamente porque según el relato de Koro ningún ser de ese planeta había tenido el coraje para pasar del otro lado.
Su padre, tal vez no estaba equivocado y a medida que avanzaba por el camino más se convencía de que todas esas historias terroríficas que contaban los antiguos y los nuevos shin-Jin, no era más que una gigantesca bola de falacias ¡un engaño de vaya a saber quien! Porque allí no había más que árboles, arbustos y estaba casi seguro que animales, todos ellos tan vivos con la tierra del otro lado. Y todo ello estaba tan vivo como el río que parecía llamarlo con su dulce voz. Para el niño, todo estaba vivo y en perfecta sincronía con el universo.
Camino un poco más seguro por el sendero, además quería alejarse por completo, perderse si era necesario con tal de no volver a tocar el lado peligroso, porque estaba claro que otro lado era el peligroso.
―Peligroso es que un niño tan pequeño este sólo por aquí…― Dijo una voz a sus espaldas.
El niño volteo sobresaltado, y al instante sus ojos grises se abrieron de manera descomunal. Sin embargo, su infantil voz no templo a la hora de preguntar: ― ¿Quién eres?
―Soy tu ¿No me reconoces? ― Dijo Zamasu, y evidentemente era el niño, pero adulto, sin duda.
―Eso no es cierto. Soy un niño― Respondió firmemente convencido.
Zamasu sonrió, después y a paso calmado se encaminó hasta llegar al pequeño notando como este retrocedía y dijo: ―No tengas miedo, no voy a hacerte daño ¿cómo podría dañarme a mí mismo?
El niño curvo su boca agachando la mirada y murmuro miedoso: ―No lo sé… eres extraño… ― Después miro al hombre color verde pálido y de ojos rasgados y grises, como los suyos y continúo diciendo un poco más audible ― ¿Porque estás aquí?
―Porque tu estas aquí y juntos iremos en esa dirección― Contesto Zamasu señalando a lo lejos, fuera del camino de tierra. El niño miro rápido en la dirección señalada. Al instante negó con su cabeza al tiempo que respondía: ― No iré allí, esta oscuro y no hay camino…
―No necesitas luz, lo que necesitas es ir en esa dirección ― Contesto Zamasu
Los ojos del pequeño se situaron rápidamente en la profundidad del bosque. Miraba el sitio desconfiado, como veía al hombre de ojos grises frente a su propia mirada. Su padre, jamás le dijo que se vería a sí mismo en forma adulta, pero su mente, aunque pequeña y carente de muchos conocimientos aun, podía deducir que verse a sí mismo podría ser el producto de una ilusión o tal vez un sueño. Podía soñar, siempre lo hacia y desde que tenía memoria…
Al cabo de una corta meditación, el niño frunció el ceño y volvió a mirar en dirección a su sí mismo adulto diciendo: ― No voy a…― Pero la figura había desaparecido, no había rastro alguno. ― ¿En dónde estás? ― Susurro. De igual manera, lo que apareció como por arte de magia se había ido de la misma manera.
Demasiado pequeño para creer que tal vez el bosque estaba maldito, y la suerte de ser un niño es que su mente todavía no estaba completamente consumida por las garras de los adultos que ni siquiera estaban convencidos de sí mismos. Era afortunado, y también era afortunado de poder creer solo en lo que su corazón le indicaba. Otra vez la joven mirada se posaba en la profundidad del bosque, y permaneció allí latente durante, no se supo cuánto tiempo, el tiempo parecía no existir.
Lo cierto es que sus pasos comenzaron a adentrarse en ese sitio, no estaba seguro de querer ir en esa dirección, pero ahora necesitaba saber que había en esa dirección que pudiera ser tan interesante para su "Yo adulto"
Camino cauteloso, demasiado para el gusto de cualquier atropellado que osara llegar lo más rápido posible a algún lugar, pero, el niño no tenía apuro, tenía miedo. Pronto pensó que tendría menos miedo si su "Yo adulto" Lo acompañaba, después de todo, era una ilusión o un sueño, ambas, no podían lastimarlo.
A cada paso el camino se hacía más oscuro, tan oscuro que apenas lograba visualizar, pero, según su "yo adulto" no necesitaba luz. No pensaba lo mismo y estaba casi seguro de ello al verse caminar tocando las cortezas de los arboles por temor a tropezar con algo, o quizás también encontrarse; ahora sí, con una de esas espantosas bestias de las que contaban todos los sin-jins y las que estaban escritas en los libros.
De todas formas, cualquier cosa era mejor que estar en las manos de Rou, y recordar al enano que le arrebato a su padre, le hacía recordar su soledad, la que padecería el resto de su vida, porque no pensaba volver de donde huyo así tuviera que morir en ese bosque.
― ¿Qué haces aquí? ― Dijo una voz, y esta, no tenía comparación con la voz de su "Yo adulto". Entre la oscuridad, el pequeño niño volteo sobresaltado, ahora verdaderamente asustado, quien fuera que estuviera en los alrededores, no sonaba para nada amigable.
― ¡Papa! ― Grito el niño al tiempo que se escondía tras un árbol.
―Está muerto― Contesto la grave voz. Al cabo de un pequeño golpe en suelo con, vaya a saber qué cosas tenía el sujeto entre las manos, una extraña luz rojo e incandescentemente brillante permito mostrar el rostro de quien residía en ese bosque. ― ¿Por qué no sales de ese vergonzoso escondite?
El niño, conservaba el silencio y la desconfianza lo mantenían inmóvil. No pudo evitar creer en todo aquello que contaban los Shin-jins, y estaba casi seguro de que quien estuviera iluminando el lugar, no era producto de un sueño o una ilusión. Este, era enteramente real.
―Si quieres llegar del otro lado del bosque, deja que te ilumine el camino― Dijo la voz.
Los ojos del pequeño, esta vez se asomaron un poco mientras su cuerpo permanecía detrás del árbol. Finalmente lo vio. ― ¿Quién, quién eres? ― Pregunto tímidamente.
―Mja…― Dejo escapar el hombre con una sonrisa y respondió: ―Mi nombre es Demigra. ¿Quieres escuchar un cuento?
El niño abrió los ojos con asombro, y poco después su pequeña cabeza se dejó ver un poco más, así como también sus ojos apreciaban la figura del Shin-jin desconocido. Al instante lo llamo: ―Tu, tu eres el hombre con cabello de fuego, tu visitabas mi habitación…
Demigra sonrió. Claro, que no fue una sonrisa maliciosa, su sonrisa significaba muchas cosas, pero nunca maldad y mucho menos hacia un niño. Su maldad, no estaba repartida para los niños. Segundos después el Shin-jin, más parecido a un demonio que un kaioshin dijo: ― ¿Quieres conocer la historia del ejercito ángeles y dragones?
Continuara…
