Capítulo 14: Los Hó'nehe.
(Voz de Seth)"Creo que no les han visto." Dijo el chico que había estado dentro de la furgoneta mirando por las cortinas.
"Kev, haz el favor de cerrar eso." Le dijo un tipo imponente entrando por la puerta.
Debía medir 2 metros, era realmente grande, tenía la voz grave y tenía los ojos que me resultaron familiares. Entonces fue a donde estaba Alex tirada y le frotó la cabeza para hablarle en una lengua que no entendimos.
(("Así que nos has traído a dos chuchos más ¿eh?"/ "Buena chica. Descansa, nosotros nos ocupamos de atender a tus amigos."))
Entonces se levantó y nos miró.
"Sentiros como en casa." Nos dijo con un inglés con un poco de acento sureño. "Kobu nos dijo que sois en cierto modo 'hermanos', de otra tribu."
"Sí, quileutes." Le dijo Embry. "¿Y vosotros sois…?"
Con cuidado miró al chico de la ventana y este asintió.
"Lo sentimos, es que aquí no es muy seguro hablar de eso, nunca sabes cuantas orejas pueden estar escuchándote." Me dijo. "Y luego esos tontos bocazas tampoco son de mucha ayuda…" Afirmó suspirando. "Son jóvenes, pero supongo que ya os lo podéis imaginar."
"Quale." Le dijo el de la ventana para ambos callar un momento. "Ya."
"¿Por qué actuáis así?" Le dije yo. "¿Dónde estamos?"
"No sé hasta dónde os habrá contado ya Alex, pero aquí no es muy seguro traer invitados." Nos dijo el grande aún de cuclillas junto a Alex que parecía relajada mientras él le acariciaba y le daba unos golpecitos suaves en la cabeza.
"Joder con esos putos metetes de mier… perdón." Dijo el moreno apareciendo.
"Raider." Le dijo la misma voz tras de él. "Te había dicho que teníamos invitados."
Aquello fue increíble, porque me tuve que frotar los ojos una vez para comprobar que no me había traicionado mi mente y no veía doble.
No, allí estaban dos chicos que eran clavados en todo, como dos gotas de agua.
"Que originales otros que reaccionan igual." Dijo el primero que había entrado.
"¿Se han ido?" Les dijo el que estaba con Alex mientras los gemelos iban a tocarle la cabeza también ellos y el primero hasta le movía las pieles de los lados de la cabeza como si fuese un perro y ella intentaba lamerle la cara y mordérsela.
"Sí, era solo Ascire." Afirmó el otro. "Bastó con que le metiese un par de amagos y se largó con viento fresco. Eso sí, la 'furgo' la ha visto."
"El resto deben estar enterándose ya de que Alex ha vuelto." Dijo el de la ventana.
"¿Os importa?" Les dije mientras Embry miraba sin apartar la mirada de Alex a los tipos que estaban con ella. "Seguimos sin saber dónde estamos ni quiénes sois."
"Me llamo Qualetaqa." Afirmó el gigante. "Y aunque no es gran cosa… bienvenidos a la casa de los Hó'nehe."
"¿Hó'nehe?" Dijo Embry. "¿Hó'nehe como Alex?"
"Su hermano mayor." Dijo él. "Y ellos son Riven y Raider, los gemelos, son los siguientes después de Alex."
"Y yo soy Kevin." Dijo el de la ventana. "Soy una especie de primo segundo o así."
"¿Y las hermanas?" Les preguntó Embry para hacer que los gemelos sonriesen divertidos mientras arrugaban la nariz y arrugaban las cejas como si dudasen pero divertidos.
"No hay hermanas." Nos dijo Qualetaqa. "Solo somos hombres."
"Salvo por Alex." Dijo uno de los gemelos.
"Salvo por Alex." Corroboró Qualetaqa.
"Y yo dudo que no sea una especie de macho raro." Dijo el mismo gemelo para llevarse un golpe del mayor y un mordisco que falló de su hermana.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Embry)
"Bueno, y este es vuestro cuarto." Nos dijo el mayor, Qualetaqa, abriendo una puerta a un cuarto. "No es mucho pero al menos esos dos os lo han desocupado un poco."
"Vaya, parece espaciosa." Dijo Seth.
"A Seth le ha metido su madre medio armario en maletas." Le dije divertido para que Alex me lanzase un mordisco suave. "Ya, ya… su madre es una santa."
"Una pesada es lo que es." Afirmó Seth.
"Bueno, pues nosotros nos vamos ya para arriba que mañana tenemos ocupación pronto." Dijo uno de los gemelos para que ambos desapareciesen por el pasillo y Alex les siguió de cerca.
"No sabéis lo que tenéis." Nos dijo Qualetaqa suavemente pero serio. "En serio, tienes mucha suerte de tener una madre que se preocupe por ti."
"¿Les pasa algo a…?" Dijo Seth.
"Alex no os ha dicho nada ¿no?" Nos dijo.
Ambos negamos y entonces él suspiró.
"Típico de ella… no le gusta decir nada para no dar pena…" Afirmó suavemente y suspirando. "Nuestros padres murieron cuando eramos pequeños. Yo tenía 13, Alex 10, los gemelos 4 para 5 y Joe era un bebé de año y medio. Fue un golpe muy duro para todos; intentaron llevarnos los agentes de la ley para meternos en una familia de acogida, pero los vecinos se unieron y nos protegieron. Y al final yo dejé los estudios y me puse a trabajar, Alex incluso intentó hacer lo mismo cuando acabó la escuela pero me negué y le dije que yo les cuidaría y queelladebía estudiar porque era lo que nuestros padres hubieran deseado. Los pequeños lo pasaron muy mal, y a nosotros dos no nos tocó para nada una vida fácil, a ella y a mí nos nos tocó ser fuertes y hacer un poco de padres. Yo trabajaba y hacía las veces de padre y Alex estudiaba por las mañanas y por las tardes hacía deberes, cosía ropas, hacía coladas, cocinaba y cuidaba de los peques como si fuese nuestra madre. Aunque la gente nos ayudaba mucho… bueno, era duro para todos."
No podía siquiera imaginar lo duro que podía haber sido. Incluso yo me di cuenta de que habíamos metido la pata al quejarnos de la superprotección de la madre de Seth; no sabíamos qué era el crecer sin padres, yo aunque no había conocido a mi padre había conocido a mi madre, aquello era algo. No era como la madre de Seth pero… había crecido con una madre; ellos no habían tenido esa suerte, a aquel hombre y a Alex les había tocado incluso hacer las veces de padres de sus propios hermanos y él había tenido que dejar sus estudios por sus hermanos.
"Es… lo siento." Nos disculpamos los dos a la vez.
"No os disculpéis." Nos dijo moviendo las manos. "A mí nunca me ha pesado elegir este camino. Solo os lo he dicho para que comprendieseis por qué se han ido sin más."
"No diremos nada más." Dijo Seth. "No… no sabíamos que…"
"Pero Alex fue a la universidad ¿no?" Le dije yo.
"Tengo el privilegio de tener una hermana realmente valiosa." Dijo el hombre soltando un soplido de risa. "Se graduó en el instituto, empezó una carrera y a la vez, becada, fue haciendo la de veterinaria. Y luego como era la mejor de la promoción a pesar de lo que teníamos aquí y de ser… bueno, de ser de 'minoría étinca' le concedieron una beca para hacer no sé qué de un master y la especialización y de ahí a comenzar a cobrar un sueldo mejor que el mío." Afirmó mientras nosotros acabábamos de dejar las cosas en el armario. "Y lo más gracioso fue que incluso cuando estaba estudiando, de todo el sueldo que ganaba en trabajos cutres, que debería habérselo quedado para sus estudios, nos mandaba las sobras."
"¿Qué trabajaba, en algo chulo?" Le dije confuso.
Había oído que los que trabajaban siendo universitarios eran trabajos cutres y todo eso, por mucho que trabajasen les daba para mal pagar un poco la carrera.
"No, trabajaba de repartidora de periódicos al amanecer, antes de las clases; y luego por las tardes cuando no tenía clases trabajaba dando clases particulares y también repartiendo a domicilio pizzas y los fines de semana se venía aquí a hacer la colada de la semana y a dejarnos cocinada la comida de toda la semana. Nos pasaba el sueldo casi íntegro salvo lo que se quedaba para sus estudios."
"Pero necesitaría dinero para comer, y las cosas de la universidad y…" Dijo Seth.
"La comida se la llevaba de aquí y a veces le daban la pizza que sobraba al final del día." Afirmó. "Ella nunca se quejó. Siempre ha hecho todo lo que ha podido por nosotros, y entre los dos nos las hemos apañado para poder sacar adelante a nosotros mismos y a nuestros tres hermanos."
"A mi me salen dos." Dije contando.
"Sí, es que Joe estaba dormido." Me dijo. "Mañana tienen clase y él no tiene nada que ver con la maldición familiar. En fin, no os entretengo más." Dijo dando una palmada al aire suavemente. "Dormid tranquilos, aquí estaréis a salvo."
"Pero no sabéis siquiera cómo nos… llamamos." Dijo Seth.
"Sois amigos de mi hermana." Afirmó. "Sabéis su secreto y la habéis protegido, eso es más que suficiente."
¿Cómo sabía él…?
"Kobu nos lo dijo." Nos dijo suavemente. "Era su trabajo, nosotros cuidamos de ella, así que debemos saber quién sabe su secreto y quién no."
"Lo entendemos." Dijimos.
"Igual vosotros pensáis que los de nuestra especie somos… diferentes." Dije yo. "Pero somos más parecidos de lo que pensábamos, vosotros y nosotros."
"Ya lo hablaremos mañana." Nos dijo suavemente. "Ahora será mejor que os acostéis."
"Alex…" Dije yo recordando que se había ido.
"Tranquilos." Nos dijo. "Ella no se va a mover de aquí, Kevin vendrá y se quedará aquí con vosotros." Afirmó. "Eso sí, nada de salir de casa, por favor. No queremos que os vea quien no debe."
"Pero…" Dijo Seth.
"Mañana." Afirmó desde la puerta. "Buenas noches, que descanséis."
"Buenas noches." Le dijimos nosotros.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Qualetaqa)
Suspiré tras salir del cuarto que había sido de los gemelos.
"No me mires así, tenían que saberlo." Le dije a mi hermana que me observaba tumbada al pie de las escaleras al altillo donde ahora tenían los gemelos el cuarto. "Si ya sabían lo de tu secreto deberías haberles dicho esto también." Afirmé yo. "Y no me vengas ahora con lo de dar pena que sabemos los dos que no es por eso."
Con suavidad, miró hacia la cocina mientras se levantaba y ambos fuimos allí; ella se sentó en su sitio de siempre y yo me senté en una silla también.
"Deberías dejar de hablar de la gente a sus espaldas." Me escribió ella con la pata en el suelo.
"¿Te parece más normal que pensasen que los gemelos son unos animales sin modales?" Le dije. "¿O preferías que siguiesen hablando mal de las madres sin saber que hacían daño?"
Entonces miró a otro lado y yo me levanté para coger su plato de loba y llenárselo de cerveza fría que le puse mientras yo me cogía otra.
"Venga, relájate un poco." Le dije. "Estás en casa, relájate y disfruta de las mini-vacaciones."
"Vete a dormir." Me escribió de nuevo. "Trabajo, vete a dormir."
"¿Seguro que podrás contenerte?" Le dije.
Entonces ella asintió suavemente y miró al salón.
Keechak, él estaba allí, seguro que no se había perdido ni una palabra.
"Está bien." Le dije dando un golpecito suave a la mesa. "Entonces descansa y mañana por el día hablamos. Si tienes cualquier problema…"
Sonriendo me dio un golpecito en el costado con la cabeza y me chupó la cara con una sonrisa en su boca de lobo.
"Me alegro mucho de tenerte por aquí, hermanita." Le dije sonriendo y frotándole el pellejo de la cabeza.
No había mentido con ni una de mis palabras que les había dicho a los dos chicos; mi hermana era realmente una mujer increíble, con 10 años se había convertido en una madre para nosotros, con 12 ya era como la madre de los gemelos y Joe, siempre había sido mi apoyo principal y había sacrificado mucho por nosotros y por apoyarme.
Merecía felicidad, y sobre todo porque ella seguía empeñada en que nuestros hermanos estudiasen la carrera si querían, había dicho que ella correría con los gastos, su sueldo era pequeño pero desde luego daba para más que el mío y según ella tenía unos ahorros para los gemelos en previsión de que quisieran hacer carrera.
Aún no lo habíamos hablado, ellos no se atrevían a decirme nada porque eran conscientes de nuestra situación y yo por miedo a que pensasen que intentaba obligarles.
Me daba miedo que les pasase lo que a mí, que no estudiasen por la situación de casa, por no querer depender de nosotros más tiempo.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Alex)
Era muy tarde cuando me tumbé en el suelo del salón, junto a la chimenea donde de pequeña solía quedarme dormida mientras papá tallaba cosas en su silla y mamá jugaba con los gemelos mientras tenían 1 año y conmigo.
"¿Otra vez tirada en la alfombra?" Me dijo Keechak.
"Cierra el morro y duerme." Le dije.
"¿Qué tal los gemelos?" Me dijo. "Te he oído cantarles."
"Eres un cotilla." Le dije enterrando mi enorme cabeza entre mis patas para dormir.
Hubiese matado por ser humana, aunque solo fuese un par de horas, para haberles podido cantar con mi voz en vez de con aquella voz ronca de lobo sin que se entendiese una sola palabra. Sin embargo, aquello era lo que era, el lobo era parte de mí y yo estaba agradecida y a la vez maldita; aquello era a la vez un don y una maldición, pues me hacía superior a un humano y casi invunerable pero a la vez me enloquecía durante la peor semana del mes haciéndome enloquecer por completo en la noche del plenilunio total hasta el punto de no distinguir amigos de enemigos.
El lobo era el poder, la fuerza, los sentidos desarrollados, la visión nocturna, la agilidad, la durabilidad, la velocidad… la libertad; pero también era el miedo, miedo a herir a alguien querido, miedo a hacer el menor daño a alguien… miedo a mí misma y el daño que podía hacer con el poder que tenía cuando enloquecía.
Por suerte, aquella maldición de la locura que habían pasado mis antepasados no les había tocado a mis hermanos; en realidad, dudo siquiera que a mis antepasados les hubiese pasado esto mismo. No, nadie podía entenderme, a no ser por…
"Kobu, deja de hacer el tonto." Grité al aire en un aullido saliendo por la portezuela del perro de la puerta de la cocina por donde solo podía sacar la cabeza debido a mi tamaño desorbitado.
Había ido a echarme un trago de mi plato de cerveza y había oído su aullido al aire de bienvenida desde fuera de los terrenos de la reserva donde Willow y su manada podrían pillarle por banda aprovechando el sueño de mi familia.
Oí en el viento como si algo o alguien se riese; mis hermanos llevaban razón, seguramente a quien quiera que nos hubiese visto, Ascire si no recuerdo mal, le habría faltado el tiempo para ir a contarle el cuento al resto de su manada, así que Willow debía estar ya informado de todo.
Al final volví al salón y acabé por quedarme dormida junto al fuego de nuevo hasta poco antes del amanecer cuando la casa fue despertando un poco.
Lo primero que hice fue levantarme y conectar con el morro la tetera que la mañana anterior habían puesto en el fuego para levantarse y ponerla a calentar mientras se vestían, también abrí el frigorífico y saqué los botes de mermelada y el recipiente con mantequilla antes de cerrarlo y llevar las cosas a encima de la mesa. Luego cogí el pan y la tostadora vieja y desvencijada que mis hermanos bien se ocupaban de toquetear cuando fallaba para dejarla como nueva y los puse en la encimera.
El primero en aparecer fue Qualetaqa, como siempre. Me pilló en dejar la bolsa con el pan junto al tostador.
"Gracias, supongo." Me dijo frotándome el costado. "Eres una ayuda genial, pero preferiríamos que lo hicieses cuando haya amanecido."
"Os levantáis antes de…" Comencé a escribir con cuidado.
"Lo sé, por eso." Me dijo sacándome un montón de bacon. "¿Desayunas con nosotros, con tus invitados…?"
Moví los ojos sonriendo y entonces él sonrió un poco antes de frotarme los pellejos de los lados de la cabeza.
"¡No sé dónde metes todo lo que comes, hermanita!" Me dijo divertido. "Vaya, hasta has preparado el agua para el café… qué aguda."
Eso me hizo adoptar una pose erguida mostrándole que estaba orgullosa de ello y haciéndole reír.
"¿Te importa subir a despertar a los gemelos?" Me dijo cuando oímos un despertador sonando. "Te dejo que les muerdas si quieres."
No hizo falta que me lo repitiese, subí y me puse a quitarles la manta y luego estirarles de las patas de los pantalones, pero se resistieron y acabé quitándoselos y dejándoles en calzoncillos, entonces hice un giro de cabeza y suspiré antes de sonreír con ironía y acercarme a la cara, primero de uno y luego del otro.
"¡Besos no!" Gritaron casi a la vez frotándose las babas de las caras mientras yo me reía en mi forma lobuna.
Al parecer, había cosas que no cambiaban por mucho que cambiásemos de forma o pasasen los años.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Embry)
No sé qué hora era exactamente cuando me desperté, pero lo hice cuando me di la vuelta en la cama y me estampé contra el suelo desde la cama superior de la litera mientras gritaba.
"Uff… pensé que era algo peor." Dijo Seth medio sopa también.
"Joder, que golpe." Dije.
La primera reacción fue ponerme alerta, estaba en un sitio que no conocía; luego llegó el recordar dónde estaba y me calmé.
Miré alrededor y vi que todo estaba como la noche anterior; bueno, no, tuve una mejor visión del cuarto puesto que ahora era de día y era evidente porque entraba algo de luz aunque las contraventanas de madera estuviesen cerradas a cal y canto.
"Seth, despierta." Le llamé. "Creo que es de día y nos hemos quedado durmiendo más de la cuenta."
"Cinco minutos más…" Me dijo como si fuese su madre.
Fuera podíamos oír algo, estaban hablando en la lengua que hablaban a veces Kobu, Keechak y Alex entre ellos, así que no me enteré de nada, eso sí, recordé que la noche anterior habían dicho algo sobre que allí todo tenía ojos y oídos y la sensación de que allí había algo que no iba bien y por prudencia me mantuve quieto en el cuarto hasta que oí a la gente irse. Entonces salí mientras Seth se sentaba en la cama y se estiraba.
Si no hubiese sido por mis sentidos hubiese jurado que estábamos solos Seth y yo, pero entonces olí un aroma dulce y oí un canturreo suave.
"¡Ah!" Grité cuando un lobo negro me saltó al pecho.
"Buenos días." Me dijo Alex sonriendo desde la cocina. "Va, Suhei, quita de encima. Discúlpale, es un encanto, pero a veces se pasa un poco con los lametones a algunos forasteros."
Entonces me di cuenta que no era más que un perro.
"¿Y este animal?" Le dije.
"De una conocida." Afirmó. "Me pidió que le echase un ojo ya que estaba aquí; bueno, se lo pidió a mi hermano y mi hermano me lo hizo mandar." Afirmó mientras movía una cuchara de palo suavemente. "¿Qué tal has, habéis pasado la noche?"
"Bien." Dijimos Seth y yo a la vez haciéndome reparar en que Seth estaba detrás de mí.
"Embry se ha caído de la litera." Le dijo Seth sonriendo complacido para que yo le diese un golpe suave en el costado.
"No me he hecho mucho daño." Le dije yo. "De todas formas ¿qué cuarto era ese?"
"Era el de mis hermanos." Afirmó ella. "Lo siento, se me olvidaban mis modales. ¿Queréis algo de desayuno? Tampoco os atiborréis, comeremos en unas horas, pero supongo que algo de hambre sí tendréis. Puedo haceros algo."
"¿Algo como qué?" Le dijo Seth sentándose en una silla mientras yo hacía lo mismo en otra.
"Unas tortitas, o tostadas." Dijo. "Creo que los enanos tienen algunos cereales medio apolillados por aquí… ah, no, son chocolateados, de Joe." Afirmó mostrándonos una caja de cereales de chocolate.
"¿Leche y unas tostadas?" Dijo Seth.
"Lo mismo digo." Le dije.
"Mañana podríamos tener galletas." Nos dijo ella suavemente mientras cortaba unas rebanadas de pan para ponerlo en una especie de tostadora con parches. "Pero anoche llegamos tarde y hoy me ha costado un poco destransformarme. Tengo un par de bandejas en el horno y estoy haciendo algo de comida." Afirmó. "Oh, sí. Y hay lavadora mañana."
"Ey, tranquilízate un poco, cenicienta." Le dije yo. "Desayuno está bien, para un poco el carro y descansa."
"Tengo mucho que hacer y poco tiempo." Afirmó ella. "Ya entenderéis por qué dentro de como… 3 horas o así."
"Y hasta entonces qué hacemos nosotros." Le dijo Seth.
"Hombre, yo empezaría por deshacer las maletas y luego mientras esto reposa un poco y después de haber metido otra bandeja de galletas y sacado estas yo os enseño un poco la cabaña." Nos dijo ella suavemente. "Si conseguimos entrar entre los montones de pelusas que tienen por ahí."
"¿Tercer día?" Le dije.
"Algo así, lo siento." Afirmó.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Seth)
"Y este es el cuarto de baño." Nos dijo Alex tras habernos dicho cuales eran las puertas de los cuartos de sus hermanos, la cocina que ya conocíamos, el almacén que mejor no entrábamos y los porches pero sin salir. "Si no os importa compartir os puedo abrir sitio entre las cosas de estos cochinos."
"Tampoco es cuestión de invadir el espacio de tus hermanos." Le dije yo.
La verdad es que si eran algo parecidos a nosotros lo más probable es que no les gustase mucho la invasión de territorio que estábamos haciendo Embry y yo.
"Además, en realidad tampoco tenemos mucho." Dijo Embry. "Con un sitio donde poner los neceseres sobraría."
"Esperar y os cojo un vaso para que metáis los cepillos de dientes. O mejor…" Dijo tras pensárselo y moviendo un cepillo de dientes azul con estampado al que tenía dos iguales pero con diferente color de cedras. "Listo, os quedáis con el de Joe y él que comparta con los gemelos, que total tienen más o menos las mismas babas. Oh, sí, se me olvidaba… ¿veis esa caja de ahí y el cajón ese?" Nos dijo señalando a uno del armarito que había en el baño.
"Sí, claro." Asentimos nosotros.
"Pues si los tocáis estáis muertos." Afirmó. "Son mis cosas y son tabú."
"Perdona pero tengo una hermana y no me voy a asustar por ver…" Le dije. "Tabú, entendido." Afirmé cuando me encontré con su mirada asesina.
"Eso es." Dijo sonriendo. "Chicos listos. Ahora… la mesa."
La verdad es que la casa molaba, aunque al parecer allí vivían todo hombres y a veces, Alex; lo más gracioso era que al parecer, ella era la 'mujer de la casa', y eso iba a quedar más que claro más tarde, a la hora de la comida y según avanzaron los días.
