Hola a todos. Espero que se la hayan pasado bien este mes y no cargados de tareas como yo. Como sea, me di un poco de tiempo para escribir y aquí les tengo la siguiente entrega. Espero les guste.
Ah, y por cierto Luis, eres muy observador. No son imaginaciones tuyas. Posteriormente se explicará eso, aunque no crean que será pronto.
14. Un loco
—¿Han averiguado algo? —inquirió Uther.
Todo el séquito de seguidores del Señor de las Tinieblas se hallaba reunido en la misma lóbrega habitación de la última vez. Sin embargo, el ambiente era mucho más serio que la última vez.
—En la prensa nada —contestó la mujer del grupo—. Solo hay estúpidos chismes sobre la familia del Ministro y varios funcionarios importantes. Y la violencia en este país es casi nula. Lo máximo que aparecen son bromistas anti-muggles. Resulta horroroso pensar que no hay más diversión que un inodoro regurgitante.
—Inglaterra siempre se ha vanagloriado de ser el país más avanzado al respecto —comentó Uther como si le pareciera gracioso—. Sus magos son los más cultos y protectores de los muggles del mundo. Y si no atacan a un muggle es de suponerse que menos entre ellos. ¿Imagínate qué pasaría si las familias de magos empezaran a pelearse entre ellas como de antaño sucedía?
—Pues que este país sería cien veces más divertido —dijo uno de los hombres—. Yo nunca le he encontrado atractivo a atacar a los muggles. Son estúpidas criaturas que no pueden defenderse. El verdadero atractivo se encuentra en atacar a otro mago, mientras más capacitado mejor. Es genial ver como el mago intenta defenderse para finalmente comprender que no hay escapatoria, que va a morir a manos de uno.
—Estoy de acuerdo contigo Joshua —dijo un individuo larguirucho y de ojos saltones—. No le hago feo a la caza de muggles, pero es mucho más entretenido capturar a un mago.
—Debemos recordar que esa no es nuestra misión principal —recordó el último de los individuos.
—No obstante —dijo la mujer—, opino que sería bastante bueno si lográramos implantar unos cuantos cambios en este país. Desde nuestros puestos en la prensa y en el Ministerio no sería muy difícil influir a otros magos. Yo podría soltar un chisme por aquí, otro por acá… Y cuando menos se den cuenta las familias mágicas se sentirán incapaces de confiar la una en la otra, querrán cobrarse las supuestas afrentas que les han hecho.
—Me sorprende y agrada tu malicia Linda —dijo Uther con una gran sonrisa—. Es por eso que te elegí para esta misión.
—¡Gracias mi señor! —contestó Linda haciendo una ligera reverencia ante Uther.
—Bueno, continuemos con lo nuestro —dijo Uther—. Lamius y Salomón han logrado infiltrarse en el Ministerio, pero Joshua y yo aún debemos conseguir un buen empleo.
—Creo que estoy a punto de lograrlo señor —dijo Joshua—. El diario El Profeta acaba de perder de forma misteriosa a uno de sus redactores.
—¿Matando por un puesto? —cuestionó Uther—. Eso es maléfico Joshua. Sigue así y tal vez algún día llegues a senescal dentro de la Orden.
Cornus Vitelius se encontraba en su despacho dentro del edificio del Ministerio de Magia Suizo, bastante entrada la noche. Se encontraba revisando unos documentos muy importantes cuando tocaron la puerta.
—Adelante —dijo Cornus.
La puerta se abrió, y por ella se asomó el director del Departamento de Aurores.
—¡Señor Pascot! —exclamó emocionado Cornus—. ¿A qué debo el honor de su visita a estas horas?
—Espero que con eso no esté intentando decirme que la hora es un impedimento —repuso amablemente Jean Pascot.
—Por supuesto que no —respondió Vitelius con una gran sonrisa—. Cualquier hora es buena para verlo. Pero siéntese.
El director del Departamento tomó asiento en una silla ubicada frente al escritorio de Cornus.
—¿Qué sucede? —inquirió cortésmente Cornus a su jefe.
—Se trata del caso Famont —respondió Jean Pascot.
—¿El caso Famont? —cuestionó confundido el auror—. ¿Qué sucede con eso? Pensé que había relegado la investigación a Lombargini.
—Hay algo que no deja de asustarme —confesó el señor Pascot—. La prensa me obliga a continuar con las investigaciones, pero yo temo que suceda algo peor si continuamos con ellas.
—¿Cómo sería posible eso? —inquirió Cornus—. Un par de magos asesinos no podrían hacer nada en contra del Departamento de Aurores. Lombargini está lo suficientemente capacitado para hacerles frente aunque los magos regresen a la mansión. Y se llevó a otros dos aurores, ¿no?
—Eso no sería suficiente si mis sospechas fueran ciertas —indicó el señor Pascot.
Cornus Vitelius se quedó sencillamente ofuscado. ¿A qué se refería el director del Departamento con "sus sospechas"?
—No lo entiendo señor —confesó Vitelius—. ¿Qué se puede sospechar cuando sabemos que fueron dos magos los que entraron en la mansión Famont?
—El objeto que buscaban —insinuó Pascot.
—¿Ese espejo? —cuestionó Cornus sin salir de su confusión—. Pusimos toda nuestra atención en intentar averiguar de qué se trataba, pero no parece ser nada peligroso.
—¡Porque es una copia creada con un Geminio! —exclamó Jean alterado.
—No entiendo señor —declaró Vitelius.
Jean Pascot volteó hacia la puerta, como si quisiera asegurarse que nadie se encontraba tras aquella puerta, y realizó un par de encantamientos reveladores.
—¿Qué le sucede señor? —inquirió preocupado Cornus.
—Nadie tiene que escuchar esto —dijo Jean, y luego bajó la voz—. ¿Alguna vez ha oído mencionar el Espejo Maldito?
—¿El Espejo Maldito? —repitió Cornus como si no comprendiera nada.
—Sí —confirmó el director del Departamento de Aurores—. ¿Ha oído hablar de él?
—Creo que no —manifestó Vitelius—. A menos que se trate de aquel que aparece en el cuento muggle de la mujer con cabellos negros como el ébano y piel blanca como la nieve.
—No es momento para bromear Vitelius —le dijo autoritariamente Pascot a su subordinado—. El Espejo Maldito es un asunto muy serio.
—Si es tan serio, ¿por qué nunca he oído hablar de él? —preguntó Cornus tranquilamente mientras cruzaba sus manos y recargaba su cabeza sobre ellas.
—Es porque su existencia ha sido mantenida en secreto por sus seguidores —declaró Jean Pascot—. Sus seguidores no quieren que la comunidad mágica sepa de su existencia.
—Pero eso es algo estúpido —expresó Cornus con una sonrisa—. ¿Cómo un espejo va a tener seguidores?
—Por supuesto que no son seguidores del espejo, sino de lo que se encuentra dentro de él —respondió el director de departamento—. Se dice que dentro del espejo se encuentra encerrado el mago más oscuro, malévolo y poderoso de toda la historia de la humanidad.
—Okey, supongamos que eso fuera cierto —dijo Vitelius amablemente—. ¿De dónde salen los seguidores?
—No lo sé —confesó Jean Pascot—. Sin embargo, se cuenta que los seguidores del Señor de las Tinieblas poseen poderes que van más allá de lo común. Al parecer conocen hechizos poderosísimos con los que otros solo podemos soñar.
—Y usted piensa que los asesinos del señor Famont son seguidores de este… Espejo Maldito —concluyó Cornus.
—Así es —confirmó Jean.
—Y teme que si continuemos con las investigaciones haya represalias —dedujo Vitelius.
—Exacto —dijo maravillado Jean Pascot, como si al fin se estuviera librando de un gran peso.
—Pues eso estaría totalmente en contra de lo que me está diciendo —contradijo Cornus Vitelius—. Usted mismo me está diciendo que a los seguidores del tal espejo les gusta mantenerse en el anonimato. Por lo tanto, no creo que regresen para exponerse.
—Pero si las investigaciones amenazan con descubrirlos… —comenzó el director.
—Pues solo a usted se le podría ocurrir proponer esa teoría —dijo Cornus—. No conozco a nadie más que me haya contado esta locura.
—No es ninguna locura —refutó Jean Pascot, aunque lo cierto es que parecía un niño al que se le regaña porque afirma que existen los bibblers maravillosos y los gusanos aquavirus.
—¿Entonces de dónde sacó esa idea? —preguntó amablemente Vitelius.
—Cuando era joven un pequeño libro cayó en mis manos —confesó Jean Pascot—. En él venía explicada la leyenda sobre el Señor de las Tinieblas.
—Bueno, no veo porque debe preocuparse señor —dijo Cornus Vitelius—. Si realmente existen los seguidores de ese Señor de las Tinieblas ellos no deben saber que usted está enterado al respecto, y dado que creen que su objetivo es un secreto no creo que se preocupen porque usted vaya a develar su identidad. Además, el dato sobre el espejo solo lo conoce nuestro departamento. Nadie más en el mundo lo sabe.
—Supongo que tienes razón Cornus —aceptó finalmente el director del departamento—. No debo preocuparme de nada. Ellos no pueden saber que yo sé lo que sé. Y como nadie más lo sabe su identidad no peligra.
—Eso es lo que digo —dijo Cornus Vitelius—. No hay motivo de preocupación.
—¡Muchas gracias Cornus! —agradeció el director mientras se ponía de pie muy animadamente—. Es por eso que vine a hablar contigo. Sabía que tú verías la situación como es.
Y salió del despacho.
—¡Pobre director! —exclamó Cornus Vitelius en voz alta—. Está realmente loco. Creer que existe un mago oscuro poderoso encerrado en un espejo y que hay magos que lo buscan…
—¿Creen que este loco realmente sepa algo? —inquirió Spears mientras ella y sus dos compañeros seguían avanzando.
—¿Cómo puedes decir que está loco si todavía no lo conoces? —preguntó Robert Snug sonriendo.
—¿Acaso no basta con ver dónde vive? —inquirió sarcásticamente Kay.
—Cuidado con los pies —les recordó Harry Potter—. No queremos caernos por este desfiladero.
Los tres magos avanzaban por una pequeña senda al costado de una montaña. Uno de los lados era piedra maciza ubicada en vertical, y el otro un enorme vacío.
—No es tan peligroso —dijo despectivamente Snug.
—¿Cómo que no es peligroso? —cuestionó Spears como si creyera que su compañero acababa de perder la cordura.
—Mira, si te caes Potter y yo podemos rescatarte con un Wingardium leviosa —dijo Snug—. O si no, puedes desaparecerte en el aire y asegurarte de aparecer en un lugar seguro… tal vez el inicio de la senda. De ese modo podrías volver a alcanzarnos.
—¡Debes estar loco si crees que yo volvería a recorrer este maldito camino de nuevo! —exclamó enfadada Spears—. ¡Maldita sea la hora en que averiguaste que este mago vivía aquí! ¡Maldita sea tu ocurrencia de que tal vez él sepa algo! ¡Maldita sea…! ¡AAAH!
—Wingardium leviosa —dijo rápidamente Robert Snug—. ¿Lo ves? Te dije que no era tan peligroso.
—Vuélveme a poner sobre la maldita senda —gritó Kay mientras se retorcía en el aire.
Harry suspiró mientras Spears tocaba el suelo. Tal vez fuera una auror estupenda, pero lo cierto es que resultaba bastante molesta.
—Ánimo —les dijo después de un rato Robert—. Ya falta menos que cuando empezamos.
—¡Qué consuelo! —exclamó sarcásticamente Kay Spears.
Harry suspiró nuevamente. Había decidido no molestarse durante aquel viaje. Las últimas semanas en compañía de Kay Spears y Robert Snug le habían hecho enojarse más veces de lo que se había enojado como padre. Normalmente la que se enojaba era Ginny. Sin embargo, algo le decía que en aquel viaje estaba acumulando cantidades asombrosas de bilis.
Robert empezó a tararear una alegre melodía de origen muggle.
—¿Quieres dejar de cantar? —inquirió Spears.
—¿Y tú quieres dejar de molestarlo? —cuestionó Harry resignándose a lo inevitable.
—Es él quien me hace enojar —protestó Kay—. Tú eres normal Potter, pero Snug no. No entiendo como habiendo tantos aurores en nuestro departamento Camil tenía que elegirlo a él.
—Porque es bueno en lo que hace —recriminó Harry—. Tú también eres buena Spears, pero muchas veces eres insoportable.
—¿Insoportable yo? —inquirió Spears furiosa—. ¿Y qué me dices de él? Siempre cantando, siempre tan optimista aun cuando no hay motivo para hacerlo, siempre intentando hacer las cosas a la manera muggle, siempre… ¡Eh, deja de ignorarme!
Robert había seguido cantando, esta vez en francés, mientras Spears despotricaba en contra de él.
—Disculpa, ¿dijiste algo? —preguntó Snug.
—¿Lo ves? —le preguntó Spears a Potter.
—A mí me parece que está siendo más amable de lo que te mereces —respondió Harry—. Si yo fuera él lo más seguro es que ya te hubiera arrojado un buen maleficio.
Spears torció el gesto pero en aquella ocasión no protestó. Harry sintió una extraña satisfacción dentro de sí.
Los tres magos siguieron subiendo a través de la senda, y después de bastante tiempo llegaron finalmente a la cima, una gran extensión de tierra totalmente lisa. No se veía ningún lugar que fuera apto para que algún mago viviera ahí.
—¡Qué extraño! —exclamó Snug.
—¿No dijiste que estabas seguro que el mago vivía aquí? —preguntó Spears con una voz que parecía contener veneno.
—Eso creía —respondió como si nada Robert—. Tal vez era el segundo desfiladero. Creo que deberíamos volver a descender y probar…
—¡Yo lo mato! —gritó Spears mientras alzaba su varita.
—Protego —dijo Harry rápidamente mientras se colocaba entre sus dos compañeros.
El encantamiento que lanzó la bruja rebotó contra ella misma, mandándola un poco más adentro de aquella extensión de tierra. Su cuerpo pareció tocar el suelo, pero no se detuvo ahí. De repente fue como si atravesara limpiamente el suelo y desapareciera de su vista.
—¡Spears! —gritó Snug preocupado.
La voz de su compañera tardó un poco en contestarles.
—¡Estoy bien! —respondió—. Dentro de un momento salgo, solo déjenme… ¡Eh! Aquí hay un pasadizo.
—¿Dónde? —preguntó Harry mientras ambos aurores se aproximaban cuidadosamente hasta el punto en qué habían visto desaparecer a su compañera.
—¡Aquí! —les respondió Spears mientras su cabeza aparecía en el suelo—. ¿Qué demonios les pasa?
—¿Dónde estás metida Spears? —inquirió Harry.
—Pues aquí en este… ¡Madre mía! —exclamó Kay después de que volteó hacia abajo—. No entiendo. —Su cabeza volvió a desaparecer—. ¡Sorprendente! —Su cabeza volvió a ser visible—. Es una especie de hoyo en la tierra disimulado. Desde aquí afuera no se ve nada pero una vez adentro puedes ver el exterior.
—¿Dónde empieza ese hue…? —preguntó Robert, pero no llegó al final de la pregunta antes de desaparecer en el suelo.
—Ten cuidado Potter —le dijo Spears—. Estás a punto de llegar.
Harry fue tanteando lentamente el suelo, y cuando sintió que éste desaparecía debajo de su pie dio un salto que le permitió sumergirse sin muchos problemas.
El espacio era asombroso. Como les había dicho Spears se trataba de un gran hoyo en la tierra sobre el cual podían ver el cielo azul.
—Pero por supuesto —dijo Robert mientras se ponía dificultosamente de pie—. Siendo un mago que no gusta del contacto social ha camuflado su vivienda de manera que incluso a los magos les cueste dar con ella.
—¿Ahora hacia dónde es? —inquirió Kay.
—Creo que por allá —dijo Harry mientras señalaba un hueco que llevaba a un túnel que se extendía en dirección sur.
—¡Está totalmente oscuro! —exclamó Robert acercándose a la boca del túnel.
—Por eso traemos nuestras varitas —dijo Spears—. Lumos.
Los dos hombres la imitaron, y penetraron en el túnel, el cual era tan oscuro que incluso con la luz de las varitas costaba trabajo distinguir los muros que formaban la galería que recorrían.
—¿Creen que esto sea natural o sea obra de un hechizo? —preguntó la mujer del equipo.
—Probablemente sea obra de un hechizo, una forma de asustar a los muggles —opinó Harry—. Aunque parece algo ridículo, ya que no creo que ningún muggle esté muy ansioso por llegar a la cima de esta montaña para encontrarse con que no hay nada.
—No lo sé —manifestó a su vez Snug—. Al ver la disposición de este túnel se me ocurre pensar que tal vez no sea la única entrada. Tal vez haya otro túnel camuflado en la base de la montaña que sirva como entrada.
—¿Quieres decir que subimos la montaña para nada? —cuestionó escandalizada Spears.
—Es solo una suposición —dijo Robert—. Lo hago bajo la base de los hechos, ya que por si no se han dado cuenta el camino se vuelve cada vez más inclinado, indicándonos que va de bajada. Sin embargo, mi información decía que el mago vivía en lo alto de la montaña, así que bien el mago podría vivir en la base de la montaña, pero la única entrada podría estar en lo alto.
—Espero que sea la primera opción —expresó Kay después de pensárselo un momento—. Así cuando tengamos que retirarnos el mago podrá indicarnos por donde salir directamente al pie de la montaña, y no tendremos que preocuparnos por subir nuevamente esta horrible montaña para después bajarla.
La Orden está adquiriendo más poder a cada momento. ¿Lograrán encontrar el Espejo Maldito? ¿Le sucederá algo a Jean Pascot debido a lo que sabe? ¿Es Cornus Vitelius tan inocente como aparenta? ¿Lograrán averiguar algo más los tres aurores ingleses con este mago loco?
