Cap. 14
.
.
.
Después de dos horas dentro de aquel cuarto de paredes blancas y asfixiante olor a limpio, Bella se levanto de su silla y se dirigió hacia la puerta, por mucho que lo odiaría, debía salir.
Thom se había ido a petición de ella. Llevaban ya casi cuatro horas en el hospital y Bella no quería obligar a Thom a quedarse más tiempo, puesto que ya se había quedado más de lo necesario. Aun así el chico rubio se había resistido y había argumentado febrilmente que no le importaba quedarse acompañándola por todo el tiempo que fuera posible, hasta había asegurado estar dispuesto a quedarse a dormir si ella también lo hacía.
Pero al final Bella logró convencerlo, al menos de que saliera y consiguiera un cambio de ropa para ella y con un beso en los labios en forma de agradecimiento, lo había despedido.
Ahora Bella salía de la habitación porque se sentía sofocada. Necesitaba aire, aire que no encontraría dentro de esas cuatro paredes, por lo que, después de mucha lucha interna, había decidido dejar a su madre, quien se encontraba dormida después de unos cuantos minutos de conciencia hace ya más de una hora.
Pero al mismo instante que salió del cuarto de su madre, y las personas que pasaban por el pasillo se quedaron viéndola, se acordó de sus ropas, que estaban llenas de sangre y con las cuales no quería salir a la calle.
Así que, resignada, decidió dirigirse a la cafetería del hospital para al menos tomar y comer algo.
Caminó con paso lento, como pensando antes de hacer cualquier movimiento, con la cabeza gacha y la mirada enfocada en nada en particular, el cabello desordenado y en una posición encorvada, como metiendo los hombros. Acongojada y perdiendo por completo la posición altiva y defensiva que llevaba normalmente.
No le costó mucho llegar a la cafetería, además de que todo estaba muy bien señalizado, ya había estado antes en aquel hospital. Puede que hubiera sido hacía mucho tiempo, cuando era solo una pequeña niña, pero no había forma de que se sacara de la mente aquel día fatídico que destrozó su mundo por completo. El día en que su padre había muerto era el día que había marcado a la pequeña niña de grandes ojos castaños, que habían dejado caer las primeras lágrimas de verdadero dolor aquel mismo día. Con tan solo seis años de edad había quedado huérfana de padre, había quedado sin su príncipe azul, sin su protector, sin su escudo y espada, sin aquel hombre que era todo para ella.
Pero ella no había sido la única afectada aquel día hacía ya once años. Junto a la niña había estado parada una mujer joven, en sus veinte, apretando fuertemente su mano. Ambas paradas en una habitación de hospital, muy parecida a la que Bella había abandonado hace poco, con los ojos llenos de lágrimas fijos en un hombre que a pesar de no ser tan joven como la mujer aún se conservaba estupendamente, o mejor dicho, se había conservado estupendamente hasta que enfermó gravemente, hasta llegar a esa cama que se convertiría en su lecho de muerte. La mujer había aguantado las lágrimas durante los últimos minutos de vida de su amado esposo, quien le había pedido encarecidamente que no llorara y se mantuviera fuerte, que fuera fuerte por él y por la pequeña niña, quien no había aguantado las lágrimas, pero que trataba fuertemente dejar de sollozar por petición de su padre moribundo.
Los recuerdos invadieron a Bella, que ya estaba lo suficientemente mal como para atormentarse más a punta de recuerdos, por lo que sacudió la cabeza en un vano intento de desaparecer las memorias que llenaban su mente. Cuando entre a la cafetería agradeció que se encontrara prácticamente vacía, solo un par de mesas se encontraban ocupadas por lo que no tardo en notar que en una de ellas se encontraba el chico de cabello cobrizo, jugando con una taza de café pero que levanto su mirada justo en el momento en el que la de ella se fijaba en él.
Era el momento perfecto para acercarse a ella y preguntarle sobre la razón de su estadía en el hospital y de su maltrecho aspecto, que aunque sonara raro y que ni el mismo Edward, quien era dueño de este pensamiento, pudiera creer, no afectaba su belleza.
Edward se encontró a sí mismo debatiéndose una vez más entre acercarse o no. Después de todo ellos eran "amigos", los amigos se preocupaban por el otro y seguramente cuando se encontraban en un hospital, se saludaban y preguntaban de forma educada la razón por la cual se encontraba en aquel lugar. Pero él no sabía cómo se trataban los amigos y si su idea era la correcta, sabía que si se acercaba a ella a preguntarle y ella le respondía, después la chica también estaría interesada en preguntarle la razón por la cual él se encontraba en el hospital.
Estoy visitando a mi padre… pensó decir, aunque sonara muy reforzado y no justificara la cantidad de tiempo que llevaba ahí dentro.
Sus cavilaciones fueron interrumpidas por una caída que hizo la elección por él. Bella se había tropezado con una de las sillas del comedor y había caído como una muñeca de trapo al piso; se encontraba limpiándose el inexistente polvo y dispuesta a levantarse cuando vio que una gran mano pálida le era tendida y, para no ser descortés con el amable desconocido, la tomó sin siquiera mirar a quien partencia. No se molestó en revisar la identidad de la persona que le había ayudado sino hasta que, ya estando de pie, se dispuso a dar las gracias y se dio cuenta que quien la había ayudado era la razón de su caída.
—Gracias, Edward…
— ¿Estás bien? —preguntó el chico, mientras la ayudaba a acomodarse.
—Sí, estoy bien —respondió Bella tratando de sonar convincente, pero su voz se quebró. Era una mentira, no estaba bien, pero claro que la causa de su malestar estaba muy lejos de ser aquel pequeño tropezón.
— ¿Qué… qué haces aquí? —preguntó la chica, como tratando de cubrir el quiebre de su voz, pero apenas terminó de pronunciar esas palabras supo que había sido todo menos una buena idea. Dejando a un lado el hecho de que esa fuera la pregunta que ella había querido hacerle desde que lo vio discutiendo con su padre en la mitad del pasillo de la sala de espera, esa no había sido la mejor forma de iniciar una conversación y pudo ver como Edward se erguía y tensaba, al parecer incómodo por la pregunta y sin saber qué responder.
—Eh... un problema familiar, no hay razón para que te preocupes. Pero tú, ¿qué haces aquí?, ¿te encuentras bien? Te ves un poco maltrecha—Edward deseó golpearse a sí mismo. Era estúpido, su forma de escabullirse había sido estúpida y sabía que no iba a funcionar. Además, las preguntas que había formulado, al igual que la primera pregunta de Bella, expresaba lo que había querido saber desde hace mucho, y por eso habían poseído muy poco tacto. Era estúpido, lo sabía y lo confirmó cuando Bella palideció y el intento de sonrisa, que había tenido en los labios al tratar de dar las gracias de forma agradable, había desaparecido por completo haciendo que en su rostro se denotara aún más la tristeza.
Bella demoró mucho más de lo que es prudente demorarse antes de contestar, pero no era para más, en su interior se debatía sobre qué responder. Sabía que pronto todo saldría a la luz, no había forma de detenerlo, la policía había ido hasta el hospital para hacerle preguntas a Bella. Al parecer los médicos habían alertado a la policía y a Bella no le había quedado otra que responder a todas las preguntas mientras que Thom había sostenido firmemente su mano y cuando ella se trababa en algunas partes, él la había ayudado a continuar. No había forma de detener la información, de mantenerla en secreto y menos aún en un pueblo tan pequeño como este, así que decidió tomar aire, cerrar los ojos y suspirar antes de volver a abrirlos para mirar a Edward mientras respondía.
—Yo me encuentro bien, mi madre es la que está hospitalizada… —No dijo nada más, pero supo que recibiría más preguntas.
— ¿Se encuentra ella bien? —preguntó Edward mientras trataba de acordarse si alguna vez había visto a la madre de Bella, y luego de un tiempo se dio cuenta que no, y que, además, él no sabía casi nada sobre ella o sobre su familia. El único conocimiento que tenía era el que había adquirido ese mismo día en su conversación.
—Sí, los médicos dicen… —suspiró— dicen que se encuentra estable. Pero tendrá que permanecer más tiempo en el hospital. —Bella hablaba en voz baja y tenía un aspecto muy cansado y pálido.
— ¿Quieres algo de comer?, ¿o de tomar? ¿O tal vez tomar un asiento? —preguntó Edward, quien se comenzaba a preocupar por el aspecto de la castaña y que, a su vez, pensaba en la coincidencia que era el hecho de que ambos se encontraban en el hospital por sus madres.
—Sentarme, necesito sentarme.
Así pues, tomaron asiento en la mesa que tenían al lado.
Bella pareció desplomarse en la silla como tratando de librarse de un agobiante peso que se cernía en sus hombros. Edward, por su parte, se sentó sin apartar en ningún momento la mirada del cuerpo de la castaña, que se encontraba aún más pálida de lo normal, o de lo que era sano en el aspecto de una persona, y con una expresión que era indescifrable para Edward, quien no contaba con la habilidad de leer a las personas.
— ¿Cómo…? —Edward trató de buscar las palabras correctas para formular la pregunta—. ¿Qué…? —Volvió a intentar, y a su vez, volvió a fallar.
— ¿Qué le pasó a mi madre? —suspiró entre dientes la chica al darse cuenta que él no había sido capaz de formular aquella pregunta que ella, a su vez, no sabía cómo responder.
—Eh… —Edward nunca antes se había sentido tan torpe y desconfiado de sí mismo. No era bueno tratando a las demás personas, lo sabía. Tampoco era bueno manteniendo una conversación normal y esto era aún más difícil que una conversación normal. Aunque no supiera mucho sobre la vida de Bella (decir que sabía algo era una exageración a su falta de conocimiento), tenía presente que la situación en la que se encontraba no era precisamente fácil—. No quería incomodarte con ese tipo de pregunta… Estás en todo tu derecho de no responder, es tu vida privada y yo…
—Entiendo, y no es que no quiera responder. —Bella no sabía por qué de un momento a otro se sentía dispuesta a hablar, a contar todo. Se imaginaba que era porque sabía que pronto todo saldría a la luz, pero aun así cuando "saliera a la luz" no sería más que un rumor, un rumor de pueblo que haría que las miradas de compasión se fijaran una vez más sobre ella. Pero esa no era suficiente razón para estar a punto de abrir debelar su mentira a Edward—. Solo que no sé cómo hacerlo.
—Perdón, pero no te sigo…
—Mi madre está internada por graves lesiones, cortadas y golpes. —Bella habló en un tono muy bajo, casi inaudible, pero Edward se encontraba lo suficientemente cerca para escucharla.
—Un accidente? Segura que tu te encuentras bien? —repuso Edward algo a lo que Bella sonrió amargamente.
- Podría decirse así, aunque no fue muy accidental
Esas palabras desconcertaron a Edward, pero no le tomo mucho tiempo descifrar a lo que se refería su compañera, más cuando la había dicho en es tono tan amargo.
En esos momentos los pensamientos de Edward eran un desorden total, una parte de sí se acordó de como, hace tan solo una semana, había considerado que la chica que tenía delante, chica que parecía cada vez más indefensa y que en su rostro se evidenciaba todo el dolor que sentía, había pensado o hasta habría jurado que su comportamiento "rebelde" era estúpido e intolerable y que no tenía ninguna razón de ser. Había considerado que la vida de ella sería, por mucho, un intento de tragedia sobreactuada. Ahora se daba cuenta cuan equivocado había estado, un "intento de tragedia sobreactuada" no llevaría a una joven a traer a su madre por urgencias desangrándose.
No sabía qué hacer, un sentimiento de culpa lo había invadido, sentimiento que se reflejó en sus ojos y que Bella interpretó mal, lo interpretó como una mirada de compasión, compasión que ella no quería y que odiaba.
—Lo siento mucho —dijo Edward sin saber que más decir, y estas palabras, que no tenían ninguna intención por parte de Edward de sonar como típicas palabras de compasión, puesto que a él personalmente también le fastidiaba la compasión, fueron a su vez malinterpretadas por Bella, quien apartó su dolor para volver a alzar su cabeza de forma altiva y defensiva sin importar la poca fuerza que le quedaba.
—No tienes por qué sentirlo ni compadecerme. —Su tono era cortante y su mirada fría, características que hicieron que Edward se estremeciera al darse cuenta de cómo la actitud de ella era tan parecida a la de él mismo.
—No te estoy compadeciendo. Puedo imaginarme cómo te sientes y sé que lo que menos deseas en estos momentos es compasión —respondió Edward tomando un poco más de seguridad al familiarizarse con ella.
La mirada de Bella se suavizó un poco, pero su posición no cambió.
—No creo que lo sepas… —Una sonrisa triste se posó por los labios de Bella. Se sentía rara al haber hablado sobre "eso" con alguien más, por un momento se sintió arrepentida, pero ahora no sabía cómo sentirse.
Estaba dispuesta a levantarse de la mesa y marcharse, pero cuando se levantó Edward se levantó a su vez, con su mirada llena de interés y comprensión, algo muy diferente a la compasión. Bella cada vez se sorprendía más sobre la reacción del frío, distante y antisocial Edward Cullen, que parecía muy interesado en ella de la noche a la mañana. Esta mañana, mientras había mantenido una conversación de "amigos" se había sentido igual, pero había desechado esos pensamientos adjudicando el cambio de actitud del chico a la presencia de su prima, pero ahora su prima no estaba cerca.
Edward aprovechó para acercarse a la chica de pálida piel y buzo manchado de sangre, puso sus manos en la cintura de ella sin saber por qué razón en realidad, tal vez para evitar que se fuera.
—Sí, te entiendo, y no pretendo hacerte sentir mal con comentarios de compasión, sé que eso es lo que menos deseas, solo quiero saber si estás bien y si puedo ser de alguna ayuda.
—Lo estoy, ya te lo dije. No soy yo la que está en una jodida cama de hospital. —Bella trató de zafarse del agarre de Edward, que aunque no era fuerte, estaba molestando su costado derecho. Al moverse Bella, el chico apretó un poco el agarre en la cintura, lo que causó que Bella soltara un pequeño siseo de dolor, que hizo que él la soltara rápidamente.
—Perdón, no pretendía lastimarte —dijo dando un paso atrás.
—No, no me lastimaste, solo es que…
En ese momento fueron interrumpidos, como hacía unos días, por una chica rubia que corría hacia su primo.
—Edward… Está despierta… —Después de mencionar estas palabras, Adria se percató de la presencia de la castaña y de la cercanía de ambos.
—Bella, hola. Diría que es una alegría encontrarte si no fuera por tu aspecto… ¿Estás bien?
—Sí, estoy bien. —Ya estaba cansada de responder lo mismo.
—Perdón por interrumpir, era necesario y en mi defensa no me había percatado de tu presencia. También pido que perdones mi imprudencia, pero ¿cómo…? —Adria tampoco supo cómo articular la pregunta.
Edward, al ver a Bella en apuros y al parecer no queriendo responder, desvió la atención de su prima hacia él.
— ¿Me necesitabas?
—Sí… —dijo mirándolo, pero luego volviendo su mirada hacia la castaña, no esperando una respuesta de ella, sino como dudando si hablar sobre el por qué lo necesitaba frente a ella.
Edward entendió la mirada de su prima, pero no supo qué hacer, no estaba seguro de querer dejar sola a Bella. Un sentimiento extraño le impedía alejarse de ella, pero otro igual de fuerte lo empujaba a irse con su prima. Él había escuchado las palabras que había dicho al entrar: estaba despierta, se había despertado.
Bella por su parte, al encontrar un momento preciso para salir de ahí, susurró un pequeño adiós, pretendiendo no ser escuchada para poder escabullirse sin ninguna dificultad. Mas cuando trató de ejecutar lo planeado sintió como una mano tomaba su muñeca.
—Isabella…
—Tengo que ir a… revisar a… regresar a…
—Te entiendo —respondió Edward, pero no soltó su muñeca.
Bella hizo otro intento para soltarse del agarre de Edward, pero no pudo.
—Edward, suéltala —dijo Adria dándose cuenta de los intentos de Bella para zafarse.
El chico soltó la muñeca de la castaña y susurró un pequeño "disculpa" que fue respondido por una sonrisa, pequeña e indecisa, pero era una sonrisa.
—Adiós, Bella, que te vaya bien —se despidió Adria, quien se había dado cuenta del gran cambio de actitud de su primo alrededor de la castaña y quien por dentro se encontraba feliz por eso, aunque la situación no le permitiera esbozar sonrisa alguna.
—Adiós, Bella —dijo Edward a su vez—, hablamos luego…
—Sí, claro, adiós. —Bella caminó con apuro hacia la puerta, se olvidó el hecho de que había salido de la habitación de su madre para comer algo y escapar de esas horribles cuatro paredes.
Ahora se encontraba escapando de la cafetería del hospital, ya no tenía a donde ir para coger aire fresco, necesitaba aire fresco.
Hola, me alegra mucho que sigan con la historia, a pesar de mi demora. He de aclarar que afortunadamente me encuentro perfecta de salud, pero soy estudiante de medicina y vivo en un hospital, de todas maneras gracias a las personas que se preocuparon por eso. Espero les guste, tratare de actualizar pronto.
