A quienes no he podido dar las gracias personalmente, pues eso, muchas gracias.
El sábado Kyoko estaba mirando un escaparate cuando sintió una figura enorme cerniéndose sobre ella. Su primer impulso fue gritar y saltar del susto, pero era solo Ren, con gorra y gafas de sol ¡dentro del centro comercial! Estos famosos… Aunque bueno, él sí era famoso. Así que debía protegerse de las fans. ¿Pero me quieres decir tú qué sol hay entre cuatro paredes?
En fin… Sonrisas y saludos brillantes después de dos semanas sin verse, y pronto la charla corre fluida y cómoda entre ellos, como si no supieran ya perfectamente cómo le ha ido al otro…
Y en una cafetería, delante de unas tazas de té y unas galletas, Kyoko le suelta la bomba:
- Hoy fui a ver a Shotaro…
Pudo ver cómo su sonrisa se desvaneció y todo su semblante se oscureció, y cómo el aura funesta que antes usaba Cain empezó a rodearle. Algunos clientes, percibiendo la tensión en el aire, se dieron la vuelta para mirarlos.
- Ren ¿qué pasa?
- ¿Que qué pasa? ¿Y tú me preguntas que qué pasa? -dijo con la mandíbula prieta, casi rechinando los dientes.
- Sí. Yo te pregunto que qué pasa -"a mula no me ganas, Ren…".
- ¿No es suficiente el daño que ya te ha hecho que aún lo buscas? ¿No tienes ningún respeto por ti misma?
- Eeeeh. Oye. Párame eso ahí… Si me dejaras hablar…
- ¿Todavía lo necesitas? -nada, Ren sigue hablando sin escucharla, rápido, sin tomar aire.
- … te diría…
- Lo sigues queriendo, ¿verdad?
- … que fui…
- A ese niñato del Fuwa…
- …a decirle…
- ¿Después de todo lo que te hizo?
- …que ya no quiero venganza…
- Claro, porque lo quieres a él…
- …porque ya soy libre de él…
Ren se calla abruptamente.
- ¿Eh?
Kyoko resopla con aire cansado.
- De verdad, Ren, no sé por qué te pones así cada vez que se nombra a Shotaro…
- Da igual. Yo sí lo sé. Dime qué es eso que me ibas a contar…
- Pues ahora no sé si quiero contártelo -sí, señores, la mula ataca de nuevo.
- Me lo vas a decir.
- No.
- Sí.
- Que no.
- Que sí.
- ¿Por qué?
- Porque sí.
- Pues no.
- Ya vale, Kyoko.
- No, no vale, Tsuruga-san…
Ren frunció el ceño ante la inesperada formalidad.
- Oh, muy bien…, Mogami-san. Yo también sé jugar…
Y allí te ves a estos dos idiotas, sentados a la mesa, con los brazos cruzados y la nariz empinada en alto, casi dándose la espalda, y sin dirigirse la palabra.
Y Kyoko mientras pensando… "¿Celos? ¿Eso son celos? ¿Será posible que todo este tiempo su encono con Shotaro fueran los celos?".
Y Ren mientras pensando… "¿Cómo es eso de que está libre de él? ¡Libre! ¿Libre para amar? ¿Libre quizás para volverse a enamorar?".
Los dos se giran para mirar al otro y dicen a la vez:
- Perdóname…
Al final Kyoko le contó su entrevista con Shotaro. Había ido a decirle que dejaba la venganza. Que ni siquiera la necesitaba ya. Que había encontrado una pasión más fuerte que su odio por él. Que ya había encontrado las fuerzas para perdonarlo y solo quería recordar al muchacho con el que se crió. Si quería un futuro, debía dejar de vivir en el pasado. La actuación la hacía feliz y no quería cadenas que la ataran al descontento y la furia.
- Así que, Shotaro, soy libre. Te deseo lo mejor… Que te vaya muy bien en la vida…
- P-Pe-pero… Kyoko… ¿y la apuesta?
Kyoko, con voz cansada, le contesta:
- La apuesta fue injusta desde el principio, Shotaro. Tú nunca apostaste nada. Solamente yo…
"Y en cualquier caso, hubiera ganado yo… Tsuruga Ren no existe…".
- Adiós, Sho…
Y allí lo dejó, solo y con los hombros hundidos, pensando en lo que un día tuvo y perdió.
Por imbécil.
A Ren de la apuesta no le dijo nada… Ni en broma…
Él la miraba con la mayor perplejidad en el rostro. No sabía qué decirle. Bueno, sí, pero un '¿quieres casarte conmigo?' era desde luego un poquitín demasiado precipitado para soltarlo ahora. Así que al final lo único que le salió fue un desconcertado 'Kyoko'.
- Kyoko… Yo… Tú…
- Anda, dejemos este tema ya… Vayamos a la tienda de animales. Quiero ver a los cachorritos…
Ren se puso en pie, aún abrumado por el impacto de la nueva información. "Kyoko había sanado de sus heridas. ¿Podría amar de nuevo? Oh, por Dios… ¿Podría llegar a amarlo a él?". La siguió mientras sentía cómo en su pecho se encendía la pequeña llama de la esperanza.
Lástima que en esos momentos Kyoko tenía otros planes…
