Por fin habían terminado de reparar la escuela y las clases volvían a su ritmo habitual, regresaba la profesora, las tareas y el suplicio de tener que soportar a los estúpidos que componían el grupo, al menos esa era la perspectiva que tenía Vaati de la situación.
Pero no todos eran imbéciles, Farone era muy lista, escalofriantemente lista, aunque solía aparentar lo contrario, le tenía aprecio pero siempre era muy precavido con ella, básicamente era imposible ocultarle un secreto. Por otro lado, su silencioso amigo Rumpel era un misterio caminante, casi nunca hablaba y era muy poco lo que se sabía de su familia, que en realidad consistía solo en su tío, pero aparentemente era un tema complicado, cuando se le preguntaba por sus padres, se limitaba a sacar su violín y tocar las tonadas más tristes posibles.
Fuera de esas dos personas, para Vaati todos los demás eran unos imbéciles o unos posibles enemigos, su vida era un campo de batalla donde él era el villano, aunque no hubiera hecho nada malo. No podía permitirse confiar en nadie y siempre estaba a la defensiva, algo bastante estresante que lo dejaba exhausto, por eso odiaba ir a la escuela. Pero ahora último se habían sumado causas de estrés extra, como el brujo maligno.
Ese maldito brujo oscuro que solo causaba problemas, desde que llegó había entrado en pánico ante la idea de que alguien lo culpara por sus fechorías, era por eso que trataba a toda costa de deshacer sus planes y de demostrar su inocencia. Por culpa de él ahora estaba obligado a estar un paso por delante para no verse inmiscuido en el asunto. Ya le había pasado durante el drama con Ingus, que casi lo acusaban de un crimen que no cometió. Aquello le había hecho enojar tanto, que decidió guardar la información del brujo para sí mismo, pero tras pensarlo un poco, aquello no le convenía, lo mejor era que tuvieran un culpable en la mira para que lo dejaran en paz.
Sin embargo, ahora no sabía como contar la información. Tenía miedo de que alguien pensara que era un invento suyo para causar estragos e inculpar a otra persona, luego de varias cosas que le había tocado vivir se había vuelto algo paranoico.
Al principio, la opción más obvia para pedir ayuda fue el maestro Ezero, pero eventualmente terminó por descartar esto. Si se lo contaba al viejo, este notificaría al consejo de magia, eso significaba vendría ese montón de magos feos, malas pulgas, que lo discriminaban por la naturaleza de su magia de forma igual o peor que la gente del pueblo. Quizás hasta lo inculparan de delitos con pruebas falsas, ya le había pasado una vez, luego de eso jamás volvió a fiarse de ningún mago que no fuera Ezero... Quizás a Mapple le tenía algo de confianza, pero a ella no la veía mucho.
Buscando desesperadamente a quien contarle lo que sabía, terminó por pensar en la princesa Zelda. Parecía tan tonta como el resto de la clase, pero se veía cálida y amable, además de que era nueva en el pueblo y esperaba, aún no estuviera contaminada por los prejuicios del resto. Quizás si hablaba con ella le prestaría su ayuda, además de que si contaba con apoyo de la joven noble, los demás confiarían en él y quizás hasta podría llegar ayuda de la capital, eso sonaba bien, pero el problema era lograr hablar con ella.
Vaati había pasado toda su vida evitando a los demás, esta era la primera vez que quería tratar con alguien de forma voluntaria, cosa que le estaba resultando más difícil de lo que creía. Su paranoia le hacía imaginar los peores escenarios posibles, desde que la princesa se burlaba de él, hasta que su guardaespaldas le atravesaba el corazón con su naginata. Fue por eso que comenzó a seguirla en secreto, tratando de encontrar el momento en que se quedara sola para hablarle, cosa que jamás pasó, Impa vivía pegada a ella, como si fuera su sombra. A ese paso la única vez que podría estar con Zelda a solas, sería cuando entrara al baño, cosa que obviamente no haría.
Desgraciadamente mientras seguía a la princesa, Din lo había descubierto y tras un par de amenazas lo dejó libre. No pensó que ese incidente trajera repercusiones, pero no contaba con que la pelirroja hablaría con la Sheika, desde entonces la idea de acercarse a Zelda parecía una proeza imposible.
Impa ya daba miedo, pero ahora que tenía sus ojos puestos en él y lo vigilaba cada vez que estaba cerca, se había vuelto aterradora. Esos ojos fríos eran los de una asesina ¿Acaso pretendía matarlo? Nuevamente su paranoia atacaba ¿Por qué tenía que ser tan difícil hablar con la gente?
—Oye Vaati ¿Estás bien? —Dijo Farone picando al brujo con su dedo.
—¡Ah! ¡Qué pasó! —Contestó este asustado despertando de su pensamientos.
—Oye tranquilo, estás muy nervioso ¿Qué pasó? ¿No hiciste la tarea? Si quieres te la puedo prestar antes de que llegue la profesora.
—Que... No, sí la hice, es solo que he tenido muchas preocupaciones.
—No me digas, sigues con las dudas sobre cómo hablarle a Zelda.
El pelivioleta asintió con desgano y desvió la vista hacia el pupitre donde se sentaba la princesa junto a su inseparable amiga Din. Pero no era ella la que le preocupaba, de pie junto a la futura monarca estaba la Sheika. Si bien al inicio de clases nunca estaba cerca, luego del ataque contra Zelda jamás se separaba de ella, era su sombra, sigilosa y letal, como fiera del bosque.
—No es por hablarle a Zelda, es por Impa, no creo que me vea con buenos ojos. Si me acerco me mata.
—¿Otra vez con tu paranoia? Deja de darle tantas vueltas, Impa no te puede matar. A pesar de lo que dicen de ti, jamás has cometido un delito, no pueden castigarte y hasta donde sé, hablarle a una chica no es ninguna falta.
—Pero soy un brujo oscuro, seguramente...
—No empieces con eso de nuevo, ya es hora de que te quites los prejuicios que tienes, si a la salida de clases no hablas con Zelda, ni Rumpel ni yo te hablaremos en lo que queda de la semana.
Vaati sorprendido por la declaración de su amiga miró a Rumpel esperando algo de apoyo de parte de él... Aunque tampoco era que pudiera esperar mucho, de por sí Rumpel casi no hablaba.
—De acuerdo, hablaré con ella, asumiré que no será peligroso ni dañino para mí.
Las clases de ese día fueron más horribles de lo habitual para Vaati, los nervios que sentía por tener que hablar con la princesa lo tenían histérico. Una bola de angustia le impedía comer y le dificultaba respirar, la tensión en cada músculo de su cuerpo lo mantenía en alerta, mientras sus manos jugueteaban con cada cosa que tomaba. Ya se había comido la mitad de su lápiz y sus mandíbulas le dolían de tanto apretarlas, mientras observaba el reloj de pared que avanzaba demasiado rápido para su gusto.
La campana de fin de clases resonó en el aula, pero cada tañido Vaati lo sentía como si fuera un golpe a su propio corazón. Como un llamado a su propia ejecución.
Los alumnos salieron alegres del establecimiento donde un brillante sol les daba la bienvenida. La princesa salió desbordando entusiasmo como siempre, seguida de la sheika y la gerudo.
El joven brujo las seguía de cerca encogido de miedo bajo la atenta mirada de la peli verde.
—Vamos Vaati, ya es la hora, habla con ella. Tú dijiste que era importante, el brujo malo es poderoso y tú no puedes solo con el.
—¡Mmh! —Corroboró Rumpel con un extraño gemido.
El menudo muchacho se resignó a su destino, suspiró profundamente y aún encogido de miedo se acercó la chica de los cabellos dorados.
—Eh... Princesa... ¡Princesa Zelda, necesito hablar con usted! —Finalmente logró gritar.
La muchacha se giró y puso sus ojos de zafiro en la mirada carmesí del brujo, no parecía molesta o asustada, incluso le iba a hablar, pero antes de que pudiera decir cualquier cosa, la fiel guardiana se interpuso apuntando su naginata contra el intruso.
—Que quieres— espetó de forma seca.
En ese momento Vaati sentía que quería salir corriendo, esto se parecía mucho a uno de los escenarios malos que había imaginado, en su fantasía perversa luego terminaba con el acero incrustado en su estómago.
Retrocedió un par de pasos inseguro, estaba a punto de desistir de sus intenciones, cuando de reojo captó la presencia de Farone. Ella había declarado que si no se animaba a hablar con Zelda, no le hablaría en una semana, para una persona solitaria como él, aquello era una tortura. Aunque no lo reconociera y aparentara ser un hombre seguro a quien no le importan los demás, en realidad era un mendigo de amor, dispuesto a defender con garras y dientes las migajas de afecto que sus amigos le brindaban.
La realidad era que Farone al ver al chico con una naginata apuntandole, quiso ir a darle una ayuda y calmar el ambiente, pero Vaati presa del miedo, la paranoia y una cascada de pensamientos negativos cometió una estupidez. Dispuesto a hablar con Zelda como fuera, utilizó su famoso hechizo de inmovilización clavando a las guardianas de la princesa al piso, luego adquirió su aspecto de monstruo, pero no era la apariencia habitual del porte de una pelota de tenis, está era una forma mucho más poderosa, grande y aterradora.
Ahora se trataba de un ojo inyectado en sangre, con un borde dorado a su alrededor, además sus cuernos se habían alargado mucho y sus alas multiplicado contando ahora con tres pares, sin embargo lo que más impresionaba era el enorme tamaño que tenía, siendo ligeramente superior al de Impa.
Ya en esta forma monstruosa, el brujo extendió un tentáculo de oscuridad que se deslizó hasta la princesa aprisionándola. Zelda comenzó a agitarse y golpear la extremidad aterrada, quizás la primera vez que se enfrentó al peligro el miedo la paralizó, pero ahora estaba en condiciones de luchar y gritar, lamentablemente aquello era tan inútil como quedarse estática.
Una vez que tuvo a su presa firme, el brujo emprendió el vuelo levantando un fuerte viento que obligó a todos a cerrar los ojos. Estando Impa y Din adheridas al piso no pudieron hacer nada para evitar que Vaati se llevara a la princesa, solo yacer allí impotentes hasta que la distancia debilitara el hechizo y pudieran moverse de nuevo.
—¡Zelda! ¡No puede ser! —Gritó la mujer con desesperación.
—¡Ese maldito bastardo! —Gritó a su vez la joven del desierto—. No debí dejarlo ir ese día, debí haberle arrancado las alas con mis propias manos, ese malnacido.
—¡Esto es mi culpa! —Gritó Impa agarrándose la cabeza—. ¿Qué voy a hacer ahora? Zelda capturada por un brujo, quizás qué cosas horribles le hará a mí pobre niña, esos asquerosos seres son capaces de cualquier cosa.
—Tranquila Impa, la rescataremos —trató de consolarla Din.
—Ese idiota ahora sí que metió la pata —dijo Farone observando el lugar por donde había desaparecido el brujo.
—¡Tú! —Gritó Impa dirigiéndose hacia la peli verde y tomándola por los hombros con firmeza—. Tu eras amiga de esa bestia ¿No te dejo entrever sus planes? ¿Por qué secuestró a la princesa? ¿Dónde la lleva? ¿Qué quiere hacer con ella?
—Vaati no quería secuestrar a la princesa, solo quería hablar con ella.
—Claro, claro.
Obviamente la Sheika no le creía, pero suponía que era duro aceptar que un amigo está metido en malos pasos y que lo mejor era no presionarla si quería sacar algo de información. Estaba pensando en alguna otra táctica para interrogar a la chica, cuando otro individuo vestido de verde que salía de la escuela captó su atención.
—¡Wind! ¡Tú puedes ayudar! —Exclamó corriendo hacia el aludido—. Vaati secuestró a la princesa Zelda ¡Tienes que salvarla!
—¿Vaati? ¿Por qué haría eso?
—Yo que sé, pero eso no importa, lo importante es salvarla. Tú eres el elegido por la espada maestra, te corresponde rescatar a la princesa.
Wind desvió la mirada y captó por el rabillo del ojo el rostro preocupado de Farone, esta en cuanto se sintió observada se volteó para no enfrentarse al rubio, tomó a Rumpel que estaba junto a ella y lo tironeó de la mano instándolo a alejarse del lugar.
El semblante de Wind adquirió una profunda tristeza al observar las acciones de la oráculo de los secretos, un malestar que Impa en su desesperación no fue capaz notar, pero sí lo percibió Talma, que como siempre estaba junto al rubio acompañándolo en todas sus actividades.
—¿Qué pasa Wind? Al ver a Farone te pusiste muy triste, ¿Hay algún problema entre ustedes?
El rubio se limitó a ignorar la pregunta de la hada y encarar a Impa.
—Yo no creo que Vaati quiera hacerle algo malo a Zelda —un coscorrón de parte de la Sheika lo hizo corregir sus palabras—. Digo, a la princesa Zelda. Hasta ahora Vaati nunca ha hecho algo realmente malo, tal vez solo sea una de sus travesuras, eso sí es habitual en él.
—¿Travesuras? ¿Pero qué clase de idea tienes de lo que es una travesura? ¡Transformarse en monstruo y robarse a la princesa no tiene nada de travesura!
Din que hasta entonces había guardado silencio y observaba la situación, optó por intervenir. El problema era delicado y no había tiempo para discusiones tontas, cada segundo que pasaba era vital, la vida de su amiga podía estar en peligro.
—Ya déjalo Impa, se nota que este remedo de héroe no le llega ni a los talones a su padre, mejor vamos a buscarlo a él, seguro está más dispuesto a ayudarnos.
La mención de Link puso a Wind en alerta. Era verdad que no le hacía mucha gracia la idea de pelear con el brujo, pero realmente estaba convencido de que las intenciones de este no eran malas, que todo podría solucionarse fácilmente sin él. Además, no deseaba dañar al amigo de Farone. Sin embargo el que quisieran involucrar en el asunto a su padre era algo que no podía permitir, no podía hacer que este abandonara su trabajo por un asunto sin importancia, por lo tanto, aunque no quisiera, tendría que pelear contra Vaati.
—Está bien, las ayudaré a rescatar a Zel... La princesa, aunque no creo que esté en peligro realmente. Solo no metan a papá en esto.
—De acuerdo —contestó la peli blanca no muy convencida por la poca determinación que mostraba el muchacho.
—Entonces... ¿Dónde esta Vaati?
—...
—No lo sabemos —se adelantó a contestar Din—. Emprendió el vuelo y se perdió en los bosques.
—¿Los bosques perdidos? —Pregunto Wind preocupado, a lo que la gerudo asintió— ¿Por qué tenían que ser esos malditos bosques? Siempre me pasan cosas malas ahí, además de que son peligrosos, si no los conoces bien puedes terminar perdido para siempre, devorado por wolfos o una skulltula, asesinado por un stalfo o en el peor de los casos, transformado en alguna criatura mágica y vagar para siempre.
—¡Dios mío Zelda! —Gimoteó Impa pensando en alguno de esos destinos para su protegida.
—Tranquila, desde que Ezero se fue a vivir al bosque este es mucho más seguro. Él todos los días hace una caminata por el lugar para ver si alguien se perdió. Vaati y Ezero conocen el bosque como la palma de sus manos y jamás se pierden, saben todos los peligros y como vivir en ese lugar.
—Supongo que deberíamos pedirle ayuda a Ezero para encontrar a Vaati.
—Eso puede tomar demasiado tiempo —dijo Din—. El viejo Ezero vive en el mismo bosque, para contactar con él deberemos enviar alguna ave mensajera y esperar a que acuda a nosotras.
—¿Es que acaso no hay ninguna solución rápida para este problema? —Impa se agarraba la cabeza preocupada mientras pensaba en todas sus posibilidades.
—Esto... Creo que yo podría ayudarlas —susurró Talma con timidez.
—De... De verdad?
Impa observó a la pequeña bolita de luz con ojos esperanzados.
—Como ya sabrán soy una hada, nosotras somos sensibles a los cambios de energía, yo... Puedo detectar el rastro de magia que deja Vaati, al fin y al cabo es una magia muy particular, siguiendo eso puedo encontrarlo.
—Gracias Talma, no sabes cuánto nos ayudas con esto.
Impa respiró aliviada y se calmó al instante tomando su habitual actitud fría y altiva, su rostro se volvió de piedra y sus ojos adquirieron un inusual brillo salvaje, la asesina tenía un objetivo a cazar.
—Impa da miedo —susurró Wind junto a Talma.
—Lo sé —contestó la hada muy bajito—. Pero también da pena, está realmente preocupada por Zelda.
—Lo malo es que llegaré tarde a casa. —El chico rubio lanzó un sentido suspiro— Ralph.
El aludido estaba cerca de Wind y había observado la situación en silencio esperando que de alguna manera su amigo lograra zafarse de ella, pues tenían planeado salir a cabalgar juntos.
—Lo siento Ralph, nuestra carrera tendrá que esperar ¿Te puedo pedir un favor?
—Quieres que le avise a tu mamá que llegarás tarde a casa.
—Sí.
—No hay problema, dalo por hecho, solo ten cuidado, tratar con Vaati pues... Tú ya sabes.
—No quiero hacer esto— lloriqueó Wind.
En otro lado mientras tanto, la princesa Zelda ya se había cansado de gritar y luchar tratando de escaparse de su captor y se aguantaba las lágrimas en silencio, además de que estaban a bastante altura, si la soltaba repentinamente la caída podía matarla, lo mejor era esperar a estar en tierra firme.
La verdad si no estuviera tan asustada quizás hasta disfrutaría del viaje, ver las cosas desde las alturas era algo impresionante, el manto esmeralda bañado por los rayos del sol que tenía bajo sus pies era maravilloso, además cada tanto podía ver unos curiosos árboles repletos de flores color damasco, que desde la lejanía parecían esponjosas nubes rosadas. Su única queja real sería que se estaba muriendo de frío, la altura y el viento le calaban los huesos, incluso comenzaba a sentirse congestionada.
Un ligero estornudo alertó al brujo de la condición de la joven rubia, cosa que pareció ser un golpe a la realidad para eél.
—Lo siento —se disculpó Vaati—. Por favor aguanta un poco más, ya casi llegamos, te serviré algo caliente en cuanto lleguemos a la cabaña.
Eso sí fue sorpresa, normalmente los secuestradores no son tan amables con sus rehenes.
Al parecer lo que decía Vaati era verdad porque pronto comenzaron a descender, perdieron altura suavemente hasta atravesar la bóveda verde que formaban los árboles del bosque, eso fue algo molesto, las hojas y las ramas la rasparon un poco aunque sin causarle daños. De todos modos cuando abrió los ojos, pudo distinguir lo que Vaati llamaba cabaña.
Era una construcción rústica de madera realmente sencilla, de una sola planta, con una puerta, dos ventanas y una chimenea sobresaliendo de su tejado. No había nada destacable en ella, lo más interesante estaba a sus alrededores, donde parecía haber una especie de huerto donde crecían las plantas más raras que hubiera visto alguna vez.
Extraños arbustos con frutos en forma de lágrima, plantas que parecían personas retorciéndose de dolor, arbustos con semillas en forma de flama, plantas con hojas transparentes y otras con espinas de cristal, era algo increíble. Pero aunque le hubiera gustado bajarse a mirar aquellas maravillas de la naturaleza, había algo que la disuadía, en cada parte del huerto habían deku babas creciendo. Unas repulsivas flores azules con colmillos que acostumbraban cazar y devorar todo aquello que se acercara demasiado.
De pronto Zelda sintió el suelo bajo sus pies, se paró firme y luego percibió que el tentáculo de oscuridad que la aprestaba cedía en su agarre. Aquella habría sido una buena oportunidad para escapar, pero no sabría que hacer luego, estaba en un bosque desconocido, plagado de dekus baba y quizás qué otras bestias peligrosas, era una locura intentar huir. Quizás por eso Vaati estaba tan tranquilo, el chico adquirió su forma humana junto a ella, luego se acercó a la puerta de la cabaña y la abrió invitándola a pasar.
Clavó su mirada en aquel terrorífico rostro, esa piel de un blanco enfermizo, el cabello violeta y los ojos de sangre, sin embargo en contraste con aquel siniestro aspecto, podía distinguir una mirada triste y un semblante amable ¿Debería confiar en él? Aunque quisiera rechazarlo en realidad no tenía otra opción, se limitó a tomar aliento y lanzar una plegaria de protección a las diosas. Luego de eso siguió a su anfitrión y se introdujo en la modesta casita de madera.
Zelda había decidido entregarse a su suerte y entrar tras el brujo a su guarida esperando lo peor. De Vaati no sabía mucho, solo los rumores que se contaban de él, ninguno de fuente muy fiable, y todos lúgubres y terribles, por eso imaginaba que la casa del brujo sería alguna especie de tugurio oscuro, con cráneos decorándolo, cadáveres de animales, ojos en frascos de jalea y otras cosas por el estilo, sin embargo nada estaba más lejos de la verdad.
La cabaña en la que Zelda entró era bastante normal, limpia e iluminada, constaba de una única habitación, en el fondo había un caldero que en aquel momento estaba vacío, por los alrededores habían numerosos muebles, estantes y cofres a rebosar de toda clase de elementos extraños, colas de lagarto, alas de insectos, polvos de colores fosforescentes y sobre todo partes de plantas. En una esquina había una especie de cocina pequeña y una alacena, cerca de estas había una mesa rústica con tres bancas y en la esquina opuesta una hamaca. Parecía el lugar ideal para preparar todo tipo de pociones y ungüentos, pero un mal lugar para vivir, le faltaban bastantes comodidades.
—Siéntese, en seguida preparo algo de té —le dijo el brujo amablemente, cosa que obedeció sin cuestionar.
Pudo apreciar que el joven sacó de un mueble una tetera mediana en la cual vertió algo de agua que tenía guardada en un recipiente de vidrio, luego abrió uno de los frasquitos donde tenía unas semillas con forma de flama, las mismas que había en el jardín. Trituró algunas y las arrojó a aquello que parecía una cocina. Inmediatamente el polvo vertido comenzó a arder y lanzar unas modestas llamas rojas, luego puso un soporte sobre el cual dejó la tetera para que se calentara el agua. Una vez terminada esa tarea sacó un par de tazas, en las cuáles dejó algunas hierbas aromáticas esperando por el agua caliente para ser preparadas.
La princesa por su parte observaba todo eso con sumo interés, sus conocimientos de botánica y magia eran casi nulos debido a su poco interés por estas ciencias, pero ante la vista de las acciones del brujo comenzaba considerar la idea de estudiar aquellas disciplinas.
—En un rato estará listo el té, espero sea de su agrado.
—Que... ¿Qué fue todo eso? Trituraste esas semillas secas y salió fuego.
—¿Eso? Son semillas fuego, una planta traída desde un lugar llamado Labrynia, son bastante útiles para ahorrar madera, además sus flamas duran mucho tiempo encendidas, lo malo es que tardan bastante en crecer.
—¿Esas eran las semillas de los arbustos de afuera?
—Sí, esas mismas.
—¿Y que hay de esas plantas de hojas transparentes?
—Se llaman corazón de hielo, por el aspecto de sus hojas que parecen de cristal y la forma de corazón que tienen.
—¿Y las otras plantas retorcidas de color café?
—Dolor milenario, a pesar de su nombre la infusión preparada con sus ramas es muy buena para los dolores de huesos.
Zelda continuaba haciéndole toda clase de preguntas sobre plantas, ingredientes y pociones. A decir verdad esto no desagradaba a Vaati, tenía oportunidad de presumir sus conocimientos a una oyente muy entusiasta, además de que el nerviosismo que tenía se había esfumado, Zelda no parecía temerle ni rechazarlo. Sin embargo había algo que le extrañaba, según sabía los miembros de la familia real eran usuarios de magia, se decía que la reina Zelda era una poderosa maga, pero la princesa parecía tener nulos conocimientos en esta área, ni siquiera los básicos sobre botánica ¿Cómo era posible que no supiera de Dolor Milenario? Esa planta era tremendamente común y usada .
—Princesa, disculpe la pregunta pero... ¿Su maestro de magia no le ha enseñado a usar las propiedades de las plantas?
—Ah, lo que pasa es que yo no tengo maestro de magia, mamá trató de enseñarme un poco pero no se me daba bien, así que no me molesté en estudiar eso, de todas formas no es un conocimiento necesario para ejercer como reina en el futuro, así que nadie le dio mucha importancia.
—Entonces... De magia usted no sabe nada...
—Puedo hacer esto.
La rubia levantó una de sus delicadas manos, cerró los ojos y se concentró, luego de unos instantes una bola de luz se formó sobre su palma, esta emitía un brillo blanquecino suficiente para iluminar la habitación.
—Puedo controlar la potencia del brillo y su duración —la princesa agitó su mano desvaneciendo la fuente luminosa—. Es muy útil para leer en la noche.
Vaati se quedó mirándola con seriedad, parecía bastante molesto con esa declaración, hasta tenía un ligero tic en el ojo.
—¿Me repites por qué no estudiaste magia?
—Porque era muy difícil para mí, se me daban mejor otras materias, como historia, soy buena recordando fechas, también soy buena en matemáticas y en literatura, economía, ciencias políticas y todo eso. No necesitaba estudiar mucho para aprender, en cambio con la magia era terrible, me tomó una semana aprender a hacer esa pelota de luz. Y cuando veía a mi madre hacer todos esos hechizos extraordinarios me desanimada mucho, por eso lo dejé.
—Sinceramente, el respeto que te tenía ha caído por los suelos —dijo el brujo con una mirada sería apoyando su rostro en una mano.
Zelda notó el repentino cambio de actitud de su anfitrión, su postura se volvió más relajada, su semblante despectivo y dejó de tratarla de usted.
—¿Hay algún problema con que haya decidido no dedicarme a la magia?
—No, con eso no, el problema es la razón por la que la abandonaste. No me parecería mal que la dejaras porque no te gusta, o porque no te resulta útil, ¿Pero que la dejes porque es difícil? ¿Desde cuándo aprender magia es fácil?
—A mi madre se le daba muy fácil.
—Obvio, era una adulta, tenía mucha experiencia y poder acumulado, no te puedes comparar a ella.
—He derrotado a adultos en otras disciplinas como matemáticas, dibujo, o arquería, pero en magia soy demasiado mala, tardé una semana en lograr invocar una bola de luz.
—Eso es el tiempo normal para aprender un hechizo, la magia es un arte que requiere esfuerzo... Pero creo que ya lo entiendo, naciste con una inteligencia superior al promedio de las personas, cualquier cosa que quieras aprender lo logras fácilmente, por eso no estás acostumbrada a esforzarte, además de todo naciste princesa, ni siquiera debes preocuparte por trabajar demasiado, todo esto te convirtió en una perezosa que se rinde a la primera dificultad.
—¡Oye! ¡Ese es un juicio muy apresurado!
—¿Cuando fue la última vez que te esforzarte realmente duro por lograr algo?
Zelda se quedó callada unos momentos meditando su respuesta, repasó su vida, sus pequeños logros, sus grandes hazañas, pero no encontró nada digno de mencionarse, todo se le daba fácil, y las pocas cosas que se le complicaban, terminaba por abandonarlas.
—¿Y bien?
—Bueno, quizás tengas razón en un par de cosas pero...
—No me siento contento de tener razón.
—¿Cómo dices?
—Quería que me rebatieras, que me demostraras que estaba equivocado, pero en cambio me has confirmado mis sospechas.
—¿No que la gente normal suele alegrarse cuando tiene razón?
—Aquí no hay razones para alegrarse. A diferencia de otros reinos, Hyrule tiene una estructura matriarcal, es la hija mayor la que hereda el trono, sólo si el puesto de la hija queda vacío se le da la oportunidad a un hijo, por lo tanto tú eres la primera heredera. Pero una reina vaga y sin determinación no será una buena regenta. ¿Acaso si el país entra en guerra tirarás la toalla porque la batalla se ve difícil? ¿Si entramos en sequía no harás nada porque es más fácil esperar a que llueva? Una reina debe ser valiente y tenaz, no rendirse y darlo todo por su pueblo, como lo hizo tu madre, que aún con la amenaza de Ganon encima luchó hasta el final, hasta que se logró la victoria.
—Tu... Admiras mucho a mi madre ¿Verdad?
—Sí... Mucho... Cada historia que se cuenta de ella es fantástica, muestran a una mujer fuerte, valiente, admirable, justa, alguien que me hace feliz de vivir en este país. Pero tú... Sinceramente si sigues así en cuanto asumas el trono me voy a Holodrum.
—¡Oye! No voy a ser un fracaso, te demostraré que puedo ser una buena gobernante, perseverante y dedicada, yo... Me esforzaré por eso, lucharé con todo mi ser por lograrlo, lo juro ante las diosas.
—Espero que así sea princesa —Contestó el brujo con una ligera sonrisa.
Nuevamente me he dado algunas libertades en este fanfic recurriendo a mi loca cabecita y mi imaginación, asì fue como establecí eso de la estructura matriarcal, que la verdad a mis ojos tiene bastante sentido.
En el mundo real quien normalmente gobierna es el rey y según se creía en la antiguedad ellos debían gobernar porque Dios había dictaminado que los hombres debían tener el poder. En el caso del reino imaginario de Hyrule, ya sabemos que Zelda y toda su prole descienden de una diosa, por lo tanto no sería raro que quienes tuvieran prioridad para gobernar fueran las mujeres de la realeza, de hecho tiene mucho sentido si consideramos que en los juegos, donde gobierna un rey jamás hay reina, incluso en el Twilight princess y otros juegos por ahí la princesa gobierna absolutamente sola.
Por cosas como esa siempre me han parecido algo anticuados esos fanfics donde la princesa no puede gobernar sola y le exigen casarse, por favor, Zelda debería ser la badass, la jefa, la mandamás, que nadie le diga lo que tiene que hacer.
