Advertencia: lenguaje vulgar, escena para mayores de 18 años, leer bajo discreción.
Lo vio a lo lejos. Su melena flameada era inconfundible, miró a su alrededor intentando comprobar si estaba solo. Su figura en la proa era esplendorosa, su cabello oscuro resaltaba entre los tonos anaranjados del crepúsculo. Bulma sintió su cabello sacudirse con la brisa salada, su corazón latirle fuerte y sus manos sudorosas, las limpió en la falda de su vestido y dio un paso sigiloso hacia el saiyajin. Llevaban dos días de viaje y no había tenido oportunidad de estar a solas con él, aun no podía darle la cara y una respuesta a su proposición. Había pensado mucho-demasiado-y había llegado a una única solución o respuesta: la vida es hoy. No sabía que podía pasar mañana o en unas horas, podía morir en cualquier momento y no podía dejar pasar una ocasión como esa, ocasión de la que jamás esperó vivir. Ella se había enamorado de un hombre, había vivido una aventura peligrosa y había despertado en ella una mujer valiente, y esa mujer valiente quería seguir arriesgándose, quería seguir viviendo a concho y quería estar con él. Ahora no era una princesa-ya no le dolía asumirlo-su reino no estaba ya, él tenía razón. No tenía donde ir. Quizá mañana podría preocuparse de ello, quizá mañana podía idear una forma para restablecer su reino, pero hoy sería mujer. A su lado sería una mujer normal, la princesa se había quedado en el reino de los Elfos. Suspiró intentando calmar sus nervios y dio un paso más, lo suficientemente notorio para que él volteara hacia ella al mismo tiempo que las puntas de su cabello revoloteaban con vida gracias a la fuerte brisa marina. Sintió su corazón detenerse, sus ojos negros la paralizaron y lo único que pudo hacer fue sonreírle tímidamente. Él en cambio no respondió a su sonrisa y desvió la mirada hacia atrás de ella; la joven mujer frunció el ceño y pasmada-demasiado asustada-creyó que él ya no quería saber su respuesta. Sus labios se entreabrieron por el asombro, su cuerpo se estremeció y un balbuceo confuso salió de su boca y fue silenciado por el ruido que las olas del mar hacían al anidar el barco.
— ¡Bulma!—la princesa volteó bruscamente hacia atrás y vio a su doncella sonriéndole—aquí estabas, ven… ¿Qué estás haciendo aquí?—preguntó suspicaz la morena.
—Yo—la maldijo, por quizá la milésima vez en esos días. Desde que la doncella la había visto con el príncipe saiyajin en el pasillo, que no la dejaba sola y la seguía a todos lados, no le daba instancias para repetir ese encuentro con el príncipe. Se sentía ahogada. Entonces las fichas calzaron. A quién el príncipe le regaló esa tosca expresión fue a su doncella. Suponía que él estaba igual de cansado de la situación—quería tomar aire…
—Te puedes enfermar, ven—la princesa asintió agachando la mirada y caminó hacia ella. Milk miró al saiyajin por última vez y tomó de la mano a la princesa para guiarla a su camarote— ¿Hablabas con el príncipe?
—No—susurró. Ya no tenía ánimos de inventar mentiras ni excusas para ella. Milk no entendería su situación, ella podía estar con Goku libremente y quizá no notaba que se interponía en su relación o tal vez lo hacía a propósito ¿Quién sabe? El punto era que no hacía falta enmendar sus errores o su actuar con ella. Si quería estar con Vegeta era su problema, aunque pudiera ser egoísta ¿Qué importaba? Sería mujer antes que princesa, ya lo había decidido.
Esa noche en la cena guardó silencio. No miró a nadie ni comentó absolutamente nada, estaba demasiado nerviosa para poner atención a algo más que sus propios pensamientos. Se fue a la cama rápidamente y esperó que pasaran las horas, donde estuviera segura que no habría un alma en pie. Cuando no oyó ruido alguno, salió de su camarote. Se puso un abrigo de piel que le habían obsequiado en el reino de los Elfos-todo su vestuario había sido renovado por ellos-y caminó lentamente por los pasillos, intentando hacer el menor ruido posible.
Las tablas de madera crujían con sus pasos leves y con el silencio nocturno le hacía creer que estaba siendo demasiado bulliciosa. Pero no importaba, era más molesto sentir sus propios latidos exaltados. Se abrazó a sí misma y se apresuró, recordaba con exactitud el camarote del saiyajin pero cuando estuvo a punto de doblar por una esquina vio la puerta abrirse del cuarto del príncipe. Se escondió. Se apegó rápidamente a la pared y contuvo la respiración unos segundos; se asomó levemente a tiempo para ver a Towa cerrar la puerta mientras se acomodaba su vestido, sintió todo su mundo desmoronarse… fue en ese preciso instante que recordó cada vez que vio a la bruja de pelo plateado mirar al saiyajin, sentarse cerca de él y prestarle atención. Cerró sus ojos y se apoyó nuevamente en la pared. Hubiera deseado que su corazón se detuviese para poder oír con claridad los pasos de la elfa, pasaron unos minutos y volvió a asomarse por el borde de la pared comprobando que Towa ya se había ido.
Lo primero que pensó la joven princesa fue que no tenía derecho a reclamar ni enojarse con él. Vegeta era hombre, y había conocido una parte de él antes cuando era Trunks, esa parte de saiyajin bruto y varonil que solo piensa en pelear y follar. El Vegeta que la invitó a beber en una cantina… Towa tenía el perfil de mujer que él si follaría, estaba segura de eso. Más allá de lo que había entre ambos, ella sabía que había actuado cobardemente en cuanto a asumir lo que quería con él, era por eso que no sentía ni creía poder tener el derecho de juzgarlo o pedir explicaciones, ellos no eran pareja después de todo. Había nacido algo entre ellos, algo fuerte que rayaba entre la confianza en combate y química en la cama. Ella lo amaba, y sabía que un sentimiento así por parte de él era difícil de conseguir, aunque por un momento creyó que existía. Respiró profundamente y volvió a su camarote.
(…)
Sus ojos negros viraban desde la bruma marina que rodeaba el barco hasta las ondas azules y verdosas que se formaban a su alrededor, últimamente pasaba bastante tiempo observando el mar, pero era lo único que encontraba por hacer. El cielo estaba lleno de nubes que se turnaban por esconder el sol, pero el saiyajin no estaba pendiente del clima del día. Se sentía algo aburrido de todo, quedaban un par de semanas para llegar al muelle principal de su reino y lo único que llenaba su cabeza era el momento en que se enfrentaría a su padre para suspender el compromiso que tenía con Yrreb. Aunque Bulma no le había dado una respuesta, se había decidido a terminar aquello, no podía pensar en vivir toda su vida al lado de Yrreb teniendo siempre presente a la princesa en su cabeza, cosa que antes nunca le molestó. Nunca vio a Yrreb como un impedimento para estar con otras, pero con Bulma en su mente era algo totalmente diferente. A esas alturas ya lo había asumido, la joven le provocaba lo que ninguna otra antes le había siquiera incitado a sentir. Ella era para él, y él para ella. Además, estaba completamente seguro que ella sentía lo mismo por él y que cada vez que intentó acercarse fue para aceptar su propuesta. O al menos hace unos días… bufó molesto, ella lo ignoraba nuevamente.
—Otra vez aquí—no volteó a ver a su soldado—pareces… algo distraído.
— ¿Y?—el soldado desvió la mirada y se acercó a la baranda para ver lo que le llamaba la atención al príncipe, pero no vio más que mar y mar y mar— ¿No tienes a una doncella que coger?—preguntó con sorna el saiyajin. Goku frunció el ceño al oírlo y volteó hacia él.
—Si no te conociera diría que estás celoso—el príncipe bufó y lo ignoró ¿Qué podía decir? era verdad, lo estaba. Si Bulma hubiera sido una doncella no se habría negado a estar con él porque desde un principio no habría habido algún problema con eso. Envidiaba a su soldado, él podía estar con la entrometida morena y él solo podía admirar a lo lejos a la valiente mujer de cabello turquesa.
—Príncipe—ambos voltearon al oír la voz femenina. El príncipe no pudo evitar sonreír ladinamente al ver el semblante serio y malhumorado de la elfa—el príncipe Piccolo y el príncipe Tapion, quieren hablar con usted—Vegeta alzó una ceja y se encogió de hombros al mismo tiempo que volteaba hacia el mar otra vez—es urgente.
—No me interesa—la mujer de pelo platinado rodó los ojos y dando fuertes pisadas en la madera con sus tacones caminó de vuelta hacia la cubierta principal del barco.
—Podría ser importante—comentó el soldado mirando a la elfa.
—Que vengan ellos a decirme, no soy su lacayo—el soldado suspiró y se quedó unos minutos más. Vegeta ignoró su presencia-como acostumbraba a hacerlo-no tenía ánimos ni tiempo para perder en quién no le importaba, como se lo había hecho saber a la bruja elfa. La mujer se le había insinuado en reiteradas ocasiones y siempre la ignoró, pero una noche se le presentó en su camarote y se desnudó en frente de él-fue la insinuación más directa y la última-no hubo duda, ni excitación. Nada. Una evidencia más que lo que Bulma le provocaba era superior a cualquier otro sentir que pudo tener. Fue claro y quizá un poco hiriente-humillante-pero bastó eso y la elfa no volvió a molestarlo y por el contrario, lo ignoraba y miraba con rabia. Algo que le divertía en cierto aspecto, el despecho femenino le causaba gracia, sacaba a flote la naturaleza que escondían para seducir. Se preguntaba a menudo como actuaría Bulma en esa situación, pero era difícil de ver porque si la princesa hubiera visitado su camarote en medio de la noche y se desnudaba, no la rechazaría. No pensaría dos veces y la cogería toda la noche. Contuvo el suspiro que quiso escapársele de pura decepción.
El barco se mecía al compás de las olas, el viento era constante lo que ayudaba al ritmo en que avanzaban. El telar de la vela se hinchaba hambriento por cada corriente de aire y a lo lejos el capitán dominaba el timón acompañado de maestres y marineros que comentaban animados el día tranquilo en el altamar. Vegeta y Goku se quedaron en silencio unos minutos más, cada uno sumido en sus propios pensamientos que se vieron interrumpidos cuando el barco se sacudió fuertemente haciendo que ambos se sujetaran con torpeza de la baranda de madera. Oyeron unos gritos llenos de sorpresa de parte de los marineros y voltearon a ver, antes de poder deducir la situación un grito femenino se escuchó de fondo, los hombres en el timón y los saiyajin en la proa se quedaron viendo unos segundos para luego reaccionar y correr hacia la cubierta principal de donde se oían los gritos.
— ¿Esa no es la princesa?—preguntó Goku sin dejar de trotar. Vegeta frunció el ceño al notarlo y sin pensarlo siquiera aceleró el ritmo de su trote. Tuvo que detenerse de forma abrupta cuando el capitán y sus hombres bajaron de la superestructura del buque para no estrellarse con el grupo. Los esquivó y siguió su camino, reflejando la preocupación en sus facciones.
Al llegar a la cubierta principal, lo primero que notó fue la sangre en el suelo con trozos de tela que reconoció al instante. Sus labios se entreabrieron pero no consiguió modular ninguna palabra, fueron segundos que al príncipe se le hicieron eternos hasta que su compañero lo sacó de su trance con su grito— ¡Arriba!—el grupo no tardó en hacerle caso al saiyajin de cabello alborotado, y fue cuando Vegeta reparó en que no estaban solos en la cubierta. Del otro lado, estaban los elfos mirando igual de consternados que ellos, a la criatura grotesca en el cielo que tenía entre sus garras traseras a la princesa humana.
— ¿Qué demonios es eso?—balbuceó el capitán mientras cubría su boca con sus dedos que se enredaban en su barba blanca— ¡príncipe Tapion!—el elfo volteó hacia él apenas oyó su voz y con el rostro serio y su mirada llena de determinación le hizo saber al capitán Cleo que no era el momento de preguntas.
— ¿Dónde está Milk?—preguntó Goku desesperado mirando a su alrededor, buscando a la doncella.
—Está dentro—murmuró Tapion—no se muevan... —los alertó sin despegar sus ojos verde jade en el monstruo alado que se llevaba a la princesa—las garras de ese ser podrían partirla en dos sin mayor esfuerzo…—Vegeta sintió que el aire se le escapaba de los pulmones, el príncipe le pedía que no se moviera ¿Y le decía semejantes palabras? No había espacio para la cautela en su mente, solo para el miedo y la necesidad urgente de querer rescatarla, y como si el elfo pudiera leer sus pensamientos, continuó intentando calmarlo—Piccolo lo puede manejar solo…
Vegeta recién notó al pepino en el cielo en frente a la grotesca criatura. El namek flotaba a la altura del ser, impidiendo su escape pero éste tampoco parecía querer huir. Frunció el ceño al notar que el monstruo parecía más confundido que ellos mismos, como si fueran ellos las criaturas horripilantes en vez de él. Sus ojos negros no apartaron su concentración en ningún momento. Pudo ver las escamas verde viridian oscuro, gruesas y con verrugas que rodeaban todo el enorme cuerpo. Sus alas eran casi tan grandes como su cuerpo, y las movía cada unos cuantos segundos para mantenerse a flote. Su cabeza parecía la de un lagarto pero con dos cuernos blanco marfil que parecían afilados. En lugar de orejas u oídos, tenía algo parecido a aletas de color verde lima opaco. Sus piernas eran gruesas y algo pequeñas para su cuerpo, por lo que supuso que dependía de sus alas. Sería sencillo lanzar un rayo de energía a sus asquerosas alas, pero no pudo evitar sentir curiosidad por lo que pasaba a no muy lejos de ellos-solo uno metros de altura-aunque le molestaba asumirlo, se sentía aliviado que el pepino andante hubiera estado cerca y reaccionado a tiempo.
En las alturas, Piccolo miraba fijamente a la criatura, a momentos viraba sus ojos hacia la princesa que estaba rodeada de sus garras traseras. Sintió una gota de sudor recorrerle la sien al ver su palidez. Se sentía culpable y molesto consigo mismo. Si sus visiones no estuvieran errando y escurriéndosele todo el tiempo, hubiera podido prevenir aquello con más antelación. Fue pura intuición lo que lo hizo subir a la cubierta cuando la vio sola. No pasaron más de cinco minutos cuando la grotesca criatura se le lanzó y le rasgó el brazo hiriéndola salvajemente haciéndola caer al suelo. Cuando el monstruo la tomó con sus patas él ya había alzado vuelo para impedírselo dispuesto a usar la fuerza de ser necesario, pero algo se lo impedía. La incredulidad del lagarto mutante le llamó la atención, en sus rasgos expresivos le dejaba ver claramente que algo lo había aturdido.
—Déjala ir…—dijo después de unos minutos en silencio.
— ¿Eres… eres mi hermano?—soltó en un tono gutural que hizo a la princesa asquearse. Bulma sentía su corazón latirle a mil por hora, a pesar de haber vivido más de una situación peligrosa, era la apariencia del dinosaurio alado la que la aterraba y la hacía sentirse como una pobre damisela en peligro.
— ¿Qué?... —Piccolo frunció el ceño y miró a la humana que igual que él estaba más confundido aun. El príncipe supo que no podía dejar pasar la situación sin averiguar a qué se refería— ¿Eres un sirviente del Amo?
— ¿Sirviente del amo?—el namek intentó no demostrarse asqueado al ver como su lengua larga rozaba sus colmillos sucios y filudos—somos sus hijos… ¿Eres mi hermano menor…?
—Sus hijos…—susurró en completo asombro la joven. La criatura al oír su voz agachó su mirada y le gruñó al mismo tiempo que apretaba sus pies y hacía que sus garras se enterraran levemente en su cuerpo. Bulma soltó un grito agudo lleno de dolor que hizo estremecer a los presentes— ¡Suéltame, dinosaurio mal oliente!—logró decir aguantando las lágrimas. Sentía su piel arder donde el filo de sus garras habían dejado marcas.
—Si—se apresuró en decir Piccolo, llamando la atención de la criatura—soy… soy tu hermano menor.
— ¿Por qué estás con ellos?—preguntó confundido—Piano no me dijo nada de ti… ¿Cómo es que te llamas? Yo soy Cymbal.
—… ¿Piano, eh? Bueno… eh—tragó saliva nervioso, no se le ocurría nada más que decir. Temía que la criatura pudiera hacer más presión y matar a la humana, pero algo le decía que si su misión era asesinarla, ya lo habría hecho. No sabía nada del tal Cymbal, lo que le hacía meditar más de la cuenta antes de actuar. Desconocía sus habilidades y destrezas, a pesar de su tamaño era sencillo deducir que sería lento, pero en su situación, no quería correr riesgos. Sus ojos negros miraron hacia el barco, donde la mayoría se había reunido a observar lo sucedido—déjame a mí llevarle la humana al Amo…
— ¿Llevarle la humana al Amo?—preguntó con desconfianza—tú no eres mi hermano menor…—lo acusó gruñéndole—Piano me dio permiso para hacer lo que quiera con ella ¡Y me la voy a comer! ¿Por qué no—su grotesca voz fue interrumpida por la mano delgada y mortífera del príncipe namek que en un movimiento veloz, se enterró en su pecho. Su piel era dura, demasiado para poder atravesarlo en su totalidad, la piel de Cymbal amortiguó su golpe y logró solo incrustarle sus cuatro dedos entre su pecho. Pero fue lo suficiente para que la criatura se sorprendiera y perdiera la concentración. Fueron segundos decisivos, donde Cymbal al ser atacado sorpresivamente, se sobresaltó y soltó a su prisionera. La humana cayó de bruces al mar y Piccolo prefirió terminar con el hijo del Amo antes de ir en su rescate, habían varios ojos curiosos que podían ir por ella—mal-maldito…
—Bien, hermanito—dijo burlesco—más te vale no aparecerte por acá nuevamente—retorció dos de sus dedos dentro del cuerpo del monstruo haciéndolo gritar—me encantaría que le enviaras un mensaje a ése tal Piano, pero serás comida de peces—los ojos de Cymbal se abrieron como plato y alcanzó a escucharlo balbucear alguna maldición, pero no quiso prolongar lo inevitable y rápidamente formuló un rayo dorado con forma de resorte que atravesó su cuerpo duro y salió disparado hacia el horizonte perforando a la vez la tela de la vela superior del barco—ups…—sacó su mano del cuerpo inerte y la sacudió por completo en el aire para sacarse los excesos de sangre azulina y tripas a la vez que miraba caer al tal Cymbal.
Bulma salió a la superficie al mismo tiempo que Cymbal caía al mar y salpicaba agua por doquier, las ondas la alejaron del barco tres metros hacia atrás. La princesa tosió repetidamente, escupiendo agua salada y cerrando sus ojos para contener el ardor de su garganta. Movía sus brazos y piernas nerviosa y casi con torpeza, no tenía experiencia nadando en el mar-no lo conocía hasta antes de subir al Terror de los kraken, como la había bautizado hace años el capitán Cleo-pero su desesperación no duró más de unos minutos. El príncipe Tapion no tardó en lanzarse al mar para ir en su rescate. Se abrazó al cuerpo varonil y lo empapó con su ropa chorreante, pero al elfo no le molestó. El joven príncipe no se demoró en volar hacia la superficie del barco y dejarla suavemente en el suelo.
—Déjeme curar sus heridas—dijo seria la bruja. Bulma al oír su voz, sintió todo su cuerpo tensarse. Se alejó bruscamente de los brazos del príncipe Tapion y tomó distancia de la mujer de pelo platinado— ¿Princesa?
—No—exclamó en voz alta al mismo tiempo que todos se acercaban para verla. Lo primero que sintió fue la mirada penetrante del príncipe saiyajin y que evitó a toda costa—digo… gracias, pero Dende puede hacerlo…
—Perdiste mucha sangre—dijo Goku agachándose para ver sus heridas—tu ropa está hecha jirones…
— ¿Por qué insisten en atacarla?—preguntó con rabia el príncipe Vegeta. Bulma evitó hacer contacto visual con el guerrero e intentó ponerse de pie a pesar del tambaleo de sus torpes pies—su reino lo masacraron ¿Nos están ocultando algo más?
—No…—el príncipe Tapion pudo ver en sus ojos negros el enojo del saiyajin—debemos evitar discutir entre noso—
— ¡Bulma!—la voz estrepitosa de la doncella interrumpió el discurso del elfo—te dije que no salieras sola—murmuró acusadora y preocupada empujando a Towa y a un par de marineros para llegar al lado de la princesa—creo que no podrás salir de tu camarote… estos ataques constan—
—Milk, basta ya—pidió cansada—si alguien quiere asesinarme lo hará en cualquier lado—Piccolo llegó a su lado y sin decir palabra alguna tomó uno de sus brazos y la apegó a su cuerpo, haciéndola exclamar asombrada— ¿Qué haces?
—Te llevo a tu camarote—murmuró mirándola serio—más tarde hablaremos de esto.
Vegeta frunció el ceño sin apartar sus ojos del namek y la humana que caminaban hacia el interior del barco. Los marineros murmuraban cosas como lo difícil que sería limpiar la sangre de las tablas hasta y que nunca habían visto una criatura tan horrorosa antes—quizá por eso te llamaban antes ¿No crees?—murmuró Goku viendo como todos se dispersaban, los marinos buscando paños y baldes con agua para limpiar las manchas del suelo, los elfos a sus camarotes y Milk siguiendo a su princesa. El saiyajin de melena flameada no contestó, también lo pensó pero no lo asumiría. Se sentía extraño, siempre que Bulma estaba en peligro era él quien la salvaba y esta vez no había hecho nada. Jamás se había sentido inútil, pero había algo que lo atormentaba aún más y era el hecho de que fue ella quien lo necesitó y él no pudo estar allí o hacer algo por ser de ayuda.
(…)
Cuando Dende dejó de curar sus brazos, siguió con su abdomen. Lo que le gustaba de la medicina del pequeño namek era que no quedaban cicatrices, y a pesar de todo, seguía siendo una joven pretenciosa y si podía evitar esas marcas, lo haría… no confiaba en Towa, más allá de que se hubiera acostado con Vegeta y le dieran celos y envidia-porque ella no lo había hecho-había algo en sus ojos grises que le causaban cuidado. La mujer era hermosa, de eso no había duda y no era porque lo fuera que le causaba cuidado, quizá se trataba de mera intuición…
—Piccolo dijo que descanses—murmuró Dende al terminar—les diré que te calienten agua para que te bañes y luego duermas un poco—dijo con una sonrisa.
—Gracias…—susurró y tembló brevemente. La energía del pequeño la había envuelto en calor y ahora recién sentía la ropa mojada y su cuerpo frío. Vio salir al chico y suspiró aliviada. Piccolo se había marchado hace solo unos minutos para ir a ayudar con la vela que él mismo rompió y a Milk tuvo que pedirle espacio… ya casi no toleraba la presencia de la morena. Se sentía asfixiada por su doncella, solo por las noches podía descansar en completa soledad. Era por eso que se le había escapado para respirar aire fresco en la cubierta. Antes de que apareciera el monstruo verde le había parecido una buena idea.
Se miró el brazo izquierdo, donde la tela estaba rasgada y ensangrentada y podía ver su piel ahora ilesa. A pesar de ya estaba a salvo, no podía dejar de hacerse la misma pregunta que Vegeta… ¿Por qué seguían atacándola?, desde que habían salido de su reino que eran ataques constantes donde al parecer el único fin era acabar con su vida. Estaba harta de ser la damisela en peligro. Suspiró amargamente y llevó sus manos frías hacia el cordón que sujetaba su vestido, iba a tirar de él donde el nudo se dejaba ver en su escote cuando la puerta se volvió a abrir, volteó a ver al recién llegado con cara de cansancio, esperando ver a Milk o a Piccolo por lo que no pudo evitar abrir la boca de asombro y que sus mejillas se sonrojaran como si fuera una tonta chiquilla adolescente al ver al dueño de sus pensamientos y sentires. Volteó hacia el frente esquivando su mirada con rapidez-notó de inmediato que estaba sobre reaccionando estúpidamente-contó hasta diez mentalmente pero fue inútil, no sabía si temblaba por respirar su aroma o por el frío de la tela pesada y húmeda que al estar pegada a su piel le causaba.
— ¿Qué tal estás?—Vegeta cerró la puerta lentamente detrás de él y caminó hacia la joven. Sus ojos negros la miraron con un brillo lujurioso que no pudo contener. Era imposible mirarla sin deseo cuando la ropa se le ceñía al cuerpo dándole una idea de lo que ocultaba la tela. Tragó saliva de modo imperceptible y se detuvo en frente de ella— ¿Seguirás evitándome?—le reprochó mientras buscaba en su rostro algo que le revelara el humor o lo que sentía la princesa.
—No te evito—se apresuró en responder— ¿Qué estás haciendo acá?—su voz se quebró cuando su cuerpo se estremeció haciendo que su las últimas palabras se escucharan con un titubeo torpe. Vegeta se acercó un paso más y sin responder llevó sus manos a su escote y desanudó el cordel con eficacia—… Vegeta…—susurró sin saber qué más decir. El calor fue instantáneo. El deseo en su núcleo fue ascendiendo por su cuerpo y la joven princesa no lograba concebir como podía arder internamente y estremecerse por el exterior.
—Te enfermarás—murmuró él con su tono de voz serio. Se produjo un silencio extraño que los envolvió en un ambiente lleno de calor y algo más. Bulma sentía su corazón latirle más fuerte que cuando el dinosaurio volador la tenía en sus garras en las alturas. Los dedos del saiyajin desenredaban la cuerda y la quitaban con maestría, poco a poco la tela comenzó a ceder. Cuando hubo terminado, sus manos no tardaron en posarse en sus hombros y con suavidad impropia de él, bajó la tela y la hizo caer al suelo. La joven agachó la mirada cuando la ropa cayó pesada por su humedad; sabía que debía detenerlo y pedirle que se fuera, pero sus labios estaban sellados. Él prosiguió, con más calma que antes. Las yemas de sus dedos se adueñaron de sus clavículas y bajaron lentamente hasta el primer botón de su camisola de lino blanco. Los desabotonó uno a uno con calma aparente aunque estuviera ansioso por ver debajo de la prenda femenina.
—Vi salir a Towa de tu habitación la otra noche—soltó de repente y se maldijo hasta los recónditos más oscuros del infierno el haberlo dicho. Bulma no supo por qué sus labios la traicionaron de esa forma, cuando el saiyajin levantó la mirada en el penúltimo de los botones de su camisola tuvo que centrarse en cualquier tabla del suelo que la protegiera del escrutinio del príncipe.
— ¿La viste entrar?—le preguntó con calma que extrañó a la joven. Bulma lo miró con disimulo y notó que el saiyajin le prestaba más atención a su labor que a sus palabras o "reproche". Vegeta quitó el último botón del camisón y llevó sus manos hasta el borde del escote y lo bajó lentamente dejando expuestos sus hombros y su pecho lleno y firme. Esta vez no pudo disimular al tragar, la saliva se le acumuló en la boca y por poco se le desborda por la comisura de los labios. No creía haber visto antes un cuerpo más perfecto para él; la palidez de su cuerpo y sus aureolas rosadas y pezones pequeñitos le causaron una sensación de fatiga extraña mezclada con ansiedad y nervios—estuvo solo unos minutos allí—susurró sin dejar de comerse con la mirada su cuerpo. Bajó la prenda de un movimiento y esta se deslizó por sus muslos bien formados y blanquecinos hasta caer al suelo siguiendo el ejemplo del vestido. Dio un paso atrás-uno pequeño-para poder admirarla en su totalidad. Sus caderas anchas lo invitaban a dejar sus manos reposar en su curva, su pubis lo seducía en un juego lujurioso que sabía perdería y no tenía ganas de vencer tampoco. Sentía su erección luchar en contra de sus pantalones de cuero, pero no le quiso prestar atención en ese momento. Quería admirarla, memorizar cada rincón de su cuerpo y grabarlo para siempre en su memoria.
—No me importa—contestó pero su tono de voz la delató diciendo entre líneas todo lo contrario. Tragó saliva molesta consigo misma y se apresuró en hablar—puedes hacerlo con ella y con las que quieras—se encogió de hombros meciendo a su vez sus montes e hipnotizando sin saber al hombre que tenía en frente por el movimiento—no te estoy reprochando nada… solo lo comentaba.
— ¿No te importa?—preguntó después de unos minutos que le costó salir del trance visual y entender el significado de sus palabras.
—Claro—murmuró volteando hacia él, cruzando miradas por primera vez desde que habían estado en el palacio de Tapion—puedes hacer lo que quieras, eres soltero ¿No?... —el saiyajin observó su cuerpo una vez más y soltó un suspiro extraño. Bulma frunció el entrecejo y lo vio darse la vuelta hacia la salida.
—Abrígate—murmuró sin mirarla mientras abría la puerta de madera y la cerraba una vez afuera del cuarto. Ella sintió frío de nuevo. Se abrazó a sí misma y sintió sus ojos arder, se repitió mentalmente que había sido tonto decirle lo de la elfa y todavía más demostrarle que le importaba. Y aunque no se arrepentía de haberle dicho que él podía estar con otras-porque era cierto-no podía evitar sentirse mal al respecto. La reacción del saiyajin le extrañó. Y sobre todo, no dejaba de pensar en sus palabras… no había sido claro ni directo pero pudo entenderlo. Él no se había acostado con la elfa. Era fácil no confiar en sus palabras, pero le era imposible dudar en ese aspecto. Vegeta era directo y jamás le mintió, era ella la que siempre inventaba mierda y más mierda. Incluso ahora… ¿Qué no le importaba? Había dormido poco las últimas noches pensando que él estaba con esa bruja. Quizá nunca dejaría de ser una mentirosa después de todo.
(…)
En su inconsciente sabía a dónde iba, aunque no lo había premeditado o quizás sí, y se estaba convenciendo de lo contrario. Todo daba vueltas a su alrededor, sabía que había bebido más de la cuenta pero ¿Qué importaba? Nada importaba, como a ella le daba igual si él estaba o no con otras ¿Por qué se tenía que haber fijado en una mujer tan mentirosa como ella? sabía que si le importaba… su temple lo cegó, su personalidad lo engatusó y su cuerpo lo atrapó. Se sentía entre la espada y la pared, entre su orgullo y su deseo profundo de mandar todo a la mierda e ir y hacerla suya, como debió ser desde un principio. Cuando llegó a su puerta supo que a eso había ido. Tardó más de la cuenta en subir su mano empuñada y dar golpes fieros en la tabla, pero lo logró y fue ruidoso incluso para él. Se apoyó en la muralla y esperó sin dejar de golpear, no se preocupó si despertaba a alguien más, si eso pasaba, los espantaría y ya estaba. No dejaría que nadie se interpusiera esa noche. Cuando la puerta se abrió bruscamente, él perdió el equilibrio y dio pasos tambaleantes y torpes hacia dentro del cuarto intentando mantenerse en pie para no caer.
— ¿Qué diablos?—preguntó la princesa al verlo tropezar al entrar a su camarote— ¡Estamos de madrugada! ¿Por qué vienes haciendo escandalo?
—Sss-sabes porque—su lengua estaba adormecida y le costó hablar. La joven alzó ambas cejas y cerró la puerta después de mirar por el pasillo por si alguien más había despertado.
—Estás borracho—lo acusó apoyándose en la madera. El príncipe se cayó a la cama y se volteó para quedar boca arriba y mirarla mientras negaba como un niño.
—No—dijo sin mirarla—solo bebí unas copas con Ron y… y… el tuerto—murmuró frunciendo el ceño—maldito barco se mueve como la mierda—se quejó gruñendo. Bulma sonrió al verlo, el barco no se movía como otras veces pero podía suponer que en su estado cualquier movimiento era molesto. Suspiró y se acercó a él— ¿Pasaremos la noche… juntos?—preguntó cuando la princesa se agachó a su altura.
—Claro—asintió ella mientras desabotonaba su camisa—quédate quieto—él obedeció. Le quitó la ropa con calma, dejándolo solo con su ropa interior—metete a la cama—le ordenó mientras caminaba hacia el mueble para apagar la linterna de aceite. Al estar a oscuras, movió sus manos hacia delante para evitar chocar con algo en su camino, tropezó con las botas del saiyajin a la vez que lo oyó susurrar su nombre—aquí estoy—respondió llegando al borde de la cama. No había ido a cenar con los demás, tampoco había comido cuando le llevaron alimentos. La plática con él esa tarde la había dejado deprimida y podía suponer que a él también. Los saiyajin tenían resistencia a los químicos y venenos, que Vegeta estuviera borracho era por algo… pero a pesar de ser la causante de aquello, se sentía culpable por sentirse aliviada de verlo allí con ella, de ser ella a quién él buscara en esa situación donde su cuerpo y mente estaban vulnerables—yo te cuidaré esta noche—le dijo mientras se recostaba a su lado.
No alcanzó a acomodarse cuando el saiyajin "vulnerable" se le subió encima—Vegeta—susurró como si alguien más pudiera oírlos. Tragó saliva nerviosa, y él no tardó en subir su remera larga hasta sus caderas para acomodarse entre sus piernas. A pesar de lo que él quería hacerle, no tenía miedo ni mucho menos, al contrario. Había expectación y a la vez culpa. Él no estaba en sus facultades mentales estables y a pesar de ser él quien la estaba acosando, sentía que se estaba aprovechando del saiyajin. Era absurdo lo sabía, pero le era difícil evitar verlo de otro modo. Acarició su cabello cuando se acercó a su cuello y se dejó caer en la almohada a su lado, su peso la hizo contener la respiración unos segundos y tuvo que abrir sus piernas para él para que se acoplaran sin problema. Él estaba ansioso, podía suponerlo al sentir su erección latente en su intimidad. Sus manos fuertes subieron por su vientre hasta sus senos y los descubrieron con torpeza—tranquilo—le susurró apoyándolo entre sus pechos mientras lo abrazaba con cariño—ve con calma—pidió cerrando sus ojos a la vez que enredaba sus dedos en su melena y lo acariciaba. El saiyajin lentamente dejó de palpar sus senos y se quedó quieto. Bulma sintió su respiración adormecida a los cinco minutos del encuentro. Sonrió con dulzura y cansancio sin dejar de acariciar su cabeza y suspiró, sin importarle la incómoda posición o el peso extra o su desnudez a medias, la joven princesa se unió al sueño del saiyajin, descansando por fin después de tantas noches en vela.
Unas horas más tardes-quizá tres o dos-el saiyajin, despertó. Vegeta frunció el ceño al abrir los ojos y sentir los parpados pesados. Tragó saliva para aliviar la sequedad de su garganta a la vez que restregaba su rostro en su suave y blandita almohada. Segundos más tarde notó ciertos detalles, lo primero: su almohada era demasiado suave al tacto de su piel, podía sentir que su cama no era una como tal. Se reincorporó con pereza y abrió los ojos de par en par al ver a Bulma debajo de él con su pijama arremangado debajo de sus axilas dejando ver su desnudez. La oscuridad del cuarto no era un problema para él, pudo notar a la perfección sus curvas. No supo cuánto tiempo pasó admirándola, pero mientras lo hacía recordó todo. Era lo bueno de las borracheras en los saiyajin, eran muy pocos los que se borraban al punto de no saber qué hizo cuando estuvo ebrio. Se apoyó en una mano y con la otra se sacudió el cabello, completamente decepcionado de sí mismo. Había perdido la poca cordura que le quedaba y se rebajó a actuar como un tonto. No era solo que se ahogara en alcohol, era el que la hubiera ido a buscar después de que ella había actuado cobardemente diciéndole que podía estar con otras, como si renegara de lo que había entre ellos. Se sintió pasado a llevar y sobre todo, que ella estaba denigrando lo que tenían. Y ahí estaba, en su camarote y con ganas de besarla. Se sentía tan idiota.
A regañadientes se separó del cuerpo femenino. Se bajó de la cama y se fue al cuarto de baño para remojarse el rostro y despertar completamente de su estupidez. Salió del cuarto intentando no hacer ruido, avergonzado de sí mismo por su comportamiento de adolescente— ¿Vegeta?—se detuvo a medio camino antes de llegar a la puerta y antes de recoger su ropa. Su cuerpo se tensó de pies a cabeza y las palabras quedaron atoradas en su garganta— ¿Estás mejor?
—… Sí—tragó en seco y se agachó para tomar sus pantalones—no volverá a pasar.
— ¿Te irás?—sus dedos no alcanzaron a rozar la tela cuando la oyó. Levantó la mirada hacia la cama y la vio sentada buscándolo con dificultad entre los tonos oscuros y las sombras del camarote. Fue imposible no extrañarse al oír su tono melancólico y difícil ocultar la ansiedad que le produjo pensar que ella no quería que se fuera.
— ¿Debería quedarme?—se atrevió a preguntar. Pasaron minutos en silencio, minutos que significaron perder esperanza alguna de que ese momento sería diferente a los anteriores.
— ¿No quieres… pasar la noche conmigo?—percibió su timidez y vergüenza en ese susurro. Su cuerpo entero reaccionó al oírla. El calor irradió por cada poro y aunque se dijo que se calmara, que aquellas palabras no significaban nada, no pudo conseguirlo. Se puso de pie con calma sin recoger la tela y caminó hacia la cama, se detuvo en frente de la cabecera y se sentó en el borde sin dejar de mirarla. Ella, al sentirlo volteó hacia él— ¿Vegeta?
— ¿Estás segura que quieres eso?—preguntó sintiendo su propia voz demasiado ronca. Se sobresaltó al sentir la mano de ella sobre su pierna, una caricia inocente y gentil pero que lo alteró de todas maneras. Su cuerpo sobre reaccionaba a ella.
—Si—asintió sin duda en su voz y el saiyajin contuvo el suspiro de alivio. En silencio, levantó las cobijas y se recostó a su lado—lamento mucho lo que dije—le susurró imitándolo y acomodándose de lado para poder verlo. Vegeta no tuvo tiempo de hablar cuando ella se lanzó a sus brazos—y lo que no hice y no dije…—hundió su rostro en su pecho duro y cerró sus ojos mientras se abrazaba a su cuello fuerte. Aun olía a alcohol, pero no le molestaba. Nada de él le molestaba. Se sentía como una niña que reconocía una travesura que negó durante mucho tiempo. Antes se había decidido a vivir la vida y estar con él, ver a Towa salir de su camarote le arruinó esa idea y los días siguientes. Pero él le había dicho-le dio a entender-que nada había pasado y ella le creía. Debía dejar su orgullo a un lado, debía asumir una vez por todas lo que pasaba entre ellos y reconocerlo ante él. Quería tener coraje como él lo tenía, quería ser valiente de ahora en adelante y se avergonzaba por no haberlo sido antes. Por no decirle a Milk que quería a Vegeta y que la dejara en paz para poder ir con él, pero eso había quedado atrás. Quería convencerse de eso. Haría las cosas bien, al menos por ella y por él—… quiero estar contigo… no sé si aún quieres estar conmigo ¿Sigue en pie lo que dijiste en el reino de los elfos?—su voz se quebró y tuvo que contener las lágrimas al preguntar. Todas sus emociones reprimidas salieron a flote, el miedo a su rechazo y la desesperación por una respuesta, la vergüenza por haber sido cobarde y a pesar de la confianza que había entre ellos, se apenaba en reconocer sus sentimientos ante el hombre que amaba. Comenzó a temblar después de unos minutos cuando el silencio se prolongó demasiado. Quiso alejarse, pero tenía miedo. No quería ver su cara, ya podía percibir su rechazo y sabía que rompería en llanto al oír sus palabras.
—No recuerdo que te dije en ese estúpido reino—mintió—tendrás que decirme qué quieres—en sus labios se formó una sonrisa torcida burlesca. Podía sentir el manojo de nervios en que se había convertido la princesa y después de todo lo que había sentido por su culpa, se lo merecía. El saiyajin estaba más seguro que nunca de lo que sentía por ella, pero jugar un poco con ella no le haría mal. Bulma se alejó de su pecho y sin darle tiempo para actuar estiró su cuello y lo besó, sorprendiéndolo. Vegeta tardó unos segundos en seguir sus labios. Cerró sus ojos y se deleitó con su sabor dulce e introdujo su lengua con hambre en su boca. El beso duró unos minutos, ella rompió el contacto y él estuvo a punto de quejarse. La distancia entre ambos era de unos milímetros solamente. Podía sentir su calor y su hálito; la temperatura había subido como diez grados y la tensión sexual entre ambos estaba más latente que nunca.
—Te quiero a ti—susurró y lo volvió a besar, un beso casto y lleno de deseo que encendió aún más al saiyajin—quiero estar contigo—y él no necesitó más juegos ni palabrerías.
La apretó en contra de su cuerpo, sintió como sus blandos atributos se aplastaban con sus duros pectorales y rodeó su cintura con sus brazos en un gesto posesivo y demandante. Besó sus labios devorándolos ansioso, ella no se quedó atrás y comenzaron esa danza que tanto reconocían y habían extrañado. Esos días lejos el uno del otro les había pasado la cuenta y parecía que hubieran sido meses en que no se entregaron al deseo. Bulma había anhelado sus labios tantas noches que sentía como si fuera la última vez en que podrían estar juntos; lo besó con pasión, sin tapujos ni trancas. Le demostró lo mucho que lo deseaba y amaba. Él en cambio, estaba eufórico. Había estado con Trunks antes, ahora tenía a Bulma entre sus brazos y era lo que había deseado desde que supo que era mujer. A pesar de saber que era la misma persona, sentía que ahora era la primera vez que realmente iban a estar juntos, sin mentiras ni engaños. Solo ellos dos.
El príncipe estaba esmerado por desmenuzar a la mujer que tenía a su lado. Quería consumirla y memorizarla, aprender todo de ella y admirarla. Era una mezcla de sensaciones confusas que lo alteraban en más de un sentido y que le costaba trabajo controlar. Desde que Trunks se había aparecido en su vida que ya nada había sido como antes, y ahora que Bulma lo había aceptado, estaba seguro que todo sería mejor. Quizá era fe, o intuición, quien sabe. El punto era que, teniéndola a ella para él, ya nada podía resultar mal para él. Era ella quien lo confundía y preocupaba constantemente, era ella quien se metía en sus sueños y en su día a día. Ahora sería suya, no había vuelta atrás. Todo cambiaría para ambos, y no la dejaría ir nunca. Sea cual fuera las consecuencias después de lo que quedaba de noche, Bulma no se alejaría de él. No lo permitiría.
Poco a poco la fue dejando debajo de su cuerpo, acomodándola boca arriba para él. Dejó sus labios para bajar por su cuello y recorrer su piel con besos y lamidas apasionadas que sacaban suspiros de la joven. Se sentía tan bien el tratarla como se merecía, como una mujer. Podía ser atento a su manera y es más, podía ser él mismo. Muchas veces se sintió incómodo cuando solo él disfrutaba de sus encuentros con Trunks, a ella no parecía molestarle y aunque los gozaba de igual manera, su ego de hombre le hacía sentir incómodo. A ella más que nadie quería hacer sentir bien, y ahora era su oportunidad. Se alejó de su cuerpo y se sentó en la colchoneta y sin perder un minuto de esa noche, tomó el borde de su camisola y la subió por su torso en movimientos precisos. Ella estiró sus brazos para dejarlo cumplir su objetivo, y él se sentía en el cielo al ver su disposición. Volvió al ataque con un beso lleno de lujuria. Ella rodeó su cuello con sus manos y lo acercó más a su cuerpo al mismo tiempo que abría sus piernas para él.
Vegeta se dejó caer sobre su cuerpo haciendo presión en sus pelvis, para ambos fue un alivio sentir sus intimidades acariciarse. Sus bocas se movieron ansiosas, con hambre y deseo que nubló sus sentidos. Las manos del saiyajin se arrastraron por su piel, Bulma sentía sus ásperas palmas rodear cada curva de su cuerpo y lo único que podía hacer era gemir bajo su boca. Meció sus caderas en un movimiento sugerente y felino que excitó al hombre sobre ella. Vegeta gruñó entre besos al sentir la calidez de su núcleo femenino rodear su hombría lista. No pasaron más de unos cuantos segundos para que la tela de sus ropas interior se humedecieran por sus fluidos llenos de ansiedad. Bajó a su cuello y continuó con su recorrido anterior, besó sus clavículas y su pecho, y descendió al plato fuerte. Sus senos. Sus manos grandes no lograban envolverlos en su totalidad. Jadeó desesperado al palpar su complexión blanda y no tardó en probarlos. Su lengua húmeda y caliente lamió sediento la curva de cada monte, se concentró en su cima. Su lengua rodeo la aureola rosácea de su seno izquierdo, y cuando su botón pequeño se elevó, reclamó su premio. Chupeteó y sorbió su pezón, sentía la saliva escapársele de sus labios. Su piel se le hacía agua y su botoncito caliente lo extasió más que nunca. Sin soltar su pezón comenzó a moverse sobre ella, restregando su erección y siguiendo el juego a las caderas femeninas que se mecían ansiosas debajo de él. Mientras se comía uno de sus senos, al otro le daba atención con su mano, las yemas de sus dedos daban pellizcos suaves a su botón y su palma palpaba ansioso su pecho lleno, soltó su alimento solo para recriminarle lo que venía pensando desde que la vio luciendo como chica esa vez que ella dio como finalizado su juego— ¿Cómo pudiste ocultármelas tanto tiempo? Eres cruel—gruñó con un tono de voz ronco y varonil que estremeció a la princesa.
—Pero ahora están para ti—susurró sonriendo al techo mientras cerraba sus ojos deleitándose con los movimientos expertos de su cadera y su boca en su pecho. El calor aplastante envolvía su cuerpo menudo. Sentía como su intimidad hervía debajo de su erección y no creía poder soportarlo más. Su respiración entrecortada elevaba su pecho arqueando su espalda a la vez que mecía su cadera suplicante por más. No había miedo ni dudas. Estaba decidida a entregársele, era algo que venía deseando desde que lo quiso besar en el bosque cuando él comenzó a entrenarla. Sonrió al recordar esos días, cuando él la empujó y la insultó creyéndolo un chico. En ese entonces solo podía imaginar y soñar con estar con él, ahora estaban allí. Besándose y tocándose y a punto de entregarse al deseo que sentían. Vegeta dejó de acariciar su seno derecho y lo besó y lamió dándole la misma atención que al izquierdo, gimió alto cuando comenzó a succionar su pecho y jadeó ansiosa cuando sintió una de sus manos bajar hasta su intimidad colándose entre ambos cuerpos—oh… Vegeta—gimió cuando sus dedos rozaron sus pétalos de carnes aun cubiertos por la tela húmeda.
El saiyajin se coló por la orilla de su calzón y palpó con cuidado su piel delicada. Se felicitó mentalmente al recorrer su camino mojado y listo para él. Relamió sus labios cuando soltó su pezón y subió para encontrarse con su rostro. La besó al mismo tiempo que introducía su dedo medio en su interior, haciendo suyo su gemido. Ella abrió más sus piernas, exponiéndose a su atención y él no desaprovechó la oportunidad. Movió su dedo de arriba abajo, tanteando su curva interna sin dejar de acariciar su interior, haciéndola gemir entre besos. Su palma hizo fricción con su carne hinchada al mismo tiempo que introducía y sacaba su dedo de su interior. Bulma ayudó a su tarea meciendo sus caderas en un vaivén hipnótico que lo hizo desesperar, que lo obligaba a terminar con eso y ser su erección doliente quien gozara de sus movimientos e interior y no su dedo suertudo.
Y no pudo contenerse más. Sacó con suavidad su dedo dejándola a medio camino de su placer. La vio fruncirle el ceño y dibujar una mueca de molestia en sus labios rosa cuando se alejó de su boca para poder probarla. Chupó su dedo afortunado y se dijo que debía probarla con más tiempo en otro momento. Desanudó su calzón con rapidez y se bajó su ropa interior ansioso. No tuvo necesidad de hacer lo mismo con ella, cuando la sintió levantar su pierna y hacerlo a un lado estuvo a punto de protestar. En cambio se maravilló con la flexibilidad de su movimiento y la esperó impaciente mientras ella se deshacía de la última prenda que estorbaba en ese momento.
Bulma se recostó y abrió sus piernas, ansiosa. El saiyajin le regaló una sonrisa torcida que logró vislumbrar ahora que ya se había acostumbrado a los tonos oscuros del camarote. No le importaba parecer desesperada o ansiosa por ello, era como se sentía y sabía que él estaba igual o más eufórico por concretar lo que hace mucho tiempo sus cuerpos les pedían. Vegeta no perdió tiempo y se acomodó entre sus piernas. La joven mordió su labio inferior al sentir su miembro amenazar su intimidad, podía notar como su cuerpo reaccionaba ante lo que ocurriría. Fue allí, en ese momento en que comenzó a temer-solo un poco-los nervios lentamente se subieron por sus piernas y tembló tontamente. Tragó saliva avergonzada cuando el príncipe levantó la mirada hacia ella antes de siquiera hacer algún movimiento— ¿Tienes miedo?—preguntó el saiyajin en un susurró al mismo tiempo que se inclinaba sobre ella y acercaba sus labios a los de ella—dímelo. No quiero que te sientas obligada a esto—el pecho de la princesa se llenó de calor al oírlo. Su respeto y consideración la emocionó, era el indicado. Lo sabía, él era lo que siempre soñó desde niña. Un apuesto y caballero príncipe, fuerte y varonil. Vegeta era eso cuando realmente te ganabas un espacio en su vida. Y ella lo había conseguido. Él la tenía presente y la cuidaba, y era feliz con eso.
—Si—asintió para besarlo después—no te detengas—y aunque sus palabras afirmaban seguridad, su cuerpo la traicionaba. Era como si sus piernas y caderas se mandaran solas y no dejaban de temblar cobardes y traicioneras. El saiyajin sujetó sus caderas y frunció el ceño—de verdad que quiero…—susurró molesta consigo misma.
—Tienes miedo—afirmó esta vez—no quiero que te arrepientas desp—
— ¡Quiero hacerlo!—lo interrumpió sorprendiéndolo—quiero tener sexo contigo… pero… es normal que esté algo asustada, es mi primera vez y… supongo que es inconsciente no lo sé—tragó saliva avergonzada y desvió la mirada. Sintió los dedos del saiyajin posarse en su barbilla y obligarla a mirarlo. Bulma relamió sus labios y esperó ansiosa por sus palabras.
—Si quieres que me detenga, dilo con confianza—murmuró serio. Bulma asintió y lo besó. Sus bocas se entendieron como solían hacerlo y mientras danzaban aquel baile preferido para ambos, el saiyajin comenzó a bajar sus manos por su cuerpo, tanteando cada curva de su piel. Recorrió sus pechos, su vientre plano, sus muslos y piernas. Sus manos demandaban por cada recoveco de su cuerpo. Se apoderó de sus muslos y los acarició lentamente, en un juego que cumplía con calmar sus temblores y calmarlo a él. Aunque no lo parecía, estaba igual de nervioso que ella y a la vez, ansioso. Se sentía primerizo y eso le molestaba, pero se le escapaba de las manos lo que ella le provocaba. Adentró sus manos al interior de sus muslos y llegó a su rincón anhelado. Se alejó un poco de su cuerpo para comprobar con sus dedos que la humedad y ansiedad de antes seguían allí para recibirlo. Se alegró al encontrarse con una respuesta afirmativa de su cuerpo femenino. Tragó saliva, nervioso y relamió sus labios al mismo tiempo que se concentraba en observar su rostro, buscando algo, cualquier cosa, que la delatara de no querer lo que estaba a punto de pasar. Mientras la miraba, su mano derecha tomó su erección caliente y lo guío a su núcleo íntimo, dejó reposar su cabeza hinchada en la entrada al paraíso y contuvo el suspiro de alivio que quiso escaparse al sentir su calor que ya podía ir prediciendo lo adictivo que le sería. Bulma pareció percibir su duda; la princesa tomó su rostro entre sus manos y lo besó lentamente, moviendo sus labios con calma en un juego amoroso y gentil para ambos. Intentando que se comieran sus nervios y miedos. Respiró profundamente al separarse y sin pensarlo habló:
—Te amo—soltó de repente pero no se arrepintió de hacerlo. Era lo que cada fibra de su cuerpo le nacía decir. Su corazón bombeó rápido en su pecho casi doloroso, sintió sus manos sudar y sus tripas revolverse, pero no le importaba. Lo sentía, sentía lo que decía y él merecía saberlo. Vio en su rostro-maldijo no poder ver a la perfección sus pozos negros para poder leerlos con mayor claridad-la sorpresa y confusión que le ocasionó con sus palabras. Mordió su labio inferior, comenzando a dudar si había sido bueno decir aquello en esa circunstancia. Pero no lo había premeditado ni mucho menos analizado con calma. Simplemente le nació decirlo—no necesitas decir nada. No espero una respuesta—dijo con la voz entrecortada por la emoción—estoy conforme con lo que sé que sientes. Con esto… y con lo que hemos vivido—dijo intentando sonar segura y sin miedo. Era verdad. Ella no necesitaba su declaración de amor, sus actos le habían gritado en muchos idiomas que ella le importaba y con eso bastaba para la princesa.
Vegeta en cambio, estaba en shock pero no por sus palabras en sí, sino porque no lograba comprender como se podía sentir tan o más feliz que follarla al oír aquello. Ella era un misterio. Con una mirada, palabra o gesto lo elevaba al cielo o hundía en el infierno. Vegeta supo, en ese momento, que él no sabía en el fondo el significado de esas palabras pero las conocía. Eran la demostración de afecto máximo y ella lo sentía por él. Era feliz. Por primera vez en su vida podía decir que era feliz y con algo "tan simple". Con unas palabras de una mujer que lo traía vuelto loco. Quizá lo que él sentía también era amor, en más de una vez se lo cuestionó. Lo que ella le provocaba era más fuerte que lo que sentía por él mismo. Y él lo que más atesoraba e idolatraba era a sí mismo, entonces sí, la amaba. Pero no podía decirlo, le costaba… en cambio la besó, la besó con pasión y afecto, intentando demostrarle que en ese beso iban sus sentimientos y aceptando los suyos. Respiraron agitados y sin darle tiempo para recuperarse dijo—te protegeré siempre… no dejaré que nada malo te pase, nunca—afirmó lleno de pasión en sus palabras. Era la demostración suprema del interés que él tenía por ella, y sabía que Bulma lo entendería. Ella lo conocía y él a ella. El vínculo que los unía los hacía comprenderse, con miradas, palabras, gestos y acciones—eres mía—aseguró—y yo soy tuyo ¿Lo entiendes?—preguntó desesperado. Volvió a besarla, sin darle tiempo a responder al mismo tiempo que iniciaba su invasión lentamente. Bulma enterró sus uñas en su hombro por su intromisión paulatina y arqueó su espalda intentando contener aquellas sensaciones que su cuerpo le enseñaba pero más aún, intentando asimilar sus palabras.
—Entiendo—dijo con su tono de voz afligido por lo que pasaba entre sus cuerpos; Vegeta la miró deseoso y entregado al encuentro, la besó otra vez, desesperado y excitado, entrando por completo en ella. La princesa dio un respingo y soltó un alarido agudo y femenino. Él besó su barbilla y sus labios, pero ella se alejó para continuar con su declaración—entiendo… eres mío, y yo soy tuya, siempre—susurró intentando ignorar el ardor de su intimidad y lo besó. Enredó sus dedos en su melena espesa e indomable, él abrazó su cintura y se entregó a sus labios.
Sus bocas se comían hambrientas y después de unos minutos en que el saiyajin esperó que ella se acostumbrara a su invasión, comenzó un lento vaivén de caderas, donde no salía del todo de su interior y entraba con suavidad. Sintió las piernas de ella abrazar su cintura, asegurándose que su cuerpo no se alejara. No se sabía dónde empezaba un cuerpo y donde terminaba el otro. Estaban unidos y esa unión bastaba para reflejar que eran uno. No solo de cuerpo, también de alma. Sus palabras habían sido claras para ambos, estarían juntos, se pertenecían, se anhelaban… se amaban.
Bulma gimió en su boca ante cada movimiento de su príncipe, él gruñó excitado conteniéndose, intentando no perder la calma y hacérselo con cuidado. Ella podía notar su preocupación y no podía sentir otra cosa más que amor y dicha. Él era el indicado, él era lo mejor que pudo pasarle en esa extrema y peligrosa aventura. Era lo positivo de la situación, en lo que se enfocaría y se amarraría para no caer, para no rendirse. Movió tímidamente sus caderas, queriendo imitar los movimientos del saiyajin. Sin dejar de besarse y tocarse, sus cuerpos se movían en un juego rítmico y constante; Vegeta aceleró el juego, haciéndola jadear de placer y dolor. Hundió su carne dura cada vez más profundo, como si quisiera alcanzar algo más en ella. Sentía las uñas de la mujer rasgar su espalda y oía sus gemidos constantes, llenando su pecho de deseo y más. Quería más, más jadeos y más descontrol. La quería llevar a la cúspide del goce y no pudo contenerse más. Agarró su trasero con ambas manos, haciendo que la unión fuera aún más íntima y cercana, donde no había espacio que los separara. Y comenzó a entrar con más intensidad, más fuerza y más desenfreno. La joven dejó su espalda y se afirmó la marquesa de la cama, cerró sus ojos y se entregó sin protestas a su amante. No podía seguir el ritmo, solo recibir sus estocadas profundas que la hacían pensar que la partiría en más de un sentido. Gimió su nombre, y él el suyo. Se besaron sin aliento ni aire en sus pulmones, y encontraron en las bocas del otro la respiración que les urgía. El calor comenzó a hacerse presente en su cuerpo menudo, podía sentir las palpitaciones de su intimidad y como su núcleo ansiaba más de aquel movimiento salvaje del guerrero a pesar del ardor del encuentro. Tocó las puertas del placer y gimió alto, él dejó sus labios para poder oírla con atención. Pausó sus estocadas para perdurar el placer de su mujer en un toque intenso y profundo. La sintió respirar agitada y reír nerviosa, él llenó su pecho orgulloso y volvió al ataque, besándola y moviéndose sobre ella. Minutos más tardes sintió su placer aproximarse, y reaccionando a tiempo, saco su miembro rápidamente justo antes de liberar su semilla y la desparramó sobre su piel en el vientre de la princesa.
—Dios…—sollozó en un gemido seductor al oído del saiyajin que respiraba agitado sobre ella sintiendo su miembro vibrar y darle ondas de placer por todo su cuerpo mezclado con un cosquilleo adictivo—me perdí de esto durante meses…—susurró abrazándolo, haciendo que sus cuerpo se tocaran. El calor era soportable en la situación y ninguno se quejó de sus cuerpos sucios con sudor y fluidos. El momento los había envuelto en una magia indescriptible que los hacía obviar e ignorar cualquier incomodidad. Simplemente era perfecto. Su primer encuentro sexual había sido perfecto para ambos.
Y ambos sonrieron pensando que los que vinieran serían mejores. Empezarían por esas horas, no cerrarían sus ojos hasta quedar agotados de tanto amarse. Cerraron el trato silencioso de mutuo acuerdo en un beso entregado y lleno de pasión. Se olvidaron de los peligros y de la misión, solo eran él y ella, y ella y él. Dos amantes que no querían que saliera el sol, que querían seguir amándose siempre y sin pausas.
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N/A: Creo que por fin podré avanzar la trama como quiero. Quería que pasara lo inevitable para poder centrarme en el Amo y sus intenciones xD y claro, en revelar lo del Salvador. Me costó escribir este capítulo, sabía qué pasaría pero me era difícil redactarlo y no sé bien porque... fue raro, quería que el lemon fuera entendible y sobre todo, decente. Espero poder haber cumplido con mis expectativa y las suyas.
Gracias a quienes comentan el cap, este fic es uno de mis favoritos y a la vez el menos popular que tengo, pero lo adoro con mi alma y por eso intento actualizarlo siempre que puedo.
Gracias otra vez y lamento la demora y cualquier falta ortográfica, letras mezcladas y palabras a medio terminar.
Nos leemos y que tengan un bonito resto de semana :)
