— ¡Tengo un trabajo! —Kurt anuncia con entusiasmo mientras da grandes zancadas a través de la puerta dos semanas después. Rodando los ojos afectuosamente, sigue el sonido del piano cuando no recibe respuesta, entrando en la sala de música para encontrar a Blaine con la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados mientras está inmerso en la inquietante y hermosa pieza musical que está tocando. La falta de respuesta resulta de los audífonos en sus orejas, y Kurt puede escuchar los acordes de cuerdas y tambores que lo acompañan. Él espera, apoyado al final del piano hasta que las últimas notas se desvanecen y Blaine se desploma ligeramente en el banco.

— Ahem.

— ¡Ahh! — Blaine se sobresalta, sus ojos se agrandan cuando mira hacia arriba para encontrar a Kurt mirándolo.— ¿Cuánto tiempo has estado ahí?

— El suficiente para verte tocar bellamente. Eres increíble.

— Es porno para mi, —dice con un rubor.— Esto es lo que hago cuando no hay nadie alrededor.

— No hay vergüenza en ello.

— Tampoco en el porno, supongo, —Blaine sonríe.— Ya sabes... en algún lugar allá afuera hay algunos dvd's.

— Estoy bastante seguro que así es, —sonríe Kurt.— Pero la última vez que pusimos uno, terminó reproduciéndose para nadie. Como sea, no vine a casa para discutir acerca del porno. Tengo un trabajo, —dice lleno de orgullo.

— ¿Sí? ¿Dónde? Dime, —dice Blaine, empujando el banco hacia atrás y palmeando el espacio junto a él.

— El Parque Lincoln está poniendo en marcha un campamento de teatro infantil durante el verano. Joe y yo conseguimos trabajo como asesores de teatro musical.

— Los niños pequeños en masa te asustan, —señala Blaine.

— Lo sé pero la paga es realmente buena, estaré con Joe, además de que termino a las tres y tengo los fines de semana libres. Y espero que ellos estén ahí porque quieren estar ahí, en lugar de estar ahí sólo por tener algo qué hacer. Ya veremos. De cualquier manera, es algo grande para poner en mi currículum. Y haremos un pequeño show al final.

— ¡Qué lindo! —sonríe Blaine.— ¿Y de qué edades son los niños?

— Tienen entre cinco y catorce. Estarán divididos en grupos, y tendremos cuatro sesiones por día. Los niños se moverán de un grupo a otro, drama, baile, teatro musical y backstage.

— Suena genial. Quiero ir, —hace pucheros que hacen reír a Kurt.

— Tal vez -si eres bueno- te consiga entradas para el show de final de temporada.

— Gracias. ¿Entonces Joe no irá a casa a pasar el verano?

— No. No creo que le agrade estar ahí. Digo, le gusta su familia, pero tiene cuatro hermanas, y la mayor tiene nueve años.

— ¿Y qué fue él? ¿Un error?

— No, —Kurt ríe, golpeando su brazo.— Bueno, de hecho sí. Su mamá apenas tenía dieciocho cuando lo tuvo, las niñas son de su segundo matrimonio. Joe no ve a su papá, pero con su padrastro está bien. Él sólo dice que es ruidoso y sofocante. No le gustan los niños.

— A él no le gustan los niños, a ti no te gustan más de dos a la vez. Ajá, lo harán genial como asesores en el campamento.

— Estoy seguro que es un pre-requisito para el trabajo, —sonríe Kurt.

— Siento mucho que tengas que hacer esto, —dice Blaine poniéndose serio.

— Hey, no. No lo sientas, ¿okay? No hagas esto.

— Pero yo...

— No, —dice Kurt con firmeza,— Será divertido. Será una experiencia que Joe y yo recordaremos entre risas dentro de diez años cuando estemos cansados con nuestros propios hijos y nos demos cuenta de lo fácil que era, y luego, a los treinta y ocho cuando todavía no podremos controlar a un niño pequeño.

— No tengo respuesta para eso.

— Bien, —Kurt sonríe mientras besa sus labios.— Eso significa que gané.

— Siempre lo haces. ¿Qué quieres para cenar?

— Pizza, —viene la respuesta inmediata de Kurt.— Oh, pero dijimos que nada de pedir a domicilio.

— ¿Podríamos preparar pizza?

— ¡Ooh, sí! Hagamos eso. Me recuerda a la primera vez que me dijiste que me amabas. —Hace el intento de dejar la habitación, pero Blaine se queda ahí, sentado en el banco del piano, con una amplia sonrisa en el rostro.— ¿Qué?

— Nada. Digo, no he olvidado eso, pero es que... Es lindo sacar esos recuerdos y admirarlos de vez en cuando. —Camina hacia él, acunando sus mejillas dulcemente.— Mi corazón estaba golpeteando contra mi pecho, estaba luchando por recordar cómo respirar y estaba muy nervioso, —ríe suavemente.— Pensé que te había incomodado de alguna manera y luego me dijiste que estabas preocupado acerca de lo de la cama... Y justo así, te lo dije. Sentados ahí, en la mecedora de mi porche. Simplemente se sintió natural. Cuando todo el tiempo había estado preocupado.

— ¿Entonces planeabas decirme?

— Oh sí, lo sabía. Probablemente lo había sabido desde hacía tiempo, pero en ese momento lo admití. Sabía que me había enamorado de ti a lo grande, y nada de antes o desde entonces se le podía siquiera comparar. También supe que no habría otro para mi. Incluso si me hubieras dejado en algún punto del camino... No lo sé, supongo que habría salido nuevamente, pero supe con certeza que nunca me enamoraría de nuevo. Soy del tipo de "Una vez en la vida." Hay un sólo hombre para mi, un único y verdadero amor, un matrimonio.

— Quiero gritar ante tus palabras, pero estoy seguro que estando tan cerca el uno del otro, mis sonidos te harán sangrar los oídos. Así que diré esto en su lugar. Recuerdo ese primer encuentro en el Lima Bean... recuerdo mirarte... tú estabas en cuclillas, agarrando el respaldo de mi silla mientras hablamos, y recuerdo que pensé que podría enamorarme de ti si tuviera la más mínima oportunidad. Y así fue, y me seguí enamorando de ti más y más cada día, hasta que de pronto estamos aquí, tres años después... y no creo que alguna vez deje de enamorarme de ti. —Se inclina y besa los labios de Blaine suavemente, recargando su frente contra la de él.— Estás llorando, —dice con una pequeña risa.— Tú...

— Siempre lloras, —Blaine termina por él.— Lo sé.

— Es otra cosa que amo de ti. Y también amo admirar tus manos mientras trabajas la masa de la pizza, —sonríe cuando toma a Blaine de la mano y lo lleva a la cocina.— Así que manos a la obra.

— ¿Sólo te gusta? ¿O te gusta, TE GUSTA? —pregunta Blaine mientras toma los ingredientes de la alacena.

— Por una extraña razón, es increíblemente erótico, —admite Kurt mientras se sonroja.— No lo sé... es sólo que tus manos son tan... varoniles.

Blaine se ríe y niega con la cabeza.— Niño extraño, —murmura, pero en menos de una hora, la masa de la pizza es olvidada cuando un reguero de harina conduce a la habitación.

. . .

Dos semanas después.

— ¡Wesley! —Blaine grita por el teléfono.

— La única persona que tiene permitido decirme así es tu mamá.

— Lo siento.

— ¿Cómo estás, Blaine?

— ¡Muy bien! ¡Finalmente tengo un inquilino!

— ¿Sí? ¡Es increíble!

— ¡Lo sé! Estába pensando que iba a tener que vender. No puedo esperar para decirle a Kurt.

— ¿No está?

— No. Está ensayando para su examen de canto mañana.

— Y bueno... ¿este inquilino? —Indaga Wes.

— Es por eso que te llamo, —Blaine le dice.— Tuve una llamada de Teresa -la conocimos cuando fuimos a Hawaii.

— Ya recuerdo.

— Entonces... Es su hermana, Kathy. Ha estado viviendo en Minnesota, pero se divorcio recientemente. Realmente necesitaba salir de ahí, así que se transfirió a Columbus.

— ¿A qué se dedica?

— Es analista de datos o algo así.

— Sé más preciso.

— No se puede esperar que lo recuerde todo. Como sea, Teresa me llamó para preguntarme si conocía a alguien que viviera cerca para que pudiera ir por ella y la ayudara a conocer gente... y casualmente le pregunté que dónde viviría, y Teresa dijo que todavía no tenía un lugar.

— Entonces... ¿le has rentado tu casa a alguien que nunca has visto, y quien de hecho no ha visto tu casa?

— Sí.

— Maravilloso.

— Como sea, —dice Blaine rodando los ojos ante el pragmatismo de Wes.— ¿Lo harás?

— ¿Hacer qué?

— Salir con ella algunas veces, presentarle gente, y por gente, no necesariamente me refiero a Nick y a Jeff... o a Sebastian.

— Depende... ¿Es sexy?

— ¿Cómo voy a saberlo?

— Bueno... ¿Cómo está su hermana?

— Ella está bien, supongo. No lo sé, a mi me gustan los chicos.

— Y a mi me gustan las chicas, pero puedo apreciar a un chico bien parecido cuando lo veo. Por ejemplo, todos podemos decir que Kurt luce como si hubiera salido de la portada de Vogue.

— Has sido cegado por mi belleza clásica también, no lo olvides.

— Como sea.

— ¿Entonces la invitarás a salir?

— Ugh. Si es muy necesario. ¡Pero no en una cita! La invitaré a tomar un café y le mostraré el vecindario. Pero eso es todo. Estoy ocupado con mi propia vida.

— Eres tan caballeroso y cariñoso, —bromea Blaine.— No sabes, Wes, ella puede ser la chica que estabas esperando.

— ¿Una divorciada de mediana edad? Lo dudo.

— Tiene treinta y uno.

— Ah.

— Te enviaré por correo electrónico su número y la fecha de su llegada cuando la tenga. Adiós por ahora... Wesley.

Cuando Kurt llega a casa esa tarde, se encuentra con comida china esperando en la sala de estar y un enorme ramo de flores. En el segundo que empieza a protestar, Blaine le dice todo acerca de la llamada de Teresa, y subsecuentemente de Wes, y afirma que una noche de indulgencia está permitida para celebrar.

— Además que significa que no tendrás que trabajar este verano, —dice brillantemente.

Kurt hace una pausa, con su comida a medio camino de la boca y lo mira.— Uh... De hecho, aún voy a hacerlo.

— Pero no tienes por qué, —dice Blaine en confusión.

— Bueno, empiezo la siguiente semana, así que sí. Realmente no me parece justo que les llame y les diga "oh, mi prometido es rico de nuevo, así que volveré a ser un mantenido." Y quiero hacerlo de cualquier manera. Será divertido. ¿Qué más podría hacer en el verano? Terminaré sentado por ahí, aburrido. Vas a irte a Nashville en dos semanas, y luego cuando regreses estarás trabajando en esa campaña de Ryerson. Todos mis amigos estarán en casa o trabajando... ¿por qué querría yo quedarme por ahí en el apartamento todo el día esperando a que vengas a casa?

— Es tu decisión. —dice Blaine con un encogimiento de hombros.

— Sí, es mi decisión, gracias, —Kurt asiente mientras sus ojos escupen fuego.— Te lo dije, Blaine. No quiero que me mantengas. ¿Sábes lo humillante que es tener que pedirte dinero como si fueras mi papá? Es bueno que no tengamos que preocuparnos por la casa, sí. Y será genial poder ser capaces de empezar a tener nuestras citas nocturnas en lugar de quedarnos en casa todo el tiempo... pero tal vez yo quiera invitarte a ti a salir, con mi propio dinero. Dinero que me haya ganado con mi propio esfuerzo.

— Tienes razón, —dice Blaine.— Lo siento, —sonríe a manera de disculpa, acomodando la comida en la mesita de al lado para extender sus brazos hacia Kurt.— Lo entiendo, en serio que sí.— Kurt cae en sus brazos lleno de felicidad, besando su cabello.

— Gracias. De verdad es importante para mi. Quiero ser capaz de comprarte flores a ti también, sin sentir que en realidad tú eres el que las compras para ti mismo. Te amo, ¿sabes?

— No. No lo sabía. Deberías haber dicho algo antes, —bromea Blaine, tirando de su labio inferior entre sus dientes mientras Kurt le da un manotazo a la mano que descansa en su cadera.

— Crees que eres gracioso, ¿no es así?

— Sé que soy gracioso.

— Bueno, estarás riendo del otro lado de tu cara cuando estemos esta noche en la cama y me niegue a hacértelo. —dice con altivez.

— ¿Es eso cierto? Bueno, entonces supongo que tendré que tomar lo que pueda conseguir en este momento, —dice con una sonrisa mientras voltea a Kurt hasta estar recostado sobre su espalda a todo lo largo del sofá.— Prepárate para ser violado, Hummel.

. . .

Kathy Waters salta del camión de mudanzas, aterrizando limpiamente a los pies de Wes.— Hola, —dice ella alegremente, ofreciéndole su mano e ignorando la cara de sorpresa de Wes.— Soy Kathy. Tú debes ser Wes. Encantada de conocerte. ¡Linda casa! Blaine me envió algunas fotos por correo electrónico pero no le hacen justicia. No puedo esperar a ver el interior, —dice ella, rebotando un poco en nerviosa excitación mientras Wes continúa mirándola fijamente.

Se percata de su apariencia mientras ella admira las flores fuera de la casa. Ella es pequeñita, con un largo cabello rubio rojizo que cae atractivamente sobre sus hombros, y con enormes ojos verdes que brillan mientras le habla.

Espera... le habla.

Ella está hablándole.

A él.

— Um... ¿qué? Quiero decir, um... ¿disculpa? —dice él, luego se da cuenta con horror que se sonroja y balbucea como un tonto.

— Dije que si podíamos entrar, —le pide ella con una dulce sonrisa.— Tienes la llave, ¿no es así?

— Uh... ¡Sí! ¡La llave! Sí. Sí. Blaine me la dio... sí. —De alguna manera se las arregla para abrir el candado y mostrarle el interior, sus pasos hacen eco fuertemente a través de las vacías habitaciones.— Es uh... es una casa muy linda en realidad, —Wes le dice mientras ella se pasea por la cocina.— Preciosa. —Se ruboriza furiosamente otra vez, mirando hacia sus pies antes de aclararse la garganta y obligarse a mirarla nuevamente.— Pienso que eres preciosa.

— ¡Oh! —Kathy exclama suavemente, cubriéndose la boca con su mano, llena de sorpresa.

— Lo siento. Yo um... amm... Todos mis amigos son gays, —exclama de pronto.— Parece que he perdido toda capacidad para hablar con una mujer, y como te puedes imaginar, mis amigos son lo que le sigue de inútiles en cuanto a darme consejos se refiere.

— Está bien.— Ella estira una mano como para tocar la mano de Wes, pero parece que lo piensa mejor y la retira rápidamente.— Ha pasado muchísimo tiempo desde la última vez que alguien me dijo un cumplido como ese. Gracias.

Wes resopla un enorme suspiro de alivio mientras una sonrisa ilumina su rostro.— Tengo una chica, —dice orgulloso, luego se pone de nervios otra vez.— No una novia. Me refiero a una lesbiana. ¡No! Bueno, sí. Um... Oh mierda. —Haciendo una pausa, resopla aire de sus mejillas antes de continuar.— Tengo una amiga que es una chica. Pero es lesbiana. Se llama Santana y vive en Nueva York.

— Bien, —asiente Kathy, sin saber qué decir o hacer con esa información.

— Debería... debería irme, —dice Wes.— Lo siento mucho.

— Yo no tengo ningún amigo, —dice Kathy de pronto a sus espaldas. Wes se detiene en la puerta de la cocina y se voltea a verla retorciendo sus manos nerviosamente.— Y de verdad podría necesitar uno justo ahora, —agrega en voz baja.— ¿Por favor?

— Yo... yo podría quedarme y ayudarte a desempacar, ¿quieres? —le ofrece Wes, calmando sus nervios al darse cuenta de lo nerviosa que está Kathy.— Podríamos uh... ¿Tal vez podríamos ir a tomar un café después? ¿O a cenar?

— Me encantaría, —le sonríe de vuelta.

. . .

— No tenías que levantarte tan temprano para acompañarme, —dice Kurt mientras se dirigen al parque de la mano. Está nervioso por ser el primer día en su nuevo trabajo, y se nota. Decidir googlear "la vida como un asesor de campamento" anoche tal vez no fue una buena idea por todas esas historias de horror acerca de niños peleando, vomitando, llorando y haciendo rabietas. Ha estado mordiéndose el labio y retorciendo sus manos toda la mañana mientras se cambiaba de atuendo en tres ocasiones, finalmente sintiéndose cómodo en un par de elegantes shorts color beige con un botón rojo en la parte de abajo.

— Tengo que ir al trabajo de cualquier manera, —razona Blaine mientras sus manos se balancean entre ellos.

— Lo sé, pero no tan temprano. Gracias.

— No es problema, Kurt, en serio. Quise hacerlo.

— No estoy muy seguro de poder sobrevivir, —dice Kurt en voz baja, más para sí mismo que para alguien más, pero Blaine lo capta de inmediato.

— Por supuesto que sí. Eres encantador, agradable y extremadamente talentoso. Te van a adorar. Y si no... patéalos.

— Creo que patear a niños pequeños puede ser mal visto, —dice Kurt, y Blaine está feliz de ver una pequeña sonrisa jugando en la comisura de sus labios.— No sé como es que algunos se vuelven profesores.

— A Wes parece gustarle mucho, —medita Blaine.— Creo que es una vocación más que un simple trabajo.

— Hablando de Wes, ¿has sabido algo de él? Pensé que se estaba asegurando que tu nueva inquilina estuviera bien.

— Así es, y no, no he sabido de él, —dice Blaine frunciendo el ceño levemente.— Le mandé un mensaje el Sábado en la noche para ver si todo estaba bien, pero no me respondió. Trataré de llamarle nuevamente antes de que me vaya al trabajo. Como sea... Estaba pensando... ahora que ya no estamos en números rojos, ¿qué tal si volamos a LA para el cumpleaños de los gemelos? Podrían ser como unas mini vacaciones supongo.

— Claro, —sonríe Kurt.

— Podríamos viajar al siguiente día de que termines el campamento, —le dice Blaine.— Luego podríamos quedarnos toda la semana.

— Suena bien para mi, —coincide Kurt, — ¿Irían también tus papás?

— Si, si está bien para ti.

— Genial. Siempre me gusta visitar a Cooper, y me encanta cuando estamos todos juntos.

—¿Podrá permitírseme pagar los boletos de avión? —pregunta Blaine dándole un pequeño empujón en el hombro.

— Vas a tener que hacerlo, si quieres que vaya, —dice Kurt con una sonrisa tímida.— Me pagarán hasta que termine el campamento.

Caminan en silencio por un momento, y Kurt se hace consciente de que Blaine está tratando de decir algo, lo que finalmente hace, fingiendo indiferencia muy mal mientras habla.

— ¿Kurt? ¿Por qué no sacamos una cuenta bancaria mancomunada? Digo, tiene más sentido, —se apresura a decir cuando Kurt se detiene y se vuelve a mirarlo fijamente.— Sería como una mezcla de nuestros ingresos y egresos... juntos. Y ya sabes, todavía podrías tener una cuenta sólo para ti si así lo deseas. Transferir una cantidad mensual... ya sabes, para comprarme cosas.

— Um...

— No. Okay, —Blaine fuerza una sonrisa.— Es demasiado. Lo siento. Sé que te gusta tu independencia.

— En realidad creo que es una idea muy inteligente, —sonríe.— Y también muy emocionante. —Da un pequeño salto en la acera que hace a Blaine reír de alivio.

— Oh, gracias a Dios. Y es emocionante. Dios sabe que aún me emociona empujar un carrito por todo Wal-mart contigo.

— Simplemente lo voy a decir, no me importa si sueno como un niño de doce años. —dice Kurt dramáticamente.— Adoro todo eso. Las compras, los pequeños mensajes de "¿puedes pasar a cargar gas de camino a casa?," hasta la limpieza del apartamento... y ahora el dinero, es algo... muy maduro.

— Lo es, —coincide Blaine con una sonrisa indulgente.

— Sueno como un tonto, ¿no? —le pregunta Kurt cuando cruzan la calle para entrar al parque.— Has estado haciendo todo esto por años. Diablos, hasta eres dueño de una casa.

— Lo he estado haciendo, sí. Pero no contigo. Y eso es lo que lo hace emocionante para mi. —Blaine lo hace detenerse una vez más, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello mientras se inclina para besar sus labios.— Y es perfectamente aceptable emocionarse con hacer cosas maduras, Kurt. Tienes diecinueve. Yo tengo treinta y cuatro.

— Casi treinta y cinco.

— Dentro de tres meses, gracias. —ríe Blaine.— Amo ver ese lado de ti, Kurt. Esa forma juvenil, casi infantil en que saltas de entusiasmo y tus ojos se iluminan. Nunca lo pierdas, por favor.

— Okay, —sonríe tímido de pronto.

Siguen caminando hasta detenerse afuera de una gran carpa que se ha establecido como un teatro improvisado para el campamento. Una multitud de padres preocupados y sus sobre excitados niños circulan en masa, y Kurt examina el escenario, momentáneamente abrumado.

— Puedes hacerlo, —Blaine murmura en su oído mientras aprieta sus dedos.

— Joe, —Kurt suspira de alivio mientras su amigo deambula hacia él.

— Hey, — les sonríe cálidamente.— Kurt, entra cuando estés listo, tenemos que recoger nuestras credenciales y llenar un formato. Además de que hay una chica muy sexy ahí, pero me preocupa que pueda ser una lesbiana. Necesito tu opinión.

— Fantástico. Y entonces mi trabajo empieza. —dice Kurt cuando se voltea hacia un sonriente Blaine.— Será mejor que me vaya.

— ¿Tienes planes para esta tarde?

— No, ¿por qué?

— Me preguntaba si te gustaría pasar por el estudio.

— ¿Tu estudio? ¿El estudio... donde trabajas y... grabas cosas?

— Bueno, aún no grabo nada, pero sí.

— ¡Me encantaría! —todo el rostro de Kurt se ilumina ante esa perspectiva.— Nunca te he visto en el trabajo.

— Lo sé, y sigo diciéndole a todo el mundo acerca de ti, pero siempre estás en clase. Quiero que conozcas a todos los chicos. Estoy haciendo las guitarras para el nuevo álbum de Nickelback.

— Sí, como sea. Eso no significa nada más que vergüenza. ¡Pero hey! —chilla, haciendo a Blaine reír con su forzado entusiasmo.— ¡Ahí estaré!

— Okay, —sonríe Blaine.— Te veré más tarde. Oh, toma, casi lo olvido. —Hurgando en su bolsa, saca orgullosamente una bolsa de papel café, una manzana y una botella de agua.

— ¿Me preparaste el almuerzo? —pregunta Kurt, husmeando el interior de la bolsa y sonriendo al ver los sándwiches y la pequeña nota en forma de corazón lista para ser leída más tarde.

— Así es.

— Síp. No hay ninguna duda, eres el más lindo.

Radiante, Blaine desliza sus brazos alrededor de la cintura de Kurt e intenta besarlo, pero Kurt se ruboriza y mira los botones de la camisa polo de Blaine, llevando sus manos a jugar con la pajarita alrededor de su cuello.— Yo... yo... yo creo que no debería besarte... aquí,—dice, avergonzado y preocupado por herir los sentimientos de Blaine.

— Okay, —asiente Blaine.— Entiendo.

El alivio inunda el rostro de Kurt.— ¿Sí?

— Claro. Está bien. Hay un montón de niños y padres alrededor y quieres causar una buena impresión. Está bien... sólo espero una enorme cantidad de besos más tarde para compensarlo. —sonríe.

— ¿Algo así como una sesión completa de besuqueo?

— Por supuesto.

— Okay. Me tengo que ir. Te amo, viejito.

— Yo también te amo, niño precioso.

Blaine regresa a casa feliz, e inmediatamente abre su laptop para reservar vuelos a LA, después de lo cual revisa su correo electrónico, feliz de encontrar uno de Wes.

Blaine:

Tengo algunas preguntas, y dada la naturaleza de las mismas, preferiría comunicártelas vía correo electrónico para salvarme de una terrible vergüenza e incomodidad.

1: Kathy preguntó si podía pagar la renta semanalmente en lugar de hacerlo cada mes sólo por un tiempo, hasta que todo lo relacionado con la transferencia de su trabajo esté solucionado.

2: ¿Sabías que necesitas un nuevo cobertizo? Necesitas un nuevo cobertizo. Puedo arreglarlo por ti si lo deseas, sólo házmelo saber.

Blaine sonríe y niega con la cabeza, todavía no es capaz de entender por qué esto sería incómodo o vergonzoso para Wes.

3: ¿Sabes por qué soy tan desesperada y completamente incompetente al hablar con mujeres que no sean A) nuestras madres o B) Rachel y Santana? He decidido culpar a la enorme cantidad de gays con los que suelo rodearme. Todos ustedes me han convertido en un leproso social.

4: ¿Es aceptable decirle a alguien que piensas que es preciosa dos minutos después de haberla conocido?

5: Y si entonces ya cenaste con esa persona, y todo salió realmente muuuy bien, ¿crees que deba pedirle que salgamos otra vez? ¿Está bien sentirse aterrado de hacer eso?

6: Blaine, ¿crees en el amor a primera vista?

Por favor, no me llames para discutir esto. Mi cara está ardiendo incluso de escribir. Podría acurrucarme y morir si se me obliga a hablar de ello. Pero es que, ella es... simplemente... preciosa.

Vas a llamarme, ¿no es así? Oh Dios. Lo vas a hacer. Puedo verte. Estás tomando el teléfono, sonriendo y marcando mi número...

Su correo electrónico termina abruptamente, y Blaine se sorprende cuando de hecho responde su llamada.

— Sabía que me llamarías. Quieres que te diga, ¿verdad? No vas a hablar de nada de tus asuntos, oh no. Pero felizmente me harás hablar de mis tendencias idiotas, —dice Wes con cansancio.

— Pregunta número seis, Wes.

— ¿Sí?

— Sí.