14. La melodía.
La tarde era perfecta. El sol lucía con fuerza y la pareja contaba con unas cuantas horas libres, por obligación de Yuuko, quien estaba al cuidado de unos amigos.
-Nunca me lo habías dicho. No te imagino como pianista profesional.
-Y nunca lo seré, T.k. Siempre me gustó, ¿sabes?- dijo la pequeña Yagami mirando el pequeño lago artificial en frente de ella-. Aprendí cuando era muy pequeña, mi padre insistió y siempre me apoyó, y se acabó convirtiendo en una de mis grandes habilidades y amores. Soy bastante buena, pero no lo suficiente como para convertirme en una profesional y, además, no creo que pudiera vivir como deseo si me viera obligada a no moverme tan a menudo.
-Todo sería diferente. Las decisiones traen sus consecuencias, ¿no es así? –preguntó el rubio.
Ella se volteó a mirarle y asintió.
-¿Hikari?
Una voz masculina provocó que ambos jóvenes se voltearan. La voz procedía de un chico moreno, de pelo castaño alborotado y de grandes ojos verdes. Al fijarse en Kari el chico sonrió ampliamente y sus ojos denotaron felicidad.
-¡Jay!- la castaña se acercó rápidamente a él y lo abrazó, ante la atenta mirada del rubio-. Hace mucho que no te veía, ¿cómo te va?
-Supongo que bien, aunque no tan bien como a ti por lo que veo- unos ojos azules se clavaron en el castaño, quien miró al rubio por breves segundos-. Me enteré de que habías vuelto, pensaba llamarte- hizo una breve pausa-. Siento lo de tu padre.
-Gracias. No he tenido mucho tiempo para ponerme en contacto con alguien.
-Ya sabes, si necesitas cualquier cosa puedes contar con nosotros. En los buenos y, sobre todo, en los malos momentos, cariño.
Takeru se tensó. No le gustaba como aquel chico miraba a Kari y menos aún que guardara tal confianza con ella. Ambos castaños continuaron hablando durante unos minutos hasta que Jay decidió despedirse.
-Me tengo que ir, tengo que hacer cosas-dijo con cara de disgusto y abrazó de nuevo a la joven-. Ya sabes donde estoy –le guiñó el ojo a Kari-. Espero verte de nuevo pronto. Creo que tienes muchas cosas que contarme –dijo echándole una mirada al rubio.
El ojiverde se alejó y Takeru lo siguió con la mirada, sin darse cuenta de que su novia lo miraba sonriendo.
-¿No me digas que te has puesto celoso?
-Claro que no.
-¿Seguro? Tu mirada me dice lo contrario, además, estabas muy tenso- ella se rió y él la miró sorprendido-. ¿En serio no te has dado cuenta?
El rubio malhumorado por aquella situación solo la miró con firmeza como repuesta.
-Se nota a distancia que Jay es gay. Probablemente él estaba más interesado en ti que en mí en cuestiones de amor.
Él levantó una ceja y ella continuó riéndose y lo abrazó. Si algo había aprendido es que el rubio podía llegar a ser un tanto posesivo y siempre se aseguraba de que los chicos la trataran con respeto.
-¿Habías pensado que era mi ex novio?
-Vaya, ¿pero tú has tenido alguno?- sonrió el rubio-. No te imagino rompiéndole a nadie el corazón, señorita Yagami.
-Y no lo hice. Solo he tenido un novio y me rompió el corazón tras estar mucho tiempo juntos.
Los ojos de Hikari se clavaron el agua, mientras que el rubio la observaba y se sentía apenado de haberle preguntado aquello. Abrazó con sus brazos la cintura de la chica y apoyó su cabeza sobre la suya.
-Siento haberte hecho recordar algo que no querías, pequeña.
-Es justo, yo sé parte de tu vida amorosa, pero tú no sabías nada de la mía.
-Creo que la mía ha sido un secreto a voces durante mucho tiempo. Sin embargo, yo nunca te engañaré como hizo aquel chico, te lo prometo.
Ella se volteó para quedar frente a él y lo besó. Lo cogió de la mano y continuaron su paseo.
Taichi Yagami había recibido el encargo de hacerse cargo de la empresa de su padre. Él no contaba ya con las condiciones necesarias para llevar el ajetreo que aquello suponía. Su padre se moría y Tai era consciente de que pronto se vería obligado a compaginar su último año de universidad con aquel trabajo. Había sido decisión de su padre que él se encargara de aquello, pero la peor parte no le había tocado a él y prefería mantenerse callado hasta el momento que fuera preciso.
Su padre cada día necesitaba más ayuda. La medicación apenas reducía sus dolores y siempre necesitaba la ayuda de alguien, pues a veces hasta andar era una gran dificultad. Su ex mujer, Hikari y Takeru, él mismo o algún amigo, siempre estaban a su disposición. Ver a su hermana junto a su padre le hacía recordar el pasado, amargo, pero con grandes momentos de felicidad, cuando eran una familia normal, o al menos, eso pretendían.
Es verdad que su familia se había derrumbado cuando él era pequeño. Su madre se fue y su padre no fue el ejemplo paternal que él hubiera deseado. Crecer para él había sido difícil, pero se había mantenido fuerte y había sido el pilar de estabilidad que su pequeña hermana había necesitado para crecer. Seguro de que ella podía empezar a andar sin su ayuda, años atrás había decidido estudiar en Baton Rouge, volviendo en vacaciones a casa, donde una entusiasta castaña intentaba pasar el mayor tiempo posible con él. Siempre había sido muy sobreprotector y, en aquel momento, no sería diferente. Había visitado días atrás a su padre y a su hermana, y sabía que Yuuko no aguantaría mucho más. Semanas, meses, el tiempo corría en su contra y pronto deberían de despedirse. Suspiró sonoramente.
-¿Ocurre algo, Tai?
-No es nada, Sora. Solo pensaba y estoy cansado. Va a ser duró- sonrió amargamente.
-Podrás con ello, estoy seguro. Además, nos tienes a todos, ya lo sabes.
El castaño acarició la pelirroja cabellera de su novia y le sonrió tímidamente.
-¡Mira papi! Ya me sale perfecta esta melodía.
Una pequeña niña sonreía dulce y felizmente a su padre, mientras comenzaba de nuevo a tocar la melodía. Su padre sonrió y se sentó junto a su hija.
-¿Estás bien?
Yuuko dejó de lado sus pensamientos y vio frente a él aquella niña que hoy era toda una mujer.
-No es nada, hija. Solo recordaba una cosa- afirmó sonriendo-. ¿Podrías hacerme un favor?- Hikari asintió-. ¿Puedes tocar el piano?
La pequeña Yagami caminó hacia el piano y levantó la tapa. Días atrás había tocado una pieza, pero la falta de práctica durante meses, continuaba poniéndola nerviosa, temiendo no poder cumplir la petición que había realizado su padre. Suspiro, buscó aquella melodía que a su padre le encantaba y comenzó a tocar Into the Dark.
Las notas de aquella triste melodía sonaban, aunque hacían sonreír a Yuuko. Una sonrisa amplia como hacía mucho tiempo no mostraba. Aquella melodía, su favorita, hacía que el dolor mitigara. Pero, poco a poco, cada vez aquella melodía era más lejana. Sus ojos miraron a su pequeña, concentrada en aquellas teclas, cerrando en ocasiones los ojos para sentir la melodía. Sus párpados comenzaron a caer, ya no tenía fuerzas. Continuaría sonriendo hasta el último segundo de su vida, porque nunca se había imaginado un final mejor, junto a su hija y escuchándola tocar, uno de los grandes placeres con los que había vivido, aunque hacía tiempo que no disfrutaba.
La cadena que Yuuko había mantenido en su mano derecha se deslizó y cayó al suelo, desviando la atención de Hikari. Cuando miró a su padre, se levantó corriendo y se acercó a él, mientras las lágrimas caían por sus mejillas.
-Papá, por favor, despierta. No me dejes sola.
La pequeña Yagami puso su mano sobre su padre y lo abrazó con fuerza, mientras su llanto se intensificaba.
Alertado por un ruido que no puso identificar, el rubio dejó de hablar con su madre por teléfono en la planta de arriba, y se deslizó rápidamente al encuentro. La escena que se encontró le rompió el corazón y lo único que pudo hacer fue abrazar a su novia. Se encargó de llamar a urgencias y, antes de que se lo llevaran, Kari le dio un último beso en la frente a su padre. Era su despedida y uno de los últimos recuerdos que guardaría de él para el resto de su vida.
Lo sé, he tardado mucho en actualizar. El principal motivo es el trabajo que ha supuesto el segundo cuatrimestre de mi carrera. Muchos trabajos y mucho estudiar. Pero ahora que he acabado y aprobado todas las asignaturas, pienso prestarles más tiempos a mis dos fics. Espero acabarlos este verano y poner en marcha uno nuevo.
El capítulo es corto, pero no creía oportuno meter algo más en él. Me ha costado escribirlo, de hecho, algunas lágrimas se me han escapado pensando en aquellas personas que he perdido. Into de Dark es obra de Sebastian Larsson e invito a escucharla, aunque transmite melancolía y te hace pensar en malos momentos.
Decir que a la historia le quedan pocos capítulos y sigo sin saber si le espera un final feliz o no.
Muchas gracias por tu review anaiza18. Al resto que lean, gracias por hacerlo y que sepan que me gustaría saber sus opiniones.
Gracias y cuídense!:)
