~Love Bites~


Era la mañana más fría que pudieran recordar. La nieve cubría totalmente cada rincón de la Mansión Malfoy y de Londres por completo. Era un de esos días en los que, cuando estan en Hogwarts los pasas junto a la chimenea de tu sala común... Y como extrañaba Meiga esos días en los que pocas cosas eran las que le preocupaban. Pero ahora todo había cambiado, y lo cierto es que siempre supo que iba a ser así, pues ser la mayor tenía un cúmulo mayor de preocupaciones, o eso solía decirse.

Estaba asomada por el ventanal de su habitación, no le faltaban ganas para saltar, pero esta vez solo observaba el nevado paisaje que tenía frente a sus ojos. Hizo una mueca de desprecio y cerro las cortinas para no ver nada de lo que le rodeaba. No le gustaba la nieve, aunque lo cierto es que a ella no le gustaba nada, y odiaba todo. Se odiaba a ella misma, odiaba a Scabior por haberla abandonado, odiaba al Lord, odiaba a Yaxley...

Apoyo su cuerpo contra la pared un instante, y segundos despues se puso frente al espejo. Cepillo y recogió su cabello en un elegante moño, pero como siempre dejando un par de mechones rebeldes delante de su rostro. Suspiro de forma pesada y al final, tuvo el valor suficiente para bajar y salir de su habitación que se había convertido en su refugio.

Bajo las escaleras con cuidado, sin hace ruido, no se quería hacer notar, pero aquello fue dificil, pues Lucius ya la había escuchado y había salido a su encuentro.

-Buenos días querida.. -susurro mientras sujetaba con fuerza la empuñadura de su bastón. La observó y esbozo una curiosa sonrisa- Tienes buen aspecto , ¿no crees Yaxley? -aquellas últimas palabras azotaron a Meiga por completo cuando vio al hombre salir del salón.

Yaxley asintió y sonrio acercandose a ella, en lo que Meiga se esforzaba por terminar de bajar. La observo y dio su aprobación en silencio.

-¿Qué hace aquí? -ignoró a Yaxley y se dirigió directamente a su padre con un tono firme y bastante serio. Una voz ronca le acompañaba. Ya se esperaba lo peor de aquella situación.

Yaxley y Lucius se miraron de reojo entre ambos. Los ojos grises volvieron a clavarse en su hija, no hizo un solo movimiento que no fuera tipico en él.

-Venía a asegurarme de si habías aceptado mi invitación a la cena querida - Respondió el mayor interrumpiendo a Lucius de la respuesta semejante que le pensaba dar a la rubia. Le hizo un gesto para que hablara y respondiera a la indirecta questión que le acababa de lanzar.

-No tenía pensamiento de acudir a ninguna cena.. -respondio ella mientras se colocaba su túnica negra de terciopelo. Esa mañana se disponia a acudir a su lugar de trabajo en el Departamento de Misterios, quizás allí podría encontrar una respuesta a alguno de sus muchos interrogantes.

Luius carraspeo, rodó los ojos y se acercó hasta quedar completamente frente a su hija. Alzó una ceja y después chasqueo la lengua.

-Ambos suponiamos que dirías eso, así que la cena se hará aqui y acudiras ¿verdad? -Lucius sonrio sin perder su sonrisa- Y esto es una órden, no una sugerencia - le paso un mechon rebelde por detrás de la oreja- Sabrás comportante como una autentica Malfoy, lo sé..

Meiga rebufó molesta, en aquel momento, si hubiera tenido su varita a mano, habría hecho explotar cualquier objeto que hubiera estado más dijo nada a nadie, sabía perfectamente que cuando se trataba de ordenes y de su padre era mejor cumplir al instante y sin rechistar una sola palabra. Se ajusto la túnica, miró a Yaxley en silencio y se dirigió a la puerta con la idea de marcharse - Buenos días a los dos - susurró con ironía, pues lo cierto es que para ella, todo lo que ocurría a su alrededor le era muy indiferente.

-Meiga - susurró Lucius detrás de ella, mientras le agarraba por la muñeca y la obligaba a voltearse - No me decepciones otra vez, te lo advierto.

Tras aquellas palabras, Meiga solo pudo esbozar una de sus más falsas y frías sonrisas, se soltó de un leve manotazo y salió fuera de la Mansión, para en cuanto le fue posible, desaparecerse de los límites de aquella casa.


-Yaxley-

Habría pagado por haber sabido que pensaba la muchacha en aquellos instantes. Su cara, su rostro al verme y escucharme había sido simplemente único. Me habría reido, pero tengo demasiada educación para tal acto.

Mi conversación con Lucius no duró mucho más, pues en cuanto la rubia se hubo marchado yo hice lo propio. Ese día no tenia nada que hacer en el Ministerio, pero la simple idea de perseguirla era tan divertida, que no pude evitar el impulso.

Aparecí a los pocos minutos en el Ministerio. Como siempre aquel lugar estaba lleno de gente y no era de extrañar, personas que caminaban de un lado para otro nerviosas, llenas de trabajo hasta las cejas. Por suerte, soy un hombre con principios y mi trabajo, el trabajo sucio se lo suelo dejar a mi secretaria, que es una incompetente, pero me quita trabajo de encima la mayor parte de las veces.

Caminé tranquilamente, saludé a un par de personas y allí la encontré, esperando para coger uno de aquellos ascensores al Departamento de Misterios.

Meiga era conocida por su increíble trabajo, pero también por su labia con todo el personal, podía hacerte creer que era la mujer más buena y después matarte con un simple abrir y cerrar de ojos, y eso me encantaba, para que mentir.

Caminé hacia su dirección y cuando estaba detrás de ella, carraspeé y me acerque lo suficiente para susurrar cerca de su oido.

-Sin duda tu padre tiene razón, te ves mucho mejor, querida - sonreí tranquilamente, pero mi expresión de frialdad no cambió en ningun instante. - ¿Vienes a buscar diversión? Porque tu departamento lleva mucho tiempo aburrido.

Pude notar como se ponía tensa, se volteo con aquellos aires de superioridad que había heredado seguramente de su padre y me miró de arriba abajo. Hizo una mueca donde mostraba su desinteres hacia mi persona y después volvió a clavar su mirada en el ascensor mientras entrabamos.

-¿Desde cuando es de tu incumbencia lo que yo hago en mi trabajo, Yaxley? - dijo mostrando una increible y excitante maldad en sus palabras - Vaya yo que pensaba que a Arnold Yaxley solo le interesa Yaxley.

Me reí levemente y negué con la cabeza mientras imitaba aquel movimiento de esa misma mañana de Lucius y le colocaba el pelo detrás de la oreja.

-Oh, y no te equivocas, pero eres una mujer bastante interesante ¿no crees que puedas interesarme lo más mínimo? Te creía más narcisistas querida mía.

Me miro, me acuso con un dedo y aquello no hizo otra cosa que provocarme otra sonrisa aun más ladeaba e irónica -La pregunta es ¿crees que tu puedes interesarme? Los planes del Lord son los planes del Lord, los mios son muy distintos a casarme contigo.

Volvíamos a la historia de siempre. Aquello para mi no era más que cumplir una órden de Voldemort, pero no negaré que la idea de tener a mi lado a una mujer bella como ella era irrechazable. Mejor eso que alguien como, por ejemplo, y solo por ejemplo, Umbridge.

Cogí su dedo, sin mucha fuerza, pero lo atrape de manera que la hice acercarse un poco más a mi.

-Si no te interesara no estaríamos manteniendo esta discusión, ¿no crees? - sonreí nuevamente- Deberías aclarar tus ideales. A fin de cuentas esa rata esta muerta, ya no podrás hacer nada, si no lo hiciste en su momento ahora lo veo más difícil.

Estube apunto de recibir una bofetada, pude notarlo, pero la detuve al instante. Al mismo instante en el que el ascensor se detenía en el Departamento de Misterios. La miré y tiré de ella hacia fuera. Sin importarme si había alguien o no, aunque aquel sitio solía estar casi siempre vacío.

Apoyé su cuerpo contra la fría pared y la acorralé con mis manos.

-Deberías controlar tus impulsos de eres una Gryffindor.

- Y tu deberías morderte la lengua, oh no, que te envenenarías - alzo una ceja y dejo escapar el aliento que azotó mi rostro.

Me acerqué un poco más a ella. De forma lasciva le acaricie el rostro, disfruté yo más que ella de esa caricia y rode los ojos. Chasqueé la lengua y me aparta no sin antes deslizar un dedo por sus carnosos labios.

-Descuida, podría ser mucho más cruel. Al fin y al cabo podrías haberlo salvado y no lo hiciste. - me separé y comencé a caminar mientras ignoraba sus gritos y blasfemias hacia mi persona. Me estaba persiguiendo, lo noté por el ruido de sus tacones impactando contra el suelo.

Me giré aireado, la agarré por la cintura y la besé fugazmente. Al fin y al cabo era mi prometida.- Te veré esta noche en la cena. Recuerdalo. Y ponte el vestido verde.

No hizo falta que digera más, antes de que pudiera reaccionar, yo ya estaba otra vezn dentro del ascensor camino a mi despacho.