14 – Licor
Lily es lista. Lista porque que nació y aprendió a hablar antes de tiempo, porque a los tres años ya se ataba los cordones, porque a esa edad ya escribía. Entró en la escuela pudiendo sumar (como su lógica le había enseñando sin ayuda de nadie) y aceptó a los once años todo un nuevo mundo –con magia, guerras, criaturas fantásticas y personas como ella-. En definitiva, la inteligencia la había secundado sus diecisiete años de vida.
En ese momento, con toda su sinceridad, se sentía tonta. Porque había sucumbido al más humillante y degradante método para aliviar el dolor – y la muestra, una botella que yacía junto a sus pies, prácticamente consumida. Porque debería tener ganas de matar a alguien, en vez de sentir lástima (por ellos, por ella misma, por Sirius). Nació samaritana y samaritana aún seguía cuando tenía que sentirse ultrajada, traicionada, dolida. Le acababan de hacer mucho daño y su moral le seguía hablando de obviedades.
"Tenía que pasar algo, Lily, lo presentías. Lo supiste desde el primer momento, desde aquel día que te plantó en la biblioteca porque James se había hecho daño jugando al quiddich". Debía darle la razón, por mucho que le pesara, a sus pensamientos. Aquella vez, si bien la única que Remus la dejó colgada, fue suficiente como para que su alarma se encendiera. Por aquellos tiempos, ella odiaba a James, por lo que no le dio más importancia.
Ahora la situación era diametralmente opuesta, y no sabía cómo reaccionar. Qué decir, qué hacer, qué sentir. Si llorar estaría bien visto.
(Ella no lloraba desde los 8 años).
"Lily, es complicado", había tomado la palabra Remus un rato antes, al sorprenderlos en plena conversación. "Más que complicado, es que no tiene sentido".
En las películas siempre había visto a un marido que no se arrepentía, tomando de la mano a su amante, diciéndole la verdad a su esposa. La mujer acabaría llorando y la pareja, con un simple adiós y "mandaré a alguien para que recoja mis cosas", se marcharía. Si era ese el final de la película, la protagonista se acabaría suicidando – si, por el contrario, era el principio, acabaría encontrando al verdadero amor de su vida.
Al parecer, ni lo más dramático de las películas sucede en la realidad. James había continuado a su lado, sin pronunciar palabra y haciendo innumerables amagos de tomar la mano femenina. Remus (que en la pantalla debería haber estado callado y sonriendo junto a James), parecía alejarse cada vez más –aunque no se moviera, al estar apoyado en la pared-, mientras que hablaba (él, solamente él). Lily no lloró, ni gritó. Rozó la mano de su novio un par de veces y nunca rompió el contacto visual con Remus (quien parecía a punto de sufrir un apagón cerebral como causa de sus atropellados pensamientos).
"Es decir… No es que estemos juntos ni nada, ¿sabes? Seguimos siendo amigos. Seguimos haciendo las mismas cosas, sigo estando con Sirius y James, que parece estar ahora mismo en la Inopia, sigue amándote. Es sólo que…", suspiró pesadamente, maldijo por lo bajo y soltó un par de incoherencias antes de continuar. "Es raro. Es raro porque tenemos conversaciones raras y porque sentimos cosas raras pero no queremos que pase nada raro". Se golpeó intencionadamente la cabeza al echarla hacia atrás: a Remus nunca le habían faltado palabras (y aún menos con Lily). "Vamos, Lilian, ahora es cuando te levantas, nos matas a los dos (quitándonos así un problema de encima) y se acaba la película. Que sea rápido e indoloro, por favor", sonrió con timidez, pidiendo un perdón que sabía que no merecía.
No, eso no era una película (como bien maldijo la chica mentalmente). En la película, cuando la mujer traicionada pregunta "¿pero os queréis?", los otros contestan que sí sin tan siquiera pensarlo. Cuando ella lo pregunta, su amigo se atraganta y su novio pone cara extraña, para luego mirarse y quedar en silencio. No contestaron 'no' sin dudar, pero tampoco dijeron 'si'. Tampoco había la culpabilidad típica que dice "nos queremos pero nos da cosa decirlo" en sus miradas. Lily, que es el ser más listo del universo para algunas cosas, sabe que no saben qué sienten, qué quieren que pase o qué seguir diciendo. Que no son culpables ni víctimas, que no controlan sus actos cuando están juntos – si es que ha pasado algo que no pudieran controlar.
Por otra parte, Lily es la mujer más estúpida de la Tierra (para otras muchas cosas). No rompe jarrones, ni monta un drama, ni se suicida desde la Torre de Astronomía. Se levanta, abraza a Remus con delicadeza, porque sabe qué es lo que está pensando. Y Remus pensaba que no volverían a ser amigos, que no volvería a haber confianza, que todo era su culpa.
(Y nada de eso era cierto).
Tras eso se acerca a James, que debe tener contusiones en el cuello de mantenerlo inmóvil tanto tiempo mirando hacia el suelo, le levanta la barbilla y lo besa, con la misma delicadeza con la que abrazó a Remus. No sabe qué es lo que está pensando pero con ese beso le hace ver que no está enfadada –aunque debería-, que no le guarda rencor –porque va contra su ética-, que no es una novia normal (porque no dice "hagamos como que no ha pasado nada" pero tampoco "tenemos que hablar") –ella se conforma con expresar que el mundo no está hecho para que todo tenga sentido, y si no se lo dan a la primera, ella no lo va a buscar-.
Y ahí estaba ella, en una habitación perdida entre perdidos pasillos y con su mente en otra parte. Tomó la botella del suelo (que aún no se había acabado) y la acercó a su boca – tenía que liberar esa presión de su pecho, aquella que le exigía que olvidara su conciencia y que fuera más racional. Que hiciera algo irracional para que su reacción fuera racional. Tantos pensamientos la abrumaban y a punto estaba de terminar la botella de un trago cuando una mano se la quitó.
A esa mano le seguía un brazo, un cuerpo y una cara que, aunque el alcohol hiciera que se vieran dobles, podían reconocerse perfectamente. El pelo negro, los ojos grises y (oh, sorpresa, eso era nuevo) una mueca de reproche.
"Sirius, ¿qué haces aquí?", preguntó con una voz tan aguda que no parecía suya, con unos gestos tan exagerados que desde luego ella no hacía y con un equilibrio al que no estaba acostumbrada.
"Vaya, pelirroja, ¿quién hubiera dicho esto de ti? Imaginé que gritarías, pegarías o incluso llorarías. Pero, ¿alcohol? No es propio de una prefecta". Mientras hablaba le puso una capa por encima, era tarde y hacía frío. Su experiencia le dijo que no estaba lúcida ni en condiciones para caminar por sí misma por lo que, tras hacer desaparecer la botella, la cogió de la cintura y la sujetó por las piernas, mientras que su figura caía casi inerte apoyada en el hombro.
"Quizás no te hayas fijado hasta ahora, Black, pero no soy ningún saco de patatas". Con un infantil pellizco en el muslo, el animago la hizo callar, mientras que se dirigían hacia la Sala Común (sin capas invisibles que los cubrieran, entre las sombras como prófugos).
"No los odies, ¿vale?", fue lo único que el merodeador dijo durante el trayecto, tan bajito que Lily (cuya cabeza colgaba hacia abajo y chocaba con la espalda de Sirius) tuvo que afinar el oído para escucharle.
Sirius lo sabía. Lo sabía y no se emborrachaba, ni se colocaba, ni se follaba a nadie para remitir el dolor. Simplemente lo aceptaba, e incluso le pedía que no les guardara rencor. La opinión de Lily sobre él (a la mañana siguiente, cuando fue capaz de hilar algún pensamiento) estaba entre que era estúpido o tremendamente bueno.
(Su experiencia le decía que, más bien, 'estúpido'. Ya no estaba sola en el mundo).
Esa noche Sirius también bebió tequila. Se colocó a marihuana y folló para remitir el dolor.
(Pero no el suyo, sino el de Remus, que sentía repulsión hacia si mismo, que no podía pensar, que no encontraba una solución –de las que siempre encontraba- y que le dijo "lo siento" cuando entró en la habitación y "quiero follar contigo" cuando le contestó que no pasaba nada).
