Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Magnolia822, yo sólo traduzco.
Gracias a Isa por revisar y corregir este capítulo.
"A veces, cuando pienso en toda la cerveza que que tomo me siento apenado; luego miro el vaso y pienso en los trabajadores de la cervecera y todos sus sueños y esperanzas. Si yo no me bebiera esta cerveza, ellos podrían quedarse sin trabajo y sus sueños se romperían. Entonces es cuando me digo a mí mismo: "Es mejor que yo me beba esta cerveza y dejar que sus sueños se hagan realidad, en lugar de ser egoísta y preocuparme por mi hígado"." —Jack Handy, ProfundosPensamientos
Capítulo 14: Recién hecha
Mi entrecortada respiración y el latido constante de mis pisadas en el camino son los únicos sonidos aparte del ocasional llamado de las aves. Mantengo mi paso ligero, disfrutando de sentir el sol salir a mi espalda y la relativa tranquilidad y silencio de la mañana.
Cuando me desperté temprano esta mañana me sentí… bien. Es algo extraño, en serio, ya que no dormí mucho. Bella se fue tarde anoche luego de la película y unos cuantos —muchos— fajes más. Por un segundo consideré pedirle que se quedara; pero, repito, eso no sería tomarnos las cosas lentas. Ninguno de nosotros está demostrando ser muy exitosos en ese departamento.
Jodido infierno.
Por primera vez en semanas decidí salir a correr. Correr siempre ha sido una buena manera de liberar estrés para mí, pero últimamente he estado flojeando. Sigo en buena forma, pero necesito mantenerlo, especialmente considerando que mi trigésimo cumpleaños está a sólo unos días.
Eso es suficiente para terminar con mi humor plácidamente bueno.
Afortunadamente nadie ha mencionado nada de ello; nunca he sido gran aficionado de las fiestas, y ésta particularmente no parece merecer un festejo, sobre todo con la cita del siguiente mes en la corte colgando sobre mi cabeza. Eso, y el hecho de que en cuanto cumpla treinta seré ocho años mayor que Bella. Sin lugar a dudas un hombre viejo.
Giro por el camino de cuatro millas que baja por el lago y luego volteo de regreso a mi casa; para cuando termino ya está el clima bastante caliente y mi camiseta está empapada de sudor. Me la quito y le limpio la frente, me tomo un minuto para estirarme en el patio frontal antes de entrar por una ducha.
Mis pensamientos regresan a Bella. Esos jadeos y gemidos que hacia al estar sentada a horcajadas en mi regazo. Lo jodidamente bien que se sintió cuando me besó el cuello. Pensar en su sexy boca hace que mi polla se endurezca en veinte segundos. No me había pajeado tanto desde que era adolescente, y es un poco vergonzoso lo rápido que me vengo.
Mientras me estoy poniendo los jeans, noto que mi celular está parpadeando. Es un mensaje de Bella.
Ringo murió. De nuevo. ¿Hay espacio para uno más en Bruce esta mañana?
De verdad necesitaba deshacerse de ese pedazo de basura. Jamás en mi vida había visto un vehículo tan poco fiable. Aún así sonrío para mí; me pidió un aventón a mí, no a Seth. ¡Ja!
Claro. Llego en veinte.
¡Gracias! Estaré afuera.
Al agarrar mis llaves y salir por la puerta intento no pensar en cómo podría verse el que yo llegue al trabajo con Bella. Luego me recuerdo que ya le había ofrecido llevarla incluso antes de que fuéramos… lo que sea que somos. A nadie le importa. ¿Por qué no debería darle un aventón sin lo necesita? Ella tiene que llegar de alguna manera a trabajar y en realidad no me desvío mucho.
Por puro impulso me detengo a comprar café y unas rosquillas, estacionándome frente al dúplex de tres pisos unos minutos después. Bella está sentada en los escalones, apoyando la barbilla en las manos. Sonríe y me saluda al verme, se para y se sube al lado del copiloto con gracia. Santa mierda. Su falda se agita alrededor de sus piernas al meterse en la cabina, y me cuesta un verdadero esfuerzo apartar mis ojos. La falda es corta y se sube por sus muslos de una manera muy distractora. Ahora ya sé que me quiere volver loco intencionadamente. Debe de ser eso.
—Hola extraño —dice sin aliento cerrando la puerta tras ella.
—Buenos días —digo con una sonrisa. Estoy muy tentado de besarla, pero de ninguna manera puedo hacerlo en un lugar tan público—. Entonces, Ringo…
Frunce un poco el ceño y sacude la cabeza, mirando por la ventana a su camioneta con expresión de tristeza.
—Creo que ya está fuera de combate. —Claramente el problema de su camioneta la pone triste. Por alguna desconocida razón ella le tiene cariño a esa cosa.
—Lo siento. —Le doy un trago a mi café antes de apoyar el brazo en el asiento y salir de reversa de la calle. Por la comisura de mi ojo veo a Bella batallando para abrocharse el cinturón de seguridad. Tira con demasiada fuerza del cinturón, soltando un suspiro. Detengo la camioneta, se lo quito y lo tiro con gentileza.
—Ya lo tengo, lo tengo. —Su tono suena un poco quisquilloso al tomar el cinturón ahora guango.
—¿Estás segura? —bromeo, dejo que mi mano toque la suya rápidamente antes de apartarme.
En cuanto está situada se gira para verme de frente.
—No soy una niña, Edward, Dios. —La sonrisa que tira de sus labios me hace saber que en realidad no está irritada.
—Lo sé —le digo con arrepentimiento.
—Te decía, no tengo ni idea de cómo lo pagaré, pero creo que es hora de enfrentar el hecho de que necesito otro carro. Supongo que tendré que pedirle a mi papá.
—¿Él puede mandarte dinero?
—Probablemente. Al menos lo suficiente para un adelanto o algo. Dudo que saque mucho por un intercambio. Pobre Ringo.
—Bueno, si necesitas un adelanto o…
—No, Edward. —Su voz suena brusca al interrumpirme—. Estaré bien, en serio. Le llamaré a papá luego del trabajo.
Probablemente no era una buena idea. ¿Qué demonios estoy pensando? Ciertamente no es una buena idea. Me alegra que Bella parezca tener más sentido común que yo.
—Entonces —dice, cambiando el tema—, ¿no te molesta darme un aventón por unos días? No te causo problemas ni nada, ¿verdad?
—No, no me molesta en absoluto. Pero… tenemos que recordar que en el trabajo…
—Sólo trabajo. No juegos. Lo entiendo. —Sonríe y se mira las manos; de repente recuerdo las rosquillas.
—Ten —le digo pasándole la bolsa—. Si es que tienes hambre. También hay café para ti.
—¿Es en serio? —Toma la bolsa con emoción y mira dentro—. ¿Son de Bolton's? Eres jodidamente dulce, Edward.
Su gratitud me hace sentir un poco incomodo… no es nada extravagante.
—Sí, bueno, no sabía de qué tipo te gustaban —murmuro—, así que compré sencillas, de arándano y una con todo. Yo me quedaré con lo que tú no quieras.
Bella saca la rosquilla sencilla de la bolsa y la parte a la mitad, mastica contenta y estira la mano hacia su café.
—Es negro. No pude recordar cómo te gusta.
—Es perfecto —dice dándole un trago—. Hombre, lo necesitaba. —Hago una nota mental de que le gustan las rosquillas sencillas antes de agarrar la que tiene de todo y darle una mordida. Con ajo pero jodidamente buena.
—No es nada.
—Calla. Sí lo es.
Nos quedamos en silencio unos minutos mientras manejamos y comemos. Definitivamente, Bella es entusiasta con la comida cuando le gusta; las vocalizaciones que hace son jodidamente sexys. Cruza y descruza las piernas, y todo lo que quiero es pasar mis manos por sus muslos igual que anoche. Me sonríe estirando su falda como si supiera exactamente lo que estoy pensando. Por supuesto que sí lo sabe, cabrón; le miras las piernas como un hombre que se ahoga ve un salvavidas. Un salvavidas que se envuelve alrededor de tu cabeza.
Me aclaro la garganta y aparto la vista.
—¿Te gustó tu rosquilla?
—Sabe divino —murmura.
No mucho después estamos entrando al estacionamiento de Cullen Creek. Aún es temprano, pero noto que Emmett y los chicos ya llegaron. Hoy empezaremos a preparar el gran lote de Oktoberfest ya que lo necesitamos para distribuirlo a finales de agosto. Será un día largo.
Antes de salir, Bella pone su mano en mi rodilla. Miro a mi alrededor para ver si hay alguien cerca. Ella nota mi malestar y quita rápidamente su mano.
—Perdón. Es que… quería decirte… que me divertí anoche —dice, su voz apenas es audible. Un suave sonrojo se apodera de sus mejillas, es del color de los duraznos.
—Yo también. —Carajo, no puedo besarla. De verdad, de verdad quiero hacerlo.
—Entonces… ¿cómo debemos actuar aquí?
—Lo más normalmente posible.
—¿Eso significa que inventarás excusas para ayudarme detrás de la barra? —pregunta maliciosamente.
Ahora es mi turno de avergonzarme. Por supuesto que notó esas mierdas. Antes de dame tiempo para protestar, se encoge de hombros y sale del carro, ni siquiera me espera para entrar. Sigo su ondeante falda y me pregunto cómo demonios podré mantenerme lejos de ella.
Dentro Emmett está en la barra mirando la llave.
—Tenemos que limpiar pronto las tuberías de los barriles, carnal —dice cuando cruzo la puerta, señalando bajo la barra—. Le diré a Seth que lo haga cuando llegue.
—Nah, yo me encargaré de eso —digo despectivamente. Emmett ladea la cabeza, pero no dice nada.
Bella deja de limpiar la barra.
—Yo puedo hacerlo.
—No sabes cómo. Tendré que enseñarte.
—Bien —murmura, escondiendo una sonrisa detrás de su cabello. De repente la ironía me golpea. Carajo. Supongo que básicamente acabo de responder su pregunta de antes.
—¿Estás listo para preparar cerveza? —pregunta Emmett.
—¿La malta ya está lista?
—Síp. Los chicos acaban de ponerla en el molino. En unos días deberíamos estar listos para mezclarlo.
—Me parece bien.
Junta las manos y se las frota.
—Hagámoslo.
—¡Quiero ver! —exclama Bella.
—Estoy seguro de que sí. —Emmett sonríe y nos mira a ambos—. Tú y Edward. Voyeurs. —Sé que se refiere al fiasco de cuando nadaron desnudos.
—Sí, ¿pero a qué precio? —responde Bella con las manos en las caderas—. Básicamente tuve que echarme cloro al cerebro anoche para deshacerme de esas imágenes. Un consejo: cera.
—¿Cera? —pregunto, en realidad no quiero saber.
Bella sonríe y alza la ceja, y, carajo, me ve la entrepierna.
—Sí. Depilación. Ya no sólo es para mujeres.
—Rose me ama con todo y pelo —dice Emmett.
—¡Gracias a Dios por eso!
—Aunque sí me lo corto —dice—. Sólo que ya pasó tiempo desde la última vez.
—Uh… —alzo mi mano a modo de protesta—. Esto es todo lo que puedo aceptar antes de regresar mi almuerzo. —¿Por qué debería preocuparme de actuar apropiadamente cerca de mi hermano?
—Él comenzó —dice Bella señalando a Emmett. Él le avienta una toalla sucia y ella grita, apartándome y rociándolo con el bote del limpiador para la barra. Ruedo los ojos y murmuro por lo bajo, dejándolos a ellos dos atrás para unirme al resto de los chicos en la habitación del molino.
El resto de la mañana pasa rápidamente. No tengo tiempo para limpiar las tuberías porque me quedo absorto en monitorear la temperatura de la mezcla en turno. Incluso aunque los controles están mecanizados, por alguna razón últimamente se calienta de más. Es mejor mantener un ojo en ello, por si acaso.
Cerca de las dos llega Emmett para llevarme a comer ya que todo parece avanzar bien afuera.
—B tiene las manos llenas allá. —Su tono suena un poco cauteloso.
—¿A qué te refieres?
—Despedida de soltero.
Ya puedo escuchar las risas de borrachos y voces viniendo de la sala de degustación. Suenan bastante ebrios; ciertamente no somos su primera parada del día. Inmediatamente me preocupo por Bella. Sé que puede manejarlo sola, pero quiero asegurarme de que esté bien y ver si necesitamos intervenir. En lugar de entrar en la oficina continuo hacia el bar. Emmett me sigue.
Hay ocho hombres, la mayoría sentados, pero un par están de pie junto a la barra. Nadie parece notar cuando entramos. Uno chaparro y calvo parece estar en la mitad de una broma que encuentra particularmente graciosa.
—Y el policía preguntó dónde estaban sus pantalones —dice ruidosamente, inclinándose hacia Bella sobre la barra. Se ve algo inestable en sus pies.
—Pero Randy dice —interviente otro hombre, más alto y de apariencia más atlética—. Randy dice, ¿cuáles pantalones? ¡Estaba usando una falda! —Golpea a uno de sus amigos, sin duda el "Randy" en cuestión, en el hombro, y el resto de ellos rompe a reír a carcajadas. Puedo ver que Bella intenta no rodar los ojos.
—¿Qué opinas de eso, Chica de la Sala de Degustación de Cullen Creek?
—Hmm. Fue muy malvado. Ustedes sí que saben cómo divertirse.
Emmett se ríe detrás de mí y tengo que luchar contra la urgencia de reírme de su comentario obviamente sarcástico. El resto de ellos no parece entenderlo, en lugar se ríen para demostrar su acuerdo.
—Fueron días maravillosos —dice el hombre chaparro. Esa afirmación se gana más gritos del resto de los hombres.
Bella le aparta discretamente el vaso, sus ojos se iluminan cuando recaen en Emmett y en mí.
—¡Oigan, vean! Creo que están de suerte, chicos. Aquí están los dueños: Emmett y Edward Cullen.
Ocho pares de ojos caen en nosotros; la mayoría un poco desenfocados.
—Soy Emmett —dice mi hermano, adelantándose un paso y sacudiendo un par de manos. Hago lo mismo. Platico durante unos minutos con el hombre más sobrio, claramente es el organizador de la fiesta. Me cuenta que manejaron desde Brattleboro y están de viaje a través del estado; afortunadamente contrataron una camioneta para que los llevara. Somos su tercera parada.
—¿Quién es el pobre bastardo? —pregunta Emmett. Alguien palmea al pobre Randy en la espalda y el resto se ríe. Es el más joven de todos. Imbécil. Si estos tipos realmente quieren ayudarlo a prepararse para el matrimonio, deberían contratarle un abogado y conseguirle un acuerdo prematrimonial sólido. La noche de mi despedida de soltero, Emmett y Jasper me llevaron a un ridículo club de striptease en Boston. Me desmayé antes de media noche luego de haber bebido demasiados shots de tequila. Primero debieron haberme llevado con un buen abogado.
Alguien pide más cerveza y Bella se rehusa amablemente a cumplir. Se oyen algunos murmullos de malestar.
Aunque no parecen ser tipos malos. Sólo borrachos. Un minuto después Emmett siguiere un tour, mirándome.
—Checa si Seth está libre —sugiero. Algunos de los hombres asienten estando de acuerdo, pero el tipo chaparro que está en la barra no parece querer irse.
—Yo prefiero quedarme aquí con esta bella señorita. —Su comentario me enoja, a pesar de que sé que no es competencia. Aún así. Qué cabrón.
El soltero sacude la cabeza y se ríe entre dientes.
—Claro que sí, Bill. Pero dudo que eso le agrade a Nancy.
—Sí, pero mi esposa no está aquí hoy —protesta—. No te importa, ¿verdad cielo?
—Creo que estoy con Nancy en esta ocasión —dice Bella ligeramente, pero puedo ver por el brillo en sus ojos que está hablando muy en serio. Emmett llega un segundo después seguido de Seth para reunir a todos. Voy a deberle una grande por esto; es un infierno tener que darles un tour cervecero a odiosos borrachos.
—Awwww —se queja Bill mientras uno de sus amigos se lo lleva—. No eres divertida.
Sólo quedamos nosotros tres luego de que ellos se van. Emmett me lanza la bolsa que contiene mi sándwich; casi me olvidé de la comida. Murmura algo sobre ir a llamar a Rose y se va sin decir otra palabra. Si no lo supiera mejor, diría que estaba intentando darnos tiempo a solas.
Hmm…
—Gracias por la interrupción. Esos tipos eran algo más. —Bella sonríe y se recarga en la barra mientras que yo me siento en uno de los taburetes.
—Estaban bastante borrachos para ser apenas las dos —comento dando una mordida.
—Y ese tipo; tiene una esposa en casa y me coquetea. Típico. —Bella rueda los ojos y comienza a juntar los vasos sucios antes de pausar y girarse hacia mí—. Perdón, ¿sonó raro eso? Quiero decir, porque… —hace un gesto entre nosotros dos.
—En realidad ya no estoy casado. —Sé que no significó nada lo que dijo, pero sí me hace sentir un poco como una mierda.
—Lo sé —dice—, pero aún así.
—Nunca hubiese engañado a Victoria.
—Sí, porque eres un buen hombre.
—Creo que tienes una impresión errónea de mí —bromeo alzando la ceja.
—No es verdad.
Le doy otra mordida a mi sándwich y Bella arruga la nariz.
—¿Y qué es eso?
—Carne asada.
—¿No te molesta saber que te estás comiendo algo que alguna vez fue un ser sensible?
Cierro los ojos y gimo antes de sonreírle torcidamente.
—Ni en lo más mínimo.
Saca la lengua, hipnotizándome. ¿Cómo carajo hace que mi polla se remueva con un gesto tan simple? No me ayuda en nada que esté inclinada, enseñándome un poco de su escote. Sí, soy un hombre de traseros, pero también las tetas son jodidamente maravillosas. Especialmente las tetas de Bella. Ni muy grandes ni muy pequeñas. Perfectas para mis manos.
Carajo. ¿De qué estábamos hablando? Cierto. Soy un bárbaro. Mis pensamientos son prueba de ello.
—No me digas que eres una de esas personas que piensan que los vegetarianos están mucho más evolucionados que los que comen carne.
—No sólo lo pienso; lo sé. —Arruga de nuevo la nariz y me pega juguetonamente en el brazo—. Igual, es algo bueno que estemos en el trabajo porque de ninguna manera voy a besarte si tienes aliento a carne.
Agrando los ojos alarmado, mirando por la habitación. Bella se lleva la mano a la boca y susurra "lo siento" desde atrás de su mano. Quizá comer aquí afuera no fue tan buena idea. Se sonroja y se da media vuelta, volviéndose para lavar los vasos, y descubro que es difícil enojarme con ella.
—Oye —digo luego de un minuto, no me gusta el silencio entre nosotros—. No pasa nada.
Rodeo la barra y tomo el vaso que ella talla con fuerza. En el segundo en que mi mano toca la suya, me imagino cargándola y sentándola en la barra, abriendo por completo sus piernas. Probando su coño hasta que tiemble y se venga.
—No hay daño, no hay culpable —susurro en su oído, agarrando una servilleta de la pila que había junto a ella. Su cabello huele dulce y limpio, y me permito una tentadora inhalación.
—Es mejor que te vayas —dice—. Siempre… me olvido de todo cerca de ti. —Probablemente tiene razón. Ya llevamos un ritmo, lavando y secando vasos. Para cualquier observador exterior, todo es completamente inocente. Lo que no saben es que estoy a un segundo de recrear mi fantasía, acercándome más y más cada vez que se roza conmigo.
—¿Cómo crees que me siento yo? —gruño—. Eres un peligro laboral en esa falda.
Bella sonríe descaradamente.
—Oh, ¿esta cosa vieja? Es lo único que tengo limpio. En serio, necesito lavar la ropa sucia como si fuera mi trabajo.
Antes de poder detenerme, las palabras salen de mi boca.
—Puedes hacerlo en mi casa.
—Bueno, es mejor que lo haga en algún lugar. —Se inclina, hablando detrás de una cortina de cabello—. Ni siquiera pude encontrar ropa interior limpia esta mañana.
—¿Y qué hiciste?
—No me puse.
Qué. Carajo.
—Estás jugando —jadeo, mirando su falda con los ojos bien abiertos. Juguetea con el dobladillo y no puedo apartar la mirada.
—No. —Su rostro está completamente serio, pero sus ojos se iluminan con alegría. Adora torturarme.
—Carajo, Bella. Quiero ver.
Grita "no" y aparta mi mano cuando la estiro detrás de ella, palmeando ligeramente su trasero sobre la falda. Es como si no tuviera el control de mis acciones. Necesito salir de una chingada vez de aquí antes de hacer algo realmente estúpido. Bueno, más estúpido de lo normal.
—Lento, ¿recuerdas? —dice, su sonrisa va creciendo. Igual que mi polla. De ninguna manera podré estar semi funcional ahora que tengo este conocimiento. ¿Estará de manera natural allí abajo o se hace una de esas… depilaciones o como sea que se llamen? Carajo, ¿y si se depila? Aunque no me molestaría ninguna de las opciones, pero no puedo no saber cómo se ve. Tengo un chingo de ganas de tocarla.
—Serás mi muerte —gimo, soltando un vaso de mi mano cuando ella tira de él.
—Perdón. Tú preguntaste.
No puedo dejarlo así.
—¿Haces eso… mucho?
—¿Hacer qué?
Alza la ceja inocentemente.
—No usar…
—Como te dije, cuando me quedo sin ropa limpia. —Se encoge de hombros como si no fuera nada. Como si no importara que no está usando ninguna jodida cosa bajo esa corta falda.
Gimo y aviento la servilleta en la barra.
—¿Vas a limpiar las tuberías? —dice, pateando el barril con su pie. Una bacteria bastante desagradable puede crecer en las tuberías de plástico que van del barril a la llave, y eso le da un horrible sabor a la cerveza. Pero la idea de agacharme ahí ahora que sé que el coño de Bella está a centímetros de mi cara, y descubierto… no, de ninguna manera. Definitivamente terminaría atacándola.
Carajo. Quiero hacerlo.
—Mañana —digo entre dientes.
Ahí está de nuevo, la sonrisa descarada en su rostro.
—Como quieras. Pero he escuchado que una buena limpia de tuberías puede ser buena para… aliviar la tensión.
—Belllaaaa —gimo. Tiene un chingo de razón.
Y básicamente así es como sigue la semana.
Se hace más fácil luego del primer día que estamos de regreso. Al menos para Bella. Ella está llevando toda la cosa como una profesional, especialmente cuando otras personas están cerca. Para mí parece ser… más difícil.
No pude evitar querer estar cerca de ella.
El martes le enseño a limpiar las tuberías ahora que su culo está seguramente encerrado en unos shorts. Estamos en nuestro mejor comportamiento, excepto por unos cuantos besos robados y agarradas de trasero en el almacén. No está mal. Parece que nadie nos presta mucha atención.
La mañana del miércoles llega con buenas noticias: su papá le mandará dinero para un enganche de un carro nuevo, pero no podrá ir a buscarlo hasta el fin de semana. Sigue un poco triste por Ringo y yo intento pensar en maneras de hacerla reír. Resulta que no tengo que esforzarme mucho. Parece encontrarme bastante gracioso.
Jueves es un poco más… interesante, al menos luego del trabajo. Bella viene a mi casa para comer pizza y ver una película; la cual no vemos en absoluto. Estamos demasiado ocupados tocándonos y acariciándonos para prestarle mucha atención. Bella termina debajo de mí sin su blusa y final… finalmente… logro ver sus tetas. Son jodidamente perfectas, justo como las imaginé. Pezones firmes y rositas que acaricio y chupo hasta que ella está gritando y gimiendo. No es tímida para darme instrucciones y eso me calienta.
—Justo así —murmura, retorciéndose contra mí. Siento que tiembla y casi se me salen los ojos de la cabeza.
—Santa mierda. Acabas de…
Asiente, un sonrojo de vergüenza sube por sus mejillas.
—Esto es jodidamente caliente.
—Soy muy sensible —susurra.
—Eso creo. —Mi propia situación es menos afortunada… de hecho, estoy bastante seguro de que tengo el peor caso de bolas azules del mundo. Me resulta doloroso llevarla a casa, por decir lo menos. Ninguno de nosotros ha vocalizado cómo o cuándo llevaremos nuestra relación más allá. Es casi como si estuviéramos en pausa, sólo a la espera de que el otro zapato caiga.
Por supuesto, todavía está el asunto del divorcio, pero si soy honesto conmigo mismo, una de las razones por las que me estoy resistiendo es porque no quiero herirla. Tengo miedo de alterarme y cagarla en esto. Tengo miedo porque no tengo miedo. Es demasiado fácil, demasiado simple. Demasiado jodidamente bueno.
El viernes me despierto y ya tengo treinta.
Me tallo la cara con las manos y me doy la vuelta, golpeando el botón de mi molesta alarma. La cama se siente enorme y vacía. Ruedo fuera de ella y orino antes de sacar los tenis del armario.
Justo antes de salir a correr, pauso junto a la sala. Mi mente regresa a la noche anterior y sonrío.
Quizá este año no será tan malo como pensé.
