Chicos, feliz viernes! Les dejaré dos capítulos por que se los debo :33
Sé que es frustrante no saber que paso con Kurt pero pronto lo sabrán ;) ENJOY!

BRING ME TO LIFE

"Tu dices que estoy bien, pero todavía me siento roto"

CAPITULO 14

- ¿No acabas de terminar tu turno?

Blaine miró su reloj de pulsera y sí, su turno había terminado hace más de veinte minutos.

- Sí, terminó –dijo, sorprendido que el tiempo hubiera pasado tan rápido sin siquiera estar hablando. No habían estado haciendo nada en realidad, durante la última media hora. Blaine sólo había estado sentado allí, haciéndole compañía a Kurt, y Kurt no se había quejado al respecto.

- Te deberías ir.-

- Sí, tengo qué –dijo Blaine mirando a Kurt. No había logrado traer de vuelta al mismo Kurt de siempre, incluso si lo hubiera intentado. Blaine no se quería ir hasta estar seguro que Kurt se encontraba bien. – Sin embargo, no quiero.-

- Debes.-

Blaine contuvo el aliento mientras alcanzaba la fuerte mandíbula de Kurt y la recorrió con la parte posterior de sus nudillos. Kurt se puso rígido.

- Cuida de ti mismo.-

Blaine retiró su mano y se levantó. Podía sentir como sus ojos le quemaban la espalda.

- Blaine, espera –dijo Kurt en voz baja mientras se levanta frente a él -Yo… –tragó saliva, mirándolo nervioso. O tal vez estaba fingiendo.

Blaine no podía empezar ahora a confiar en él, sólo porque sentía pena por él. Eso lo hacía un blanco fácil.

- Blaine, bésame.-

Blaine abrió los ojos.

- Kurt…-

- Por favor. Bésame.-

La forma en que lo dijo hizo a Blaine inclinar la cabeza casi contra su voluntad. Una vez más estaría bien ¿cierto? Podía besar a Kurt una vez más si lo hacía sentir mejor. Fue en ese momento, que se dio cuenta que podía hacer algo para que Kurt se sintiera mejor. ¿Cuándo había llegado a esto? ¿Cuándo lo empezó a cuidar tanto?

La respuesta era fácil: desde siempre. Blaine se preocupaba por la gente, estaba en su naturaleza, y Kurt no era la excepción. Tal vez debería haberse convertido en un médico, en lugar de un policía.

Así no se encariñaría tanto con los presos.

Blaine se estaba encariñando con Kurt.

- Bésame –dijo Kurt lamiéndose los labios y acercándose un poco más.

Entonces Blaine lo besó. Enfocó su cabeza hacia un lado y la inclinó, encontrándose con Kurt, llevándolo al centro de la habitación. Kurt hizo un pequeño ruido y se aferró a él, deslizando sus manos hacia arriba y hacia abajo por los costados de Blaine, mientras chupaba el labio de Blaine.

La lengua de Kurt lamía los labios de Blaine, tan exigente, que demandaba la entrada, y cuando sus lenguas se encontraron, Blaine no pudo contener un gemido. El beso rápidamente cambió de lento a apresurado, parecía que Kurt le quería succionar toda la energía a Blaine, alimentándose casi de él, lo que lo hizo más fuerte y más seguro.

Blaine podía sentir como Kurt quería presionarlo contra la puerta, pero Blaine no quería eso. Ambos lucharon por el dominio, tratando sutilmente que el otro retrocediera, hasta que uno golpeara la pared, ambos tratando de dominar el beso, que lentamente se fue convirtiendo en un beso muy húmedo.

Si no hubieran sido meses y meses desde la última vez que tuvo novia, no se sentiría así, pero tristemente, Blaine era sólo un hombre, un humano, y Kurt sabía exactamente cómo hacerle perder el juicio. Sabía qué hacer con la lengua "su experta lengua", sabía donde poner sus manos, y sabía cómo acomodar su cabeza para que sus narices no chocaran o sus dientes no se rasparan entre ellos. Esto hacia gemir a Blaine en la parte posterior de su garganta, mientras envolvía sus manos alrededor del cuello de Kurt, acariciando el tatuaje que sabía que estaba allí.

Sin embargo, Blaine sabía que tenía que parar, antes de que sus cuerpos empezaran a reaccionar. Sabía que si eso llegaba más lejos, especialmente si Kurt llegaba más lejos, acabarían en la cama, Blaine sabía que lo harían.

El pensamiento de lo que pasaría, hizo que estallara el calor en su ingle, así que rompió el beso, jadeando.

- Buenas noches –dijo con la voz áspera, y Kurt asintió.

- Buenas noches y gracias.-

Kurt asintió y se desenredó de Kurt. Tenía mucho calor alrededor de la boca del estómago y se alegraba de haber parado cuando lo hizo. Mierda, necesitaba echar un polvo.

- Toma tu pastilla para dormir, ¿de acuerdo?.-

Eso hizo reír a Kurt, y dijo suavemente -Sí, oficial.-

Oh, mierda.

Blaine cerró los ojos, respiró profundamente por la nariz, cuando las palabras de Kurt se dirigieron directamente a su entrepierna, haciendo que su polla se contrajera.

- Lo digo enserio –dijo, tratando de pasar por alto la mirada presumida en la cara de Kurt. Se quedó pensando en silencio, así que se lo repitió de nuevo– Toma tu píldora.-

- No iba a ocultarla y guardarla, ya sabes –dijo Kurt – Pero si te hace sentir mejor… –se acercó a la mesa de noche y tomó la píldora. La levantó para que Blaine pudiera verla y se la tomó en seco. – ¿Feliz?.-

Blaine sólo le sonrío. – Que duermas bien.-

- Sí.-

Blaine fue a abrir la puerta, pero cuando buscó la llave en su bolsillo, estaban vacíos. Todavía tenía su juego extra de llaves en el otro bolsillo, pero, ¿dónde demonios…?

Se volvió hacia Kurt, lo agarró de la muñeca derecha, con el rostro enojado.

Kurt tenía el puño cerrado.

- Abre la mano –ordenó Blaine, apretando la muñeca de Kurt probablemente más fuerte de lo necesario. – Dije, abre la maldita mano.-

Los dedos de Kurt se estiraron lentamente alrededor de las llaves de Blaine, y Blaine se las arrebató. - ¿Qué estás haciendo? –siseó.

- Te dije que confiaras en mí –dijo Kurt frotándose la muñeca – Y puedes. Pero, ¿viste que fácilmente hice esto sin que ni siquiera lo notaras?.-

- ¿Cuál es tu punto? –medio gritó Blaine, pero Kurt ni se inmutó. – Enserio, Kurt, estoy harto de tus malditos juegos mentales.-

Kurt parecía querer que Blaine explotara, porque sus ojos brillaban como nunca antes. Su personalidad había regresado, pero en ese momento, a Blaine no le importaba.

- Mi punto es, que tomar tus llaves fue más fácil que quitarle un dulce a un niño. Deberías hacer algo al respecto, te estás volviendo muy descuidado.-

- ¿Qué pasa si no lo hubiera notado y hubiese usado mis llaves de repuesto para salir? –preguntó Blaine. ¿Qué habrías hecho?-

- Nada.-

Blaine bufó.

- Sí. Seguro. Ten una buena noche –dijo con una burla y rápidamente se dirigió a través del cuarto. Se apresuró a salir con los dientes apretados.

No podía creer la hazaña que acababa de cometer Kurt. Le molestó demasiado que lo hubiera manipulado así, y con tanta facilidad.

Sus pasos resonaban en el pasillo, mientras caminaba hacia la puerta.

Deseaba saber que le había tratado de decir Kurt con eso. Básicamente le estaba diciendo que no podía confiar en él, lo que contradecía todo lo que había dicho antes.

Blaine se frotó la frente, más confundido que nunca.

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- ¿Por qué pareces como si te acabaras de tragar un limón?-

Blaine levantó la vista de su almuerzo.

- No hay razón.-

Finn levantó una ceja.

- De acuerdo.-

- Tiene razón –dijo Puck poniendo los codos sobre el escritorio. – Te ves molesto desde que llegaste hoy. ¿Tiene algo que ver con las horas extras que hiciste en el piso de las celdas la noche anterior?-

Blaine tosió. Un pedazo de manzana se le atoró en la garganta. ¿Se dieron cuenta de eso?

- ¿Qué?.-

- Sí –asintió Finn. – ¿Qué pasó allí?

- ¿Te dijo algo alguno de los internos? –sugirió Puck – Algunos de ellos tienen la boca muy grande. Si te dicen algo lo mejor es ignorarlos porque te están tratando de provocar apropósito.-

- No, no, nada de eso –dijo Blaine rápidamente, con el corazón latiendo fuertemente en su pecho. Puck y Finn no se podían dar cuenta que hacía varias visitas periódicas a Kurt. No había forma de que se dieran cuenta. – No es nada del trabajo, no se preocupen por eso.-

Ninguno de los dos parecía convencido, dándose miradas dudosas el uno al otro, pensando que Blaine no se dio cuenta.

Blaine trató de ignorarlos, no necesitaba también preocuparse por sus colegas. Había reflexionado sobre los acontecimientos de la noche anterior, aún estaba un poco enojado, pero más confundido, por lo tanto, tenía líneas de preocupación en la frente.

"- ¿Qué pasa si no lo hubiera notado y hubiese usado mis llaves de repuesto para salir? –preguntó Blaine. ¿Qué habrías hecho?-"

"- Nada.-"

¿En realidad no hubiera hecho nada?

¿Podía un preso que acaba de ser sentenciado de por vida a estar en prisión, dejar la oportunidad de escapar?

Por otra parte, también había tenido una pistola en la garganta de Blaine, y no había hecho nada.

- ¿Qué pasa contigo? –dijo Blaine para sus adentros y se frotó la frente en señal de frustración

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A lo largo del día, Blaine tuvo suerte de que le asignaran algunas tareas que habían logrado mantener apartada su mente de Kurt. Fue enviado junto con Puck para solucionar algunas peleas en las calles entre adolescentes. Se había sentido bien al ser capaz de hacer algo, no sólo estar encerrado durante todo el día.

Se fue a casa esa noche y no pensó en Kurt en lo absoluto.

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El día siguiente empezó sin Kurt y sus preocupaciones. Sin embargo, no se quedó de ésa manera.

Blaine estaba patrullando los pasillos, había caminado a través del segundo y tercer piso, y se dirigía al cuarto.

Sabía que algo andaba mal inmediatamente después de entrar en el pasillo.

Escuchó gritos, golpes, y más gritos y toda la calma en el pasillo se había ido.

- ¡Pónganlo en la cama! –escuchó, seguido de un fuerte:

- ¡No me toques! –y más golpes.

- ¿Qué carajo…? –se preguntó Blaine en voz alta. Mientras caminaba hacia la fuente del alboroto, podía ver a los otros presos tratando de mirar a través de los barrotes, curioseando para saber lo que estaba pasando.

Tal vez debería haber comprendido, pero no lo hizo hasta que caminó por el pasillo y quedó parado fuera de la habitación 32. La habitación de Kurt.

Sus ojos se agrandaron cuando vio a dos policías, uno de ellos Braun, el hombre barbudo que se había reunido con Blaine el primer día, y dos enfermeras luchando para calmar a Kurt. Miró con rabia, o miedo, o las dos. Lo había visto perder los estribos antes, fuera de control, pero nunca así.

Observó a Kurt tirar una silla contra la pared, antes de retroceder lejos de la gente en la habitación, sus ojos furiosos. Blaine notó que una de las enfermeras tenía una aguja detrás de su espalda, mientras se trataba de acercar al prisionero, acorralándolo poco a poco.

Blaine se quedó en la puerta, pero no parecía que ninguno de ellos se percatara de su presencia, ni siquiera Kurt, que estaba de frente a él.

- Sólo cálmate, ¿de acuerdo? –dijo el hombre que Blaine no conocía, su voz era extrañamente calmada y profunda. Se volvió hacia una de las enfermeras. – Revisa la habitación, ha estado ocultando su medicamento de nuevo.-

La enfermera asintió, e inmediatamente se dirigió al cuarto de baño, probablemente en busca de la medicina oculta. La espalda de Kurt golpeó la pared y era casi como si sus ojos estuvieran escupiendo fuego, eran tan intensos, tan negros a pesar de ser azules.

- No te atrevas a tocarme –advirtió lentamente mientras el oficial que Blaine no conocía se le acercó más.

- ¡No...! –pero el hombre caminó rápidamente y torció los brazos de Kurt detrás de su espalda, encerrándolo en el lugar. Kurt gritó; un grito desesperado, como un ruego, que penetró a Blaine hasta los huesos. Kurt golpeaba al hombre, tratando de liberarse.

- ¡Suéltame! –gritó -Suéltame, mierda, tu maldito… –le dio una patada al hombre en las pantorrillas varias veces, sin ningún efecto.

Blaine estaba clavado en el suelo mientras observaba cómo dos grandes oficiales ataban a Kurt a la cama, y todo lo que podía pensar era en detenerlos. Lo están lastimando, ¿no ven que está asustado?

Mientras Kurt luchaba contra las ataduras, la enfermera que había ido a buscar los medicamentos regresó.

- Los encontré –dijo, tendiendo su mano, mostrando varias pastillas de diferentes colores. – Estaban detrás de la taza del baño. Son las dosis de ayer y hoy.-

- ¿Quién se las dio? –ladró Braun– quien quiera que fuese no se quedó el tiempo suficiente para ver que realmente las tomara. Malditos aficionados.- Recorrió una mano por su rostro, a través de su barba plateada, y sacudió la cabeza.

La enfermera se encogió de hombros.

Blaine tenía una buena sensación de saber quien se las había entregado. Probablemente la misma mujer nerviosa que lo había hecho cuando Blaine estaba aquí, sólo que estaba vez no tuvo el coraje de permanecer el tiempo suficiente.

Kurt seguía gritando, tirando de las restricciones en sus muñecas y tobillos.

- ¡Déjenme ir! –gritó, y cuando nadie dijo nada, sus ojos se centraron en la enfermera joven que tenía la aguja en su espalda. – Tú –se dirigió a ella, jadeando– deja que me valla.-

Blaine se sorprendió al escuchar el cambio en su tono de voz. Era más bajo, más tranquilo, casi seductor. Blaine reconoció la voz; era la voz que usaba para manipularlo, para hipnotizarlo. De repente, no sintió más pena. Aun en ese estado, Kurt sabía cómo manipular.

- Vamos nena, no te haré daño.-

- No lo escuches, Lucy –dijo el segundo hombre a la enfermera, que estaba mirando a Kurt con los ojos muy abiertos. – No ha tomado sus medicamentos, no sabe lo que está diciendo.-

- Lucy, ¿verdad? –dijo Kurt, jadeando un poco. – ¿Me puedes desatar, Lucy?-

- N-no –susurró Lucy con voz temblorosa. – Lo la-lamento.-

Kurt soltó un bufido y sus ojos se volvieron más salvajes, Lucy retrocedió rápidamente.

- Estoy seguro que lo lamentas mucho –escupió. – ¡Así, que yo lo siento más! –tiró con fuerza de las restricciones, presionando su cabeza contra la cama, llorando.

- ¡Hummel! –dijo Braun con severidad. – Compórtate.-

- Te voy a matar –dijo Kurt enseguida, a los ojos de la enfermera asustada. – ¡Mierda, te voy a matar! –tiró de nuevo con fuerza de sus ataduras, arqueando la espalda. Era como si estuviera poseído, Blaine se dio cuenta. Había visto películas donde la gente era exorcizada, y se veía exactamente así. ¿Esto era lo que pasaba cuando Kurt no tomaba sus medicamentos? ¿Esto era lo que quería decir que se escapaba de su cabeza?

- Eso es todo –dijo el segundo hombre– Sédalo, Lucy.-

- ¡No! –gritó Kurt y tiró tan fuerte de las ataduras, que Blaine tenía miedo de que rompiera la cama. – ¡No te atrevas!-

Lucy seguía mirando a Kurt, su rostro estaba pálido y sus ojos bien abiertos.

- ¡Ahora, Lucy!-

Saltó, pero rápidamente hizo lo que se le ordeno y apresuradamente apretó la aguja contra el brazo de Kurt, y se apartó después de que el contenido estaba dentro de Kurt, pareció que no se podía alejar tan rápido como quería.

- ¡Que te jodan! –escupió Kurt detrás de ella, pero sus movimientos eran lentos y sus ojos pestañeaban. Murmuró más maldiciones a la enfermera antes de que poco a poco dejara de luchar y se callara. Tenía los ojos cerrados, mientras su cabeza caía hacia un lado sin fuerzas.

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Blaine paseaba por la oficina, ganándose una mirada de confusión de Puck y Finn.

- Hombre, ¿qué te pasa?-

- Nada –respondió Blaine, suspiró y se dejó caer en la silla. Estaba preocupado por Kurt, quien, dos horas después, estaba dopado y amarrado en su cama.

Que estuviera preocupado, no significaba que no estuviera enojado, pero la visión de Kurt así, había quitado la mayor parte de su ira. ¿Por qué no había tomado sus medicamentos? ¿Quería de nuevo probarle algo a Blaine?

- Tal vez deberías ir a casa –sugirió Puck– te ves un poco pálido.-

- Él no está enfermo.-

Blaine levantó su cabeza para ver a Sebastián en la puerta, con el rostro duro. – Él no está enfermo –repitió, sus ojos verdes clavados en Blaine. Blaine trató sutilmente de sacudir su cabeza; Sebastián no podía decir nada cuando Puck y Finn estaban en la habitación.

- Fue testigo cuando uno de los presos tuvo un episodio mental.-

Episodio mental.

- ¿No es así? –miró a Blaine.

- ¿Lo fuiste? – Puck se volvió hacia él con los ojos muy abiertos. Parecía impresionado. – ¡Eso es genial!.

- ¿Cuál era?- quiso saber Finn y se acercó más a Blaine.

Ellos lo miraban como si estuviera a punto de contar una historia de fantasmas muy emocionante o algo así.

- No es genial –exclamó Blaine irritado– Dios, ¿qué te pasa? –se puso de pie. -Ustedes no tienen respeto, y tú… –se volvió a Sebastián– no te metas en mis asuntos, ¿de acuerdo?-

Sebastián se encogió de hombros, su rostro era indiferente.

Blaine se burló. – Váyanse a la mierda.-

Entonces salió de allí y subió las escaleras. Iba a ver a Kurt ahora.

- Irritable –escuchó decir a Puck antes de que estuviera fuera del alcance de su oído.

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Blaine miró a través de los barrotes antes de entrar, para ver si Kurt estaba despierto, y lo estaba. Estaba mirando hacia el techo, con los brazos y piernas atados a la cama, como antes.

Blaine golpeó y se aclaró la garganta.

- ¿Puedo entrar?-

Kurt levantó un poco la cabeza.

- Claro, entra –dejo caer la cabeza sobre la almohada, y Blaine abrió las cerraduras y entró.

- Perdona si no estoy presentable –dijo Kurt, mientras Blaine se acercaba con los ojos todavía en el techo. –Me llenaron de todas las drogas que venían en el libro.- La sonrisa de Kurt estaba un poco aturdida, era claro que aún seguía drogado. Trató de mantener los ojos abiertos, y los fijó en el rostro de Blaine.

Blaine sacó una silla y se sentó junto a la cama. – ¿Por qué?-

Los ojos de Kurt se ensombrecieron.

- Te vi, ya sabes. Antes de que la perra me clavara la aguja –suspiró– yo estaba… no lo sé. No recuerdo mucho de eso.-

Blaine frunció el ceño.

- ¿No te acuerdas?-

Kurt sacudió la cabeza y Blaine tuvo la sensación de que estaba mintiendo. Tal vez era un mal mentiroso cuando estaba drogado.

- Sólo exploté, y luego no me acuerdo.-

- ¿Estás bien ahora?-

Kurt sacudió la cabeza.

- Creo. Quiero decir, excepto que mi boca sabe como algodón, que tú tienes tres ojos y no puedo sentir nada, estoy excelente. – En ese momento su sonrisa era muy forzada.

- ¿Tienen ellos que hacer esto a menudo? –preguntó Blaine, mirando las ataduras que mantenían al hombre a su cama. Sus muñecas estaban rojas y despellejadas, después de tirar con tanta fuerza, Blaine quería extender la mano y frotárselas.

Kurt se encogió de hombros.

- ¿Por qué no tomaste tus medicamentos?-

Kurt miró hacia otro lado, fijó sus ojos en la pared. Tenía los puños cerrados.

- No me gusta cómo me hacen sentir. No me quiero sentir aturdido –suspiró– Las píldoras me calman.-

Parecía que Kurt estaba diciendo la verdad. Esta podría ser la primera pieza de verdad que Kurt le había dicho. Posiblemente porque estaba drogado. Blaine estaba consciente de que no estaría bien, pero si él podía extraer algo, lo haría.

- Kurt, eso es algo bueno –dijo en voz baja, tratando de razonar con él. – Y tú estás calmado ahora, ¿no?-

- No, no es lo mismo.-

- ¿Es mejor perder el control de esa manera?-

Kurt suspiró profundamente.

- No. Pero no se supone que me sienta tranquilo.-

- ¿Y se supone que debes sufrir? –dijo Blaine con sarcasmo, y la cara de Kurt cambió de nuevo, sus ojos se volvieron extrañamente blancos.

- Suenas como mi vieja psiquiatra –bufó Kurt, pero Blaine no podía ver la emoción en sus ojos, la emoción que siempre se mantenía oculta detrás de esa gruesa pared. Aparentemente dicha pared no era capaz de mantenerse en pie con drogas en su sistema.

- ¿Es malo?-

- Oh, definitivamente –Kurt dejó escapar una pequeña risa, una risa poco patética.

Blaine lo miró con el ceño fruncido.

- Ella siempre trataba de penetrar mi cerebro –dijo Kurt -Tratando de psicoanalizarme, tratando de ganarme.-

- ¿Es de Anne de quien estamos hablando? –preguntó Blaine, y Kurt entrecerró los ojos en él.

- ¿Qué más te dijo ella? –preguntó.

- No mucho –dijo Blaine rápidamente– No mucho.-

Kurt pareció no creerle.

- Demasiado para confidencialidad médico-paciente, ya veo. Ahora, vamos... –su rostro se endureció, sus ojos parpadearon de nuevo. – ¿Qué te dijo?-

- Nada –dijo Blaine rascándose el cuello nerviosamente, evitando el contacto visual. Era un mal mentiroso.

- ¿Qué- te- dijo? –repitió Kurt con los dientes apretados. – Blaine, dime.-

- Nada. Nada, lo juro –dijo y en vez de mirarle a los ojos vio su muñeca lastimada– debo conseguir algo para eso –dijo– se van a infectar.-

Kurt se limitó a mirarlo con los ojos entrecerrados, aunque su mirada seguía un poco aturdida.

- Mientes –dijo– Estás mintiendo. Ella te dijo algo.-

- Sólo tu nombre –mintió Blaine– pero ya sabes eso. Nada más.-

Kurt bufó pero no dijo nada más, así que Blaine no supo si le creyó o no.

- Ella se retiró, ya sabes –dijo después de un momento. – Anne.-

- Sí, lo sé.-

- De seguro sabes demasiado –dijo Kurt con otro resoplido.

- No lo suficiente –sostuvo Blaine.

- Sabes más que la mayoría.-

- ¿Lo sé?-

Kurt se limitó a asentir y se quedó en silencio. Blaine no entendía que sabía él que las demás personas no. Blaine no sabía nada en absoluto.

- Kurt, ¿no tomaste tus medicamentos para probarme algo? –preguntó Blaine después de un momento. – ¿Para probar que eres peligroso, o cualquier estúpida cosa que me quieras hacer pensar?-

Kurt no respondió de inmediato y Blaine pensó que podía haberse quedado dormido, pero finalmente volvió a abrir sus ojos.

- Soy peligroso –dijo– Sí tuvieras algo de cerebro no estarías sentado aquí y ahora.-

- Estás amarrado –señaló Blaine.

Las comisuras de los labios de Kurt se elevaron un poco.

- Sí, bueno… Touché.

- Lo que no entiendo –dijo Blaine y se recostó en su silla, con los brazos cruzados sobre su pecho. -Es que mientras pareces dispuesto a atraerme, al mismo tiempo tratas de convencerme que no debería estar contigo. No sé si es una estrategia, o qué. Si lo estás haciendo apropósito para joder mi cabeza, o si estas confundido y no sabes qué demonios es lo que quieres.-

- Yo se lo quiero –dijo Kurt – Quiero que sepas en lo que te estás metiendo.-

Blaine levantó la ceja.

- Quiero que vengas por tu propio pie.-