-te vas a bañar o no.- me pregunto dulcemente cuando se dio cuenta de que estaba despierta.

-si.-

-está bien. Te dejo para que te bañes.- gire mi cabeza para verle bien, nos quedamos mirando un rato hasta que volvió a hablar.

-Bella, de verdad que no podemos pasar de esto.-

-solo te invito a bañarte, digo, los vampiros también se bañan o no.-

-si.- contesto no muy contento.

-entonces.-

-te tienes que desvestir, y no te puedo ver desnuda.-

-porque no, así sabes si te gusta la mercancía antes de comprarla.- solté una risita después de terminar la frase, era algo tonta, pero esperaba que sirviera.

-si sigues así me voy a meter contigo a la ducha, pero solo será para darte un remojón con agua fría.- dijo muy amenazante.- además que nos es justo para el pobre de Jasper que sienta todas nuestra emociones.- Edward tenía razón, así que decidí que por hoy no trataría mas.

-solo hago esto por Jasper.- incline mi espalda hacia adelante para que Edward saliera de la tina. Lo cual hizo en un microsegundo.

-voy a hacer tu cena.- salió del baño cerrando la puerta.

Un poco avergonzada y derrotada me sentí, recargue mi espalda en el frio mármol de la tina, tenía flojera de bañarme, pero lo tenía que hacer, llevaba bastante tiempo con la misma ropa, y un baño estaría bien. Me quite el sostén y después lo demás, todo está escurriendo, lo deje a un lado de la bañera. Y me incorpore para por fin bañarme. Tome la esponja que está en la repisa, había una botella pequeña color rojo fuerte, la tome y la olí. Era frambuesa y otra fruta que supe muy bien distinguirla, era el jabón. Antes de empezar verifique las botellas restantes. Shampo y acondicionador, todo era de las misma fragancia. Ya sabiendo que botella era cada cosa comencé a bañarme.

Termine y fui a la recamara por mi pijama. Salí del baño solamente con la toalla. No pretendía tardarme, solo sacaba la ropa de la maleta y me metía de nuevo al baño. Para mi maldita suerte, cuando pensé que todo ya estaba finalizado, la toalla cayó al piso cuando Edward entro a la habitación con la charola que tenia la cena. Para evitar que él se arrepintiera de verme antes del matrimonio, me tape con la ropa que tenía en la boca. Que anteriormente la había colocado ahí para que no se mojara con mis manos.

En un abrir y cerrar de ojos Edward dejo la charola encima de la cama y levanto la toalla. Me tapo y me acompaño al baño. Cerró la puerta detrás de el. Me cambie lo más rápido que pude. Seque mi pelo y salí a mi encuentro con Edward.

-lo siento.- le dije

-mi amor, fue un incidente. No tienes porque disculparte por eso. Después de todo no fue la culpa de nadie, quizás de la toalla, por a verse caído y dejarme ver la mercancía.- camino hacia mí con una tierna sonrisa.

-y te gusto.- pregunte juguetona.

-mucho, es un martirio esperar hasta la boda. Sabiendo que es de muy buena calidad.- después de semejante declaración me puse roja como solo yo puedo. Me sonrió y me beso.

-es un verdadero martirio también para mi, y eso que vi menos que tu.- ahora se rio.

-creo que te hace falta azúcar, ven, cena.- tomo mi mano y me llevo a la cama.

Cene mientras Edward veía distraídamente la tv. Después salió a dejar los trastes en la cocina, me acomode en la cama, no tenia frio, pero aun así me cobije. Un minuto después llego Edward y me abrazo, entonces me sentí realmente cómoda y me quede dormida cuando Edward tarareo mi lullaby.

El sol me despertó, sus rayos penetraron por la ventana, dejándome ver la brillante piel de mi prometido. Me beso la frente y me abrazo.

-supongo que dormiste bien.- pregunto en tono malicioso.

-si, porque.-

-Jasper vino a ver porque decías tantas veces mi nombre. Le explique que estabas soñando, y más obvio no podía ser acerca de con quién.- ya estaba acostumbrada a que Edward me escuchara decir su nombre en mis sueños, pero que Jasper y Rosalie lo escucharan varias veces en la noche, y peor si pensaban que estaba pasando otra cosa en la habitación.

-que vergüenza.- dije distraídamente. Sentí que la mirada de Edward estaba fija en mi, así que aclare mi vergüenza.- digo, no me avergüenza soñar contigo, si no el hecho de que tus hermanos me escucharan, y que pensaran mal de ello.-

-entonces, amor, tu no deberías de avergonzarte de ello, si no ellos por ser mal pensados.- me dedico esa sonrisa matadora y me derretí. Se acerco a mí y me beso.

-vístete, Rosalie te está preparando el desayuno, y no creo que quieras hacerla esperar.-

-no.- lo ultimo que queria en ese momento era hacerla enojar. justo cuando apenas nos comenzabamos a llevar bien.