Disclaimer: Avatar: The last airbender y todos sus personajes no me pertenecen, yo sólo me divierto inventado formas de matarlos.


Segunda Parte: Presente

No había dejado de llover, como si incluso el cielo estuviera triste por la muerte de la reina.

Fue un funeral muy grande, habían venido todos… se rindieron los honores necesarios, lloraron desconsoladamente quienes debían hacerlo, se dijeron palabras emotivas, los consuelos necesarios y se corono al siguiente rey.

Al final, como era la tradición en la nación del fuego, se quemo el cuerpo. Era hasta cierto punto cruel, el cuerpo se quemaba hasta que ya no quedaban restos, se consumía todo, para marcar el final de una época, de el mandato de un gobernante; pero aquellos que sentían la perdida de un ser amado no tenia una tumba a donde ir a llorar.

Cayó la noche, subió la bruma y cubrió el brillo de las estrellas dejando ver solo el de la luna. El joven rey subió las escaleras y llego a la torre más alta, a esa con la cama adornada y el gran ventanal. Ahora los armarios estaban vacíos y la cama tenia sabanas blancas; el gran ventanal tenia la cortina corrida, la luz entraba tenuemente. El joven camino despacio, silenciosamente, como si aun hubiera alguien a quien no quisiera despertar. Abrió la primer gaveta del mueble, era la única donde aun había algo; una carta, estaba vieja y parecía delicada, pero lo que llamaba la atención era el lazo que la ataba, era azul y tenia un adorno que colgaba, tallado a mano, sobre una piedra azul. El joven quito el lazo, extendió la carta y leyó con prisa.

Sobresaltó al príncipe un ruido en su espalda. Volteo la mirada y vio a Ty lee en la puerta, observándolo con lagrimas en los ojos, tenia puesta una túnica negra con detalles en rojo; el nunca la había visto vestida de ese color.

- No me gusta – dijo ella como si le adivinara el pensamiento- es que es un color tan triste…pero es justo como me siento ahora.

Camino hacia el y lo abrazo.

- Te iras ahora ¿cierto? – le dijo ella soltándolo y observando la carta que tenia en sus manos-

- Nana, es que yo… - el rey hablaba con indecisión, noto que en los ojos de ella habia tristeza, pero no sorpresa – tu lo sabias?

Ella lo dejo y camino hacia el ventanal, arrastro la cortina y se quedo de espaldas a el observando el paisaje.

- Yo me fui junto con la escolta a buscar a Sokka, Suki y a las demás guerreras –Ty lee hablaba con voz triste- Los encontré muy rápido; pero la escolta que me lleve no eran soldados de la nación del fuego. Azula había dedicado gran parte de su tiempo libre a buscar a los agentes Dai lee que antes le habían sido fieles, se infiltraron en el palacio y suplantaron a la escolta real; cuando encontré a los demás el avatar los acompañaba, los agentes nos atacaron, no nos vencieron; pero el echo de que estuvieran buscándonos y no en palacio protegiendo a Azula era señal de que estaba pasando algo. Cuando llegamos a palacio todo estaba en silencio, no había guardias en su sitio, corrimos por los jardines y vimos a Katara tirada en el suelo, Aang y Sokka corrieron a verla; pero yo no, yo corrí hasta esta habitación, cuando entre…

- Mi madre lloraba en el piso y mi padre estaba muerto sobre la cama – termino el joven al notar que ella no podía hacerlo -

- Y Azula estaba de pie en la ventana – sollozo Ty lee mientras se daba la vuelta para verlo – ella estaba justo aquí, yo corrí a atacarla, pero Mai me sostuvo con desesperación, sus manos temblaban tanto, ella estaba llorando tanto…los ojos de Azula, no los puedo olvidar, eran tan altaneros, pero… ya no había ese odio que yo había visto antes, con tan solo esa mirada entendí que ella ya tenia su venganza, nos hundió en el desconcierto, en las mentiras, en una locura que nadie entendía. Al final ella se fue, se escapo, fue la ultima vez que la encubrimos. No se si había agentes que la sacaron de ahí con tierra control – comenzaba a desesperarse- o si Aang y Sokka estaban demasiado deshechos como para notar lo que ocurría.

- Nana, no es necesario – dijo el joven al notar su angustia- en verdad…

- No, tu madre me lo dejo dicho – insistió Ty lee- que debía contarte todo tal y como yo creía que había pasado.

El joven entendió que era necesario seguir escuchando y la dejo continuar.

- Cuando los demás llegaron a la habitación – prosiguió Ty lee- y vieron… esa horrible escena, Mai no pudo decir una palabra, solo la oíamos cuando lloraba. Fue ahí cuando entre todos reconstruimos lo que había pasado; Azula había matado a Katara, Zuko corrió para avisar a Mai, pero antes de que cualquiera de los dos pudiera hacer algo…ella lo mato – Ty lee agacho su cabeza- tu madre nunca dijo las cosas tal cual, solo nos daba nos la razón…estaba destrozada; todos lo estábamos. Sokka nunca logro recuperarse por completo y Aang se entrego a su labor de avatar, jamás volvió a ser el mismo. Ellos dos buscaron con desesperación a Azula y pronto la relacionaron con Yang Ra, fueron a verlo, lo interrogaron y parece que si lo asustaron por que el viejo se suicido para no hablar de mas, yo siempre he creído que Azula también tuvo que ver en eso.

- Entonces tu también sabias que ella no estaba muerta – dijo el joven con resentimiento, mientras presionaba con fuerza la carta que tenia en la mano-

- Tiempo después – prosiguió Ty lee- se recibió un aviso de lo que parecía un asesinato con fuego control en el reino de la tierra, por el fin de la guerra esos asuntos se trataban con cuidado. Aang, Iroh y Sokka fueron a verificar, los cuerpos eran de una mujer mayor y de una joven, ambas de ojos color miel y…se parecían mucho a Ursa y a Azula, el fuego les había hecho tantas quemaduras que era imposible estar seguro; la verdad es que yo nunca vi los cuerpos…nunca.

- Y, y entonces ¿sólo lo dieron por sentado? – reclamo el joven confundido-

- Era lo mejor – le contesto ella- era lo único que podíamos hacer, necesitábamos un consuelo, tal vez incluso hasta es verdad.

La mirada del joven volvía a acusarla.

- Yo se…- prosiguió Ty lee lentamente, como si no quisiera hacerlo - yo se que tal vez lo que yo creo que paso no fue lo que paso, pero creo que es lo mejor, dejarles las culpas de los crímenes a los villanos y los logros a los héroes; eso nos ayuda a vivir, al menos nos ayuda a decidir a quien debemos amar y a quien no.

- ¿Como es que nadie reclamo por tantas mentiras? – dijo el joven-

- ¿Por qué lo serian? – respondió Ty lee muy seriamente- la verdad es que todo parece tener sentido; tal vez… la única que sospechaba algo era Toph, pero ella estaba igual de afectada que todos, siempre se sintió responsable por no haber estado presente, se sentía culpable. Días antes de esa noche su hermano menor nació, cuando recibió una carta de sus padres para que los visitara…ella, hacia tanto que no se lo pedían que simplemente no lo pensó. Cuando regreso y se entero de lo que había pasado; se desmorono.

El joven la miro fijamente, ahí, enmarcada por la luz de la ventana, ya con las huellas de la edad que le caían encima. Des pues de la muerte de su padre ella se había quedado para ayudar a su madre a recuperarse, entonces se enteraron de que pronto nacería el siguiente heredero y que Mai debía tomar la corona si querían preservar la sangre real. Ty lee nunca había vuelto a Kyoshi, dedico su vida a salvar a esa pequeña familia; siempre había sido como una segunda madre para el.

- Mi padre…su muerte fue…- balbuceo el joven después de mucho pensarlo-

- Se lo que debo saber – interrumpió ella- y, todo lo que quiero saber. Pero si tu necesitas salir, esta bien; pero prométeme que vas a regresar.

- Lo prometo – dijo el -.

- Tu tío te tiene un pequeño barco a la salida del pueblo – dijo ella mientras se acercaba y le besaba la frente con tono maternal- ve sin escolta, encubierto, que nadie te vea salir, yo me encargare de todo por aquí.

Ty lee salio de la habitación con prisa. El joven le hizo caso y salio son cautela, cambio sus ropas por unas menos llamativas y bajo la corona de su cabeza. Su tío tenia un barco para el en muelle, era extraño, a pesar de ser casi de la misma edad el joven lo trataba como a un señor. La verdad es que no se veían mucho, el hermano de su madre le era muy ajeno, ella lo había mandado a que lo criaran sus tíos y nunca lo dejo involucrarse en la vida de palacio, incluso no le había heredado nada de las pertenencias reales y cada vez que le preguntaban por qué ella solo respondía que era lo mejor para el. Extrañamente el hermano menor nunca reclamo, probablemente vivía mas a gusto así. Tal vez por eso el era el mas indicado para llevarlo en un viaje como el que estaba por hacer, le tenia el suficiente aprecio al joven como para ayudarlo en una tarea que parecía temeraria y sin ningún sentido y no estaba tan apegado a el como para insistir en acompañarlo hasta el final; eso era, la persona que te ayuda, que te lleva, pero nunca te pregunta si vas a regresar.

Y era justo lo que el joven rey necesitaba, que lo llevara a la costa mas remota del reino tierra, que lo dejaran para escalar la empinada montana, aquella con caminos escondidos donde parecía que solo los animales podían habitar. Que lo dejaran buscar la casa donde solo se puede vivir si te escondes de algo, si no quieres que nadie te encuentre, especialmente tu conciencia. Las instrucciones en la carta eran precisas, señalaban el lugar del exilio, el único donde se puede vivir mientras el resto del mundo te considera muerta.

Una casa en la cima de una montaña oculta, cualquiera podría dudar de la existencia de ese lugar, era una nota en un mapa, como si al construir el mundo ese espacio fuera un sobrante que nadie se molesto en borrar; era extraño, como si pudiera desaparecer con un parpadeo. Una casa sencilla de madera, rodeada de árboles y de una espesa niebla, como imaginan los niños las casas de las brujas.

Una figura se mecía en el pórtico de la casa, llevaba una túnica roja y una capucha que le cubría el rostro. Estaba sobre su mecedora, viendo el paisaje, como si esperara a alguien. El joven rey se acerco con cautela y noto que los ojos que lo seguían eran los de una mujer, primero lo miraron con felicidad, luego con desconcierto.

- Oh, lo siento – dijo la mujer con un tono de voz vago, su voz sonaba dispersa- crei que eras mi hija. Ha ido a recolectar hongos a la montaña y no ha regresado. ¿Tu quien eres? No suelen venir turistas por aquí.

- No – respondió el joven confundido al tiempo que mostraba la carta - busco a alguien, que me escribió…

La mujer se paro de la mecedora y camino torpemente hacia el joven, como si no distinguiera claramente donde estaba. Al levantarse, su figura se notaba esbelta, mas delgada de lo que debía ser; el cabello era largo, lacio y negro.

La mujer trato de tomar la carta de las manos del joven, pero este la aparto, se le notaba desconfiado.

- No – dijo el- primero debo saber quien es usted.

- ¿Mi nombre? – respondió la mujer confundida, se podía ver como sus ojos se perdían en el horizonte- hace mucho que nadie me lo pregunta, ¿Qué debería responder?

Había algo en esa voz, sonaba tan perdida, tan dolida, como si le hablara a la nada, como si ya estuviera tan acostumbrada a hablar sola que ya no pudiera hablar con nadie mas. El viento jalo la capucha hacia atrás, el joven se sorprendió al ver el rostro de la mujer; se parecía mucho a los retratos que el había visto de la reina Ursa. Por un momento sintió el impulso de tomarla de los hombros para cerciorarse de que era verdad, pero se contuvo. El nunca había visto un retrato de Azula y la mujer había dicho que su hija volvería pronto. En esto pensaba el joven cuando sintió la mano de la mujer sobre su rostro, fue un gesto casi familiar, le levanto la cara y con la mano le cubrió el ojo izquierdo, la mujer se perdió en ese rostro y sonrió.

- Te pareces mucho a alguien – dijo la mujer de ojos color miel con un tono muy amable- que no veo desde hace mucho tiempo.

Ella le dejo, se dio media vuelta y camino hacia la puerta.

- Acompáñame – dijo ella casi desde adentro de la casa- debes estar cansado, preparare algo de te y galletas, si es que quieres conversar.

El joven dudo un poco, pero la verdad podía ser diferente a como el la había supuesto.

Entraron a la casa, era modesta, vieja, a penas si había una silla para sentarse. La mujer prendió el fuego con unas piedras y preparo el te.

- Pero tu – dijo ella mientras servia el te- no me has dicho tu nombre.

- Yo – el joven aun dudaba – mi madre me nombre igual que mi padre.

- Eso es bueno – dijo ella sonriente- mi nombre también es un nombre de mi familia, aunque a mi me nombro mi padre.

El joven sorbió un trago de te mientras observaba como aquella extraña mujer caminaba hasta la cocina, no parecía tan vieja, mas bien estaba acabada por el trabajo y la soledad, pero si que parecía loca; y era mala preparando el te, la verdad es que estaba amargo y el sabor era irreconocible.

- Pero ¿cuanto mas va a tardar mi madre con las flores? – dijo la mujer mientras volteaba hacia la ventana, sonriendo otra vez-.

Tan solo esas palabras lo hicieron reaccionar, escupió el te y arrojo la taza con violencia al piso, manchando el ya de por si sucio suelo de azul.

- Tu no eres Ursa- dijo el joven con firmeza, mientras trataba de acortar la distancia entre ellos – y ella no esta recolectando flores.

La mujer se volvió hacia el con una sonrisa distinta.

- Y tu no eres Zuko – dijo ella con esa extraña sonrisa, esa que da miedo y que solo es acompañada por una mirada perdida-

El joven retrocedió un paso, el aura de la mujer había cambiado.

- Pero mi madre si esta recolectando flores – dijo Azula con un extraño tono infantil, mientras su manos comenzaban a temblar- estoy segura, ella regresara en cualquier momento.

Dicho esto se devolvió al pórtico, como si fuera algo mecánico, se sentó sobre la mecedora y espero. El joven estaba más confundido que temeroso, siguió a la loca, se le acerco y le hablo con tono firme.

- Mai también esta muerta – dijo el, pero al no notar cambio en ella comenzó a desesperarse - dije que mi madre esta muerta, se bien que fue ella quien mato a mi padre, que fue un malentendido. Se que Ursa fue desterrada y no asesinada como muchos piensan.

Azula seguía meciéndose, fija en el horizonte por si su madre volvía.

- Ty lee vive en el palacio – insistía el joven mientras subía el tono de voz- yo soy señor del fuego ahora, ¡es que no me escuchas!

Irrumpió el joven con fuerza, girando la silla y quedando justo frente a ella. El gesto de Azula no cambio, su mirada seguía sin fin, parpadeaba con fuerza y trataba de balbucear algo. El joven la miro con desprecio y la arrojo con todo y silla al suelo.

- ¡Soy el único al que le importas ahora! – le grito el rey desesperado- incluso Ty lee prefiere pensar que estas muerta! – se calmo un poco mientras avanzaba hacia ella- hay una parte de la historia que solo tu conoces, hubo algo en la muerte de ese maestra agua, algo que marco a mi padre, debo saber la verdad!

Ella se incorporo, lo miro un segundo, titubeo y se acerco a el. Sus pasos eran asimétricos y mal dados, quedo enfrente suyo y con un gesto casi familiar toco su rostro. Coloco su mano sobre el ojo izquierdo del joven, se mantuvo mirándolo, con el cuerpo inclinado hacia un lado, como si la cabeza le pesara, con el cabello mal cortado tapándole parte de su cara, pero su mirada fija en su rostro.

- Es cierto – dijo ella – en verdad te le pareces.

Con un gesto rápido cambio su postura, se puso derecha y sonrió con malicia mientras volvía el brillo a sus ojos.

- Él tampoco entendía nada- dijo Azula con su tono soberbio-

El joven a penas pudo reaccionar. Desde la mano que se mantenía sobre su rostro apareció una llama, la otra mano lo tomo de la camisa y lo arrojo lejos, el cayo debajo de la niebla, sobre las flores azules que cubrían el campo.

- Ahora te le parecerás mas – dijo Azula con tono burlesco- es gracioso sabes, que mi hermano muriera por el efecto de las mismas flores que inspiraron el nombre de mi abuelo.

El joven se incorporo con esfuerzo, la herida en su ojo izquierdo no era tan seria.

- ¿Fue mi padre quien mato a esa maestra? – dijo el mientras trataba de acercársele- En verdad fue culpa de mi madre su muerte?

- Claro que fue así – dijo Azula mientras veía con desprecio al joven que subía despacio las escaleras del pórtico – tu padre la mato, si claro, fue un accidente, si así quieres verlo.

- Explícate – dijo el joven en son de amenaza-

Recibió una mirada burlona, de incredulidad.

- Era una noche sin luna – dijo Azula – eso lo recuerdo bien. Aun así ella movía grandes cantidades de agua, nos encerró a los tres en aro de líquido. Zuko y yo peleábamos con el fuego control; pero era una pelea de dos contra una, no era justo… aunque tu padre estaba indeciso, parte de el me quería matar y parte de el quería que fuera ella quien muriera. Justo en ese dilema le arroje un rayo, el pudo haberlo desviado hacia mi, pudo haberlo desviado hacia ella; pero su ridícula moral le gano.

- Pero alguien si murió por ese rayo – dijo el joven mientras se ponía en posición para pelear-

Azula no se inmuto, aun no le creía un combatiente digno.

- El tenia sujetado el rayo – dijo Azula con entusiasmo – y decidió lanzarlo al aire. Tardo tanto en pensarlo que desvió el rayo hacia fuera, justo en el aro de agua que nos rodeaba. No sabes lo bien que el agua conduce la electricidad.

El joven escucho con desprecio las palabras burlonas y crueles de Azula, no podía evitar odiarle, no podía evitar sentirse feliz por poder cumplir al fin la venganza que tanto había esperado.

- ¿Que tal? – dijo Azula sorprendida - heredaste mi sonrisa.

- ¿Y donde esta Ursa? – pregunto el joven-

El rostro de Azula cambio de nuevo, trago saliva, se le veía consternada, volteo a ver su propia mano, no bajo la guardia, pero a su mente llegaban recuerdos, escucho un grito macabro desde lo mas profundo de su subconsciente.

- Creo que la mate – dijo Azula con desencanto mientras se acercaba lentamente al joven rey - yo entre a esta casa, ella estaba adentro, en la cocina; cuando me vio… se asusto y con justa razón. Cuando me pregunto por Zuko yo…

Azula no sonaba malvada como él lo había imaginado, sonaba dolida, como si la carcomiera el vació, como si realmente lo hubiera hecho sin pensar. Ver a tu madre después de tantos años y que ella solo te pregunte por tu hermano… pero el nuevo señor del fuego no era de los que se compadecían con facilidad.

- Pero estuviste lo suficientemente conciente como para encubrir tu crimen – dijo el joven manteniendo su distancia- los cuerpos que encontraron eran el de Ursa y el de otra joven, buscaste a alguien que se pareciera a ti para que todos te creyeran muerta.

Azula se puso muy seria, pero de un de repente sonrió.

- Así que eso fue lo que hicieron – dijo Azula con un extraño gozo- darme por muerta, decirle a todos que yo sola me había acabado y dejarme aquí, sin hacerme reaccionar… realmente éramos iguales.

El joven mostró desconcierto.

- Si llegaste aquí fue por que Ty lee y Mai te dijeron como encontrarme – dijo Azula –

- Ninguna de las dos sabia donde estabas – contesto el joven sin bajar la guardia- mi madre jamás abrió la carta que le enviaste.

- Yo envié dos cartas – dijo Azula con una certeza increíble- vamos, a estas alturas que ganaría con mentirte? Si yo hubiera estado tan conciente habría regresado a palacio para acabarlos a todos.

- Nadie te encubriría… - dijo el joven- por que? Nadie ganaría nada.

El desconcierto lo invadía de nuevo. Esa mujer horrible seguía con vida, pero era verdad que estaba loca, un plan como ese, tan desesperado…y tan ridículamente simple. ¿en verdad la apreciaban su madre y su nana? O le temían?... Tal vez, hasta el final, de lo único que tenían miedo era de dejar de tenerle miedo. Vivir a la sombra de un mounstro como ese te exculpa de los crímenes; pero solo ante los demás, ante tu propia conciencia no estas menos loco que el mounstro mas grande y esa es la culpa que te carcome por dentro, la que te hace trabajar sin descanso y rendirte ante cualquier amenaza de muerte. Encubrirla era una forma de protegerse, de protegerlos a todos; dejan vivo al mounstro para que en la catástrofe su muerte sea la mejor solución. Y era esta la catástrofe? ¿La habían dejado viva para que él la matara?

Y ahí la tenia, ella no se arrepentía de nada, había planeado un sin fin de maldades, había arruinado la vida de todos a su alrededor y al final, se había convertido en un chivo expiatorio. El joven rey levanto la mirada, si en ese momento ella le hubiera rogado perdón, tal vez él se lo hubiera concedido; pero él jamás había visto mirada mas altanera que la de Azula. Ella rompió a reír.

- Apuesto que por tu mente pasan un sin fin de ideas complicadas – dijo la princesa sin el menor titubeo, con su sonrisa pedante y asumiendo por fin una actitud combativa- es ridículo pensarlo tanto, si lo que quieres es matarme valdría mas que estés atento.

Azula lanzo un rayo hacia el joven, él lo evadió con un veloz giro hacia atrás; se incorporo con rapidez y respondió el rayo con un puñetazo de fuego…una llama de fuego azul que casi golpea a Azula.

La princesa no pudo disimular su sorpresa.

- Me han nombrado como uno de los grandes prodigios de la familia – dijo el joven con altanería- el avatar en persona fue quien me enseñó fuego control; aunque hay quien opina que incluso a él lo he superado.

Azula dio un gran salto hacia él lanzando fuego azul desde sus pies, la neblina comenzó a disiparse por el calor, pronto se vieron los dos peleando en un campo enorme de hermosas flores azules.

El joven era realmente bueno en el fuego control, pero Azula tenia mas talento; lo encasillaba y lo obligaba a moverse, el era rápido, sus movimientos parecían casi rítmicos, era casi un espectáculo verlo evadir los golpes, no era difícil adivinar de quien lo había aprendido.

Azula lanzo otro rayo, el joven lo evadió; pero una bola de fuego lo arrojo por la ventana para caer dentro de la casa. Azula se apresuro y se acerco para acorralarlo. El joven parecía herido y no se levanto del suelo, trato de incorporarse, pero no pudo Azula sonrió para si misma al ver la victoria asegurada, camino hacia él, levanto su mano mientras encendía el fuego; pero el gesto del joven cambio al verla tan cerca, en un segundo ella se percato de que no había ninguna herida. Aun de cuclillas el joven le lanzo unos cuantos golpes, pequeños, solo con la punta de los dedos, tres golpes en el brazo que lo amenazaba. En consecuencia, el brazo cayó, ya no le respondía, colgaba sin fuerzas. Azula lanzo una patada de fuego para alejar a su sobrino.

- El avatar no fue el único que me entreno – dijo el joven con altanería- aprendí muchas cosas de mucha gente que tuve cerca.

Dicho esto salieron de su manga un par de navajas que lanzo hasta Azula, esta pudo evadir una de ellas; pero la que le lanzo hacia el brazo que colgaba sin fuerzas no la pudo evadir. El brazo comenzó a sangrarle, pero ella no sintió nada.

Ahora era él quien la perseguía. Azula salio de la casa hasta llegar al pórtico, evadió las navajas mientras mantenía su distancia.

- Que lastima que no conociste a tu padre – dijo Azula en un claro intento de provocarlo – te hubiera podido enseñar que no hay forma de vencerme.

- Si hubo algo que alcanzo a enseñarme mi padre – dijo el joven mientras saltaba en el aire para quedar justo enfrente de Azula-

Con un solo brazo ella no podía usar los rayos, su defensa mas fuerte eran sus dos piernas; pero ya comenzaba a sentir la pérdida de sangre. Al ver al joven frente a ella lanzo una patada de fuego y corrió en dirección contraria.

El joven disipo el fuego y alcanzo a ver la espalda de la mujer que había odiado durante tanto tiempo.

Azula sintió el metal frió que se le encajaba en la espalda. Mai nunca apuntaba a la carne, Ty lee jamás detenía ningún órgano vital, ni siquiera Zuko le había arrojado el rayo cuando tuvo la oportunidad. Ese joven rey se parecía más a ella que cualquier otra persona.

Azula cayo de frente sobre las flores azules. El joven camino hacia ella, saco el afilado cuchillo de su espalda y siguió caminando, nada mas así, sin dirigirle una sola palabra, ni una sola mirada.

Azula vio los pies que pasaron junto a ella y vio el cuchillo en la mano del joven, alcanzó a leer:

"nunca te rindas sin dar la batalla"

Tal vez su padre si había alcanzado a enseñarle algo.