Hola mis fieles lectoras, tenia super olvidado este fic (siempre lo digo lo sé) no sabia como continuar, hace ya un par de meses lo leí de principio a fin y me pareció que hay muchas cosas aburridas en el, así que decidida a acelerar la historia y quitar esos detalles que suelo soltar vamos directo a momentos de emoción porque si no fácil llegamos a 40 capítulos sin soltar la sopa, sin mas gracias por leer...aqui vamos.
Que lo disfruten. Nos leemos pronto.
Esa mañana Shun fue a atender la puerta, su mente estaba ausente de lo que hacía, se limitó a abrir tal como había salido del baño. Llevaba un par de días pensando acerca de la sensación que le había dejado Shaina, no le importaba en absoluto el rechazó, si no esa impresión extraña que lo había envuelto desde entonces. Una emoción similar a hablar de una persona muy importante a la cual no había conocido pero que ansiaba hacerlo.
- Ho…hola –tartamudeo June que estaba en la entrada del departamento. Shun traía una toalla alrededor del cuello y unos jeans color verde hoja, por su torso aun escurrían gotas de agua –. Si es mal momento…–murmuró sonrojada mirando sus pies descalzos sobre la alfombra gris.
- June que gusto verte –. La invitó a pasar, sin notar el comportamiento de la chica –¿Cómo estas?
- Bien…el encierro me estaba volviendo loca, no estoy totalmente recuperada dicen que al menos serán tres meses pero ya puedo moverme sin dificultad –June sonrió débilmente. Recordó que la ultima vez había desquitado su frustración con Shun, sin que el joven fuera consiente del daño que le provocaba estar a su lado –. Quería agradecerte tu visita cuando estuve internada –June bajo la mirada avergonzada.
- Me alegra haber sido de ayuda, pero bien podrías agradecer por teléfono, no me perdonaría que recayeras por culpa mía –Shun se sentó al lado de la chica en su sofá y tomó una de sus manos.
- ¡Ah!…Oí lo de tu hermano…y creí que ya no te encontraría –June trataba de sonar normal, pero su corazón latía aceleradamente con el leve roce de los dedos de Shun. Era consiente que el chico dulce y tranquilo que había conocido y del cual se había enamorado desde que era una niña no estaba frente a ella, sin embargo, estaba dispuesta a arriesgarse. Exponiendo su corazón.
- Es cosa de él sabes –murmuró mientras la veía intensamente, acortando la distancia que había en sus rostros –. En un principio estaba desesperado por irse de Japón pero de la nada se tranquilizó –Shun tomó un largo mechón del rubio cabello de June entre sus dedos y comenzó a enroscarlo. June se sonrojó al sentir su tibio aliento sobre su rostro.
- ¡Eh! Shun has el maldito favor de contestar tu teléfono –molesto interrumpió Hyoga, caminando aun adormilado con el aparato en su mano derecha.
- Pensé que dormías –Shun desvío su vista por encima del respaldo del sofá color gris hacía el rubio sin cambiar de posición.
- Es difícil cuando esta sonando –. De mala gana se lo dio en la mano –buenos días June –el rubio torció una sonrisa –¿lo ves? Ahí va de nuevo –exhaló resentido, el celular de Shun comenzó a sonar insistentemente.
- Será solo un momento, ya vuelvo –deslizo la cubierta del teléfono rojo, se levantó y desapareció por el pasillo.
- Veo que estas bien –afirmó Hyoga tomando el lugar del peliverde, pero conservando la distancia –ahora puedes regresar a trabajar, creo que la oficina será menos ruidosa.
- Así es, le decía a Shun que creí que no los encontraría –. La rubia desvío sus ojos de la escrutadora mirada de Hyoga, éste suspiro.
- No sé que está esperando, esas –señaló hacía un rincón, cubiertas tras las hojas de una palmera se asomaban varias cajas de cartón sin armar –las trajo ayer Ikki y amenazó con que si en dos días no había empacado nada, él mismo haría la mudanza. Han sido semanas muy tensas constantemente han estado peleando, esta situación esta comenzando a hartarme –recargó su rubia cabellera en el respaldo del sofá mirando hacía el techo.
- Pero…–June dudó en contradecir lo que había dicho el peliverde momentos antes se permitió fantasear el porqué de la mentira –¿De verdad quieres irte?.
- No sé –suspiró –al llegar lo primero que deseaba era irme, cuando Ikki nos lanzó del país me alegré pero Shun se niega a la mudanza aun cuando sé que no quería regresar. Estoy confundido.
- Listo –dijo regresando a la sala –¿Hablaban de mi? –tenía una sonrisa juguetona en sus labios.
- ¡Bah!, ni que fueras tan importante, –contestó el ruso y tras un bostezo continuó –al menos deberías llevarnos a desayunar, o conseguirte una secretaria –. Hyoga retó con la mirada a Shun este sin darle importancia paso de lado y se sentó en medio de los dos.
- Tienes razón, June soy todo tuyo elije, casi estoy listo. Algo te podré traer Hyoga, así puedes continuar durmiendo te despido como mi secretaria.
- Me encantaría –dubitativa June miro a los chicos –pero debo hacer algo –sentía frustración al rechazar la oferta de estar a solas con Shun. Tras la deserción de Ikki, los pocos santos que seguían en pie debían reunirse frecuentemente en la mansión Kido a entrenar, ninguno era tan fuerte como el Fénix y a menos que pudieran incrementar su poder al nivel de santos dorados, Atena se encontraría indefensa además Shun y Hyoga habían dejado de ser una prioridad, puesto que tenían a Ikki a su lado si alguien se atrevía a atacarlos. –Espero verlos antes que se marchen –se levantó con una sonrisa y salió del inmueble.
- Al menos deberías cortar con la otra antes de encamarte con June –bufó Hyoga.
- ¡Bah!, estas celoso porque es más de tu tipo, rubia delicada, buenas formas –se burló.
- Debes estar bromeando ¿cierto?, no puede ser que no lo hayas notado –reprendió.
- Será un buen entretenimiento mientras consigo lo que quiero –mencionó recostándose en el sofá.
- De eso se trata todo ¿no?, no lograras nada con Manami durmiendo con June, a veces eres un imbécil –Hyoga se levantó molesto, Shun era una persona increíblemente manipuladora con las mujeres, lo que los últimos meses había estado irritando al rubio.
- ¿Y cual es el maldito problema Hyoga?, todos obtenemos ganancia no he oído una sola queja –. Shun hastiado de los reclamos del ruso decidió confrontarlo –nunca prometo lo que no he de cumplir.
- ¿Por qué será? –cuestionó con sorna –eres el motivo por el que nos hemos movido un centenar de veces, siempre por ti.
- Bien esta será tu oportunidad de deshacerte de mi, larga con Ikki y déjenme en paz –. Se puso en pie sobre el sofá enfatizando sus palabras.
- Prometí cuidarte a pesar de ti mismo –gritó.
- Eres libre –Shun saltó del sofá y se adentró en su habitación, de un portazo dio por finalizada la conversación. Hyoga molesto suspiró y dio vuelta perdiéndose por el pasillo. Su mente viajaba hacía un lugar donde un joven de 19 años leía bajo un árbol, movido por la suave brisa de verano.
Esa tarde Kiki, Jabu, Nachi, Shaina, Ban, Ichi a pesar de no sentirse en condiciones de entrenar llegaron puntuales a la mansión Kido. La cual desde hacía muchos años, se había convertido en lugar de entrenamiento de los niños que fueron orillados a convertirse en santos. Abrazando su destino, fuera para proteger la paz o, muriendo por un sueño que no había sido suyo.
El entrenamiento se realizo silenciosamente. Ocasionalmente los jadeos debido al esfuerzo interrumpían los pensamientos de cada uno de ellos, ya había caído la tarde cuando Saori llego acompañada de June.
- Saori-sama, June estábamos preocupados –externó Jabu.
- Descuida Jabu, tenía ganas de dar un paseo por ello le pedí a June que me acompañara. Siento mucho que se preocuparan –.Explicó cansinamente sin mirarlo.
- Atena, –mencionó con brusquedad Shaina –considerando lo de esta semana, fue un acto irresponsable –. Aun cuando su rostro estaba cubierto por la mascara, Saori noto el dolor que reflejaba su rostro –. Estoy harta de escondernos, hastiada de ser niñera de unos idiotas egoístas. Si te falta el valor de encararlos lo haré yo –Shaina apunto con un dedo a Saori amenazadoramente.
- Ja, quiero oírlo –bufó Ban –intenta acercarte a Shun o Hyoga y el fénix te partirá el trasero, ahora que si optas por Seiya o Shiryu es mas probable que llamen al manicomio –. La miro divertido cruzado de brazos.
- Shaina, no deberías amenazar de esa forma a Atena, ninguno debe juzgar sus decisiones –defendió solemnemente Jabu –por el contrario es nuestro deber respaldar cada una de ellas.
- Vamos, amigo deja de complacerla –intervino Ban dándole unas palmadas en la espalada.
- Chicos nada ganan peleando entre nosotros –dijo Kiki –recuerden que Ikki siempre nos lo decía.
- Y el traidor se largo, no lo necesitamos, ni que fuera el Fénix fuera tan poderoso –murmuró Ichi –Shun, es su debilidad.
- ¡Basta! –gritó June poniendo fin a la acalorada discusión que estaba dándose en el gimnasio –. Este es el camino perfecto para que ellos acaben con nosotros, lo sé esta semana ha sido muy dolorosa –. La voz de la joven comenzó a quebrarse, respiró un par de veces aclarando su garganta –. Somos la esperanza que tiene el mundo, la única por si lo han olvidado, –enfatizó –luchamos por un bien común, no nos escondemos. El enemigo nos esta cazando como si fuéramos una plaga.
Es cierto que todos nos sentiríamos seguros si ellos estuvieran a nuestro lado, pero no lo están y debemos enfrentarlo como ha sido desde hace 10 años. Es nuestro turno de sacrificarnos y afrontar las consecuencias de vestir nuestras armaduras, si alguno de ustedes tiene duda o rencor en sus corazones, márchese en seguida, no daré un paso atrás y no pienso confiar mi vida a alguien así.
- June tiene razón –aclamo Nachi.
- ¡Bah! –dijo despectivamente Shaina.
- ¿Tienes algún problema? –confrontó por lo bajo el santo del lobo.
- Deja de esforzarte, no creciste en Andrómeda –la peliverde cruzó los brazos con desdén.
- ¿Qué insinúas cobra? –instó Nachi.
- Escúchenme todos –Saori alzo la voz, interrumpiendo la breve disputa de Shaina y Nachi –es tiempo de enmendar mi error. Yo les hice esto y seré la única que debe decirles la verdad. Agradezco su apoyo durante estos años, si alguno decide cruzar esa puerta lo entenderé y no será juzgado, no seré mas una carga, he decidido librar esta batalla sola, si es preciso. Buenas tardes –Saori se despidió dejando el silencio el gimnasio. Había tardado mucho en tomar esta decisión, sentía sus manos llenas de sangre inocente. Los dedos aun temblaban al marcar los números telefónicos, retenidos en su memoria, que jamás se había dado valor para completar para invitarlos a cenar y revelar el pasado que les obligo a olvidar.
El resto de ese día Shun permaneció encerrado en su habitación. Fue hasta que Hyoga salió para encontrarse con Shiryu para su entrenamiento que se animó a salir de ella. Era fácil terminar sus peleas con el rubio, sin embargo, últimamente parecía que coexistían como un viejo matrimonio, donde el amor y la pasión habían terminado dejando tras de si, los recuerdos y los reproches. En la mente de Shun giraba el "ninja", como único responsable. No estaba dispuesto a reconocerlo pero en ocasiones envidiaba la relación que Hyoga mantenía con él, ambos compartían un mundo al cual Shun no pertenecía, ni entendía. Se dirigió al refrigerador, arrugó una nota pegada en la puerta, en la que el ruso escribió que había tomado prestado su celular. Maldijo a su compañero por haber terminado con los restos de comida que Ikki trajo el día anterior, cerró violentamente la puerta y tomó el teléfono para pedir comida ya que no tenía intención de salir.
- Maldita sea Hyoga, ni la cuenta del teléfono se te puede confiar –Shun estrelló el teléfono en la pared, molesto se dirigió al dormitorio de Hyoga para buscar su teléfono celular pero desistió al contemplar el desorden que imperaba. Tropezó con unas cajas a medio llenar que durante la tarde el ruso había acomodado varias de sus pertenecías, de mala gana agarró una chamarra y salió.
- ¡Hey amigo! Una moneda –solicitó un indigente cuando Shun pasó por un callejón que acortaba la distancia entre su departamento y el centro.
- No tengo –mencionó de mala gana sin mirarlo.
- ¡Hey amigo! –insistió.
- ¿Que parte de no tengo, no es clara? –encaró al indigente.
- Vaya, un mal día –dijo con sorna una voz conocida –. Tienes suerte, esta por acabar –Shun retrocedió lentamente al reconocer al moreno de cabello azulado, que se había despojado de una sucia manta que le cubría el cuerpo. Una vez mas su cara estaba cubierta por el antifaz –¿Se te acabó lo valiente? –se burló.
- Mira amigo, sea lo que sea podemos resolverlo –dijo aparentando calma –. Si se trata de dinero mi hermano puede ayudar…
- Shun, Shun hay cosas que no compra el dinero –. Negó con la cabeza y de entre sus dedos salieron dos dagas. Un escalofrío recorrió el cuerpo del peliverde. Pensó en las palabras de Manami, quizás tenía razón, era solo un novio loco y muy celoso.
- Tranquilo, estoy seguro que podemos resolverlo si nos sentamos y lo hablamos –. Sus ojos buscaban una salida en el estrecho callejón que parecía mas oscuro que cuando había entrado en el.
- La ultima vez no hablamos mucho, seguro lo olvidaste, no te preocupes esta vez no lo harás –. El guerrero arremetió en contra de Shun utilizando sus dagas a manera de garras –. Vaya eres rápido –con fingida sorpresa aplaudió la destreza de Shun para esquivar los ataques –. Estas fuera de forma, pero te mueves mas rápido que un caracol –. Shun se tomó el brazo derecho que sangraba –. Atena no debió dejarlos fuera de la fiesta pero así me será mas fácil matarte.
Shun empezó a correr en busca de ayuda, el guerrero estaba en todos lugares impidiendo la huida. Shun estaba agotado y su costado derecho comenzaba a punzar debido al esfuerzo –. No esta cerca tu Diosa, ni tus amigos, eres mío –. Guardó las dagas y lo golpeó con un increíble velocidad en el estómago acorralándolo junto a un gran árbol –quería darte la oportunidad de que te defiendas. Ya no eres rival par mi, ni para nadie –. Shun permanecía hincado, con sangre escurriendo por su boca. Presiente lo que esta por venir inconscientemente se encoje cuando el puño con las dagas viene hacía él.
- Te lo dije aquella vez, mientras este aquí no podrás acércatele –. Retó June con una mano aferrada al negro látigo. Con el sujetaba al guerrero –. Huye Shun, ve a casa de tu hermano, no te preocupes por mi.
- ¿Estás loca? Deja de jugar –Shun se fijo en su atuendo, era muy similar al del hombre –. Él intenta matarme.
- Lo sé, déjame hacer mi trabajo –sonrió.
- Dos veces en un mes pensare que te estas enamorando de mi –replicó con sorna el guerrero de armadura azul –. Te puedo ayudar a olvidar –lascivamente se humedeció los labios.
- Maldito bastardo enfrenta a un santo entrenado. Cobarde todos los tuyos, son unos cobardes –. Gritó fuera de si –. Defiéndete cobarde.
- No hay mucha diferencia entre ambos –. Afirmó tensando el látigo –será por su maestro –rió descaradamente.
- Largó, entorpeces mi trabajo –chilló a Shun con coraje –. En cuanto a ti –se refirió a su atacante –retira todo lo que has dicho de mi maestro. Él fue un padre para mí, haré que te tragues cada palabra y no será por la boca.
- Pero…–interrumpió Shun.
- Que te vayas –instó –al verla distraída el guerrero tomo el látigo y la desequilibro girándola al piso.
- ¡June! –gritó Shun acercándose con dificultad a ella.
- No es nada –murmuró, escupiendo la tierra que había tragado –. Vete –dijo sin aliento aun cuando la caída no había sido tan fuerte.
- Vamos princesa acércate, quiero sentir tu calor –. Desafío el guerrero arrastrándola –te dejare conocer el nombre de quien te matara, Atis deidad de vida, muerte y resurrección elemento regente, fuego. –La chica lo golpeo con otro látigo y cuando el guerreo intentó tomarlo le dio una ligera sacudida –Esto se pone candente, pero esta el chico ¿segura que no te importa que vea? –mencionó mientras movía su mano para quitar el adormecimiento que le había dejado.
- Un viejo truco –sonrió complacida incorporándose manteniendo la tensión con los dos látigos.
- Necesitas mas para mi –se acercó a ella rápidamente, pateo detrás de sus rodillas haciéndola caer de nuevo y comenzó a golpearla en el vientre buscando las heridas que hizo antes. June gritaba por el dolor cuando Shun se interpuso entre los dos, recibió un par de golpes y cuando sacó las dagas dispuesto a darle en el corazón, un circulo de fuego los separó.
- Que carajos…–Gritó a la nada.
- Quien se mete con mi hermano, lo hace conmigo –. Dijo Ikki confiadamente a un lado de la pareja, que parecía haber aparecido de la nada.
- Ikki pero que demoni…
- No hay tiempo Shun, llévate a la chica –. Añadió al ver que Shun estaba por protestar –. Ahora.
- Así que…tenemos al legendario Fénix, has sido un dolor de cabeza para nosotros, esto se pondrá interesante conoce el rostro de la muerte –dijo con una risa burlona despojándose del antifaz mientras veía perderse a Shun entre el bosque.
- No juegues con fuego –. Advirtió Ikki al ver una cicatriz que ocultaba el antifaz. Hizo varios círculos de fuego que se enredaron alrededor del cuerpo de su oponente.
- Este es lo mejor que puedes hacer, un poco de fuego no es malo es mas adoro el fuego –los ojos de Atis se tornaron amarillos e incremento las llamas a su alrededor.
- Bonito truco –mencionó sin emoción Ikki –. Si crees que lo único que hacen es quemar tu inmunda piel atrévete a ignorarlas o permanece ahí, me da igual –. Ikki le dio la espalda sabía que ese remolino de fuego podía mantenerlo alejado de Shun. No era su estilo dejar batallas empezadas mas la idea de perder a Shun le helaba la sangre, trató de deshacerse de ese sentimiento mientras fue tras los pasos de su hermano.
- Espera…–musitó June muy cansada –al llegar a un claro del parque en donde se encontraban.
- Tranquila aquí podemos descansar, llamare a la policía, todo estará bien lo prometo –. Shun sonrió y June se reconfortó al ver de nuevo al chiquillo de seis años que había llegado en uno de los días mas calurosos a entrenar a la isla de Andrómeda.
- Shun por favor ellos no serán útiles –exhaló con mucho trabajo. Shun no la escuchó y la cubrió con su chamarra y se encamino hacía un teléfono cercano, en su premura no se percató de un ruido en los arbustos cercanos.
- ¡Guadaña esférica! –escuchó gritar a su espalda cuando estaba por tomar el auricular de la cabina telefónica una ráfaga de viento caliente pasó cerca de su cabeza y sintió como la tibia sangre lo empapaba.
- ¡June! –Gritaron al mismo tiempo los hermanos.
- Nos vemos –dijo burlonamente con un ademán gracioso de su mano una mujer cubierta por una túnica con capucha color marrón al sentir la presencia del Fénix.
- Shun…–murmuró casi inaudiblemente June.
- No hables, calma estarás bien –intentando tranquilizarla Shun sonrió a la chica. Ella movió pesadamente la cabeza y correspondió a la sonrisa –Ikki ayúdame –imploró desde el piso Shun cubierto de sangre mientras esta haciendo presión en la herida, que le ha destrozado el pecho y estómago a la rubia –. Ikki le devuelve una mirada llena de dolor y aprieta su hombro, June atrae de nuevo su atención al deslizar una mano temblorosa por la mejilla de Shun manchándola de carmin.
- ¿Por qué lo has hecho? –sollozó Shun.
- Yo te…–aunque lo intentó las palabras no lograron salir de la boca de June aunque Shun la abrazaba, ella no sentía mas su calor.
