Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, al grupo de las reinas, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

Va especialmente dedicado a mi amada esthefybautista, porque cada segundo que pasa pienso en ella, en este amor que compartimos, amor invencible.

A mi Miss Swan tata favorita, porque le dicen que está más guapa, a mi manager hermanita porque es una valiente, a Andrea porque es mi pequeña sobrinita, a Vero porque la adoro y a Natalia porque es la mejor.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista

CAPÍTULO 14 DEFINIENDO POESÍA

Le temblaban las manos, releyendo una y otra vez esa pequeña nota, esas palabras que le estaban gritando no puedo más, necesito respuestas.

Su silencio traería como consecuencia que su profesora se rindiera, que una historia aun sin empezar terminara de forma estrepitosa mas si encontraba el valor para hablar ¿Qué decir? Ni siquiera entendía lo que sentía, no podía poner nombre al vértigo que atacaba su vientre con cada una de sus notas, a las sonrisas y a los miedos que la abordaban, cómo poner nombre a sus miradas cuando la rubia no le prestaba atención, al deseo ardiente de envolverse en el dulce sabor de sus labios una vez más, al pánico que se aferraba a su pecho y no la dejaba dormir pensando que estaba enloqueciendo, o peor, que con sus actos terminaría hiriendo profundamente a esa mujer que se había vuelto su adicción.

Creyó estar enamorada de Robin, con el muchacho todo era sencillo, dejarse llevar era fácil pues no rompían ninguna norma moral estipulada, con Emma todo era complicado, las separaba la edad, su estatus dentro de la universidad y sobre todo que ambas eran mujeres y ella jamás se había sentido atraída por su mismo sexo.

La única certeza que tenía era que sus sentimientos eran profundos, ya fuese miedo a pasión, arrasaban con su interior tambaleando todos sus esquemas y debía tomar una decisión. Permitir que ambas se precipitaran en una historia sin sentido que podía llevarlas al desastre o huir, negándoles la oportunidad de saber a dónde puede llevarlas ese sentimiento que ambas compartían.

Miró su reloj, martes a las tres y veinte, Emma Swan estaba en su despacho asistiendo a diferentes tutorías. Sabía que nadie se atrevía a visitarla en su despacho, sus ojos aguamarina provocaban temblor en todos sus alumnos.

Se le cortó la respiración mirando nuevamente la nota y corrió, sin llamar demasiado la atención, corrió al despacho de su profesora para por fin poner nombre al hervidero que ardía en su interior.

Emma estaba sentada en su despacho, aburrida hasta el extremo y sin dejar de pensar en Regina, si no le daba señales en unos días tiraría la toalla, no aguantaba más ese sin saber, esa montaña rusa constante que jugaba dentro de su corazón impidiendo que conciliara el sueño por las noches. La hora de tutoría la encontraba lo más absurdo del mundo, nadie se presentaba nunca y ella tenía que estar obligatoriamente ahí sentada sesenta minutos por contrato, con la mirada perdida más allá de la ventana y su mente repitiendo una y mil veces una escena en concreto, un beso robado en un banco.

Perdida en sus más hermosos recuerdos la puerta de su despacho se abrió y se cerró con suavidad, por lo que suspiró contrariada, alguien necesitaba hablar con ella.

Regina entró en el despacho, la silla de su profesora estaba de espaldas a ella, en dirección a la ventana, a pesar de que estaba segura de que Emma Swan se encontraba en el despacho, su aroma a vainilla y canela le llegó con una nitidez que le hizo tambalearse. La rubia no parecía querer dar la cara, seguía mirando hacia la ventana aunque la había oído entrar, de pronto su voz sonó desde la silla, imperativa y distante.

-Adelante, tome asiento y explíqueme sus dudas

-"No quiero tomar asiento y en cuanto a mis dudas son demasiadas y me gustaría exponerlas mirando su rostro profesora Swan"

Al reconocer la voz de Regina, Emma giró la silla con tanta fuerza que estuvo a punto de caerse, por lo que la morena no puedo evitar reír aliviando un poco la tensión que sentía desde que penetró en el despacho para enfrentarse a sus miedos.

-Señorita Mills, no la esperaba

-"Yo tampoco esperaba venir…"

-Está aquí por la nota…

-"Efectivamente, quiero que me explique por qué no deja de ponerme notas por todas partes, roza el acoso…"

-Creo que mi reacción en ese banco explica eso señorita Mills

Emma estaba nerviosa, Regina había ido a enfrentarse a ella, por lo menos tendría más respuesta que su silencio aunque no sabía por dónde iría esa conversación. Sintiéndose atrapada en esa silla se levanto y, frente a Regina, se sentó en la mesa cara a cara con la morena, leyendo en su rostro cada miedo y cada duda.

-Tiene miedo ¿Verdad? Yo también lo tengo

-"No lo parece"

-Ya se lo dije en el banco, tengo miedo pero no quiero que este frene lo que siento

-"¿Qué siente?"

-Amor

Regina calló y la rubia vio que apretaba un post-it contra su mano derecha, supuso que era la última nota que le mandó, la que hizo que se atreviese a enfrentarla finalmente.

-Entonces señorita Mills ¿Callará por miedo?

Regina se estremeció, una pregunta cargada de dolor e incertidumbre, responderla significaba huir o luchar y, en una decima de segundo, decidió qué camino tomar. Calló provocando una mueca de dolor en la rubia, que la miro quebrándose por dentro. Solo unos segundos en los que su silencio se volvió la certeza de que su miedo no iba a ser superado y, movida por una fuerza que nacía de sus entrañas y no quiso poner nombre, rompió la pequeña distancia que la separaba de su profesora, sellando su silencio con un beso.

Emma, que no esperaba dicha reacción, pensó por unos instantes que estaba soñando, solo una milésima de segundo se quedó estática, con los labios de Regina saboreando los suyos propios.

Cuanto tomó conciencia de que su morena le estaba dando su respuesta, la alegría la desbordó y se puso en pie, sin separarse de ese beso tan ansiado, tomando a Regina por la cintura y rogándole su consentimiento para ir más allá y saborearla por completo. Las manos de su alumna, perdidas en sus caderas, atrayéndola, intentando que ambas se fundieran en un solo ser. Sin pensar un solo instante si estaba equivocada, apagando su razón y dejando que fuese su interior, esos sentimientos profundos los que tomasen la palabra.

De pronto notó como Emma, salvaje y libre, la subía sobre su escritorio y en su mente saltaron las alarmas, su deseo por ella crecía como la espuma con cada roce, con su sabor dulce, mas no quería perder su virginidad sobre una mesa en un momento de locura y pasión, por lo que cortó su beso de forma abrupta y se apartó de ella como pudo, con la respiración agitada, las mejillas encendidas y el corazón completamente desbocado.

Sus ojos oscuros se clavaron en la mirada de Emma, su mirada aguamarina ardía en llamas, la pasión se había apoderado de ella y la duda, la necesidad de entender por qué había roto el contacto.

-"Así no Emma, aquí no, por favor te ruego que lo entiendas"

La rubia miró a su amada y una conversación que escuchó hacía ya meses se iluminó en su mente, entendiendo de golpe lo que Regina necesitaba expresar, era virgen y no quería tener así su primera vez.

Se acercó a ella con suavidad y besó sus labios lentamente, dejando de lado el fuego infernal que ardía en su alma. Al cortar ese leve contacto su morena suspiró, un suspiro cargado de promesas, un amor prohibido y completamente correspondido.

-"Vámonos"

-¿A dónde?

-"Lejos, lejos de estas cuatro paredes que nos convierten en alumna y profesora"

-Podemos ir a mi casa si quieres

-"Tengo el coche aparcado fuera"

Salieron del despacho tras recomponerse, en momentos distintos para que nadie pudiese relacionar que se marchaban juntas. En el mercedes negro de Regina, la morena conducía con precaución intentando callar los latidos de su corazón, que le decían que se estaba metiendo en la boca del lobo, a pesar de que jamás había deseado tanto quedarse a solas con alguien y dejarse llevar.

Emma intentaba que no se notase su pánico, desde la muerte de Anna no se había metido en un coche si no era estrictamente necesario por lo que le sudaban las manos y las piernas le temblaban ligeramente.

-"¿Estás bien? Te veo rara"

-No me gustan los coches

-"¿Por qué no me lo has dicho? Podríamos haber ido andando"

-Andando tardamos más

La morena miró a su profesora, realmente estaba angustiada y se le encogió el estómago al recordar que perdió a su prometida en un accidente. Encendió la música conectada a su Ipod poniendo septiembre, y tomó su mano con cuidado, regalándole una sonrisa tímida para darle fortaleza. Los ojos verdeazulados de Emma se clavaron en ella con un profundo agradecimiento, visiblemente más tranquila.

Al llegar al pequeño apartamento de la rubia, lejos de miradas indiscretas, prácticamente se devoraban mientras Emma buscaba a tientas abrir la puerta, sin despegar sus labios de su amada, hinchada de alegría.

Logró abrir y a tientas penetraron en su hogar, silencioso y vacío pues a esas horas Noa estaba en la escuela. Tras cerrar la puerta de un portazo, elevó a Regina en sus brazos, esta rodeó su cintura con sus piernas y profundizó su beso aferrándose a sus rubios cabellos mientras Emma la conducía a su habitación, sabiendo que no había marcha atrás, la tensión acumulada durante esos meses de miradas, sonrisas y deseos furiosos bajo la piel iba a estallar, la pasión las iba a desbordar y, sin freno, se precipitarían al vacío siendo una sola.

Su chaqueta roja desapareció, Regina se la había quitado con gran esfuerzo para volver a besarla, aferrada a sus brazos desnudos bajo esa camiseta blanca. Sus labios recorrieron el cuello de la morena con adoración, mordisqueando su lóbulo derecho y susurrando palabras dulces en su oído, mientras la depositaba con suavidad ardiente sobre su cama, observándola sobre ella, recorriendo el contorno de su rostro con sus dedos, acariciando cada detalle, su cicatriz su cuello, estremeciéndola.

-"¿Y ahora qué vamos a hacer Emma?"

-Definir poesía amor

Lentamente, tras esa extraña respuesta que estremeció a la morena desde lo más hondo, las prendas fueron cayendo, liberando su piel mientras Emma depositaba suaves besos en cada rincón que iba dejando a la luz.

Besó su contorno, su figura, su vientre, encendiendo cada centímetro de la morena que se estremecía con cada roce, con la ternura que le profesaba, con el amor que podía leer en cada una de sus caricias.

Tragó saliva y sus ojos oscuros se ennegrecieron al posarse sobre ella, mientras lentamente se deshacía también de sus ropas, se perdió en sus curvas, en su plano vientre, en la blancura de su piel, como si fuese de porcelana, acariciando con suavidad absoluta como con miedo a romperla, perdiéndose en sus ojos claros cargados de deseo.

Los labios de Emma recorriendo su desnudez, haciéndole sentir deseada y hermosa la humedecieron, jamás había tenido tan poco control sobre algo y a la vez se había sentido tan cómoda con lo desconocido. Las reacciones de su cuerpo la asombraban y a la vez la empujaban a querer más.

Gritó sin poder contenerse al notar la lengua de su profesora acariciando su intimidad, sus mejillas enrojecieron y su corazón se debocó, dejando que esa sensación exquisita la invadiese por completo, aferrándose a sus rubios cabellos para sentirla más cerca. Para Emma el sabor de la morena era adictivo, embriagador… llevaba deseándola demasiado tiempo y por fin era suya, sus gritos ahogados y gemidos eran música para sus oídos, eran auténtica poesía.

Paró de pronto y subió a sus labios, recibiendo una leve queja por parte de su amada justo antes de fundirse con ella en un beso. Regina gimió al notar su propia esencia en los labios de su profesora. Cuando Emma rompió ese beso pegó su frente a la de su morena y suspiró.

-¿Quieres que siga Regina? ¿Estás lista para ir más allá?

-"Lo estoy…"

-Va a dolerte un poco…

-"Confío en ti"

Tragó saliva con dificultad y se perdió en sus ojos oscuros, antes de acomodar su cuerpo sobre ella. Quería tomarla sin apartar su mirada de sus ojos, decirle sin palabras que la amaba.

Bajó sus dedos con delicadeza, acariciando su piel y encendiéndola una vez más. Buscó en los ojos de su amada la confirmación muda de que podía romper toda barrera y esta se la dio con un beso profundo.

Penetró en ella con suavidad, primero solo con un dedo, buscando ese pequeño impedimento para avanzar en su interior y romperlo procurando no hacerle mucho daño a su amada.

-Si quieres que me detenga solo dímelo

-"No te detengas…"

Una nueva confirmación y tomó el valor que necesitaba, empujando solo un poco más fuerte y sintiendo como ya no existían barreras, su Regina acababa de entregarle su primera vez, acababa de entregarse a ella por completo.

Un pequeño gemido de dolor la alertó mas su amada la instigó a continuar, a no detenerse. Al principio suavemente y después cada vez con más intensidad, sus dedos en vaivén entraban dentro de su amada poseyéndola por completo, con el juego de caderas buscando un contacto más profundo y leyendo en su mirada oscura que no se arrepentía de nada, que era suya por completo.

Sus pequeños gemidos se volvieron gritos, los gritos súplicas cuando sentía llegar el clímax, y finalmente la explosión de placer contenida que se extendió por todo su cuerpo liberándose con el último de sus gritos, su nombre, el nombre de la mujer a quien acababa de entregar su vida por completo.

Cayó agotada, exhausta, sobre el cuerpo perlado de sudor de su amada, piel con piel y con sus corazones latiendo desbocados y al unísono. Sus dedos seguían en el interior de Regina y esta le impedía sacarlos, dejó un reguero de besos por su cuello y sus mejillas, recogiendo lágrimas silenciosas con sus labios.

-¿Por qué lloras princesa?

-"Porque acabo de entender a qué te referías con definir poesía, tú acabas de hacer el más hermoso de los poemas sobre mi piel Emma Swan"

Con una sonrisa besó sus labios, aun tenían tiempo, podían escribir con sus besos y sus manos mucha más poesía sin salir de esa cama.