La declaración obligada :P Los personajes pertenecen a Sthepanie Meyer y la increíble historia es de Drotuno, yo solo soy la traductora.
De nuevo me acompaña mi Beta y amiga Erica Castelo, y por ello gracias a ella también.
CAPÍTULO 14
BELLA
"Bueno, joder, eventualmente tendrán que mostrarse," dijo Carlisle con un suspiro, recargándose en una de las sillas de conferencias en la oficina de Gravity.
"Cierto," concordó Jasper, señalando la pizarra. "No tienen dinero, y todos los que conocen están siendo monitoreados. ¿Está Wes en la casa de los padres de Walter?"
"Sí, se fue después de que pasó a dejar a Makenna," murmuró Edward, sus ojos fijos en las fotos de Walter y Lilith. "Mickey fue con él para ver por sí misma cómo eran. Quiere saber si se puede confiar en él."
"Hey, duendecillo, ¿tenemos alguna información si los Bridges tienen propiedades fuera del país?" Preguntó Emmett, quitando las fotos aéreas de las propiedades que habíamos hecho que la policía local revisara.
"No es mía," dijo en voz alta, tecleando furiosamente.
Me reí entre dientes, porque era tanta investigación que se estaba llevando a cabo en la sala de computadoras que tenía miedo que nos quedáramos sin luz e internet. Alice estaba sacando todo lo que podía – legal o no – relacionado con Lilith Laray, porque necesitábamos conocer su historia completa. Rose estaba haciendo exactamente lo mismo con Walter Bridges, aun cuando creemos que ya tenemos todo; solo queremos estar seguros. Yo estaba rastreando la historia del D.D.A., tratando de averiguar si hay otras comunidades como la que estaba en la cima de la montaña.
"¡Esa es mía!" Mack dijo en voz alta, tecleando y claramente frustrada. "Y no. Todavía no he terminado. ¡Para su información, es un maldito globo enorme chicos!"
Rose y yo nos sonreímos la una a la otra, sobre todo cuando los chicos se disculparon detrás de nosotros y continuaron con la siguiente pregunta.
"¿Tenemos la información de qué edificio iban a atacar?" Alec preguntó mientras caminaba un poco de un lado a otro detrás de nosotras.
"No," respondió Eleazar. "No creo que Walter les haya dicho, para ser honestos, porque ninguno de esos tipos tenía la respuesta. Ni siquiera Kenny. Sin embargo, voy a preguntarle de nuevo a Kurt cuando llegue aquí."
"¿Dónde está él?" Preguntó Carlisle.
"Con uno de mis hombres. Le permití visitar a su madre y hermana hoy, porque voy a ponerlas en custodia de protección en unos…"—hizo una pausa, mirando su reloj—"cinco minutos."
"¿Y su papá?" Dije por encima de mi hombro, llegando a un punto donde pudiera detenerme en mi pantalla a fin de poder darme la vuelta. "¿Qué pasa con el doctor Vernon?" Le pregunté a Eleazar.
"Está en solitario, Bella. Allí está más a salvo que en cualquier parte, porque Walter no se acercará para nada a la policía, una cárcel, o un edificio federal por ahora. Su cara está en todas partes."
"¿Alguien se ha molestado en hacer una revisión en Shady Glen?" Rose habló. "Quiero decir, si estuviera… loca," dijo con una sonrisa, "querría volar el lugar que me mantenía encerrada."
Nadie dijo nada, pero la cabeza de Alice se levantó de golpe y miró alrededor. "¿En serio? ¿Nadie se molestó en pensar que podría ser Shady Glen?" Dijo con un jadeo, girándose en su silla. "Bueno, mierda, mierda, mierda…"
Se volvió de nuevo hacia su escritorio, acercándose otro teclado, pero todos nos quedamos quietos cuando una voz que rara vez hablaba en este tipo de reuniones resonó en voz baja.
"No creo que hubiera sido Shady Glen," dijo Sam, y todos nos volvimos para mirarlo. "Creo que son las Torres Twilight."
Mis cejas se dispararon hacia arriba, porque mencionó el único edificio en el que había temido pensar.
"Si este tipo Walter estaba buscando venganza por el cierre del aserradero, entonces querría irse a la causa, ¿no es así?" Preguntó, y todos asentimos un poco. "Twi Tech cerró el aserradero. Y a pesar de que instalaste una especie de programa de reubicación de empleo," recalcó, levantando su mano cuando Carlisle comenzó a hablar, "algunos de ellos no lo vieron con buenos ojos. Si fuera un apostador, apostaría mi dinero allí."
Carlisle palideció, y ni siquiera tuve que preguntar por qué. Había cientos de vidas en peligro en ese edificio—personas que conocía, personas que le agradaban, personas que habían trabajado allí por años… incluso para mi padre.
"Oh mierda," dije en voz baja, sacudiendo la cabeza.
"Está bien, está bien, está bien," Alice repitió en un tono tranquilizador. "Al menos desmantelamos la bomba, ¿verdad? Así que tenemos tiempo para descifrarlo."
Abrí mi boca para hablar, pero la cerré de golpe.
"¿Qué, Bella?" Preguntó Edward, dando un paso hacia adelante para apoyarse en la mesa. "Lo que sea que hayas encontrado, puedes decirlo, dulzura."
Hice una mueca, tomando mi laptop de mi escritorio y colocándola en la mesa de conferencias. "No estoy segura, así que no tomen esta mierda como un hecho. Todavía estoy siguiendo mi línea de ideas aquí. ¿Está bien?" Pregunté, asegurándome que todos prestaran atención. "Quería saber exactamente de dónde venía este grupo, pero el problema con el que me topé es… que no están precisamente inclinados a la tecnología. No publican manifiestos, objetivos o incluso reclamos en línea o en periódicos – o en cualquier parte, de hecho. Por lo que encontrarlos ha sido difícil.
"Cuando Wes se enteró inicialmente de ellos, pensamos que eran solo algunos locales agrupándose," continué, poniendo en la pantalla un mapa de la parte continental de los Estados Unidos. "Creo que este grupo comenzó en el sur—Texas, Georgia, y Florida, específicamente. Es alguna mierda sobrante de la Guerra Civil. Ya saben, como que existió entonces, y alguien lo copió ahora…"
Jasper se rio, sacudiendo la cabeza y acercándose para pararse detrás de mí. "Venga ya, Bells, ¿en serio?"
"Como dije, no estoy segura," le dije encogiéndome de hombros. "Todavía estoy investigando. Pero si tengo razón, entonces este club rayito de luz se encuentra en otros tres estados." Levanté mis manos cuando todos empezaron a hablar a la vez. "Esperen. Ahora, Walter no era el líder, si ese es el caso. Hay un nombre que sigue apareciendo, sin importar en cual estado esté buscando. John Dwight Ervin." Puse en la pantalla una revisión de antecedentes que hice. "No hay mucho de él. Nació en Georgia, se trasladó a Texas debido a la carrera militar de su padre, y fue arrestado en Florida por llevar un menor a través de las líneas estatales. Es todo lo que hay de él, no hay nada más. Es como si hubiera desaparecido totalmente. No hace declaración de impuestos, no es dueño de alguna casa, nunca se casó, y no podría decirles en qué estado está si lo intentara. Está tan fuera de registro que asusta. Podría estar en cualquier parte… si es que está todavía con vida. Pero su nombre ha aparecido una o dos veces en algunos reportes policiales en Texas por recaudar fondos sin permiso o alguna mierda de esas. Sigo investigando…"
"¿Y crees que este tipo es el líder?" Verificó Edward.
"No lo sé, pero su nombre aparece mucho más atrás en el tiempo que cualquiera cuando hago una búsqueda del D.D.A." Dije con un suspiro, sacudiendo mi cabeza. "Tendría unos sesenta años ahora. Lo más reciente con su nombre en ello fue ese reporte policial de Texas. Le llamé a ese oficial, pero no está trabajando esta noche. Le dejé un mensaje para que contactara con Eleazar."
"Excelente, Bella," me elogió Eleazar. "¿Sabes?" Se rio sin humor. "He visto grupos así. Ervin pudo haber iniciado algún grupo de protesta en la universidad, pero muy probablemente se transformó en algo que no reconoce. La gente se une – anarquistas, radicales, agitadores—y salen grupos disidentes diferentes a lo que la persona originalmente quería que representaran."
"Conozco a hombres como este tipo," añadió Sam. "No confían en nadie—gobierno, policía, incluso tiendas de comestibles. Se albergan en algún lugar y viven de la tierra. No envían a sus hijos a la escuela, y no sabrías que tienen alguno, porque nacen en casa. Encuentran lugares remotos para vivir, donde es difícil para cualquiera encontrarlos. Son casi ocupantes ilegales porque no son dueños de la tierra donde viven, o se la rentan a alguien usando efectivo, de manera que nada pueda rastrearse o registrarse."
Carlisle suspiró, pellizcando el puente de su nariz. "También conozco a esos hombres. Por lo general son exmilitares. Sufren de Síndrome de Estrés Postraumático, pero no reciben tratamiento, provocando que vivan en un mundo de paranoia y miedo. Crean este bloqueo contra el mundo."
"Este Ervin no es militar," le dije encogiéndome de hombros.
"Pero su padre lo fue," añadió Edward, señalando la pantalla. "Pudo haber sido criado de esa forma."
Sonreí cuando Carlisle se mofó de su hijo, que lo miró de forma engreída.
"Haz frente a los hechos, viejo. ¡Me hiciste lo que soy!" Se rio entre dientes, riendo aún más fuerte cuando Carlisle le enseñó el dedo medio. "¿Ves? Eres un ejemplo terrible para una mente influenciable."
Me reí de los dos, porque a pesar gastarse bromas el uno al otro, tenía una relación malditamente fuerte.
Carlisle me guiñó un ojo, volviendo su atención a Eleazar. "¿Crees que nuestros testigos sepan algo de John Ervin?"
"Tal vez," respondió, sacando su teléfono. "Voy a hacer que cuestionen a Kenny sobre ello."
"¿Pero cómo llegó esta mierda del sur a Washington?" Preguntó Emmett, señalando la pantalla de la computadora.
"Como dijo El," comenzó a decir Carlisle encogiéndose de hombros. "Pudo haber empezado con un grupo, y luego separarse. Tal vez alguien consiguió un trabajo o cambió de universidad, pero trajeron sus creencias con ellos, reuniendo a un nuevo grupo de personas."
"La gente son como ovejas," murmuró Alec, sus ojos puestos en la enorme foto aérea del complejo de Walter. "Son líderes, o seguidores. Los seguidores necesitan a alguien que les diga cómo pensar, actuar, creer. Entre más débil la mente, es mejor el pequeño soldado."
"Bueno, demonios," dijo Rose, sacudiendo su cabeza. "Eso debe ser lo que cree Walter. Es un médico al que se le paga para poner en orden mentes débiles. Sería capaz de identificar al candidato perfecto al instante. Y adivinen dónde vivió por un año cuando tenía dieciséis …"
"¿Texas?" Le pregunté.
"Nop," dijo, marcando la "p" dramáticamente. "Georgia. Walter padre tiene un hermano que vive allí. Justo en medio de la maldita nada."
"Mmm," reflexionó Jasper, jalando mi laptop hacia él. Buscó un mapa de Georgia. "Hay partes de ese estado que todavía tienen una orden del Klu Klux Klan fuerte y en pleno funcionamiento. Hay zonas donde la película Deliverance (1) no está tan lejos de la puta realidad. Me refiero a que tiene a Atlanta, Macon, Tipton, Savannah… todas esas son bien conocidas. Pero he estado de paso en pequeños pueblos que hacen que Jerry Springer (2) parezca un debutante de baile."
Todos nos reímos al escuchar eso.
"Pero Florida no es mejor," nos dijo, sonriéndonos a todos. "Jacksonville, Orlando, Tampa, Miami… esas son las ciudades que te vienen a la mente cuando piensas en ese estado. Mierda de turistas, playas. Pero hay partes de Florida que todavía se ven como pueblos pesqueros temporales. Hay zonas que todavía se ven salvajes—bosques, pantanos, árboles, lagos. Están intactas, y alguien podría ocultarse fácilmente allí si saben cómo vivir de la tierra.
"Pero Texas… joder, es enorme," continuó Jasper, poniendo el estado en la pantalla. "Hay enormes extensiones allí. Pequeños pueblos, espacios abiertos. Grandes ranchos no son poco comunes, y fácilmente podrías hacer lo que Walter hizo, que fue alojar a varias familias en un pedazo de propiedad. Nadie pensaría mal de ello, en especial si es un rancho de trabajo."
"Está bien, entonces voy a seguir mi búsqueda," murmuré, llevando mi laptop de nuevo al escritorio.
"¡Encontré la conexión entre Walter y Lilith!" Jadeó Rose, moviendo su silla hacia atrás de manera que todos pudiéramos ver la pantalla.
"Oh, lindo cabello en capas," murmuró Emmett, sus cejas elevándose al ver a Walter y Lilith en su anuario escolar.
"Bien," Eleazar prácticamente canturreó con un gesto de su cabeza. "Excelente. Ahora sabemos que fue algo más que terapista-diagonal-paciente. Es bueno saberlo. Ahora, si pudiéramos encontrar algún tipo de conexión entre ellos y el aserradero Bradlee." Miró a Alice con una expresión casi confusa.
"¡Lo tengo!" Gritó Alice, dándose la vuelta. "¡Y santa mierda! ¡Todo está jodidamente conectado!" Sus ojos estaban amplios con esa última declaración. Se volvió hacia Carlisle. "¿A quién le compraste el aserradero Bradlee en el principio?"
"Yo no lo hice," respondió Carlisle. "Charlie ya lo había obtenido para cuando quedé a cargo. Estaba perdiendo dinero," dijo, recargándose en la esquina de la mesa y cogiendo una carpeta con archivos. "Hice que Angela me buscara el archivo. Charlie impidió que se cerrara hace años. Le gustaba tratar de salvar negocios locales, y funcionó, hasta que los bosques circundantes mermaron demasiado y los ambientalistas querían cerrarlo." Suspiró abriendo la carpeta. "Charlie la compró de un Shawn Bradlee." Miró a Alice con una expresión casi confundida.
"¡Mmm!" Murmuró sonriente, desplegando un certificado de nacimiento en la pantalla grande de manera que todos pudieran verlo. "¡Sipi! Shawn Bradlee. Casado con una Janet Thompson Bradlee. Procrearon primero a su hija Barbara, y luego… Lilith."
"¡De ninguna jodida manera!" Rose y yo dijimos en un jadeo, las dos boquiabiertas al ver el documento en la pantalla.
"Todo está conectado," murmuré, levantándome y mirando por encima del hombro de Alice. "Bien, entonces, ¿qué le pasó a Liliht? Porque precisamente eso fue lo que marcó un antes y un después, ¿cierto?"
"Cierto," dijo Alice, abriendo pantalla tras pantalla de reportes policíacos. "Shawn Bradlee era un alcohólico, y cuando bebía… golpeaba a todos en la maldita casa. Vender el aserradero Bradlee solo le permitió beber más, quedarse en casa, y patear el trasero de su familia."
"Oh, maldita sea," gimió Edward detrás de mí. "También malgastó cada centavo de esa venta. Miren," dijo, señalando el reporte financiero que Alice estaba desplazando en la pantalla. Nunca hizo nada con esa mierda, además de malgastarla. ¡Y derrochó medio millón en menos de… diez años!"
"Exactamente," concordó Alice con un gesto de su cabeza. "Inversiones mediocres, préstamos a muchísimos amigos y familia, un potente problema de adicción—sin mencionar los gastos en la corte por cada vez que fue arrestado, porque Lilith y su hermana mayor Barbara fueron sacadas de esa casa no menos de seis veces. ¡Y él siempre las recuperaba!"
"Demonios," dije con un suspiro, sacudiendo mi cabeza. "No me sorprende que esté jodida. Bueno, ¿dónde jodidos está Barbara ahora?"
"En el Cementerio de Willow Brooke," dijo Alice, y las palabras cayeron en una habitación en silencio.
"¿Y Janet Bradlee?" Pregunté casi en un susurro.
"Justo a un lado de ella, un lote más allá," respondió Alice, mirándome. "Janet fue la que siempre luchó para que las niñas vinieran a casa, Bells. Las traía directamente de vuelta a esa casa violenta. Barbara murió el día después de su graduación del instituto. A pesar de toda esa mierda en su casa, consiguió un viaje todo pagado a la universidad de Washington."
"¿Quién la mató?" Le pregunté.
Alice se encogió de hombros. "No pudieron resolverlo. Asumieron que lo hizo Shawn, pero todos estaban en casa esa noche, y ni Janet ni Lilith dijeron una palabra. El caso quedó no resuelto, porque Shawn declaró que alguien irrumpió en la casa, y la policía no pudo probar lo contrario."
"Oh, mierda," gimió Makenna, negando. "¿Y si Lilith comenzó a matar desde entonces? O sea, su hermana estaba a punto de dejarla con unos padres nada agradables. ¿Y si no pudo vivir con eso?"
Me reí sin humor, porque esa era una puta historia asombrosa. "Me pregunto si Barbara trató de proteger a Lilith cuando eran más jóvenes," dije con un suspiro, leyendo algunos de los reportes policiales. "He hablado con hermanos mayores que provienen de hogares con abuso. Siempre trataban de atraer la atención a sí mismos, no hacia sus hermanos o hermanas menores. El que Barbara se fuera pudo haber provocado que Lilith entrara en pánico."
"O Janet," añadió Edward encogiéndose de hombros. "Tal vez mamá también estaba involucrada en todo ello."
Me volví hacia Carlisle. "Necesito que Esme le eche un vistazo a esto. En serio. Esta mierda del abuso no es nuestro fuerte. Ella sabe más al respecto."
Asintió en silencio y se levantó de la mesa. Luego dejó la oficina, regresando unos minutos después con Esme, que llevaba a Caleb en una carriola, profundamente dormido. Y encima de los hombros de su Poppy estaba una feliz, y parlanchina Bethy.
"¡Mami!" Chilló, prácticamente atacando a su abuelo para que la bajara.
"Hey, niña bonita," me reí entre dientes, agradecida por el descanso de una conversación tan intensa. Habíamos estado trabajando por horas, y el sol estaba a punto de ocultarse. "¿Qué has estado haciendo?" Le pregunté, poniéndola en mi regazo y un cabello suelto detrás de su oreja.
"Ayudando a Nanny con el… pie de manzana," susurró las últimas palabras con complicidad, y solté una risita al oír el murmullo de aprobación de Edward, porque hace tiempo le había enseñado a Esme como hacer el pie de manzana de la tía Jane que tanto le gustaba.
"Y la cena," añadió Esme con una risita. "Cuando ustedes cerebritos estén listos para un descanso, tengo suficiente comida para alimentarlos a todos."
"¡Excelente!" Dijo Emmett con una sonrisa, inclinándose sobre la carriola de Caleb y metiendo de nuevo el chupón en su boca.
Alice sacó un montón de papeles de la impresora y se los entregó a Esme. "Necesitamos que le eches un vistazo a esto. Creemos que los problemas de Lilith tal parece comenzaron hace mucho tiempo."
Mientras Esme estudiaba el archivo, le susurré a Bethy, "¿Quieres colorear, cariño?"
"Uh uh," respondió negando con su cabeza, antes de descansarla en mi hombro.
La dejé en mi regazo, volviéndome otra vez hacia la computadora. Jugó con mi cabello en silencio mientras yo seguía tratando de rastrear el origen del D.D.A. Esme y Alice hablaban en voz baja, Alice ponía en la pantalla cualquier cosa que Esme le pedía. Pero fue el sonido de la puerta abriéndose lo que hizo que mi hija se quedara quieta.
Levanté la vista para ver entrar a Kurt, su guardia asintiendo hacia Eleazar, pero quedándose afuera. Miré a Bethy. No era a Kurt a quien estaba viendo. Estaba viendo detrás de él, mirando a todas partes a su alrededor. Estaba buscando a Kenny y Lilith.
"Bethy," le dije, haciendo que me mirara. "Kurt está solo, niña bonita. Los tipos malos no están con él."
La cabeza de Edward giró de golpe mientras estaba de pie al otro lado de la habitación. Pareció aumentar un poco su tamaño a medida que caminaba hacia nosotros.
La expresión de Kurt parecía afligida al ver el miedo en mi hija. La última vez que la había visto había sido en la habitación de hotel, justo antes de que la liberara. Realmente le agradaba y había hecho todo lo que estaba en su poder para mantenerla tan segura como pudiera. Sabía que esto le estaba molestando.
Edward se puso de cuclillas junto a nosotras, tomando el rostro de Bethy entre sus manos. "¿Estás bien, pequeña dulzura?"
"¿El hombre malo está aquí?" Le preguntó con un susurro nervioso.
"No, bebé," le dijo, negando con su cabeza. "Está en algún lugar en el que nunca podrá hacerte nada, Bethy. Lo prometo."
Toda la sala se paralizó, porque ellos no habían visto su reacción a nada de lo que le había pasado. Esme sí, y Edward y yo también, pero su Poppy y sus tíos no. Mis chicas estaban observando con rostros cuidadosamente serenos—incluso Mickey, que acababa de entrar con Wes—pero podía ver la ira de todos resurgir con el evidente recordatorio de todo lo que había sucedido. Todas las miradas se desplazaban rápidamente de Kurt a Bethy.
"Estás a salvo, cariño," susurré contra su cabeza, mis ojos fijos en los de Edward. "Mira a tu alrededor, Bethy. ¿Crees que alguien aquí permitiría que algo te pasara? ¿Poppy? ¿Papi? ¿El tío Em? ¿El tío Jazz? ¿El tío Alec? ¿Mmm?"
Sacudió su cabeza despacio.
"Buena niña," canturreó Edward, besando su frente. "Nunca, jamás olvides eso, ¿de acuerdo?"
"De acuerdo, papi," dijo con un suspiro, y pude sentirla relajarse un poco.
Se bajó de mi regazo, y Kurt se puso de cuclillas frente a ella cuando se dio cuenta que iba hacia él. Edward se tensó, pero puse mi mano sobre su hombro para calmarlo.
"Hey, Bethy," le dijo Kurt, y pareció hacer eco en el silencio sepulcral de la sala. "Esta vez no traigo donas. Lo siento," le dijo con una risita.
Ella le sonrió. "Nanny hizo pie de manzana. ¡Es mejor!"
"¿Oh, sí? ¿Me guardas un pedazo?" Le preguntó, y ella asintió profusamente. "¡Genial!" Le sonrió, sacudiendo su cabeza y metiendo la mano en su bolsillo. "Aunque sí te traje algo. Me dijeron que venía a tu casa, así que pensé que debería hacerlo."
"¿Qué es?" Dijo con un jadeo, su rostro iluminándose como una de las mañanas más brillantes.
"En realidad, era de mi hermanita," comenzó a decir encogiendo un hombro. Sacó un brazalete tejido de colores brillantes. "Dijo que tal vez te gustaría. Me lo hizo a mí hace mucho tiempo, y nunca me quedó, pero apuesto que a ti sí te queda."
Era de todos los colores del arcoíris, y lo reconocí como un brazalete de amistad que todos habíamos hecho o usado en algún momento de nuestras vidas. Rose y yo habíamos usado unos a juego cuando estábamos en la escuela.
Bethy chilló de felicidad, extendiendo su brazo, y Kurt se lo ató sin dejarlo apretado.
"¿Qué se dice, Bethy?" Dije con una risita, recargándome en Edward, que estaba un poco más relajado y conteniendo su sonrisa.
"¡G-Gracias!" Canturreó, corriendo de regreso para mostrárselo a Edward.
Él tomó su brazo, dándole vuelta a su mano y dejando un ruidoso beso en su palma, lo que provocó que otra risita saliera de ella. Al parecer, toda la habitación soltó un suspiro colectivo. Si algo daba prueba de que Kurt era confiable, fue ese breve momento, porque Bethy confiaba en él, todos los demás podíamos hacer lo mismo. Se había mostrado digno mientras ella estuvo bajo su cuidado, y lo estaba demostrando de nuevo.
~oOo~
EDWARD
Esme se puso de pie con el archivo en su mano, su rostro serio con lo que había tenido lugar entre mi hija y Kurt. "Cena," dijo, levantando el archivo. "Le echaré un vistazo a esto más tarde."
Nadie se molestó en discutir con ella, porque cuando cargué a Bethy, joder, todos a nuestro alrededor estaban demasiado callados. Fue una fuerte bofetada de vuelta a la realidad, la razón por la que todavía estábamos buscando a Lilith y Walter. Ver el miedo de Bethy, no a Kurt, sino a quien pudo haber estado con Kurt, fue como encender un cartucho de dinamita y arrojarlo dentro de la sala. Todo el mundo estaba cabreado.
Dos pequeñas manos tomaron mi rostro, haciendo que girara mi cabeza, y reí al ver la dulce sonrisa de Bethy, porque era disimulada y traviesa, muy parecida a la mía cuando quería algo.
"Adivina qué, papi," susurró, aunque fue más exagerado que nada.
"¿Qué, pequeña dulzura?"
"¡También tenemos helado!" Exclamó, sonriendo de oreja a oreja.
Me reí entre dientes, besando su frente, simplemente porque había una parte de ella que era como su madre—nada la doblegaba por mucho tiempo. "Esa es la única forma de comer pie de manzana caliente, bebé," gruñí en su cuello al cruzar el patio. "¿No sabías eso?"
Chilló estallando en carcajadas, su cabeza cayendo hacia atrás cuando froté mi barba contra su suave piel. Bella rio junto a nosotros, y le sonreí y me encogí de hombros, porque vivía para escuchar ese sonido.
"Ven aquí, niña tontita," dijo con una risita, tomando a Bethy de mis brazos "Vamos a servirte un plato, ¿está bien?"
"Está bien, mami," dijo emocionada, yendo felizmente con ella. "Pero papi va a compartir su pie comligo."
"Bueno, tú eres la única en el planeta, cariño," se rio Bella, lanzando un guiño en mi dirección. "¿Te contó que se comió un pie completo él solo?"
Bethy jadeó, sus ojos verdes brillantes y amplios mientras me miraba.
"¡Es un buen pie!" Le dije, ignorando sus risitas cuando esquivaban varias personas una vez que entramos.
"¿Ella está bien?" Escuché a mi lado mientras veía a Bethy y Bella preparar sus platos.
La casa ahora estaba llena de cháchara y discusiones y risa. Estaban un poco más relajados ahora que vieron que Bethy estaba sonriendo y riendo.
Miré a mi derecha para ver a Kurt con una expresión preocupada en su rostro. "Lo estará," dije con un suspiro. "No era de ti de quien sentía miedo. Si fuera así, no se hubiera acercado para nada. Es con quien ella… te asocia."
"Oh," murmuró, su frente arrugándose un poco. "No era mi intención asustarla, pero lo entiendo. Realmente hice todo lo que pude por mantenerla a ella y a Abby fuera de la zona de locos."
Bufé en una carcajada sin humor, pero lo miré. No era un mal chico. Sabía que lo ponía nervioso, así que el que simplemente se acercara a mí para preguntar por Bethy demostraba que no era un cobarde. Tanto por las acciones de mi esposa como por las de mi hija a su alrededor y las cosas que dijeron de él, sabía que solo había estado tratando de proteger a su familia al seguir las instrucciones de Walter y Lilith, pero no toleraba lo peligroso, irresponsable, o mierda innecesaria. Y por eso, estaba bien conmigo.
"Ella me recuerda a Evie a esa edad. Toda felicidad y dulzura." Su voz era baja, casi triste.
"¿Tu hermana?" Verifiqué, sonriendo cuando asintió. "¿Ella tiene cuánto? ¿Trece, ahora?" Le pregunté, porque sabía que había un espacio de siete años entre ellos.
"Sí, y sigue siendo igual de divertida, solo que ahora podemos tener verdaderas conversaciones," se rio. "Solíamos ir al cine casi todas las semanas, hasta que entré en Shady Glen."
"¿Y tu papá te puso allí?" Le pregunté, porque solo sabíamos lo poco que se había investigado de Shady Glen.
"Sí, yo era un desastre, pero él al fin me dio los medicamentos correctos y me puso con un buen terapista," soltó un resoplido, rodando los ojos. "No Walter."
Me reí. "No. No puedo imaginar que haya sido él." Señalé hacia Esme. "Para que lo sepas, mi madrastra, Esme. Es terapista. Si necesitas… ya sabes, hablar. Ella es genial."
"Oh, está bien. Gracias," dijo con un suspiro, casi aliviado.
"Ella es muy… discreta," murmuré, levantándole una ceja, de manera que entendiera que a pesar de que no nos conocía muy bien, sus confidencias se mantendrían con la mayor integridad. "Ven, voy a presentarte."
Me siguió al otro lado de la mesa de la cocina, esquivando gente con platos llenos cuando se dirigían afuera a comer en las largas mesas que parecían estar en uso permanente desde la desaparición de Bethy.
"Disculpa, ¿Esme?" Le dije, sin querer interrumpir su conversación con mi padre, pero Kurt todavía no la conocía, y ella era alguien que podía ayudarlo. "Este es Kurt Vernon…"
Las cejas de Esme se dispararon hacia arriba, pero una suave sonrisa jugó en su rostro. "Esme Cullen," le dijo, estrechando su mano. "¿Kurt el de las donas, ese Kurt?" Confirmó, y mi papá se echó a reír, asintiendo.
Kurt se rio entre dientes, su rostro mostrando un poco de vergüenza. "Supongo que Bethy hubiera estado igual de feliz con papas fritas y refresco como desayuno," nos dijo con una sonrisa. "Es un placer conocerla, señora Cullen."
"Llámame Esme," le dijo, guiándolo hacia las grandes cantidades de comida que había preparado. "Estás delgado, Kurt. Come algo. Y me harás sentir orgullosa si regresas por un segundo plato." Le sonrió con suficiencia. "Mira a tu alrededor, hijo. Estos chicos podrían comer la mitad de una res y todavía regresar por la otra mitad. Ellos no juegan a la hora de la cena."
Como para resaltar el punto, Emmett pasó con un plato lleno casi hasta su barbilla, y todos nos quedamos quietos, mirándolo. "¿Qué?" Murmuró alrededor de un panecillo, que acaba de meterse entero de una.
"¿Ves?" Me reí.
Kurt sonrió, sacudiendo su cabeza, pero por último me miró. "¿Por qué están siendo tan amables conmigo? Pensaba que me odiarían por hacer lo que…"
Levanté mi mano para detenerlo y respiré profundo. "Hiciste lo mejor que podías bajo circunstancias que estaban fuera de tu control. Pera la forma en que lo hiciste," le dije, deteniéndolo de nuevo, "maldición, fue peligroso. Pudieron haberte matado por haber dejado ir a esas niñas, por proteger a mi esposa." Negué lentamente, apenas controlando mi temperamento, hasta que la mano de Esme se posó tranquilizadora sobre mi hombro. "Bueno, solo digamos que… te debo una, ¿está bien?" Le pregunté, con una ceja levantada y encogiendo un rígido hombro. "De manera que si alimentándote, dándote alguien con quien hablar, dejándote entrar en mi casa es ser amable, entonces que así sea."
Kurt se quedó callado, pero asintió solemnemente, antes de aceptar un plato de Esme.
"¿Qué pasa?" Bella preguntó con una expresión preocupada mientras examinaba mi rostro. Caminaba por allí con un plato lleno para ella y Bethy, mi hija sostenía un tazón de helado y pie.
Negué, mi frente arrugándose para hacerle saber que no era el momento adecuado. "¡Será mejor que ese no sea todo el pie!" Le gruñí dramáticamente a Bethy.
Soltó una risita y sacudió su cabeza. "No, papi, es nuestro pie," me dijo, sonriendo y mordiendo su labio inferior.
Carraspeé indignado, cruzando los brazos sobre mi pecho, hasta que se acercó para besar mi mejilla y susurrar, "Mami dice que podemos comer el postre primero."
Sonreí, besándolas a ambas. "Está bien… iré en un momento. Guárdenme un asiento, señoritas."
~oOo~
Me agaché, dejando un prolongado beso en la frente de Bethy. Aguantó lo más que pudo después de la cena, pero una barriga llena y aburrida conversación de adultos la arrullaron hasta quedarse dormida en mis brazos frente a la mesa. Bella dijo que ni siquiera me molestara con un baño o pijamas—que solo le quitara sus zapatos y calcetines y la metiera en la cama.
Dejé encendida su luz nocturna, asegurándome de que la puerta estuviese ligeramente abierta, y bajé por el pasillo. Tan pronto como me fui a meterla a la cama, todos habían dirigido de vuelta a la oficina de Gravity para hacer un poco más de trabajo.
"¿Está dormida?" Me preguntó Rose desde la mecedora en la esquina de la sala.
Estaba alimentando a Caleb, tomando el siguiente turno de niñera para que Esme pudiera estar presente en la investigación de Lilith. Él balbuceaba mientras miraba con ojos amplios alrededor de la habitación, moviendo sus piernas regordetas, y no pude evitar sonreír, porque Bethy había sido igual de feliz a esa edad, simplemente contenta.
"Sí, solo… cayó como piedra," solté una risita.
"¿Algo que deba saber?" Me preguntó, señalando hacia el pasillo.
"Está mejor de lo que esperaba, pero puede que despierte llamando a Bella," dije con un suspiro, "así que, solo ven a buscarnos."
El azul en los ojos de Rose se oscureció por la ira y algo de tristeza cuando asintió. "Tienes razón… podría ser peor. ¿Qué van a hacer cuando tengamos que ir tras esta gente?"
Sacudí mi cabeza, porque joder, simplemente no lo sabía. Bethy estaría desconsolada al ver a sus dos padres partir. "Esme puede hacerse cargo de ella, pero…" Me encogí de hombros e hice una mueca al mismo tiempo. "Tú la viste cuando tuve que subirme a esa camioneta. Bella va a ser un desastre si ve eso."
Rose suspiró, meciendo lentamente a Caleb mientras pensaba por un momento. "Bella quiere detener a Lilith—y Walter, si vamos al caso – pero tal vez podemos dejar que Bethy los oiga por la radio o algo así. Apostaría a que Alice podría crear un vínculo Mamá-diagonal-Papá-diagonal-Bethy." Me sonrió, y no pude evitar reírme de ella. "O aún mejor, esas cámaras fueron fantásticas. Podíamos ver casi todo."
"Algo en lo que pensar, Rose," le dije con una risa ligera. "Lo resolveremos, porque se tiene que detener a esta gente."
"Tienes razón." Asintió, viendo caminar hacia la puerta. "Y un poco de venganza no hace daño, tampoco," dijo detrás de mí.
"No… no hace daño," me dije a mí mismo con desdén mientras cruzaba mi patio.
Abrí la puerta de la oficina a una explosión de voces gritando. Pareciera que todos estaban discutiendo a la vez.
"Entonces, ¿dónde demonios está Shawn Bradlee ahora?" Dijo Emmett con su atronadora voz. "Porque si vamos a encontrar algo, debemos empezar con él. Lo que hizo, por cuánto tiempo, y en lo que convirtió a Lilith," dijo, marcando cada punto en su mano.
Todos se quedaron callados por un instante a medida que me dirigía a una silla vacía a un lado de Alec. Él me miró y sacudió su cabeza.
"En lo que la convirtió fue en una perra rabiosa," me murmuró, lo que me hizo reír. "La convirtió en una asesina despiadada. Punto."
Esta vez, todos lo escucharon y gruñeron de acuerdo.
"Cierto, entonces, ¿es tan necesario hablar con su padre?" Preguntó Jasper, cruzando los brazos sobre su pecho. "Quiero decir, ¿no deberíamos estar buscando a Walter?"
"Bien, primero es lo primero," Esme comenzó a decir en voz baja mientras leía el archivo en su mano, pero demandaba la atención de todos simplemente por respeto. "El último paradero conocido de Shawn Bradlee es en un hogar para indigentes. Sufre de enfisema pulmonar y problemas del hígado, debido a su… estilo de vida. Años de no cuidar de sí mismo…"
"Estoy segura," interrumpió Makenna frunciendo el ceño, "que no está sufriendo lo suficiente."
Bella le sonrió, pero luego volvió su atención de vuelta a Esme. "Piensas que Lilith es la fuerza motora detrás de Walter, ¿verdad?" Conjeturó.
"Así es." La respuesta directa de Esme cayó como un balón de baloncesto desinflado en el piso de un gimnasio; solo se quedó allí por un momento mientras todos pensaban en ello. "Pienso que Walter y Lilith se conocían del instituto, tal vez salieron, tal vez andaban con el mismo grupo de amigos, pero creo que Walter siempre ha sentido algo por ella. De modo que, dicho eso, puede que no haya desaparecido. Verla en Shady Glen debió haber hecho que todo eso volviera a él. Está usando su poder con el D.D.A. para ayudar a lo que él siente es una damisela en problemas." Enfatizó las últimas palabras, demostrando lo que realmente pensaba de la idea.
Levantó su mano cuando Eleazar iba a preguntar algo, y continuó. "Por otro lado, tenemos a Lilith, que evidentemente es una sociópata, una asesina experimentada, y busca venganza." Se volvió hacia Bella preguntando, "¿No dijiste que Christopher Douglas la acusó de estar sola?"
"Lo hizo," respondió Bella con un gesto de su cabeza. "Le dijo que no lo estaba, que tenía a Walter, pero me dio la impresión que en realidad no necesita a Walter… o que de alguna forma estaba mintiendo. Eso fue poco después de que lo matara."
Esme arrugó su nariz, respiró hondo, y lo dejó salir. "¿Ven eso?" Señaló, mirando alrededor de la sala. "Una persona señala su error, y ella… lo elimina de la ecuación."
Suspiré, sacudiendo mi cabeza y mirando a Bella. "Esa es una teoría, pero Bella, ¿no dijiste que discutías constantemente con ella? ¿Qué incluso luchaste con ella?"
"Sí, pero me necesitaba," dijo Bella con un suspiro, mirándome cuando Esme asintió de acuerdo.
"Está bien, todo está claro," dijo mi padre, recostándose en su silla y señalando a Bella, "pero solo tengo una pregunta… Si Lilith es la fuerza motora detrás de Walter, entonces, ¿cuál de ellos necesitaba el dinero?"
"Todos ellos," le dije con un encogimiento de hombros, "pero apostaría a que esos miembros del D.D.A. nunca hubiesen visto un puñetero centavo."
"Entonces, ¿cuál lo necesitaba? ¿Walter o Lilith?" Replicó Alec.
"Lilith," intervino Alice desde la sala de computadoras. "Lilith lo necesitaba. Puede que esté limpia, pero no lo estuvo en cierto momento, y de acuerdo a su último reporte, llevaba un montón de puto dinero. Ahora es evidencia."
"Oh," jadeó Bella, sus cejas elevándose. "Era una mula (3)…"
"Sabes en qué barrio estaba, ¿cierto?" Me preguntó Makenna, moviendo su silla hasta que pudo tirar de un mapa de Seattle para bajarlo y lo estrelló sobre la mesa. Su dedo se posó en el papel, y miró a Bella. "Aquí. El barrio del Predicador. El mismo barrio que su vendedor de drogas Sharky, maneja con puño de hierro."
Bella soltó una pequeña risita. "Me cae bien el Predicador." Sonrió, mirándome. "Deberíamos ir a hablar de nuevo con él."
Le sonreí en respuesta, porque el tipo enorme era malditamente genial. Era duro, pero seguía aferrándose a su fe, haciendo lo mejor que podía por limpiar un barrio que no parecía querer un cambio. La gente en torno a él lo respetaba, aunque su fe no era fuerte. Él solo quería un lugar seguro para que los niños pasaran el tiempo cuando su casa no fuera segura. Lo respetaba por eso.
"Bueno, necesitamos ver cómo va ese centro recreacional," razoné, guiñándole un ojo. "Apuesto a que él sabe todo sobre Lilith, si ese es el caso," le dije, señalando al mapa.
"Bien," gruñó Eleazar, señalándonos. "Ustedes dos van a hacer eso mañana." Se giró hacia Wes, Mickey y Makenna. "¿Qué averiguaron ustedes sobre los Bridges?"
"Que hay otra casa… en Canadá," dijo Mack, señalando su pantalla de computadora. "Está muy al jodido norte."
"¿Walter padre piensa que su hijo vaya a usarlo?" Preguntó Eleazar, mirando el mapa cuidadosamente, y casi podía ver lo que estaba pensando, porque no estaba lejos de la casa de la tía Kate.
"Eso cree," respondió Wes asintiendo, sentándose hacia adelante descansado sus codos sobre sus rodillas. "Es la única propiedad que en realidad no cuidan. Es una vieja cabaña, y ha estado en venta por años. Nadie la limpia o la revisa, porque está en lo más profundo del maldito bosque. Dijo que si Walter quisiera ocultarse, ese sería la opción más adecuada. Nadie lo sabría. También dijo que Walter se destruirá a sí mismo con el tiempo, que forzó a su hijo a mantenerse alejado de Lilith en la escuela. El señor Bridges sabía entonces que ella le traería problemas. Fue cómo Walter se metió en problemas en primer lugar, solicitando que su padre viniera al rescate y cerrara los registros."
Joder, eso tenía muchísimo sentido, y todo parecía compaginarse en lo que respecta la historia de Walter y Lilith juntos.
"Está bien, ¿y qué hay de la amenaza de bomba?" Pregunté, mirando a Benny, que había estado jodidamente callado en su computadora desde que llegó aquí.
Hizo una mueca, levantando la vista y mirando alrededor de la sala, posando por último su preocupada mirada en mi padre. "Investigaron las Torres Twilight," dijo, dándole vuelta a su laptop y reproduciendo un vídeo que claramente mostraba a Walter y Lilith entrando al vestíbulo desde el estacionamiento. "Sam tenía razón. Esto recae en el aserradero Bradlee. Está volviendo a donde todo inició."
"Mmm," masculló Esme. "Está buscando venganza por su niñez. En su mente, si Charlie no hubiese hecho negocios con su padre, si su padre no se hubiese convertido en un adicto, entonces Shawn Bradlee nunca hubiera golpeado a su familia. Está volviendo a los inicios. Falló en eliminar a Bella, así que va a retroceder aún más que eso para buscar retribución."
"Está bien, espera un puto momento," gruñó mi esposa, sacudiendo su cabeza. "Quieres decir, ¿qué vino por mí solo por dinero? ¿Qué lo que hizo con Bethy solo fue por el jodido dinero? No le importan Bree o Ashley, ¿cierto? Esto no es por quitarle a Ashley; ¿todo esto es por su pobre y patética vida?"
"Ooh-wee, Bellissima es una fierecilla cuando está cabreada," canturreó Alec por lo bajo, casi para sí mismo.
"No tienes idea," murmuré, sacudiendo la cabeza, porque por más aterrador que pudiera ser el temperamento de Bella, joder, era simplemente imponente cuando estaba enojada.
"Por lo que puedo ver…. no," dijo Esme con un suspiro, mirando a Bella con simpatía.
"¡A Lilith no le importaban sus hijas!" Dijo Kurt repentinamente desde la esquina de la sala. "En lo absoluto. Usó las muertes de Bree y Ashley para conseguir que Kenny y Rusty cooperaran, porque Rusty era el padre, ¡pero no le importaba una mierda! Lo dijo claramente en el grupo de terapia," gruñó, negando y cruzando los brazos sobre su pecho. "Rusty fue un idiota por creerle, porque estoy casi seguro que ni siquiera sabe quién es el padre de esas dos niñas. Segundo, la única razón por la que te recordó a ti," dijo, señalando a Bella, "fue porque vio tu foto en el periódico. Una boda o alguna mierda."
"Oh por supuesto," bufó Emmett, sacudiendo su cabeza, pero una sonrisa jugó en su rostro al mismo tiempo que pateaba la silla de mi padre. "Tenías que tener la gran boda, ¿verdad, papi Ricón?"
La tensión en el aire se rompió al instante, porque no había nada que pudiéramos hacer sobre la boda o el pasado. Toda la sala se rio al ver la cara roja de mi padre, pero aún más al ver la sonrisa llena de orgullo de Esme.
Eleazar sonrió, apartándose de la pared en la que había estado apoyado. "Supongo que lo que tenemos que hacer ahora es averiguar si Walter tiene los recursos para reagruparse, para construir otra bomba. Edward, Bella, vayan a hablar con ese tipo predicador. Averigüen lo que puedan. Demonios, tal vez se ocultaron en ese barrio en alguna parte, pero estoy seguro que no tenemos tanta suerte. Todavía necesito más de este D.D.A. Debe haber otro grupo disidente por aquí del que no tenemos conocimiento." Dijo con un suspiro, viéndose cansado, pero finalmente se volvió hacia Benny. "Ve a las Torres Twilight mañana. Aumenta la seguridad. Lleva a Mickey, Jasper y Sam contigo para prepararlos. Tendrán que informarles que hubo una amenaza de bomba, pero no que posiblemente pueda haber otra. Carlisle, tú deberías ir también. Tal vez llevar un equipo profesional de seguridad."
"Nosotros somos un equipo profesional de seguridad," todos, Alec, Jasper y Emmett replicaron, llevando la más tonta de las sonrisas.
"¡Bien, entonces todos ustedes lleven sus traseros allá y enséñenles cómo limitar el acceso a las zonas innecesarias!" Espetó, poniendo sus ojos en blanco. "Y recuerden," dijo, deteniéndonos cuando la reunión terminaba, "armados todo el tiempo, y no olviden mantenerse alertas, ¿está bien?"
"¡Señor!" Todos gruñimos por costumbre.
~oOo~
BELLA
"Dios, podría besar a Makenna," gemí, una vez que íbamos de camino a Seattle.
"Pensé que era con Rose con quien te querías besuquear," bromeó Edward, cambiando de velocidad en su Challenger.
"¡Una vez!" Me eché a reír. "Nunca te vas a olvidar de eso, ¿verdad?"
Se echó a reír, pero no dijo nada más.
Makenna se había llevado a Bethy esa mañana y empezaron un proyecto de arte. Para cuando Edward y yo estábamos listos para irnos a hablar con el Predicador, Bethy estaba demasiado absorta en lo que sea que estaba haciendo que el que nos fuéramos no la molestó. En lo absoluto. Había estado tan preocupada por lo que le haría el que los dos nos fuéramos, pero Mack había sido un salvavidas.
Los bosques con el tiempo dieron paso a los suburbios, la ciudad acercándose cada vez más. Pronto, estábamos rodeados por enormes edificios y raudales de tráfico. No tomó mucho tiempo maniobrar por las calles, antes de detenernos justo afuera de la iglesia del Predicador, y le sonreí a Edward.
"Se ve mucho más avanzado que la última vez," me reí entre dientes.
Edward sonrió, apagando el coche. "Armas, amor," ordenó en voz baja, y metí la mano debajo de mi asiento para agarrar su Glock y mi nueve milímetros.
"No parece correcto llevar un arma tan cerca de una iglesia," murmuré, sacudiendo la cabeza.
"Tal vez, pero es para la calle entre aquí y allá que las tenemos, Bella," me recordó Edward, y miré alrededor.
A pesar del notorio trabajo duro del Predicador en los dos edificios en los que operaba, no había cambio en el barrio desde la última vez que estuvimos aquí. Coches arruinados, tiendas con aspecto deteriorado, y casas abandonadas alineadas a cada lado de la calle que llegaban tan lejos como podía alcanzar a ver. La gente se veía cansada, llevando expresiones de aceptación en sus rostros, casi como si supieran que esto era todo lo que verían por el resto de sus vidas. Era difícil de ver, porque luchar diariamente desgastaba el espíritu de las personas. Podía verlo en las expresiones vacías e insensibles de los rostros de los muchachos en la esquina, el viejo que estaba sentado en la caja de leche frente a una tienda cerrada, y la joven que no parecía tener más de veinte años que estaba segura estaba "trabajando" en la calle.
Solo negué, porque los esfuerzos del Predicador, aunque extremadamente nobles, parecían inútiles, como un salmón nadando contra corriente.
Miré a Edward, la calma en mi tormenta. Estaba revisando su arma, sacando la cámara y el cargador, solo para meterlo todo de nuevo con destreza. La guardó en la parte baja de su espalda, y yo hice lo mismo con la mía.
Hermosos ojos verdes quedaron fijos en los míos, y Edward extendió su mano y agarró mi rostro. "¿Qué te pasa?" Me preguntó, frotando las arruguitas que aparecieron entre mis cejas.
"¿Crees qué…" Dije con un suspiro, sacudiendo mi cabeza y sin saber exactamente lo que estaba a punto de preguntar. "¿Crees que la sociedad hace a esta gente violenta y desesperada?"
Arrugó su nariz, miró alrededor hacia la calle, y luego de vuelta a mí. "No lo sé, dulzura," me dijo en voz baja encogiéndose de hombros. "He visto un montón de mierda en mi vida, y sé que cuando no hay dinero, hay desesperación. La gente haría lo que fuera por cuidar de lo que es suyo—mentir, engañar, robar. Incluso matar. Sucede en todas partes, bebé. Es el animal en la gente, creo—el instinto de pelear para sobrevivir. Al menos, eso fue lo que uno de mis oficiales al mando me explicó una vez cuando estaba postrado en cama en la enfermería después de que sobreviviera a esa aldea en ruinas. Estaba tratando de explicar… el porqué."
Miré otra vez alrededor, pensado que tenía razón. El barrio en el que estábamos ahora podría estar en cualquier parte. En cualquier país, en cualquier lugar. De pronto, estaba agradecida de que mi esposo ya no tuviera que viajar a esos lugares. No estaba segura de que hubiera podido ser una buena esposa de militar, porque no podía confiar en nadie más que en mí misma para cuidar su jodida espalda.
Me acerqué a él y presioné mis labios a los suyos. "Apuesto a que fuiste un paciente excepcional. Todo mono y gruñón…"
Edward sonrió contra mis labios. "Ven, tontita, vamos a ver al Predicador."
Salimos del coche, y de inmediato accionó la alarma y esperó hasta que llegué a él, antes de que cruzáramos la calle.
"¿Te parece que vayamos primero al centro?" Preguntó Edward cuando subimos a la acera.
"Sí, ¿por qué no?" Dije con un suspiro, tomando la mano de Edward cuando la "chica trabajadora" se le quedó mirando como un pedazo de carne cuando pasamos frente a ella. Mientras pasábamos, me di cuenta que era tan joven como pensaba, pero sus ojos estaban sombríos, sin vida.
Ignorándola, Edward tiró de la puerta del centro para abrirla, y nos encontramos con risas, bromas y feliz parloteo. El lugar estaba lleno de niños de toda raza y edad, jugando baloncesto, ping-pong, y trabajando en las computadoras. Hasta había una pequeña esquina repleta de sillas y sofás cómodos, donde algunos niños estaban leyendo. El lugar se veía increíble.
"Wow," dijo Edward riendo por lo bajo, echándole un vistazo al lugar.
"¡Edward, Isabella!" Se escuchó el vozarrón del Predicador, levantándose de la primera fila de asientos de las gradas. Su sonrisa era amplia y orgullosa mientras atravesaba el enorme lugar para saludarnos. Estrechando nuestras manos, preguntó, "Es bueno verlos. ¿Están aquí para ver el lugar?"
"A usted también, Predicador," dijo Edward con una sonrisa al mismo tiempo que miraba alrededor. "Sí y no. Me preguntaba si podríamos hablar de nuevo."
"Bueno, déjenme darles una gira rápida, y luego soy todo suyo," se rio entre dientes, colocando una enorme mano cálida sobre mi hombro.
Podía ver el orgullo, la felicidad en el rostro del Predicador mientras nos mostraba todas las cosas nuevas que el centro recreacional tenía para ofrecer. Fue interrumpido unas cuantas veces por entusiasmados niños haciendo preguntas, acusando a alguien, o simplemente alardeando de algún proyecto en el que habían estado trabajando. Podía ver el respeto y amor que tenían por él, pero los niños mostraban mucho más brillo y luz en sus ojos que los adultos que pasamos cuando nos dirigíamos hacia aquí. Era bueno verlo, y era bueno ver el sueño de alguien realizarse. Me hizo tener esperanza por el vecindario que no hace ni diez minutos me hizo cuestionar a Edward.
"Quiero agradecerles de nuevo por Hannah," dijo el Predicador cuando salíamos del centro y cruzábamos el estacionamiento hacia su oficina en la iglesia. "Ha sido… asombrosa."
Sonreí, porque Hannah era una abejita muy, pero muy ocupada. Manejaba, organizaba y negociaba con todas las obras de caridad a las que Twi Tech contribuía. Era una fuerza organizada a tener en cuenta, pero era su dulce actitud de "no hay problema" con la que la gente se enamoraba. Y por lo general sus ideas eran fan-putá-sticas.
"Hannah es genial," concordé con él. "¿Vino y le arrojó ideas como un tornado?"
El Predicador se echó a reír, y sonó como un rugido estruendoso. "Sí, de hecho, lo hizo. Sus ideas vencieron a las mías multiplicadas por diez, no estoy seguro de que haya terminado. Quiere hacer una recaudación de fondos aquí cuando todo esté completamente terminado," nos dijo, sosteniendo la puerta de su oficina abierta. Hizo un ademán hacia los dos asientos en los que Edward y yo nos habíamos sentado antes y se sentó en la silla de su escritorio. "¿Qué puedo hacer por ustedes? No siguen investigando la muerte de Ricky, ¿cierto?"
"No, resolvimos el caso," dijo Edward, dándole al Predicador la historia corta de cómo Ricky había muerto por accidente a manos de su novio, Jeff. "Estamos aquí por una investigación más personal. Este barrio… ¿cuánto tiempo lleva usted aquí?"
"Bueno, crecí justo a la vuelta de la esquina. El único periodo de tiempo que no estuve aquí fue cuando fui al seminario," explicó. "Y eso fue solo por dos años. Mi madre todavía vive en la misma casa, aunque puso barrotes en sus ventanas hace años."
Edward metió la mano en su chaqueta y sacó unas cuantas fotos, alineándolas sobre el escritorio. "¿Conoce a alguno de ellos?" Preguntó.
El Predicador se inclinó hacia adelante para mirar las fotos de Walter, Lilith, Kenny, y Rusty. "Los he visto a todos, creo," reflexionó, estudiando las fotos con atención, pero se acercó la foto de Lilith. "A ella… definitivamente la conozco. Tiene una terrible reputación por aquí. Estaba metida en todo tipo de cosas ilegales. Laura… Layla…"
"Lilith," Edward y yo dijimos al mismo tiempo.
"¡Sí, sí! Eso es. Lilith," dijo con un gesto de su cabeza, mirando de nuevo hacia nosotros. "Laray, ¿verdad?" Corroboró, y los dos asentimos. "Era un desastre. Drogas, prostitución, agresión… y si no estoy equivocado, perdió dos niñas. Una murió, y a la otra se la quitaron…"
"Las dos murieron," dije con un suspiro, sacudiendo mi cabeza, pero Edward deslizó su mano en la mía, frotando su pulgar tranquilizadoramente sobre mis nudillos. "Es una larga historia, Predicador, pero necesito saber si ha estado por aquí recientemente. Si la ha visto o escuchado de que haya regresado."
"Mmm," meditó, frotando su barbilla. "Ninguna de las dos, pero sé quién sí…" Se puso de pie abruptamente, diciendo, "Síganme. Tenemos que ir a ver a la señorita Geneva."
Edward recogió las fotos, y seguimos al Predicador a través de la iglesia, saliendo por las puertas principales. En lugar de dar vuelta a la izquierda para dirigirnos al estacionamiento, dio vuelta a la derecha, caminando unas cuantas cuadras hasta que llegamos a un pequeño callejón. Se acercó a la entrada de una tienda abandonada, poniéndose de cuclillas frente a lo que se veía como un montón de mantas tiradas.
"Señorita Geneva," canturreó con su tono grave. "Despierta, cariño. Necesito hablar contigo."
Las mantas se movieron, y el rostro adormilado de una mujer afroamericana mayor apareció en la parte superior. Parpadeó rápidamente por la luz del sol en sus ojos, pero su rostro sonrió al ver al Predicador. Era pequeña, sin dientes, y ya se reía con dulzura al verlo.
"¡Moses!" Le dijo, levantando sus brazos para abrazarlo, lo que él hizo, de forma dispuesta y cariñosa.
"Señorita Geneva, te ves hermosa, como siempre," le dijo con voz baja. "¿Comiste anoche?"
"Oh, comí algo," dijo elusiva, tratando de no darle importancia, pero él no lo aceptó.
"Bueno, cuando te levantes, ven a verme. Odio comer solo en el almuerzo y lo sabes—y Bonnie está trabajando," le dijo con una dulce sonrisa que me recordó la de Emmett. Un segundo, es todo duro y enorme, y al siguiente aparece una sonrisa infantil que no puedes evitar imitar.
"¿Qué vamos a comer?" Le preguntó, incorporándose, ahora más despierta, y sus ojos chispearon con una pizca de diablura infantil.
"Bueno, si te portas bien, entonces lo que quedó del pollo frito de la cena de anoche, puré de papas y elote," le dijo con una sonrisa de suficiencia, porque sabía que había caído redondita.
Se mofó, rodó sus ojos y le chasqueó la lengua. "Si insistes…"
No pude contener mi risita. Ella era totalmente adorable. Incluso Edward se rio bajito junto a mí.
La señorita Geneva nos vio por encima del hombro del Predicador, y frunció el ceño. "¿Están aquí para llevarme? ¡No me voy a ir, Moses! ¡No puedes ponerme en un asilo! ¡Me hacen cosas!"
"No lo voy a hacer, cariño," le dijo con voz tranquilizadora. "Te prometí que nunca haría eso de nuevo, pero tú me prometiste comer. Te dije que vinieras a buscarme si no podías encontrar algo en otra parte." Tomó su mano y frotó la parte superior. "Ellos son mis amigos. Están buscando a alguien. Y apostaría a que tú la has visto."
"¿Por qué dijiste eso?" Refunfuñó, obviamente todavía desconfiando de él.
Aparentemente, Edward no pudo soportarlo, así que se puso de cuclillas frente a ella. "Señorita Geneva, mi nombre es Edward, y esta es mi esposa, Bella. Estamos buscando a una mujer. Ella… bueno, ha hecho algunas cosas malas, y necesitamos encontrarla antes de que alguien salga lastimado," explicó, usando el tono de voz que normalmente tenía a las mujeres derritiéndose en la palma de su mano.
Funcionó totalmente en la señorita Geneva.
Su mirada se enterneció cuando lo miró, tomando una respiración profunda y dejándola salir. "¿A quién buscan?"
Edward sostuvo la foto, diciendo, "Lilith Laray."
Hizo una mueca, desviando la mirada de la foto, prácticamente empujando la mano de Edward. "Loca mujer," se mofó. "Pensé que el vecindario se había librado de ella, eso pensé. Escuché que la metieron al manicomio," dijo, quitándose sus mantas. Llevaba un jersey de fútbol americano que era dos tallas más grande para ella y unos jeans que habían visto mejores días. "Pero se presentó hace unos días, buscando a Sharky."
Mi boca se abrió, y mis cejas se dispararon hacia arriba. "¿Su distribuidor?"
"Oh, cariño, él ya no vende," dijo, haciendo un ademán con su mano sin darle importancia. "Fue remplazado por Reggie… Sharky ha estado desaparecido desde entonces."
Edward se volvió para mirarme, su rostro serio y sus ojos sombríos. "¿Estás pensando lo mismo que yo?"
Suspiré, sacudiendo mi cabeza y mirando alrededor del callejón, antes de mirarlo a los ojos de nuevo. "Sí estás pensando que Lilith secuestró a alguien más que la perjudicó, entonces sí…"
Primero, fue Christopher Douglas, luego yo, y ahora era Sharky, el distribuidor de Lilith, al que le debía un montón de dinero. Añade a todo eso el asunto con Twi Tech y el aserradero Bradlee… Lilith en realidad buscaba venganza en todos los que alguna vez la habían perjudicado.
"Le debe a Sharky un montón de dinero," le dije a Edward, pero fue el Predicador el que respondió.
"Ya no," se rio siniestramente. "Reggie se adueñó de este barrio el año pasado, así que todos las ventas, deudas, y pagos son de él ahora. Se los compró a Sharky."
"Maldición," dijo Edward con un suspiro, negando, pero se volvió otra vez hacia la señorita Geneva. "¿Cree que todavía esté aquí?" Le preguntó en voz baja.
Lo pensó, y luego se encogió de hombros. "Si lo está, entonces debería de estar en la vieja bodega dos cuadras más allá."
El Predicador asintió, mirándome, y luego a Edward. "Se refiere a la vieja bodega de embarques. Mucha gente usa ese lugar para dormir, pasar el efecto de las drogas, o follar con prostitutas."
Edward bufó una carcajada sin humor, poniéndose finalmente de pie. "¿Se refiere a la bodega que le pertenece a Walter Bridges padre?" Me preguntó, y gemí.
"Ah demonios," dije en voz baja, sacando mi teléfono. "Vamos a necesitar a más que nosotros dos para esto, porque ese lugar es enorme." Miré a la pequeña viejita que estaba siendo ayudada a ponerse de pie por los dos, Edward y el Predicador. "Gracias por su ayuda, señorita Geneva."
Soltó unas risitas como una niña, haciendo un gesto con su mano hacia Edward. "Oh, bueno… ¿tú le has dicho alguna vez que no a ese rostro?"
Solté una carcajada, sacudiendo mi cabeza diciendo que no. "No, señorita. No lo he hecho," me reí entre dientes, palmeando las mejillas teñidas de rosa de Edward.
"Bueno, ahí tienes," dijo riéndose, y luego miró cariñosamente al Predicador. "Ahora, sobre ese pollo frito…"
Cuando se alejaron unos cuantos pasos, tenía a Alice en la línea. "Duendecillo, necesito a quien sea que esté disponible. Edward y yo tenemos una bodega qué revisar…."
(1) Defensa en España, Amarga pesadilla en México y Perú y La violencia está en nosotros en Argentina. Cuatro empresarios de Atlanta: Lewis Medlock, Ed Gentry, Bobby Trippe y Drew Ballinger, deciden navegar un río en piragua en el remoto norte de Georgia. Esperan disfrutar del paraje natural antes de que el valle del río ficticio Cahulawassee sea inundado por la construcción de una presa. Los cuatro hombres tienen sus diferencias en su encuentro con los habitantes del valle, algunos de ellos particularmente salvajes.
(2) Gerald Norman "Jerry" Springer presentador estadounidense nacido en el Reino Unido conocido por el programa The Jerry Springer Show desde 1991. Ha participado también en otros programas como Bailando con las estrellas. Del cual es conocido su muy mala forma de bailar.
(3) Drug mule o solo mula en español es una persona que se le usa para pasar droga por las fronteras y les pagan por ello.
¿Será que estén en esa bodega? Chan can chan chan! Lo veremos en el próximo capi. Pobrecita de Bethy, sintió miedo al ver a Kurt pensando que los malos venían con él. Y el pobre Kurt no sabe porque lo tratan tan bien siendo que él participó en el secuestro, menos mal que Edward ya le hizo ver que le agradece haber cuidado de sus chicas. Ahora, ¿qué piensan sobre la loca de Lilith y sus razones para hacer lo que está haciendo? Ya sabemos de dónde viene toda esa locura. ¿Y será que ya hemos visto todo de este D.D.A? Muchas preguntas por resolver todavía. Espero que hayan disfrutado del capi. Muchas gracias por sus reviews que como ya les dije son lo que nos anima a seguir por aquí, gracias por sus alertas y favoritos y por recomendar la historia a otros.
Ahora, Naty, aquí está un poco de lo que querías saber sobre qué le pasó a Lilith. ¿Pero será suficiente para justificar lo que ha hecho?
Willie Evies me pregunta si voy a traducir las cuatro historias escritas por Drotuno y las respuesta es sí, al menos ese es mi plan y espero llevarlo a cabo. De nuevo, gracias por acompañarme y nos leemos en la próxima actu.
