Aviso: Habrán algunas escenas de sexo explícito, pero NO vulgar, así como también algunas palabras altisonantes en momentos requeridos durante la trama, pero NO serán frecuentes, si entiendes que esto es un inconveniente para ti, tienes la libertad de abandonar la lectura cuando gustes.


Inocente

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 14


Fue un beso corto, un ligero roce de labios, poca humedad, una sensación muy distinta a las que ella había experimentado. Nada que ver con los besos torpes de hormonas revueltas que le había dado Henry, o con los ardientes besos de Terry que la dejaban mareada y febril. Dulce es lo que describiría esa sensación.

—¿Debo correr por mi vida?— Le preguntó al ver que ella no decía nada.

—No...— Contestó parpadeando y con una sonrisa tímida mientras lo miraba a los ojos.

Después de Terry, ella no se había visualizado con nadie más, ella había creído que él era el amor de su vida y se había creado todo un mundo a su lado, una fantasía, pero Terry ya no estaba y tras más de un año, tendría que aceptar la realidad. No había forma de rescatar un amor así, un enredo tan espinoso, un laberinto de lava volcánica.

—¡Papi! Tengo sed...— Llegó Alex de pronto, ella entretenida no había presenciado el beso, su padre tuvo ese cuidado.

—Eh... no tengo agua...

—Yo tengo una botella extra.— Ofreció Candy y de uno de los bolsillos del bulto de Jazmine sacó la botella y se la extendió a la niña.

—Gracias.— Esa vez la mulatita le sonrió. Eso ya era algo.

—Alex, suave...— Kayden le quitó la botella.

—Es que... cof, tenía, cof, mucha sed...— Respondió tosiendo ahogada.

—Se te fue por el galillo viejo.— rió Candy y le palmeó la espalda.

—Jajajaja. Mi mamá también dice eso cuando me ahogo. O cuando me atraganto.— Volvió a sonreir mostrando el ventanal que dejaban el espacio de sus dientes delanteros.

Se fue a seguir jugando y Candy, como si tuviera quince años, no hallaba como mirar a Kayden, eran muchas emociones juntas. Él pasó su mano suave por la cara de ella, hasta que al fin ella lo miró. Él era hermoso, no había quien lo dudara y esa sonrisa derretía, no porque fuera seductora, es que tenía algo de niño, muy pura. Sus ojos azules, no tenían el fuego de Terry, ni reflejaban ese mar inquieto que la ahogaba, los de Kayden parecían estar siempre en paz, la hacían sentir tranquila, confiada. Su rostro enmarcaba un perfil varonil y como Terry, tenía la mandíbula cuadrada, rasgos preciosos, debieron ser heredados por parte de su madre.

—¿Puedo darte otro beso?— Ella se mordió el labio, dubitativa, y luego asintió.

Entonces volvió a experimentar otro beso tierno, su tacto suave al momento en que su mano, con delicadeza sostenía su rostro. La trajo al presente cuando el beso breve terminó, con el sonido peculiar de los labios al despegarse, los ojos de Kayden la miraron con un brillo especial, ella se relamió los labios por un segundo. No podía negar que le había gustado, pero tampoco podía evitar que su mente se encrucijara de recuerdos y ciertos remordimientos por Terry. Miró a su hija y sentía que algo estaba haciendo mal, no lo demostraba ante Kayden, pero en contraste con el disfrute del beso, de lo bien que se sentía a su lado, estaba aturdida. Jazmine comenzó a llorar de pronto, debía tener hambre.

—Traje también unas galletas, no sé si Alex quiera...

Kayden la llamó y tuvieron una merienda mientras Candy le daba el biberón a Jazmine y Alex observaba todo. Parecían una familia, para que el que veía y no sabía, eran sólo una familia más.

—¿Y sólo tienes esa bebé?

—Sí. Sólo ella.— Candy le dio otra galleta.

—¿Y vas a tener más?

—Bueno...

—Yo quería tener un hermanito, pero mamá y papá no querían...

—Es que a veces no se puede, los bebés son muy caros, ¿sabes?

—No es cierto. Son gratis. Y sólo toman leche.

—Ah, pero toman muuuchaaa leche.— A Candy le divertía la conversación.

—Pero los papás trabajan y tienen mucho dinero para comprar mucha leche.

—No vas a ganar con ella, Candy.— Dijo Kayden encogiendo los hombros.

—Me gustan tus uñas. ¿Tú te las pintaste?— Alex tomó la mano de Candy para admirar sus uñas que tenían delicados y hermosos diseños.

—Me las hizo una compañera de clases, pero yo también sé hacerlas.

—¿Todavía vas a la escuela?

—A una escuela de uñas, sí.

—¿Y me podrías pintar mis uñas así?

Ya la niña iba entrando en confianza y estaba muy cerca de Candy, arrodillada en el suelo, pero con los brazos en el regazo suyo, admirando las uñas, Candy no pudo evitar acariciarle el enroscado cabello con curiosidad.

—¡Qué bien! ¿Para ésto es que querías que te dejara a la niña?— Una mujer llegó de pronto y todos se espantaron, incluso la pobre Jazmine dio un respingo ante la aparición repentina de la extraña.

—Camille, ¿qué te pasa? ¿Cuál es el problema?— Kayden se puso de pie en seguida, preocupado y desconcertado.

—Te dejé a mi hija a ti, es tu responsabilidad, ¿por qué tiene que estar mi hija con esta mujer?— Señaló a Candy.

La mujer, mulata también, guapa, pero con cara de arpía rompió el encanto de esa hermosa tarde de domingo.

—No veo nada de malo en que mi hija comparta con mis amistades. De hecho, la está pasando muy bien, ¿no será eso lo que te molesta?

—¿Amistades? ¡Ja! El tiempo para tu hija, es para ella, cuando tu hija no esté, entonces puedes quedar con tus amiguitas, ¡pero en presencia de mi hija no!— Agarró a la niña para llevársela.

—Pero mami, sólo estábamos jugando, hacíamos un picnic...— Alex buscó los ojos de su papá, como pidiendo ayuda. La pobre ya había pasado por mucho.

—Despídete de tu papá, nos vamos a casa.— Sentenció.

—¡No quiero!— Hizo una perreta y voluntariosa, se aferró a las piernas de su padre.

—¿Ves lo que has hecho? ¡Por tu culpa ella es así!— Le recriminó a Kayden.

Candy comenzó a recoger todas las cosas apurada, Jazmine estaba llorando, ella no quería seguir presenciando esa dísputa y además, el cielo de pronto se había nublado y ellos iban a pie.

—Alex, ve con mamá. Yo iré por ti el próximo domingo, ¿está bien?

—Pero yo me quiero quedar contigo para siempre...— Dijo llorando, un llanto que rompió a Kayden en mil pedazos.

Tuvo que dejar ir a su hija una vez más. Una vez más, la engreída y caprichosa Camille le había arruinado un día que pintaba ser hermoso, un día en el que pensó que había avanzado mucho, con su pequeña, con Candy...

—Candy, espera. Lo siento, no pensé que... Deja que por lo menos te acompañe de vuelta.

En silencio, Candy pensaba en su mala suerte, pensó que había dado un paso hacia adelante, pero la vida siempre parecía traerle complicaciones. Por otro lado Kayden estaba mortificado, pensó que la había perdido antes de tenerla.

—No te preocupes, Kay. Fue un día maravilloso a pesar de todo...— Le dijo ya en la puerta de su apartamento.

—Supongo que después de lo que pasó, no tengo oportunidad, ¿verdad?— A ambos se les hizo un nudo en la garganta.

—Creo que nuestras vidas son muy complicadas. No creo que estemos listos para... para una relación.— Candy abría la puerta con la llave y pasó primero con el coche de Jazmine.

—No es justo. Yo tengo derecho a hacer una vida y además no hice nada malo. Ella no tiene ningún derecho a...

—Tal vez le preocupa su hija, tal vez... no esperó verme a mí, las mujeres somos complicadas, Kay...

—Candy...

—¿Sí?

—Siento que al fin logré algo contigo, no dejes que ella lo arruine, por favor...— Le suplicó acariciando suave su cara.

—Kayden, lo que pasa es que...

—Por favor...— La volvió a besar.

—Está bien. Pero ahora... ahora necesito descansar, nos vemos mañana.— Asintió y se fue.

Candy durmió a Jazmine y la dejó en su cuna. Se puso cómoda y se recostó ella también un rato, pero no durmió, sino que muchos pensamientos la atormentaban. Pensando en lo que había pasado en el parque, se preguntó si sería igual con Jazmine y Terry. Si vivirían en esa guerra por la niña, si un tercero complicaría las cosas. Eso era lo que más le aterraba de buscar a Terry y decirle de la niña, la batalla que podría desatarse y lo vulnerable que ella había quedado.

...

Tres meses después

Hellen ya se había mudado al apartamento de Terry, era tarde en la noche, ella dormía plácidamente, pero él no conciliaba el sueño. Se levantó y comenzó a vagar por el apartamento, fue a su despacho a encerrarse un rato.

Abrió la puerta y caminó sobre el suelo alfombrado para ir a su escritorio, descalzo, sintió que algo le pinchó la planta del pie. Recogió del suelo el pequeño objeto que lo había pinchado.

El piercing del ombligo de Candy... ¿cómo pudo llevar eso tanto tiempo ahí tirado? Se quedó mirándolo, recordando.

—¿Te dolió?— Le preguntó jugueteando con él, con ella sentada en su regazo que había interrupido su trabajo.

—La perforación no, pero luego sí molesta un poco, cuando me doblaba y eso... tarda bastante en sanar...

—Umm.

—Jack... ¿piensas que me veo sexy? Es decir... ¿no crees que me hacen falta más pechos o más trasero...?— Se apretó los pechos, examinándoselos, no dándose cuenta que lo estaba provocando demasiado con eso.

—Tú eres preciosa, mi amor.— La besó y la acarició toda, en cada curva.

—Es que estaba pensando en aumentarme los pechos, al menos una copa C...

—No. Eres perfecta para mí.

—Pero...

—No me gustan los cuerpos de mentira, Candy. Te prefiero así, pequeña, perfecta.— Le sacó la blusa.

Él la amaba así, exactamente por ser todo lo contrario a Susana. Terry nunca se había fijado ni fantaseado con una universitaria, siempre había estado con chicas de su misma edad, pero Candy, su dulce e inocente Candy había roto todos sus esquemas. La amaba por lo pura y natural que era, por lo perfecta y delicada. Esa niña lo había llevado a expirementar sentimientos y un amor muy distinto del que hubiera sentido.

—Me gustas tal y como eres, mi niña preciosa.— Besándola, le quitó el piercing y besó su ombligo al natural, soltando la pequeña joya sobre el escritorio de donde debió haberse caído.

Le hizo el amor como una de tantas veces. Llegó a tener el temor de haberla embarazado en varias ocasiones, pues a veces, el fuego era tanto, que pasaban la protección por alto, pero así pasaron ocho meses y nunca pasó nada... por fortuna, pensó.

—He querido ir a buscarte muchas veces... pero tú mereces ser feliz... olvidarme y ser feliz, vivir, lejos de mi odio, del daño que te hice... eres tan joven... mereces volar, Candy, vivir, encontrar a alguien de tu edad, alguien que no haya vivido tanto como yo, alguien que todavía tenga sentimientos, tú estabas tan llena de ellos y yo tan vacío. Ojalá me hayas perdonado. Y olvidado...

Se puso a pensar en qué habría sido de su vida, qué estaría haciendo... entonces, de momento, tuvo un gran atisbo de iluminación. ¿Qué podría estar haciendo si él los había dejado sin un centavo? Ella no tenía nada que ver con lo que le habían hecho, lo había amado ciegamente y él en cambio, había hecho pedazos su mundo... ¡en qué estaba pensando!

Tomó su chequera del cajón del escritorio y un bolígrafo. Llenó el cheque, por la misma cantidad que Albert había invertido. Era lo mínimo que podía hacer. Lo llenó a nombre de Anthony, porque sabía que Candy era capaz de hacerle tragar el cheque, de hecho, podría ser que el mismísimo Anthony también. Pero y si la buscaba... si la veía... no se creyó capaz de dejarla ir una vez más, sería un reencuentro muy doloroso y además...

—Con que aquí estabas...— Hellen apareció en el umbral, con su sexy bata de dormir.

—Estaba buscando el sueño y creo que ya lo encontré.— Le sonrió guardando el cheque.— ¿vienes?— Le extendió la mano y juntos regresaron a la habitación.

...

Jazmine era una niña preciosa de seis meses, ya agarraba su biberón y se sentaba. Se parecía más a Terry coforme pasaban los meses, lo único que tenía de Candy eran las pecas sobre su naricita. Ya Candy había completado el curso de Técnica de uñas y trabajaba los viernes y sábados en un salón de belleza. Su relación con Kayden también iba en progreso, no había sido fácil, pues ambos tenían un historial complicado y aunque su corazón seguía latiendo por Terry, había aceptado que no lo olvidaría.

—Candy, de hombres como Jack, jamás se sale ilesa. Te romperá el corazón, te robará el alma... pero no querrás retroceder...— Recordó aquellas palabras de Susana.

Pero la vida continuaba, y si bien no lograra olvidarlo, iba a enamorarse otra vez e iba en buen camino. Junto a Kayden, estaba viendo apartamentos más grandes, habían encontrado uno de dos habitaciones, amplio y en una zona más urbana, sólo faltaría entregar el depósito y ese fin de semana, se mudarían y sería definitivamente una nueva vida.

—Vamos a cambiar ese pañal...— Candy se dio cuenta de que a Jazmine sólo le quedaban dos pañales, así que decidió ir a la farmacia a comprar más, entre otras cosas que necesitaba.

Como de costumbre, además de los pañales, comenzó a echar muchas más cosas en el carrito. Más biberones para Jazmine, un nuevo chupete, con la esperanza de que con eso dejara de chuparse el dedito al que ella parecía sacarle sabor. Feliz estaba la bebé sentadita en el carrito, tocando y tumbando lo que hallaba a su paso.

—Jazmine, pórtate bien, nos echarán de aquí.

La bebé comenzó a reirse con alguien, Candy no le dio importancia, estaba acostumbrada a la que gente le hiciera moriquetas para hacerla reir. Se dobló a escoger unos esmaltes y otros materiales relacionados a las uñas. Jazmine dejó caer el chupete que Candy se empesinaba en que ella chupara, el hombre que le hacía moriquetas lo levantó del piso y fue a dárselo. En eso, Candy se levantó.

—Gracias...— Dijo, pero cuando hizo contacto visual con ese hombre, se puso pálida, ambos.

—¡Candy!— Terry la miró sintiendo el corazón desbocarse, entonces volvió a mirar a la niña que seguía sonriendo ajena a todo.

Sin pensarlo dos veces, la sacó del carrito de compras, la cargó para irse.

—¡Candy! Espera...

Terry salió corriendo detrás de ella, persiguiéndola. Unas personas se le atravezaron y la perdió de vista. Candy por fin llegó, con Jazmine cargada, que pesaba bastante ya, dio al fin con las llaves y trataba de abrir la cerradura, pero sus manos temblaban tanto que las llaves se le cayeron, las recogió y logró abrirla, pero Terry llegó a ella.

Candy intentó cerrarle la puerta en las narices, pero fue imposible, su imponente figura se adentró y cerró la puerta. Candy temblaba con la bebé en brazos. Terry sólo las miraba, sin decir ni una palabra.

—Esa niña...— las palabras ni le salían, pero el terror y el temblor de Candy disipó sus dudas.

—¿Qué estás haciendo aquí, Terrence?— Retrocedía mientras él se acercaba.

—No pensabas decírmelo nunca, ¿verdad?— Su tono bajo le producía terror y se acercaba más y más.

—Yo...

—¡Me ocultaste a mi hija!— Gritó lleno de dolor, mirándola con un aire de desprecio.— Del grito, Jazmine se puso a llorar.

—¡Tú no te la merecías! Después de todo lo que me hiciste no te merecías estar en nuestras vidas.— Respondió con el mismo dolor.

—¡Esto es diferente! Entiendo que me odies y no te culpo, pero... ¡Mi hija! ¿qué diablos pasó por tu cabeza?

—Deja de gritar, estás atemorizando a mi hija.

Terry escuchó el dulce llanto de la niña y por un instante se ablandó, bajó la voz y sólo se quedó mirándola. Era la bebé más bella que hubiera visto nunca, sus ojos se aguaron y sus lágrimas bañaron ese rostro varonil y suavizaron su expresión dura. La niña dejó de llorar un momento, sus ojazos azules lo miraban penetrantemente, con abierta curiosidad y comenzó a chuparse su dedito. Se acercó un poco más y extendió los brazos para que Candy se la diera.

—A... a ella no le gustan los extraños...— retuvo a la niña renuente, Terry la atravesó con la mirada más dura y suavemente, le quitó a la niña, cargándola por primera vez.

Sostuvo su pequeño y rechoncho cuerpecito, la sensación fue indescriptible. Jazmine lo miraba con extrañeza, pero no lloró. La abrazó fuerte, moliendo casi sus huesitos y la llenó de besos, de una corta distancia, Candy también lloraba.

—Eres preciosa.— Pellizcó una de sus mejillas y la niña sonrió, luego tomó el dedo índice de Terry y se lo llevó a la boca, lo mordía con sus encías desdentadas.

—Tiene hambre.— Comentó él al ver que la niña le mordía el dedo con tanto ímpetu.

—Se está rascando las encías.— Le explicó ella.

—¿Cómo pudiste hacerme esto?— Le reclamó sin soltar a la niña, sus ojos destilaban fuego y rencor, los de ella también.

—Es muy buena pregunta. Yo también me pregunto lo mismo, ¿cómo pudiste tú engañarme tanto tiempo?

Tragó grueso y la observó en silencio por un instante. Estaba tan bella como siempre, con el mismo orgullo, la misma altivez, en la sencillez de su ropa, él pudo apreciar una silueta más madura y curvilínea, las caderas más pronunciadas y acentuadas, los pechos más llenos, su escrutinio hizo que a ella se le electrizara la piel.

—Yo no espero tu perdón, Candy. Lo que te hice jamás me dejará dormir en paz, pero esto, esto tampoco te lo perdonaré nunca. Eres una egoísta, una niñata inmadura, ¡se trataba de una niña inocente!

—¡No te hagas el digno conmigo! ¿A caso no era yo también inocente? ¿No era inocente cuando me usaste para tu juego? Me enamoraste, me utilizaste... me embarazaste y me dejaste a la deriva, ¡sin un puto peso! ¿Crees que yo iba a querer a un padre así para mi hija?

—¡Sé muy bien lo que hice! Te pedí perdón, te supliqué y te rogué que te quedaras conmigo, te ofrecí reponer lo que te había hecho, me enamoré de ti, ¡te amaba! Y jamás, jamás te hubiera dado la espalda sabiendo que estabas embarazada.

En medio de todo, de los gritos y la algarabía, Jazmine lloraba asustada sin comprender nada. Terry volvió a hacer una pausa y meció a la niña, le dio un beso y trató de calmarla, Candy lo miró. Tan guapo como siempre, su presencia tan fuerte y avasalladora, su gesto duro que se suavizaba cuando tenía un arrebato de ternura, como en ese momento en que besaba las mejillas de su hija.

—¿Cómo se llama?— Preguntó entregándosela porque la bebé no se calmaba.

—Jazmine...— Respondió y se la pegó al pecho.— Un gesto que sorprendió a Terry y lo atontó por un rato. Candy dándole el pecho a su hija, como si fuera lo más natural del mundo.

Le dio más rabia todavía. De haber sabido, sin duda, no la habría dejado ir. Habría vivido de rodillas ante ella si fuera necesario, pero la tendría a su lado y su vida estaría llena de momentos como esos. Pero era tarde para todo eso, sintió más rencor hacia ella.

—No quiero a mi hija viviendo aquí, en esta...— miró con desprecio todo a su alrededor.

—Tu hija ha sido muy feliz aquí. No le ha faltado nada y vive rodeada de gente que la quiere. Y esta... lo que fuera que ibas a decir, lo conseguí con mi sacrificio, con mi sudor. ¿Tienes idea de lo que ha sido mi vida en este último año? Todo lo que rodé, asustada, perdida... todo lo que ves aquí, ha sido el fruto de mi esfuerzo, de mi trabajo... y sí, también la caridad de algunas personas que... que se preocuparon por mí. ¿Ves a tu hija? Está hermosa, está sana, es feliz y nada de esto te lo debo a ti.

—Tú y tu familia tienen un maldito orgullo tan irracional... ¡cómo puedes llamarle vida a esto! Por querer hacerme daño, privaste a tu hija de una vida... digna. ¿Realmente hiciste esto pensando en ella o en ti?— Le dijo y le sacó las lágrimas, tal vez él tenía razón.

—Prepárate y prepara a la niña, nos vamos a Nueva York.— Determinó, mandó y ordenó.

—¿Disculpa? ¿Qué te hace pensar que quiero ir contigo a Nueva York?

—Candy, lo que tú quieras, me vale. Iremos a Nueva York, allí, mis abogados tramitarán todo lo referente a la niña, tendrá mi apellido, recibirás una pensión y mi hija vivirá decentemente. Además... te devolveré todo tu dinero...

—¡Ah, qué generoso!— se burló ella.

—Por última vez, Candy, prepara tus cosas y vámonos.

—¡No iré a ninguna parte contigo! ¡Tengo una vida aquí!— Y para que las cosas se explicaran mejor, comenzaron a tocar la puerta.

—Candy, ábreme.— Pidió Kayden y ella se puso nerviosa, sobretodo por la forma en que Terry la miró.

Temblando como gelatina, fue a abrir la puerta. En seguida, Kayden la recibió con un beso en los labios.

—¿Por qué tardaste tanto...?— Mientras se adentraba, pudo ver a Terry y ambos hombres, por distintas razones se quedaron helados, ambos por distintas razones, hirviendo de celos.

—Kayden, él es el padre de Jazmine...— le temblaba la voz, temiendo lo peor.

—¿Y él quién es?— la voz de Terry retumbó.

—Es mi novio.— Respondió con orgullo aunque le estuviera temblando hasta el cabello.

La expresión de Terry se desmoronó por completo. Los celos lo estaban ahogando, destruyendo. Candy ya lo había olvidado, había iniciado una vida y... ese hombre estaba no sólo en su vida, sino en la de su hija.

—A eso le llamas tener una vida aquí, ahora lo entiendo... ¿para qué decirme de la niña si ya estabas muy ocupada buscándole otro padre?

—¡Tú no tienes ningún derecho a reclamarme nada! ¿A caso tú has vivido en celibato? ¿Crees que no sé que estás también con alguien?

Terry no le contestó. Ella tenía razón. De todas formas, había mucho odio y rencor en medio y él también tenía una vida, con Hellen... ambos tenían una vida y ninguno estaba en posición de reclamar nada. Pero no podía evitarlo, no podía evitar sentir celos, porque la amaba, sus sentimientos no habían cambiado, y ahora que sabía que tenía una hija, esos sentimientos se habían vuelto una cadena más fuerte.

Kayden permanecía a su lado, ella se refugiaba en él, temiéndole a la furia de Terry. Ella había amado esa furia en otros tiempos, esos arrebatos que terminaban en largas horas de pasión, pero ahora era distinto.

—Candy...

—Si quieres reconocer a tu hija y hacer valer tus derechos, no me opongo, pero tendrás que hacer los trámites aquí, en Chicago. Yo no iré contigo a ninguna parte.— Contestó con su típico gesto altivo, pero a la vez con dolor. Preguntándose por qué las cosas tenían que ser así.

Continuará...


¡Hola!

Sé que el asunto de que si deben continuar sus vidas con otras personas o que deben estar juntos a como de lugar ha traído discrepancia, según sus comentarios, a mi tampoco me gusta ver a Terry con otras viejas, ni a Candy con otros, pero hay que ser realistas y objetivos, en la vida real, uno continua y nadie le guarda luto a nadie y aunque obviamente terminarán juntos tarde o temprano, tomaron decisiones y acciones que trajeron consecuencias y no se pueden pasar por alto así como así o decirle a sus respectivas parejas, "sabes que, llegó mi ex, empaca y vete", no niñas, recapaciten, eso no se hace jajajajaja.

Otra cosita, yo puedo entender que amamos a Terry sobre cualquier personaje y a nuestros ojos, ninguno puede competir con él sin importar sus atributos, pero yo no creo que Kayden por ser "mulato" sea incompetente, para mí eso es despectivo y racista, sobretodo, porque yo, la autora, soy mulata, tal vez no haya sido con el ánimo de ofender, estoy casi segura de que no, pero así fue como se sintió y podría malinterpretarse (aquí leen personas de muchas nacionalidades). Personas feas y lindas (a nuestros ojos, discreción y opinión) las hay en todas partes y vienen en todos tamaños, colores y sabores, hay blancos lindos y feos y también hay negros y mulatos lindos y feos, la belleza no tiene que ver con el color, el que es lindo, es lindo sin importar si es blanco de ojos azules, o negro de ojos cafés, y si es feo, lo mismo, es feo y punto, jejeje. Pero debemos recordar también que hay muchas cosas que nos embellecen o nos afean, como nuestras actitudes y nuestros sentimientos, si bien he dejado claro que físicamente Kayden es competente, también es un personaje tierno y atento, cualidades que enamoran más allá de lo físico.

Ojo, que no he comentado esto para traer disgustos, ofensas o contiendas o para que comiencen una Guerra en contra de nadie, fue solo algo que sentí expresar y aclarar, así que no lo hagamos más grande de lo que es. Todas y cada una de ustedes son importantes, son fundamentales para mí, por su tiempo y apoyo, su confianza, no importa que nuestras opiniones difieran, pues cada una somos un mundo aparte y eso hay que respetarlo, más que agradecidas con ustedes por leerme, por su valioso tiempo.

Gracias a todas por sus comentarios, opiniones y sugerencias, las quiero,

Wendy!