sam-ely-ember: Si tuvieran una buena oportunidad para golpearme, sería esta, ¿qué me ocurre, Dios? Intentaré compensar la espera con un explosivo final.

Ahora bien, finalmente tengo mi copia de The Host (llora y abraza el libro) ¡es tan genial! Dios, tienen que leerlo, es simplemente fabuloso, le patea el trasero a Twilight por mucho, he llorado como si hubiese muerto mi perro (ah sí, tengo perro n-n) Pero lo raro del asunto es que, sin haberlo leído cuando comencé esta historia, Invasion tiene mucho de The Host ._. y eso da miedo. Anyways, pude tomar varios elementos para terminar esta historia, cosa que me estaba dando problemas -w- sobre todo para ubicar el personaje de Jacob, mi primer psicótico degenerado en forma y que amo.

Disfruten y gracias por leer, por sus reviews, por sus ánimos pero sobre todo por su paciencia. Nos vemos en mi próxima historia, cuyo playlist será largo y tedioso, igual que los capítulos, preparen esos softwares-páginas de descarga porque habrá mucho por bajar.

Como es costumbre, no hablaré al final del capítulo así que diré todo así: las cosas no podían terminar de otra forma, es triste pero creo en la filosofía de que cada quien recibe lo que el karma haya predicho.

Recomendación musical: Leave out all the rest © Linkin Park.


Capítulo 10: Desterrada

Cuando desperté noté que en realidad no había colapsado, era un sucio truco de mi consciencia que se había empeñado en hacerme sentir cansada y derribada cuando en realidad aún estaba apoyada sobre las rodillas y la vista era ocupada por el suelo de la habitación oscura.

Los últimos minutos colapsaron con furia en mi cabeza y recordé dónde estaba, pero lo más importante: que no estaba sola. Levanté el rostro y lo giré hacia, donde creía, estaba mi acompañante. Daniel estaba inmóvil, esperando a que yo fuese quien se pusiera en movimiento.

Le complací. Me levanté y luego de llevar el largo mechón de cabello que se había posado sobre mi cabeza tras mi hombro izquierdo, le miré fijamente. Esa expresión de su rostro, llena de confusión, tristeza, odio, pero aún más aterrador, envida, me hizo reflexionar en algo: el pensamiento de Samantha estaba errado, incluso mi propio pensar lo estaba, él no era como Gabriel, no en lo absoluto, esa mirada de desprecio y agonía era la misma que Jacob me había dado antes de acabar con mi vida. Todo había sido la culpa de un sujeto como Daniel, alguien que creía tener absoluto dominio sobre algo que no le pertenecía.

Samantha se mostró muda en un rincón de mi cabeza, reflexionaba en aquello que yo había acabado de descubrir, sus frágiles intentos por hacer que Daniel luciera como el hombre que yo había amado solo con el propósito de no lastimarle, habían sido un esfuerzo inútil, solo logró que mi odio por él se avivara. Ella asintió, yo tenía razón.

-Tú.- Le dije, me prestó atención estupefacto cuando mi voz sonó triste. -¡Todo es tu culpa!

-¿De qué estás hablando?

-¡Fue alguien como tú quien me hizo lo que soy! ¿Crees que todo gira a tu alrededor, verdad? ¡Esto no se trata solo de ti! Solo te importa lo que pase con ella porque te afecta a ti, solo a ti, pero eso no es cierto. Eres un maldito egoísta, ¡eso es lo que eres!

Pero, Leila… Samantha estaba dubitativa.

Y no podía culparla, era yo quien la defendía de algo que parecía carente de sentido. ¿En qué momento había contemplado la posibilidad de estar en el mismo bando que mi anfitriona?, aún más, ¿qué era esa sarta de palabras que había escupido pensando no en Daniel, sino en aquel tipo que se hizo llamar mi amigo para tomar mi vida por un amor no correspondido? Había perdido la cordura.

-¿Y tú con qué derecho me acusas?- Se defendió el chico. -¿No fuiste tú quien tomó un cuerpo sin permiso? ¿No fuiste tú quien irrumpió en nuestras vidas causando dolor? ¡Eres tú la egoísta!

Bien, el sujeto tenía su punto, pero, ¿no hubiesen resultado mejor las cosas si él no fuese obstinado y hubiese decidido quedarse apartado desde un principio?

En ese caso, deberías estar molesta conmigo, intervino Samantha, fui yo quien se interpuso en tu propósito. Además, fue Jacob quien te causó daño, no fue Danny, y no estoy de acuerdo en que él exija dominio sobre algo que no le pertenece…

¿Qué tanto estarías dispuesta a dar por él?, pregunté curiosa.

No lo sé, respondió, pero déjalo fuera del asunto, no es su culpa.

Eso es lo que ella creía. A mi parecer, sin importar las circunstancias Daniel era el mayor obstáculo en mi camino y sí estaba equivocado al pensar que todo giraba a su alrededor. Era su culpa que yo me encontrara encerrada en un almacén en medio del aeropuerto intentando alcanzar un vuelo que no demoraría en despegar.

Una especie de gruñido inconforme brotó de mi garganta cuando mis ojos se posaron de nuevo en la figura enervada de Daniel, ¿cómo era posible despreciar tanto a alguien tan ajeno a mí? Levanté mi brazo derecho hacia él con la palma abierta, dejé que la tensión fluyera por el brazo mientas él comprendía mis intenciones.

-Apártate. De mi. Camino.- Dije pausado, entre dientes. –De verdad, no quiero hacerlo.- No precisamente por no lastimarle, sino porque sería más doloroso para mí.

-Devuélveme a Sam.- Escupió enojado, sonreí.

-Eso es justo a lo que me refiero.

Disparé, y el ardor en la palma de la mano me hizo cerrar los ojos, escuché un golpe sordo del otro lado de la habitación y sin detenerme a mirar, me di la vuelta, abrí los ojos y crucé la puerta para continuar corriendo en medio del aeropuerto. La enorme pantalla que anunciaba los vuelos mostraba que el mío era el siguiente, si tenía suficiente suerte podría abordarlo a tiempo. Mientras corría, el ardor de la palma se extendió por todo el brazo y tuve que sostenerlo con el brazo izquierdo para no perder el ritmo y no sentir el indeseable cosquilleo por el movimiento.

Eso es porque lo olvidaste. Samantha retomó nuestra antigua conversación. Cuando estábamos en el hospital, él lo dijo, no forzaría una decisión. No lo conoces como yo.

¿Qué no lo entiendes? Refuté. ¿Quién te asegura que en cualquier momento no te dejará y estarás aún más destrozada de lo que te encuentras ahora? ¿Podrías soportar eso?

No, no podría. Pero eso no significa que le haré daño. Por favor, deja de correr.

Debo huir, lo sabes.

Deja de correr.

No era una discusión, era una súplica. Me detuve aminorando el paso. Ella ya no deseaba pelar conmigo, la razón era evidente: no funcionaría. El hilo de nuestros pensamientos ciertamente era distinto pero había algo en común: miedo. No miedo a perder, no miedo a recuperar nuestras detestables vidas, era miedo al dolor. El dolor de sentirse devastada y sola cuando el mundo parece no detener su marcha y te quedas atrás, dolor de sentir incertidumbre y desasosiego. Dolor de no saber qué hacer cuando todo está en crisis. Dolor de amar y perder. En mi caso: de nuevo.

¿Y qué hacer entonces? ¿Quedarme, pelear?

No, eso no está bien. Solo…déjame despedirme.

¿Perdiste la razón?

¿Se estaba…rindiendo? ¿Luego de luchar, de superar el vacío, de no dar brazo a torcer durante estos meses? Eso me dejó confundida. Había jurado que su intención absoluta era destruirme. ¿Qué le había hecho cambiar de parecer?

-¡No te distraigas!- Una voz colérica atrajo mi atención y algo blanco pareció chocar con mi costado. Sentí volverme intangible, no a voluntad, mientras atravesaba una pared. Rodé y por temor al mareo no abrí los ojos hasta detenerme por completo. Me levanté despacio, abriendo los ojos lentamente y un espacio basto, vacío, yacía a mí alrededor: zona de carga.

Daniel lucía su forma fantasma frente a mí, los dientes apretados y el ceño fruncido a tal punto que sus cejas parecían tocarse entre sí.

-Phantom.- Susurré irónica. –Presumido.

¿Ves a lo que me refiero?, dije a Samantha, me atacó, aún teniendo tu cuerpo, no le importa nada a excepción de salir victorioso.

Ella guardó silencio.

-¿Querías una pelea? La encontraste.- Su voz sonó profunda e iracunda.

-De acuerdo. Anda, ¡dispárame!- Abrí los brazos en señal de rendición, retándole. Él cerró los puños pero no actuó. -¿O temes lastimar a tu querida Sammy? ¡Dispara, Phantom! No tendrás otra oportunidad como esta.

No va a disparar.

Lo hará.

¿Qué sabes tú?, no eres un fantasma.

Soy su mejor amiga.

Yo me equivoqué.

Disparó y la luz producto del rayo verde me cegó. ¿Daniel había…sacrificado a Sam con el propósito de salvarla? ¿De eso se trataba la promesa? No, no podría ser tan idiota, ¿o sí? Sentí una presión en mi pecho y me empujó hacia atrás. Sentí…desprenderme. Temí. Por primera vez en mucho tiempo sentí temor de esa sensación indescriptible, como si algo te fuese arrancado dolorosamente.

Abrí los ojos. El cuerpo de Samantha cayó inerte sobre los brazos de Daniel que había ido a su encuentro. Claro, él no podría sacrificarla, de alguna forma logró sacarme del cuerpo de la chica; sentí un escalofrío –si es que los fantasmas pueden sentir algo, me agobiaba la sensación de desprotección.

¿Esto…había sido todo?

-La lastimaste. Y pagarás caro por eso.- Daniel habló apesadumbrado, no levantó el rostro pero eso logró darle un tinte más siniestro a la situación. Él iba a destruirme.

No tendría tiempo de huir, no tenía como luchar, no tenía cómo sobrevivir.

-Danny, espera.- Habló una voz débil. Samantha se escuchó diferente al no hablar dentro de mi consciencia. –No tienes que hacerlo.

-Sam…

-Confía en mí, ¿está bien?- Ella rozó su mejilla y él asintió. –No sé cómo decir esto, Leila.- Levantó el rostro y sus ojos se posaron en mí, me sobresalté. –Yo te perdono. Es decir…si alguien me quitara a Danny de esa forma yo…no sé lo que haría. La razón para no negarme a huir fue esa, no más dolor, no más daño.

Daniel gruñó al verme.

-Aún así,- continuó ella, -si vuelvo a saber de ti, y créeme que no será difícil, seré yo misma quien te busque, te cace y acabe contigo. ¿Entendido?- Asentí. Decidida como estaba, Samantha sonaba…feroz.

-Samantha…- dije casi imperceptiblemente. -¿Cuál…cuál era la promesa de la que él habló?

-La promesa…Oh. Yo prometí…- se sonrojó. –prometí ser su primer todo.

-¿Su…qué?

-Su primer todo. Su primer amor, su primer beso…todo. Éramos niños.- Sonrió.

-No te debe explicaciones.- Avisó Daniel al mirarme. –Vete o harás que me arrepienta de mantener la cordura.

Asentí, o al menos eso creí hacer, me elevé un poco y antes de partir bajé el rostro a la pareja que hallaba a mis pies. Mientras se incorporaban, él pareció decirle algo al oído por lo que ella se estremeció sonriente. Cómo me hubiese gustado que mi historia con Gabriel terminara así, pero al parecer, jamás estuvo destinada a ser…


El sujeto se paseó inquieto por la habitación, se frotaba la frente como si tuviese dolor de cabeza, aunque eso fuese físicamente imposible. Me tenía mareada el repique de sus zapatos anticuados. Llamó mi atención una navaja colgando de su cinturón en el costado derecho. Durante la vuelta 35 noté que el forro estaba envejecido y era del mismo material que su sombrero negro.

-No sé qué hacer.- Dijo finalmente. –Esto quebranta cualquier regla establecida. ¿Tienes idea de lo mucho que esto te costará? Han sido siglos, ¡siglos!, de huir, de hurtar vidas. ¡Desafías las leyes de la naturaleza!

-Como si no supiera eso.

-¡Silencio! Tengo a los Observadores en mi espalda por tu culpa, incluso Reloj está inmiscuido en el asunto. Jamás pensé que tendría que lidiar con ellos, no tienen nada que ver conmigo. Pero aquí estás tú, la cosa más rara que haya visto jamás.

-Seguro ha visto cosas más extrañas.- sugerí.

-No de tu tipo. Son casi 70 hurtos de cuerpos humanos, los últimos 3 luego de haber tomado a la amiga del chico fantasma, lo que lo hace 5 en menos de 1 año. ¿Qué edad se supone que tienes?

-¿Importa? Moriré de todos modos, de nuevo.

-¡Cállate!- Azotó sus manos contra el escritorio en medio del salón, el eco duró unos minutos. –No tienes vida suficiente para cumplir con lo sentenciado.-

-Walker…- le llamé por el nombre que había escuchado al entrar. -¿estar muerto es tener vida?

-Sí para mí, mujer.- Me dijo. –Las reglas son mi vida y por mantener el orden, me ha sido concedido más tiempo del debido luego de mi muerte humana. Pero por tú causa, las autoridades me han puesto en periodo de prueba, si no logro mantenerte controlada, me quitarán esta vida…

-¿Y qué se supone que haga? ¿Huir…como siempre?

-No.- Cerró los ojos, agotada. –Ya no correrás. Cadena perpetua es la condena.

No era nada que no supiera ya.

-Acostumbramos a llevar las leyes del mundo humano aquí, pero tú no tienes cómo cumplir aquellas reglas. Me refiero a que no habrá libertad bajo palabra, fianzas, periodos de prueba o cualquier otra estupidez que los inútiles humanos concedan en su mundo. Perecerás aquí dentro.

-Será entonces una larga compañía, Walker, nos veremos a menudo, ¿eh?

-No, Leila. Estarás encerrada en el nivel inferior, sin alimento, sin aire. Junto a la peor escoria de nuestro mundo.

-Pero…¡no puede hacerme esto!

-¿No puedo? ¡Acabaste con la vida de un poco menos de un centenar de humanos! Los fantasmas no podemos acabar con los humanos porque sí, debe haber asuntos de por medio pero a ti simplemente no te importa.

-¿Cadena perpetua?- Corroboré.

-Así es.- Atravesó el salón, ida y vuelta. Al regresar, depositó un uniforme gris con rayas negras en mi regazo, retiró las esposas de mis muñecas y un par de sujetos entraron por la puerta principal. –Bienvenida a la cárcel de la Zona Fantasma.

...