Hola niñas! Bueno estoy hasta las metras por eso he tardado tanto pero descuiden no dejaré de escribir hasta no terminar esta historia solo pido un poco de su paciencia. Leí sus revives y vi sus fav stories pero de verdad no tengo tiempo de nada! Las quiero muchísimo! V

Inuyasha no me pertenece

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Flash Back

-¡Se abre la sesión!- informa un hombre moreno vestido de policía el cual abría la puerta a una mujer de tez pálida vestida con una túnica negra que se encaminaba a un altar de madera. Los pasos de la mujer hacían que toda la habitación vibrara, todos los presentes se encontraban de pie mientras la mujer hacia su transición. En ambos escritorios en donde se encontraban las personas del caso habían diferentes emociones, de un lado estaba el nerviosismo, la esperanza y el miedo, del otro la ansiedad y la victoria. La mujer de cabello de fuego tomó el mazo del mismo material que el lugar en donde estaba y dio un golpe en el sobresaliente de la mesa de madera.

-Buenos días señores, nos encontramos aquí reunidos para la conclusión del caso 865 con relación a la paternidad de la niña Higurashi- Los presentes se veían las caras murmurando -Comience señor Ivanovich- dio el permiso de habla la mujer a uno de los hombres que estaba sentado en el escritorio izquierdo. El pelinegro de ojos cristalinos se levantó de su silla caminando hacia la jueza y sus vecinos.

-Muy buenos días su señoría. Me presento ante ustedes jurado, mi nombre es Bankotsu Ivanovich abogado del hombre allí presente conocido como Naraku Karshnikova- el jurado asintió en forma de respuesta al tan educado hombre que les hablaba -Hoy quisiera demostrarles las razones por las cuales la dulce niña Higurashi se le debe permitir ser adoptada por mi cliente, veamos- al terminar su oración en una de las esquinas del salón había una pantalla en donde se proyectaron una serie de imágenes mientras este explicaba cada una. Mientras el hombre hacia aquello en el otro escritorio un hombre de tez pálida y cabellos dorados tenía la mano de una niña agarrada, él la miraba con sus ojos grandes y verdes buscando tranquilizarla, estaba nerviosa y temblando -Esta es una de las diez casas de vacaciones del señor Karshnikova en donde suele pasar los veranos- continuaba Ivanovich.

La niña veía todo a su alrededor, no estaba interesada en las mansiones en las que podría vivir o los regalos que le podían comprar, aun se encontraba en shock postraumático y lo único que deseaba era estar con su protector al cual no habían dejado ver desde que ocurrió el accidente, no sabía nada de él es como si les hubiese desvanecido ¿Por qué cuando más lo necesitaba no aparecía? Igual su mejor amiga, no fueron a visitarla ni una sola vez. Sus ojos se paseaban por toda la habitación, no había señal alguna de los Taisho, el señor Walker le había prometido que había logrado que ellos interfirieran en el caso y de esa forma lograr que ellos la adoptaran. Los nervios se la comían cada vez más al ver las caras de los jurados y la jueza que parecían estar de acuerdo con todo lo que escuchaba.

El señor Walker, encargado de la niña se encontraba bajo la misma presión que ella, los señores Taisho brillaban por su ausencia y era necesario que ellos aparecieran, de otra forma la niña quedaría en manos de aquel hombre, todas las familias anteriores que estaban disponibles para la adopción declinaron a la pequeña o simplemente escogieron a otro niño. Comenzó a tamborear sus dedos de la mano libre sobre el escritorio mientras intentaba idear algo para atrasar la sesión o lograr un receso para así poder llamarlos sin embargo nada venía a su mente. De pronto las luces volvieron a encenderse dejando a la vista a todos los presentes.

-Muy buenos sus argumentos señor Ivanovich pero ahora me gustaría saber las razones emocionales del señor Karshnikova, pase al podio por favor- Indicó la jueza invitando a pasar al susodicho. El hombre de piel de papel y ojos de sangre se levantó de su asiento y caminó lentamente con suma tranquilidad y serenidad en su rostro, mientras caminaba miró a la niña fijamente a los ojos haciendo que sintiera escalofríos por todo su cuerpo, escondiéndose tras el señor Walker que notó la incomodidad de la pequeña ante aquel hombre -Díganos señor Karshnikova, ¿A qué se debe su interés en la niña Higurashi?- mientras hablaba, la jueza revisaba unas carpetas que se encontraban en su despacho mientras los jurados miraban con atención.

-Verá- se pauso viendo a su al rededor - Siempre quise una hija… mi esposa murió en el parto de mi segundo bebé hace seis años, era una niña- el silencio era rotundo, nadie decía nada.

-¿Quiere decir que ya es padre?- preguntó la jueza.

-Así es su señoría, mi hijo Musso tiene once años- La pequeña lo miró aun más intrigada, nunca había tenido hermanos aunque sus mejores amigos contaban como tal, sin embargo le daba curiosidad saber quién podría ser aquel niño.

-¿Por qué adoptar a una niña grande siendo padre soltero? Debe saber bien que la adolescencia de una niña no es igual a la de un niño, la figura materna es esencial- El señor Walker pareció sentirse feliz por unos momentos al ver que existía la posibilidad de que la niña fuera negada.

-Por su puesto que estoy al tanto de ello mi señora, pero cuento con la ayuda de mi madre, se encuentra aquí si desea hablar con ella- Naraku señaló a una mujer mayor de cabellera plateada que se encontraba entre los espectadores, la jueza la buscó entre las personas y al verla hizo la seña al guardia para que la dejara pasar.

-Pase adelante señora Karshnikova, luego volveremos con usted- realizaron el cambio de lugares, el hijo ayudando a la madre a sentarse muy caballerosamente -Veamos señora…- aventuró mientras buscaba el nombre de la mujer en una de las carpetas -Kaede, ¿Qué tiene que decirnos acerca de la crianza de su nieto?- la anciana tragó fuerte y miró a un punto en la pared lejana.

-Verá mi hijo se casó con una mujer maravillosa, yo la quería mucho, ella era muy agradable y buena, lastimosamente como ya dijo mi hijo murió dando a luz a mi segundo nieto- la señora, de su manga sacó un pañuelo con el cual limpió unas lágrimas que salieron de sus ojos sin avisar - Musso a penas tenía cinco años, mi hijo viajaba constantemente y pues necesitaba de alguien que lo cuidara así que decidí mudarme su casa y encargarme de mi nieto. Al principio fue muy duro como puede imaginarse, el niño siempre estaba pegado a su madre y pues cuando aquello ocurrió fue devastador. Sin embargo puedo decir que lo he ayudado, recuerdo que la primera vez que sonrío luego del incidente fue cuando le enseñe a hacer burbujas de jabón con las manos- la señora Kaede se quedó mirando el suelo con una sonrisa -Creo que adoptar a está pequeña sería de gran ayuda para Musso, no se sentiría tan solo a la hora de jugar, como viajamos mucho suele aburrirse con facilidad sin embargo estoy segura de que con esta pequeña será diferente, ella tiene algo especial- la anciana veía ahora a la chica que la veía expectante, luego de ver quien sería su posible cuidadora no tenía tanto miedo.

-Muchas gracias señora Kaede puede regresar a su lugar, señor Karshnikova- una vez más realizaron el cambio -Ya hablamos con su madre y parece ser una muy buena persona que sabe lo que hace, ahora quisiera saber ¿Qué es usted capaz de proveerle emocionalmente a la niña?- Naraku asintió y buscó los ojos de la pequeña una vez más.

-Protección, yo la protegeré, una familia, un hogar eso es todo lo que quiero dar y sobre todo sé que ella podrá sanar el vacío que dejó en nuestros corazones mi mujer, estoy seguro de que nos ve en este momento y que no podría estar más feliz- el silencio reinó nuevamente, todos se veían las caras ante las profundas palabras que acababan de escuchar.

-Gracias- dijo la jueza de unos momentos -Ahora escucharemos a la defensa, señor Walker, adelante- El catire le dio un apretón a la niña antes de levantarse y tomar su lugar en el podio.

-Díganos señor Walker, ¿Por qué está en contra de que la niña Higurashi sea adoptada por el señor Karshnikova, creo que sus argumentos han sido bastante honestos- Walker veía de una manera misteriosa a Karshnikova, como si quisiera desaparecerlo con la mente.

-Mis razones son simples, creo que la niña debería estar con alguien más cercana a ella, que realmente la conozca, como usted lo ha dicho la adolescencia de una chica es muy diferente a la de un muchacho, necesita apoyo y confianza. Ella tiene nueve años y el hecho de convertirse en una joven esta cada ver más cerca- la jueza se quedó pensando al igual que el jurado mientras que los rusos se mordían la lengua.

-¿Qué sugiere señor Walker? He de recordar que la niña no tiene ningún familiar vivo que pueda encargarse de ella- preguntó la jueza entonces.

-Amigos, tengo entendido que sus vecinos los Taisho eran bastante unidos a los Higurashi según me ha contado la propia Aome y pues he hecho mis averiguaciones- Walker parecía esperanzado con lo que decía.

-Me parece bien ¿Están presentes?- preguntó entonces la pelirroja.

-No su señoría, no han llegado- habló ahora nervioso el catire mientras que los rusos se sonreían.

-Sabe bien señor Walker que sin evidencia no hay nada que se pueda hacer-

-Pero su señoría deben estar en camino- se quejó Walker.

-Lo siento Walker, ya sabe como funcionan las cosas aquí…¿Tiene algo más que decir?- preguntó la amargada mujer.

-¡Si! ¡No pueden dejar que se la lleve!- saliendo de sus estribos Walker se puso colorado de un segundo a otro, todos se exaltaron ante la súbita reacción del abogado.

-Le voy a pedir que se calme y si no tiene nada realmente importante que decir me hace el favor y vuele a su lugar- con severidad la mujer de cabello de fuego miró al hombre que se encontraba a su derecha muy agitado. Este respiró agitadamente varias veces sentándose con cuidado.

-Su señoría por favor tiene que darme una oportunidad, ellos llegaran en cualquier momento es por el bien de ella- dijo mirando a la niña de cabellos azabaches que lucía asustada.

-Lo lamento Walker, las reglas son las reglas-

¡TAC! ¡TAC!

Se escuchó el mazo resonar en toda la habitación.

-El jurado opina y se realiza la sentencia- Indicó un guardia, ante ello todo aquel que no fuese jurado, jueza o guardia salía de la habitación a esperar el veredicto. Luego de unos minutos volvieron a ingresar, todos se encontraban de pie esperando las palabras de la jueza.

-Ya todos sabemos la razón de esta audición así que no es necesario decirlo, el jurado a hablado y yo también, ahora les informo el veredicto de este caso- la mujer abrió un papel sobre su despacho y comenzó a leer -Por el poder que me otorga el Gobernador del Estado de Ohio dicto que la custodia de la niña Aome Higurashi será entregada al señor Naraku Karshnikova, se cierra la sesión-

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Tercera Persona P.O.V

Sobre el firme pecho del joven se encontraba la chica completamente abrazada a él. Una manta le cubría a penas la intimidad de ambos. Con la mirada en el techo, el ambarino jugueteaba con los mechones azabaches de la chica que servían como sabana a la nívea espalda de la pelinegra. Disfrutaba con escuchar los pequeños susurros que salían de su boca al respirar mientras dormía como un lirón. Aquel lugar lo hacia sentirse atrapado en el tiempo, como si nada de la realidad pasara y lo que pasó era la realidad. Por un buen tiempo pudo olvidar los problemas que los asechaban como lobos, los cometidos a cumplir, las metas a alcanzar y la justicia que reclamar.

El joven ambarino miró entonces el reloj digital que se posaba sobre el pequeño televisor en una esquina de la habitación, eran poco más de la media noche por lo que ya era hora de volver a los papeles.

Con sumo cuidado logró escapar de la custodia de su pareja encontrándose con que la chica aferraba una almohada en su lugar. Rápidamente se vistió tirando a la basura el material sintético que había servido de máscara durante tanto tiempo. Cerca de la puerta había un teléfono de emergencias el cual utilizó sin pensar mucho. Colocó el auricular en su oreja mientras veía el delicado cuerpo que reposaba sobre la cama, era un ángel ante sus ojos. El teléfono repicó dos veces y de inmediato una voz conocida le habló.

-¿Feliz Taisho?- preguntó la voz masculina al otro lado de la línea.

-No del todo- susurró a penas no queriendo despertar al ángel que descansaba.

-Era de esperarse...- dijo con ironía aquel hombre.

-¿Qué debo hacer ahora? Quisiera contarle la verdad...- sus pensamientos tomaron un camino diferente pasando por los tres meses anteriores.

-Todo a su tiempo...por ahora llévala a tú habitación y no olvides colocarle el micrófono, ya puedes activar el tuyo, será mas fácil comunicarnos- con un suspiro y las manos en su cintura Inuyasha Taisho asintió levemente.

-De acuerdo…pero, ¿No se supone que los perros de Naraku nos vigilan? ¿Qué pasa si me ven sin la mascara? ¡Arruinaría todo!- dijo con cierta preocupación el ambarino, no habían llegado tan lejos con un desempeño excelente para fallar a esas alturas.

-Esta todo cubierto, solo actúa normal y has lo que te digo- Sin más, la persona que le hablaba colgó; aquello indicaba que si no seguía las ordenes habría más que problemas.

De golpe trancó el teléfono y miro de nuevo a su amada, lucía en paz y relajada, algo que sin duda no había pasado en muchos años. Tomó la ropa de la muchacha que estaba repartida por la pequeña habitación, se la colgó al hombro mientras se dirigía a la puerta. Marcó aquel código que abría la barrera de metal y se dirigió de nuevo hasta donde estaba la chica. Con delicadeza tomó el cuerpo liviano de la muchacha envuelto en las sabanas de la cama, ella estaba más dormida que nunca. Atravesó aquel pasillo y subió las escaleras por la compuerta secreta encontrándose una vez más en la habitación llena de libros, de los cuales la mitad eran falsos, tan sólo un relleno.

Camino con sigilo para no ser detectado tomó el dispositivo que había dejado anteriormente sobre el asiento y camino hacia su habitación, la chica ni cuenta se había dado. Al salir de la biblioteca se encontró con el pasillo vacío y frío iluminado por la luna. Sin tardarse mucho entró a su destino respirando profundo. Acostó a la chica sobre la cama, ella estaba hecha un capullo con las sabanas que la envolvían, sin embargo como la noche era tan gélida la arropó también con las frazadas de la cama. Se sentó a su lado y aprovechó el momento para acariciarla, tocar su rostro sentir su piel de melocotón bajo sus dedos sin arrepentimiento.

-Taisho…- escuchó un susurro en su oído. Las maldiciones cruzaron rápidamente por su mente, no sabía para que había encendido el micrófono que tenía en su oreja. Respiró profundo y se levantó de la cama -Ya sabes a donde ir-

Caminó fuera de la habitación una vez más siendo extremadamente cauteloso de no dejar su rostro a la luz, regresó a la biblioteca dirigiéndoce al estante detrás del escritorio antiguo. En el tramo frente a él contó quince libros de izquierda a derecha y lo presionó levemente. Esta vez aquel estante se deslizó por completo dejando a la vista una habitación llena de personas y aparatos tecnológicos. Entró sin darse mucha bomba e inmediatamente el estante escondió el lugar secreto nuevamente.

-Vaya, vaya pensé que nunca te ibas a despegar de ella- Escuchó la voz de su ahora jefe, ya que para el F.B.I el estaba muerto.

-Cállate- le dijo molesto al hombre de ojos zafiros que lo veía con picardía.

-No puedo culparte Inuyasha, la señorita Karshnikova es un encanto- Inuyasha lo miró enojado, odiaba cuando otros hombres hablaban así de la chica -Tranquilo, yo solo decía- aclaró Miroku con las manos en el aire.

-¿Qué haremos ahora?- preguntó Inuyasha sentándose en una silla sin ganas de pensar mientras la gente a su al rededor iba de un lado a otro con carpetas en sus manos.

-Pues apegarnos al plan como hemos hecho hasta ahora- Le dijo su jefe parándose frente a él.

-¿Y cual será ese?- preguntó curioso Inuyasha.

-Confunde y reinaras- El ambarino no entendió a que se refería -Tenemos que hacer creer a Naraku que de verdad estamos haciendo el trabajo para él, luego hacemos unos cuantos trucos y ¡BOOM! tú y la chica huyen y comenzamos nuestros experimentos con ella, al saber que es lo que tiene que hacer por nosotros te aseguro que cooperara y tendremos lo que queremos en menos de lo que canta un ruiseñor- Airoso Miroku se sentó frente a Inuyasha esperando su respuesta.

-¿Y ella será libre no?- preguntó como si le hubiese faltado algo al plan de miroku.

-¡Por su puesto! Y tú también, aunque sabrás que no pueden seguir aquí, tendrán que irse a un lugar apartado en donde nadie pueda reconocerlos- Complementó Miroku con su usual educación.

-Lo sé- Miroku miró pensativo a su pupilo por unos segundos -¿Qué?- preguntó algo incómodo el ambarino.

-De verdad amas a esa niña verdad…- susurró el pelinegro ahora muy serio, Inuyasha lo miró con la misma seriedad y asintió con firmeza.

-Estoy dispuesto a hacer lo que sea por ella- Miroku lo miró pensativo por un par de segundos y giró la cabeza.

-¡Olga! ¡Fred! ¡A trabajar!- Gritó dándole la señala a los dos jóvenes excéntricos que se acercaban ahora Inuyasha, él suspiró y se recostó de la silla -Buenas noches Taisho- Inuyasha respondió con un quejido mientras los dos muchachos se abalanzaban sobre su rostro para reconstruir la máscara que había destruido hace un rato el hombre.

-¿¡Pero qué le has hecho a tu piel!- se quejó el chico de cabellos dorados.

-¿No podías ser más delicado?- preguntó con molestia la chica pelirroja.

-Tenía un poco de prisa- fue lo único que dijo Inuyasha al tiempo que cerraba los ojos ignorando cualquier otro comentario de sus estilistas.

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En los al rededores de la residencia Karpov se encontraban distribuidos en lugares estratégicos los hermanos Ivanovich.

-Aun no entiendo porque tenemos que vigilar a la niña- se quejó Yakotsu recostado del tronco de un árbol.

-Porque ella es valiosa ¿Cuántas veces te lo tengo que repetir?- habló Renkotsu mientras veía la casa con unos binoculares en busca de cualquier movimiento.

-¡Bah! Deberían llevarla a un psiquiatra y listo, sería algo muy bueno para todos- Yakotsu se acercó a su hermano tomando al igual que él unos binoculares observando todo lo que ocurría, pero lo más resaltante eran las luciérnagas que deambulaban por el lugar.

-Ya lo intentaron una vez ¿Recuerdas? No lograron nada, es más, creo que lo empeoraron- le respondió su hermano. Sin ganas Yakotsu se recostó en el suelo, su tarea era demasiado aburrida y su hermano se lo tomaba muy enserio, pero de pronto vino algo a su mente.

-Oye… ¿Quién es Inuyasha?- preguntó casualmente haciendo que su hermano por primera vez en varias horas se despegara de los binoculares y se girara a verlo.

-Ahora que lo pienso…no lo sé…y ella repitió mucho ese nombre cuando estaba en el baño y perdió la conciencia- habló sorprendido como si estuviese descubriendo algo importante.

-¡Pon la grabación de nuevo!- ordenó su hermano haciendo que pelón buscara inmediatamente en sus bolsillos el dispositivo en donde habían escuchado todas las conversaciones de la chica durante el día, rápidamente comenzó a retroceder la cinta hasta llegar al lugar indicado luego de tratar varias veces.

-¿Aleksandria?- Se escuchó a penas la voz de "Karpov" -Inuyasha, Inuyasha- Escuchaban la voz de la chica repitiendo aquel nombre una y otra vez -¡Aleksandria!- el sonido de la puerta quebrándose fue ensordecedor -Inuyasha, Inuyasha- repetía la chica -Yo sabía que me ibas a salvar, el fuego, Inuyasha- Inuyasha decía sin cesar, se escuchó como él la movía y la llevaba a otro lugar -Inuyasha tu siempre vas a estar conmigo verdad…- la voz de la chica se había cambiado, ahora era ronca e infantil. -Lo prometiste…- dijo ella -Si…- respondió Karpov. Allí se escuchó como él salió.

Ambos hermanos quedaron completamente intrigados, ¿Que podría significar aquel episodio? ¿Quién era o fue Inuyasha? ¿Estaba Karpov relacionado con él? Debían investigar aquello, informárcelo a Bankotsu y a Naraku y comenzar el trabajo. Todo aquello era demasiado misterioso.