Capitulo 13: La desgracia de Lothlorién. Un gran adiós
Mithiriël corría sola en las entrañas de aquél extraño túnel.
Las afiladas rocas salientes de las paredes, rasgaban la piel de brazos y piernas de la elfa, que mientras seguía corriendo, se estremecía de dolor.
Su hermoso vestido se rompió al entrar en una grieta.
Mithiriël la estaba siguiendo inconscientemente a Ella-laraña.
No iba a permitir que nada malo le ocurriera a su amigo.
Tenía miedo.
Y pensaba en Boromir, que estaba herido. Confiaba en que Ramaviva se ocuparía de él hasta que ella y Angrod regresaran.
La elfa llegó al mismísimo nido sin final de la grotesca criatura.
Una pálida luz llegaba desde las grietas.
La araña estaba sola, mirándola sonriente en la oscuridad.
Angrod no estaba allí.
No era posible. Les había traicionado.
Mithiriël se quedó petrificada. ¿Porqué lo había hecho?
Mientras el horror se le acercaba cada vez más, ella se iba apartando hacia la pared sin saber que hacer.
Sabía del inmenso poder de la araña, y lo mucho que amaba y odiaba la luz al mismo tiempo.
Sintió una terrible punzada en el corazón. Un mal presentimiento le heló la sangre.
Tuvo problemas para mantenerse en pie mientras escuchaba impotente las oscuras y silenciosas carcajadas de la descendiente de Ungol.
Las peludas y enormes patas se acercaban a Mithiriël, cortándole la piel y produciéndole un terrible ardor.
Le estaba quemando, y ella no podía hacer nada…
Si, aún le quedaba algo… La joya.
¿Pero podría ayudarla a salir de ahí? ¿Era lo suficientemente poderosa como para defenderse?
Sintió otra vez una terrible punzada en el estómago.
Se armó de valor y acercó su mano al cuello, en busca de su joya.
La apretó con fuerza, deseando que funcionara otra vez.
Pero no ocurría nada.
Empezó a ponerse nerviosa.
La araña parecía empezar a afilar sus mandíbulas negras.
Se abalanzó sobre ella, para morderla y Mithiriël gastó sus energías en un intento fallido de escapar.
Una luz cegadora lanzó la monstruosidad al otro lado de la pared.
Al parecer tanta luz no le permitía ver. Y la araña parecía asustada y confusa.
Mithiriël, recuperó el valor y se enfrentó a ella hablándole en la antigua lengua de los elfos.
-No perturbes la harmonía de los hijos de Ilúvatar.
No sea que estos siembren tu destrucción -dijo ya más segura de sí misma al ver que podía controlar la joya-
¡Oh, lágrima de la luna, regalo de Feänor de los Noldor, tiempos antes de los Silmarils!
¡Oh, la gran perla del collar de Elbereth, dueña de las estrellas!
¡Enséñame el camino de la luz!
La araña parecía asustada y esos nombres benditos le provocaban horror y respeto.
Lentamente fue retrocediendo para atrás.
Era la oportunidad de Mithiriël para escapar.
Mostrándole la joya fue lentamente alejándose del lugar.
Empezó a correr.
No importaba lo mucho que le dolieran los brazos y las piernas.
Algo, un sentimiento muy fuerte la empujaba hacia fuera.
Llegó donde habían encontrado a Boromir.
Pero ahí no había nadie.
Mithiriël pensó que la estarían esperando fuera.
En pocos minutos llegó al final de la grieta.
La oscuridad era tan profunda que sólo unos pocos rayos tenues provenientes de la luna llegaban a iluminar el camino.
La elfa volvió a sentir otra gran punzada. Esta era más profunda y duradera.
Sin duda algo terrible estaba ocurriendo allí fuera.
Podía escuchar gritos a lo lejos. Cómo si se estuviera produciendo una batalla.
Había orcos.
Miles de ellos, emitiendo horribles graznidos y aullidos parecían estar enfrentándose entre si.
No. Había alguien entre los orcos.
Un elfo.
¡Angrod!
Y Boromir también estaba allí.
La elfa se quedó un instante observando la encarnizada batalla.
Al parecer Angrod capitaneaba una hueste de orcos que arremetían con fiereza contra Boromir y Ramaviva.
Algo brillaba en la mano de Angrod. ¡Era un anillo de poder!
¿De dónde lo abría sacado?
Entre el chasquido de las armas destacaba un resplandor especial.
La espada de Ulmo, poderosa, se erguía entre los enemigos dispuesta a vencer.
Angrod se alejó de Boromir y atacó a otro elfo.
¡Ramaviva!
El anillo, que poseía enorme poder hirió como si de una daga profunda se tratase el cuerpo del ent.
Ramaviva desapareció entre los miles de orcos.
Boromir soltó un alarido de dolor y arremetió con todas sus fuerzas contra Angrod.
Angrod atacó con fiereza a su oponente pero no pudo hacer nada contra la espada del señor de las aguas.
Angrod cayó al suelo.
Mithiriël exhausta empezó a buscar a Ramaviva con la mirada.
No podía verle. Siguió buscando entre la multitud mientras corría hacia ellos.
Un extraño sonido, que le resultaba familiar, le llegó desde su espalda.
Era un cisne, un hermoso ejemplar de blanco perla y de patas y pico plateados. Tenía un ala herida. Le sangraba mucho y parecía cansado.
-¡Nillië! -exclamó al ver al cisne de la Dama blanca-
El animal se acercó lentamente a Mithiriël y la acarició con el pico.
Traía una nota atada en la pata.
"Querida Mithiriël,
¡Cuánto lamento que tuviera que ocurrir todo esto!
Si has recibido la nota de Nillië, es que sobrevivimos al ataque de los orcos en Lorién.
La mitad de nuestra gente ha caído.
Eran demasiados y no pudimos resistir al ataque.
Ahora los pocos que quedamos estamos huyendo a Rivendel en busca de refugio.
Te confío mi mayor tesoro. Ya no lo necesito. Espero que te sea útil.
Suerte.
Namárië:
Galadriel y Celeborn."
Una fría lágrima se deslizó por la mejilla de Mithiriël mientras recogía un hermoso anillo. Se trataba de Nenya, el anillo de diamantes.
Todo hecho de Mithril tenía una piedra blanca engarzada que emitía una suave y titilante luz.
Mithiriël recogió con cuidado el anillo del agua.
Mithiriël se quedó inmóvil unos instantes pues eran demasiadas las cosas que estaban ocurriendo.
Rompió un trozo de su vestido y le protegió el ala herida.
-Gracias Nillië…-dijo la elfa que volvió a la situación real-
Boromir y Ramaviva tenían problemas.
El antiguo cisne estiró sus alas, alzó el vuelo y desapareció entre las sombras.
Se puso el anillo y bajó la colina lo más rápido que pudo deslizándose en la oscuridad.
Cuando llegó allí la batalla había terminado.
La mayoría de los orcos habían caído. El resto escapó como pudo.
Boromir parecía agotado. La herida que tenía en un costado era más profunda que antes.
Alguien yacía inerte a su lado.
Era Angrod.
Mithiriël se acercó a Boromir.
-¡Por los Valar! ¿Estás bien?
-Sí -dijo Boromir que tenía dificultades para respirar-
Boromir con una mirada triste señaló algo a Mithiriël.
Era Ramaviva.
Mithiriël corría saltando a través de los cadáveres de los orcos hasta llegar donde estaba su amigo.
Estaba tumbado en el suelo. Había recuperado su forma de ent.
-¡¡¡¡Noooo!!!! -gritó Mithiriël sentándose a su lado. Acariciándole la frente. No podía contener las lágrimas.-
Ramaviva estaba terriblemente herido. Un gran orco le atacó con un hacha.
Ramaviva abrió lentamente los ojos. Su respiración era entrecortada y tenía la mirada perdida.
-Ithilwen… -dijo al reconocerla- estás bien… -el ent le hizo una gran sonrisa que se vio interrumpida por un profundo dolor-
-Ramaviva… -Boromir se había sentado al lado de ellos-
Boromir se acercó más para intentar ayudar a Ramaviva a levantarse.
-No… -dijo el ent-
Boromir le entendió. No había nada que hacer.
Mithiriël empezó a llorar de nuevo.
¿Porqué a Ramaviva?
-No es justo… -susurró Mithiriël-
-Lo sé -dijo Boromir que la abrazó para consolarla-
-Muchos de los que mueren merecen vivir, y muchos de los que viven merecerían morir… ¿pero quién somos nosotros para juzgarlo? -dijo sabiamente Boromir recordando las palabras del viejo Gandalf-
-Ithilwen… -volvió a llamar el ent-
-Estoy aquí Ramaviva…
-No quiero verte llorar mi vanya vendë… no llores por mí… -dijo con esfuerzos el ent- En las estancias de Mandos te esperaré, cuando todo termine o el mundo cambie… -Ramaviva empezó a toser fuertemente-
-¡¡¡¡Noooo!!!! -gritó Mithiriël-
Boromir la abrazó más fuerte esa vez.
-No llores tarinya… Allí te esperaré. Y nos volveremos a encontrar.
Al fin Mithiriël lo entendió.
-Hasta ese día no te olvidaré.
Ramaviva la miró por última vez. Y pereció con una gran sonrisa bajo la luna de Mordor rodeado de los muchos orcos que había batido.
-Tenn' encenië, mára meldo (Hasta la vista, querido amigo).
Mithiriël se acercó al cadáver de Angrod.
-Maldito seas Angaráto. -dijo la elfa conmovida por la rabia- No eres elfo… Orco eres y orco serás…
Un leve resplandor salió de la joya e iluminó el cuerpo de Angrod.
El cuerpo de este empezó a cambiar y terminó pareciéndose al cadáver de un orco abatido.
Mithiriël y Boromir volvieron donde estaba Ramaviva.
Lo alejaron de los orcos y le enterraron en lo alto de una colina, limpia de la sangre de los guerreros de Morgoth.
Allí se despidieron de su viejo amigo, que les había acompañado en ese largo viaje.
Esa colina quedó siempre verde y unas pequeñas flores blancas crecieron allí y permaneció así, intacta, hasta que el mundo cambió.
Ya no había vuelta atrás. Tenían que continuar con su misión o perecer en el intento.
Mithiriël y Boromir entraron en una grieta para descansar.
Era tarde, y el impacto provocado por la muerte de Ramaviva era demasiado reciente para que pudieran continuar.
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Fin del capítulo!!!!! Si, lo sé este es muuuyyy largo!!!! Pero no podía partirlo en 2. T_T"
Ah! Para los que no leyeron el Silmarilion ahí van las descripciones de Christopher Tolkien(un poco resumida^^):
Iluvatar es "el padre de todos", Eru (como Dios)
Los Noldor son los elfos profundos 2º grupo de los eldaren el viaje hacia el oeste desde Cuiviénen, conducido por Finwë.
Elbereth: Nombre inusual de Varda la vala, reina de las estrellas
Mandos es el nombre de la morada de Aman del Vala cuyo nombre era Námo el juez aunque éste rara vez lo usaba y se refería a si mismo como Mandos.
Y Morgoth es otro de los nombres que recibía Melkor el Vala rebelde(que estaba por encima de Sauron…^^)
Espero que les haya gustado este capítulo, era un poco triste ;_; pero las cosas no tardarán en arreglarse…^^
¡¡¡Dejen Reviews!!!!
