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-¿Todo? -Quinn se había incorporado en el sillón y le dirigía a Rachel una mirada confundida.-

-Escucha, sonará algo confuso y también raro, claro que también puede parecerte odioso y algo aterrador...-

-Rachel, al grano. -la cortó.

Sentía un impulso increíble de tomar su cuello, acércala a ella y besarla hasta que le dolieran los labios. Estaba usando todo su autocontrol, ¿qué le había pasado? ¿Por qué sentía eso? Ya no le interesaba, solo quería besar a Rachel.

-Ok. Desde hace como...creo que un poco más de tres meses... –

-Eso no importa, venga, di lo que tengas que decir. -Estaba ansiosa, y ni ella sabía por qué.-

-Bueno, la cosa es que... Quinn, yo... Yo... -La mirada nerviosa de la morena pasaba del techo al rostro de Quinn demasiado rápido, su boca se abría y se cerraba tratando de hallar la forma de decir todo lo que sentía, sus manos revoloteaban a su alrededor y pequeñas lágrimas amenazaban con caer por su rostro. Quinn perdió autocontrol en ese mismo instante.

-Rachel, no sé qué es lo que me pasa. No sé lo que me has hecho, no sé por qué ahora mismo quiero besarte sin importar nada, no sé si tú también quieras, no sé lo que sientes por mí, si es que sientes algo y no tengo ni la más mínima idea de que hago aquí. -Tomó una gran cantidad de aire- Nunca antes me había sentido así, te lo juro. Te juro por mi vida que nunca he sentido que quiero tanto a alguien, como te quiero a ti ahora. Nunca he sentido que necesito, que anhelo, a nadie, más que a ti, en este mismo instante y si sigues hablando y no me besas ahora, no sé si pueda vivir un minuto más.

Las lágrimas que amenazaban con caer ya estaban en su barbilla y cayendo sobre su regazo. La expresión de sinceridad de Quinn cambió a una mueca cuando notó el llanto de la chica.

-Hey, Rach, lo siento si no querías oír eso -dijo apegándose a ella y alzándole la cara.-

-Me acabas de decir Rach -soltó entre sollozos- nunca me habías llamado así.

-Bueno, Rachel, yo...-

-No, no te disculpes. No has hecho nada mal, lloro porque todo lo que has dicho es lo que siempre he querido oír.

La ternura en el rostro de la chica al decir eso terminó con lo que quedaba del autocontrol de Quinn. Pasó una mano por su cuello y la atrajo hacia ella, la mantuvo un instante cerca, muy cerca, antes de besarla. Ya se había rendido ante esa fuerza dentro de ella, esa fuerza mágica que la lanzaba hacia Rachel como si ella fuera una luz dentro de la más grande oscuridad. Nunca había disfrutado tanto de un beso, nunca había sentido de esa forma, tan descontrolado, tan deseable. En el fondo de su mente una chispa de lógica le decía que eso no tenía sentido, que lo que hacía no era totalmente correcto, pero ya no le importaba. No le importaba nada, nada más que Rachel. La besaba como si fuera su mundo, como si fuera lo único que la mantenía viva.

-Quinn -su nombre siendo pronunciado por ella, era como una dulce tortura-. Q-Quinn...

Rachel trataba de hablar, trataba de decirle algo, lo que sea, pero las palabras no le llegaban. Además no podía hablar con Quinn besándola tan salvajemente e introduciendo en ella la pasión. Trataba de alejar los pensamientos, pero era solo una joven con impulsos y emociones (y hormonas, algo alborotadas) y quería a Quinn, la quería de muchas formas, de todas las formas posibles.

-Quinn -soltaba entre los besos- Quinn, te quiero...-era todo lo que podía decir, y los besos no cesaban. Estaban convirtiéndose en algo mayor, algo que la asustaba pero deseaba a pesar de todo.

-Vamos arriba, Rachel. -dejo de besarla y una punzada de dolor se le clavo, aunque solo duro un segundo antes de que procesara lo que le había dicho-.

-¿A-arriba? -.

-No hay nadie, ¿cierto? -Quinn giró la cabeza a ambos lados, buscando a alguien- Rachel, te quiero. Te alguna forma inexplicable, te quiero. -le tomó las manos con delicadeza, como si valieran mucho- Quiero estar contigo, siempre. Y de todas las formas posibles.

Tragó con dificultad. Ella sabía lo que significaba. Todas las veces que Finn le había propuesto quedarse en su casa a dormir siempre lo rechazó asqueada, pero ahora, con Quinn, ella asintió y la condujo escaleras arriba, a su habitación porque lo deseaba. Deseaba a Quinn y deseaba hacer lo que ella quisiera.