Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Son todo creación de J.K.R . Sólo la situación insólita salió de mi cabeza.

Primera discusión

Sirius tenía una lista secreta de los lugares donde deseaba besarla. A medida de que pasaba el tiempo a esa lista se le iban agregando los nombres de los sitios: Su frente, sus párpados, sus mejillas, su cuello, la línea delicada que formaba sobre la piel su clavícula, el interior del codo, sus muñecas, sus muslos, toda la extensión de sus piernas… Y cuando ella bajó para encontrarse a él para ir a cenar juntos aquel atuendo dejaba visible cada una de esas partes. Un simple vestido que no alcanzaba a tocar el borde de sus rodillas, con la espalda descubierta y un atrayente escote en forma de V. ¿Cómo podría resistírsele? Anonadado, pero con una sonrisa en sus labios, se acercó a ella, la tomó por la cintura atrayéndola a su pecho y besó su cabellera rubia mientras aspiraba el dulce aroma a jazmín.

-Está hermosa, señora Black- le dijo al oído seductoramente.

Luna tembló mientras su corazón comenzaba a acelerarse por la proximidad. ¡Por Morgana! El efecto de la picadura de los Skowtoas en vez de ir disminuyendo parecía aumentar a medida de que pasaba el tiempo. ¿Qué haría cuando terminase el tiempo que habían acordado? No lo sabía pero ya tendría tiempo de preocuparse cuando ese momento llegase, por ahora sólo se dedicaría a disfrutar siendo la señora Black. Sonrió pero Sirius no pudo verla porque tenía los ojos cerrados mientras se inclinaba hacia la curva del cuello de ella para aspirar más profundamente su aroma. Luna giró el rostro lentamente, advirtiéndole lo que iba a hacer y dándole tiempo a negarse, pero él no se apartó, sino que cuando sus labios estuvieron separados por nada más que milímetros de distancia los acercó. Fue un simple roce, como la delicada caricia de una pluma contra el aire, algo irreal y mágico para ambos. Sirius no comprendía qué era lo que hacía tan especial el momento, pero Luna, por el contrario, lo sabía e intentaba demostrarle cuanto lo amaba.

Sirius se separó unos pocos centímetros.

-Debemos irnos- le recordó ella.

Él asintió con seriedad, todavía petrificado por el beso que acababan de compartir.

Sin más, se terminó de alejar y la tomó de la mano para llevarla fuera de la casa.

Luna abrió inmensamente los ojos cuando vio que estacionada en la calle, frente a la propiedad donde vivía, estaba una impresionante motocicleta. Sirius sonrió, sintiéndose orgulloso de su moto que tenía desde hacía años guardada en el patio trasero de la casa y que reparó haciéndole unas cuantas modificaciones hasta que el señor Weasley se la pidió para trasladar a Harry cuando aún estaban en guerra. Pero aquello ya había quedado en el pasado. Ahora la había reformado nuevamente: Le había quitado el sidecar, la había pintado de tonos azules y plata, había reparado el motor haciendo que tuviera más potencia y le había colocado algún que otro hechizo para darle un toque más fantástico. ¡Y cómo podía olvidar su asiento personalizado con llamaradas espectrales rodeando una S!

-Espero que no te asuste volar- le dijo mientras ambos se acercaba al vehículo- Sino puedes sostenerme con fuerza por la cintura.

Luna rió suavemente.

-¡Adoro volar!- exclamó ella.

Sirius se sintió un poco decepcionado porque hubiera esperado que ella se prendiera de él. Se sentó en la moto y Luna ocupó el lugar de atrás.

-¿Me enseñarías a conducirla?- preguntó ella cuando Sirius la puso en marcha.

-Claro, preciosa- le dijo sonriendo antes de comenzar a andar a una velocidad impresionante.

Luna ni siquiera pudo agradecerle porque ya se habían elevado en el aire y comenzaban a traspasar el cielo nocturno poblado de estrellas.

-¡Esto es genial!- exclamó ella sin contener su felicidad.

Sirius no dijo nada pero le dio la razón. Hacía tiempo que no la usaba. En realidad, sólo la había salido a probar cinco meses atrás, cuando la había terminado.

Todo el tiempo volaron el silencio por encima de los techos de las casas londinenses sin que ningún muggle los viera porque iban protegidos por un escudo de invisibilidad. Cuando Sirius divisó el restaurant al que irían a cenar a unos metros, comenzó a descender lentamente hasta que las ruedas tocaron el asfalto. Estaban en el callejón Diagon, a unos cuantos metros de la tienda de túnicas de Madame Malkin. En el cartel de la entrada del Restaurant se leía: El pollo trasnochado.

Ambos bajaron de la motocicleta y comenzaron a caminar hacia allí. Sirius abrió la puerta dejándole ingresar primero a Luna. Aquel sitio era extrañamente encantador. Las paredes estaban pintadas de un amarillo pálido y en ella había diversas fotografías de magos famosos. Sirius sonrió al reconocer una donde se encontraba su ahijado junto a Ginny.

Se acercaron a la entrada y enseguida el maître, un hombre alto y delgado, los llevó hasta una de las mesas, cercanas a un ventanal que dejaba ver gran parte del callejón. Hizo una seña una joven bruja mesera. La joven se les acercó y sin apartar la vista de Sirius con una sonrisa seductora les dijo, o más bien, le dijo a él:

-Bienvenidos a El pollo trasnochado. Hoy tenemos un especial de pollo con rodajas de calabaza caramelizada.

-Yo pediré eso- le dijo Sirius devolviéndole la sonrisa.

Sonrisa que a Luna no se le pasó desapercibida. Ella jamás en su vida había sido adepta a los actos de violencia pero cuando vio a esa bruja mover las pestañas con falso aire inocente sintió deseos de tomar el cuchillo que estaba sobre la mesa y saltar sobre ella. Pero no lo hizo, después de todo, Sirius sólo era su marido, un marido que no la amaba. Ese pensamiento la llenó de tristeza pero rápidamente los apartó de su mente.

-Yo también- le dijo a la bruja mirándola con cierto desprecio entregándole el menú.

La bruja giró hacia ella, borrando su sonrisa, y lo tomó.

-Ya les traerán su pedido- le dijo giñándole un ojo a Sirius.

Éste solo sonrió totalmente ajeno a que esto molestaba a Luna. Se quedó mirando como ella caminaba hacia la cocina pero volvió a la realidad cuando sintió el sonido de uno de los cubiertos de Luna cayendo sobre el plato.

-¿Estás bien?- le preguntó al ver que ella tomaba el mango del cuchillo con fuerza como si quisiera contener sus ganas de ir a asesinar a alguien.

-Bien- fue todo lo que ella respondió.

Sirius alzó una de sus oscuras cejas a modo interrogativo pero ella no dijo nada más sobe el tema.

-El cuadro de Walburga está en tu habitación- le dijo ella como si estuvieran hablando de la cosa más natural.

Sirius puso los ojos como platos y quedó, literalmente, con la boca abierta.

-¡¿EN MI CUARTO?- preguntó gritando haciendo que varios rostros se volvieran hacia ellos.

-Sí, en tu cuarto. Esa fue la única manera que conseguí de que me dijera cuál fue el hechizo que utilizó para que nadie lograra quitarla de ese sitio- le contestó Luna.

-¡PERO EN MI CUARTO! ¿POR QUÉ? ¡¿ACASO QUIERES VENGARTE POR ALGO QUE TE HICE? ¡¿A CASO TAN MAL BESÉ QUE QUIERES DESQUITARTE DE MÍ TORTURÁNDOME DE ESA FORMA?- preguntó con voz suplicante.

Luna rió. No pudo evitarlo. Sirius parecía un niño pequeño al que le prohibían comer postre.

-¡Y ahora te ríes!- exclamó mirándola molesto cruzándose de brazos-Claro, no serás tu la que tendrá que soportarla por las noches.

-¡Pero si trasladé tus pertenencias a otro cuarto!- le indicó Luna luego de que dejó de reír-Tu madre prometió quedarse callada si estaba en ese cuarto sola.

-¿Mis cosas? ¡¿Tomaste mis cosas? ¡No! ¡Yo quiero mi habitación de vuelta! Si ella desea tener un cuarto para ella sola hay muchos otros… ¿Por qué tuvo que elegir el mío?

-Sirius, no seas infantil…

-¡Y me lo dice la que ni siquiera puede besar sin sonrojarse!- exclamó molesto sin mirarla- Hay veces que me pregunto si has crecido o todavía vives en ese mundo de sueños infantiles.

El silencio fue pesado entre ellos dos, silencio que fue interrumpido solamente por el sonido de la silla de Luna siendo arrastrada por el suelo cuando ella se levantó para marcharse.

-¡Mierda!- exclamó Sirius molesto consigo mismo cuando se dio cuenta de lo que había dicho.

Se levantó rápidamente y la persiguió a la salida del local.

-Luna- la llamó pero ella no se detuvo.- ¡Luna! Lo siento… no quise…

Pero se quedó callado al ver que ella estaba llorando. Quiso pegarse a sí mismo por haberla herido de esa manera, por haber sido un idiota insensible, por no haber medido sus palabras. Se acercó y la rodeó con sus brazos. Ella intentó separarse pero él más fuerte la aferró hasta que Luna se quedó quieta, sollozando sobre su pecho. Nunca había sido bueno consolando lágrimas de mujer pero tampoco nunca le había importado tanto ver a una llorar. ¡Pero era Luna! Su Luna la que lloraba. Y él se sentía un monstruo por haber sido el que ocasionó esto.

-Perdóname, amor- le dijo al oído mientras besaba su cabello- Perdóname. No quise decir eso… Estaba furioso por lo de mi madre. Sabes que ella y yo nos odiamos…

Luna negó con la cabeza.

-No sé nada de ti- le respondió ella casi susurrando- No te conozco.

Sirius se dio cuenta que ella tenía razón. Habían pasado un mes juntos pero era muy pocas las cosas que ella sabía de él. Luna siempre aprovechaba cada oportunidad para contar alguna anécdota, era abierta y cada vez que él quería saber algo de ella se lo preguntaba y contestaba gustosa. Pero él, más allá de unas tontas anécdotas juveniles, no había compartido nada de su vida o sus gustos.

Se separó un poco de ella y tomó su pequeño y delicado mentón entre sus manos para alzarle el rostro y hacer que lo mirara a los ojos. Jamás pensó que esos ojos grises pudieran ser tan hermosos, incluso llenos de lágrimas que no derramaba.

-Pregunta lo que quieras- le dijo sonriendo intentando darle confianza.

Lo que nunca se esperó fue que las preguntas que haría Luna serían tan jodidamente difíciles de responder.