hola preciosas! aquí estoy de regreso dejando un nuevo capitulo de este fic, antes que nada quiero agradecer a todas aquellas que leen esta historia que espero siga siendo de su agrado, ya saben cualquier duda, comentario o jitomatazo haganmelo llegar con un review. que toda la buena vibra llene sus vidas, nos estamos leyendo! xoxo y esten al pendiente porque tambien actualizaré "la fuerza del destino"
Capítulo 14
Un apuesto hombre miraba a través de la ventana de su habitación la tranquilidad que a esa hora rondaba por su amada patria, parecía haber envejecido más de veinte años después de lo confesado por su querida amiga y confidente. Negándose a creer lo dicho por ella.
Se acercó a su portafolio, y de entre sus documentos, sacó aquella carta, esa última carta que le fue entregada minutos antes de partir rumbo a Australia. El papel se veía desgastado y frágil, debido a las múltiples veces que había sido leída esa carta a lo largo de poco más de veinticinco años.
Londres, 28 de diciembre de 1897
Mi querido James:
Lamento decirte que no podré cumplir con mi palabra de seguirte, pues ahora entiendo que realmente nuestro amor no es tan fuerte como para poder soportar todo tipo de penurias que nos aguardarán a nuestra llegada a Australia.
Simplemente, no puedo hacerme a la idea de vivir en un lugar inhóspito y alejado de toda civilización, créeme cuando te digo que en un futuro agradecerás este gesto.
Deseo de todo corazón que la suerte esté de tu lado, y que tu viaje a ese maravilloso lugar que será tu lugar sea placentero. Te suplico no me busques, pues seguramente mi familia se escandalizará si se llegan a enterar de nuestro amor secreto.
Siempre tuya
Catherine Marie Andrey
—Palabras huecas y llenas de frivolidad, seguramente como siempre fuiste y nunca me quise dar cuenta de ello—decía James, mientras doblaba cuidadosamente aquella carta que le fue entregada antes de partir rumbo a Australia.
Recordaba muy bien aquella tarde, el sol estaba por ocultarse, daba vueltas de un lado a otro pues ya la gran mayoría de los pasajeros se encontraban a bordo, revisaba una y otra vez su reloj de bolsillo, única herencia de su padre, cuando repentinamente escuchó que alguien le llamaba, por un momento se había sentido aliviado pero al ver quien le había llamado, repentinamente, su corazón dio un vuelco.
—Sara, ¿Qué haces aquí?—preguntó como un autómata James.
—Lo siento tanto James, pero es que Cathy te ha enviado esto—dijo extendiéndole un sobre con su nombre escrito, rápidamente abrió aquel sobre, mientras algunas lágrimas escapaban de sus ojos, al leer aquellas palabras.
—Debe de estar bromeando—dijo ignorando por completo a su querida amiga—tengo que hablar con ella….
Rápidamente fue detenido por su amiga ahí presente, quien le dirigía una mirada suplicante.
—No te humilles más James—decía Sara con los ojos cristalinos—ella partió a primera hora de la mañana rumbo a Eilan.
Lágrimas de rabia corrían por el rostro de James, mientras Sara, quien aparentemente se encontraba triste, por dentro se regodeaba de su triunfo.
—Te dije, te dije que ella era realmente mala—decía Sara con falsas lagrimas corriendo por sus ojos—pero nunca me escuchaste James…
—Y no sabes cuánto me arrepiento el no haberte escuchado antes—decía James, mientras escuchaba el ultimo llamado para abordar el barco que lo llevaría a tierras desconocidas—lo siento Sara pero tengo que partir.
Acarició dulcemente la mejilla de su querida amiga, para después, depositar un dulce beso en la frente de esta, y así subió a aquel imponente barco sin dirigir una sola mirada hacia su patria.
Y el recordaba muy bien los días de colegio, en el cual las chicas Andrey, se divertían molestando a Sara. Sara en aquellos días, era la chica más sobresaliente en todas y cada una de las clases que ahí se impartían, para todo el colegio, Pauna, Coreene y Catherine, eran sus primas, pero la realidad era otra, y esa la descubrió una tarde mientras escuchaba una discusión que esta sostenía con las tres rubias.
—Jajajajaja—reía estrepitosamente una hermosa rubia de ojos azules y mirada penetrante, Pauna Andrey—por favor Sara, nunca, nunca—decía acercando su rostro al de aquella chica—serás una autentica Andrey, no eres más que una completa desconocida para nosotras, así que deja de seguirnos por todas partes—finalizó con una mirada petulante, mientras miraba de arriba abajo a la castaña.
—¡Eso no es verdad!—exclamó airadamente Sara Ferguson, mientras sus chispeantes ojos cafés relampagueaban, en su voz se percibía claramente el llanto que intentaba contener—su tía se casó con mi padre así que por consiguiente yo también soy una Andrey.
—Eso solo lo cree la gente que no sabe el trasfondo de esa situación—dijo Coreene Nichols Andrey, la chica de la cual estaba enamorado su mejor amigo—todos saben que el viejo Ferguson solo se casó con nuestra tía por el dinero y las puertas que se le abrirían al unir su apellido al nuestro.
Solo veía a su querida Catherine reír ante lo dicho por sus primas.
—Creo que ha sido suficiente chicas—dijo Catherine—después de esto, no creo que a Sara le quede la menor duda de que la queremos lo más lejos posible de nosotras.
—está bien Cathy—decía Pauna—pero que te quede bien claro, ni tu ni tus intrigas podrán alejarme de Vincent.
Diciendo esto, las tres rubias se alejaron de Sara, dejándola hecha un mar de lágrimas. James ante lo descubierto, decidió alejarse sin ser visto por la llorosa chica, pero al pisar una rama, llamó la atención de aquella chica.
—¿Quién anda ahí?—preguntó Sara con voz llorosa.
—lo… lo… siento…. No quería interrumpir…. Con su permiso—dijo torpemente James, mientras Sara lo miraba con los ojos entrecerrados.
—¿tú eres el pupilo del tío Bart, cierto?—decía en un intento de recordar su nombre—John…
—te equivocas, mi nombre es James—respondió el rubio con una gran sonrisa, intentando así quitar un poco la tensión del ambiente—y tú eres Sara, la prima de Cathy.
—Seguramente escuchaste todo lo que me dijeron ellas tres—dijo Sara, tratando de mantener su orgullo—así que déjate de tonterías, sabes muy bien que no soy una autentica Andrey.
—Lamento mucho el haber escuchado esa discusión—dijo apenado James—y no tienes de que preocuparte que de mis labios nadie sabrá la verdad.
Le regaló una franca sonrisa a Sara, la cual lo miró sorprendida, y por alguna extraña razón, confió en su palabra.
Desde ese entonces entre ambos chicos creció una gran amistad, y debido a la amistad que James sostenía con Alistear Cornwell y Vincent Brown, él logró que si bien las chicas Andrey no aceptaban a Sara, por lo menos habían hecho el intento de tolerarla. Nunca había entendido la fijación de las tres rubias hacia Sara, pues ella demostraba ser una persona leal y digna de confianza, ella era la única persona que sabía los sentimientos que James tenia hacia Catherine su amiga y compañera de juegos desde la infancia.
—sé que la amas James, pero deberías de buscar alguien que realmente te amé, estoy segura que si le confiesas tus sentimientos, ella se burlará de ti.
Era el consejo que Sara siempre le daba a su amigo, cuando este se encontraba decidido a confesarle sus sentimientos a Catherine. Este se encontraba realmente consternado, pues veía el trato que le daba Catherine muy diferente al que le daba a sus amigos, las miradas furtivas que esta le lanzaba cuando creía que James no la veía; así que aquel último verano que pasaron el Escocia, en el que fue ofrecido el gran baile de presentación de las cuatro chicas Andrey, y al ver que sus amigos habían decidido pedir la mano de sus amadas, fue que tomó valor y confesó sus sentimientos.
Se sintió el hombre más feliz del mundo al saberse correspondido, pero antes de hacer pública su relación él tenía que forjarse un patrimonio propio, para que ante los ojos de su tutor y padre de Catherine, el fuera digno de desposarla, así que ambos decidieron ocultar su relación. Solo su fiel amiga sabia de aquella relación secreta, guardando silencio por largo rato, finalmente se decidió a hablar.
—Solo espero que no salgas lastimado querido James—decía Sara mientras acariciaba dulcemente la mejilla de su amigo—ella es realmente mala James, no sabes cuanto a cambiado bajo la influencia de Pauna y Coreene.
—Que tonto fui al nunca escuchar tus consejos—dijo para sí James, regresando al presente, dando un último trago a su vaso de whiskey.
En la mansión Andrey reinaba el caos, rápidamente auxilie al tío Bart al cual le estaba dando una embolia, así que me dediqué a darle los primeros auxilios en lo que esperaba la llegada del médico. Gracias al cielo, logré estabilizarlo, así con la ayuda de los ahí presentes lo acomodaron en su recamara.
—Debo decir que el señor Andrey recibió muy buena atención—dijo el médico una vez que llegó a la mansión—porque de no haber sido así seguramente estaríamos lamentándonos. Pero lamentablemente no tengo buenas noticias, tal y como lo sospecho la señorita Andrey, el señor sufrió una embolia.
Todos abrimos los ojos sorprendidos, Catherine y Adeline sollozaban en un llanto incontrolable, mientras Elroy y Coreene trataban de consolarles.
—¿Y mi esposo, se recuperará?—preguntó entre sollozos la tía Adeline.
—lamentablemente, solo un milagro haría que se recobrara por completo, pero estoy seguro que con su ayuda y las terapias necesarias, el señor podría recuperar parte de su movilidad—dijo seriamente el galeno.
Repentinamente, todo a mí alrededor empezó a dar vueltas, seguramente habían sido muchas emociones para mí, así que en el intento de asirme de cualquier lugar fui a dar de bruces contra el piso, apenas alcanzada a ser sostenida por Albert quien me miraba preocupado.
—Candy ¿te encuentras bien?—preguntó alarmado.
—si Albert, gracias. Debió de haber sido todo lo vivido en esta noche—dije con una sonrisa, intentando aligerar el momento, mientras sentía un sudor perlar mi frente.
—Creo que te debería de revisar el doctor—exclamó Catherine.
—no creo que sea necesario, de verdad, creo que lo que realmente me hace falta es un buen descanso, y ahora si me disculpan, me retiro a mi habitación. Que pasen buena noche—me despedí de los presentes, mientras aun sentía los estragos de aquel mareo.
—¡Oh Dorothy me has espantado!—exclamé al ver a Dorothy esperando en mi habitación, con mi pijama doblada sobre la cama—no debiste de haberte quedado despierta, anda ve y descansa que yo me arreglaré para dormir.
—por lo menos deja ayudarte a deshacer el peinado que te hice—me dijo mi gran amiga, ella era con la única que realmente me sentía tranquila, muchas veces la tía abuela puso a mi disposición a otras mucamas, pero siempre preferí de entre todas a Dorothy.
—¿Y cómo te fue esta noche?—dijo retirando hábilmente las horquillas de mi cabello, esa era una pregunta con doble sentido, pues además de Albert, era la única que sabía de mi historia previa con Terry y lo que ahora me encontraba viviendo, aunque claro reservé para mi aquel recuerdo en que me hizo su mujer, que cada vez que lo evoco provoca que se me erice la piel.
Le platiqué todo lo sucedido y mi reconciliación con Terry, ella se encontraba pasando el cepillo rítmicamente mientras escuchaba mi parloteo, cuando repentinamente frunció el ceño.
—¿Te sucede algo?—le pregunté.
—¿hace cuánto tiempo estamos aquí?
—Mmm—dije llevándome un dedo a la barbilla—sino me equivoco… llevamos aproximadamente… casi tres meses aquí.
—Candy… ¿cuándo fue la última vez que recogí tus lienzos?—dijo muy seria.
—Creo que cuando llegaste con la tía abuela de Chicago a la villa en escocia—le respondí—pero como siempre, ya sabes que llega cuando menos lo imagino.
Dije riendo, seguramente ella recordaba aquellos momentos en que sin previo aviso, mi menstruación se presentaba. Ciertamente desde los inicios de mi periodo nunca había sido regular, llegaba en el momento menos indicado, y hacia su reaparición hasta mucho tiempo después.
—bueno en eso tienes razón Candy—dijo colocando el peine sobre el tocador—si no necesitas nada más me retiro que pases buena noche.
Le deseé buena noche, reprimiendo un bostezo, pues realmente este había sido un día por demás, agotador. La mañana siguiente, me sentía un poco mejor, la tensión en la casa era claramente perceptible, el resto de los hermanos de Catherine llegaron a la mansión a primera hora de la mañana, se encontraban realmente devastados pues a penas la noche anterior su padre se encontraba perfectamente, y ahora lo veían postrado en la cama.
—Saben que pueden quedarse el tiempo que necesiten, esta es su casa—expresó Albert a la tía Adeline y a Catherine y por su puesto al resto de la familia Andrey.
—No queremos causarles ninguna molestia hijo—dijo la tía Adeline.
—No te preocupes Adeline—expresó la tía abuela—de cualquier manera es mejor que permanezca aquí, mientras el doctor diga cuándo es prudente que lo transporten a Eilan.
—Gracias por su hospitalidad—expresó Christopher—ahora si nos disculpan, tenemos muchos asuntos que atender, madre, Catherine, vayamos a mi casa.
Era claro que esa solo sería una charla entre ellos tres, pues ni Ema ni Bernice fueron requeridas. Como buen caballero, Terry cumplió su promesa de ir a buscarme pero llegó al medio día.
—Pensé que nunca llegarías—dije intentando sonar molesta.
—lo siento tanto, es que mi madre quería hacer una… visita—me respondió—pero prometo compensarte con lo que quieras.
—¿Lo que quiera?—dije entrecerrando los ojos, y haciendo un intento de que sonara en doble sentido.
—¿Está sugiriendo lo que creo señorita Andrey?—expresó Terry un tanto dramático, para después dejar escapar una risotada.
—No te burles de mis fallidos intentos de femme fatale—dije intentando darle dramatismo a mi voz, sin conseguirlo—y mejor vayamos con tu madre que no debe de ser nada placentero que la hayas dejado esperando en el auto.
Mientras bajábamos la escalinata de la entrada principal, un ligero mareo como el de la noche anterior me asaltó, así que rápidamente me sostuve del brazo de Terry mientras este me miraba preocupado.
—¿Qué te sucede?¿te sientes bien?—dijo rápidamente atropellando las palabras, mientras no podía evitar reír.
—Tranquilízate—le dije—seguramente es debido al cansancio y a lo sucedido en la noche.
Brevemente le platiqué lo sucedido la noche anterior, y aunque no muy convencido me dijo que de seguir sucediendo esas cosas, tendría que ir al doctor. Después de saludar a Eleanor, nos dirigimos a un café cerca del Támesis, era simplemente una vista hermosa de aquella majestuosa ciudad, escuchaba la plática que sostenían madre e hijo, interviniendo brevemente pues la mayor parte del tiempo hablaban acerca del teatro. Repentinamente, una conocida voz a mi espalda, me sacó de mi ensoñación.
—¡Eleanor, Terry!—exclamó Edmund—no esperaba verlos por aquí, señorita Andrey, es un deleite volver a verla.
Dijo galantemente, mientras depositaba un beso en mi mano, mientras veía como Terry intentaba controlar su furia.
—supe que Rochelle regresó a parís ayer por la noche—dijo Edmund—y me dejo sus felicitaciones…
—¿Felicitaciones?—preguntó Terry.
—sí, pues dijo que Susana y tu muy pronto serán padres—pude ver la sonrisa de satisfacción que cruzaba por su rostro, era muy parecida a aquella que esbozaba Elisa cuando de molestar a la gente se trataba.
—que…como demonios…—Terry se veía realmente molesto, así que cuando dirigió una mirada en mi dirección, hice una señal de negación con la cabeza, mientras Eleanor hablaba.
—querido, antes de creer en lo dicho por terceras personas, deberías averiguarlas por ti mismo, y si de algo te sirve mi palabra, si Susana está embarazada estoy segura que ese hijo no es de Terry—dijo Eleanor en un tono dulce pero a la vez, terriblemente amenazador, provocando que Edmund guardara silencio.
—Gracias por el consejo—dijo después de un tiempo—ahora si me disculpan, tengo asuntos que atender.
Salió de ahí sin dirigir ni una sola mirada en nuestra dirección, mientras los tres reíamos provocando las miradas curiosas de las personas a nuestro alrededor.
—vaya que lo pusiste en su lugar madre—dijo Terry.
—Por supuesto, su manera era mejor de la que tu pretendías—le dije retándolo.
—¿A qué te refieres?—preguntó inocentemente Terry.
—a que pretendías abalanzarte sobre el—dijimos al unísono Eleanor y yo, volviendo a reír.
Catherine y la tía Adeline regresaron a casa de la familia Andrey, mientras Coreene veía el rostro taciturno de Catherine, si bien su querida prima nunca fue de un carácter extrovertido, esta nueva faceta realmente le intrigaba a Coreene, sobre todo cuando en aquellos años del colegio, veía las miradas que James y Catherine se dirigían, Coreene hubiera jurado que ellos se amaban en secreto, pero al ver el trato frio e indiferente de James, y lo nerviosa que Catherine se ponía en su presencia, acrecentaron sus dudas, algo debió de haber sucedido, se dijo, y antes de partir se aseguraría de saberlo.
