Muchísimas gracias a todos, no sabéis, no podéis imaginar lo feliz que estoy y lo orgullosa que me hace sentir que reconozcáis mi trabajo y mi pasión de ésta manera. Agradezco a todos los que leéis, los que esperáis ansiosos una actualización, pero los que tenéis un poco de tiempo que dedicarme para decirme cualquier cosa, incluso los fallos, os adoro.
127 reviews en 14 capítulos, ni siquiera lo hubiera podido imaginar y gracias Y NO ME CANSARE DE DAR LAS GRACIAS, NO, a todos los que habéis contribuido a hacerme un poco más feliz, a animarme e intentar motivarme. Ya no digo nada de la gente que me ha dicho que éste fic está entre sus favoritos ( o los que no lo dicen pero que están ahí) Igual todos los seguidores y lectores.
MIL Y UN GRACIAS DE NUEVO Y ESPERO QUE DISFRUTÉIS EL NUEVO CAPÍTULO ! :) Muchos besos a todos!
CAPÍTULO 14
- Damon.- Lo llamó Liz.- Damon, despierta.- Él se llevó inconscientemente la mano a la espalda adolorida y esbozó una mueca de dolor.- ¿Qué haces aquí?
Apoyó la otra mano en la frente, miró a su alrededor y negó con la cabeza tratando de desvanecer la espesa bruma que se había colado en su mente, tratando de despejar y recordar cómo había llegado hasta la sala de estar.
- ¿Estás bien?.- Le preguntó la mujer, tratando de ayudarle a incorporarse.
No, no lo estaba. Algo pesado empujaba con fuerza dentro de su pecho, angustiándole y recordándole de golpe todo lo que había ocurrido la noche anterior. Lo que había hecho, el daño que había infringido, el dolor que había provocado.
- Si.- Respondió, no sintiendo lo que decía. La culpa había aumentado con el transcurso de la noche más si cabía y trataba con todas sus fuerzas de que la imagen de Elena, desnuda y llorosa no acudiera a su mente.
- Vamos, levántate, lávate la cara y cámbiate de ropa, los invitados no tardarán mucho en bajar a desayunar.- Él asintió, despacio. Intentando razonar todo lo que Liz le decía, sin conseguirlo realmente.- ¿Qué te pasa?.- Preguntó ella, una vez que vio el estado deplorable que Damon tenía. Al principio había pensado que probablemente se debía al alcohol, así como que él estuviera allí, pero su expresión…- Damon… ¿Y Elena?.- Él no respondió, con la vista clavada en el suelo bajo sus pies.- ¿Qué ha pasado?.- Frunció los labios en una mueca de dolor, no físico si no emocional y negó lentamente, contándole a Liz, sin realmente decir nada, absolutamente todo. Ella ahogó un grito y se llevó las manos a la boca.- Oh, Dios mío, Damon ¿Qué has hecho?.
Lo que había hecho, era lo más rastrero que había podido hacer en toda su vida. Se había dejado llevar por la ira y los celos y le había hecho daño a Elena, quien no merecía nada de eso, utilizándola para liberar todas sus frustraciones, marcándola como suya para que nadie más que él pudiera tocarla, asegurándose así de que ella le pertenecía de todas las formas posibles, que nadie pudieran arrebatársela y que ocurriera lo que ocurriese ella siempre sería de él. Quería hacerla daño.
Pero todo le había salido mal, su mente se ofuscaba en que no se lo hiciera y a su vez en intentar hacérselo de todas las formas posibles y después de aquello, Damon solo quería envolverla entre sus brazos, besarla y pedirle perdón por todo el daño que le había hecho, pero no pudo hacerlo tampoco. No se merecía ese consuelo a sí mismo al intentar reconfortarla y así reconfortarse él, ni se merecía las dulces palabras de Elena, que tan devastadoramente le había dicho que le quería.
Lo más irónico de todo, fue que Damon quiso hacerle daño a ella, herirla de la misma forma que Elena se lo había hecho al besar a su hermano, pero acabó haciéndoselo a él mismo, por lo que había hecho, por lo que le había hecho a ella, por lo que les había hecho a ambos.
Apoyó pesadamente los codos en sus rodillas y se cogió la cabeza con frustración, ignorando la pregunta de Liz, intentando evadirse a un lugar donde las preocupaciones, la culpa, el dolor, el miedo, no lo persiguieran. Pero era imposible alcanzarlo.
- No puedo creer que hayas hecho algo así.- Le reprendió.- ¡Que se lo hayas hecho a ella, por el amor de Dios! ¿No ves lo enamorada que está de ti? ¿No entiendes lo que tu…?.- Calló en medio de la frase, considerando que él no entraría en razón nunca, que era tan orgulloso que nada haría que admitiera lo que sentía por una esclava, lo que sentía por Elena.- No, no lo haces. Bien, voy a ir a verla.
- Liz…- Comenzó él, alzando la cabeza de su escondite, pero no pudo seguir.
- No, no quiero saber nada. Estoy tan decepcionada…- Confesó la mujer, dándose la vuelta y dejándole solo, con un enorme y hueco vacío en el pecho.
D&E
- Elena, cariño. ¿Qué te pasa?.- Caroline entró como un remolino en la habitación, preocupada por su amiga.- Liz me ha dicho que no te encontrabas bien.- Se acercó más a ella para comprobar su estado.
Por supuesto que se lo había dicho. Liz había estado con ella tan solo quince minutos antes y la había animado a contarle a Caroline lo que había pasado, pero Elena no se encontraba con fuerzas para hacerlo. La mujer le había ayudado a ponerse algo de ropa, habiendo estado desnuda durante toda la noche y había cambiado las sábanas por ella, manchadas por sus lágrimas derramadas y la sangre que evidenciaba lo que había ocurrido.
- Nada… Solo es que no me encuentro bien.- Su voz sonó estrangulada contra la almohada, rota.
- Oh, cariño…- Se acercó al ovillo que era Elena y se sentó junto a ésta.- Quizá es producto de todas las emociones de anoche, el trasnochar, el alcohol y toda esa comida.
- Sí. Quizá.- Caroline tocó con la palma de la mano su frente para comprobar si tenía fiebre, pero no fue así. Una sonrisa cariñosa llenó sus labios.
No quiso decirle lo que había hecho, a sabiendas de la reprimenda que le caería a Damon por aquello. Él no se merecía que lo hiciera, por hacer uso de algo que ya era suyo y que tenía todo el derecho a hacerlo. Sabía cómo se pondría su amiga y que removería cielo y tierra para sacarla de ahí, para llevársela consigo, pero por eso mismo, porque quería quedarse junto a él y no dejarle nunca, no se lo contaba.
- Fiebre no tienes.- Le dijo.- De todas formas también puede ser el cansancio, yo me sentía devastada en mis primeros bailes. Ah, y no te digo nada de cómo acababan mis pies…- Elena sonrió un poco, pero la sonrisa no llegó a sus ojos.- ¿De verdad que no te ocurre nada más?
- No.- Negó.- ¿Has visto a mi hermana?.- Preguntó, necesitada del cariño de ella.
- Debe de estar durmiendo, todavía es muy pronto. Le diré que venga a verte en cuanto la vea, ¿Vale?
- Vale.- Contestó en el tono sumiso que llevaba teniendo toda la mañana.
- Bien, entonces te dejaré descansar.- Dijo Caroline, dándole un leve apretón en el brazo, levantándose de la cama.
Pero cuando fue a abrir la puerta de la habitación se encontró con Damon, que intentaba entrar haciendo malabarismos con una bandeja repleta de comida en las manos.
- ¡Vaya! Así me gusta, que cuides bien de ella.- Él frunció el ceño al verla en la habitación y un incómodo calor le inundó al darse cuenta de que si Caroline se enteraba de lo que había hecho, podría además de no sobrevivir a aquello, perder a Elena para siempre.- Pero no te preocupes.- Añadió ella.- Debe ser más el cansancio que otra cosa, porque fiebre no tiene.
Él asintió, mudo. Si su amiga no había comenzado a gritar y a amenazar, eso significaba que Elena no había dicho nada. Y en el fondo le molestaba, porque merecía la reprimenda de Caroline, a la par que la necesitaba. Miró hacia la cama y Elena los contemplaba por encima de su hombro, que seguía de espaldas a la puerta, tal como él la había dejado horas antes.
- ¡¿Damon?!.- Lo llamó, ya que se había quedado absorto mirando a Elena.- ¿Pero qué os pasa a todos hoy? ¡Estáis rarísimos! ¡Por Dios, dormid un poco y volver a la normalidad de una vez!.- Resopló.- Yo me voy a desayunar, Buenos días.- Dijo, saliendo finalmente de la habitación, dejándoles solos.
Él termino de entrar, que se había quedado quieto, mirando la espalda de Elena, temeroso de su reacción y con un miedo atroz de haber destrozado su dulce inocencia para siempre con lo que había hecho. Se acercó más al bulto temblante que había sobre la cama y depositó la bandeja cuidadosamente al lado de ella.
- ¿Qué haces?.- Preguntó Elena después de unos segundos en los que ninguno se atrevió a hablar. Seguía dándole la espalda, tapada hasta la nariz, mirando a la mesilla de noche que tenía en frente.- No tienes que traerme nada.- Susurró sin moverse.
- Elena...- Damon hizo un amago de tocarla, pero se arrepintió y devolvió la mano a su sitio.- Yo… Lo siento.
- No tienes que sentirte mal por lo de anoche.- Dijo ella sin atreverse a mirarle.
- ¿Por qué no me dijiste que parara, eh?.- Le recriminó él, porque si seguía cargando con ese peso, la culpa lo volvería loco.- Lo hubiera hecho. ¿Por qué no me paraste? Dime.- Dijo él, alzando la voz por vez primera.
- No hemos hecho nada para lo que yo no estuviera aquí.- Respondió casi inaudiblemente.
- Eso no tiene nada que ver. Sabías que estaba enfadado, ¡Te besaste con mi hermano! ¿Cómo quieres que reaccione?.- Ella apretó los ojos, aguantando las lágrimas en ellos, evitando que se escapasen.
- No lo sé.- Dijo al fin.- No lo sé.
- Yo… no quería obligarte.
- No lo has hecho.- Contestó.- No me has obligado, yo lo quería también.
- Pero no así.- Dijo Damon, acercándose a ella, poniendo sus rodillas en el suelo como cuando era un niño, derrotado.- Así no, Elena. Así no.
- Damon…- Ella alzó la cabeza, que había estado pegada a la almohada y lo miró. Él no se merecía estar así por ella, por su culpa.- Damon, por favor.- Le destrozaba verlo de esa forma, arrodillado al pie de la cama, mirándola con ¿qué? Era miedo, angustia, quizá dolor.
- Podías haberme parado, podrías haberlo hecho. Lo has hecho antes, si hubieras dicho…
- No tenía derecho.- Le dijo.- No lo tengo.- Se deshizo de la sábana que cubría su cuerpo y de levantó de la cama, sin poder verle en ese estado por más tiempo.
- Sí, si lo tenías. Sí lo tienes.- Elena se arrodilló junto a él.- Tienes más derecho del que me gustaría darte, pero es así.- Confesó mirándola a los ojos, perdiéndose el uno y en el otro en el reflejo de ambos en ellos.- Dime por qué no me paraste.- Le pidió.
- Porque tú lo necesitabas.- Susurró ella, sus alientos mezclándose, los labios solo separados por unos escasos centímetros.
- ¡No!.- Estalló.- ¡Dios, no!.- Se levantó, preso de la ira contra sí mismo, por haberse permitido hacer algo así, hacérselo a ella. Elena se levantó tras él y le sujetó por el brazo para que no se fuera, para que no volviera a dejarla.
- Tú no tienes la culpa, Damon.- Lo tranquilizó.- Yo lo deseaba también y a pesar de…
- Fui rudo.- Admitió, dándose la vuelta.
- No.- Dijo Elena.- Bueno un poco.- Se corrigió.- Solo un poco, pero fue…
- No lo fue.- Contestó él, recriminándose a sí mismo, pidiéndole perdón con la mirada.
- Sí lo hizo.- Confesó ella.- Lo fue.
- Lloraste.- Dijo, alzando la voz, enfadado consigo mismo.
- ¡Sólo porque tú me dejaste!.- Ahora le tocaba el turno de estallar a ella, que comenzó a llorar sin poder detenerse.- Porque no contestaste a lo que te dije, porque no me correspondiste y después no me…- Quiso decir que porque él no la había abrazado con cariño y le había dicho palabras de consuelo al oído, que no la había besado ni hecho el amor una segunda vez, pero no lo hizo, no se atrevió.- No te quedaste. Y yo, yo… yo solo quería… solo quería…-Balbuceó sin encontrar las palabras adecuadas.
- Elena...- La llamó, tocándola por vez primera desde la noche anterior.- No necesitaba nada de eso, yo solo te necesito a ti.- Confesó Damon, haciendo que ella parara por fin de llorar.
- Yo siempre te necesito, Damon.- susurró, perdiendo el contacto visual unos segundos, restregándose los ojos para sacarse las lágrimas de éstos y como si le diera vergüenza decir aquello, bajó aún más la voz.- Pero nunca puedo tenerte.- Le miró y deseó no haberlo hecho, porque los ojos de Damon habían vuelto a capturarla, atraparla en ellos y lo peor era que no quería ser rescatada.
- No es cierto.- Le dijo, cogiéndola por las mejillas.- No.
- Sí lo es, porque no es como yo quiero.
- Dios, Elena. No me digas eso, por favor.
Se pegó a ella y pidiéndole primero permiso con la mirada, unió sus labios con los de ella. Se separó de Elena unos centímetros, acaricio su rostro con ternura mientras ella seguía con los ojos cerrados disfrutando de ese simple contacto y Damon volvió a besarla con todo el cuidado y la devoción de la que fue capaz y que tan solo unas horas antes le había arrebatado.
- Déjame compensarte, por favor.- Pidió Damon, todavía aferrado a ella.
- No tienes que…
- Por favor, necesito… quiero.- Se corrigió.- Demostrarte que nunca te haría daño premeditadamente, que yo… que yo…
- Está bien.- Le cortó Elena.
Sabiendo perfectamente lo que él le quería decir, así como el esfuerzo que le costaba mostrar sus sentimientos y prefirió no presionarle, conforme con todo el arrepentimiento que le había demostrado y feliz de que quizá Damon sí la quisiera de igual forma que ella a él, pero que necesitaba más tiempo para terminar de asimilarlo y poder decírselo.
- Está bien.- Repitió para tranquilizarlo.
Y al instante, Damon capturó sus labios y los movió sobre los de ella en una suave caricia, moviéndolos al mismo ritmo, eliminando la escasa distancia que los separaba.
Elena tembló de pies a cabeza ante la expectativa de estar de nuevo entre sus brazos, de que Damon volviese a estar dentro de ella y que la volviera a llevar a aquel lugar que solo él podía, aquel al que solo quería llegar con él. Se le erizó todo el bello del cuerpo cuando la boca de Damon se deslizó sobre su cuello y su clavícula, repartiendo tiernos besos por ellos, mandándole escalofríos a todas sus terminaciones nerviosas.
Él se desabrochó la camisa mientras seguía besándola y con infinito cuidado la tumbó sobre la cama. Elena cayó de espaldas, sintiendo los mullidos almohadones bajo ella, a la vez que el cuerpo duro y fuerte de Damon que la apretaba contra el colchón con su cuerpo.
Sus miradas se encontraron un segundo, los ojos de él oscurecidos por el deseo, los de ella brillantes por la pasión. Y tras ése instante en el que el mundo se paró, en el que nada de lo que pudiera pasar importarse, siguieron con su ritual, esparciendo besos y caricias uno sobre el cuerpo del otro.
La piel de Elena quemaba al contacto con la de él a través de la delgada tela del camisón que usaba y que las hábiles manos de Damon hicieron desaparecer segundos después, considerándola como un estorbo.
Y ella se dejó llevar, perdiéndose en las expertas caricias del chico sin poder evitarlo, que siempre sabía dónde besar, cómo tocar, cuando acariciar. Sus miradas volvieron a encontrarse, cargadas de deseo y de algo más, algo más profundo, algo intenso y devastador que los consumía a ambos de igual forma y que por fin habían sabido reconocer.
Los labios de Damon jugaron hambrientos con las duras cimas de su pecho, su boca ardiente y húmeda se deslizaba por cada parte de su piel, desquiciándola al mismo tiempo que la llenaba y traicionada por su propio cuerpo. Elena se arqueó en una involuntaria, vergonzosa y apasionada respuesta y comenzó a moverse contra él frenéticamente, deseosa, desesperada y anhelante.
Él se movió despacio sobre ella, terminó de desnudarse y se volvió a colocar sobre ella, abriéndole las piernas con cuidado, recolocándose entre ellas, de donde jamás querría salir. Sus dedos calientes tocaron la estrecha y húmeda entrada al cuerpo de Elena y solo cuando la tuvo retorciéndose debajo de él, oyéndola gemir de placer, se permitió deslizarse cuidadosamente dentro de ella.
- Mírame.- Le pidió, cogiéndola despacio por la barbilla, obligándola a mantener la mirada.- Eres preciosa.- Le confesó, besando sus dulces labios con amor, introduciéndose lentamente en su pequeño cuerpo sin querer provocarle ningún dolor.
En cuanto la penetró del todo y lo tuvo dentro de ella, Elena retuvo las lágrimas en los ojos y se mordió el labio con fuerza hasta casi sangrar.
- Mírame. Eres preciosa, preciosa. Tranquila. Todo va a ir bien.- Le susurraba Damon intentando relajarla.- Eres perfecta.- Seguía diciendo, esperando a que su dolor remitiera.- Te necesito.
Elena todavía seguía adolorida, pero una maravillosa sensación de plenitud comenzó a llenarla un par de minutos después, mientras Damon seguía sin moverse, diciéndole palabras de consuelo al oído, dejándola aclimatarse a su poderosa invasión, mientras besaba cada porción de piel que estuviera a su alcance. Ella se fue relajando y poco a poco Damon comenzó a moverse sobre ella, muy despacio al principio, tomando algo de velocidad conforme las respiraciones de ambos aumentaban y los jadeos y gemidos de la chica cada vez se hacían más notables y más altos, más incontrolables. Elena se aferró a sus hombros con fuerza, pegándolo todo lo que pudo a ella y enterró la cabeza en su cuello, disfrutando de su olor, del calor que le devolvía y de la maravillosa sensación de estar entre sus brazos.
La rápidas, fuertes y profundas embestidas de Damon se extendieron por todo su cuerpo y un ya conocido éxtasis comenzó a nacer en su interior, que creció y la llenó al completo, haciendo que alcanzara un satisfactorio y oscuro placer que la recorrió por entero, dejando todas sus emociones y sensaciones devastadas al completo. Y solo después, él se dejó ir con ella.
Exhaustos, en silencio, cada uno enrollado en los brazos del otro, sin poder moverse, sin querer hacerlo, con miedo a perderse cualquier segundo de ése mágico momento, miedo a dormirse por si al despertar, aquello solo había sido un sueño.
- No puedes imaginarte todo lo que te necesito.- Dijo al fin Damon, besando suavemente su pelo.- Lo que me dolería que te fueras.
- No voy a irme a ninguna parte.- Le confesó ella sin pensarlo, recolocándose mejor entre sus brazos.
- Lo comprendería si quisieras irte con Caroline.
- Tenemos un trato.- Damon apretó los labios con fuerza. Era cierto que tenían un trato y que ella solo se iría cuando él se lo dijera, pero a pesar de que era tan egoísta de que no quería que le dejara solo, así la retuviera contra su voluntad, tampoco quería que ella se quedara si no quería.
- Yo quiero que te quedes porque tú quieres hacerlo, no porque yo quiera que lo hagas.- Dijo con la mandíbula apretada.- Si Elena se iba, lo mataría.
- Pero yo quiero quedarme, yo quiero estar contigo.- Le tranquilizó ella.
- También quiero que te quedes.- Dijo, entrelazando sus dedos con los de Elena.
- Siempre.- Susurró ella inaudiblemente, cerrando los ojos por el cansancio físico y emocional que su cuerpo y mente habían aguantado durante horas.
- Siempre.- Repitió Damon un momento después, sin poder evitar darse cuenta de que realmente era lo que quería.- Para siempre.- Dijo para sí, cerrando los ojos, cayendo por fin en las garras de Morfeo.
D&E
Un par de horas después, se levantó y le escribió una nota a Elena donde le informaba que iba a comer algo, que no tardaría y que iba cuidar sus modales como anfitrión, esperando despedir a la mayor gente posible para poder estar solos por fin.
Se encontró con varios amigos y conocidos que ya se iban y comió con algunos otros que se quedarían un día más. Después le ordenó a una de las doncellas que preparasen un plato rebosante de comida para que pudiera llevárselo a Elena y tranquilizó a Liz, que seguía enfadada con él.
- ¿Qué has hecho con Elena?.- le preguntó una voz a sus espaldas. Damon estaba en su despacho, recogiendo algunos papeles para llevárselos a su habitación y así poder estar cerca de Elena a la vez que trabajaba.
- Ella pagó un precio muy alto por tú culpa, Stefan. Por lo que hiciste. Y si no quieres la parte que te toca, más te vale que te marches y no me molestes en mucho, mucho tiempo.- Su hermano no dijo nada y siguió parado delante de la puerta sin moverse.
- Estás colado por ella.- Dijo, dándose cuenta de que era así y que antes o aquel sentimiento no estaba o no había querido verlo.
- ¿Sigues ahí?.- Le preguntó enfrentándolo por vez primera.
- Admítelo.
- ¿Qué quieres, Stefan?.
- Quiero que lo admitas.
- No sé de qué me estás hablando.- Le ignoró y siguió a su tarea.- Vete. Ahora.
- Reaccionaste de la peor manera cuando ella me besó, porque yo se lo pedí. Yo se lo pedí.- Repitió remarcando cada palabra.- Solo como regalo de cumpleaños y ella se negaba a hacerlo, ella solo te quiere a ti. Y tú estás loco por ella.
- No sabes de lo que estás hablando, Stefan. Lárgate.
- Sí, si lo sé. Lo he visto con mis propios ojos. Tú, Damon Salvatore, mi hermano, estás enamorado. ¡Estás enamorado!.- Gritó, en parte eufórico pero con un deje de dolor en la voz.- Estás enamorado de Elena.
- Oh, cállate.- Dijo finalmente él, recogiendo sus papeles e ignorándole, salió por la puerta esbozando una sonrisa bobalicona nada propia de él.
D&E
¡Gracias por leer!
