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Yami Horus: ¡Saluditos, mis bien amados adorados y muy apreciados lectores! (colocada detrás de un campo de energía mágico) ¿Cómo están? Yo espero que bien… El capitulo anterior seguramente que les ha parecido relleno… ¿No es así? ¡Pues se equivocan! Muchas de las cosas antes mencionadas son necesarias para la comprensión de esta historia… (claro, no todas ellas, como los sueños de Joey hehehe… ¿Divertidos, no?) Como sea, espero que este capitulo les agrade =)
Y pooooor ciertooooo~ ¡Gracias por sus reviews a todos los que siguen este fic!
Lau-chan, Geny-chan, Lady Manzanita, Andrea and Nutherberd, Sayori Sakura, Amara Aimery, Seth Alex Le Blanc, KxE, angel de acuario, MagAnzua6 Perfect Lier, GirlGryffindor, AtemFan18, Murasaki 19, lina alesa, Aerea-Sparda-Azeneth, dragonazabache y (el más reciente) Archer-kun (Gracias por el review, el número 47 n.n, y no te preocupes, no voy a dejar de escribir esta historia, lo que pasa es que me tardo años escribiendo, tengo mucho que escribir 8D Soy una autora en entrenamiento =3… y para colmo estudiante y torturadora .jejeje n_nU )
P.D.: Los personajes de "Yu-Gi-Oh!" (Anime y manga) no me pertenecen, son propiedad del Gran Maestro Kazuki Takahashi, yo solo he creado a los OC's mencionados aquí.
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Capítulo 14: Y el destino habló…
Parte 1: Lluvia
— ¡Horus! — llamó el "tempano de hielo Kaiba" con voz de trueno y gesto de ira— ven para acá jovencita. — La chica se levantó del escritorio y dejo la tarea de matemáticas a un lado.
Esa no era buena señal, si Seto comenzaba a hablar en ese tono como si realmente fuera un adulto maduro y responsable, quería decir que no estaba exactamente a punto de recibir un premio. Horus rodó lo ojos, no era que no le preocupara haber hecho algo que a su hermano molestara, pero ya estaba harta de su amargada conducta. ¿Pero qué podía hacer? Ella también se cansaba de pelear con su hermano. Sólo suspiró y ascendió por las escaleras hasta el sitio del que provino el grito del "poste de luz".
— ¿Sí onii-sama? — Preguntó inocentemente.
— Niña, explícame por qué no están mis calcetines —reclamó señalando su cajón.
— Porque…. ¿Están sucios? — le contestó con obviedad.
— Más te vale no estarte robando mis calcetines— le amenazó el mayor Kaiba. Horus sintió que una llama se prendía en su interior, pero se negó a alimentarla. Esa discusión había sido recurrente desde hacía un tiempo. Si bien a Seto no le molestaba que su hermana usara ropa de él (ropa que ya no usaba desde que dio el estirón) le hacía restregar las quijadas el que tomara sus calcetines. No era todo el tiempo, sólo habían sido dos o tres veces que Horus había tomado un par de calcetines de Seto de su cajón (a ella le encantaban esos calcetines tan amplios cómodos).
— Onii-sama, no he tomado tus calcetines desde la última vez que me regañaste. Seguro que se quedaron al fondo la cesta de ropa sucia. — Le contestó
— Más te vale— la repuesta de seto fue suficiente para que la Kaiba suspirara en señal de alivio (pero no lo hizo, Seto era muy explosivo en este estado), cada ocasión que se evitaba un regaño, ameritaba una fiesta en su psique. —Y otra cosa…— añadió el otro, la joven ahora sintió un balde de gua caerle encima ¿Se habría enterado de que Bakura seria quien le tutorara para la clase de economía? — ¡Eres una irresponsable! Te tocaba lavar la ropa esta semana, y la cocina está hecha un muladar. Y tu cuarto esta peor que un basurero, un depósito de chatarra está más limpio.
— Eso fue de ayer que se quedo abierta la ventana con el viento tan fuerte que hubo, y además, he tenido exámenes, y tú nunca ayudas en la casa, siempre somos Mokuba y yo lo que tienen que limpiar tu desorden, hasta Ishizu, Maalik y Odión nos ayudan y ellos son invitados, tú no ayudas en nada. —
— ¿Y yo a que horas? Yo trabajo, a diferencia de ti. — la chispa en el interior de la Kaiba comenzó a extenderse, como una mecha directo a un cargamento de dinamita. La chica Kaiba resopló y se dio media vuelta, la práctica de esa tarde había sido cansada, se había desvelado la noche anterior con una tarea a la que no había entendido (y que resulto ser para la semana siguiente) y no estaba dispuesta a oír tanto "ladrido" y soportarlo como niña buena, pero tampoco quería arriesgarse a hacer alguna tontería, debía de controlar ese fuego que se extendía en su interior.
— ¡ ¿A dónde vas? ! — cuestionó el mayor aun iracundo. — ¡Todavía no terminamos de hablar!
— A terminar mi tarea de matemáticas, es más importante que tus regaños. — le contestó la castaña, aun reprimiendo las ganas que tenía de hacerlo callar. Sin embargo, en todo ese tiempo no se había dado cuenta que aún llevaba la calculadora científica en la mano.
— ¡ ¿De dónde sacaste eso? ! — Le gritó nuevamente.
— Pues de la sala de proyectos— le contestó la chica— mi calculadora se perdió y esta fue la única que encontré.
— ¡¿Y quién te dijo que la podías tomar?! — le reclamó el mayor arrebatándola de sus manos— Esta es una calculadora graficadora compacta, es la mejor del mercado y me costó mucho trabajo conseguirla sin tener reporteros detrás de mi haciendo escándalo.
— Perdón, no lo sabía…— en este punto Horus sintió el fuego nuevamente, aun así intentó ser tan educada y serena como le fue posible.
— ¡Eso no la va a arreglar! ¡Y por qué está rota? — dijo señalando la tapa protectora.
— No lo sé, así la encontré. — confesó.
— ¡Para la próxima no toques nada, si vuelves a tomar mis cosas me las vas a pagar!
— ¿Y cómo quieres que termine mi tarea de matemáticas?
— No sé, es tu problema.
—Pero de todos modos ya no usas esa calculadora, y si tan importante es ¿por qué estaba botada como cualquier cosa en el suelo?
— No seas mentirosa, esto estaba en mi oficina, en el librero de la derecha. Yo la puse ahí.
— ¡Te estoy diciendo que la encontré en el suelo, y debajo de una caja con piezas de prototipos! — Y el fuego se desató—
— ¡No soy tú, niña! yo si cuido mis cosas
— Si, y tú eres le que pone el ejemplo.
— ¡No me alces la voz! ¡Tú no eres nadie para gritarme! — EL Kaiba gruño y finalizó— Sin ti estaríamos mejor, solo eres una carga. — De repente la tormenta de fuego dentro de la Kaiba se apagó, y solo quedó en su lugar un rio incontenible de lágrimas. Por unos instantes permaneció paralizada.
— ¡TE ODIO! — Le gritó y salió de ahí a toda velocidad. Ya no le importó la bendita tarea de cálculo, no le importó pasar de largo al lado de Tori, no le importó salir de casa sin llaves ni teléfono ni siquiera se molestó en ver hacia donde iba.
No se dio cuenta de cuánto tiempo corrió, quizá varios minutos, quizá escasos segundos de velocidad máxima, solo se vio repentinamente en medio de una multitud en la calle. Como autómata continuó caminando sin rumbo, las lágrimas seguían fluyendo libremente por sus ojos y un escalofrío ahora recorría su espalda. Era un día soleado, pero el azul del cielo no podía consolarla, parecía más bien que los rayos del sol se burlaran de su miseria, presumiéndole su alegría a alguien a quien le acababan de romper el corazón.
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"¡Te odio!" Aún resonaba en los oídos del señor egocentrismo, que ahora estaba sentado en su escritorio con la calculadora a un lado y en el otro un importante reporte de 150 páginas para leer y al cual dar retroalimentación, solicitudes y autorizaciones esperando ser selladas, firmadas y/o enviadas; además tenía que enviar un correo al inepto mentecato que se hacía llamar vocero de Kaiba Corp. con sus nuevas ordenes con respecto a la imagen de la empresa; además aún le faltaba hablar con esos ancianos miembros del CDC (que eran dueños de algunas de las empresas mas prestigiosas y poderosas de Japón) y planear cómo hacerlos sus aliados sin ser obligado a casarse con alguna de sus hijas (esos fósiles lo sacaban de quicio pero eran una gran ayuda con la opinión pública), por no mencionar que tendía que asistir a un evento de elegante al día siguiente por el cuadragésimo noveno aniversario del CEO de una compañía a la que se había afiliado solo por imagen pública (que horror). A veces odiaba las cosas que debía hacer en su trabajo, como el horroroso proceso burocrático que era el aún más odioso y, prácticamente, satánico papeleo (debería de ser un pecado capital) y las fiestas, desdichadas y miserables fiestas, con pomposos sujetos que se creían los dueños del mundo.
Pero por alguna razón, no podía concentrarse en sus tareas, aún estaba molesto con la "tonta irresponsable" de su hermana, él no había hecho nada malo, simplemente había hecho lo necesario para mantener la disciplina en la casa, no podía dejar que sus hermanos se salieran de control, quien sabe que podría pasarles. De hecho, si lo odiaban no le importaría, al menos no sabiendo que sus hermanos estaban seguros y sanos ¿verdad?.
Sin embargo…
"TE ODIO" esas dos palabras hacían eco dentro del abismo de su mente.
— Nii-san— La voz de Mokuba le sacó de sus pensamientos— ¿Has visto a onee-san?
— Mokuba, estoy ocupado ¿te parece que tengo tiempo para ver que hace el monstruo?
— ¿Mucho trabajo, eh? — comentó el pelinegro con un ligero suspiro y una gota de sudor cayéndole por la sien, era típico de Seto ponerse así cunado había mucho trabajo pendiente o mucho trabajo que no quería hacer (lo cual no era muy frecuente, pero cuando ocurría, lo mejor era no acercarse a su oficina o hablarle, por que era un infierno) —Bueno… Los oí pelear hace rato ¿Siguen con lo de los calcetines? — prosiguió intentando tener alguna reacción de su hermano que ahora tecleaba en la computadora como poseso.
Desde pequeños esos dos siempre habían tenido discusiones, también por tonterías, así de ruidosas y así de absurdas (y es que la joven Kaiba también era de esas niñas que toman las cosas que sus hermanos mayores dejan sin vigilar, pensando que ellos ya no las quieren) algunas de las más lejanas que recordaba incluían una playera de Shen-Long, un cuaderno de "Los Caballeros del Zodiaco", una carta de monstruo, y la ultima vez por un amuleto de buena suerte. Más recientemente, desde que la encontraron, era por cosas como esa: los calcetines de Seto, las cartas de los dragones de ojos azules, o simplemente el tomar el cargador del celular de Seto para usarlo en el de ella sin permiso (o aquello concerniente a cierto ojivioleta enamorado).
— ¡No quiero hablar de eso!— le replicó el alto Kaiba. —Si quieres ve a buscarla, creo que salió.
— ¿Salió? ¿A dónde fue?— preguntó extrañado Mokuba, usualmente solo la dejaba salir sola para ir al mercado o a la tienda (cualquier otro sitio era vigilado de cerca con el satélite de Kaiba Corp)
— No lo sé y no me importa, tengo trabajo— lo cortó.
Mokuba estaba impresionado con eso, no estaba en shock, después de todo Seto era un sobreprotector de lo peor con ellos, (al grado de que todas sus cosas estaban llenas de chips de rastreo, ¡todas! Por eso los tres tenían dibujos de dragoncitos en sus…) eso era raro.
Por alguna razón, en un fugaz instante una señal venida como inspiración divina le hizo mirar al desordenado y caótico escritorio.
— ¿Seto… que le dijiste a onee-san?— preguntó ahora más serio y algo alterado. El humor del mayor se ponía horrible cada vez que tenia mas presión de la que podía soportar y manejar, cuando eran niños también hubo ocasiones en las que las presiones le hacían ponerse de mal humor, pero nunca había perdido el control con ellos, al crecer también existieron situaciones que le habían hecho hasta alzar la voz con algo de ira… sin embargo, nunca había dejado que se le saliera de control, al menos no con él… Ahora no podía evitar atreverse a concebir la idea de que, quizá, haya perdido la razón y haya dicho algo que no debía a su querida hermana. — ¿Seto…?
—No importa, solo que es una dramática, sin ella aquí, estoy mejor. Lo que haga o no haga no me importa, no es asunto mío...
— ¡SETO KAIBA! — le llamó Mokuba, ahora su voz se oía tan potente como la del mismo Seto y el eco resonó en cada pared con la intensidad de un avión de combate a punto de despegar, y su alcance hizo que se le escuchara hasta en el sótano de la mansión vecina (asustando unos cuantos ratones). Seto apartó los ojos de la computadora y miró sorprendido a Mokuba, nunca antes el dulce y lindo hermano menor de la familia Kaiba había alzado su voz en contra de su héroe, y admitámoslo ¿quién se imaginaría a un pequeño minino regañando a un león? — ¿Como dices que no te importa? ¿Recuerdas el tiempo que pasamos separados? ¿No es por eso que siempre eres tan molesto como la gripa? ¿La razón por la que estas más pegado a nosotros que nuestra sombra? ¡Y ahora dices que no te importa! ¡¿ACASO YA OLVIDASTE LO QUE PASAMOS CUANDO ELLA NO ESTABA?! ¿Olvidaste que nos preguntábamos siempre qué habría sido de ella? — Seto apartó su mirada de los ojos azules de su hermano. — ¿Que le dijiste a nuestra hermana?
—Mokuba, estoy ocupado…— Intentó finalizar la "conversación" pero si querido hermanito aún tenia algo más que decir.
— ¡No me cambies el tema! Yo sé que tienes mucho trabajo pero eso no te da derecho de desquitarte con nosotros, tienes que disculparte con ella. — La orden de Mokuba revivió al Señor Egocentrismo Kaiba que respondió casi gritando:
— ¿Qué yo qué? ¡Pero si es ella la que me ha dado cuerda para…!— en un momento Seto se dio cuenta de que estaba discutiendo con su hermanito— ¡hey! ¡Yo soy el adulto aquí, no tengo por que discutir contigo!
— Escúchame hermano, aquí tú eres le mayor, el C.E.O., el inventor y todo eso, y legalmente ya eres mayor de edad, pero realmente no eres ni hombre ni adulto, ¡Ahora ve allá afuera a buscar a onee-san y pídele perdón!
El niño no se había dado cuenta, pero mientras hablaba se había prácticamente subido al escritorio para pegar su rostro enojado al de su hermano, y en ese momento su intensa mirada acusadora estaba quemando al Kaiba en lo más profundo de su alma, si existía el infierno, Seto ahora estaba seguro de ccómo se sentía. Apenas esa mirada se apartó, el castaño sintió la culpa invadiéndole, además de que le había sacado de su burbuja malhumorada, en ese momento estaba más consciente de lo que había hecho. ¿Realmente se había atrevido a decirle a su hermana que la quería lejos?
En un repentino flashback recordó lo ultimo que supo de su hermana en su cabeza, la agonía que sentía al saber que quizá nunca podría volver a ver a verle, el sentimiento de doble pérdida que le obligó a ser más fuerte para proteger a su hermanito como fuera. Y también recordó la alegría intensa que sintió en el abismo de desesperanza que había en su corazón el día en que volvió a ver a esa molesta niña de ojos azules como los de él, esa que había insistido en conservar a un felino gigante como si fuera un indefenso gatito callejero, esa que lo había convencido a él de aceptar a un idiota que no le agradaba como mayordomo solo por ayudarle…esa… cosa que lo sacaba de quicio a veces y que al mismo tiempo le divertía ver haciendo pucheros y jugando con Mokuba,
—Seto—Le llamó otra vez Mokuba, pero al no recibir respuesta dio unos pasos hacia atrás y salió de la habitación. El mayor suspiró, y se frotó la frente un par de veces con su mano. Ya no sabía que hacer. Estaba terriblemente avergonzado.
— Soy… un idiota — se dijo finalmente.
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El día había sido tan brillante y hermoso aquella mañana de sábado, y ahora sorprendía en sobremanera cómo una fuerte tormenta amenazaba con caer sobre la ciudad de Domino, parecía que las nubes hubieran aparecido de la nada. Atem miró al cielo como analizando el progreso de la tempestad y, como si hubiera adivinado el futuro en su mente, un cuerpo de agua, salido de ningún sitio, se desplomó sobre Domino con la forma de millones y millones de gotas. Intentó darse prisa para volver a casa (la tarea de alimentar a los conejos era, por algo, la más odiada por muchos de los alumnos ¿Quién en su sano juicio querría ir en sábado a la escuela? Y no era que el faraón estuviera perdiendo sus tornillos, o los pocos que le quedaban en estos momentos, si no que su espíritu del deber, la justicia y la responsabilidad no le permitió dejar su mano abajo cuando pidieron voluntarios)
La lluvia era cada vez más densa y torrencial, a ese paso era seguro que algunas calles se inundarían, el faraón veía a muchos apresurar su andar y correr a su destino sin mojarse. Él mismo recurrió a correr a asa tomando un atajo por le parque, corrió tanto como pudo; pero, como humano que era, se cansó de esa carrera contra el agua y buscó refugio bajo un árbol. El agua caía sin piedad cobre la ciudad, se veía tan intempestiva que era inconcebible la idea de que alguien estuviese fuera (además de él claro está). Pero se equivocó…
— Es raro verte aquí—le sorprendió una voz conocida que le hablaba con sereno tono y tranquilidad. —… sobre todo con esta lluvia torrencial. — al girarse, sus ojos violetas se cruzaron con la mirada rosada de Kyoko, la cual vestía un saco y falda blancos e iba resguardada bajo un paraguas negro
— Honestamente, yo tampoco esperaría verte fuera…— le respondió el faraón
— Salí a comprar la cena, el taxi de mis padres tardará un poco en llegar por el tráfico…— le explicó antes de posar la mirada en sus ropas—… O eres inmune como Superman, o simplemente no cuidas tu salud ¡Estás empapado! — le señaló. Atem puso atención por primera vez en lo empapado que ahora estaba, quizá la carrera que había pegado momentos antes le había ayudado a resguardarse a tiempo, pero no lo suficiente para salir ileso, su chaqueta estaba completamente mojada de la parte superior de la espalda y hombros, y en su cabello podía sentirse algo de humedad.
— Oh, no lo había notado…Estaba en la escuela y…
— ¡Oh! Alimentar a los conejos ¿Eh?… noble e insensata decisión. — siguió hablando ella con un poco más de expresividad que la acostumbrada en sus gestos. — ¿Aún estás lejos de casa verdad?
— Unas calles más— respondió el chico, justo antes de que la pelinegra le diera el paraguas.
— Toma, tengo entendido que no son calles exactamente cortas, mejor úsalo.
— Pero tú…te mojarás…
— No importa, hace un momento un auto paso sobre un charco y me salpicó, ya estoy algo empapada y mi casa está a una cuadra de aquí, de una u otra forma llegaré mojada y con riesgo de enfermarme. —Habiendo puesto el objeto en manos de Atem, la chica se apresuró a correr mientras decía sin emoccion visible alguna:
— ¡La lluvia empeorará pronto! ¡Date prisa y vuelve a tu casa, o te enfermarás! — Y antes de que él pudiera agradecerle pro su amabilidad, ella desapareció en a lejanía. Dio una mirada al cielo y pensó que Kyoko tenía razón, y continuó su marcha a través del atajo.
Tal como lo había previsto la pelinegra, la lluvia se volvió aún más intensa luego de unos minutos. El lugar se veía completamente diferente, los colores de los juegos se habían obscurecido dramáticamente (la lluvia era tan fuerte, que apenas y se podía ver al frente) y la ausencia de esos niños que solían estar ahí cada tarde le restaba algo de vida. En medio de este lúgubre tono del parque, divisó una silueta sentada en el columpio ¿Quién podría estar ahí a merced de aquel diluvio que caía sin misericordia?
— ¡¿Horus?! — casi gritó sorprendido cuando apresuró su caminata hacia la figura de la chica de desordenado (y en este caso, mojado) cabello castaño. Ella giró su cabeza sin mucho ánimo a quien la estaba llamando, pero igual sonrió un poco en cuanto vio de quién se trataba.
— Hola…— le saludó con un hilo de voz…
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Seto suspiró frustrado, estaba preocupado, confiaba en encontrarla escondida en algún sitio de la mansión, detrás de algún árbol, entre los arbustos… pero no la hallaba, no contestaba su teléfono y el sistema de rastreo no funcionaba gracias a la lluvia (¡maldito defecto de fabricación!). ¿Dónde estaría? No había sabido de ella en horas, y ahora llevaba un largo rato sentado en su escritorio sin poder mover un músculo. No podía salir de ese horroroso estado de impotencia, la cabeza le daba vueltas y no podía ni siquiera imaginarse algún sitio en el que ella estuviera.
De repente, un par de golpes se oyeron en la puerta.
— ¡Pasa! — exclamó sin tomarle tanta importancia. Vistiendo uno de los trajes de Roland, la cabeza rubia de Joey asomó por la puerta (estaba trabajando ahí el fin de semana con la esperanza de obtener una pequeña retribución por trabajar tiempo extra)
— ¡Hey! — Le llamó sin respeto ni etiqueta— tiene visitas señor Kaiba. — Seto se levantó, de inmediato y fue a la puerta
— ¿Quién es?
— Tu vecino, que quiere preguntarte una opinión de algo— No estaba del humor más recomendable para recibir a nadie, pero sus propios pensamientos le decían que tal vez hablar un momento con su vecino sería una buena idea…
Sentado en el sillón, disfrutando de un cigarrillo encendido, se hallaba un sujeto notablemente mayor que el tempano de hielo Kaiba, quizá un poco más alto, y de gesto puramente estoico, coronado por una melena de color cenizo.
— Konnichiwa gosaimasu— saludó Seto— no quise hacerlo esperar.
— No te preocupes Kaiba-kun, sólo llevo aquí escasos dos minutos…— respondió antes de tomar otra bocanada de humo.
— ¿Qué puedo hacer por usted? — Preguntó algo tenso el Kaiba mientras tomaba asiento al otro lado de la mesa de centro de la sala.
— Bueno, mi critica y manager se fue de vacaciones y no tengo a nadie que me ayude a verificar este nuevo material así que ya que tu hermana conoce mi trabajo, y es la única chica que vive cerca, quería pedirle que lo leyera… y me ayudara a buscar errores… lo…. Escribí a media madrugada— admitió el mayor
— ¿No habría sido mejor traerlo cuando hubiera un mejor clima?
— Hm… Mizaki también me dijo lo mismo — respondió con un suspiro de derrota—…quizá debí escucharlo… en fin, ese es el favor que le quiero pedir a tu hermana ¿Podrías llamarla si no es mucha molestia?
— Me temo que no puedo—Admitió el señor egocentrismo. —… no está en casa.
—…huh… cierto— habló aquél hombre con una mano en la barbilla—…esta tarde la vi salir con mucha prisa… ¿A dónde iba?
— No lo sé, no me dijo, tampoco sé dónde está y su teléfono no contesta. — Admitió como si contestara a su subconsciente.
— No te preocupes, si no ha vuelto con esta lluvia, significa que debe estar en casa de algún amigo. Nadie se quedaría afuera con semejante diluvio... — hubo un pequeño silencio en el que Seto pareció tensarse, aún más ¿Cómo no lo había pensado? Sólo había pocos lugares a los que iría el monstruo…—… lo que me recuerda… Mizaki está por llegar… mejor regreso a mi mansión o me regañará por no haberlo escuchado… ¡Gracias por tu tiempo Kaiba-kun!
— Es un placer ayudarle Usami-san— le respondió mientras le escoltaba hacia la puerta. Una vez que el invitado inesperado se hubo ido, Seto se dirigió a su habitación a buscar un abrigo y se dirigió al enorme garaje anexado a la mansión, usualmente él prefería usar la limusina para todo, pero en esta ocasión era diferente. Se dirigió a un sitio en la pared donde había al menos diez juegos de llaves diferentes y tomó el primero que su mano alanzó, presionó un botón y se dirigió al auto con las luces encendidas.
— ¡Weeler! —Llamó, con potente voz, a lo que el rubio se presentó apresurado.
— ¿Si? — Apenas articuló jadeando.
— Voy a salir, hazte cargo de la mansión, volveré enseguida…— le respondió nuevamente con su usual malhumorado tono.
— ¿Q-qué? ¿Pero a dónde vas? — Cuestionó confundido
— ¡No te incumbe! — le replicó mientras se apresuraba a entrar al auto deportivo, puso la llave en posición pero no parecía atreverse a hacerlo arrancar, más bien tomó un momento para intentar calmarse.
— ¿Qué pasa?
— ¡Nada! — le gritó molesto.
— ¿Estas pensando en ir a buscar a Horus, verdad? — EL castaño le miró para preguntar cómo lo sabía, a lo que el rubio agregó — También soy un hermano mayor. Es lo que yo haría.
— Dime, si eres tan experto— comenzó a hablar Seto— ¿cómo te disculpas con tu hermana menor luego de haber hecho una tontería?
— Hm… pues... no estoy muy seguro… pero bueno, basta con decir que lo sientes en verdad, y debes de sentirlo en verdad, las hermanas pueden leer la mente…
— ¿No tienes un menor consejo…?— esto tomó por sorpresa al sirviente provisional.
— E-Espera, ¿de verdad me estas pidiendo consejo? ¿A mí? — dijo apuntando a su propio rostro con el índice. — ¿Tan desesperado estás? ¿Pues qué le hiciste?
— ¿Cómo sabes que le dije algo? ¿Estabas espiando?— preguntó severo.
— Tengo un informante de cuatro patas…
— ¡Ese gato boca floja! — se quejó el alto.
— Parece que el tigre la vio correr y ella ni le hizo caso, luego fue a tu oficina y oyó a Mokuba regañarte. — Hubo un incomodo segundo de silencio y luego agregó— Tori mencionó haberlo oído decir algo sobre… "lo que pasaron" en ausencia de Horus ¿A qué se refería? — EL C.E.O. suspiró derrotado. Y no era por que realmente el Rubio estuviera haciendo un excelente trabajo detectivesco o por que confiara en él, simplemente tenía la necesidad de decirlo en ese momento, quería un par de oídos humanos para escuchar; y quizá, tal vez, aconsejar…
—Flash Back—
En un orfanato cualquiera, a las afueras de la ciudad de Domino, se hallaban tres niños sentados en una banca a la entrada de la oficina de los directivos. Al parecer, habían llegado en el momento justo en que ya no les quedaba espacio para recibir a más niños, y se estaban poniendo en contacto con conocidos suyos en otro orfanato, habían tratado de deshacerse de ellos desde que llegaron días atrás…
— Onii-chan ¿Cuánto tiempo vamos a estar aquí? — Preguntó el pequeño Mokuba a su hermano mayor.
— No lo sé, llevan días diciéndonos que nos llevarán a otro orfanato, pero parece que no han decidido nada. — dijo el pequeño Seto mientras una castaña de, entonces, corto cabello castaño (hasta el hombro y bifurcado exactamente a la mitad) comenzaba a toser.
— ¿Kuribo, estás bien? — se presuroso y preocupado preguntó el mayor.
— Estoy bien…— dijo la niña con una mirada somnolienta y cansada.
— Espero que decidan pronto a donde nos enviarán, necesitas medicinas
—Entonces mejor e no se digan nada, las medicinas saben feo…— se quejó mientras recargaba su cabeza sobre el hombro de su hermano.
Esa tarde siguieron sin conocer cual sería su destino próximo, por lo que los llevaron a una bodega que habían acondicionado improvisadamente como su dormitorio provisional. No había arañas ni ratones ni insecto visible, pero el penetrante olor a los productos químicos de la limpieza no era exactamente algo que se desease, y ciertamente tampoco era algo que ayudara a los pulmones de alguien cuyas vías respiratorias no estuviesen sanas. Los tres se hallaban compartiendo un viejo camastro, que rechinaba cuando alguien se movía, y compartían sola almohada hecha con una funda de gran tamaño y rellena con ropas viejas.
— Onii-sama… tengo frío…— se quejaba Mokuba, que temblaba al lado de la castaña (que apenas y podía articular palabra de lo mal que se hallaban sus cuerdas vocales después de toser tanto).
— Ten, toma mi cobertor— le indicó dándole a los pequeños su propio cobertor para ayudarles a protegerse (nadie había reparado en el hecho de que esa bodega no había sido construida para ser habitada y aún peor por que se hallaban en época otoñal con una rara condición climática en la que el viento soplaba tan fuerte que sus temperaturas equiparaban a las del invierno mismo.
Les habían ordenado quedarse ahí y no habían salido de la habitación en toda la tarde, y tampoco es que tuvieran otra opción, los cuidadores de ese sitio no eran exactamente amables.
— Onii-chan…— apenas alcanzó a decir la menor con una casi inaudible vocecita ronca.— ¿Qué pasará después de que nos manden al otro sitio?
— No lo sé… pero esperemos que sea mejor que este cuarto— ni siquiera el mismo Seto supo por que había señalado aquello, quizá se lo dijo a si mismo, o quizá trataba de animar la situación. Hubo un corto silencio y nuevamente la vocecita rasposa y débil de la niña se oyó—Nii-chan… ¿qué nos pasará en el otro orfanato?
— No lo sé Kuribo…— contestó con cierta preocupación.
— Tal vez… alguna mamá o papá vengan y nos adopten. — sugirió Mokuba, que también estaba empezando a quedarse dormido.
— Si… y tendremos una familia otra vez…— terminó la niña antes de quedar en completo silencio sólo interrumpido por el constante ulular del viento afuera en aquél día gris. El frío no era problema para Seto, a quien la preocupación por sus hermanos le había quitado el sueño. Las palabras de esos dos resoban en su cabeza, él también tenía curiosidad sobre cómo sería el lugar al que los enviaran después… ¿Habría alguien que quisiera adoptarlos? O más importante ¿Alguien dispuesto a adoptarlos a los tres?
-.-.-.-.-.-.-.-
Ya cuando la noche había sido remplazada por el naciente sol de la mañana, se abrió la puerta repentinamente. Entró una mujer de cabello negro y traje rojo con minifalda y mucho maquillaje y desdeñosamente indicó que su partida sería a las nueve de la mañana así que deberían de estar listos, alguien los llevaría a la oficina de dirección, donde los enviados del otro orfanato, que los acogerían, los estarían esperando para llevárselos.
Los tres se miraron y, en el momento en que la mujer partió, comenzaron a recoger sus escasas pertenencias para irse. No era mucho, alguno que otro juguete, un par de cambios de ropa y un dragón de ojos azules de peluche.
"El último día que pasamos ahí, se suponía que nos iríamos los tres, pero…
uno de los cuidadores vino por Horus.
Dijo que habría un cambio de planes."
Ya casi habían terminado, sólo esperaban a quien vendría por ellos y los llevaría a la que debería ser su nueva "casa". Cuando la puerta se abrió, la mujer de rojo volvió a aparecer, pero no había venido por las razones que ellos pensaban.
— ¿Quien aquí es Horus?
— Y-yo…— apenas logró articular.
— Tú vienes conmigo. Ha habido un cambio de planes— y tomando a la niña por la muñeca bruscamente la arrastró fuera del cuarto mientras decía—…ustedes quédense aquí, los vendrán a recoger en un rato.
Tal cual había dicho la mujer (a la que ya detestaban con solo mirarla) alguien vino por ellos luego de unos minutos y los llevó de nuevo a la misma diminuta oficina en la que habían estado antes esa semana, nuevamente se sentaron en la banca de afuera mientras los enviados del otro orfanato terminaban de llenar el papeleo sobre la transferencia.
— Si van a ir al sanitario o algo es el momento— les indicó uno de los adultos que salía de la dirección con un montón de papeles. Seto lo miró y en un instante, un torrente de ideas le vino a la mente.
— Espérame aquí Moki, iré al baño. — el pequeño asintió y vio a su hermano desaparecer al final del pasillo. Lo que no miró, fue la dirección que había tomado... Seto de alguna forma sabía que siguiendo a esa persona encontraría a su hermana, o por lo menos sabría por qué se la habían llevado. Lo siguió tan silencioso como pudo, de todos modos, no tenia nada que perder (si lo atrapaban, solo debería decir que se perdió y listo). Llegó a otra oficina, al parecer era la del director del orfanato.
"No queríamos separarnos, así que… lo seguí hasta que llegó con el director…"
— ¿Ya hicieron algo sobre los mocosos nuevos? — preguntó un hombre de mediana edad con dureza en la voz apenas vio al otro.
— Solo falta su firma, director. Se llevarán a los niños en una hora más, la niña se quedará en la enfermería.
— ¡Yo no he autorizado esa estancia! — Replicó— ¿Se atreven a tomar decisiones sin mi consentimiento?
— Jefe, ¿No recuerda que vinieron los inspectores de la compañía de seguros hace unos días? El niño con difteria murió, y si no llenamos esa plaza perderemos una parte del dinero. —El otro hombre frotó su barbilla un par de veces y preguntó:
— ¿Quién se quedará?
— La niña— dijo— nos traerá más dinero. Además, está enferma, recibiremos un bono extra por gastos médicos.
— Quizá esta vez debamos invertir un poco en la salud de esta, viste lo que pasó con ese chiquillo.
— No se preocupe señor director, los inspectores no vendrán hasta el próximo año, podemos conseguir un remplazo a tiempo. —completó malicioso el de menor rango— podemos… hacer un acuerdo con uno de los otros orfanatos aliados nuestros… tomamos la excusa de que uno será solo para niños y el otro para niñas, ellos no tendrán tantos gastos y nosotros tenemos las pólizas de seguro solo de las niñas…
"…ahora sé que lo que pagaban era el equivalente a un seguro de vida por un mes… por alguna razón recibían más dinero por las niñas…"
Seto no hizo ningún ruido y permaneció silencioso, escuchando del otro lado de la puerta. Tenía tantas ganas de entrar ahí y darles su merecido a esos dos… ¿pero que podía hacer? Era solo un niño, pero aún así se sentía muy culpable; culpable por no poder hacer algo para cuidar a su hermana, por tener que "abandonarla" en aquel lugar. Limpió sus lágrimas antes de volver con Mokuba.
Esperaron unos minutos más hasta que, de repente vieron a la mujer de rojo salir de otra oficina al otro lado del pasillo, otra vez trayendo a rastras a la pequeña hermana.
—Quédate aquí—le dijo sin expresión— iré por unos papeles, no tardaré, así que no te muevas. Y desapareció doblando por el final del pasillo.
— Onii-sama… dicen que voy a quedarme... — Dijo con tristeza. — ¿Por qué debo quedarme?
"Ella me preguntó por qué debía quedarse y lo único que pude decir fue:"
—… Dicen que debes quedarte por que sólo hay espacio para niñas, a los niños nos mandarán a otros lugares.
—Fin del Flashback—
—Luego de eso perdí la esperanza de verla de nuevo, a Mokuba no le dije nada, solo traté de darle ánimos de que algún día la hallaríamos… que… tal vez la adoptarían y que quizá, algún día, nos rencontraríamos. Pero la verdad… con lo grave que se ponía y la poca atención en ese sitio… siempre recé por que esa mentira se volviera un milagro… Y… lo conseguí…— El castaño ahora apretó en sus manos aquel relicario, cuyas replicas estaban en manos de su hermanos.
— ¿A qué te refieres?
— En una ocasión, Gosaburo me mandó llamar, sólo éramos él y yo. Uno de sus subordinados se había encargado de investigarnos... y así se enteró de Horus. Me dijo que uno de sus hombres la había adoptado, y que si fallaba en mis estudios o lo hacía quedar mal, con una orden la abandonarían a su suerte. Así que… la apuesta que habíamos hecho fue modificada, si lograba cumplir con todos mis estudios, y administrar la parte de la compañía que me había permitido en el lapso de dos años, podríamos ver a Horus. Claro, nunca le dije a Mokuba; pero, llegado el momento en que podría reclamar mi "premio", Gosaburo me dijo que todo había sido mentira, y me mintió una vez más: me aseguró que Horus en realidad había muerto a los pocos días fuera del orfanato… Todos esos años pensando que habíamos perdido a nuestra hermana… Y ahora yo la trato de esa forma…— luego de unos segundos en silencio, estrujó el relicario con todas su fuerzas— ¡Soy un maldito hipócrita!
— ¡Ya! ¡Bájale al drama! Estás muy presionado — le calmó el Weeler—Sólo, cálmate sal a buscarla y dile lo que tengas que decir.
— ¿Qué cosa? ¿"Perdón por gritarte, soy un completo baka hipócrita y lo reconozco por que apenas acabo de recordar que por un tiempo pensé que jamás te volveríamos a ver porque llevabas mucho tiempo muerta y nunca lo dije"?— Joey se encogió de hombros y suspiró.
— Si eso es lo que realmente quieres decir, y lo que necesitas para arreglar lo que rompiste y recibir un solo zape en la cabeza, y que tu hermana no te odie de por vida, hazlo.
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En unos minutos más, la tormenta inminente se había desatado por fin. Los rayos caían abundantes por doquier e iluminaban los obscuros interiores de la mansión como lo haría la luz del día. En la mesa los arcanos se alineaban en posición correcta, y daban una señal… los cristales, las runas y también la lectura de la estrellas mostraba el mismo tipo de presagio, el mismo resultado, la misma predicción lograda por medio de métodos tan distintos y lejanos en su intromisión los unos con los otros….
— Otra vez lo mismo— se dijo a si misma con estoico gesto. Desde que el ritual se llevó a cabo y los artículos del milenio volvieron a su lugar, Ishizu ya no podía ver el futuro como antes lo hacía, sin embargo eso no quería decir que había dejado de hacerlo del todo.
En esta ocasión, había recurrido a muchos de los métodos alternos que tenía para despertar su habilidad de videncia para ayudar al faraón en la búsqueda de aquella persona tan preciada y tan desconocida.
— ¿Hermana? — La llamó Maalik, que acababa de entrar a la obscura habitación de su consanguínea. Por la expresión seria de la egiptóloga, se percató de inmediato que había visto algo. — ¿Qué ocurre? ¿Qué has visto?
— He usado diferentes métodos de adivinación, y de alguna forma todos me han llevado a lo mismo. — Contestó ella— tengo un mensaje para el faraón querido hermano… — Maalik puso una expresión seria y algo preocupada—… el destino ha hablado…—continuó—… el momento en que todo se aclarará, se está acercando…
— Entiendo — Respondió serio y sombrío, mientras su sabia hermana le hablaba de su nueva visión.
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Sentada en un cómodo sillón, se hallaba una Kaiba con el cabello mojado y rodeada por un frondoso cobertor. La señora Moto era una mujer muy amable y atenta, ciertamente; luego de que llegaran ambos empapados de pies a cabeza ella misma hizo varias cosas: 1) regañar Atem por haber tardado más de la cuenta y haberse empapado la mayor parte del camino, 2) ofrecerle a Horus lavar su ropa y prepararle el baño para evitar que se enfermara y 3) preparar algo de té caliente.
— ¿Horus, niña, que hacías afuera con esta lluvia? — cuestionó la mujer de ojos violeta-rojizo. — Mírate nada mas… — dijo llegando con una toalla limpia— que barbaridad, debes secarte muy bien el cabello o si no cogerás un resfriado —dijo colocándosela sobre los hombros— listo, te la dejaré así para que tú lo hagas como se te de tu gana.
— Etto… Gracias señora Moto— contestó la Kaiba.
— Si me necesitan, estaré ayudando a Mana con un pequeño proyecto suyo, no te molesta que te deje sola aquí, ¿verdad?
— Está bien… no se preocupe…— aseguró.
Y realmente no le molestaba, le agradaba haberse encontrado con un amigo en esos momentos de tristeza, pero en ese momento deseaba que la dejaran sola. En su mente aun se arremolinaban bastantes preguntas, todas y cada una cuestionándose el porqué de muchas cosas… ¿Cómo unas cuantas palabras pueden crear tanto caos en la psique de alguien?
— ¿En qué piensas? — Escuchó la voz de Atem que acababa de venir del baño (se notaba en lo mojado que aun tenía el cabello) ahora vestía un pantalón negro y (curiosamente) la misma camisa amarilla que le habían obligado a usar durante el festival de invierno con las orejitas de pikachu. Por alguna razón, esto le hizo traer a su cabeza lo divertido que se vio el chico aquel día (apenas y pudo contener la risa que venía desde el interior de su pecho).
— ¿Qué es tan gracioso? — Preguntó el faraón algo confundido.
— Solo te faltan las orejas de pikachu…— respondió ella, a lo que el otro se sonrojó levemente (Joey no lo había parado de molestar con los vestuarios que tuvo que utilizar…).
— Si… al menos el disfraz de pikachu fue mejor que el de gato…— respondió él sin importarle revivir esos momentos tan embarazosos. — Cambiando de tema… ¿Qué hacías afuera con este clima? — La sonrisa de la castaña fue remplazada por una melancólica mirada y un gesto de duda.
— No me di cuenta del tiempo— respondió luego de un suspiro. — Estaba afuera y… ni siquiera me había dado cuenta que estaba lloviendo. —Antes de que el ojivioleta pudiera decir algo más, ella se apresuró a cubrirse hasta la cabeza con el cobertor y comenzó a llorar— Perdón… es que… es que…
—… — Atem guardó silencio, no sabía de qué se trataba, pero se notaba que era algo que afectaba a la chica Kaiba. Tomó asiento junto a ella y continuó —… ¿dime?
— Peleé con Seto hoy… y… — antes de completar la frase volvió a llorar—…perdón… no debería llorar pero… pero…— su voz se quebró por completo y no pudo más, la angustia la consumía internamente, sentimientos de tristeza se apoderaban de su ser y, por más que lo intentara, no podía reprimir esas ganas de llorar con desesperación. Era incómodo, pero esa era la única forma que tenía para quitarse de encima ese sentimiento, repentinamente se sentía una extraña en su propio hogar, inclusive estaba dudando de que fuese correcto llamar le hogar.
Repentinamente su acción fue interrumpida por el inesperado confort que le trajo al ser rodeados sus hombros por los brazos del faraón. En otro momento, habría roto ese contacto con alguna tontería causada por la pena, pero… en ese momento, ese abrazo se sentía como todo lo que necesitaba para sentirse segura otra vez. Sonrió con un gran sonrojo en la cara y permaneció de esa forma por lo que se sintió como una eternidad, y que cuando terminó pareció un instante efímero.
— Gracias— dijo y apenas iba a responderle el faraón, alguien llamó a la puerta.
Atem se dirigió entones a abrir, hallándose frente a frente con el mismísimo Seto Kaiba. La tormenta no había disminuido ni n instante, y el alto C.E.O. no parecía importarle estarse empapando bajo aquél inusual monzón. No se necesitaron muchas palabras para hacer de su conocimiento la razón de su visita. Algo extrañado y algo curioso por el comportamiento de ambos hermanos Kaiba, el faraón informó a Horus de la llegada de su hermano, recibiendo un último beso de agradecimiento antes de que la castaña encontrase con el mayor.
Seto retiró su gabardina blanca y la usó para cubrir a su hermana de la lluvia mientras ésta subía al asiento del copiloto. No eran los únicos en esos "ríos" en que se habían metamorfoseado los caminos, pero las calles estaban algo despejadas, aun así, el camino a casa se estaba haciendo eterno, sobre todo por el silencio prevaleciente entre ambos. Ni el mayor ni la menor se atrevía a hablar, quizá pro la incertidumbre de qué iban a recibir ¿Otra declaración de odio? ¿Otra muestra de rechazo? Ese era el más grande miedo de ambos en aquellos momentos, ¿Qué tal si…?
— Perdón por lo de esta tarde— le dijo finalmente el mayor, tomándola por sorpresa—… ya sé que no es excusa, pero… creo que dejé que mi trabajo me consumiera… ¿Podrías perdonarme? — La chica sintió nuevamente que la lágrimas fluían por sus ojos, pero esta vez no por tristeza, si no por felicidad…
— Yo también te quiero onii-chan…— respondió recargándose un poco sobre su hermano, quien la rodeo con un brazo y en su rostro se pintaba una inusualmente cálida sonrisa.
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En algún sitio donde sólo las sombras eran lo único visible y existente, una voz burlona atormentaba a un alma, a pesar de que ésta tuviera aún más poder para hacerla sufrir a ella…
— Nuevamente fallaste, tu amado faraón se aleja cada vez más de ti— Se burló de ella
— En primer lugar: ¿Realmente fue suyo alguna vez? — apuntó una segunda voz
— No me agrada… esto no me agrada… no puede ser una simple coincidencia… debe haber algo más implicado en esto…— repitió para sí en una voz desesperada.
— ¡Uf! Esta ya se volvió neurótica…— se quejó una de las voces, pero su intento por fastidiar resultó en vano, ya que esa presencia había dejado de escucharlas hace mucho… ahora miraba con frialdad un espejo de mano, el cual arrojó a la ventana con furia, haciendo que varios trozos de vidrio se dispersaran por el lugar.
— ¡Él es mio por ley! — Gritó— ¡Mio y nada más!
Las otras dos presencias guardaron silencio, no sabían que era lo que deberían de esperar… ¿Ira? ¿Tristeza? ¿Demencia?
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Estando ya en la mansión, con un gran felino haciendo de almohada, la Kaiba dormía agotada luego del estrés de ese día. Seto se había quedado con ella, seguía sentado al pie de la cama, vigilándola, solo para ver que estuviera bien. De alguna forma, el atroz comportamiento que tuvo le ayudó a recordar algo que había olvidado: esos recuerdos que había tratado de bloquear para protegerse, por más felices que fueran…
Esto le hacía reflexionar varias cosas; una de ellas era lo mucho que Mokuba había madurado a comparación de él mismo (lo cual le sorprendía y entristecía la vez, su hermanito estaba creciendo). Ya estaba por irse, cuando algo captó su atención, un bulto blanco sobresaliendo por debajo de la almohada. Con cuidado lo retiró y miró con nostalgia y extrañeza, aquella había sido la primera señal, quizá la prueba de que Mokuba era el más maduro de los tres...
—FlashBack—
—Muy bien, es hora de irnos— se oyó la voz rígida el emisario.
— Onii-chan— llamó la niña a duras penas— pero… ¿Cuándo… nos volveremos a ver?
— No lo sé… pero espero que sea pronto— dijo Seto, haciendo un silencioso esfuerzo por no ponerse a llorar (algo aún más difícil de lograr cuando su hermana se le adelantó y su voluntad casi le traiciona)
—Nee-chan, no llores— le alcanzó a decir Mokuba, mientras tomaba su mochila y sacaba un bulto blanco de dentro. — ¡Toma! Tenshi te cuidará mientras no estamos— Y así la castaña tomó de las manitas de su hermano menor aquel dragón blanco de peluche con azules ojos de botón. Y despidiéndose con abrazos y lágrimas, la hermana mediana miró a sus dos hermanos partir.
—Fin del Flash back—
—Tú también eres un sobreviviente —Le murmuró al dragón antes de colocarlo al lado de la castaña e irse a su respectiva habitación.
Mientras tanto, en el exterior, una silueta que se había desplazado silenciosamente había estado esperando el momento preciso para actuar. Imposible de distinguir en la obscuridad, pasó por cada ventana de la mansión hasta que halló a la que sería su víctima…
— Kaiba…Horus… igual que el dios del sol…— murmuró seguido de una risilla. Extendió su brazo en dirección a la ventana y se dibujó entre sus dedos una mancha escarlata, con un movimiento de su brazo formó un círculo que brilló con una luz roja como sangre, apenas el círculo fue completado, murmuró unas cuantas palabras prácticamente inaudibles, y en un gesto de su mano como si lo empujara, el luminoso círculo rojo levitó hacia el interior de la habitación —… no es nada personal… Pero el amor es guerra, querida.
CONTINUARA…
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Yami Horus: Dudas sugerencias comentarios y/o amenazas de muerte se dejan en…ZZZZZZZZZZ ya saben lo demás… zzzzzzzzz
Joey: Y si no, se los digo yop: Dudas, sugerencias, comentarios, regaños y/o amenazas de muerte se dejan en un review, en caso de ser los últimos dos casos que sean correctamente escrito y sin palabras altisonantes, fallas de sintaxis, errores de sintaxis ni ortográficos.
PD: Si se preguntan cómo fue que Usagi vio correr a Horus desde su mansión (que es rodeada por un bosque completo) es sencillo: estaba haciendo algo de jardinería… Sí, sí, fans de J.R. ya sé que Usagi y Mizaki viven en un departamento de lujo, pero esta es mi versión modificada para que puedan hacer una aparición especial en el fic, y yo digo que viven en la mansión de la familia Usami. Por cierto, esa era una sorpresa ¡Sorpresa! (Y no… no aparecerán la Terrorist ni la Egoist, solo la Romantica por que así lo quiero, por eso soy la autora… y además no tengo idea de cómo lo haría XD) Para los que nunca han visto la serie… no pregunten, ¡por favor!.
