CAPITULO 14 Cruzando el charco

Después de pasar dos semanas en Bulgaria, Draco viajó a los Estados Unidos dispuesto a encontrar a Pansy y olvidarse de una vez de la simpatía que de pronto sentía hacia Harry Potter, no porque le pareciera mal sentirla, sino porque en ese momento no era más que una distracción inoportuna. Vale, podía decirse que habían enterrado el hacha de guerra y admitía que se sentía contento por ello, pero no hacía falta darle más vueltas, ni ponerse tan tonto como una niña de diez años a punto de escribir en su diario "Harry y yo nos hemos hecho los mejores amigos para siempre".

La comunidad mágica más numerosa del país se hallaba en Nueva York, pero prefirió viajar a Nueva Orleans, donde no había barrio mágico propiamente dicho porque no había necesidad. Allí la mayoría de los muggles creían en la brujería, y si bien los magos no iban por ahí sacando la varita ni haciendo hechizos, tampoco se escondían tanto como en Europa. Draco no era partidiario de mezclar ambos mundos, pero la fórmula de Nueva Orleans no le disgustaba del todo. Armado con su Guía Mágica para el Turista, encontró un hotel donde poder alojarse con Topey y salió a la calle en busca de su amiga de la infancia. Su aspecto y su manera de hablar llamaban mucho la atención y no pasó mucho tiempo hasta que se convirtió en el chisme de moda en la comunidad mágica de la ciudad y empezó a ser recibido en los sitios con un "me habían hablado de ti". La mayoría de magos parecía deseoso de ayudar, pero pasaron los días sin que ninguno de ellos reconociera a Pansy cuando les enseñaba la fotografía más reciente que había encontrado de ella, una que le había dejado Blaise en la que salían los tres.

Una noche, cansado de no hacer otra cosa, se arregló un poco y se fue a una discoteca de magos que había en el Barrio Francés. Según la GMT, ponían la mejor música de la ciudad, tanto mágica como muggle, y daban conciertos en directo de soul, blues y jazz. Cuando Draco entró, le dio la bienvenida una voz negra, rota y extrañamente sensual que cantaba sobre el desarraigo y la añoranza y supo con certeza que aquel sitio iba a gustarle. Algunos magos lo reconocieron y lo saludaron con la cabeza y una bruja mulata se acercó a él.

-Hola, ¿te acuerdas de mí? Hace un par de días te pasaste por mi tienda preguntando por tu amiga y te compraste una camisa blanca de hilo.

-Monica, ¿verdad?

-Sí. ¿Has tenido suerte? ¿Has averiguado algo sobre ella?

-No, aún no.

La chica señaló una mesa que había detrás de ella.

-Estoy ahí con unos amigos. ¿Por qué no te sientas con nosotros?

Draco aceptó, interesado en averiguar más cosas sobre los magos en los Estados Unidos, y Monica hizo las presentaciones. Había un chico alto y negro que se llamaba Claude Morey y que estaba casado con una bruja pizpireta y pecosa llamada Maya. A su lado había otro mago, John Mitig, cuyas facciones revelaban algo de sangre india. Por último, saludó a una bruja de pelo castaño y sagaces ojos azules, Serena Betancourt, que le hizo sitio para que se sentara a su lado.

-¿Podemos preguntarte quién es esa chica que buscas, Draco?-le preguntó Maya-. ¿Es algún antiguo amor?

"Cursi."

-Más o menos. Se fue de Inglaterra en cuanto terminó la guerra y no pudimos hablar. Sólo quiero saber que se encuentra bien.

La mención de la guerra hizo brillar los ojos de los dos chicos.

-¿Cómo fue? ¿Llegaste a luchar?

-Sí, en la última batalla.

-¿Mataste a alguien?

-John, no seas crío -dijo Serena, en tono disgustado.

-Venga, Ser, se lo estoy preguntando a él.

Draco pensó que ese Mitig era idiota perdido para preguntar algo así como si fuera emocionante, pero se encogió de hombros con fingida indiferencia.

-La guerra consiste en matar gente.

Los magos estaban claramente interesados en los sucesos de tres años atrás, pero evitaron las preguntas más macabras. Draco les contó sin entrar en detalles cómo había reaccionado la comunidad mágica ante la reaparición de Voldemort y cómo estaban llevando la postguerra, pero después cambió hábilmente de tema y empezó a preguntarles a ellos sobre las costumbres del país. En el mundo mágico no había mucha comunicación transoceánica y Estados Unidos era mucho más desconocido para los magos europeos que para los muggles. Draco había tenido que enterarse por su GMT que tenían dos escuelas de magia, que sólo dos ciudades, sin contar el caso especial de Nueva Orleans, tenían barrio mágico-Nueva York y Salem-,y que las maldiciones imperdonables estaban castigadas con la pena de muerte; hablando con ellos descubrió que estaban empapados de cultura muggle, que consideraban algunas tradiciones mágicas "demasiado anticuadas" y que, al menos sobre el papel, la pureza de la sangre nunca había sido un valor importante.

-Aunque aún quedan líneas familiares puras-le aclaró Claude-. Serena y yo sólo tenemos ascendentes magos, con algún squib incluido, eso sí. Pero porque nuestros antepasados son de aquí y en esta ciudad siempre ha habido mucho mago con el que emparentarse.

-Parecen apellidos franceses-comentó Draco, lanzándole una mirada apreciativa a Serena. Para su sorpresa, estaba un poco envarada. Bueno, seguramente era por la mención a los squibs. ¿Qué mago como es debido hablaría con tanta ligereza de algo tan embarazoso? -. Los Malfoy también venimos de allí.

-¿En serio?-exclamó Maya-. Pareces super-inglés.

"Super-inglés", repitió Draco, con exasperación.

-Mis antepasados llegaron a Inglaterra en el siglo XVII, pero siempre buscaban esposa en Francia, para mantener las raíces. Mi padre fue el primer heredero Malfoy en casarse con una inglesa.

-¿Sabes en lo que estamos más retrasados aquí?-intervino Monica-. En el sexo. Aquí hay demasiada represión.

-¿Sí? ¿Os casáis vírgenes o algo así?-bromeó él.

-No me refiero a eso. Pero hay muchos magos influidos por la moral muggle. Mi hermana está liada con otra bruja y cada dos por tres tienen que aguantar las bromitas de algún gilipollas.

A Draco no le pasó desapercibida la chispa de burla en los ojos de Mitig. Sí, definitivamente era el que peor le caía.

-Como si eso tuviera mucho que ver con el poder y el talento de un mago-dijo, desdeñando la idea-. En Europa también tenemos algún cretino de esos, generalmente de familia muggle, pero a la mayoría les da lo mismo.

Las jarras de cerveza de mantequilla siguieron apareciendo sobre la mesa a medida que charlaban sobre las diferencias y parecidos de sus costumbres. Draco empezó a relajarse. Aquellos chicos eran inofensivos y, aunque no fueran la clase de compañía que solía frecuentar y antes de la guerra los habría considerado, como poco, traidores a la sangre, ahora le parecían básicamente agradables.

-Oye, Draco, quizás deberías poner un anuncio en el Giinawind-le sugirió Serena, mencionando el periódico mágico de más tirada en el país-. Sería más rápido que ir preguntando mago tras mago.

Draco ya le había estado dando vueltas a la idea, pero no sabía si sería aconsejable llamar tanto la atención sobre ella. Si estaba tratando de pasar desapercibida, un anuncio con su nombre al alcance de cualquier mago podría perjudicarla.

-Sí, ya lo había pensado.

-Puedes usar algún tipo de clave que sólo entienda ella-añadió, como si supiera cuáles eran sus objeciones.

Él la miró con aprobación. Le parecía la persona más interesante de aquel grupo, quizás porque era la que menos hablaba y, por lo tanto, la que resultaba más misteriosa. Draco tanteó ligeramente su mente, poco más que un roce delicado y casual que no podía molestar a nadie, y percibió unas defensas bien pertrechadas. No se sorprendió cuando unos minutos después sintió algo parecido en su propia cabeza.

Algo achispados por la cerveza de mantequilla, Maya, Claude y John salieron a bailar y Draco se quedó en la mesa con Monica y Serena, comparando Hogwarts con Mailen, la escuela de brujería a la que habían ido los cinco. La hermana de Serena, Rowenna, estaba aún allí, cursando su último curso y era la capitana del equipo de quidditch de su residencia. Después, Monica descubrió a otra amiga suya entre la multitud y fue a saludarla, dejando a Draco a solas con Serena. Los dos siguieron charlando amistosamente de quidditch, pues ella había sido Pasadora en su equipo, hasta que Draco vio que había dos magos algo más mayores que ellos cuchicheando mientras la miraban de vez en cuando. No parecían estar admirando su belleza.

-¿Conoces a esos dos?-preguntó en voz baja-. No te quitan los ojos de encima.

Ella ni siquiera se giró para averiguar quiénes eran.

-Este es un país libre.

-¿Pasa algo?

Serena se encogió de hombros, pero la tensión de su cuerpo era evidente.

-No. Oye, ¿quieres bailar un rato? Esta canción me gusta mucho.

Draco sintió un raro impulso de caballerosidad y, asintiendo, se fue con ella a la pista de baile. Después de un rato, animada también por las bromas de sus amigos, Serena pareció olvidarse de aquellos chicos. Draco, no, pero no hizo más preguntas.

El día siguiente comenzó con la misma falta de frutos que los anteriores y Draco empezó a plantearse la posibilidad de que su antigua novia nunca hubiera puesto los pies en Nueva Orleans. A decir verdad, le costaba un poco imaginársela allí; era una ciudad demasiado cálida e informal para la fría y sofisticada Pansy.

Pero quedaban algunos establecimientos por visitar y a última hora de la tarde llegó a uno de los últimos. Era una cochambrosa tienda de amuletos en la que tuvo que esperar pacientemente a que una anciana muggle terminara de decidirse entre dos colgantes que, en realidad, carecían de valor mágico. Después de unos minutos que se le hicieron eternos, la anciana se fue y el dependiente, un hombre de unos cuarenta años que a Draco le recordaba un poco a su tío Rodolphus Lestrange-lo cual significaba que debía ser precavido-lo miró con curiosidad.

-Tú eres el inglés, ¿verdad?

-Me llamo Draco Malfoy. Estoy buscando a una amiga mía, también inglesa.-Le enseñó la foto, atento a su reacción-. ¿Te suena? Ahora puede llevar el pelo distinto.

El hombre se encogió de hombros y luego lo miró con una sonrisa codiciosa.

-No sé... Puede que me suene un poco... Muy vagamente.

Draco ya se había encontrado con esos problemas de memoria un par de veces desde que había empezado a preguntar. Los Malfoy no tenían absolutamente nada en contra de los sobornos, si no quedaba más remedio.

-Comprendo.-Se sacó una moneda de oro equivalente a cinco galeones del bolsillo-. ¿Y ahora?

-Voy recordando.-Otra moneda más fue el empujoncito que necesitaba-. Nunca he visto a esta chavala, pero sé quién puede haberla visto. Hay una bruja que vive a cincuenta millas de aquí, en los pantanos. Se llama Abigail Delacroix. Hace medio año o así me dijo que había ido a visitarla una bruja inglesa.

-¿Cómo llego hasta allí?

El dependiente volvió a hacerse el remolón.

-No estoy seguro.

Rápido como una serpiente, Draco sacó su varita y se la puso justo debajo del cuello.

-No tientes tu suerte.

-Vale, tranquilo, inglés-dijo el mago, tenso, aunque conservando la sangre fría-. Su casa está en los pantanos, a unas cien millas de aquí, en dirección noroeste.

Draco apretó un poco más la varita contra su cuello.

-Si me has engañado...

-No te he engañado. Todo el mundo conoce a la Delacroix.

-Bien.-Draco alzó las cejas un segundo en un ademán que en él resultaba amenazador y luego apartó la varita-. Ha sido un placer.

Mucho más atento de lo que dejaba ver a un ataque por la espalda, Draco salió de la tienda. Una vez fuera, se permitió sonreir con esperanza. Aquella era la primera pista que había encontrado en ocho días. Tenía ganas de Aparecerse en el hotel, coger su escoba y marcharse ya en busca de esa Delacroix, pero el sol estaba ya a punto de ponerse y decidió que era mejor esperar al día siguiente. Una vez en el hotel, siguiendo un impulso, le mandó una lechuza a Serena preguntándole por la vieja Delacroix. Menos de dos horas después, su lechuza regresó con otro mensaje citándole a las once en el cementerio de Les Innocents. Intrigado, llamó a Topey.

-Quiero que les preguntes a los elfos domésticos del hotel si conocen a Abigail Delacroix.

El elfo regresó diez minutos después.

-Se dice que luchó junto a Dumbledore en la primera guerra contra el Señor Tene...

-Topey...

-Contra Riddle, amo Draco. Pero cada vez que lo llamo así, tengo ganas de pillarme los dedos con un cajón.

-Pues supéralo. Si quieres seguir siendo mi elfo doméstico, no llamarás a ese loco de otra manera. ¿Qué más te han dicho?

-Todo lo contrario, amo, que estuvo cinco años en Haití aprendiendo magia vudú. Parece una bruja muy poderosa. El amo Draco tiene que tener cuidado.

El cementerio de Les Innocents estaba más concurrido de lo que esperaba por jóvenes muggles que estaban bebiendo en grandes vasos de plástico o dándose el lote y Draco intentó evitarlos mientras buscaba a Serena. No sospechó que, con su palidez y su aspecto un tanto etéreo estaba ayudando a cimentar la leyenda de que en Nueva Orleans había vampiros hasta que se topó sin pretenderlo con dos adolescentes que, al verlo, palideceron y se echaron a temblar.

-¿Eres... eres...?

-¿Qué?

Una de ellas estaba a punto de echarse a llorar.

-Eres un vampiro.

Draco arrugó la nariz, disgustado, y de pronto dio un paso hacia ellas, alzando los brazos como si fuera a atacarlas. Las chicas pegaron un grito y salieron corriendo de allí y él se echó a reir silenciosamente. Después siguió caminando, cómodo entre las viejas tumbas porque no había nada que temer de los muertos, y al final distinguió la silueta oscura de Serena, sentada sobre una losa de piedra ennegrecida por los años.

-¿Has oído gritar a unas chicas?-preguntó, un poco preocupada.

-Creo que decían algo de un vampiro-dijo, quitándole importancia-. ¿Qué pasa, Serena? ¿Por qué hemos quedado en un cementerio?

-Los magos no suelen venir aquí y no quería que nadie me viera. Escucha... sobre Abigail Delacroix... no sé si sabes dónde te estás metiendo.

-Entonces es verdad. Practica la magia negra.

-Si tu amiga ha ido a verla...

Draco entendió perfectamente la insinuación, pero hizo caso omiso de ella.

-Te agradezco el aviso, pero tengo práctica tratando con magos oscuros. Lo único que quiero es que me confirme que la vio en el país.

-Ten mucho cuidado-dijo Serena, como si aquello fuera lo único que quería dejar claro.

-Esto me lo podías haber dicho con una lechuza.

-Mejor cara a cara. No nací ayer, Draco. Aunque no lleves la Marca Tenebrosa, me jugaría la varita a que creciste entre gente que la llevaba. Imagino que sabes cuidarte solo, pero no te fíes de ella un momento.

-¿Qué va a hacer? ¿Matarme?

-Tal vez lo haga, si cree que eres un traidor a la sangre. Y los dos sabemos que lo eres, o ahora mismo estarías muerto o en la cárcel. Buena suerte.

Y antes de que él pudiera decir nada, se Desapareció.

La mansión Delacroix estaba en mitad de los pantanos, pero relucía de tal manera que era obvio que había magia de por medio. Draco observó apreciativamente los detalles de las balaustradas, el rico tejido del que estaba hecho el felpudo de bienvenida que había frente a la puerta, el aldabón de plata. Buena o mala, tenía buen gusto.

Después de insistir un poco, un ruido de pasos le indicó que alguien se acercaba a la puerta y un chico joven y apuesto, pero con ojos vacíos, apareció ante él. Si no era un inferius, no le faltaba mucho y Draco, luchando para no tragar saliva ni tocar nerviosamente su varita, apeló a los aires de superioridad de sus padres para sobrellevar la situación.

-Dile a tu ama que Draco Malfoy está aquí y desea hablar con ella.

-Oh, "tu ama"...-dijo una voz, proveniente de un pasillo-. Qué terriblemente anticuado, ¿no?

Abigail Delacroix apareció finalmente ante él. Era una mujer negra de edad indefinida, muy maquillada, vestida con una túnica blanca que se pegaba a su cuerpo, dejando ver sus curvas. La expresión de su cara parecía casi jovial, pero Draco había visto muchos ojos como los suyos.

-Madame Delacroix...-dijo, haciendo una inclinación fría y cortés con la cabeza.

Casi inmediatamente, sintió que intentaban entrar en su mente casi con la misma brutalidad de Voldemort. Sin parpadear siquiera, aguantó el envite y ella tuvo que retirarse sin haberlo conseguido. Ninguno de los dos dio señales de que aquello hubiera pasado.

-Así que Draco Malfoy... ¿Quieres pasar? Tomaremos un té mientras hablamos.

-Perfecto-dijo él, con el hechizo para detectar venenos y pociones fresco en la memoria.

El salón era verdaderamente precioso, con un gran piano blanco en una esquina, cortinas de hilo y una chimenea de mármol. La bruja le indicó que tomara asiento en un mullido sofá y otro joven, tan guapo como el otro, con ojos tan vacíos, entró casi al momento con un carrito del té. Draco se preguntó, incrédulo, cómo era posible que aquella mujer pudiera tener esos sirvientes en casa sin que el Ministerio de Magia estadounidense enviara a los aurores a por ella.

-¿Cómo lo tomas, querido?

-Con limón y dos terrones de azúcar.-Se fijó en el cuadro que había sobre la chimenea, de un apuesto hombre negro-. Es un retrato impresionante.

Ella se giró para mirar y Draco aprovechó para rozar su varita con los dedos y pronunciar el hechizo. El té en su taza no reveló ningún elemento extraño.

-Era mi padre.-Hizo una mueca pensativa-. Malfoy, Malfoy... ¿Eres familia de Abraxas Malfoy?

-Era mi abuelo.

Aquello pareció sorprenderle.

-Pero Abraxas era un gran amigo mío. Oh, esto es una sorpresa deliciosa. Me cuesta creer que estés aquí ahora mismo.

El aviso que le había dado Serena la noche anterior ayudó a Draco a captar la peligrosa insinuación y ganó tiempo soltando un par de cortesías. No sabía qué era mejor; admitir que había luchado contra Voldemort o fingirse un mortífago lo bastante listo para engañar al Wizengamot. ¿Qué le habría dicho Pansy?

-Tenemos a más de un conocido en común. Me han dicho que hace unos meses la visitó una amiga mía, Pansy Parkinson.

-¿Pansy Parkinson? Oh, querido, sin duda no conozco a nadie con un nombre tan... común.

-El linaje de Pansy es casi tan antiguo como el mío e igual de puro-replicó Draco, seguro de que la arrogancia aristocrática era su mejor baza en aquel momento-. Pero quizás usaba otro nombre. Mire, aquí tengo una foto suya.

Ella la observó con detenimiento.

-¿Quién es este joven tan deliciosamente apuesto?

-Un amigo, Blaise Zabini.

-Mmmm... ¿también es inglés?

-Medio inglés y medio italiano. ¿Qué hay de la chica? ¿Le resulta familiar?

-No creo... ¿Por qué la estás buscando, mon cher?

-Era mi prometida.

Abigail le puso la mano en el brazo, donde tendría que haber estado la Marca Tenebrosa.

-¿Teníais mucho en común?-preguntó, con aparente amabilidad.

"Mierda, Pansy, ¿qué le dijiste a esta vieja salida?". Era obvio que Delacroix practicaba la magia negra, pero eso no la convertía necesariamente en mortífaga. Había magos oscuros en otros países que no habían engrosado las listas de aliados de Voldemort simplemente porque no querían ser gobernados por un inglés o porque no creían en la pureza de la sangre o porque eran lobos solitarios, incapaces de servir a un amo.

-Nos parecíamos como dos gotas de agua.-Decidió arriesgarse un poco-. Quizás ella es... más directa que yo. A mí me gusta pasar más desapercibido.

-Comprendo-dijo, dejando la mano en su brazo unos segundos más-. Y pese a ello, crees que podría estar viajando con un seudónimo.

-Es directa, no imprudente. La situación en mi país es delicada y los magos con ciertos apellidos debemos tener cuidado. Y permanecer unidos.

Ella asintió como si estuviera de acuerdo con él y le ofreció un plato con delicadas pastas francesas.

-No has comido nada. Por favor, sírvete. Están deliciosas.

Por el aspecto, lo parecían, pero Draco las rechazó con un gesto indiferente que no dejaba entrever sus suspicacias respecto a la comida y la bebida que pudieran ofrecerle allí. No quería cerrar los ojos y volverlos a abrir convertido en uno de esos inquietantes zombies.

-Nunca pico entre horas.

Abigail no se había dejado engañar.

-C´est bien. Tú te lo pierdes.

Y entonces se comió una ella misma, como si quisiera demostrarle que era un idiota por pensar que estaban envenenadas. Draco siguió sin fiarse; la bruja podía haberse tomado antes el antídoto pertinente.

-Madame, ¿está segura de que no puede ayudarme? Quizás Pansy no vino a visitarla directamente, pero pudo haber estado por la zona. Y estoy convencido de que no pasa nada en esta ciudad sin que usted lo sepa.

Ah, la adulación siempre funcionaba bien con los magos oscuros megalómanos. Draco se dio cuenta de que la bruja estaba luchando entre demostrar que estaba bien informada y seguir esquivando el tema con ambigüedad. Eso era respuesta suficiente. Ya estaba casi completamente seguro de que Pansy había estado allí

-Lo siento, mon cher. Como ya te he dicho, nunca he visto a esta chica.

Lo más probable es que no consiguiera sonsacarle nada más-no sin dedicarle más tiempo o pelear abiertamente-y su bien desarrollado instinto de conservación le decía que haría bien en marcharse de allí mientras pudiera.

-Bien-dijo, fingiendo resignación. Después apuró su taza de té-. Será mejor que me vaya ya. No quiero seguir molestándola.

-Oh, no, no... Quédate a comer, Draco Malfoy. Tengo ganas de saber más del nieto de Abraxas.

-Otro día-dijo, poniéndose en pie.

Delacroix volvió a cogerle del brazo, esta vez con más fuerza.

-Insisto.

Había algo en sus ojos que erizó el pelo en la nuca de Draco quien, de pronto, se alegró de que aquella bruja no hubiera decidido unir fuerzas con Voldemort. Pero, al fin y al cabo, ella no era el Señor Tenebroso. "No es más que una vieja descendiente de esclavos que tiene que fabricar zombies para poder echar un polvo " se dijo a sí mismo, para darse ánimos y poder seguir manteniendo su actitud arrogante. Y con mano firme, apartó la de la bruja de su brazo.

-He dicho que otro día.

Durante un segundo, los dos se quedaron mirándose fijamente a los ojos, castaños y peligrosos los de ella, grises y fríos los de él, en un pulso silencioso. "Eres buena, bruja, pero apuesto a que hace años que no luchas contra nadie. No querrás volver a empezar conmigo", pensó, sin importarle esta vez que ella pudiera oirle con la Legeremancia.

-C´est bien. Como quieras. Hermes te acompañará a la salida.

Uno de los sirvientes entró en ese mismo instante por la puerta. Draco hizo una cortés inclinación de cabeza a modo de despedida y lo siguió, más alerta aún que nunca. El extraño joven le abrió la puerta y Draco salió de allí intentando no mirarlo a los ojos.

Como medida de precaución, había dejado su escoba en una de las pequeñas islas que rodeaban la mansión. Deseoso de alejarse cuanto antes de ahí, intentó Aparecerse en la isla para recogerla e irse volando, pero descubrió que era incapaz de usar la Desaparición. Una risa maliciosa reverberó en el fondo de su cabeza y comprendió que era un truco de Delacroix para retenerlo en la mansión.

Draco esbozó una sonrisa presuntuosa y sacó su varita.

-Accio Nimbus Evolution.

La escoba salió volando del islote y acabó en su mano. Draco se montó en ella, dio una patada en el suelo y se elevó rápidamente, huyendo de allí.

NdA: Hola a todos. Os acordáis de que pedí paciencia y fe, ¿verdad? Pues eso. Pero no os desesperéis, porfa, que todo tiene una razón de ser.

Y gracias en general por la acogida que ha tenido el fic. No os podéis ni imaginar lo ilusionada que estoy.

Mary, vaya, me ha gustado mucho que dijeras eso, de verdad. Y sí, ojalá fuera de verdad y pudiéramos verlos por un agujerito "suspiro tonto".

Kaede Sukaragi, hola, si no te gustan los fics de Harry Potter, aún tiene más mérito que te guste este, así que muchas gracias Pero tengo que advertirte que hay poco lemmon y muy suavecito. Espero que sigas leyendo igualmente y que te guste.

Drakitap, has descrito exactamente la intención del fic. No me importa leer historias en las que se lían de buenas a primeras, pero creo que es mejor que se trabaje un poco más el paso de enemigos a locamente enamorados. A estas alturas, Draco ni siquiera sospecha que Harry pueda llegar a ser importante para él; fíjate que cuando Blaise le pregunta por él, se sorprende al darse cuenta de que le atrae sexualmente. Me imagino que a algunas personas les habrá decepcionado que Draco haya seguido con sus planes de buscar a Pansy en vez de quedarse en Londres, donde sabemos que podrían pasar cositas con Harry, pero, sinceramente, no me imagino a mi versión de Draco cambiando sus planes sólo porque ha hecho un amigo nuevo. Y si crees que la novia de Harry es un inconveniente para su futura relación, espera y verás. No he pedido fe por nada, jaja.

Entertain-me Malfoy, Dios mío, qué vida más accidentada, con los perros y todo eso, jajaja. Ron y Hermione sólo tienen un papel secundario en este fic, aunque salen más veces, claro. Me alegra que te cayera bien Andromeda. Draco y Sev te mandan recuerdos (aunque es posible que el de Sev esté envenenado por lo que has dicho de su pelo, jeje).

Kuky, me alegro de que el fic te haya enganchado. Diez años son muchos años para un apretón de manos, esperemos que los besos no tarden tanto ;)

Xocolat ahí tienes un poquito de Harry. Pero ahora hay que esperar un poco para que vuelva a salir, aunque no tardará tanto.