Hola a todos. Aquí les traigo un nuevo capitulo. Esta vez me enfoque en lo que esta sucediendo en el mundo mágico, específicamente en Hogwarts sobre la supuesta muerte de Severus. Espero les guste.
CAPITULO XIV.-
Harry estaba en su habitación, recostado en su cama, mirando el techo. Sus compañeros ya no se atrevían a cuestionarle sobre lo ocurrido, después que los había fulminado con la mirada y gruñido que le dejaran en paz. Escuchaba perfectamente el sonido de sus voces, que se dirigían hacia el Gran Comedor para desayunar. Le parecía imposible que pudiera haber gente en el mundo que todavía deseara comer, que riera, gente que no le importaba que Severus Snape se hubiera ido para siempre.
Ese día en Hogwarts, todas las lecciones fueron suspendidas y los exámenes pospuestos. Todos sabían que el odiado profesor de pociones no volvería a torturarlos en otra clase.
Seguramente el diario Profeta ya habría publicado lo sucedido en el Departamento de Misterios, como también el inequívoco regreso de Voldemort. Y probablemente el profesor Dumbledore se encargo de darles las noticias a toda la población estudiantil.
A Harry no le importaba.
Desde su visita a los aposentos del antiguo maestro, el día anterior, Harry apenas había intercambiado unas cuantas palabras con el director, ni siquiera fue a ver a sus amigos que estaban en la enfermería. Quería estar solo.
-¿Harry?-pregunto una tímida voz desde la puerta.
El niño que vivió fijo su mirada en su grupo de amigos: Ron, Hermione, Ginny y Neville estaban dentro de la habitación, todos parados junto a la puerta, temerosos de decir algo que afectara todavía mas a su amigo.
-Hermione, me alegra que ya estés bien-dijo el ojiverde tratando de mostrar una pequeña sonrisa
-En realidad, amenazo a la Señora Pomfrey de que si no la dejaba salir, utilizaría un hechizo que leyó en un libro, para hacer que el sonido de campanas se escucharan durante una semana en la Enfermería-comento Ron, tratando de mejorar el semblante triste de su amigo.
-¡Oh!-fue la única contestación
-¿Harry, que te parece si vamos a desayunar?-pregunto esperanzada Hermione
-No tengo hambre-contesto sin ganas
-Vamos, necesitas desayunar, aunque sea un jugo-insistió Ginny, que por enseñanzas de su madre sabia la importancia de las comidas.
-Por favor Harry-pidió Neville
El ojiverde suspiro y con aire resignado acompaño a sus amigos al Gran Comedor, el cual en vez de estar adornado por los estandartes de las cuatro casas, ahora solo llevaba las oscuras de luto.
Cuando llegaron, todos los ojos se posaron en ellos y los susurros se hicieron presentes, algunos alumnos incluso se atrevían a llamar a Harry, otros agitaban las manos, claramente ansiosos de tener la atención de su otra vez héroe.
Con gran incomodidad, Harry se sentó en la mesa de Gryffindor, ignorando a todos. Antes cuando nadie le creía sobre el regreso de Voldemort, habría dado lo que fuera porque le creyeran, ahora no le importaba. Miro de reojo a las demás mesas. La de Hufflepuf, Ravenclaw y la suya propia parecían normalmente bulliciosa, solo la de Slytherin estaba inusualmente callada. La mayoría, incluyendo a Draco Malfoy se veían tristes, el resto parecía indiferente. Después de todo Severus Snape fue el Jefe de esa Casa y un apoyo para sus alumnos, pero para varios hijos de mortífagos era solo un traidor que obtuvo su merecido.
En la mesa alta, los profesores también estaban callados. El director le mando una sonrisa triste, Hagrid le saludo con la mano, McGonagall y Sprout tenían los ojos hinchados como si hubieran llorado, la señora Pomfrey se veía melancólica, el profesor Flitwick miraba a cada momento la silla vacía que antes ocupara el maestro de pociones y el resto del personal parecía triste.
Harry suspiro y comenzó a masticar sin ganas un pedazo de pan, ante la atenta mirada de sus amigos. No le interesaba participar de la charla insustancial de estos, pero una conversación diferente atrajo su atención.
-…la verdad me alegra que el murciélago grasiento se muriera, sus clases eran un asco.-decía Dean Thomas.
-Si, es un alivio. La verdad no creo en ese cuento de que murió tratando de salvar a Harry, el mugroso lo detestaba, lo mas seguro es que tratara de matarlo y el idiota se equivoco y termino cayendo en el velo-se carcajeaba Seamos Finnigan junto a su amigo.
Antes de que alguien se diera cuenta, ambos chicos volaron lejos de la mesa por un potente expelliarmus. El Gran Comedor estaba completamente en silencio. Todos miraban boquiabiertos como un furioso Harry Potter se acercaba a ambos, varita en mano.
-¡¡¡JAMAS, VUELVAN A HABLAR MAL DE SEVERUS SNAPE EN MI PRESENCIA!!!-rugió y recorrió una mirada amenazante a todos-¡¡FUE EL HOMBRE MAS VALIENTE QUE CONOCI Y LE DEBO LA VIDA!! ¡¡SI VALORAN SUS PATETICAS EXISTENCIAS RECORDARAN MIS PALABRAS!!
Sin mas, salio del Gran Comedor con pasos rabiosos, apretando fuertemente su varita y con las ganas de maldecir algo. Se dirigió a la Sala de los Menesteres en donde se puso a mandar hechizos a todos los blancos que la sala le proporcionaba. Después de unas horas salio agotado, pero mas tranquilo. Se dirigía a su sala común, cuando se encontró en un corredor con Draco Malfoy, que iba inusualmente solo. Ambos se miraron fijamente durante unos segundos.
-Gracias-susurro el rubio
-¿Por qué?-pregunto extrañado Harry
-Por defender a Severus.
-Se lo debía, él salvo mi vida.
Hubo un minuto de silencio, en el que el rubio parecía estar en conflicto consigo mismo.
-El…él…era mi padrino-informo al final
-Yo…no lo sabia-dijo sorprendido el ojiverde.
-No te preocupes, nadie lo sabia-respondió con ojos llorosos el rubio-Mi padre me dijo que era mejor que nadie lo supiera, especialmente ahora que todos saben que fue un traidor. Pero…-en este punto las lágrimas se deslizaban por su rostro-Es tan difícil tener que aguantar las burlas, las palabras ofensivas que le dedican y no poder hacer nada para defenderlo. Quisiera retorcerle el pescuezo a todos los que lo insultan o maldecirlos hasta mas no poder, pero no puedo hacer nada. Aunque mi padre se salvo de ir a Azkaban, el que no debe ser nombrado lo castigo duramente y ahora él y toda mi familia esta a prueba. Si yo hiciera algo que le desagradara, como defender a mi padrino, podría matar a mis padres o a mi.
Harry se quedo sin palabras. Había alguien más a quien la muerte del profesor Snape le afectaba. Sin estar totalmente conciente de lo que hacia, abrazo al rubio tratando de consolarlo. Este tardo un momento en corresponder el gesto. Ambos se abrazaron fuertemente tratando de mitigar el dolor que sentían. Después de largo rato se fueron separando. El rubio mas recuperado, miro con ojos agradecidos a Harry y este le mostró una pequeña sonrisa de entendimiento. En silencio ambos se separaron y se fueron por direcciones opuestas, acompañados por el sentimiento de que compartían la misma pena. Harry camino algunos pasillos más, antes de encontrarse, esta vez con el profesor Dumbledore.
-¿Harry, serias tan amable de acompañarme a mi despacho? Hay algo que debo contarte- pidió el director.
Harry asintió con la cabeza y lo siguió hasta su oficina, en donde al fin se entero de la Profecía.
Espero que este capitulo haya sido de su agrado. Ya saben cualquier comentario será bien recibido, aunque sean tomatazos.
