Capítulo final, del final de mi odisea...

– Bonito, despertate… – le pedí a Goenji besándole la frente.

– Es muy temprano Mamo-kun… – me respondió como un niño pequeño. Se dio la vuelta y se tapó toda la cabeza con la sábana.

– Dale Shuuya, ya es tarde… – le susurré acostándome a su lado –arriba…

Él movió la cabeza, negándose a levantarse de la cama.
Sonreí y colé mis manos debajo de su camisa, Shuuya comenzó a reír alocadamente.

– ¡No! Jajaja, bas… Jajaja… ¡Basta Mamoru! Jajaja, me rindo, Jajaja, ¡me rindo! – me decía entre risas, retorciéndose, tratando de alejar mis manos de su cuerpo.

Es divertido hacerle cosquillas a Shuuya, lo puedo asegurar…

– ¡Basta Mamo-kun! – gritó divertido saltando de la cama.

– Gané… – sonreí victorioso.

Bajé un poco la vista, mirando las hermosas y desnudas piernas de mi novio. Lo siento, no lo pude evitar ¡Es muy lindo!

– ¡Hentai! – me gritó tirándome con una almohada.

Lo miré a la cara y empecé a reírme. Estaba hecho un perfecto tomate, estirándose la camisa para tratar de cubrir más allá de su bóxer.
Me levanté de la cama y le di un pequeñito beso.

– ¿Pervertido yo? ¿Es que acaso no te acordás que pasó anoche? – Le susurré tomándolo de la cintura – yo diría que vos eras el pervertido…

Colocó sus manos alrededor de mi cuello y me sonrió, aún sonrojado.
Le besé la frente.

– Sos un baka – me dijo con un pequeño puchero.

– Me lo dijeron varias veces – admití – vení, vamos a desayunar.

Lo cargué como al estilo princesa y me lo llevé a la cocina.
Yo me había levantado temprano para ordenar todo el departamento, había quedado hecho un desastre la noche anterior.
La camisa que tenía puesta Goenji le quedaba un poco grande, claro, si era la mía. No pude encontrar la suya anoche para ponérsela, tampoco sus pantalones. Hoy, cuando me levanté, los encontré tirados detrás del televisor.
Le serví su desayuno y me senté a su lado.

– Togo ema miu fico – me dijo mientras comía una tostada.

– Traga y luego hablá… – le recomendé limpiándole con el pulgar la comisura del labio, donde tenía un par de migajas.

Me sonrió – Todo está muy rico… ¿Cuánto te cobró Aki por las lecciones de cocina? – me preguntó maliciosamente.

– ¿Eh? ¡Sos malo! ¿Creés que no puedo aprender a cocinar por mi cuenta? – pregunté cruzándome de brazos, con un falso enojo.

– Dale Mamoru… decime ¿Cuánto te cobró? – insistió divertido.

– Tan solo uno… – le dije levantando un dedo – tan solo uno, me cobró barato a decir verdad…

– ¿Uno solo? ¿Uno solo de qué? – me preguntó intrigado.

Me acerqué hasta su oído – uno solo… un solo beso me cobró… es una buena cocinera y encima cobra barato…

– ¿¡Qué!? – Pegó un gran grito – ¿Cómo que besaste a Aki? – preguntó enojado.

Comencé a reír y le di otro beso. Él infló los cachetes en símbolo de enojo.

– Él baka sos vos me parece… ¿Cómo la voy a besar? Mis labios no pueden besar a otra persona que seas vos… – le dije con una sonrisa – pero tendremos que hacer algo con esos celos tuyos…

– Creo que el malvado de esta historia sos vos… me hacés poner celoso.

– Es que celoso te ves más lindo de lo que sos – lo piropeé al oído.

Terminamos de desayunar y luego Goenji se fue a vestir (devolviéndome mi camisa también).
Me ayudó a terminar de limpiar la cocina y luego fue a la sala.

– ¿Hasta qué hora te dejó Kidou el apartamento? – Me preguntó.

– Bueno… él… – llegué a decir antes de que me interrumpiera un grito enojado y asombrado de Goenji.

Caminé tranquilamente hasta la sala, con una sonrisa divertida por la expresión de terror de mi querido novio.
Allí estaban, Fudo en el suelo y Kidou dormido en el sillón tapado con la chaqueta de Kidou. Fudo se estaba despertando recién, y Kidou había literalmente saltado del sillón al escuchar el grito de Goenji.

– Creí que no se iban a levantar más… – dije como si nada.

– ¿Vos sabías que estaban dormidos acá? – me preguntó Goenji con una expresión aterrada.

Asentí con la cabeza. Yo los había visto por la mañana mientras ordenaba, traté de hacer el menor ruido posible para no despertarlos. También por eso desayunamos en la cocina y no en el living-comedor, para que Shuuya no los viera.

– Jejeje, gomen por haber venido, pero Akio se puso en terco con que quería y quería… al final me trajo a acá por la fuerza. – dijo Kidou un poco avergonzado. – No tengo idea de dónde sacó unas copias de las llaves.

Me divirtió la expresión de sueño que tenía Fudo.

– ¿Ustedes estuvieron toda la noche acá? – pregunto Goenji.

– No, habremos llegado a las 3, 4 de la madrugada… ustedes estaban dormidos supongo – respondió Fudo sentándose en el sillón – oye Kidou, última vez que duermo en el piso ¿entendés?

– Problema tuyo por querer violarme en cualquier lado – se defendió Kidou.

– ¿De qué te quejás, si luego gimes "más, más Akio-sama"? – burló Fudo imitando al voz de su novio. –Al fin y al cabo, anoche no hicimos nada.

Kidou le pegó a Fudo en la cabeza. Les ofrecí si querían desayunar algo, dijeron que sí.
Mientras ellos desayunaban, charlamos un rato.
De repente, Fudo se paró y le sacó la taza a Kidou de las manos.

– Arigatou chicos por el desayuno, pero nosotros debemos irnos… – dijo con una sonrisa.

– ¿Eh? ¿A dónde nos vamos? – preguntó Kidou sin saber.

– Pa' mi casa, que vos y yo tenemos algo que arreglar todavía… me vas a pagar lo de anoche. – contestó pervertidamente.

– Te odio… – respondió Kidou volviendo a tomar su tasa.

– Yutto, nos vamos – volvió a decir Fudo sacándole la taza de las manos.

Goenji rio al ver como Fudo se llevaba a Kidou a la fuerza a su casa para "arreglar un par de cosas". Kidou nos gritaba de todo por no haberlo ayudado.

– ¿Ves? Tenés que agradecer que soy buenito – le dije a Goenji abrazándolo por detrás.

– Muy buenito no, todavía me duele un poquito – me dijo con un pequeño puchero, dándose la vuelta.

– ¿Dónde? ¿Acá? – pregunté acariciándole una nalga. Lo siento, no me resisto.

– Sos un pervertido, no hay vuelta de hoja… – me dijo riendo, rodeando mi cuello con sus brazos.

– Pervertido yo, pero vos eras el que anoche pedía más y más… – lo burlé besándolo. – ¿Querés que te devuelva a tu casa?

– No, no, no… vamos a quedarnos acá… ¿haiiii? – me dijo de manera infantil.

– Está bien, como usted desee. – Dije y lo vi bostezar – Tenés sueño ¿Verdad?

Frotándose un ojo, asintió con la cabeza. Después de todo, nos habíamos dormido tarde y de verdad lo levanté temprano. Lo abracé y lo conduje hasta la cama.
Cuando lo intenté acostar, no se quiso separar de mí.

– Dale, si tenés sueño, dormí un ratito hasta que haga el almuerzo ¿querés? – le ofrecí.

Movió la cabeza negando. Me abrazó y me "obligó" a acostarme con él.
Me recosté y el sobre mi pecho.
Puede decirse que lo piropeé hasta que se durmió. Se veía tan bonito, es bonito. Yo sonreí por sentirme tan cursi. Le acaricié la mejilla con ternura. Lo amo, no lo puedo negar… me hace tan bien estar a su lado. Estoy feliz con él.
Dejando de lado mi momento "emotivo", traté de salir de debajo de él para poder ir a cocinar. Pero inesperadamente Goenji me volvió a retener.

– ¿Vos no dormías? – pregunté divertido.

– Quedate conmigo, luego te ayudo a cocinar… – me dijo abrazándome.

– Mmm… te va a salir caro – dije maliciosamente, mi mente funciona muy rápido cuando se trata de mi bonito novio.

– ¿Ah, sí? ¿Cuánto? – me preguntó retadoramente.

Y mi pequeña mente ideó algo ideal… Me acerqué a su oído – Todo un día sin celos… ¡Un día completo!

Era verdad, yo quería un respiro ¡por favor! Tengo un novio demasiado celoso ¡Yo tendría que ser el celoso! El asintió con la cabeza. Lo abracé fuerte y nos volvimos a dormir.
¿Qué puedo decir? Lo amo completamente, puede lograr que yo haga lo que él quiera.

.

.

.

.

.

.

Me alegra decir que… ¡Estuve con Mamoru! ¡Yes, yes! Al fin… gracias Kidou, gracias Fudo por cedernos su departamento. Gracias Yukka por no decirle a mi padre donde estaba yo… ¡Gracias mundo! Está bien, me tranquilizo… ¿Qué? No me miren así, saben que yo no soy normal en mi mente.
Luego de la gran desaparición de Fudo y Kidou, me acosté y logré llevar a Endo conmigo, a cambio de un día sin celos para con Endo. ¿Acaso soy celoso…?
Luego de almorzar, me llevó a mi casa donde… donde… donde nos topamos con mi querido padre.
Mi padre invitó a Mamoru a pasar, creyendo que era solo mi amigo… si, amigo…

– No señor, no quiero molestar… – dijo Mamoru amablemente, tratando de escapar de las garras de mi padre.

– Como va a decir eso Endo, venga, pase… no hay problema – ofreció mi padre, y Endo ya no pudo negarse.

Entramos y vi como mi onee-chan venía corriendo hacia nosotros.

– Mamoru-niisama – gritó Yukka tirándose en los brazos de Mamoru. Creo que ya le tomó cariño como cuñado…

– Hola Yukka-chan ¿Cómo estuviste? – preguntó Endo alzando a mi hermanita.

Mi padre no comprendía por qué decía "Mamoru-niisama" si Endo no era nada de ella.
Endo se puso colorado y Yukka reía divertida.

– Es que… Mamoru… es… mi… ¿Novio? – dije mirando el suelo.

Mi padre me miró seriamente. Lo único que escuche fue como le pedía a Mamoru que lo acompañara a su despacho. Me agarró miedito.
Traté de tranquilizarme y me senté en el sillón a ver algo de tele hasta que ellos salieran del despacho.
¿Cuánto pasó? Creo que media hora hasta que escuché que salían del despacho.

– Yo me voy al hospital, tengo guardia… – dijo mi papá y luego me saludó yéndose a la clínica.

Rápidamente me di la vuelta sobre el sillón, apoyándome en el respaldo.

– ¿Qué te dijo? – pregunté ansioso.

– En definitiva… si te lastimo, me castra. Muchas cosas más, pero eso me quiso decir en resumen. – dijo Endo con ¿Una sonrisa?

– ¿Y por qué te reís baka? – le pregunté.

– Porque al fin y al cabo tu padre se preocupa por vos y por eso me dijo todo lo que me dijo… igualmente le aseguré de que yo te amo y nunca te lastimaría. – me dijo besándome.

Le sonreí, le sonreí y lo besé. Lo besé porque lo quiero mucho, y porque confío en que no me va a lastimar…

– Vos sabés que yo te amo ¿No? – me preguntó abrazándome por la espalda, besándome la mejilla.

– Mmm… tal vez me lo podrías recordar… – le dije melosamente.

– Te amo, te amo, te amo – me susurró mordiéndome el lóbulo de la oreja.

Escuché unos pasitos que se acercaban. Vi como entraba Yukka con una sonrisa pervertida.

– Les aviso que yo quiero tener un sobrinito… – dijo contundentemente mi nee-chan.

– ¿Sabés como se hacen los bebés? – preguntó Endo sorprendido.

– Claro, así que si escucho algún gemido de mi onii-san sé que me hicieron caso… ¿No? – y se fue con saltitos. – ¡Me voy a la plaza! ¡Bye, Bye!

Endo y yo nos miramos. Solo le llegué a gritar que se cuide, de seguro se iba con su shotta novio

– ¿Querés hacer bebés? – me preguntó besándome el cuello.

– Mmm… tal vez… – dije dándome la vuelta y empujándolo para que se sentara en el sillón – Si, quiero…

Me senté sobre él y le di un tierno beso.

– Te amo mi vida… – me dijo aferrándose a mi cintura.

– Yo también, no lo dudes jamás… – le dije tomando sus mejillas con mis manos.

¿Qué debo decir? Toda odisea tiene su grata recompensa al final del camino…