Como siempre gracias por vuestros comentarios, siento la tardanza... Espero subir pronto otro capi... Kiss Desam.
Capitulo trece. Humillaciones.
Abrí los ojos, el cielo estaba teñido de rojo. El sol empezaba a asomar por el horizonte. Miré el reloj, aún faltaba media hora para las seis.. Esa noche había decidido no ir a trabajar, ya que a las seis debía estar preparado. Me levanté de la cama y suspiré agotado. Aquello realmente era algo que no quería hacer.
Tras darme una ducha de agua caliente, salí del baño y preparé la bolsa. No es que tuviera ropa buena, pero aún así, traté de escoger lo que mejor estaba. Tras colocarme un pantalón baquero negro desgastado y una camiseta gris oscura, cogí la bolsa con el resto de la ropa y el dinero y salí de la casa.
Miré el cielo. El color naranja hacía ahora presencia entre las pocas nubes. Ya debían ser las seis de la mañana y Reneé no aparecía. Suspiré enfadado y me separé de la farola. Tras darme la vuelta, observé como una mujer rubia caminaba hacía mi. Estaba muy delgada y llevaba tacones puestos. Se tambaleaba de un lado a otro y sus cabellos estaban alborotados.
-¡Oye!- La mujer se acercó y posó su mano mugrienta sobre mi pecho.- ¿Cuanto cobras?
-No estoy de servicio.- Dije en un susurro apartando a aquella mujer.
-¿Entonces, que haces aquí?- Dijo molesta frunciendo el ceño.
-Me está esperando a mi.- La voz de Reneé sonó tras mi espalda.
-¡Largate, niña rica!- La mujer rubia le lanzó un zapato a la castaña.
-Piérdete.- La empujé suavemente y miré a Reneé.
-Ya es hora de irnos.- Ella resopló.- Debemos llegar en diez minutos.
Tras aquellas palabras, me subí al coche de Reneé y dejé la bolsa a mis pies. Reneé no pronunció palabra en todo el trayecto. Al llegar al Parking del aeropuerto, detuvo el coche y me miró con el ceño fruncido.
-Ahora embarcarás primero.- Ella sacó un billete de avión.- Nos encontraremos en el avión.
-¿Por?- Pregunté dudoso.
-Aquí me conoce mucha gente.- Ella sonrió con una mueca extraña.- Y digamos que tus pintas...- Me señaló.
-Entiendo.- Dije asintiendo con la cabeza.- Hasta luego.
Tras dejarla en su coche, entré al aeropuerto y me encaminé hacía facturación. Tras entregar mi billete, la chica me sonrió y me indicó donde debía entrar. La bolsa con al ropa, era tan pequeña, que entraba como bolsa de mano.
Me senté en una pequeña sala y abrí una de aquellas revistas manoseadas. Algo en mi interior ardía. Reneé me había dicho en pocas palabras que se avergonzaba de mi, entonces... ¿Por qué me llevaba con ella?
Reneé abrió la puerta de la sala. Sus mejillas estaban sonrojadas y en sus labios se dibujaba una sonrisa traviesa. Se acercó despacio a mi y me tendió una pequeña bolsa negra.
-Cuando subamos al avión, quiero que te pongas esta ropa en el baño.- Ella frunció su ceño.- ¿Me has entendido?
-Si.- Cogí la bolsa sin rechistar y la guardé dentro de mi mochila.
-Lo tuyo no es el afecto familiar ¿Verdad?- Reneé me miró con duda.
-¿Po...por qué dices eso?- Pregunté extrañado.
-Al menos podrías haberme dado las gracias.- Ella cruzó sus brazos sobre sus rodillas y suspiró.- Todo esto lo hago por tu bien.
-Mi bien.- Dije susurrando.- Gracias.- Y aparté mi mirada de ella.
El avisó de nuestro vuelo, hizo que ella se levantara de golpe y tirara de mi camiseta. La seguí a trompicones por aquellos pasillos hasta llegar al autobús que nos llevaría al avión. Al entrar en el autocar, ella se sentó junto a la ventanilla y me indicó que me sentara a su lado.
-Allá a donde vamos.- Dijo llamando mi atención.- Es un sitio donde tú jamás has estado.- Y sonrió.- Es de lujo, así que espero que te comportes.
¿Que le hacía ser tan fría a esa mujer? La verdad es que veía a una Reneé muy distinta a la de nuestros encuentros. Asentí con la cabeza y cerré mis ojos. Si ella supiera de mi pasado... No, ella no debía saber nada.
Al entrar en el avión, me dirigí directamente al baño. Saqué la bolsa negra que me había dado y miré en su interior. Tras meter la mano, saqué ropa de marca. Allí había una camisa de "diseño" un pantalón negro de vestir de la misma marca y unos zapatos. Suspiré y me coloqué aquella ropa. Tras salir del baño, me senté a su lado.
-Así estas más guapo.- Me dijo guiñándome un ojo.
-Este no soy yo.- Apreté los puños contra mis pantalones.-¿Tan mal visto?- Dije mirándola a los ojos.- Porque... Vistiendo como visto, es como te has fijado en mi.
-Solo eres un chico.- Ella apartó su rostro y miró por la ventanilla. El avión ya estaba despegando.- Nada más.
Asentí mirando mis nuevos zapatos de nuevo rico. El trayecto fue en silencio nuevamente. Ella era de pocas palabras. Tampoco es que quisiera escucharla, ya que tan solo era una simple clienta...una que me estaba dando mucho dinero... Cerré los ojos y traté de pensar en cosas menos importantes.
U/na voz femenina, nos indicó que el avión estaba a punto de aterrizar. Eso me sacó de mis pensamientos y me hizo abrir los ojos. Por un instante, creí que Reneé me estaba observando. Ella se abrochó su cinturón y volvió a girar el rostro hacía la ventanilla. El avión aterrizó sin ningún problema.
-Ya hemos llegado.- Dijo en un suspiro.- Vamos.
Ella trató de pasar antes que yo y tropezó contra mis pies. Sin poder evitarlo, la cogí de la cintura y ella quedó sentada sobre mis piernas.
-Mira por donde andas.- Dije algo molesto.
-Eres un pervertido.- Me dijo coloreándose por segundos.- Suéltame.
-No era mi intención.- Dije soltando su cintura al darme cuenta de la postura en la que estábamos.
-Pues no lo parecía.- Ella se levantó molesta.- Ahora sígueme la corriente y calla.- Tras esas palabras, metió unos billetes en el bolsillo del pecho de mi camisa.
Salí tras ella observando el suelo. Me estaba comprando...al fin y al cabo eso es lo que era...un simple objeto con fines de amistad, o de sexo...
-Sube a la Limusina.- Me indicó al llegar frente a un vehículo blanco de seis puertas.
Me senté dentro del coche y suspiré. No debía rendirme ahora. Debía ser fuerte por mi madre. Miré el exterior y observé que el sol reflejaba en todas aquellas partes relucientes. Extrañaba el sol y la calidez.
El coche se detuvo ante un hotel enorme. Reneé me miró y me indicó que saliera del vehículo. Su mirada era extraña y sus gestos la acompañaban. Bajé y cerré la puerta observándolo todo a mi alrededor ¿Que es lo que me esperaba allí?
-Vamos, Edward.- Reneé se colgó de mi brazo y entró con la cabeza alta al hotel.
-¿Vamos a compartir habitación?- Dije sorprendido al ver solo una llave.
-Es un Loft.- Dijo ella sonriendo.- Tiene cuatro habitaciones y todas van ha ser ocupadas.
-¿Por quienes?- Dije molesto.
Esto no me estaba gustaba gustando en absoluto. Aquello no estaba dentro de mis planes. Entré en aquella pequeña casa en el último piso del hotel. Había ruidos allí dentro, por lo tanto ya estaba ocupada.
Sentí que mi cuerpo entero temblaba y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Aquello no era justo. Reneé tiró de mi mano y me adentró en una habitación con cama de matrimonio. Observé aquella amplia sala. La cama estaba en medio y la pared de fondo era una cristalera enorme. Una cortina blanca tapaba los cristales. Las paredes estaban pintadas en un azul claro con decorados amarillos. Los muebles parecían antiguos de color negro. A la izquierda había una puerta.
Mi estómago se revolvió y salí corriendo al baño. Tras abrir la puerta, la cerré de un golpe y me arrodillé en el suelo ¿ Por qué me había metido allí? Las arcadas se apoderaban de mi cuerpo y mi corazón latía furiosamente en mi pecho. Escuché que la puerta se abría y sentí una mano agarrando mis cabellos y alzándome la cabeza.
-Eres un perdedor.- Sonrió.- Un patético perdedor. Las ratas de alcantarilla, no deberían salir de debajo de la tierra.
-No sabes nada de mi.- Me levanté del suelo y abrí el grifo de la pila.- No juzgues lo que no sabes.
-Se que eres un pobre de mierda y que necesita el dinero para vivir.- Dijo ella riéndose reflejada en le espejo.- Si no, no estarías aquí.
-Estoy aquí por qué me lo pediste.- Dije agachando la cabeza.- Y...
-Y por qué necesitas esto.- Sacó un fajo de billetes y lo colocó en mis pantalones.- Tu te vendes y yo te compro para lo que necesite.
-Nena.- Una voz llamó nuestra atención.
-Rosalie.- Reneé me miró con ojos asustados.- Ya salgo.
-¿Que ocurre?- Dijo la tal Rosalie.
-Aquí no.- Ella cerró la puerta del baño alejándose con su amiga.
Me observé una vez más en el espejo y cerré los ojos. No podía dar marcha atrás. No tenía estudios y no sabía trabajar en nada que no fuera de prostituto. Debía seguir allí. Salí del baño y me dejé caer en la cama ¿Que me esperaban aquellos tres días? Negué con la cabeza y dejé que el sueño me llevara. Era la única forma de olvidar donde estaba y lo que iba a hacer.
Las horas pasaron deprisa. No sé cuanto tiempo estuve durmiendo, pero la voz de Reneé me despertó de un salto.
-Eres un puto holgazán.- Dijo tirando de mi cabello.
-Puto, si.- Dije sonriendo.- Holgazán, no.
-No te burles de quien te da de comer.- Ella tiró de mis piernas y me dejó caer al suelo.
-No seas perra.- Dije levantándome del suelo.
-La confianza da asco.- Dijo ella molesta.- Duchate y vístete con la ropa que te voy a dejar en la cama.
Me metí en la ducha y dejé que el agua cayera sobre mi cuerpo. Ella se comportaba de una forma muy extraña... Tras enjabonarme, salí del baño y miré la cama. La ropa no era muy distinta a la anterior.
Me coloqué la camisa y la corbata. Realmente era como si estuviera en Italia. Los pantalones eran blancos al igual que la camisa. La corbata negra resaltaba junto a los caros zapatos.
Tras vestirme, ella entró de nuevo y me sonrió ¿Calidamente? Negué con al cabeza y me peiné ¿Donde iríamos?
-Solo pon tu acento Italiano y dejate llevar.- Reneé me cogió del brazo y me sacó de la habitación.
-No puedo poner mi acento Italiano.- Dije molesto de nuevo.-Soy Italiano. No puedo cambiarlo.
-Al menos hablas mejor el ingles que antes.- Dijo ella guiñándome un ojo ¿era bipolar?- Vamos a presentarte a los demás.
-Ya era hora que salieras.- Dijo la misma voz de antes.- Que guapo es.
-Lo sé.- Ella se apretó contra mi brazo.- Y es solo mio.
Quise refutar en eso, ya que si la rubia me pagaba más, me iría con ella.
-¿Y cual es tú nombre?- Dijo sonriendo.
-Edward.- Dije inclinando mi cabeza y cogiendo su mano para depositarle un suave beso en ella.- Edward Cullen.
-¿Cullen?- Dijo Reneé de pronto.- Que bonito apellido.
-Italiano.- Dijo otra chica morena y algo bajita.- me encanta ese acento.- ¿Es otro de los pretendientes de tu padre?
-Si.- Y vi como bajaba la cabeza.
-Pero este esta bueno.- Dijo de pronto una chica muy morena con ojos negros.
-Llegaremos tarde a la fiesta.- Dijo la rubia.- Vayámonos.
El trayecto en la limusina fue incomodo. Hubo un momento donde me rayé, ya que las chicas la llamaban Bells.
-Ya hemos llegado.- Reneé me cogió del brazo clavandome las uñas.- Tú no hables nada. Solo lo que yo te diga. Eres un empleado de la empresa de mi padre, ya que tu padre y el mio son socios ¿Queda claro?
-Si.- asentí son demostrar que ella me estaba haciendo daño en el brazo.- Queda claro Bambina.
-Bien, entremos.- Dijo con paso elegante.
Al entrar en aquella sala, el mundo se me cayó encima. La gente llevaba vestidos muy lujosos y joyas como las de mis clientas en Italia. Me recordó a las fiestas donde me llevaba Aro Vulturi. Suspiré y miré a la mujer que llevaba del brazo. Ella parecía feliz saludando a todo el mundo.
-Él es Edward.- Dijo ella llamando mi atención.- Es Italiano, socio de mi padre y mi prometido.
Al escuchar aquello, sonreí ido ¿Qué? Cerré mis ojos deseando que aquello fuera solo un sueño ¿Que quería de mi? Me acababa de presentar en la alta sociedad como su prometido... claramente ella y sus amigas eran todas unas locas, y yo un simple prostituto con modales.
