Disclaimer: Los personajes pertenecen a doña Cassandra Clare, Cassie, para los amigos; y su saga Los Instrumentos Mortales. Si la saga fuese mía... no hubiese cortado nuestra merecida escena "hotMalec" en CoLS... que alce la manita quien quedó con las ganas ._./*

N/A: Capitulo muy especial, lean con atención. ^^

Recomendación musical: Como es costumbre, Adam Lambert. Esta vez va con Underground. Gente, esta canción me pone la piel de gallina. Terminantemente prohibido leer sin haber escuchado y leído la letra de esta canción, sino, no entenderán el porque de mi inspiración para el capitulo.

Beta: Who else? Tenchi Uchiha. L-O-V-E—Y-O-U. Gracias por la especial ayuda para no desviarme en este capitulo.

Dedicatoria: Para Luissana, la pequeña Otaku-Slasher-Yaoista que me hace el dia con sus comentarios XD besos, mi pequeña cabezota. Es de otro mundo poder conversar cara a cara con alguien que comparte tus gustos. El universo de los fics te espera, solo... no crezcas tan rápido, por favor!


I'm hooked on how you made
Me hooked, I'm gonna say it straight

I want you, I need you
I want you to take me underground

I'm hooked; I can't cut you off
In my blood; I'm gonna say it now

I want you, I need you
I want you to take me underground

Underground; Adam Lambert.

En el capítulo anterior:

...Alec.

Magnus tragó grueso y sintió como su corazón se saltó un latido dentro de su pecho. Miró la hora en el reloj de la pared a su derecha. La mañana y parte de la tarde se le habían pasado volando y la hora de la visita de Alexander lo había tomado con la guardia baja. Esperaba verle ese día, esperaba verle siempre, de hecho; pero el momento le agarró desprevenido. Su cuerpo comenzó a temblar internamente.

Alec.

Alec

Alec.

Alexander – dijo, solo por decir su nombre. Era como besarlo, paladear cada letra era como tocarlo suavemente. Su ángel le miró fijamente, sus ojos azules robándole el aliento.

Hola Magnus. ¿Puedo pasar?

...


#13

Bajo la piel

- Alec... no, no tienes que hacer esto.

- Quiero hacerlo. Magnus, quiero hacerlo.

- Me pediste tiempo, puedo dártelo.

- No lo necesito.

- Alec... no.

- Te necesito a ti.

- Alec...

- Magnus, tócame, por favor.


- Hola Magnus ¿Puedo pasar?- Alec, de pie frente a la puerta de Magnus sentía como sus palabras resonaban contra su garganta al ritmo de su corazón acelerado.

Bum... bum... bum... bum.

Resonando, como un eco de los nervios en su interior.

Alec sabía, sabía que había tomado una decisión al ir ahí aquella tarde, que había elegido arriesgarse, darse a sí mismo una oportunidad, con Magnus. Seguir adelante y dejar de culparse por lo de Sebastián. Sabía que había elegido luchar por lo que sentía por Magnus y no perderlo. Pero eso no hacía que el momento fuese más sencillo. Saber que había tomado una decisión no era lo mismo que llevarla a cabo y convertirla en una acción.

Bum... bum... bum... bum...

Magnus estaba ahí, de pie frente a él. Con sus fascinantes ojos y su mirada fija en él. Cerca, tan cerca... y en ese instante; Alec se dio cuenta, con una fijación que sólo deben tener los de su profesión, que todos sus sentidos se habían alterado. Su olfato había captado de inmediato el olor a queso cheddar fundido y el pan tostado de algún sandwich que Magnus estaba comiendo antes de que él llegase, enseguida notó la migaja en su mejilla y otra más abajo, a la mitad de su pecho. Sonrió internamente, Magnus era un desastre. Llevaba una camisa de un color que él no sabría definir, entre blanco y dorado, y debajo sólo llevaba sus boxer cubriendo precariamente sus (oh por el Ángel) sus largas, larguísimas, doradas y perfectas piernas; Alec parpadeó rápidamente y apartó su mirada celeste de ahí, ignorando lo mejor que pudo todo su rubor y el calor subiendo por su cuello.

Y ahora Magnus le devolvía una mirada doblemente sorprendida.

Alec se compuso lo mejor que pudo y alzó las cosas que llevaba en sus manos con dificultad.

-¿Puedo pasar?- recalcó con sus manos repletas y Magnus pareció, por fin, reaccionar. Le sonrió y abrió la puerta al completo para que él pasara, Alec dio el paso que lo separaba de la estancia y sonrió cuando Magnus le ayudó a soltar su mochila.

- Recuérdame que debo dejarte unas llaves para que no tengas que tocar al timbre la próxima vez.

Alec se sonrojó, mucho. ¿Llaves? Magnus había dicho...¿llaves? Ante el pensamiento, Alec sintió como su corazón se aceleraba mucho más, golpeando contra su pecho fuertemente ¿Eso significaba que Magnus quería que Alec siguiera yendo, continuamente, a visitarlo? ¿Estar con él…?

¿Llaves?

Sonrió lo mejor que pudo antes de dejas los vasos de café en la repisa de mármol blanco que los separaba de la cocina y girarse hacia Magnus.

- No veo como hubiese sido más fácil abrir con llave con las manos tan ocupadas - bromeó sonriendo y tratando de relajarse internamente. – Toma, te traje esto- comentó suavemente antes de colocarle a Magnus en las manos la caja de dulce, segundos antes de, guiado por un impulso, darle un suave y rápido beso en los labios.

Magnus lució, de nuevo, sorprendido. Sonrió y movió la caja ligeramente.

-¿Dulce? -abrió la caja y su expresión de sorpresa se repitió.

Alec decidió explicarse.

- Pasé por la cafetería que está cerca del hospital y, vi estos y me recordaron a ti...-

Magnus frunció el entrecejo observando mejor los dulces que Alec había comprado.

-¿A mí? - preguntó al tiempo que compuso un extraño gesto mientras giraba el rostro en otro ángulo, viendo mejor los dulces de la caja. Alec sonrió y observó los dulces con Magnus. - ¿Acaso parezco una especie de gato gay multicolor?

- Si- respondió Alec de inmediato. ¿Qué no era algo obvio? Luego se dio cuenta de lo que había dicho y sintió como los colores se le subían a la cara, de nuevo. - Bueno ¡no! Yo digo... que...sólo...¡ahg!

Magnus lo miraba con una ceja alzada. Entonces, antes de que Alec pudiera balbucear una disculpa más adecuada, Magnus le tomó de la barbilla y, riendo, lo besó.

- Me encantan. Gracias.

Alec sonrió aliviado.

- ¿En serio te gustan?

- Por supuesto, se parecen al maniático.

Él parpadeó sin comprender y Magnus alzó su barbilla, señalando algo detrás de él. Alec volteo y vio a Presidente mirándolos fijamente desde el mueble de la sala.

Ese era un gato raro.

Alec hizo un gesto indefinido con su cabeza, tratando de volver a un terreno que si sabía manejar bien: la salud de Magnus. Ignoró a Presidente y se volvió hacia su novio; porque si estaba ahí era porque quería que Magnus fuese total y definitivamente su novio ¿no?

- ¿Estás listo para los ejercicios?

...


- ¿Has sentido algún dolor el día de hoy? - Magnus negó con la cabeza y respiró profundo mientras Alec movía su pierna derecha hacia arriba de nuevo. La tensión en sus músculos estaba muy poco por debajo del límite que podía soportar. La mano experta de su ángel bajó por su muslo descubierto y lo ayudó a bajar la pierna de nuevo, lentamente. Alec, concentrado en su trabajo no le estaba viendo a la cara.

Cuando Alec había llegado aquella tarde tomándolo parcialmente por sorpresa, Magnus había olvidado momentáneamente lo jodidamente dolorosas que eran las sesiones de terapia muscular. Y no, no importaba que fuesen las manos de su Alexander las que estuviesen tocándolo constantemente, aunque él tenía que admitir que si era un buena manera de distraer un poco su atención del foco de dolor.

Magnus logró rescatar la voz de Alec de muy lejos en su mente, donde estaba tratando inútilmente de llegar a un punto de paz y serenidad e ignorar el dolor.

- ¿Te duele ahora? - Magnus cerró los ojos y guardó silencio. Paz, paz…paz… Alec tomó su otra pierna y repitió el movimiento, llevando un inevitable latigazo de dolor a su espalda. - ¿Magnus? - él abrió los ojos y buscó la mirada de su ángel.

- ¿Qué?

Alec le sonrió tiernamente.

- Debo saber si te duele o no. - le recordó, volviendo a subir su pierna. El pinchazo de dolor se repitió y Magnus decidió dejar de jugar al valiente, mandando a volar su lugar mental de serenidad. Él era un asco meditando.

Asintió, con la frente perlada de sudor.

- Vale, si. Duele. - respondió en un quejido de dolor. Alec compuso una expresión más suave y soltó finalmente su pierna comenzando luego a relajar algunos músculos de sus muslos.

- El dolor es bueno- susurró Alec. Magnus alzo una ceja y lo miró fijamente sin decir nada. – es decir…- tartamudeó Alec- si te duele eso quiere decir que tus nervios no se han visto afectados. Me indica que aun tus músculos necesitan trabajo.

- Entonces…-murmuró Magnus con una sonrisa burlona en el rostro. Alec alzó la mirada hacia él- ¿El dolor es bueno?

Los colores se subieron al rostro de su ángel, coloreando desde su cuello hasta la línea de su cuero cabelludo. Magnus se mordió la mejilla por dentro.

- Bue…bueno, para tu rehabilitación, eso quiero decir.

- Ya…- susurró Magnus con sorna. Alec lo soltó definitivamente y se puso en pie, buscando la carpeta donde redactaba los informes de su progreso para Catarina.

-Le diré a Catarina que chequee tu dosis de analgésicos y…-comentó mientras escribía. Alec, al contrario de los otros médicos que Magnus conocía, tenía una letra hermosa. Era perfecto ¿ya lo había dicho? Per-fec-to. – creo que es mejor si seguimos con esto por la mañana, para que descanses un poco. No es bueno forzar tu espalda.

Magnus alzó la mirada tan rápido que su cuello resintió. ¿Había escuchado bien?

-¿Por la mañana? ¿No tenías guardia hasta medio día?

Alec volvió a atragantarse.

-Ca...Catarinamedioeldialibre- murmuró de un solo tirón. Magnus sonrió.

-Disculpa cariño, no te entendí.

-Que…que Catarina me dio el día libre. No tengo guardia hasta dentro de dos días.

Magnus cerró los labios herméticamente antes de sonreír con amplitud y guardar silencio para no incomodar a su Alexander todavía más. Alec no se lo había dicho; pero era bastante obvio que estaba haciendo lo posible para estar más tiempo con Magnus, y no iba a ser él precisamente quien pusiera las trabas. Alec estaba tomando su día libre para estar con él, ahí, en su departamento, cuidándolo, haciéndole compañía y eso significaba mucho para Magnus. Significaba que Alec si quería estar con él, que confiaba en Magnus, que le importaba y que no se alejaría en cuanto las terapias terminaran.

Era conmovedor y especial y dulce y tan…Alec.

Y ahora estaba en sus manos hacer que Alec se sintiera cómodo en su casa, a su lado. Era su oportunidad de demostrarle a Alec que podía darle lo que necesitaba, que hacía bien en confiar en él. Era su oportunidad de mostrarle a Alec lo mucho que le importaba. De demostrarle que no era algo físico lo que tenían, de mostrarle que lo que sentía por él.

Podía demostrarle que lo amaba y estaba dispuesto a todo por él. Que le amaba y quería amarlo más.

Quizás, no saltarle encima como quería hacer en ese instante parecía ser una buena idea. Tal vez, hacerle caso a Tessa y hacer algo "normal" también era una buena idea… dulce, palomitas, café…tal vez una película…

Magnus sonrió más ampliamente y dejó un suave beso en los labios de su ángel antes de incorporarse de la colchoneta que habían tendido en el suelo de su sala para la terapia.

-¿Qué tal si probamos ese pastel?


- Te lo digo, ese Metroman se parece a tu amigo Jace.

- Metroman no es rubio. – declaró Alec, de nuevo.

Magnus había puesto aquella película animada luego de que detuvieran la terapia y Alec comentara sus intenciones de pasar el resto del día y la noche ahí. Alec suponía que la película había sido en un intento de relajarle un poco y él no podía decir que no estuviera funcionando. En aquel instante se sentía bastante tranquilo sentado en el mueble largo de la sala de Magnus y con éste cómodamente acostado con la cabeza en sus piernas.

Alec suspiró, acariciando el cabello de Magnus una vez más. Aquello era algo normal, relajante y que nunca había hecho en su vida, ni siquiera con Sebastián.

Se regañó mentalmente.

Había estado toda la tarde con aquella estúpida fijación de comparar cosas que había o no había hecho con Sebastián y que ahora hacía con Magnus. Era enfermizo, eso le habría dicho Izzy. Tenía que superar a Sebastián y dejar de estar recordándoselo a cada instante. No era justo con Magnus.

- Pero es igual de idiota. – comentó su novio y Alec volvió a la conversación más inverosímil que había tenido en años. Y no, él no creía que Jace se pareciera a Metroman. Aunque, punto a favor de Magnus; imaginar a su amigo en aquella ropa ridícula de superhéroe era hilarante.

- No se parecen, Magnus. – repitió Alec por enésima vez, resoplando pero sin diluir la sonrisa de sus labios.

Frente a ellos la película seguía su curso.


Magnus, divertido; levantó ambos brazos y se alzó a su pesar del regazo de su ángel; se acercó a él y señaló hacia la pantalla gigante del tv

- ¡Son iguales! – exclamó – Mira eso, si fuera rubio sería idéntico.

Alec giró su rostro hacia él, buscando de rebatir su argumento una vez más y el mundo de Magnus se congeló. Alec estaba tan, tan cerca… Magnus podía ver cada línea de su rostro perfecto, de sus labios, el tono exacto de sus ojos de ese color azul que tanto le fascinaban.

Magnus se olvidó de todo, se olvidó de lo que iba a decir, de lo que estaba pensando, de lo que estaban viendo, de lo que estaba haciendo. Se olvidó de los límites que había trazado todo el momento, del cuidado. De todo.

Se olvidó de las barreras que había impuesto a su alrededor para cuidar a Alec de sí mismo.

Quería a Alec, le amaba y quería estar con él; quería tocarlo ahora.

Magnus había mantenido una distancia prudencial durante toda la tarde y solo en ese instante se dio cuenta de cuanto le había necesitado, de cuanto anhelaba ardientemente su contacto. Sus besos.

Dejó de pensar.

- Alec… - susurró con cautela.

Alec soltó el aire que estaba conteniendo, cortó él mismo la distancia y lo besó.


Magnus asumía que Alec no sabía cuánto trabajo le había costado a él el mantenerse prudencialmente alejado durante aquella tarde. Había recurrido a todo tipo de estrategia y meditación para no saltar sobre Alexander y devorarlo a besos, sobre todo cuando éste hacía algún comentario especialmente adorable, o cuando su rostro componía alguna de las veinte mil expresiones que a Magnus le fascinaban; y ahora todo ese esfuerzo de darle a Alec su espacio, de hacerlo "no sentir acosado" se estaba yendo por la borda.

Magnus solo quería suponer que Alexander ignoraba todo lo que pasaba por su interior porque de otra forma… no sabría cómo actuar.

Aunque en realidad no sabía que hacer en aquel instante; no cuando era Alec quien le estaba buscando, cuando era Alec quien había iniciado el contacto, quien le besaba de aquella manera tan apasionada, tan necesitada; haciéndole sentir como nadie le había hecho sentir nunca.

Nadie, nunca; le había besado así.

Magnus estaba en problemas. Graves, grandes y enormes problemas.

Alec se estaba metiendo bajo su piel, estaba logrando llevarlo al punto de no retorno y por Dios que Magnus no quería que…

-Alec - Magnus colocó una mano en el pecho de su ángel, intentando separarlo un poco de él. Alec estaba sobre su regazo, rodeándolo con sus piernas y besándolo como si no hubiese un mañana; de manera desbordada; perfecta. Jugando con sus labios y mordiéndolo delicadamente de vez en cuando, incitándolo. Y Magnus…Magnus sentía como su autocontrol se estaba esfumando rápidamente. Alec nunca había tomado la iniciativa de aquella manera y el que lo estuviese haciendo justo en ese momento era algo que lo estaba matando.

Tenía que controlarse; por Alec, él tenía que controlarse.

Cada beso sabía distinto, con los sabores entremezclándose entre ellos, el dulce del pastel de melocotón, el chocolate del biscocho, el amargo café...

- Alec, por favor.

Y los labios de Alec. El sabor de su piel, salada y deliciosa, suave y distinta a todo lo demás. La curvatura de su cuello, el leve pronunciamiento de su quijada, sus hombros de piel blanca hechos de músculos fibrosos en donde morder, lamer...

Distinto, cada beso era distinto.

Necesitaba control, control...por Alec; por él Magnus debía controlarse.

Con dificultad, Magnus logró separar un poco sus cuerpos, cortando a duras penas aquel beso. En el fondo, se escuchaba la estática del tv: la película se había acabado y ellos no se habían dado cuenta. Magnus enfocó la mirada en Alexander a pocos centímetros por encima de él, con los labios hinchados y húmedos, las mejillas enrojecidas y con esa mirada celeste que lo enloquecía llena de pasión, con el azul completamente oscurecido. Magnus suspiró profundamente, colocando ambas manos en las caderas de su ángel para mantenerlo firme.

- Magnus – él alzó la mirada al llamado. ¿Por qué no podía resistirse a él? ¿Por qué? ¿Acaso Alec se daba cuenta de lo que lograba en Magnus? Nadie había logrado aquello antes, nadie. Su cuerpo entero temblaba al solo contacto y al roce de su voz. – Magnus…- susurró luego, acercándose de nuevo y Magnus se estremeció. Esta vez, Alec alojó sus labios en su cuello y él logró reprocharse mentalmente su poco control. – Magnus, te deseo.

Oh por Dios…

Magnus tragó grueso.

Control, control...mucho autocontrol. Sus manos estaban temblando y su corazón amenazaba con romperse en trozos ante tanta tensión. Era eso lo que Magnus había deseado tanto el último mes, que Alec le dijera exactamente aquellas dos palabras; que Alec le deseara. Pero ahora era distinto y él no podía ceder. Ahora Alec le importaba demasiado y había un instinto protector en Magnus que le decía que aquello estaba mal. Él se había propuesto darle el tiempo que Alec necesitara... ¿porque justo ahora...

Se mordió un labio con fuerza cuando los dedos temblorosos de su ángel comenzaron a soltar los botones de su camisa.

Aquello no estaba bien. Tenían que detenerse...

Con extrema dificultad, Magnus tomó ambas manos de su ángel y detuvo sus actos. Alec lo miró a los ojos, con la mirada brillante de deseo y dudas.

Al verle así, tan vulnerable, Magnus entendió que estaba haciendo lo correcto.

- Alec... no, no tienes que hacer esto. - le susurró, besando sus manos con dulzura. Alec se mordió un labio y se acercó de nuevo, dejando un beso en la línea de su mandíbula.

Magnus se estremeció de nuevo, con toda la piel de su cuello erizada.

- Quiero hacerlo. Magnus, quiero hacerlo.

Él cerró los ojos. Alec se lo estaba poniendo tan difícil...

- Me pediste tiempo, puedo dártelo. - Y quería dárselo. Alec era el primero al que Magnus realmente quería darle todo lo que necesitara, todo el tiempo necesario para curar aquellas heridas que tuviera. Sea lo que fuera.

- No lo necesito. - Alec negó con su rostro, hundiéndolo en su cuello y susurrando ahí. -No necesito más tiempo.

- Alec... no. - gimió Magnus, sintiendo como Alec comenzaba de nuevo a besarle suavemente. Sus besos eran delicadas plumas que acariciaban su piel de arriba abajo, llevándole miles de escalofríos a toda su piel.

- Te necesito a ti.

Oh Dios...

- Alec... - su ángel se separó de su cuello buscando su mirada y Magnus sintió como perdía el aliento, cayendo en el profundo pozo azul de sus ojos. Atrapado completamente por aquella mirada llena de anhelo, de deseo, de tristeza.

De necesidad.

- Magnus, tócame, por favor.- Magnus cerró los ojos.- por favor, solo…tócame.


Magnus llevaba el control.

Llevaba el control de los pasos que Alec daba hacia atrás sin ver, llevaba el control sobre sus caricias sobre la piel desnuda de su pecho, su espalda y sus hombros; llevaba el control sobre los besos y Alec sentía, por primera vez en mucho tiempo, que podía ceder, bajar sus barreras y estar bien. A salvo.

Su cuerpo entero temblaba, sus manos habían logrado abrir con dificultad cada uno de los botones de la camisa de Magnus, acariciando luego toda la piel expuesta como si fuese el más preciado de los tesoros, delineando con extremo cuidado las cicatrices que aun llevaba en su cuerpo como rastros de su accidente.

Magnus era tan perfecto. Su piel era suave, tersa y delicada; y Alec le deseaba, le deseaba tanto…

Alec deseaba que Magnus rompiera todo lo que le ataba al pasado y se metiera bajo su piel. Alec necesitaba que Magnus lo curara emocionalmente; que limpiara con sus besos todas sus heridas porque él sentía que ya no podía hacerlo solo.

Alec necesitaba de Magnus.

Incluso en aquel instante, en el que Magnus lo tendía suavemente sobre el colchón, cayendo él encima con un suave quejido, Alec no dejaba de pensar y comparar momentos en su mente. Y era estúpido, y enfermizo y peligroso. Porque él debía seguir adelante, debía dejar de pensar en Sebastián en ese instante o sino perdería a Magnus. Debía dejar de pensar en la última vez que se había entregado y todo el dolor que aquellos pensamientos conllevaban.

Debía parar y debía hacerlo ahora.

-Alec – él enfocó la mirada en su compañero y suspiró con anhelo. Magnus lo miraba desde arriba. Sus ojos, esos perfectos e hipnotizantes ojos, estaban nublados y eran tan oscuros como lo profundo de un bosque, con pequeños destellos amarillo dorados en donde Alec deseaba perderse una y otra y otra vez. – No tienes que seguir adelante, no por mí. – susurró Magnus y él sintió un nudo en su garganta ahogándolo.

- No es por ti…-su voz salía dolorosamente por su garganta, ésta se había cerrado a la altura de su nuez de Adán y de pronto no lo dejaba hablar ni respirar bien.

-¿Alec? – preguntó Magnus con un tono de preocupación. Alec abrió los ojos que no había notado cerrar y se sorprendió con la expresión que Magnus lo estaba mirando. Alarmado.

- Estoy bien.- aseguró, pero Magnus negó con el rostro.

- No, no lo estas. Me pediste tiempo Alec, puedo dártelo. No tienes que hacer esto por mi…- Magnus exhaló suavemente y apartó un mechón de cabello de sus ojos. Alec suspiró ante la caricia y siguió la mano de Magnus con sus labios para atraparla con un suave beso. – Aunque mentiría si no te dijera lo mucho que he deseado este momento, yo puedo esperar por ti Alec. Puedo esperar a que superes eso que tienes que superar; sea lo que sea.

Alec negó con el rostro. ¡No! ¡No, eso estaba mal! No era eso lo que quería. No quería más tiempo para seguir recordando a Sebastián, para seguir anhelando su recuerdo, para seguir extrañándolo y, lo que sorprendía a su propio corazón era que confiaba en Magnus para ello. Confiaba en Magnus como no había confiado en un largo tiempo en nadie. Quería seguir adelante, quería dar el paso; quería a Magnus.

- No es por ti…-volvió a susurrar con la voz un poco más firme y se alzó para besar a Magnus con delicadeza, iniciando él una vez más el contacto. – Es por mi. – aclaró.- Deseo esto, te deseo a ti Magnus. Quiero…-suspiró y dejó otro beso en los sorprendidos labios de su novio. – Te quiero Magnus.

- Alec…-gimió Magnus.

- Confío en ti. – le confesó. Magnus contuvo el aire y buscó su mirada con insistencia. Alec se la mantuvo.- ¿Entiendes? Confío en ti.

- oh Dios…-susurró Magnus por sobre sus labios antes de besarlo una y otra vez, con besos cortos y entusiastas. – Eres perfecto ángel, perfecto.


Magnus quería gritar.

No podía creer que por fin, después de esperar y anhelar tanto a su ángel; podía tener a Alec entre sus brazos, soltando suaves y pequeños gemidos entrecortados, con los labios entreabiertos y enrojecidos de tantos besos que habían compartido Era una imagen perfecta, una que había imaginado tanto en sus sueños que Magnus se le antojaba pellizcarse para cerciorarse de que era real.

Quería gritar, quería morderse los nudillos y chillar de la emoción, porque ese era Alec, su Ángel.

Suyo.

Pero…había algo que le hacía dudar. Algo. Era un no sé qué intangible que le decía dentro de sí mismo que no debía seguir, que debía hacer un alto.

Quizás…era la vulnerabilidad que había visto en Alec; esa, que le gritaba que debía protegerlo. Cuidarlo.

Sanarlo, como Alec había hecho con él.

Sus manos temblaban conforme a su responsabilidad. Porque eso era…estaba en él el peso de hacer que Alec se sintiese bien. Cómodo. El peso de hacer que Alec confiase. Que Alec confiase en él, en el amor. Que confiase en que no le dañaría.

Alec soltó un suspiro bajo su cuerpo y Magnus tomó su decisión.

Debía hacer sentir bien a Alec, sin importar qué. Debía, por aquella ocasión; centrarse en el placer de Alec. ¿Era eso el amor, cierto? Pensar en el otro más que en si mismo.

Era Alec quien importaba.

Magnus, con sutileza y un suave temblor de ansiedad y miedo corriendo por su cuerpo, tomó el rostro de su Ángel entre sus manos y lo besó con delicadeza; cubriendo sus mejillas, sus labios, su nariz y sus ojos con besos suaves.

Alec suspiró de nuevo y él pudo sentir como se relajaba instantáneamente.

Bien, ese era un buen paso.

Sus labios buscaron con vida propia el cuello expuesto de Alec, incitándolo a morder levemente para luego succionar y volver a besar la delicada piel. Magnus trazó un camino húmedo bajando del cuello hasta sus hombros sin dejar de besar ni un segundo. Quería adorar a besos todo el cuerpo de Alexander; quería conocer con sus labios hasta el último rincón.

Alec se estremeció fuertemente y soltó un delicioso gemido, más profundo que todos los anteriores.

-Magnus…- él sonrió ladeadamente. ¿Punto débil eh?

-Dime ángel. – preguntó sin dejar de sonreír y sin dejar de besar y mimar la zona ni por un segundo; en respuesta, Alec arqueó la espalda hacia él y Magnus pudo sentir como su sensual y perfecto ángel rozaba todo su delicioso cuerpo contra el suyo, haciéndole estremecer fuertemente al sentir tan claramente el deseo de su Alec frotándose contra él.

Firme, grueso, caliente y delicioso.

Dios, Magnus iba a morir.

La fina tela de su bóxer comenzó a ser demasiado pesada.

Pero, se contuvo. Él no importaba, no en ese momento. Era Alec quien importaba.

Magnus bajó delicada y suavemente sus manos por los costados de su Ángel y las coló en el borde de los jeans que aun portaba, jugando con el botón entre sus dedos intencionadamente. Tentando. Subió con sus labios por el cuello de Alec y se alojó cerca de su oído.

- Dime ángel ¿quieres que los quite? Debes estar incomodo allí dentro.- su voz era un pequeño destello malicioso. Alec soltó un gemido indefinido y volvió a removerse bajo su cuerpo. Magnus, sonriendo, le mordió y besó el lóbulo de la oreja. - ¿Qué dijiste dulzura?

Alec volvió a gemir y Magnus sonrió más ampliamente. Encontraba sumamente excitante el hecho de que Alec perdiera el habla ante sus caricias.

Era algo excitante y encantador al mismo tiempo. Una mezcla peligrosa que Magnus solo había visto en Alec.

Magnus separó sus labios de Alec dándole un respiro y lo miró a los ojos. Sus oscurecidos ojos azules nublados de deseo.

-¿Quieres que los quite? – volvió a preguntar con suavidad. Alec respiraba con dificultad y le costaba hilar palabras. Magnus sonrió con todo el amor que le fue posible y besó la mejilla de su Alec antes de volver a buscar su mirada. –Dime mi ángel ¿qué es lo que quieres? ¿Qué es lo que necesitas? Estoy aquí para ti dulzura.

Alec se mordió dubitativamente un labio y Magnus tuvo que contar hasta cien para no abalanzarse sobre él y comerlo, literalmente, a besos. Alec suspiró y le besó, primero con duda, le tomó unos segundos y luego el beso fue apasionado.

-A ti Magnus- Magnus sonrió instintivamente.- Solo te necesito a ti.


Alec sentía como su pecho y su cuerpo entero se inundaba con sensaciones y sentimientos. Se ahogaba, no podía respirar. Había rebasado el límite de su seguridad emocional y había dejado a Magnus entrar bajo su piel. Él le tocaba, como le había pedido. Le tocaba y era maravilloso.

Su mente comenzaba a fundirse con el deseo que arraigaba su cuerpo.

Jadeó y su cuerpo se alzó en una amplia curva, separando su espalda del colchón de la cama de Magnus; éste había encontrado el hueso de su cadera con sus labios y jugueteaba con él entre sus dientes, amenazando con volverlo loco de placer.

Le gustaba sentir la boca de Magnus adorando toda su piel, besándolo de arriba abajo como si no hubiese fin, marcándolo con sus dientes en la clavícula, uno de sus puntos más débiles, jugando con sus reacciones, haciéndolo desfallecer y balbucear incoherencias. Hacía mucho tiempo que no se sentía así, hacía muchísimo tiempo que no vivía un momento como aquel; en el que no era necesario pensar sino sentir.

Se sostuvo del cuello de Magnus, acercándolo más a él; gimiendo y temblando cuando la mano de su novio sostuvo su intimidad y le acaricio lentamente, subiendo y bajando, buscando con paciencia el ritmo que a él le complaciera.

Iba lento, demasiado lento… se sentía bien, placentero y podía enloquecerlo pero no era lo que Alec necesitaba en aquel momento. No, Alec necesitaba el rápido olvido del orgasmo. Había pasado tiempo, demasiado tiempo y quería liberarse. Lo necesitaba.

Necesitaba olvidarle, olvidarse del pasado.

Con un gemido y un beso, tomó la mano de Magnus entre la suya y lo ayudó a moverla más rápido; enviando hacia atrás esa sensación angustiosa que comenzaba a llenar su garganta y sus ojos. No iba a pensar en él… no iba a hacerle eso a Magnus.

Magnus le besó con dedicación en el cuello y aprendió de su ritmo con celeridad, aplicándolo a la perfección sobre él una y otra vez, una y otra vez; enloqueciéndolo más y más a cada segundo, subiéndolo y bajándolo de nubes e infiernos de placer. Era demasiado…era…

- Alec…

Alec soltó su mano y lo dejó llevar el control. Era eso, era eso lo que necesitaba.

Magnus tomándolo, Magnus tocándolo, Magnus besándolo...

Magnus, Magnus, Magnus.

Cerró los ojos y dejó correr una lágrima. Debía dejarlo ir, debía seguir adelante…

- Magnus…- sollozó, sintiendo su cuerpo adormecerse desde su cuello hacia abajo y de vuelta. Faltaba poco, muy poco…necesitaba…- Más, Magnus… por favor.

Sintió sus labios en el cuello.

- Estoy aquí ángel, vamos, vente…- le rogó Magnus en voz baja y él, apretando los ojos fuertemente, cedió; sintiendo como tras sus párpados estallaba una supernova que deshizo su cuerpo en mil pedazos hacia el cosmos para luego reunificarlo todo, vaciándose y llegando en las manos de Magnus que lo tomaban firmemente, atado a la tierra.

Era Magnus, Magnus ahí, Magnus tocándolo, Magnus haciéndolo real.

Ayudándolo a olvidar.

Un blanco cegador, su cuerpo laxo cayendo sobre el colchón, exhausto; dormido y Alec sintió con alivio como, por fin, había dejado atrás el pasado.


-¿Qué tanto le ves a ese Ligthwood, Sebastián? Él no puede ser mejor que yo, él no…

- Él me quiere, Jonathan. Me ama, y yo a él. Ha enfrentado a su familia por mí.

- Tu eres mío, no de él.

- Alec y yo estamos juntos, asúmelo de una vez Jonathan. Lo amo. Y no puedes obtener siempre lo que deseas, nunca saldré contigo, primero muerto. No te pertenezco.

- En eso te equivocas, Sebastián. En eso te equivocas.


Jonathan sonrió, deslizando un nuevo sobre bajo la puerta de Bane.

-En eso te equivocaste Sebastián.- susurró para si mismo. – Nunca entendiste que yo también te prefería muerto, antes de verte con él.

-No te pertenezco.

Él le sonrió, ampliamente; mientras le daba la espalda al departamento de Magnus Bane y bajaba lentamente los escalones de la entrada hacia su coche.

- No puedes obtener siempre lo que deseas.

En eso te equivocas, Sebastián.

Él obtendría su venganza. Por él y por su padre. La vida de Bane y la de Ligthwood estaban en sus manos.

-En eso te equivocas.


N/A: Bueno… ¡Cuanto me costó terminar este capitulo! No pienso aburrirles con mi tediosa y complicada vida mundana, eso es cruel. Solo quiero agradecerles por seguir leyendo, por esperar con TANTA PACIENCIA, a mis lentas actualizaciones. Si, se que a muchos les gusta leer más rápidamente pero ustedes me conocen y saben que hago lo mejor que puedo. Así que, eso: gracias. Gracias también por los comentarios, a los que se preocuparon por mi salud (ya estoy mejor), me llenan la vida de sonrisas y felicidad.

Este fic comenzó siendo un regalo para los primeros 100 miembros de mi amado grupo Malec, en Facebook, pero hoy día debemos celebrar que ya la familia ha crecido a casi los 600 miembros; y por el Ángel que estoy agradecida y feliz. Nunca pensé que crecería tan pronto. Los amo a todos y cada uno, gracias.

Quiero invitar a todos los que leen a que se nos unan en el grupo, estamos celebrando un pequeño reto artístico para conmemorar Halloween. Un Halloween al estilo Malec.

¿Qué más? Ah si. ¿Quienes aquí leen a May Graciela en su foro Malec fanfic? Ha subido un os bellísimo sobre el cumple de Alec que DEBEN leer. Es tan Cannon que me llora el alma.

También recomiendo el maravilloso y sexy fic de Ariel, "Mejor corre, cariño" aquí mismo en FFtion. Net. Y por supuesto voy a recomendar los dos fics de mi Cintaku; Iced: ( C) Coverse (un maravilloso "what If" de Doble Moral que me dejó màs enamorada de Alec, si es que se puede) Y Clau. No tengo palabras para describir Clau, es como mi Cintaku, perfecto.

Creeeeeeeeeeeo que eso era todo. Pronto estaré subiendo mi fic #50 y es algo muy especial que estoy preparando. Será Malec; así que estén atentos.

Ya, me despido.

Kisses

IL

Terminado: 26/09/2015 a las 12:50am

Editado y entregado por Beta: 5/10/2015