Luna en el infierno
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 13
—Candy... no me imaginé que fueras a estar aquí...— Candy también estaba en shock. No podía creer su suerte, ¿qué iba a pensar la madre de Terry ahora?
—Yo soy la que no imaginé que te encontraría. Señora Eleanor, ha sido un placer... estaré rezando para que Terry regrese pronto...— Tomó las manos de Eleanor un momento, la rubia mayor estaba desconcertada.
—Candy, espera, por favor...— Intentó detenerla.
—Archie, no se supone que te acerques a mí, no se supone que estemos hablando siquiera, adiós...
—¡Eres mi esposa, por el amor de Dios!— Justo lo que Candy se temía, esa revelación que arruinaría la impresión que Eleanor tendría de ella ahora.
—Disculpen... ¿qué está pasando aquí? No entiendo nada... señorita, ¿que no era usted amiga de mi hijo?
—Bueno, Terry es mi amigo y Candy es mi esposa, supongo que eso la hace amiga suya también, ¿no?
Candy sintió ganas de vomitar nuevamente. Le había confesado a Eleanor que amaba a su hijo, se presenta Archie reclamándola como su esposa. ¿Cómo no iba a revolvérsele el estómago si el único hombre al que su cuerpo y su alma querían reconocer era a Terry?
—Será mejor que me vaya, disculpen las molestias.
Candy salió de allí apresurada, dejando a Eleanor y a Geraldine desconcertadas, sobretodo a Eleanor, ella estaba además, preocupada. Una madre siempre sabía, y ella sabía que fuera lo que fuera que estuviera pasando entre su hijo y Candy no era nada bueno...
—¡Candy! Sólo quiero hablar contigo, sólo cinco minutos, nada más.— Le suplicó Archie, deteniéndola antes de que levantara la mano para parar a un taxi.
—¡Dios mío! ¿Qué quieres? ¿Por qué no me puedes dejar en paz?— Estaba desesperada, presa de la angustia, las lágrimas le quemaban los ojos.
—Sólo quiero saber cómo estás... ¿cómo está mi hijo?— Con los ojos aguados, le acarició levemente el vientre.
—Está muy bien, creciendo... Gracias por preguntar.— Le dio una sonrisa forzoda.
—Y tú, Candy... ¿estás bien?
—Estoy mejor que nunca. Adiós.— Iba a seguir caminando, pero él la volvió a detener, suavemente, su expresión era una súplica, no una exigencia.
Candy notó que estaba más delgado, que llevaba una barba de varios días y ojeras, reconoció para sí que él debía estar pasándosela mal, se detuvo sólo por solidaridad, a fin de cuentas, Archie quería a su amigo.
—¿Qué quieres ahora, Archie?
—Necesito esto...
La acercó suave a su rostro y la besó, sólo un roce de sus labios y se retiró.
—Lo siento... necesitaba un beso tuyo...
—¡Pues yo no! ¡No me vuelvas a besar! ¡Nunca!— ¡Plaf! Lo abofeteó con rencor, sintiéndose desleal hacia Terry.
—Candy...
—Si no te alejas y me dejas en paz ahora mismo, voy a llamar a la policía y...
—¡Y qué les vas a decir! ¿Que quieres meterme preso por tratar de recuperar a mi esposa?
—Tú hace mucho rato que dejaste de tener esposa. No te entiendo, Archie... Deberías alegrarte, deberías saltar de alegría... ahora eres libre, puedes revolcarte con todas las zorras que se te antojen sin remordimientos... a mí ya no me importas...
—Candy... quiero que me contestes algo... esto me está carcomiendo desde hacen días... ¿por qué te importa tanto Terry?— Candy no se esperaba eso y aunque disimuló sus nervios, por dentro sentía que se desmayaría.
—¿De verdad quieres saber por qué?— Le dio una sonrisa agridulce.
—Sé que parece absurdo, pero... he notado la forma en que él te mira las últimas veces... la forma en que te defiende y...
—Terry es un hombre íntegro. Un ser humano maravilloso y de hecho, un gran amigo... ¿por qué no iba a importarme? Si él siempre ha estado ahí, ¿a caso olvidas que me lo mandabas de chaperón cuando querías escaparte con alguna putilla de fin de semana?
—Candy... eso fue...
—Creo que pasaba más tiempo con Terry que contigo... y a él parecía importarle lo que yo hacía, lo que yo quería...
—¿Qué me quieres decir? ... ¿a caso tú y él...? Jajajaja. Terry jamás se fijaría en ti.— Dijo convencido, Candy le brindó la misma sonrisa cínica.
—Haz de cuenta que no me has visto. Mi abogada se comunicará contigo pronto.— Candy detuvo un taxi y lo dejó ahí plantado.
...
Dos semanas completas en esa jungla. La comida a penas alcanzaba para susistir. Tras una dieta de frutas silvestres y agua de lluvia, Terry había perdido unos quince kilos. Lleva el pelo más largo y una crecida barba le cubría el rostro. Con sus brazos aún fuertes y vigorosos levantaba ramas y escombros para improvisar otro refugio.
Se preguntaba para qué continuaba. Sabía que las posibilidades de que los encontraran en la inmesidad de esa selva amazónica eran menos de cero. Habían enterrado ya a varios con los que se había encariñado para no enloquecer en medio de ese caos.
—George... sólo quiero que sepas que siempre has sido mi gran amor y que aunque... yo peleara tanto, tú me hiciste feliz y...— La anciana se esforzaba por hablar, delirando una fiebre cruel.
—Rosemary... no hables como si te fueras a...— el pobre señor sujetaba su mano mientras las lágrimas bañaban su rostro envejecido.
—A esta edad ya no se le tiene miedo a la muerte, querido mío, empezamos a morir desde el día en que nacemos...
—No... Rossy...
—La vida me dio mu-muchos años a tu-tu lado... y como siempre lo pedí, quería que tu cara fuera siempre lo último que yo viera antes de cerrar los ojos...
—¡Rosemary!— La llamó, todos escucharon el sufrido eco, mientras los ojos de su amor de toda la vida se cerraban para siempre.
Era muy entrada la noche. Terry se retiró al refugio que compartía con otros dos hombres, los más fuertes que quedaban ya. Se quedó pensando en George y Rosemary... ellos al menos vivieron felices muchos años, tuvieron tiempo de despedirse, en cambio él... luchaba porque el rostro de Luna no se perdiera en su memoria en ese mundo de locura, mantenerse cuerdo era una lucha diaria.
—Terry... despierta, mi amor...
—¿Qué?— Despertó él asombrado al ver el pícaro rostro de Luna.
—Llevas durmiendo todo el día, cielo.— Le dio un beso en los labios, él se incorporó en seguida...
—Luna... el avión se cayó... yo...
—¿El avión se cayó? Pero... ¿de qué estás hablando?— Ella le sonrió, mirándolo con inquietud.
—¡El avión se estrelló! Éramos veinte sobrevivientes...
—Es todo una mentira, cielo... una cruel pesadilla... ¡despierta ya!
—¡Jam!
Terry abrió los ojos, pero la mentira no era el lugar en donde se encontraba, la mentira había sido ese sueño cruel que le decía que todo era mentira.
—¡Ahhhh! ¡Aarrrgggg!— Unos gritos lo espantaron y salió a ver qué estaba pasando.
Salió apresurado, con un palo duro y fuerte en las manos en caso de que se tratara de alguna fiera en busca de cena. Pero no, nada que ver con eso. La mujer embarazada había decidido dar a luz esa noche.
—¡Más agua, por favor!— Pidió otra mujer, la que había perdido a su hija de siete años.
—¡Aaaaaarrg!
—Sigue pujando, cariño. Ya casi está... ya casi...
Terry miraba todo estático. No podía moverse, no podía pronunciar ni una palabra. Sólo pensaba en Candy, sola y embarazada... tal vez lo habría dado por muerto... tal vez la desesperación la habían devuelto a los brazos de Archie... el padre de su hijo...
—¡Es un niño! Un hermoso niño...— Dijo con lágrimas la mujer que había asistido ese parto primitivo. Un niño grande, saludable y con los pulmones en perfectas condiciones había llegado a poblar esa desgracia, pero algo de alegría había traído. Su madre lo besó con el amor y el enamoramiento con que miras a tu hijo por primera vez y te grabas su carita para siempre, a fuego en tu corazón. Terry se acercó, se quitó la camisa para que pudieran cubrirlo. La madre en cuanto estuvo preparada lo pegó a su pecho, calmando su llanto desesperado.
Terry se había imaginado ese momento junto a Luna. Él había estado con ella, se había enamorado de ella y estaba comenzando a amar al niño que estaba transformando su cuerpo cada día, aunque no fuera suyo, porque era de ella. Recordó todas las veces que le besaba el vientre cuando le hacía el amor y ella lloraba, lloraba de amor, de alegría y para él, hacerle amor, aunque ella cargara un hijo que no era suyo, era una forma de hacerlo también suyo, su hijo, porque era él quien estaba ahí para ambos... Pero al parecer, nada de eso quería cumplirse.
...
—Hija, ya no puedes seguir más así. Te estás destruyendo...
—Él va a regresar, mamá... tiene que regresar por mí... él me lo prometió...
—¡Candice, por Dios! Ya deja ese sueño absurdo. Han pasado dos semanas, no ha habido ni una sola señal de él, tienes que comenzar a aceptar el hecho de que...
—¡Nunca!— Gritó Candy con un llanto que le consumía el alma. Su embarazo ya se notaba un poco. Una pancita pequeña, redonda y bien formadita de doce semanas.
—Candy... tienes que continuar... ustedes no estaban destinados a estar juntos desde el principio... ¿quieres más prueba que ese hijo que esperas?
—Él... él nos quiere a ambos...
—¡Pero él ya no está! Y mientras tanto, ahí estás tú, a la deriva. Piensa bien las cosas, haz lo correcto y por una sola vez en tu vida, haz las cosas como deben ser.
—Volver con Archie...—Murmuró.
—Cariño, él es el padre de tu hijo, estoy segura de que a su manera te ama... no ha dejado de buscarte, está desesperado. Todo tiene solución, en vez de estar llorando a ese hombre, intenta salvar tu matrimonio, dale a tu hijo una vida digna... como la que...
—Tú no me diste...— Completó Candy y suspiró, luego se puso de lado y cerró los ojos, dándole la espalda a su madre.
Pasaron dos días más. Candy había tenido una cita en el ginecólogo, el bebé estaba perfectamente, aunque a ella le habían encontrado la presión alta. Le habían dicho que en unas semanas más podría saber el sexo del bebé. Para tranquilizarse, se refugió en lo que tanto la apasionaba, la pintura.
Comenzó a mezclar colores hasta obtener los tonos exactos. Se dibujó a sí misma, dormida, envuelta en las sábanas, puso el detalle de su vientre de pocos meses de embarazo y dibujó a Terry, abrazado a su cintura, sus manos grandes y fuertes colocadas en su a penas pronunciado vientre. Dibujó con detalle el suave vello de su pecho, las venas vigorosas de sus brazos fornidos y desnudos, la tranquilidad de su rostro, su pelo lacio y oscuro. Se preguntó si alguna vez volvería a dormir así con él... los momentos más felices de su vida.
...
Caminaban y caminaban, debía haber una manera de salir de ese infierno. Había un niño y un bebé que merecían seguir viviendo, Terry sacó fuerzas de donde no habían para seguir luchando luego de tres semanas completas.
Se detuvo un momento y se recostó de un árbol, sintiendo que las piernas ya no lo sostenían. Le había cedido su ración de comida a Xavier, el niño brasileño que había quedado huérfano, estaba débil. Respiró profundo, tenía que continuar, pero mientras meditaba, una serpiente había estado estudiándolo con mucha paciencia, esperando el momento justo para atacar. Se arrastraba sigilosa entre las ramas, mirando con sus pequeños y diabólicos ojos el cuello de Terry, siseaba con su lengua y abrió la boca, mostrando sus colmillos mortíferos. Terry sacó algo de su bolsillo... la pulsera de la suerte que Candy se la había regalado... la serpiente se lanzó a clavarle los colmillos, pero él se había movido justo en ese entonces para continuar, por Candy... Nunca supo lo cerca de la muerte que había estado.
Detuvo su caminar cuando escuchó unas voces que no le eran familiar, un sonido de hélices.
—Sigan buscando. Si ya dimos con el avión, podremos dar con los sobrevivientes.
—¿Y entre tantos cadáveres, cómo sabes que a estas alturas los otros no estén muertos ya?— Hablaban dos miembros del equipo de rescate.
—Tal vez a ti no te importe esa gente, y no te culpo, pero mi hermana iba en ese vuelo y quiero encontrarla... así tengamos que acampar aquí, no descansaré hasta encontrarlos.— Expresó el líder.
Terry decidió salir de su escondite. Tenía la boca seca, estaba a punto de desfallecer por deshidratación.
—¡Ahí hay alguien!— Divisaron a Terry.
—Señor... venga con nosotros, somos los de...
—¡Alguien dele agua, por Dios!
Justo cuando se iba a desplomar, uno de los hombres, apresurado le dio una botella de agua, Terry la bebió con la desesperación de un recién nacido.
—Hay más personas... ellos están...— Terry hablaba con dificultad.
...
—Noticia de última hora. Luego de tres semanas, finalmente, el piloto Terrence Grandchester fue hallado con vida junto a otros quince sobrevivientes, entre ellos un niño de diez años y un infante de una semana de nacido que llegó al mundo en medio de esa travesía...
Candy soltó el pincel y las acuarelas de golpe.
—¡Está vivo! Mamá... ¡Terry está vivo!— Gritó con lágrimas de alegría.
Luego de recibir la atención médica provisional, Terry fue trasladado a un hospital de Nueva York.
—Mamá, Gera...— Saludó a su madre y a su hermana cuando había despertado.
—Hola, mi amor... ¿cómo estás?— Eleanor le sonrió llorando, su hermana también.
—Mejor que en la jungla.— Bromeó.
—Mírate nada más, estás tan flaco...
—Pareces un Tarzán de a de veras con esa barba, jajaja.— Bromeó su hermana.
—No quiero que vuelvas subirte a un avión nunca más, ¿has entendido?
—Mamá...— Terry puso los ojos en blanco...
—Buenas tardes... ¡Terry!— Exclamó Candy, pero se quedó mirándolo desde una distancia cautelosa, luchando con sus piernas que querían correr hacia él.
—¡Candy!— Se incorporó de inmediato.— Ven.— La llamó.
Candy caminó hacia él con pasos vacilantes, Eleanor y Geraldine se lanzaban miradas, a su hermana no parecía importarle tanto, pero Eleanor tenía sus reservas.
—Mamá, ella es Candy...
—La esposa de tu amigo, Archie. Ya había tenido el gusto...— El rostro de Candy se entristeció, sabía que no había sido aceptada por ella, y no la culpaba. Terry por su parte estaba algo perdido.
—¿Cuándo se conoc...?
—Un gusto volver a verte, Candy... ¿estás embarazada?— La indiscreta pergunta de Gera marcó la tensión en Candy y Eleanor.
—Mamá, Gera, ¿podrían dejarme un momento a solas con Candy?
—No es necesario, Terry, yo vendré en otro momen...
—Candy, por favor...— Ella bajó la mirada y asintió.
Cuando las otras dos mujeres desaparecieron, el mundo dejó de existir para ellos.
—¡Terry! Estaba tan preocupada... pensé que no te volvería a ver...— Lo besaba con tanta desesperación que conmovía.
—Tú eras lo único que me mantenía vivo, Luna. Sólo por ti no me volví loco allí.— La besaba con la misma hambre.
—No vuelvas a hacerme eso, por favor...— No podía dejar de besarlo.
—¿Cómo estás? ¿Cómo está el bebé?— Colocó sus manos en su vientre.
El mundo se detuvo una vez más. Cuando Terry hacía eso, inevitablemente, Candy lloraba, se sentía segura y feliz, no tensa y con remordimientos como cuando lo hacía Archie.
—Está creciendo... el doctor dijo que está grande para el tiempo de gestación...
—Luna. Te amo...— Le dijo mirándola a los ojos, se inclinó y le dio un beso a su vientre.— Gracias por esperarme a pesar de todo...
—Yo sabía que volverías...
Le acarició el rostro, ahora con barba y se inclinó para besarlo, compartían un beso dulce y calmado, de puro amor...
—Tenía que verlo con mis propios ojos para poderme convencer...— Dijo Archie mirándolos a ambos con los ojos aguados por la rabia, el dolor y la decepción, la expresión de su rostro reflejaba una gran traición.
Continuará...
¡Hola! ¿Con el alma en un hilo otra vez? Jejejeje bueno, pero al menos Terry ya no está perdido en la selva, con hambre, solito, con frío... sediento... ahora se encuentra junto a Candy en... ¡tremendo lío! Jajajajaja.
Gracias por comentar:
CONNY DE G, zucastillo, Yomar, vero, Maquig, bruna, Iris Adriana, Jan, Loca x Terry, Ana, ELI DIAZ, Dylan Andy, Mirna, Claus mart, Soadora, RENECIA CONTRERAS, XOCHITL, skarllet northman, Vianyv07, norma Rodriguez, elisablue85, luz rico, Zafiro Azul Cielo 1313, carito Andrew, Dulce Lu, Maride de Grand, arely andley, Luisa, gatita
Hasta pronto,
Wendy
