Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.
CURTAINS
Capitulo catorce
Ella
Tengo un anillo de plata que era de Rosalie, gravado en toda la circunferencia con un bonito diseño.
Cuando era más joven, la idea de llevarlo me parecía algo morboso, pero hace unos años me lo puse y no he vuelto a quitármelo.
Es una de las cosas que encontré en su cómoda en los días posteriores a su desaparición. Lo cogí sin estar muy segura de porqué... como he dicho, no quería llevarlo. Solo quería tenerlo, tener una parte de ella, supongo.
Me había olvidado de que lo tenía hasta que me fui a la universidad. Estaba haciendo las maletas, revisando los cajones de mi cómoda y los joyeros cuando lo encontré, deslustrado por el paso de los años. Tras un par de minutos de un paño pulidor, parecía nuevo y me lo deslicé en el dedo corazón de mi mano derecha.
Lo miro ahora, pasando mi dedo sobre él.
Ver a Edward así trae a la superficie emociones que creía enterradas... unas que creí que tenía controladas pero que en realidad solo he hecho a un lado. Me he hecho a la idea de la realidad de que Rose nunca va a volver, y en realidad creo que está descansando en paz.
Edward nunca lo creyó. A veces, al principio, cuando el horror y la incertidumbre estaban más frescos, él solía imaginar cosas horribles, y me lo contaba todo sobre sus pesadillas y los sueños que le despertaban. Él no tenía fe en la vida después de la muerte y, por esa razón, nunca fue capaz de aceptar que seguramente habían muerto.
Se negaba a dejarlos ir.
Al final dejó de hablar de ello y yo me sentí bastante feliz. Apenas podía con los contenidos de mi propia mente, como para tener que escuchar los torturados pensamientos de la suya.
Sin embargo, nunca nos abandonaba; el miedo y el enfado de Edward le carcomían -teñían sus palabras y afectaban a su humor.
Me había llevado un año de terapia, mi primer año de universidad, entenderlo. Jacob había sido una parte importante de mi sanación, por supuesto, pero había algunos problemas que ni siquiera él podía tocar, como los realmente profundos, el trauma de perder a alguien amado de la forma en que habíamos perdido a Rose. El tema de Edward surgió varias veces durante esas sesiones de terapia; se había marcado a fuego en mi corazón y mi alma, y pensaba en él a menudo, incluso cuando estaba empezando a enamorarme de Jake.
Pero ahora no tengo ni a Jake ni la terapia.
No sé qué ha estado haciendo Edward los últimos años, pero no le permitiré entrar en la vida que he tejido con tanta delicadeza y destrozarla. No sé si puedo confiar en él con mis sentimientos, con mis recuerdos. Si es la misma persona que era, tiene demasiados problemas y no puedo permitirle que me arrastre con él.
Si soy honesta conmigo misma, no parece el mismo.
Pero las apariencias pueden engañar.
* . *
Él
Como es martes y las tres clases que tengo seguidas terminan a mediodía, tengo el resto del día libre. Alice insiste en hacerme la cena más tarde, pero no estoy muy seguro de qué hacer en el tiempo que tengo entre medias. Todavía no me he familiarizado mucho con Seattle; paso mucho tiempo encerrado, ya sea en clase, estudiando para clase o en el trabajo. Aparte de coger comida en uno de los delicatessen que hay entre mi apartamento y el campus, apenas estoy fuera.
La verdad es que es una pena; me gusta esta época del año.
Así que doy un rodeo para ir a casa, disfrutando del viento en mi cara y del crujir de las hojas bajo mis pies. Es un día un poco raro, inquieto, eléctrico. No está claro, pero tampoco completamente nublado.
―Oh, vaya, mira eso, ―murmura una voz a mi lado, obviamente para sí misma. Le echo una mirada a la mujer, pero ella tiene la vista levantada hacia el cielo, así que yo también lo hago. Sí que es un momento "vaya"; las nubes han abierto un agujero, dejando escapar un cegador rayo de sol. Está tan concentrado en un solo lugar que la luz ni siquiera se extiende. Imagino que es el cielo y que me están dejando echar un vistazo.
Por primera vez desearía tener una cámara. La de mi teléfono no cuenta.
Seguramente puedo darle las gracias a Alaska por mi habilidad para notar cosas como aquella, de apreciar cosas más allá de mí mismo. El tío Garrett y la tía Kate siempre me estaban llevando a excursiones familiares -arriba en las montañas, abajo en los lagos, haciendo senderismo por el bosque con mochilas a rebosar. Había creído que crecer en Forks era rústico pero, ¡santo cielo! Ketchikan era como el Lejano Oeste. Les encantaba acampar y yo siempre tenía el miedo de que me comiera un oso.
Pero la tía Kate siempre estaba sacando fotos -de las chicas, de mí, de ella con Garrett, del cielo, árboles, agua... cualquier cosa. La evidencia de su forma de ver el mundo adornaba su casa y muy pronto yo fui parte también de ese paisaje. Me acostumbré a que me sacaran fotos -algo que antes había odiado- y a verme a mí mismo. Cuando me fui me dio algunas de sus favoritas, como una de mí con Maggie en el porche.
―Perdón. ―Alguien pasa demasiado cerca; su bolso me golpea en el brazo al pasar apresuradamente. La verdad es que no me importa, pero me trae de vuelta al aquí y ahora.
El agujero celestial ya se está cerrando, sus bordes se mueven y deshacen.
* . *
Tengo un coche, simplemente elijo no conducirlo a no ser que, por supuesto, vaya a casa de Alice. Ella vive al otro lado de la ciudad y no voy a ir a pie, mucho menos de noche.
Cogiendo la botella de vino del asiento del pasajero, salgo del coche y ruedo los ojos por lo predecible que es llevar vino a una cena. Sé que a Alice le encantará y por eso lo estoy haciendo, pero aun así. Parece... cursi y muy de adulto.
Jasper abre la puerta. Chocamos los puños en un momento de divertida solidaridad y él coge la botella, levantando las cejas al ver el nombre.
―¿Blanco Alice?
―Apropiado, ¿no te parece?
Él resopla al reír.
―Le encantará.
Y así es. Ella prácticamente salta a mis brazos, llenando mi barbilla de besos.
―Me alegro mucho de que estés aquí, ―susurra.
―Vengo todos los martes, Al, ―digo, sonriendo mientras miro sus brillantes ojos―. Y cada viernes, algunos domingos...
―Shhh, ―dice, cogiendo un sacacorchos―. Me alegro de que hayas traído blanco, debes de haberme leído la mente.
Suena el timbre.
―Jas-
―Lo tengo, ―dice él, dejando la cocina.
Vuelve medio minuto después, con Bella detrás.
Bueno. Esto no me lo esperaba. Le echo una mirada a Alice, pero ella está ocupada echando vino en cuatro copas.
Bella me mira y pestañea, parada con postura incómoda entra el marco de la puerta.
―Hola. ―La saludo con un movimiento de la cabeza.
―Hola, Edward, ―dice.
Y entonces se... derrite ante mis ojos. Su expresión se suaviza y sus hombros se relajan. Se acerca a mí y, muy lentamente, me da un abrazo.
La rodeo con mis brazos, no con fuerza porque todavía es un poco raro, pero lo suficiente. Su pelo huele bien. Siempre lo hizo.
Cuando me suelta y da un paso atrás, va directa a Alice y la abraza también. Nos quedamos alrededor de la isla de la cocina de mi hermana pequeña, saturados por la calidez y los olores de la cena.
Estoy hablando con Jasper, tomando vino y deseando tener mejor una cerveza.
Bella se ha echado el pelo a un lado; se lo sujeta ahí con una mano mientras se lleva una cuchara a la boca, probando lo que sea que Alice tiene al fuego. Sigue siendo la misma, pero es muy diferente -ahora radia calma y luz.
Siempre fue hermosa, pero solía ser muy maleable y desgastada, como Play-doh demasiado usado o algo así. Odiaba ver como simplemente... dejaba que las cosas sucediesen; ella recibía, se desvanecía y erosionaba, y yo había empujado, tirado y pateado.
Pero Bella ya no es así, y eso me alivia más de lo que imaginé que haría. No había pensado mucho en ella en el último año; no como al principio de marcharme, cuando aparecía en mi mente al menos una vez al día.
Puedo ver que ahora está mejor. Se mueve de otra manera y sonríe de verdad. Incluso su piel tiene mejor aspecto, más brillante y menos transparente.
Le dice algo a Al y me mira, apartando la vista cuando se da cuenta de que he estado mirando. La mirada va directa a mi polla y me doy cuenta de que hay energía entre nosotros. Quiero decir... lo sospechaba antes, pero ahora lo sé.
Sin embargo, no soy estúpido. Ella no está coqueteando conmigo. Tiene miedo de que vaya a tratarla como un idiota, de la misma forma que antes. Y la verdad es que no puedo culparla por ello.
¡Hola!
Vaya, perdonad, pero ayer se me olvidó que tocaba actualizar y casi se me olvida hoy también.
¿Qué os ha parecido el capítulo? Parece que hay acercamiento por las dos partes.
Estoy deseando leer vuestros comentarios.
¡Nos vemos el lunes!
-Bells :)
