Child of Four, traducción de la historia de Sarini.
Todo Harry Potter pertenece a JKR y quienes tengan los derechos, esto es puro entretenimiento inocente...
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Capítulo Catorce
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Como era costumbre, Harry fue el primero en despertar en su dormitorio. Mientras sus compañeros de cuarto aún roncaban, se deslizó dentro de unos pantalones sueltos, sacó la alfombra de debajo de la cama y comenzó con su rutina de yoga –como cada mañana desde hacía cinco años-. El tobillo no dejó de dolerle, pero la completó igual. Tomó otra poción y una venda elástica para colocársela, más tarde, alrededor del tobillo. Una vez que se sintió completamente flexible, agregó sus ejercicios de tonicidad, y una hora más tarde se dirigió a las duchas, mientras el dormitorio seguía lleno de los ruidos del sueño.
-Bndía, 'Arry- Theodore Nott bostezó y trastabilló, medio dormido, pasando junto a Harry camino a las duchas.
En lo que a Harry concernía, Nott era un caso dudoso en Slytherin; amigo de Blaise, pero no suyo -aunque tampoco antagonizaba directamente con él, de ninguna manera-.
El día siguió, poniéndose cada vez peor. Draco Malfoy no era una persona agradable por las mañanas, y les infligía su mal genio matutino al resto de sus compañeros de año.
El cielo del gran salón reflejaba el humor de Harry cuando entró: gris y nuboso. La gran variedad de comida que ofrecían los elfos en el desayuno no hizo nada para mejorarle el humor, ni el mal humor de los que lo rodeaban. Parecía que la mayoría de los Slytherin se habían levantado del lado equivocado de la cama, esa mañana.
Cuando las vociferadoras que les enviaron a la Comadreja y a Neville compitieron por atención, tratando de elevar el volumen entre ellas, brotaron las risas ruidosas de Malfoy y sus amigos. Fue de lo único que habló Malfoy, toda la mañana, durante Herbología e Historia de la Magia, con los Ravenclaw. Harry estaba absolutamente cansado del sonido de la voz de su compañero de cuarto, y creyó que el día no podía ir peor, pero camino al almuerzo, en la base de las escaleras, lo sorprendió un brillante rayo de luz.
Instintivamente, Harry se arrojó al suelo, rodó y sacó la varita, buscando la amenaza. El tobillo empezó a dolerle de nuevo.
-¡Lo siento, Harry!- Exclamó la voz vivaz de un desconocido chico de primer año. –Todos me hablaron de ti y quise tomarte una fotografía. ¿Crees que podrías firmármela para que pruebe a mis padres que es verdad que te conocí? Son muggles. Yo fuí sorteado en Gryffindor, como tus padres.
El chico continuó parloteando. Harry guardó la varita, al darse cuenta de que había sido el flash de la cámara y no una maldición. Lo interrumpió. -¿Cuál es tu nombre?
-Colin-. Gorjeó el chico, sonriendo brillantemente. -Colin Creevey.
-Mira, Colin-. Dijo Harry, tan agradablemente como pudo, a pesar de las risas de los otros Slytherin. –Odio que me tomen fotografías, todos, hasta mis padres.
-¿Empezaste con un club de fanáticos, Potter?- Preguntó Weasley, insinuante. Seamus Finnigan, que venía caminando con él, rió ante la sugerencia. Nunca había sido particularmente grosero con Harry, pero tampoco agradable, exactamente. -¿Ahora estás firmando autógrafos?
-¿Qué es eso de firmar autógrafos?- Harry gruñó, porque se les unió Lockhart. El molesto afeminado le rodeó los hombros con un brazo. –Tómanos una foto juntos y te la firmaremos los dos-. Entusiasmado, Colin disparó la fotografía antes de que Harry pudiera decir ni una palabra. Lockhart lo hizo a un lado. –No voy a cubrirte la próxima vez. Vencer al Que No Puede Ser Nombrado pasó hace muchos años, Harry, y no fue exactamente 'La sonrisa más encantadora de Corazón de Bruja'.
-¡Cómete los gusanos, Malfoy!- Espetó Weasley, entrando como tromba al comedor. Harry se perdió el resto del intercambio.
-Ese...ese...- Harry hervía.
-¿Chico lindo?- Sugirió Blaise.
-¿Pendejo afeminado?- Tracey hizo su aporte.
-Molesto, idiota reconcentrado, inútil, desperdicio de magia-. Terminó, con malicia. -¡Qué porte una varita es una vergüenza!
-¿Estás diciendo que debería ser muggle?- Le preguntó Malfoy, desde las cercanías.
-Sí... No-. Harry se sintió frustrado por su propia frustración. Era mucho más fácil mantenerse bajo control cuando la única gente que tenía alrededor, era su familia. –No cargaría con ese idiota ni a la mayoría de los magos ni a los muggles.
-Parece que alguien está confundido-. Malfoy prácticamente le susurró a Harry en el oído, y luego se adelantó hasta la mesa de Slytherin.
-¿Qué te dijo?- Junto a Harry, Blaise lucía un tanto preocupado, pero no lo suficiente como para que la mayoría pudiera notarlo.
Harry no le dio importancia. –Nada, es el mismo pendejo de siempre.
La semana pasó en un torbellino de clases, libros, trabajos, pociones, y por supuesto, peleas entre Malfoy y la Comadreja. Harry nunca pensó que iba a darle la razón a Malfoy, pero estaba tan furioso con la Comadreja que se halló sonriendo con malicia ante la desgracia de la varita quebrada. En la biblioteca, durante el poco tiempo que tuvieron para verse, Neville y Hermione le contaron los episodios de Encantamientos y Transformaciones, cuando la varita de la Comadreja se le puso en contra. Ese fue un punto brillante en una semana atareada.
Para cuando llegó el fin de semana, Harry creyó que merecía el descanso. Este segundo año, todos los profesores entraron de lleno, cargándolos con trabajos, en vez de darles introducciones, como el año anterior. Para la mayoría, después de un verano de no hacer nada, era un cambio dramático. Para Harry, se trataba de un cambio bienvenido, en comparación con el tiempo que pasó con sus mal llamados 'parientes'.
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Se incinó hacia atrás y apoyó las palmas de las manos en el piso, luego las llevó hasta apoyarlas junto a sus pies, finalmente el tobillo había mejorado. La puerta de la habitación se abrió y Harry se sorprendió un poco al ver –cabeza abajo- al capitán del equipo de quidditch, quien lo saludó con una mirada de asombro.
-En nombre de Merlín, ¿qué estás haciendo, Potter?- Flint sonó verdaderamente horrorizado.
Harry flexionó los codos y las rodillas, luego los enderezó completamente, se puso de pie y giró para mirar a su capitán. -Yoga. ¿Por qué estás levantado tan temprano, Flint?
Marcus Flint miró a Harry como si se tratara de una especie que no podía identificar por completo. –Práctica en diez minutos, y trae a Malfoy.
-¿Quieres que yo despierte al dragón dormido?- Objetó Harry. Había visto lo que Malfoy les hizo a Crabbe y a Goyle cuando lo despertaron. -¿Y por qué va él también?
-El padre de Malfoy compró escobas nuevas para todo el equipo, así que, él es nuestro nuevo cazador. Arréglatelas, Potter-. Ordenó Flint y cerró la puerta. Se oyó un murmullo en la cama de Blaise, pero nadie pareció despertarse por el ruido.
Harry suspiró y se acercó a la cama de Malfoy, decidiendo cuál sería la mejor manera de despertarlo. Decidió fingir que despertaba a Sirius, lo que podía convertirse en una aventura peligrosa; primero colocó un escudo protector a su alrededor, luego respiró hondo y se concentró, permitiéndose hacer algo que nunca antes había hecho en Hogwarts. Conjuró una sábana de agua helada, la hizo flotar apenas a unas pulgadas encima de Malfoy, y con una sonrisa, la soltó.
Malfoy escupió y se sentó de un salto con la varita en la mano casi con la misma rapidez con la que Harry lo hubiese hecho, ¡Desmaius! El hechizo rozó el borde del escudo de Harry y dio en la pared, realmente no le había apuntado a nada. Harry trató de no reírse en voz alta, pero era casi imposible: Malfoy temblaba, y lucía como una rata ahogada. El próximo hechizo rebotó en el escudo de Harry y le dio a Goyle, que siguió durmiendo a pesar de las plumas que le brotaron en la piel.
-¿Por qué hiciste eso?- Gritó Malfoy, perdiendo su cuidada compostura.
Harry siguió riendo, pero lanzó un encantamiento secador sobre Malfoy y su cama. El rubio no pareció para nada agradecido. –Tenemos práctica de quidditch dentro de siete minutos, Malfoy. Vístete, pero no te molestes con la ducha, la vas a necesitar después.
Ignoró a su gruñón compañero de cuarto. Se quitó sus pantalones de yoga, se puso el equipo de quidditch y agarró su escoba -sin importarle lo que el padre de Malfoy le haya comprado al equipo-. Malfoy salió del baño, vestido de forma similar, y juntos bajaron a la sala común.
-Me la vas a pagar a ésta, Potter-. Gruñó Malfoy.
-Agrégalo a mi cuenta-. Harry no iba a dejar que Malfoy le arruinara su buen humor.
Flint estaba parado junto a siete escobas resplandecientes, apoyadas contra la pared. Tan pronto como todo el equipo se reunió a su alrededor, comenzó su discurso. -Este es nuestro año. Tenemos las mejores escobas y los mejores jugadores. Gryffindor no tendrá oportunidad. Ahora-, un brillo travieso le apareció en la mirada. -Sé, de buena fuente, que los Gryffys se levantaron hoy al alba para practicar, pero yo tengo un permiso especial de Snape para usar el campo, para entrenar a nuestro nuevo cazador-. Malfoy sonrió. -Todos, agarren una escoba y vamos-. Harry se encaminó a la puerta y Flint lo hizo a un lado. -¿No escuchaste lo que dije, Potter?
-Por supuesto que sí-. Harry miró al chico de sexto año a los ojos. -Mi escoba no tiene nada de malo, y he practicado todo el verano. Voy a seguir usándola, a menos que alguno de los otros buscadores tenga una más rápida.
-Bien-. Gruñó Flint. -Pero si no agarras la snitch, te la voy a sacar del pellejo.
Harry sólo levantó una ceja, o trató de hacerlo, practicando el movimiento perfeccionado por Snape. -La voy a atrapar.
Los Slytherin salieron exudando confianza, mostrando en las caras la creencia absoluta de que no había equipo que pudiera vencerlos. Justo, por suerte, interceptaron a los Gryffindor, que con ojos soñolientos y hombros caídos, salían de los vestuarios. Harry notó que la Comadreja se acercaba con la cara como nube de tormenta. Neville y Hermione lo seguían. Neville lucía extremadamente incómodo y Hermione llevaba su libro siempre presente, en los brazos.
-¿Qué significa esto?- Preguntó, enojado, Oliver Wood. Harry miró a los gemelos, que se apoyaban uno en el otro, y reaccionaron, mirándolo esperanzados. Las manos de más de un Gryffindor se desviaron hasta donde fuera que guardaran sus varitas.
Flint les alcanzó un pergamino. -Tenemos un permiso especial para usar el campo y entrenar a nuestro cazador.
-Tienen un nuevo cazador-. Parecía que Wood apenas podía contenerse y no maldecir. -¿Quién es su nuevo cazador?
-El padre de Draco, generosamente, ha proveído al equipo de Slytherin con nuevas escobas-. Dijo Flint, con altanería, y Draco se adelantó, saliendo de detrás de los bastante musculosos bateadores.
-Por lo menos, en Gryffindor nadie tiene que comprarse su puesto en el equipo-. Comentó Hermione, con el volumen suficente como para que la oyeran todos. -Lo obtienen sólo con su talento.
-¿Y tú qué sabes de talento?- Dijo Malfoy, con una helada mueca de desprecio. -Asquerosa sangre sucia.
Por un momento, fue como si todos hubiesen sido golpeados con un hechizo petrificante, y al próximo, todos entraron en acción. Los Gryffindor saltaron en defensa de Hermione, mientras los Slytherin los rechazaron. Neville sujetó a Hermione del brazo y le susurró al oído, la cara de la chica se iba poniendo cada vez más roja, a medida que le explicaba.
Harry retrocedió, apenas pudiendo contenerse, y así evitar aplastar a Malfoy contra el suelo, personalmente.
Parecía que iba a ser una pelea sin cuartel, hasta que la Comadreja apuntó a Malfoy con su varita quebrada, por debajo del brazo de Flint. Un haz de luz verde-vómito salió del lado equivocado de la varita y le dio a la Comadreja en el estómago. Toda acción se detuvo y todos se quedaron mirándolo, para ver el resultado del hechizo. Por un segundo, pareció estar bien, pero luego su cara se puso pálida, verde, abrió la boca y se apretó el abdomen, cayó de rodillas y vomitó tres babosas.
Los Slytherin comenzron a reírse, también Harry, y al parecer los gemelos Weasley a duras penas se contenían para no reírse de la mala fortuna de su hermano.
-¿Estás bien, Ron?- Chilló Hermione, arrodillándose a su lado.
-Saquémoslo de aquí-. Neville tiró de un brazo de la Comadreja y Hermione del otro. Los tres se encaminaron a la cabaña de Hagrid.
El calor de la discusión se les pasó a los Gryffindor y los gemelos Weasley iniciaron su retirada hacia el castillo, no sin antes detenerse y susurrarle a Harry, -Gracias, compañero. Nos tuvo escuchando estrategias durante horas, no vemos la hora de volver a la cama.
Harry reprimió la risa y se unió a su equipo, que caminaba hacia el campo de quidditch con el espíritu en alto. Tuvieron una práctica exitosa, y Harry tuvo que admitir que a pesar de ser un pequeño bastardo, Malfoy volaba muy bien. Esperó hasta que estuvieran de vuelta en la sala común, y allí sacó su varita, desarmó a Malfoy y lo tuvo apretado contra la pared, con los ojos muy abiertos, antes de que nadie pudiera impedírselo.
-La próxima vez que vayas desparramando insultos, Malfoy-. Espetó Harry. –Recuerda que mi madre es nacida de muggles y casi murió para salvar mi vida. Así que cada vez que la insultes, yo voy a responderte.
Harry le lanzó una mirada furiosa y un hechizo que produjo que le salieran granos en cada centímetro de la piel. Luego le arrojó la varita y se dirigió a tomar una ducha, ignorando sus intentos fallidos de maldecirlo. La combinación de su escudo y barreras personales detuvo todo lo que le arrojó Malfoy.
Rápidamente, la confrontación fue famosa entre los rumores de Slytherin. Harry se aseguró de contarle la historia a Hermione, tan pronto como pudo; así como a Neville, a Fred y a George. Hermione lo miró con desaprobación, pero de todos modos, le agradeció con un abrazo; los Weasley vivaron y rieron tanto como lo hubiese hecho Sirius. Ante el recuerdo de su padrino, Harry se tomó el tiempo para escribir a su casa y relatarles su primera semana, aunque las versiones que envió a los distintos miembros de la familia fueron muy variadas.
La misma noche de esa significativa práctica de quidditch, Harry se escabulló, escapándose de sus amigos, y vagó por los pasillos menos usados del colegio. Sabía que nadie reportaría el hechizo que lanzó a Malfoy; porque como Malfoy no pudo defenderse, a los ojos de Slytherin, obtuvo su merecido. Ni siquiera les importó, y probablemente, la mayoría estaría de acuerdo con él. Harry sólo supo lo que significaba 'sangre sucia' porque Sirius se lo explicó, para prepararlo.
De algún lugar lejano, se oyó una voz sibilante.
"Matar...quiero matar..."
Harry se estremeció y sacó la varita. Realizó varios hechizos reveladores, pero ninguno mostró nada. De pronto, decidió que no era la mejor idea andar vagando solo por esos corredores y se dirigió a Slytherin. Para cuando volvió, la sala común estaba casi vacía y los pocos que allí estaban, lo saludaron con una inclinación de cabeza. Harry subió al dormitorio, y como era costumbre, sus compañeros de cuarto ya dormían cuando él se deslizó en su cama, preguntándose dónde había escuchado antes una voz semejante. Le pareció perturbadoramente familiar.
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Octubre llegó con vientos helados y lluvias copiosas. Flint estaba decidido a ganar la copa y los hacía practicar cuantas veces obtuviera el campo de juego. Una o dos veces, Harry había descubierto a Fred y a George, espiándolos, pero sólo sacudió la cabeza y siguió con la práctica. Flint no pensaba en estrategias, sino que se apoyaba en la velocidad de las escobas y la fuerza bruta de la mayoría de sus jugadores. Los Gryffindor no iban a aprender nada útil.
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Harry regresó de una visita a Hagrid, chorreando barro –Hagrid estaba muy orgulloso de las calabazas que estaba cultivando para Halloween, e insistió en mostrárselas-, y se paró en una entrada que brillaba por su limpieza. Hizo una mueca y sacó la varita, para realizar algunos encantamientos de limpieza, en ese momento el fantasma de Gryffindor llegó flotando y parecía deprimido.
-Ey...¿está bien, Nick?- Preguntó Harry, que conoció al fantasma a través de las historias de sus padres y tíos.
-Joven Potter-. Suspiró Nick Casi Decapitado. –Tenía esperanzas de verlo en Gryffindor, siendo quienes son sus padres-. El fantasma sostenía lo que parecía ser un pergamino y Harry se preguntó, brevemente si usarían lechuzas fantasmas como medio de comunicación. –Me han negado, una vez más, la participación en la Cacería de los Decapitados.
-Eso es duro, Nick-. Harry trató de parecer compasivo, pero pensaba en que sabía exactamente cuál era la razón para excluirlo: era Casi Decapitado.
-¿Quién está chorreando barro en mis pisos limpios?- El grito del conserje, Filch, se oyó en toda la entrada. -¡Potter! No te muevas. Ven conmigo.
Harry se mordió la lengua para no responderle, ¿Y, qué hago, no me muevo o lo sigo? Sería peor, así que se dejó llevar a la oficina de Filch, pero discretamente hizo un encantamiento limpiador en el camino –no quería que lo culpara de manchar con barro todo el recorrido de la entrada a la oficina-.
-Siéntese aquí-. Con facilidad, Filch empujó a Harry a una silla. –Lo tengo por aquí...- El hombre repasó unos papeles que tenía sobre el escritorio y Harry leyó el borde de uno, Embrujorápid. Harry dio un respingo compasivo, Auch, pensó, Filch es un squib. Sabía que el hombre tenía algunas grandes magulladuras encima, pero no había pensado en eso.
-Perdóneme, Argus-. Nick se deslizó en la oficina y le guiñó un ojo a Harry.
-¿Sí?- Filch estaba distraído por su búsqueda. –Sé que lo puse en algún lado...Permiso para usar cadenas...
Harry sintió que, involuntariamente, abría grandes los ojos.
-Peeves está en segundo piso-. Dijo Nick, como quien no quiere la cosa, y la cabeza de Filch se levantó de inmediato. –Está...- Pero no hubo necesidad de que el fantasma continuara, porque un gran ruido sonó justo sobre sus cabezas.
-¡Peeves!- Filch, a punto de salir corriendo de la oficina, se volvió hacia Harry, y lo miró con enojo. –Quédese aquí. ¡Esta vez voy a atrapar a ese poltergeist!
-Convencí a Peeves-. Nick le sonrió ampliamente a Harry. –Filch se olvidará completamente de usted.
Filch volvió a entrar a la habitación, murmurando. –Tengo que escribirlo...el Director tiene que convencerse y deshacerse de él de una vez por todas...Salga de aquí-. Esa frase fue dirigida a Harry, quien no necesitó más y salió de la oficina, seguido por Nick.
Una vez que estuvieron a una distancia segura, Harry comenzó a reír. –Gracias, Nick. Si alguna vez puedo devolverle el favor...
-Bueno...-. El fantasma flotó por encima suyo.
-¿Está seguro de que fue un Gryffindor, Nick?- Harry entrecerró los ojos.
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-Dime, otra vez, ¿adónde vamos?- Preguntó Hermione a Harry, en Halloween.
Harry suspiró. –Vamos a la fiesta del día de muerte de Nick Casi Decapitado.
-¿Por qué?- Neville lucía nervioso, a diferencia de los gemelos Weasley, que iban adelante, charlando animadamente.
-Le debo un favor a Nick-. Afirmó Harry, simplemente.
Fred giró y negó con la cabeza. –No sé cómo terminaste debiéndole un favor al fantasma de Gryffindor...
-...¡pero no objetamos el resultado!- Terminó George.
Finalmente, los cinco llegaron al sitio de la fiesta, y se hallaron frente a tantos fantasmas como ninguno de ellos había visto antes. Había mesas cargadas con comida descompuesta y con olores horribles, y los fantasmas flotaban entre las mesas con caras de satisfacción.
-Bueno...
-...nunca antes estuvimos en una fiesta...
-...como esta.
Inmediatamente, los gemelos Weasley comenzaron a mezclarse y a hablar con los fantasmas. Los espectros parecían sorprendidos de ver personas vivas en la fiesta, pero conversaban líbremente con ellos. Harry se preguntó si habría algún lugar donde los gemelos no pudieran encajar instantáneamente; tenía la sensación de que hubiesen encajado bien en cualquier casa, aunque su espíritu travieso sobrepasaba sus otras cualidades; hasta eran lo suficientemente inteligentes como para estar en Ravenclaw, aunque sus calificaciones dijeran otra cosa.
-¿Por qué hay vivos, aquí?- Habló una voz profunda y sonora.
Nick flotó nerviosamente hasta el centro de la sala. –Bienvenidos todos, vivos y muertos-. Una chica adolescente chilló y se alejó volando con rapidez.
-Myrtle, la Llorona-. Proclamó Hermione, en un susurro.
Nick quedó un poco alterado por la súbita salida, pero continuó con su discurso. –Hoy es el quingentésimo aniversario de mi inoportuna muerte...
-¡Hagan lugar para la Cacería Decapitada!- Nick fue interrumpido por un gran número de fantasmas que cabalgaban caballos fantasmas y sostenían sus separadas cabezas con una mano. De inmediato, se convirtieron en el centro de atención. Nick bajó, flotando, hacia Harry, Neville y Hermione, con la mirada derrotada.
-¿Puede interceder por mi?-. Suplicó Nick, justo antes de que el líder los viera.
-¡Los vivos!- Exclamó el fantasma, cabalgando hacia ellos y deteniéndose casi en sus caras. El temblor de Neville se hizo más pronunciado. Harry le apoyó una mano sobre un brazo, calmándolo y contrarrestando el efecto helado de los fantasmas para su amigo, pero no para Hermione. Era una amiga, pero no iba a revelarle ese talento.
Harry le sonrió maliciosamente al fantasma. –No debería ser tan desagradable con Nick, él asusta con bastante facilidad a los Gryffindor, cada año-. Neville asintió, coincidiendo.
-¿Es verdad?- El fantasma, miró a Harry, con dudas. –No te asusta a ti-. La cara del fantasma hubiese sido verdaderamente aterradora, si fuera posible que un fantasma lastimara a las personas.
Neville se acobardó y Hermione se estremeció y retrocedió. Harry sólo sonrió y casualmente, hizo a un lado su flequillo. El fantasma se quedó mirándolo; hasta fuera del reino de los vivos, Harry era bien conocido.
-Usted tampoco-. Afirmó Harry, sin expresión. Calentó el aire alrededor del fantasma, que retrocedió y pareció decididamente alterado. Harry llamó a los gemelos. -¡Ey!¡Coso Uno y Coso Dos! ¡Quiero llegar al final de la fiesta!- Los Weasley fueron dando saltitos hasta Harry, sin importarles cuántos fantasmas atravesaron. Harry le sonrió a Nick, -Espero haber ayudado. Qué tenga una buena fiesta.
Nick saludó a Harry, flotó hasta el centro de la sala y volvió a dirigirse a la asamblea.
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