Buenos días a todos, martes lluvioso por aquí, pero mucho mejor con una actualización, ¿verdad?
He de deciros que estamos entrando en la recta final del fic, no os digo cuantos capítulos quedan porque aún no los tengo escritos y los cálculos luego no son exactos.
Muchas gracias a todos los que estáis leyendo esta historia y dejándome vuestros comentarios, me llenan de alegría y ganas de continuar.
Capítulo 14
Harry estaba nervioso, esperaba junto a la chimenea la llegada de Draco. No podía parar de andar de un lado para otro, se rió de sí mismo, nunca mejor el símil del león enjaulado.
Bill llevaba insistiendo en que debían ir a Lacock, y Harry era incapaz de postergarlo más pero tampoco se veía capaz de separarse de Draco. Era la realidad, las escasa horas que debían hacerlo no podía dejar de pensar en él.
El rubio llevaba años acostumbrado a salir poco, y Harry era una persona hogareña. Agradeció no verse arrastrado a eventos sociales que le sobrepasaban, definitivamente su fama no se había eclipsado. Y aún fuera donde fuera no escapaba de miradas curiosas y personas que querían mostrarle su agradecimiento o llamar su atención.
No encontraba nada más agradable que compartir sus horas con el calmado Draco, aquel que era capaz de leer sin interrumpirle cada dos minutos, quien paseaba tranquilo por el jardín interior de la casa que Harry se había encargado de ampliar, le gustaba observarlo ensimismado en sus pensamientos. Nunca hubiera pensado que Draco era alguien tan introspectivo, aquel adolescente que siempre andaba rodeado de un séquito era un adulto culto y tranquilo, aunque disfrutaba de sus momentos puramente Malfoy, era fácil molestarlo, y Harry encontraba una pequeña gratificación que terminaba haciéndolo reír.
Todo aquel autocontrol se veía reducido a nada cuando estaba entre sus brazos, y Harry adoraba llevarlo a aquel punto, donde no era capaz de controlar nada. Le gustaba cuando Draco le tomaba por sí mismo, con una necesidad abrasadora. Aquel témpano de hielo derretido a su alrededor era adictivo.
Pero Harry tenía un trato con Bill, eran socios y éste le dijo que entendía aquella luna de miel, él mismo la había vivido con Fleur. Pero notaba como las escasas horas y poca atención que estaba poniendo les estaba afectando al negocio.
Harry no necesitaba el dinero, aquello era una realidad, pero Bill, Fleur y la pequeña Victoire, sí. Además en algún lugar de su mente creía recordar que él también, que necesitaba ocupaciones. Aunque en el fondo después de Draco sus prioridades se habían visto afectadas.
Por eso le estaba esperando, necesitaba contarle su plan, solo esperaba que aceptara.
Las ascuas vibrando le indicaron que estaba volviendo, cuando una gran llama verde llenó por completo la chimenea, Harry estaba impaciente, se sentó tratando de resultar calmado.
El hermoso rostro de Draco, mirándolo y sonriéndole aún le turbaba, como si fuera incapaz de creer que eso hubiera ocurrido de verdad.
—Hola—le saludó el rubio.
Harry no pudo contenerse y se levantó de un salto a besarlo, solo habían sido un par de horas.
Definitivamente tenía que pedirle que fuera con él a Lacock.
—Hola a ti también—le susurró en los labios.
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Draco estaba nervioso, reconocía que Harry le hubiera pedido acompañarlo le llenaba de dicha, no podía ni imaginar el estado de ansiedad en el que se encontraría los días que el moreno estuviera fuera.
Además Harry había propuesto que realizaran el viaje del modo muggle y había alquilado un automóvil, Draco nunca había subido a uno. Había recriminado al moreno unas mil veces por no usar un translador como cualquier mago común.
En la puerta de la vivienda podía ver a Harry apoyado contra el auto, no, Draco no confiaba en esa máquina muggle infernal. Pero debía reconocer que la estampa era cuanto menos sexy y demoró algo más en seguir contemplándolo a través de la ventana.
Se había percatado que Harry adoraba las cosas muggles, quizás por su infancia con ellos. Alzó la mirada sabiendo que el rubio le estaba observando, siempre le cazaba, como si tuviera un radar para saber cuando los ojos platas le observaban de lejos.
—Draco Lucius Potter-Malfoy, baja de una vez, te estoy viendo—le gritó desde la calle.
Draco bufó por lo ordinario de ese hombre, haciendo escándalo en mitad del vecindario.
Pero no demoró más y bajó a la calle.
—No es peligroso, Draco—le dijo Harry besando su mejilla cuando el rubio se aproximó al vehículo mirándolo como si se tratase del mismísimo calamar gigante.
—Eso es lo que TÚ dices—le dijo sin creer nada de lo que salía por su boca, pero dejándose besar, no iba a negar que disfrutaba demasiado de esos gestos.
—Si eres bueno y no te quejas mucho—decía Harry, a lo que Draco lo miró ofendido—. Te enseñaré a conducirlo.
Finalmente montaron y Harry le abrochó el cinturón de seguridad, por Merlín si el chisme llevaba algo de eso es porque no era "seguro". Pero prefirió no protestar más, realmente quería ir con él y no darle motivos para dejarle en casa la próxima vez.
El viaje fue en cierta medida agradable, una vez superado el miedo inicial y ver lo tranquilo que iba el moreno, Draco se relajó contemplando el paisaje que iban dejando atrás.
Escuchando música muggle que sonaba desde un pequeño aparatito incrustado en el salpicadero, y Harry canturreando estrepitosamente mal.
No pudo evitar sonreír, desde el tiempo que llevaban juntos había descubierto que su marido era alguien tranquilo, nada que ver con esa imagen de héroe de acción que él había imaginado. Y realmente le agradaba tal y como era, con sus tontos gestos cariñosos que él mismo era incapaz de reproducir pero que gustaba de experimentar.
Si alguien le hubiera dicho que en aquello se convertiría su matrimonio concertado con el héroe mágico jamás le hubiera creído. De hecho aún le costaba trabajo creerlo.
El pueblo era realmente encantador, no iba a negarlo, y el alojamiento no estaba mal. Se encontraron con Bill Weasley en la puerta, le recordaba vagamente de la boda, pero nada más.
No pudo evitar sentir celos del que le robaba el tiempo a Harry, de su tiempo, pero se reprendió a sí mismo por encelarse de cosas tan estúpidas.
La casa en cuestión era una trampa mortal como la había denominado el pelirrojo, y el brillo suicida de esos dos en sus ojos no podía ser algo sano. ¿Quién en su sano juicio querría trabajar en esas condiciones?
Como buen Malfoy él llevaba los asuntos legales de sus empresas, aquellas nuevas que habían abierto con Harry y que iban viento en popa. Pero ver tan emocionado al moreno le llenó de una extraña dicha.
Eso del amor era toda una aventura, se alegraba por verlo feliz metiéndose en la boca del lobo.
Los acompañó y ciertamente esa casa lucía del todo siniestra, sería la casa ideal donde hubiera vivido su tía Bellatrix. No le hacía la más mínima gracia que Harry tuviera que estar allí por la mayor parte del tiempo.
De vuelta a la casa que habían alquilado para estar los tres, Harry lo llevó a parte.
—Draco, no sé cuanto tiempo nos llevará, pero espero estar para la cena—le dijo culpable el moreno.
¿La cena? Le había dicho que estarían trabajando, pero ¿tantas horas?
—Lo siento, intentaré escaparme lo antes que pueda–le dijo besándolo.
Estaba por irse, había vivido todos esos años sin él, unos meses conviviendo ¿y se sentía abandonado?
Le agarró de la mano antes de que abandonara la habitación. Acunando su rostro entre sus manos.
—Ten cuidado—le susurró Draco enfocándose en sus ojos verdes—. Por favor.
La sonrisa que llenaba de hoyuelos su rostro, esa que solo quería para él, aquella que le hacía sonreír los ojos, estaba allí.
Lo vio marcharse, tendría que buscar algo con lo que entretenerse, y aunque no era muy dado aún a salir solo, pensó que quizás fuera momento para enfrentar sus miedos. Su propia casa del terror particular.
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Harry estaba exhausto, aquella casa era mucho peor de lo que habían imaginado, no había habitación que no encerrara alguna maldición, alguna plaga, o todo junto y a la vez.
Bill y él solo deseaban llegar a la casa y descansar, llevaban 4 días sin descanso trabajando en ella y aún necesitarían un par más. Pensó en Draco, en aquella mirada de preocupación, ciertamente la casa ponía los pelos de punta. Tan tenebrosa que desentonaba en aquel idílico lugar.
El rubio era un consuelo al final del día, le contaba lo que había hecho en la jornada, pasear por el pueblo, sus largas caminatas, sus charlas con los lugareños. Y Harry se alegraba tanto que estuviera saliendo del confinamiento en el que había vivido todos esos años, cuando se acurrucaba con él en la cama y le contaba su día a su vez mientras le abrazaba.
El sexo había sido tan suave y cercano que Harry había tenido ganas de llorar por la relación que ambos estaban construyendo, una con la que tan solo había soñado.
Con un durmiente rubio entre sus brazos, beso su frente, aspirando su olor. Éste dormía tranquilo sobre su pecho, ¿podrían quedarse así para siempre?
—Te quiero, Draco—le susurró a su piel cálida.
Los ojos plata se abrieron de golpe, alzándose hasta mirarlo. Harry no se arrepentía, aquello era lo que sentía, le amaba. No iba a negarlo, su corazón era del que aún tenía acunado entre sus brazos.
—Te quiero, Harry—le contestó al borde de las lágrimas Draco.
Esa noche hicieron el amor hasta que el sol los sorprendió.
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La magia bullía a su alrededor, descontrolada, estaba tan furioso. Eso no tendría que haber salido así, ese no era el plan.
Le había costado una fortuna aquella estúpida casa repleta de horribles cosas, la trampa perfecta que sabía atraería a Harry. El muy mal nacido encontraba aquellas cosas como un regalo de Navidad.
Había insistido a su socio utilizando a terceros para que fueran a Lacock, y una vez que lo consiguió, su plan se fue al traste, le había llevado. Aquel arrogante de Draco Malfoy los había acompañado.
Bullía de rabia, sabía de buena fuente que aquel matrimonio no era más que un arreglo, ¿por qué lo había llevado?
La oportunidad de tenerlo a solas y seducirlo de nuevo se le escapaba entre los dedos, le odiaba, lo veía caminar por el pueblo, hablar con los vecinos, tan tranquilo.
Pero lo que más lo enfureció fue ver los gestos de Harry con él.
Ciego de rabia y de celos, acabaría con aquella felicidad, si Harry no era suyo no lo sería de nadie.
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TBT
Bueno, a ver que coja algo para protegerme de vuestras maldiciones posibles...
¿Quién será?
Mirad el lado positivo, ellos ya se han sincerado, se aman ^^
Hasta la semana que viene!
Besos, Shimi.
