Última escena

Yuri había sido dado de alta dos semanas luego de que despertara. Todos sus exámenes salieron bien, debía ir a curaciones los días martes para que limpiaran las últimas heridas que ya comenzaban a secarse en su piel y había comenzado a asistir al psicólogo. No se rehusó a recibir ayuda porque sabía que la necesitaba para superar su depresión.

Alguien le había hecho cambiar de perspectivas en la vida, no estaba tan solo como lo había asumido en un inicio. Había contactado a los antiguos chicos con los que solía estar en el colegio, se disculpó con ellos, no les dijo toda la verdad pero ellos tuvieron una actitud positiva hacia el rubio y comprendieron su postura. El año escolar lo comenzaría en unos meses más y hasta el momento estaba estudiando arduamente para conseguir ponerse al margen de todo. La penumbra en su casa en un inicio lo había deprimido bastante, sin embargo, con el dolor de su alma y decidiéndose finalmente, había abierto las cortinas de toda la casa, ordenó el santo desastre que tenía, limpió las habitaciones de arriba a abajo y dejó lo más pesado para el final: el jardín.

Tuvo que arreglar todo nuevamente, desde sacar malezas hasta plantar nuevas flores. La pareja nueva que se habían mudado al lado de su casa lo ayudó bastante; ellos poseían un bonito jardín y a veces el otro Yuuri japonés le regalaba semillas mientras que señor Viktor ayudaba a cavar la tierra ya que él tampoco era un chico con fuerza en los brazos. El matrimonio enserio le había ayudado bastante a casi terminar el jardín. Ahora las margaritas abrían cada mañana al percibir el alba, el césped comenzaba a crecer de forma pareja y el pequeño huertito antes seco, ahora se surtía de zanahorias y pequeñas lechugas.

Yuri estaba conforme. Con ese trozo de la casa podía mantener a su abuelo orgulloso donde fuera que estuviera.

Potya nunca volvió, eso fue lo único más triste, a veces se sentía un poco solo pero trataba de distraerse lo más rápido posible para no ponerse a llorar.

Cuando su hora con la psicóloga terminaba, usualmente iba a saludar a Yuko y por último pasar a...

—¡Yuri! — hablando de la Reina de Roma...

—Hola — volteó en el pasillo y se acercó a saludarla.

Yuko se quedó con él hasta que fue dado de alta, cada tarde, cada noche, cada vez que se ponía a llorar y cada vez que quería cualquier cosa. La chica se había vuelto muy cercana suyo y siempre le regalaba dulces cuando se veían. Incluso había conocido a su esposo y a sus hijas las cuales, por cierto, adoraban jugar y trenzar su cabello.

Le había tomado mucho cariño y a veces sentía que esa chica era mucho más madre suya que la mujer que lo parió. Pasaba pendiente suyo y a veces notaba de inmediato cuando algo le estaba molestando.

Se quedaron un rato conversando en el pasillo, Yuko, como de costumbre, le regaló una bolsa con gomitas de colores y el ruso sonriendo las aceptó y guardó en su mochila.

—Te tengo una sorpresa — de pronto soltó la castaña.

Yuri ladeó su rostro de forma divertida, casi como un gato, mirándola con esos grandes ojos verdes, curioso y confundido.

—¡Pero no te lo puedo decir con palabras! — exclamó de pronto.

El rubio no pudo evitarlo y se sintió emocionado. Su pecho dio un vuelco y reclamó casi de inmediato.

—¡No es justo! dime qué es...

—Ah-Ah — negó con su índice — ahora, date vuelta, taparé tus ojos y te guiaré.

—¿Qué? ¡Claro que no! — negó cuando la castaña intentó taparle los ojos con sus manos — me voy a caer.

—Tch, que te digo que no, confía en mi.

Algo reticente, volteó. Sintió las cálidas manos de Yuko taparle los ojos y comenzaron a caminar despacio mientras la castaña hablaba de cualquier cosa para distraerlo. A pesar de todo, Yuri tanteaba el aire con sus manos en más de una vez pasando a llevar a gente que pasaba y recibiendo regaños de la chica.

En un escalón no avisado a tiempo, el rubio se tropezó y casi se va de bruces al suelo si no fuera porque la chica tomó con fuerza su cabeza de forma brusca, provocando ahora reclamos por parte del ruso mientras esta vez ella reía por la metida de pata.

—¿Ya llegamos? no quiero caerme de nuevo.

—Casi, casi ¿quieres una pista?

—Demonios, Yuko ¡Te la he estado pidiendo todo este tiempo!

—Bien, a ver~ vas a ver algo. — comienza y el rubio bufa, haciéndola reír por lo obvio — apenas despertó preguntó por ti...

El corazón de Yuri Plisetsky late más rápido, sintiendo nervios de pronto, su cara se tiñió de un leve carmín y una sonrisa preciosa nació en su boca aún con sus ojos tapados. Lo sabía, lo sabía, ¡Lo sabía!

—No me digas-...

Sintió una puerta descorrerse y la oscuridad desaparecer de sus ojos.

—¡Sorpresa!

Le cuesta centrar la vista cuando la luz lo encandila luego de haber caminado tanto tiempo a oscuras. Un chico azabache es lo primero que ve, se encontraba sentado en la camilla junto a una chica igual a él.

Apenas lo ve su estoicismo desaparece y le sonríe, tiene el cabello desordenado y su tono de voz suena dulce.

—Yuri Plisetsky.

La sonrisa emocionada no sale del rostro de Yuri. Y no lo hará.

—Otabek Altin.


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