Disclaimer: Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, excepto por algunos que yo misma he creado para poder narrar la historia. La historia no es mía, ya que me he inspirado en una película hindú llamada "Kuch Kuch Hota Hai" que en español significa "Algo sucede en mi corazón."
Lo que está en cursiva significa que es una escena del pasado y los tres puntos un cambio de escenario.
CAPÍTULO CATORCE
QUE COMIENCE LA BÚSQUEDA
El silencio retumbó en toda la sala tras las ultimas palabras de la carta, todos se miraron sorprendidos entre ellos, aquella historia había sido bastante increíble, casi parecía una verdadera telenovela. Además, les había dado mucha pena lo que le había ocurrido a la Hyuga, y aunque no entendían del todo bien lo que ocurría, sí que podían vislumbrar que la peliazul estaba enamorada de Sasuke.
Inojin se acercó a su amiga le dio unas ligeras palmadas en la espalda, intentando tranquilizarla, mayormente Hinata era una chica decidida y muy alegre. Muy pocas veces la habían visto de llorar de esa manera, siendo ayer la primera y ahora la segunda, aunque lo entendían, era bastante triste como su padre y Hinata se habían separado. Sakura había dado a entender que ella estaba enamorada de él, pero que al final se había quedado con ella, por lo que la ojiluna al no aguantarlo más lo que decidió fue marcharse. Aunque notaba que ella lo quería y que probablemente Sasuke también tenía algún que otro sentimiento por ella y que Sakura calló y por eso se sentía egoísta.
Miró nuevamente la foto, pocas veces había visto esa sonrisa en su padre, parecía que de verdad Hinata había sido alguien muy importante para él, pero no lo entendía, ¿Por qué jamás la mencionaba? ¿Por qué se había enfadado tanto con ella? Según el relato de su madre ella se dio cuenta al final que era muy probable que la Hyuga estuviese enamorada de su padre, pero, ¿y él? ¿La amaría más que a su madre?
Un miedo inmenso le recorrió el cuerpo, ¿realmente era bueno que se reunieran? Negó, ella no tenía que dudar de los sentimientos de su padre por su madre, además sentía que le debía mucho a la peliazul, así que haría lo que su madre le había pedido, cumpliría su deseo.
—Creo que es ridículo emparejarlo porque sean mejores amigos. Tal vez al final cada uno encuentre su persona destinada a pasar la vida juntos y formen una familia, entonces se separarán e irán por caminos distintos hasta al final no volverse a ver siendo desconocidos que alguna vez fueron mejores amigos—dijo Natsuki de repente, rompiendo el silencio que se había formado después de leer la carta, junto a las lágrimas de la pelinegra menor, que miró a su prima contrariada, tratando de entender lo que acababa de decir.
—¿Qué? —preguntó Naoto por las repentinas palabras que la mayor del grupo había pronunciado, pero entonces recordó, eso era algo que su padrino había dicho durante el almuerzo de ayer. ¿Acaso aquello iba relacionado con Hinata-san? ¡Claro, ella era su mejor amiga!
Ahora lo entendía, había notado a su padrino muy taciturno con todo el tema de la mejor amiga, que solo por serlo acabarían juntos. Inconscientemente miró a Hinata, "tal vez cada uno encuentre a su persona predestina a pasar la vida juntos y formen una familia". Eso era exactamente lo que le había pasado a su padrino, había formado una familia con Sakura y ahora Hinata ya no estaba en su vida, "entonces se separarán e irán por caminos distintos hasta al final no volverse a ser siendo desconocidos que alguna vez fueron mejores amigos". Aquellas palabras le habían parecido tristes, pero ahora le parecían aún más, su amistad tan profunda casi había desaparecido.
Volvió a mirar a Hinata, ¿eso les pasaría a ellos? ¡Jamás! Contestó inmediatamente su cerebro, la pelinegra, a pesar de muchas veces molestarlo y estar constantemente peleándose la quería mucho, era su amiga, así que, pasara lo que pasara seguirían siendo amigos.
—Eso fue lo que dijo mi tío ayer cuando comíamos—explicó la chica haciendo que Naoto regresara su atención a la conversación. —Noté que algo no estaba bien con él, actuaba extraño y los demás también, parecían incómodos, pero ahora lo entiendo. Creo que hablaba de Hinata-san, de lo que ocurrió con ella en su juventud—terminó de decir la azabache, confirmando la hipótesis del rubio.
Como ni Shikadai ni Inojin habían estado en el almuerzo no lo captaron a la primera, pero luego de razonarlo un poco lo entendieron. Por lo que notaban Sakura tenía razón, Hinata-san estaba más presente en la mente del azabache de lo que se podía ver a simple vista. Además, había algo extraño en el tema de la peliazul, parecía que entre todos los adultos se había hecho un pacto de no hablar sobre ella, ya que sus madres jamás hablaban sobre ella en sus días de universidad, a pesar de que se notaba que eran muy amigas con la Hyuga.
Se preguntaban el porqué de ese misterio, si tal vez ellas escondían algo detrás de todo esto, no sabían porque no hablaban de Hinata, alguien que fue su amiga durante tantos años, ni siquiera la nombraron ni una vez en todo ese tiempo, era extremadamente sospechoso. ¿De verdad estaban ocultando algo? Ambos intentaban hacer memoria, pero nada les venía a la cabeza.
—¿Qué es eso? —preguntó Naoto al papel que la morocha aún apretaba contra su pecho, consiguiendo que por fin la chica dejase de abrazar la fotografía y con cuidado les enseñase la imagen de los tres a sus amigos.
Miraron con detalle la foto, tanto Naruto como Sasuke tenían una brillante sonrisa, mientras que la peliazul del medio sonreía dulcemente y tenía las mejillas sonrojadas. Se notaba que era una foto que había sido tomado de manera esporádica, ya que los tres se veían naturales, sin siquiera haberse dado cuenta de que la cámara los estaba enfocando. Realmente parecían muy buenos amigos.
—Es verdad, parece que podría ser un chico, aunque uno muy femenino—dijo Inojin, mientras los otros lo miraban incrédulos, él tampoco era lo que uno llamara un chico muy masculino, incluso había veces que lo confundían con una niña, más si se soltaba el pelo.
Rieron un poco cuando recordaron que una vez en clase de educación física al rubio se le rompió la liga de pelo con la que siempre se hacía la coleta, haciendo que su profesor, Lee lo parara de inmediato y le dijera que fuera a jugar vóley con las demás niñas, que hoy tocaba clases separadas, haciendo que por toda la semana sus compañeros de clase se burlaran de él.
Inojin volteó los ojos al notar las risas de sus amigos, no necesitaba preguntar para saber de que se reían, juraba que algún día iba a hacerle pagar muy caro a su profesor por hacerle pasar una vergüenza como aquella.
—Pues yo creo que era muy bonita—soltó Naoto cuando dejó de reír, para luego mirar fijamente la foto, él nunca había dicho eso a alguna mujer a parte de su madre, pero Hinata se veía una persona dulce y amable, además por alguna razón le hacía sentir esa necesidad de que tenía que protegerla, ¿su padre se habría sentido igual? Lo que no entendía era porque sus ellos nunca le habían hablado de ella. Ya que, por lo que había escrito Sakura-san sobre la relación de ellos con la peliazul, parecía que eran muy, pero que muy buenos amigos.
—También concuerdo, entiendo porque las chicas iban tras ella—dijo Natsuki asombrada, parecería un ídolo de una banda. —¿Qué es lo que piensas hacer? ¿Cumplirás lo que te ha pedido tu madre? —preguntó su prima y ella asintió, limpiándose las ultimas lágrimas.
Puede que aún se encontrara un poco insegura sobre los sentimientos que su padre tenía por la ojiperla, pero eso no quitaba que su madre le había pedido que uniera de nuevo a su padre con la Hyuga, por lo que, aunque aún no se sentía del todo tranquila con la idea no pensaba incumplir a lo que hace un rato le había prometido a su progenitora. Harían que ella y su padre se reencontrasen.
—No creo que sea una buena idea—dijo firmemente Shikadai, logrando captar la atención de los demás, ya que había estado callado durante casi toda la conversación, pesando muy atentamente en cada una de las palabras que estaban escritas en la carta.
—¿Por qué? —preguntó Naoto extrañado. La verdad es que le picaba mucho la curiosidad todo ese tema, le parecía bastante divertido poder ver en persona a la mejor amiga de sus padres, quería saber que clase de persona era, y por lo que leyó era alguien increíble. Así que no entendía porque Shikadai estaba tan convencido de que sería una mala idea, ya que él pensaba todo lo contrario.
El pelinegro solo suspiró con cansancio, a veces se preguntaba como todos podían ser tan impulsivos, sin meditar ni un segundo en lo que podían ocasionar si llegaban encontrar a la Hyuga. Miró a Natsuki, esperando que por lo menos ella se hubiera dado cuenta de la gravedad que era encontrar a la peliazul, pero parecía que el entusiasmo por encontrar a la mujer la había cegado. Volvió a suspirar, de verdad que no entendía como todos actuaban sin pensar, así que a él siempre le tocaba hacerles entender las consecuencias de sus actos.
—Ella debe tener la misma edad que tu papá Hinata, ¿no crees que lo más normal es que ya esté casada y puede que hasta con hijos? —dijo provocando que un sudor frio recorriera a la primogénita de Sasuke, igual que a los demás. —Si lo está, que es lo más probable, solo le causaríamos problemas, no es correcto hacer que se encuentre con tu padre si lo que quieres es que estén juntos—terminó de decir.
—No creo—respondió Hinata instintivamente, sin pensar muy bien en sus palabras. —Pero… Incluso si lo estuviera, estoy segura que aún quiere a papá. Lo ama, es por eso que se marchó para que fuera feliz con mi mama, seguro que quiere verlo—declaró decidida.
—Entonces, ¿piensas romper un matrimonio por el egoísta deseo de tu madre? —soltó Inojin sin mala intención, pero como antes había dicho la pelinegra el rubio carecía de delicadeza, igual que su padre. Por lo que no se dio cuenta cuanto hirió ese comentario a la azabache.
—¡Inojin! —reclamaron Naoto y Natsuki, mientras Shikadai solo soltaba un suspiro. Su amigo carecía de tacto, aunque en parte lo entendía, no era correcto lo que la mama de Hinata pedía. Quería corregir un error que cometió en el pasado con su hija. Si ella conocía lo que ellos sentían y se calló era cosa suya, ¿por qué los metía a ellos? Todo eso era muy problemático, como decía su padre.
Las palabras de sus dos amigos retumbaron en su cabeza, ambas a pesar de sonar distintas llevaban el mismo mensaje, encontrar a Hinata solo podría complicar las cosas. Sabía que podría ser así, que podría hacer pasar a su padre un momento incómodo, pero no podía sencillamente ignorar el deseo de su madre, quería aún así encontrar a la peliazul y hacer que volvieran a estar juntos.
—Quiero que papá se encuentre con ella—dijo cabizbaja la pelinegra. —No sólo porque mamá me lo ha pedido, sino porque creo que papá también tenía fuertes sentimientos por ella. Hay veces que cuando me mira busca algo más, pensé que era el reflejo de mamá, pero la buscaba a ella. Así que, aunque no vayan a estar juntos y sólo se vean como amigos, deseo que se reencuentren—pidió con voz rota.
Ellos la miraron con pesar, nunca la habían visto tan vulnerable, cualquier cosa que tenía que ver con su madre siempre la ponía de aquella manera. Su rubio mejor amigo la miró con decisión, no pensaba dejarla sola en un momento como ese.
—Te ayudaré—soltó Naoto sin pisca de duda, con una mirada seria, alegrando el semblante de la Uchiha menor.
Hinata lo miró sorprendida y agradecida, a pesar de que Naoto muchas veces tenía un comportamiento infantil y algo bruto sabía que, cuando lo necesitara él la ayudaría sin pensárselo, igual que lo estaba haciendo ahora. No pudiendo evitarlo fue a abrazarlo, mientras repetía lo mucho que le agradecía, cosa que no era muy común en ella, ya que muy esporádicamente decía aquellas palabras.
—¡Eh, yo también quiero un abrazo por ayudarte! —dijo Natsuki en broma haciendo que su pequeña prima también fuera a darle un cálido abrazo, para que luego Inojin también dijera que la iba ayudar, haciendo que la azabache fuera aún más feliz.
Después de un rato los cuatro pares de ojos se dirigieron hacia la morena figura que aún no había dicho si ayudaría, esperando su respuesta. El pelinegro se rascó la cabeza, para luego soltar su tan usual multilla.
—Tsk, que problemático—dijo Shikadai con voz de cansancio. —Yo también te ayudaré—soltó rendido, alegrando a la azabache.
Pero, aunque se hubiera querido negar no hubiera podido ya que las penetrantes y asesinas miradas de Natsuki y Naoto claramente les decía que no se podía rehusar. Respiró tranquilamente, intentando verle el lado menos molesto a todo eso, pero no encontraba nada. Estaba seguro que sus perfectas vacaciones se iban a ver afectadas gracias los planes de la morocha, seguro que no tendría tiempo para tener sus siestas de media tarde o jugar un rato al shogi o a ese videojuego de simulación que se había acabado de comprar.
—¿Por dónde empezamos? —preguntó el rubio muy entusiasmado, aunque lo negara en eso era idéntico a Naruto.
—¿Su abuelo no era el director de la universidad? Porque no empezar por allí—contestó Inojin señalando a la morocha, haciendo que tanto como el Uzumaki como Hinata asintieran entusiasmados, esa era una manera rápida de encontrar a la Hyuga.
Shikadai masajeó su cien en señal de desesperación, ¿de verdad que no lo entendían? Al menos esta vez parecía que Natsuki veía la gravedad de la situación, ya que su seria mirada se lo decía, no era buena idea decírselo al padre de Sakura, o algún otro adulto, no sabían cómo podrían reaccionar. Incluso podrían prohibirle el hecho de ir a ver a Hinata, además de arriesgarse a que Sasuke lo descubriera.
—Voy a buscar a Hinata-san en las redes sociales, intentaré encontrar alguna información sobre ella en la red. Como último recurso podemos comentárselo a los adultos—explicó tranquilazamente el Nara, mientras la hija de Itachi asentía con el plan del chico.
—¡Buena idea! —exclamó entusiasmada la Uchiha menor, Shikadai era un genio en informática, si había alguien que pudiera descubrir algo sobre Hinata ese sería él. Se alegraba mucho que la quisiera ayudar, estaba seguro que muy pronto todo se arreglaría.
—¿No puedo decírselo a mi madre al menos? —preguntó Naoto de repente.
—¿A Shion-san? —preguntó Natsuki un tanto preocupada, si ella se lo comentaba a Naruto seguro que su tío se enteraba.
—Ella era la mejor amiga de Hinata-san, estoy seguro de que ellas aún se deben comunicar, es imposible que se separaran, ellas eran amigas. Debe saber al menos una pista para encontrarla más fácilmente—dijo el blondo.
—Pero nunca hemos escuchado que mi madrina y Hinata se comunicasen—habló la pelinegra.
—Mi mamá una vez a la semana recibe cartas a escondidas de mi padre, siempre me preguntaba con quién hablaba, incluso llegué a pensar que se trataba de un amante—dijo bromeando. —Por eso es que sin que ella se diera cuenta las quise leer, pero solo pude ver que decían para mi querida amiga. Ahora que creo saber con quién se comunicaba—declaró dejando estupefactos a todos.
—¡Hinata! —exclamaron sorprendidos frente a las palabras del rubio.
—Espera—dijo Inojin. —Dijiste que tu madre recibe una carta todas las semanas, ¿no? —aclaró haciendo que el rubio asintiera. —Una vez también vi a mi mamá recibir cartas, venían de Suna. En ese momento no le di importancia, pero creo que se trata de…
—¡Hinata! —volvieron a decir todos más asombrados frente al nuevo descubrimiento, por lo visto sí que se comunicaba con sus amigas.
—Mi madre es más cautelosa—dijo Shikadai. —Pero una vez también la vi recibir una de esas cartas, le pregunté quien se las enviaba y ella me dijo que mi era mi tío Kankuro. Pero él no es quien da detalles de su paradero—explicó volviendo a sorprenderlos.
—¿Entonces, se lo puedo decir? —preguntó ilusionado el rubio.
—No lo hagas—dijo repentinamente Shikadai, confundiendo a todos. —Si Shion-san se comunica con Hinata eso significa que ella siempre ha sabido como ha estado ella, mas jamás lo ha mencionado a nadie, ni siquiera a Naruto-san, por lo que dudo mucho que se alegre cuando le queramos decir que queremos hacer que Hinata-san y Sasuke-san se reúnan—puntualizó. —Ella era su mejor amiga, estoy seguro que ella sabría todos los sentimientos de Hinata-san, por lo que creo que en vez de ayudarnos podría ser peor—informó. —Además, conociendo la "gran amistad" que se tienen tu madre y Sasuke-san no creo que sea lo más sensato—finalizó.
—¡Ellas lo sabían desde el principio! —declaró muy sorprendida Natsuki.
—¡No hagan tanto ruido y vayan a dormir, mañana se hará la fiesta! –reprendió Mikoto, mientras los niños se miraban nerviosos, rogaban porque no hubiera escuchado nada. —Venga, a la cama—dijo bostezando, haciendo que todos fueran a la habitación de su nieta.
—¿Crees que nos haya oído? —susurró Naoto, pero Hinata negó, si su abuela hubiera escuchado su reacción habría sido otra.
—Con que esto era lo que le querías pedir a tu hija…—dijo en voz baja la pelinegra mientras veía con tristeza a su nieta, solo esperaba que no fuera demasiado tarde para su hijo y Hinata, ella siempre había apoyado a la peliazul.
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Por la mañana, en la ciudad de Suna
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Hinata dio un largo suspiro, tenía tantas cosas que explicarles a sus amigas. Quería verlas más seguido, pero el problema era que Naruto se podría enterar, por lo que Sasuke sabría de ella. Y aún no quería verlo, por más que los años habían pasado parecía que su corazón aún seguía estancado, desde el fatídico día que se enamoró de él. Movió su cabeza, no había sido del todo así. Cuando Toneri estuvo a su lado creyó que podía dar un paso adelante y podía dejar aquellos sentimientos atrás, pero ahora que él ya no estaba… Una traicionera lágrima cayó de su rostro, parecía que el destino confabulaba para que ella no encontrara el amor, extrañaba mucho al peliblanco.
Si era sincera en parte estaba molesta, pero con ella misma, ya que por más que lo intentara no podía evitar preguntarse qué hubiera pasado si Sakura no hubiera aparecido, ¿estaría casada con Sasuke? Solo se sentía lamentable cuando aquellos pensamientos invadían su mente, ya que por nada del mundo cambiaría el tener a Miu en su vida, y aunque fuera por poco tiempo, todos los momentos que pasó con el peliblanco. Por ello es que les pidió a sus amigas que nunca nombra nada de la familia del Uchiha ni a él. Jamás, pasara lo que pasara, no quería hacerse un lío en la cabeza y hasta ahora había mantenido su promesa, cosa que les agradecía.
Tomó nuevamente el lápiz y le relató lo sucedido con la obra de su pequeña hija, como había ocasionado que el público se emocionara con su actuación. Su querida Miu era lo que siempre ella había querido ser, por lo que estaba muy orgullosa de ella. Podía ser tímida, pero no dejaba que eso la frenara, le alegraba que en parte hubiera heredado eso del carácter de su padre, Toneri era muy decidido cuando se lo proponía. Estaba feliz porque sabía que tenía personas que la querían y la protegerían. Les explicó un par de cosas más, para finalmente escribirle sobre que este año volvería a ser monitora en el campamente de Suna, le encantaban los niños.
—¡Mamá, mira mi vestido para esta noche! Mi padrino me lo ha regalado—dijo Miu con una dulce sonrisa, mientras daba vueltas y sus coletas jugaban con el viento y aquel precioso vestido de color lila parecía danzar con ella, junto con sus bailarinas de color blanco.
—Serás la cumpleañera más hermosa—le dijo acariciando su mejilla. —¿Ya se lo agradeciste a Shisui-kun? –preguntó haciendo que la pequeña asintiera. El azabache siempre era atento con ambas, le debía tanto, siempre había velado por su bienestar y el de su pequeña. —Sabes, tu madrina Kurenai me ha llamado y me ha dicho que Mirai vendrá antes, que seguramente en la tarde estará para tu cumple—a la pequeña se le iluminaron los ojos con aquella maravillosa noticia, ya que quería mucho a la pelinegra. —Además, Shisui-kun me ha comentado que sus sobrinas también vendrán antes de lo planeado—aquello no podía ser mejor, ese iba a ser el mejor cumpleaños.
La pequeña abrazó con más fuerza a su madre, se sentía realmente feliz, se lo tenía que decir cuanto antes a sus primos, seguro que aquella noticia les entusiasmaba, además, seguro que Yuta se quería preparar para recibir la efusividad de Mirai. Una burlesca sonrisa se posó en sus labios, recordando como durante casi todo el verano anterior el castaño mayor la había estado evitando.
Después que la pequeña desapareció de la habitación unas masculinas manos taparon los claros ojos de la chica, haciendo que parara de escribir. Al principio se sorprendió por el repentino acto, pero luego sonrió con dulzura, sabiendo de quien se trataba.
—Mo, Shisui-kun. Estoy escribiendo—dijo la chica con fingida molestia haciendo que el pelinegro sonriera.
El chico se acercó peligrosamente a la cara de la mujer, haciendo que su rostro se sonrojase, logrando que los dos pares de ojos chocaran. Aquellos oscuros orbes inconscientemente siempre le hacían recordar la morocho, por lo que sin darse cuenta acarició el rostro del pelinegro, sorprendiéndolo y que retrocediera avergonzado, consiguiente una risa burlona por parte de la Hyuga.
—Tramposa—susurró él, con un pequeño deje de vergüenza, consiguiendo enternecerla.
Miu que hace unos minutos había regresado a la habitación se escondía en silencio mientras los ojos le brillaban. Ella sabía que su padrino y su papá habían sido mejores amigos, por lo que pensaba que no había nadie mejor que él para su mamá. Siempre las cuidaba a ambas, haciendo reír a la Hyuga mayor, ayudándolas en todo lo que podía, así que lo que ella más quería era que ambos comenzasen a salir.
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Hinata pensaba en cómo conseguir más información sobre la Hyuga, prendió el televisor, quería despejarse al menos por un momento.
—Hola chicos y chicas, soy Mel y están viendo Mel's Show. Como siempre, hoy haremos algo nuevo. Un juego, a todos les gustará. Pero, aunque piensen que es fácil este juego trae tus verdaderos sentimientos. Así que cuidado cuando lo hagáis—dijo ella con una sonrisa.
A Hinata se le iluminaron los ojos, ese podía ser una buena solución para descubrir que tanto su padre se acordaba de la peliazul. Pero… ¿realmente jugaría a eso? Una maquiavélica sonrisa se formó en su rostro, estaba segura que podría convencerlo de una manera u otra.
Corrió escaleras arriba, estaba seguro que su padre estaría en su despacho. Tocó un par de veces la puerta, esperando impacientemente la respuesta del mayor, que cuando le permitió entrar lo hizo presurosa. Luego como un pequeño torbellino se acercó hacia él, para luego mirarle con sus brillante ojos verdes para contarle sobre lo el juego que había visto en el show de Mel.
—¿No estás un poco grande para juegos? —preguntó cansado el Uchiha mientras su hija lo miraba con reproche y haciendo un puchero.
—Creí que como hoy era mi cumpleaños harías cualquier cosa que pidiera—pero el mayor alzó una ceja, no se tragaba ese cuento. —Entiendo… ya veo que no tienes tiempo para tu hija… Supongo que cuando sea mayor yo tampoco tendré tiempo para ti—dijo triste.
—Muy bien, tú ganas. Jugaré a ese tonto juego—declaró exasperado, a veces se preguntaba cómo había salido tan manipuladora. Que él recordara Sakura jamás había utilizado ese tipo de trucos con él, y él… bueno, él no hacía eso, tal vez un poco. Maldecía al karma. —Y, ¿Cómo es ese genial juego? —dijo fingiendo alegría mientras Hinata rodaba los ojos.
—Yo te digo una palabra y tú tienes que decir lo primero que te venga a la mente. ¡Es muy fácil! —dijo tranquila, demasiado para el gusto del mayor, que se preguntaba si detrás de esa angelical sonrisa se escondía un plan maligno.
—Esta bien—dijo mientras Mikoto reía desde la puerta, que acaba de escuchar la conversación. Había estado muy feliz desde que había escuchado la carta de Sakura, ella siempre había querido que la Hyuga fuera su nuera. Claro, no era como si no hubiera estado feliz porque su hijo se hubiera casado con la pelirosa, era muy buena chica. Pero… a Hinata la había visto desde pequeña, siempre apoyando a su hijo menor, a su lado, aconsejándolo, incluso cuando tubo el problema con Itachi, le debía mucho.
—Sexy—dijo la niña de improviso con una sonrisa traviesa al recordar el incidente cuando estaban las alumnas de su abuelita.
—Yo—dijo sin dudarlo un segundo haciendo que las dos mujeres suspiraran cansadas, de verdad que el Uchiha tenía un gran ego. Aunque eso era algo de familia, ya que tanto su hijo mayor como su esposo también eran bastante egocéntricos.
—Hogar—habló volviendo a sonreír, para que rápidamente él respondiera "nosotros", aunque a veces lo negara su padre pedía ser bastante sensible. —Amor—dijo pensado muy bien hacia donde quería dirigir la conversación. Para que su padre respondiera "amistad" ¡Ya estaba! Estaba convencida que con la próxima palabra lo tendría. —Hinata—habló tranquilamente.
—Hyuga—fue la rápida respuesta del morocho, logrando desconcertarse a él mismo por lo que acaba de decir.
Tanto como a Mikoto y Hinata se les formó una ligera sonrisa victoriosa y se les iluminaron los ojos. Para la pequeña Uchiha aquello era una clara señal de que para su padre la peliazul todavía seguía muy presente en su vida y no podía estar más entusiasmada con la idea.
—¿Hyuga? ¿Quién es Hyuga? —preguntó la pequeña pareciendo bastante confundida, como si realmente no supiera de quien se trataba, ocasionando que Mikoto volviera a reír por lo bajo, de verdad que su nieta podía ser toda una manipuladora, así que la ayudaría.
—Eso es Sasuke, ¿Quién es Hinata Hyuga? —dijo Mikoto fingiendo inocencia, ocasionando poner a su hijo nervioso. Miró a ambas, preguntándose si habían planeado aquello, pero sabía que nadie le había contado sobre la peliazul a su hija, por lo que desechó la idea.
—Fue una compañera con la que estudie—respondió con aparente tranquilidad, mientras la inquisidora mirada de su madre lo miraba con escepticismo. Ella más que nadie sabía que la relación que Sasuke y Hinata tenían no era de unos simples "compañeros".
—¿Compañera? —reiteró Mikoto, haciendo que el Uchiha suspira.
—Sí, una compañera—dijo con un ligero tono irritado que hizo que su madre por fin se rindiera de seguir preguntando. Conocía como de terco era su hijo menor, así que lo mejor era dejar que él mismo pensara en eso, ya que ni él se creía lo de "compañeros".
—Me gusta—dijo Hinata repentinamente. —Se llama igual que yo—hablaba mientras sonreía. —Papa. ¿Dónde está ella? Quisiera conocerla, debe ser una persona genial si tiene ese nombre—dijo inocentemente, esperando la respuesta de su padre.
Sasuke se quedó callada frente a las palabras de su hija, no sabía que responderle. La pequeña al ver el taciturno rostro de su padre se preocupó, por lo que prefirió no seguir insistiendo en el tema, parecía que hablar de la peliazul realmente le afectaba.
—No lo sé—dijo repentinamente. —No sé dónde estará—respondió tratando de sonar indiferente.
Mikoto miró con pesar a su hijo, sabía cuan duro era para él hablar sobre la ojiperla, pero también sabía que eso era lo mejor. Debía hacer algo para ayudar a su nieta, tenía que decirle que contaba con ella para que Hinata volviese a la vida de su hijo.
—Vamos a la cocina Hina, he de enseñarte algo—dijo amablemente su abuela, haciendo que la pequeña asintiera.
Cuando llegaron al pasillo la mujer le giñó un ojo a la azabache, que la vio un tanto confundida. La Uchiha al ver como su nieta parecía tan contrariada prosiguió a explicarle lo que sabía, dejando todavía más asombrada a la menor. Pero rápidamente su cara pasó a una de la alegría cuando la mujer le dijo que le apoyaría en su plan, consiguiendo en su abuela una aliada más. Pronto convocó otra reunión, tenía que decirles a todos sobre que su abuela también los ayudaría, estaba segura que encontraría a la peliazul.
Los niños quedaron rápidamente en la base, pero la sorpresa fue grande cuando vieron a la abuela de Hinata allí, preocupados porque hubiera descubierto sobre la carta y lo que Sakura le había pedido a su nieta. Pero, la despreocupada risa de la pelinegra los tranquilizó, para luego explicarles que su abuela estaba de su parte.
—Esa mujer no tiene redes sociales ni nada por el estilo. Tampoco hay ningún artículo de ella, casi pareciera que no existe nada de ella—informó Shikadai logrando que Hinata se desanimara, pero igual no se pensaba rendir.
—No importa, solo tenemos que seguir buscando, seguro que aparecerá algo—alentó la mujer asiendo que todos asintieran, de verdad que era un gran soporte saber que por lo menos uno de los adultos estaba dispuesto a ayudarlos con su descabellado plan
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Sus amigos veían la enorme sonrisa de Miu en sus labios, preguntándose internamente porque se encontraba así. "Me pregunto si algún día yo también encontraré a alguien que me quiera" susurró dejando de piedra a los presentes.
—¡Q-qe-que quiere decir! —balbuceó sorprendido Tatsuya, para que después todos la mirasen serio. —¡¿Quién es el maldito?! —vociferó indignado el castaño, esta vez sin ser interrumpido por algún reproche de Yuta, ya que también quería saber quien era la persona que había hecho que su indefensa e inocente prima dijera aquellas palabras, juraba que lo despellejaría vivo.
—¡¿Quién es?! —preguntó Saturo, poniendo más nerviosa a la peliazul que no comprendía nada.
Miu solo sonreía incómodamente, agradecía de verdad que sus primos se preocupasen de esa manera por ella, pero muchas veces llegaban a sentirse asfixiada por lo sobreprotectores que podían llegar a ser. Miró a Daichi para que la ayudase, pero se encontró con la seria mirada del rubio, sabiendo que esta vez él también estaba interesado en el tema. Definitivamente no sabía cómo se iba a librar de esta.
Notas de la autora: Bueno no esta mal, he sido bastante rápida con este cap. Quiero que sepan que aquí los niños van a tener un papel importante, porque se crearán dos bandos. Unos que apoyaran el Sasuhina y el otro que estará con el Shisuhina, supongo que ya habrán notada quien está en cada bando.
Muchas gracias por los reviews, de verdad que me animan.
Gracias :D
Ya nos leemos. ;D
