INFLEXIÓN

La luz se filtraba entre las cortinas iluminando la habitación. ¿Qué hora era? ¿Dónde estaba? Me moví un poco y el punzante dolor de mis agarrotados músculos me recordó dónde estaba y lo más importante, con quién. Giré la cabeza y vi a Edward durmiendo plácidamente, parecía tranquilo y feliz. Nunca lo había visto tan despreocupado, estaba guapísimo.

Los recuerdos de la noche pasada me vinieron a la mente, no habíamos dormido casi nada. Nos habíamos pasado la noche haciéndolo una y otra vez. ¿Qué diablos me pasaba? Yo no era como las mujeres con las que él se acostaba, o al menos eso creía.

Sabía que la relación entre mi jefe y yo cambiaría a partir de ahora, pero no sabía qué rumbo tomaría. Sabía perfectamente que mantenerme alejada de él me dolería, pero tampoco quería salir con él… ¿O sí? Lo único que sabía es que mi cuerpo no estaba preparado seguir su camino sin él.

Me levanté de la cama lentamente y me dirigí al baño. Estaba incómoda paseándome por el apartamento de Edward desnuda pero estaba sudorosa, necesitaba una ducha cuánto antes. La ducha me relajó y en cuánto salí de ella, sentí que tenía fuerza suficiente para enfrentarme a la realidad. No sabía qué pasaría de ahora en adelante pero estaba dispuesta a averiguarlo.

Justo cuando entré a la habitación de nuevo, Edward abrió los ojos.

- Buenos días – susurró con voz ronca. Tenía una sonrisa triunfante.

- Buenos días – respondí, sonriendo también. Su sonrisa me producía un sentimiento de calidez muy agradable. – He cogido las primeras toallas que he visto, espero que no te importe – dije acercándome a la cama. Mierda. Edward estaba desnudo debajo de las sábanas, estaba en terreno peligroso.

- Tranquila – dijo sensualmente mientras salía de la cama. Madre mía, estaba totalmente desnudo a dos metros de mí. Mi cuerpo reaccionó y empezó a invadirme un deseo sobrenatural. Tenía que controlarme.

- No tengo ropa – pensé en voz alta intentando desviar la atención de su maravilloso cuerpo. Estaba preocupada por mi ropa, no quería ponerme la que llevaba ayer.

Sin decir una palabra, Edward abrió su armario y sacó un vestido blanco y un tanga de encaje también blanco. Lo miré extrañada y confusa. ¿Por qué tenía eso ahí?

- No preguntes – dijo encogiéndose de hombros, su expresión me confirmó que estaba escondiendo algo. – No tengo ningún sujetador – propuso mirándome. Podía ponerme el sujetador, también blanco, que había llevado el día anterior, no pasaba nada.

Cogió calzoncillos limpios del armario y fue a ducharse, supongo. Cuando pasó por mi lado, se me puso la piel de gallina. Estaba segura de que él lo había notado.

Cuando estuve sola me puse el sujetador, los tacones de ayer y la ropa que me había dado él. Sorprendentemente, era de mi talla y me quedaba estupendamente bien. Decidí ignorar el hecho de que tenía ropa de mujer en su armario y me concentré en que no me había echado como hacía con todas.

Si alguien leyera mis pensamientos me abofetearía, estaba segura de que ésta dependencia que mi cuerpo sentía respecto a Edward no era normal. Además, sabía que me estaba arriesgando demasiado. Podía perder mi empleo perfectamente, no sabía qué hacer. Tenía que hablar con Alice. Mierda, ¡Alice! Había llevado a Jasper a casa anoche y no tenía noticias suyas desde entonces.

Busqué mi móvil desesperadamente por todas las habitaciones en las que había estado y finalmente lo encontré en el suelo, a los pies de la cama. ¿Qué hacía ahí? Lo cogí rápidamente y vi que tenía seis llamadas perdidas y diez mensajes. Genial.

- Isabella Marie Swan, no has dado señales de vida desde anoche, espero que tengas una muy buena excusa – respondió mi mejor amiga después del primer pitido.

- Lo siento, estoy en el apartamento de Edward – expliqué, sonriendo. Impaciente por escuchar su júbilo.

- ¿Qué? – preguntó sorprendida, se me difuminó la sonrisa de los labios.- Joder, Bella, ¡es tu jefe! – gritó, dejándome parada.

- ¿Quién eres y que has hecho con Alice Brandon? – pregunté, intentando sonar graciosa.

- Siento no estar soltando gritos de alegría pero podrías perder tu trabajo. En el fondo pensaba que no os acostaríais hasta que superaras lo de James – me confesó. No entendía nada, hacía pocas semanas estaba feliz por mí y ahora me venía con todo esto.

- Está todo superado, Alice – mentí.- Después hablamos, tengo que ir a trabajar – seguí, después colgué. No había preguntado nada de su noche con Jasper y tenía mucha curiosidad, tendría que esperar para saberlo.

Miré el reloj, llegaríamos tarde si no salíamos de aquí. Estábamos ya a viernes, ¿vería a Edward durante el fin de semana o para entonces ya se habría cansado de mí? Una chispa de dolor inundó mi pecho y deseché ese pensamiento. Me senté en el borde de la cama esperando a que Edward viniera, no podía irlo a buscar ya estaba segura que no aguantaríamos y acabaríamos acostándonos de nuevo. Estaba muy jodida.

Por suerte, no tardó en llegar, se puso el traje y salimos rápidamente del edificio. Edward, como siempre, fue listo y me dejó uno de sus coches (el más discreto que tenía) para que fuera por mi cuenta a trabajar. Él iría con su Lamborghini, obviamente.

Tenía que admitirlo, había sido una noche increíble, pero Edward solo me dio un simple beso en la comisura de los labios justo antes de salir del edificio para despedirse. Con él nunca tenía suficiente, esto acabaría muy mal.

Las horas pasaban muy lentamente, saber que solo nos separaba una fina pared me ponía de los nervios. Hacía solo unas horas estábamos revolcándonos en su cama y ahora estábamos en la empresa trabajando como si no hubiera pasado nada.

Le había llevado café hacía solo tres horas pero ya tenía unas ganas increíbles de verle. Cuando llegó el descanso para comer, fui a comprarme una ensalada, me la comí en un santiamén y volví impaciente a nuestra planta. Edward, como casi cada día, se había quedado en su oficina. Sabía que algunas veces ni comía ya que tenía mucho trabajo pero hoy las cosas estaban más o menos tranquilas, seguro que no le importaba que fuera a hacerle una visita.

Cuando abrí la puerta se me cayó el mundo a los pies. Edward estaba sentado en su silla con su maravillosa sonrisa torcida mirando una morena con unos pechos demasiado grandes, estaban en su mundo y no se percataron de mi presencia. Me quedé en la puerta estupefacta, notando como me picaban los ojos por las terribles ganas de llorar que tenía. El final había llegado.

- Que hijo de puta – susurré justo cuando los tortolitos juntaron sus labios. Edward me oyó, se separó de la chica rápidamente y me miró horrorizado.

- Bella – susurró, andando con pasos firmes hacia mí.

Eres fuerte, Bella. Tú puedes con esto, este gilipollas no es nada. Tragué saliva y mis ganas de llorar disminuyeron. Bien.

Cuando estuvo a menos de un metro de mí, le abofeteé con todas mis fuerzas. Me quedé tan a gusto que casi se me olvidó por qué le había pegado, casi. Edward se quedó en la posición en la que le había dejado mi abofeteo durante unos segundos hasta que se movió otra vez y me miró. No parecía él, era como si tuviera una máscara puesta, su mirada era dura.

- Déjame que te lo explique – dijo, aún con su máscara.

- No, es mejor así. Me alegra comprobar que lo que ha pasado entre nosotros ha significado tan poco para ti como para mí – mentí, mirándole impasible.

No me contestó, se quedó mirándome hasta que di media vuelta y volví a mi escritorio. No tenía ganas de trabajar pero estaba segura de que eso me distraería. Aguanta, Bella. No llores.

Estaba empezando a redactar un informe cuando mi móvil vibró, tenía una llamada de mi madre.

- Hola mamá – contesté sin alzar mucho la voz, sabía que no debía hablar por teléfono en horas de trabajo pero era mi madre.

- Cariño – susurró, con voz rota. Me levanté de la silla, alarmada.

- ¿Qué ha pasado, estás bien? – pregunté, tartamudeando. Algo malo había pasado, estaba segura.

- Phil ha tenido un accidente de coche – susurró con voz temblorosa, dos segundos después, rompió a llorar.

Se me encogió el pecho. Por cómo había respondido, estaba segura de que mi padrastro no estaba bien.

- ¿Cómo está? – pregunté, temblando. Por favor, por favor…

- No… - suspiró.- Está muerto – murmuró entre sollozos.

Las lágrimas empezaron a deslizarse por mis mejillas sin remedio. Mi mundo se estaba desmoronando por momentos pero supe a la perfección qué debía hacer.

- Cogeré el primer vuelo a Washington – susurré casi sin voz.

- Vale, te quiero – respondió como pudo.

- Yo también te quiero – dije antes de colgar.

No tenía ningunas ganas de ver a mi jefe así que le escribí un mensaje:

Mi padrastro ha tenido un accidente mortal de coche, tengo que ir urgentemente a Washington. Supongo que volveré la semana que viene, ya le comunicaré el día exacto. Disculpe las molestias.

Atentamente, Srta. Swan.

Las formalidades habían vuelto. A partir de ahora, seríamos simplemente el jefe y la secretaria, nada más.

Le doy mi más sentido pésame. Gracias por avisar y que tenga un buen viaje.

Sr. Cullen

Después de leer el mensaje y comprobar que Edward había captado lo de las formalidades, cerré el ordenador y ordené mi mesa. No había tiempo que perder.

Cuando abrí la puerta de mi apartamento y avancé hacia el salón, me percaté de que no estaba sola. Alice, Jake, Jessica, Mike, Angela y Bryan estaban sentados en el sofá sin decir nada y con semblante triste. Todos estaban quietos menos Alice, que lloraba contra su mano intentando controlarse. Vaya, las noticias volaban.

Notaron mi presencia, Alice se levantó y me abrazó como si su vida dependiera de ello. Había estado todo el viaje llorando en silencio pero cuando noté los brazos de Alice rodeándome, sollocé sin poder contenerme. Entonces me di cuenta, me di cuenta de que no podría ir a Washington y enfrentarme a todo sola.

- ¿Puedes acompañarme a Washington? – le pregunté cuando mis sollozos se calmaron.

- Ya he comprado los billetes, Jacob también viene – dijo, justo después de deshacer el abrazo. Alice siempre iba un paso por delante de mí.

Jake estaba a su lado mirándome con el rostro descompuesto por el dolor, lo abracé con fuerza. Necesitaba sentir su calidez.

- Gracias – susurré.

- No me las des – respondió acariciando mi espalda.

Llamé a Charlie y pasé un rato con mis amigos intentando calmarme, estuvieron todos intentando animarme y consiguieron que dejara de pensar en Phil durante unos minutos. Pero la calma no duró demasiado y cuando la tormenta volvió, sentí que era hora de irse.

Aterrizamos en Washington a las siete de la tarde y nos dirigimos a casa de mi madre rápidamente. Los innumerables recuerdos que había en las calles de la familiar ciudad me consumieron hasta que me derrumbé otra vez, entonces pensé en Edward, y lloré aún más.

Estuvimos haciendo compañía a mi madre hasta que fue medianoche y decidimos que era hora de ir a dormir. A Renée no le importó que mis amigos se quedaran en casa mientras estuviéramos en la ciudad.

Edward estuvo llamando durante toda la noche, pero lo ignoré. Pensaba que mi derechazo le había dejado claro que no quería seguir en contacto con él. Solo pude dormir unas tres horas. En cuánto fueron las siete de la mañana, me levanté e hice el almuerzo para todos.

Hoy se celebraría el funeral de Phil y yo tendría que redactar y leer unas frases de despedida para él. Me devané los sesos durante todo el día en busca de las palabras adecuadas pero no las encontré. Había pasado toda mi adolescencia odiando a ese hombre pero ahora que se había ido no podía echarle más de menos. Estaba tremendamente arrepentida de muchas cosas, pero ahora ya no podía hacer nada. Como decían, no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes.

En el funeral, después de escuchar las palabras que le dedicaron su madre, sus hermanos y Renée, supe que había llegado mi momento. Me levanté y me situé al lado de mi madre, rezando para que mi improvisación sonara bien.

- No he podido escribir nada porque creía que aún no estaba preparada para despedirme de él. Pero ahora, delante de todos vosotros, veo realmente por qué no podía escribir. La vida es muy injusta y siempre se lleva a las personas más buenas e inocentes; las que no merecen irse. Phil era una de estas personas y es por eso que cuando miraba el papel en blanco que tenía delante, no sabía cómo podía expresar todo el arrepentimiento que sentía por no haber disfrutado de más momentos con él – noté de reojo como mi madre empezaba a llorar de nuevo.- Phil era una persona maravillosa. Él era amable, generoso, detallista y siempre intentaba sacar una sonrisa a las personas que le rodeaban. Tuvimos nuestras diferencias durante mi adolescencia pero espero que esté donde esté, sepa que le estoy eternamente agradecida por haber hecho tan feliz a mi madre. Siempre te recordaré, Phil.

Cuando acabé de hablar, abracé a Renée y lloré otra vez. No entendía como aún me podían quedar lágrimas.

-o.

Los días pasaban lentamente y Phil y Edward eran los dueños de mis pensamientos, no podía parar de pensar en ellos, sobretodo en el primero. Mi madre no se recuperaba, cada día la veía más triste y no sabía qué hacer.

El martes salimos de casa por fin y dimos una vuelta, el aire fresco nos vino muy bien a todos.

- Lo que dijiste en el funeral fue precioso – me dijo mamá. Estábamos sentadas en un banco mientras Alice y Jake paseaban por el parque a unos cuantos metros.

- Gracias – sonreí por primera vez en muchísimas horas.- Lo siento mamá, siento muchísimo todo lo que dije e hice hace años, estaba totalmente cegada por mi odio y no veía que yo era el problema. Siento que haya tenido que morir Phil para que lo vea, soy una persona horrible – confesé, muy arrepentida.

- Tú nunca has sido el problema ni tampoco eres una mala persona, cielo – contestó, alargó su mano y me acarició la mejilla izquierda.- Yo siento no haber hecho las cosas bien cuando tu padre y yo nos divorciamos, tendría que haberte explicado muchas más cosas pero quería protegerte, te prometo que a partir de ahora seré mucho más sincera – dijo, sonriendo por fin. Verla sonreír de nuevo me alegró muchísimo.- Dime, ¿has conocido a algún chico que valga la pena? – preguntó como quien no quiere la cosa. Qué oportuna.

Me había prometido que sería sincera conmigo, así que yo debía hacer lo mismo con ella.

- De hecho, no puedo quitarme a Edward Cullen de la cabeza – dije avergonzada, ella me miró con los ojos como naranjas.

- ¿Estás saliendo con él? – preguntó con muchísima curiosidad. Bien, la estaba distrayendo.

- Es complicado – contesté, mordiéndome el labio inferior.

- Los hombres son más simples de lo que parecen, cariño – afirmó, quizás tenía razón y los hombres eran simples pero definitivamente nuestra "relación" no era simple.

- Él es mi jefe y es conocido por ser un mujeriego sin remedio, mamá… De hecho, he podido comprobar eso último con mis propios ojos – confesé, fijando la vista al suelo.

- ¿Pero él está interesado en ti? – preguntó, cogiéndome la barbilla y levantando mi cabeza suavemente. Quería que la mirara mientras hablaba de él.

- Eso creo, incluso creo que se comporta diferente conmigo que con las otras mujeres, pero con él nunca puedes estar segura – admití, encogiéndome de hombros.

- Te gusta de verdad, ¿me equivoco? – preguntó alzando sus cejas.

- No lo sé… Lo único que sé es que pienso en él a todas horas, que he conocido qué son los celos y que quiero que esté conmigo en todo momento. No puedes imaginar lo que siento cuando me toca, aunque sea solo un roce – confesé, me sorprendió notar que mis mejillas no se habían enrojecido. Esto estaba siendo muy fácil.

- Vale, no te gusta, es más que eso – susurró sonriendo, sus ojos brillaban por primera vez en muchos días.

- Estoy enamorada de él – susurré entre dientes, haciendo una mueca de dolor.

- Descubre si él también lo está de ti, si es así todo lo demás lo solucionaréis juntos y será más fácil de lo que crees – añadió.

- Imposible, él no está enamorado de mí, ¡es Edward Cullen! – alcé la voz.

- Da igual si es Edward Cullen o Barack Obama – reí, su sentido del humor estaba volviendo.- Es una persona, y todas las personas tienen sentimientos. Sean quién sean. Además, ¿sabes que los hombres tardan menos en enamorarse que las mujeres? Si tú estás enamorada de él, hay una gran posibilidad de que él lo esté de ti también – dijo, la miré extrañada, ¿estaba en lo cierto? Sentí mis amigas las mariposas revoloteando por el estómago durante unos segundos.

- Puede que tengas razón, pero ahora mismo no nos hablamos, o sea que será difícil descubrirlo – admití y después sonreí sin emoción. Mi madre me sujetó la cabeza con sus manos, mirándome fijamente.

- No dejes que ni tu orgullo ni el suyo ganen la partida. Mi mayor deseo es que seas feliz, cielo. Pero eso sí, si te hace daño iré a ahí y le dejaré cuatro cositas claras – amenazó, haciéndome reír. Entonces se me ocurrió algo.

- Mamá, ven a vivir a Nueva York – pedí, con ilusión.- Me encantaría tenerte cerca y podrías dejar todos los malos recuerdos atrás. Puedes vender la casa y quedarte conmigo y Alice de mientras – propuse, era la mejor idea que había tenido nunca. Mi madre estaba cansada, triste y tenía unas ojeras kilométricas, necesitaba ser feliz y descansar en paz.

- ¿Qué? Eso es muy precipitado, Bells, no lo sé – contestó, parecía confusa. No quería dejar atrás su antigua vida con Phil aún.

- Esté donde esté, Phil quiere que seas feliz, mamá. Estaría de mi parte si estuviera aquí, y lo sabes –insistí, estaba mejorando en esto de convencer a la gente.

- Vale, tienes razón – contestó por fin, después de unos interminables segundos.

- ¡Sí! – grité, abrazándola después.

Me levanté y fui directa hacia Alice y Jake. Como supuse, Alice no puso ninguna pega y estuvo feliz tanto por mí como por mi madre.

- Te veo mejor, Bells – comentó Jake, enseñándome su gran sonrisa.

- Lo estoy, muchas gracias por todo a los dos, no podría haber hecho esto sola – dije sacando mi lado más sensible. Hicimos un gran abrazo en grupo y volvimos al banco con mi madre.

-o-

Cuando acabamos de comprar los billetes de vuelta a casa y hablar con algunas inmobiliarias, decidí enviarle un mensaje a Edward.

Mañana podré volver a incorporarme al trabajo. Espero que mi ausencia no haya causado muchos problemas, nos vemos mañana.

Srta. Swan

Mi móvil vibró al cabo de unos treinta segundos.

Me alegra tener noticias de usted. ¿A qué hora aterrizará su avión? No habrá problema en que se incorpore al trabajo un poco más tarde si hace falta.

Tengo ganas de verla.

Sr. Cullen

¿Tenía ganas de verme? Sentí una calidez en el pecho que pocas veces había sentido. Parecía que estos días alejados el uno del otro nos habían ido bien, aunque aún no me quitaba la imagen de él besando a esa zorra morena.

Aterrizaré a las ocho de la tarde así que podré volver al trabajo a primera hora sin problemas, pero se lo agradezco igualmente. ¿Cómo ha ido todo? ¿Mucho trabajo?

Srta. Swan

Pulse el botón de enviar con urgencia, sin ni siquiera leer lo que había escrito. Quería leer su respuesta cuánto antes.

La secretaria de repuesto no es tan eficaz como la original, así que sí, ha habido mucho trabajo.

Que tenga un buen vuelo.

Sr. Cullen

Sonreí sin remedio, solo con halagarme me había hecho olvidar por unos segundos que Phil ya no estaba. Estaba irrevocablemente enamorada de mi jefe. Estaba jodida.

Gracias.

Srta. Swan


Espero que os haya gustado aunque haya sido un poco triste. El siguiente no será tan triste, lo prometo;)

¡Nos leemos pronto!

xx