Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.
Edades:
Alice: 11
Edward:11
Jasper: 10
Bella:11
Emmett: 12
Rosalie: 11
Capitulo 14: ¿Quieres ser mi novia?
Era temprano en la mañana. Un frío día de noviembre le esperaba después de cruzar el umbral. Una fina capa de hielo cubría las aceras lo que la convertía en un peligro andante para la comunidad.
Así había permanecido toda lo que iba de la temporada. Agradecía al cielo que, después del episodio que habían montado Renée y Charlie, no hubiera tenido que volver al hospital. Cada día, cuando parecía que un rayo de sol se colaría y derretiría el hielo, llovía de nuevo inundando las solitarias avenidas.
Bella se sentía muy satisfecha por el rumbo que había tomado su vida. El amor que sus padres se profesaban era tan palpable que incluso Charlie la besaba en público. Parecían haber superado sus diferencias, aunque podía observar que Renée aún conservaba ciertas dudas.
Septiembre había llegado con un nuevo año escolar; nuevos salones, nuevos compañeros, nuevos maestros… Nunca había encontrado muy favorecedor el cambio; adaptarse a lo nuevo era algo que se le dificultaba pero tenía la confianza en que siempre habría gente que la rodeaba y comprendía.
Quería evitar a toda costa que Alice recordara que el día diecinueve se acercaba: el cumpleaños de Rosalie. Emmett había celebrado su cumpleaños número doce en agosto, y no dudaba que Rosalie quisiera hacer lo mismo.
Por su cabeza rondaban pensamientos extrañados. Entre ellos, predominaba el comportamiento tan cortés de Mike Newton por aquellos días. Siempre estaba a su alrededor, tratando de impresionarla por cualquier pequeñez; inclusive se había ofrecido a asesorarla para el examen de matemáticas que se aproximaba. Ella, por suerte, había declinado educadamente, pues Edward se lo había propuesto primero. ¡Menudo sacrificio! Trataba de ser amable con Mike pues realmente se lo había ganado, pero no era lo suficientemente sumisa como para desperdiciar una oportunidad como la que Edward le ofrecía.
Estaba contenta de que por fin parecía haber comprendido que él nunca sería más que su amigo. ¡Había logrado meterle en la cabeza que no estaba interesada en él! Mike podía llegar a ser atento, sí, pero también se comportaba de una forma demasiado interesada o retorcida, dependiendo de la perspectiva en que lo vieras.
Por otro lado, Alice había estado siendo muy condescendiente. La había pillado en repetidas ocasiones cuchicheando con su madre, lo cual le indicaba indudablemente, que algo tramaba. No estaba segura de que fuera benéfico para ella o su integridad.
Gimió cuando su madre le informó que deberían salir pronto de casa si no quería llegar tarde. Charlie acompañó sus quejidos con una risita.
—Cuando salgas del colegio, irás a casa de Esme—notificó, interrumpiendo sus canturreos poco afinados siguiendo la letra de la canción que sonaba en la radio.
—Hoy es lunes —replicó.
—Oh, sí, viste el calendario —contestó Renée, irónica.
—No me vas a decir por qué, ¿verdad?
—No —respondió con simplicidad. Bajó el volumen de la música, había empezado una canción que le disgustaba. —Es una sorpresa, cariño.
Bella la escrutó desde el asiento del pasajero, jugueteando con el cinturón de seguridad. Podía ver en su rostro que moría por contarle pero había una poderosa razón que la detenía.
—De acuerdo —contestó, fingiendo indiferencia a pesar de que la curiosidad le carcomiera por dentro.
—Oh, querida, no te enfades —detectó sus estado de ánimo. —Alice te lo dirá.
Ella tomó una bocanada de aire, sabiendo que si Alice estaba involucrada, entonces no tendría la más mínima posibilidad de cualquier clase de escapatoria.
Renée viro en la esquina, deteniéndose justo frente a la puerta principal. Desabrochó el cinturón que mantenía a Bella segura contra el asiento y besó su frente.
—Que tengas buen día —deseó.
— ¿Quién soy? —fingió una voz diferente a la suya, mientras posaba sus deditos sobre los párpados de Rosalie.
—Bella.
—Oye, es trampa, se supone que no deberías saberlo—resopló. —Oh, hola Jasper.
— ¡Mira quién está aquí! —dijo Emmett. Puso sus manos alrededor de su cintura y la alzó a modo de recibimiento. Él siempre la miraba como si hubieran pasado años desde la última vez.
—Emmett, la vas a lastimar —regañó Edward con serenidad. Se sentía celoso de que ella riera ante las ocurrencias de su hermano, aunque podía comprenderla. ¡Era imposible no pasársela bien con Emmett! —Tu nariz está roja —rió cuando finalmente pudo poner sus pies en el suelo. Depositó un beso en ésta, saludándola. —Ahora tu cara es roja.
—Oye, Bella —interrumpió Alice, sin darse cuenta de la escena. —Preparé una sorpresa para ti.
El rostro de Edward se contrajo, en una expresión que vagaba entre la lastima y la culpabilidad. Tragó en seco, evitando cruzar su mirada con la de ella.
—Lo siento, de verdad que sí —lamentó en un hilo de voz. —Traté de persuadirla pero no lo logré.
—¿De qué me están hablando?
— ¡Hoy tomaremos nuestras primeras lecciones de ballet!
— ¿Qué? —chilló, estremeciéndose. —Oh, no, claro que no. No iré a ningún estudio de ballet aunque me cortes la cabeza.
—Por favor —suplicó —. Será divertido. ¡Estaremos en el recital de navidad!
—¿Acaso es que quieres que muera? No puedo caminar en una superficie plana sin caer y tú quieres que baile en un escenario.
—Oh, vamos, Bella Swan, no seas cobarde —convenció. —Además el rosa se verá espectacular con tu piel.
—Alice, pareceré un panda con tutú.
—Por supuesto que no. ¿Cuándo has visto que alguien que salga con Alice Cullen luzca mal?
—No tengo ropa para eso, Alice —se excusó, saliendo por la tangente. —Quizá después.
—De eso nada —se apresuró a apelar. —Compré todo lo que necesitaremos.
—Oh, sí —añadió Emmett. —Compró lo suficiente para toda la clase, no te preocupes por eso.
Soltó una carcajada mal disimulada. Bella deseaba que se abriera un agujero por entre las grietas del asfalto y se la tragara.
—Si ella no quiere no puedes obligarla —defendió Jasper. Ella creyó que el Apocalipsis estaba por caer sobre la Tierra. Ella bailando sobre un escenario y Jasper contradiciendo a Alice era algo que no se veía todos los días.
—Sólo trata —pidió. —Por favor, sólo una vez.
—Tú ganas —dijo con un suspiro.
Ella chilló, eufórica.
—Vamos, Alice —dijo Edward. —Después atosigarás a Bella con todo eso, vamos a clases.
Cada día creía que las clases eran más aburridas, los maestros más intransigentes, y las tareas más grandes. Verdaderamente necesitaba un respiro; estaba a punto de quedarse dormida sobre el pupitre.
Su mesa no era excepcionalmente grande, pero era confortable la compañía. Sus conversaciones se dividían irregularmente cambiando de forma constante, abordando temas triviales. En ningún momento Bella encontró una razón para zafarse de sus benditas clases de ballet.
Sólo se distrajo cuando una insistente mano tanteó su hombro llamando su atención. Se encontró con un pulcro y muy bien peinado Mike Newton. Evidentemente, quería aparentar seriedad, pero su intento era en vano pues cuando veías la expresión en su rostro no podías evitar reír. Su cabello se veía asquerosamente relamido hacia atrás, sustituyendo su usual peinado en punta.
—Buenos días, Isabella —saludó con aire formal.
Ella lo miró interrogante. ¿La había llamado Isabella? Ni siquiera sabía que el conociera su nombre completo; no podía imaginar una razón para tanta cordialidad.
—Buenos días, Michael —imitó su voz. La comicidad de la escena era palpable. Los demás integrantes de la mesa habían callado abruptamente y luchaban contra los deseos de carcajearse.
—¿Podemos hablar? —preguntó, continuando con su puesta en escena. —Sólo será un momento —se apresuró a añadir como si fuera un factor determinante en la decisión de Bella.
—¿No lo estamos haciendo ya?
—Me refería a solas —explicó queriendo agregar un toque enigmático a su tono.
—Basta de rodeos, Newton —pidió con educación aunque alzando su voz, fastidiada. —Estoy ocupada—agregó, con una nota de hosquedad, pero no pudo reprimirlo. El niño solía exasperarla después de un par de frases; ya había sobrepasado el límite de palabras que ella había establecido mentalmente, por exagerado que sonara.
— ¿Me acompañarías unos minutos?
—De acuerdo —dijo, desconfiada. Guardaba la esperanza de poder librarse de ese molesto asunto rápidamente.
Lanzó una mirada suplicante a nadie en específico. Rezaba porque alguien tuviera la bondad de salvarla de la bochornosa situación. Vio con resignación cómo le devolvían la mirada, intrigados, expectantes.
Pasó sus manos por las mangas de su sudadera para después subir la cremallera. Sabía que, conociendo lo extremista que era, Mike la llevaría a algún lugar lejano a ése.
—Por favor—rogó a Edward, sentado junto a ella.
Caminó al lado de Mike. Creía que el pasillo se había vuelto más largo de lo normal; fingió no darse cuenta cuando Mike rozó su mano, y actuó como si no supiera sus intenciones de sostenerla mientras andaban. Hundió sus dedos fríos en los bolsillos de sus pantalones. Jugó con su contenido, un par de centavos, una horquilla y un poco de pelusa.
—¿Y bien? —rompió el mutismo con ansiedad. Quería volver por el corredor y simular que nunca se había levantado de la mesa.
—Bueno, verás…—tartamudeó con un nerviosismo rayano en lo patético. —Nos conocemos desde hace mucho tiempo y yo quisiera saber si tú… —dejó sus palabras flotando en el aire, sin darle ni una pequeña pista de adónde quería llegar.
Tomó una bocanada de aire y murmuró tratando de ser amable:
— ¿Qué es lo que quieres saber?
—Es evidente la conexión que hay entre nosotros. —Rascó la parte posterior de su cabeza, mirando al suelo.
Ella enarcó una ceja. Reprimió el impulso de reír, creyendo que sería excesivamente descortés; personalmente, pensaba que ni siquiera eran verdaderos amigos, pero no quería hacer trizas sus sentimientos.
—No veo la cuestión —replicó. —Tal vez nuestra «conexión» tenga interferencia.
—¿Quieres ser mi novia? —soltó repentinamente. Ella abrió la boca pero lo único que pudo hacer fue tomar otro respiro, más profundo que el anterior. En su expresión se denotaba la duda y la lástima, pero era obvio que ella se negaría. Se quedó unos segundos en silencio, buscando alguna alternativa.
«El que calla otorga» decía un viejo proverbio que había escuchado en más de una ocasión.
— ¿Quieres? —insistió de forma tan dulce que sintió como si fuera a patear a un cachorro desvalido.
«El que calla no quiere humillar al perdedor que tiene enfrente» modificó el dicho a su situación.
—¡Sabía que aceptarías! —chilló de una forma demasiado afeminada. —Seré muy buen novio, —prometió rápidamente —después nos casaremos y seremos muy felices.
—Oh, Mike —gimió al comprender que le había dado entender exactamente lo opuesto.
—Sé que te alegras tanto como yo. ¡No puedo esperar a decirles a todos! —Rodeó su cintura con los brazos sin delicadeza alguna. —Ven aquí.
—Mike, no… —jadeó, sintiendo sus labios demasiado cerca. —Mike, de verdad, déjame. —Maldijo internamente por ser tan débil. — ¡Mike! —chilló.
Escuchó un carraspeó contenido, cerca de ella, como si hubiera sido proferido en su oído. Los brazos de Mike fueron reemplazados por unos mucho más dulces.
—Déjala en paz —le advirtió Edward, serenamente.
—Cullen, ¿nunca te enseñaron que es de mala educación interrumpir a los demás, sobre todo cuando están en un asunto importante? Mi novia y yo estábamos ocupados.
—Ella no es tu novia—objetó, apretando los dientes. —Ella no es nada tuyo.
—Sólo estás celoso. Debes aceptarlo, tú sólo eres su amigo—se mofó, tratando de enervarlo. —¿Nos darías privacidad? —lo instó. Sus músculos se ponían cada vez más tensos, pero en ningún momento presionó su cintura con la brusquedad que lo había hecho Mike. Le lanzó una mirada escalofriante.
—Ella no es nada tuyo —repitió.
—¿Y tú? —lo desafió inocentemente. —No significas nada —lo dijo de una forma tan sincera que incluso Bella sintió el estremecimiento que causó en el corazón de su amigo. —Gané, Edward.
Ella se mordió el labio con inquietud, sabiendo que si Mike pronunciara una sola palabra más Edward se le iría encima y no habría nadie que los separara hasta que Edward considerara que ya había sido suficiente. Era paradójica que, de la misma forma que conservaba su tranquilidad, le costaba recobrarla.
—Edward, —llamó dulcemente—vámonos de aquí.
—Bella, deja que él—lo miró con desprecio—se vaya con sus amados hermanos. Tengo que decirles a todos que eres mi novia —dijo con orgullo.
—Mike, para —respondió con hastío. —No soy tu novia y nunca lo voy a ser. No quería ser descortés pero has sido tú quien nos llevó a esto. —Entrelazó sus dedos con los de Edward, deseosa de alejarse de él.
Edward dibujó una sonrisa burlona en sus labios.
—Bella…
—Ya dijo que no. Acéptalo, Newton, no significas nada para ella —copió sus palabras.
—¿Y tú sí? —.Trató de salvar su orgullo, en vano.
—Sí, él sí —intervino ella. —Con permiso.
Se sintió mucho más cómoda caminando al lado de Edward de lo que se había sentido con Mike. Era agradable la sensación de sus dedos sostener los de ella, balanceando sus manos entre ellos. No tenían un rumbo específico, pero no le pareció mal.
—¿Interrumpí? —cuestionó súbitamente. Él expresó sin quererlo su preocupación, mezclada con la vergüenza.
—¿De qué me hablas?
—¿Quería s besarlo?
Era desesperante que se respondieran una pregunta con otra, pero era una situación tan confusa que había sido inevitable. Ella paró en seco, mirándolo a la cara para asegurarse de que no estuviera tomándole el pelo.
—¡No! —exclamó, asqueada.
—Pero querías quedarte con él —aventuró.
—Por supuesto que no.
—¿Querías ser su novia? —preguntó más lentamente, como si le costara concebir la idea.
—¡No! —chilló en voz baja, incrédula.
Se sintió como si la policía la interrogara sobre un casa de suma importancia y ella se viera obligada a responder con la verdad inmediatamente. Una sensación de calidez la invadió cuando se percató de que él se estaba preocupando por ella.
—¿Sientes algo por él?
—¿Lástima? —dijo ella, aunque sonó más como una pregunta. Soltó una risilla en la que él le acompañó.
—¿Y alguien más? —inquirió, tornando su voz a una mucho más seca y pausada. Ella pensó si sería lo suficientemente estúpida como para confesarle que era él. No, no lo era. Él bajó su mirada, como si no quisiera darse cuenta de lo que ella respondería.
—Me siento especialmente atraída por alguien—confirmó. —Y te aseguro que no es Mike; es guapísimo, y es absolutamente perfecto. Es un artista; tiene una linda sonrisa. Definitivamente, siento algo muy distinto hacia él.
—Estás enamorada —adivinó. Sentía que su corazón latía lento, apenas rozando su pecho, como si su vitalidad hubiera sido eclipsada por una fuerza superior.
—Muy enamorada.
Sin darse cuenta, le hizo sentir exactamente lo mismo a ella cuando murmuró:
—También yo.
—Oh, ¿en serio? —fingió desinterés, o al menos el que expresaría Rosalie o Ángela.
—Ella es adorable. Es la chica más linda que he conocido. Es tan sencilla y torpe que no se da cuenta de lo hermosa que es. De verdad odiaría, odio, saber que está enamorada de alguien más.
Un resentimiento envidioso nació en el pecho de Bella hacia la niña desconocida. Él la describía con el mismo afecto que ella lo había descrito a él.
— ¿Amor? —inquirió, sólo para asegurarse de que debería perder la más mínima esperanza.
—Mucho más del debido.
—Oye, ¿por qué dices eso? —. Hizo a un lado su pesar al verlo tan afligido.
—Ella no me quiere.
—Oh, vamos, ¿quién no te amaría? —resopló, pensando en lo estúpida que puede llegar a ser la gente. —Qué idiota.
—No es muy agradable…
—Lo sé, lo he sentido —suspiró. —No te preocupes, ella se dará cuenta de que eres alguien demasiado especial para dejarlo ir —le sonrió.
Se quedaron en un silencio cómodo. Era tan ligero como las hojas amarillentas de los árboles caer sobre el asfalto, creando una segunda capa crujiente y de un color desigual, variando entre las tonalidades del amarillo y el naranja. El viento silbó, como susurrando una canción para sanar el dolor en ambos corazones infantiles.
Él pensó en lo que ella le había dicho. «Amor» le había dicho. No sabía exactamente si era amor; su madre solía describir dicho sentimiento como el más grande y el más fuerte que un ser humano pudiera sentir. Quizá no la amor en el sentido más literal de la palabra, pero si tenía un enamoramiento fuera de lo común. Esa clase de enamoramientos que florecen con el tiempo y se instalan en tu cuerpo, como si fuera una extremidad más; una sensación que no puedes evadir y que puede ser un arma de dos filos.
Ella decidió que debería comenzar a pensar en alguien más y olvidar su tonta obsesión con su mejor amigo. Era hora de dejar de soñar y seguir adelante, aunque él jamás se enterara de lo que había sentido. Era hora de crecer.
Iba a preguntarle pero en ese momento sonó la campana. Era hora de volver a clases… Era hora de dejar de soñar…
Nota original.
¡Hola!
Se suponía que iba estar actualizando los sábados pero mañaname voy de viaje (no se preocupen, solo voy de compras, regreso el domingo) y pues no quería dejarlas sin cap :) ¡Que considerada soy...! De acuerdo, ni yo me la creí.
Bueno, sé que están pensando, ¡Dios como puedes ser tan esúpidos y no darse cuentan que se estan describiendo el uno al otro! No se preocupen, de eso ya se encargará Alice, no estoy segura de como se llame el siguiente capitulo, probablemente 'Lecciones de Ballet'.
Les tengo una buena noticia, ya no tengo actividades en la tarde (larga historia, el punto es que, estoy fuera del equipo de voleibol) y se acabaron mis examenes ¡Por fin! y quizá pueda actualizar más seguido, trataré de escribir allá, los sábados son buenos días para escribir.
Bueno, por favor ,dejen sus reviews ¡ya pasamos los 200! Guau, estoy super agradecida, ¿podríamos llegar a los 300? sería UAUU!, increíble. Si tienen dudas o sugerencias, no duden en consultarme :D
Ahora responderé su reviews, he sido muy mala autora y no he respondido :s pero ahora los respondo!
A las chicas que no tienen cuenta, les sugiero que hagan una, es solo una sugerencia eh, no se enojen. Así es más fácil contestar sus reviews y tienen algunos otros beneficios.
Chicas, mil gracias a todas, por su apoyo, sus reviews, sus alertas, sus favoritos y por regalarme su tiempo para leer esto.
Gaby
Editado 18. 02.11
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